INTRODUCCIÓN
Durante las últimas décadas del siglo XX comenzaron a desplegarse en México una serie de políticas y programas federales orientados a ampliar la capacidad científica nacional y a reducir la fuerte concentración que hasta se había tenido en la capital del país (Canales Sánchez, 2011; Lopez-Olmedo et al, 2017; Luna-Morales, 2012; Martínez Rizo, 2001). A través de mecanismos de asignación de recursos públicos sujetos a evaluaciones periódicas de las instituciones y los individuos (Galaz-Fontes y Gil-Antón, 2013; Moreno Arellano, 2017) se logró establecer un nuevo patrón de legitimidad en el mundo académico que puso énfasis en la investigación y promovió valores extendidos en los sistemas científicos de los países “desarrollados”, como son la competencia, la productividad y la meritocracia (Álvarez Mendiola, 2004). Así, se delineó un único modelo de desarrollo científico para todas las disciplinas, instituciones y regiones (Gil Antón y Contreras Gómez, 2018) en el que se considera central la publicación de artículos en revistas registradas en los índices científicos de mayor reconocimiento internacional (Vasen y Lujano Vilchis, 2017).
Este proceso indujo una profunda modificación en la composición y el comportamiento del gremio académico en su conjunto y, como consecuencia, el incremento y la dispersión geográfica de la actividad científica. Desde una perspectiva productivista centrada en la revisión de los índices llamados de corriente principal o mainstream (particularmente Web of Science de ISI Web of Knowledge), la evidencia es contundente, se registraron aumentos significativos y constantes en la producción científica nacional desde 1970 (Flores y Collazo, 2017, p. 10). También se documentaron crecimientos, a partir de 1980, en la productividad por investigador (Rodríguez Miramontes, Rosales Brambila y Maqueda Rodríguez, 2017, p. 201) y en la citación de publicaciones firmadas por mexicanos (Luna-Morales, 2012, p. 737). Al mismo tiempo, la producción científica generada fuera de la ciudad capital pasó de 18 a 56 % del total nacional entre 1980 y 2013 (Flores Vargas y Collazo Reyes, 2017, p. 12).
Sin embargo, aunque el incremento en el número de estas publicaciones en una región o en una institución determinada refleja un aumento de la actividad científica alineada con los sistemas de evaluación vigentes, es un indicador limitado para conocer los procesos de desarrollo de capacidades de investigación locales; sobre todo en contextos periféricos que se insertan de manera subordinada en los circuitos de circulación de conocimiento globales. Algunos investigadores en la materia han advertido que en Latinoamérica tales incrementos podrían incluso registrarse al tiempo que se reduce “la calidad general de la investigación”, al verse sometidos los agentes científicos a un “régimen de competencia” (Vessuri, Guedon y Cetto, 2014, p. 649), que tiende a premiar solo a los más destacados, desincentivando iniciativas y comportamientos valiosos para el desarrollo científico local que no son recompensados.
Conocer el proceso de desarrollo de campos o comunidades científicas en diferentes regiones del país evidentemente requiere considerar otras dimensiones de la actividad de investigación además de la publicación. No obstante, el estudio de la producción científica es una valiosa vía para profundizar en dinámicas que son relevantes para dicho desarrollo regional a condición de que se tengan en cuenta los diversos tipos de documentos y pautas de publicación, además de que se incorporen al análisis dimensiones como las disciplinas y los perfiles de actores académicos. Concretamente, consideramos que dentro de este proceso de transformación del sistema científico mexicano, la circunstancia específica de las ciencias sociales y la destacada participación de académicos que recibieron su formación fuera del país demandan una atención especial.
Interrogarnos por la contribución de los profesores-investigadores formados en el extranjero (en adelante PIFE) deriva, en primer lugar, de la relevancia que tuvieron las políticas y programas nacionales orientados a promover los estudios de posgrado en el exterior y a incorporar a científicos extranjeros en instituciones mexicanas1 para remediar la escasez de cuadros científicos ‒sobre todo en contextos institucionales sin tradición de investigación ‒ cuando no se contaba todavía con capacidades suficientes para formarlos en México. Adicionalmente, dado que los estándares de trabajo científico adoptados siguieron las prácticas de los países desarrollados, cabe esperar que quienes se entrenaron en el exterior, principalmente en esos sitios, presentaran mejores condiciones para cumplirlos que sus pares. Algunas valoraciones del papel que han jugado los PIFE parecen confirmar esta expectativa. Didou Aupetit y Gérard (2011), al analizar los niveles de reconocimiento que este perfil de académicos había alcanzado dentro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI),2 concluyen que “la adquisición de una formación en el extranjero [resulta] un factor determinante en el acceso al rango de élites científicas” (p. 42), pero, también precisan que este factor solo se consolida en función de “los espacios y los circuitos en donde se elige efectuar la salida y socialización de los productos de investigación” (p. 42). Pese a esto, no hemos localizado trabajos dedicados al estudio de la producción científica de estos investigadores y, en general ha sido escasa la documentación empírica de sus contribuciones al desarrollo de sus grupos de trabajo y sus campos científicos locales. Aún más, aunque recientemente se ha estudiado desde un enfoque nacional o centralista su presencia en México y las políticas que la favorecen, así como algunos de sus rasgos (Cornu y Gérard, 2016; Didou Aupetit y Gérard, 2011; García-Pascacio, Ramírez Pérez y Yurén Camarena, 2020; Góngora Jaramillo, 2015; Izquierdo 2010), solo identificamos el trabajo de Durand Villalobos y Rodríguez Jiménez (2015) con un enfoque regional subnacional.
Por otra parte, tempranamente se señaló que el proceso de fortalecimiento y, sobre todo, de descentralización de la ciencia mexicana implicó desafíos particulares para los científicos sociales (Béjar Navarro y Hernández Bringas, 1996; Benítez Zenteno, 1987; Benítez Zenteno y Silva Ruiz, 1984; Perló Cohen, 1994). Álvarez Mendiola (1999), por ejemplo, identificó que existían inercias ideológicas en este gremio que lo hacían reacio a la investigación empírica y a la publicación de sus resultados (pp. 87-88). Otros investigadores han mostrado que a estos académicos les resultó más demandante adaptarse a los criterios de evaluación instaurados por las nuevas políticas científicas, especialmente respecto a las prácticas de publicación promovidas (Gil Antón y Contreras Gómez, 2018). En los espacios regionales específicos, a estos retos con frecuencia se suman complicaciones que derivan de las particulares relaciones que las disciplinas sociales guardan con las sociedades locales que son, a la vez, sus contextos de práctica, sus objetos de estudio y el espacio de negociación de la validez y la pertinencia del conocimiento que producen (Brunner, 1988). Esto puede dar lugar incluso a interferencias en las dinámicas científicas por parte de los grupos de poder locales (Hualde Alfaro, 2017), sobre todo en regiones subnacionales sin tradición en investigación social, marcadas por la debilidad institucional y la baja autonomía intelectual.
A partir de este panorama, resulta relevante el análisis de las pautas de publicación de los científicos sociales que se desempeñan en regiones subnacionales sin fuertes tradiciones de investigación y la comparación entre los formados en México y quienes lo fueron en algún país extranjero. Sobre estas pautas interesan, por supuesto, su grado de ajuste a los criterios impuestos por el sistema de evaluación dominante; aunque también aquellas no alineadas a tales criterios, pero que podrían estar vinculadas a prácticas que contribuyen al desarrollo y a la institucionalización de los campos científicos locales.
Un contexto en el que hemos investigado previamente la participación de los PIFE en el desarrollo de las ciencias sociales es el noreste mexicano (considerando los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas). La particularidad de esta región viene dada por varios elementos. Pese a que alberga uno de los centros urbanos en donde se desarrolló más tempranamente la actividad universitaria y de formación científica fuera de la zona central del país, solo hasta una etapa muy reciente ha registrado investigación en disciplinas sociales de manera sostenida, profesionalizada e institucionalizada. Hasta la década de 1990, la investigación social había sido escasa y generalmente producto de esfuerzos sin respaldo institucional consistente (Sandoval Hernández, 2008; Morado e Hinojosa, 2016). A partir de entonces, experimentó un crecimiento acelerado. El SNI solamente registró 25 científicos sociales en esta zona del país en el año 2000. Para 2019 este número se había multiplicado por 15; lo que significó pasar de 3.1 a 7.7 % del total nacional en esta área del conocimiento y de 8 a 16.3 % como proporción de los investigadores de todos los campos disciplinares en la región (Sordo Molina, 2020).
En trabajos previos caracterizamos este desarrollo científico social en el noreste mexicano como un proceso de consolidación inconclusa y mostramos que dependió fuertemente de las políticas y los programas federales en materia de ciencia y educación superior que permitieron contrarrestar condiciones locales poco propicias para el fomento de las disciplinas sociales (Sordo Molina, 2020). También hemos mostrado que en ese proceso los PIFE tuvieron una presencia preponderante y jugaron roles decisivos (Sordo Molina, 2022). Adicionalmente, durante la fase exploratoria del proyecto de investigación en el que se insertan estos trabajos, recogimos impresiones de informantes clave sobre el campo de las ciencias sociales regionales que señalan el comportamiento mejor adaptado a los esquemas de evaluación científica en materia de publicaciones que muestran estos actores; como lo es una mayor inclinación a la publicación de artículos científicos en revistas de prestigio internacional (y recurrir con menor frecuencia a los libros editados por la propia institución) o introducir estándares de dictaminación más rigurosos para las obras editadas por sus instituciones cuando han ocupado cargos académico-administrativos.
Sobre la base de estas consideraciones y de estos hallazgos previos, nos planteamos como objetivo de este trabajo analizar las pautas de publicación que muestran científicos sociales que se desempeñan en instituciones de educación superior (IES) del noreste de México, contrastando las de aquellos que recibieron una formación científica en el país con quienes la obtuvieron en el extranjero. Antes de pasar a la presentación detallada de la metodología seguida para dar respuesta a este objetivo y de los resultados obtenidos, en los siguientes apartados desplegaremos algunos antecedentes empíricos y conceptuales que enmarcan nuestro abordaje.
FORMARSE EN LOS CENTROS, TRABAJAR EN LAS PERIFERIAS
Mientras que el carácter universal y meritocrático ha sido un rasgo central de la imagen de la ciencia moderna, el estudio de la actividad científica en contextos periféricos ha demostrado que esta es atravesada por condiciones de desventaja en el acceso al sistema global de circulación de conocimientos y de reparto de los prestigios. Este sistema, según Beigel y Salatino (2015), se estructura en realidad “a través de un triple principio de jerarquización construido históricamente en una compleja intersección entre la institución de origen, la lengua y la disciplina” (pp. 13-14).
Esta desventaja suele verse atenuada para aquellos individuos cuyas trayectorias están marcadas por la internacionalización, especialmente por la formación y la obtención de títulos en alguno de los centros científicos hegemónicos. La investigación en diversas regiones del mundo ha mostrado que, en comparación con sus pares locales, estos actores por lo general presentan una mejor alineación con los estándares globales de la actividad científica (Kabbanji et al., 2019; Müller, Cowan y Barnard, 2018) y que acceden con más facilidad a colaboraciones internacionales y a circuitos hegemónicos de publicación (Didou Aupetit, 2014; Eduan, 2019; Karakaş, 2020). Obviamente, esta mayor visibilidad y vinculación con el exterior puede estar favorecida por las redes establecidas a partir de sus estancias formativas fuera de los países en los que desarrollan sus trayectorias y, en algunos casos, por el prestigio de las instituciones en las que obtuvieron sus diplomas.
Pero también se ha documentado que algunos investigadores internacionalizados son capaces de imprimir a su trabajo características altamente valoradas, como lo es abordar objetos de estudio localmente pertinentes desde los enfoques teóricos o metodológicos dominantes a nivel global (Rodríguez-Medina et al., 2019, pp. 565-568).
Ahora bien, los investigadores periféricos con formación internacional son también un perfil de actores que pueden distinguirse por las posiciones que ocupan y los roles que juegan al interior de sus campos científicos nacionales o locales. Rodríguez Medina (2014) ha mostrado que la periferialidad de un campo científico no solo está dada por el sitio que este ocupa en el sistema científico internacional, sino que está determinada igualmente por condiciones internas y por relaciones con otros campos sociales locales diferentes de las que caracterizan a los campos científicos centrales. En cuanto a las condiciones internas, los campos en las periferias científicas tienen un número limitado de practicantes que actúan de manera relativamente aislada; presentan, además, grados más bajos de institucionalización.3 En lo referente a su relación con el contexto local, son bajos sus niveles de autonomía intelectual y de legitimidad social. Así, los capitales que resultan más apreciados “usualmente provienen del mundo desarrollado y de campos científicos más avanzados” (Rodríguez Medina, 2014, p. 23) y tienden a ser acaparados justamente por quienes poseen “vínculos privilegiados con los centros globales de producción científica” (Rodríguez-Medina et al., 2019, p. 563). Estos vínculos les otorgan ventajas en las disputas internas por el acceso a los escasos recursos disponibles y mayor influencia sobre los tomadores de decisiones locales (Sordo Molina, 2022, pp. 16-17), lo que les permite operar dentro de sus campos como “nodos altamente conectados” (Rodríguez Medina, 2014, p. 28) alrededor de los que se organizan en buena medida las dinámicas de intercambio.
De tal manera, los investigadores formados en el exterior cuentan con mayores posibilidades de publicar tanto en los espacios más apreciados del sistema científico global como en los circuitos nacionales mejor valorados en los mecanismos de evaluación. Se esperaría también que muestren mejores capacidades para cumplir con otros criterios del régimen de publicación dominante, como son la preferencia por el artículo científico y la colaboración internacional. Al mismo tiempo, su posición privilegiada les supone ventajas para acceder a colaboraciones y a espacios de publicación gestionados localmente que, si son aprovechadas, pueden contribuir a la institucionalización de sus campos científicos locales. Esto último, sin embargo, generalmente entra en conflicto con las pautas de producción científica predominantes que permiten alcanzar los niveles más altos de reconocimiento individual.
EL SISTEMA HEGEMÓNICO DE PUBLICACIÓN Y LAS CIENCIAS SOCIALES PERIFÉRICAS
Un rasgo característico del sistema de publicación científica actual es la centralidad que se confiere a los artículos científicos incluidos en las revistas indexadas; es decir, agregadas a las más prestigiadas bases de datos internacionales de referencias bibliográficas. Las características formales, los procesos editoriales y, particularmente, el sistema de revisión por pares anónimos que siguen estas revistas certifican que los trabajos que publican posean cierto valor científico y cumplan con procedimientos y formalidades aceptados ampliamente por la comunidad científica internacional. Aún así, se han planteado diversos cuestionamientos a la utilización de la indexación (y de los indicadores asociados a esta) como parámetro de calidad del trabajo académico (Fleck, 2013; Larivière, Haunstein y Mongeon, 2015; Vessuri, Guédon y Cetto, 2014), sobre todo en la medida en que se ha incorporado como instrumento para la evaluación y la toma de decisiones en sistemas científicos completos, como ocurre en México (Vasen y Lujano Vilchis, 2017), y, no menos importante, a la identificación de la cobertura de estas bases de datos con la totalidad de la literatura científica relevante (Hicks, 1999; Martinovich, 2020).
El modelo de evaluación basado en la indexación de revistas parte de una interpretación discutible del hecho, ciertamente significativo desde un punto de vista bibliométrico, de que ciertos documentos son citados con mayor frecuencia que otros, al hacer de esto el indicador principal de relevancia científica. A partir de esta equiparación, se determina entonces que las revistas que contienen los trabajos más citados son también las más relevantes (core journals) de cada disciplina. Finalmente, se atribuye mayor calidad a los nuevos documentos científicos que son publicados en este corpus de revistas. Esta situación resulta todavía más cuestionable si se considera que es un oligopolio editorial millonario (Larivière et al., 2015) el que posiciona “sus análisis cienciométricos y listados de revistas indexadas como puntos de referencia para la producción científica mundial” (Salatino, 2018, p. 260).
A pesar de que este esquema tiene implicaciones estructurales y consecuencias que resultan objetables, debe reconocerse en el artículo científico indexado al documento que hoy encarna más claramente el sistema de comunicación y reconocimiento que constituye uno de los elementos más estables y centrales de la llamada ciencia moderna, delineado en alguno de sus rasgos esenciales desde el siglo XVII (Maltrás Barba, 2003, pp. 17-49). El preciso y bien establecido mecanismo editorial, que precede a la publicación de un artículo en uno de los llamados core journals se ha convertido en el estándar a seguir y ha sido adoptado en diversos grados para otros tipos de documentos científicos y en las revistas de menor prestigio. Pero, en las revistas indexadas suele ejercerse con un mayor rigor, lo que se manifiesta indirectamente en sus menores tasas de aceptación de manuscritos o, explícitamente, en la exigencia de que todo trabajo publicable presente aportes científicos relevantes y no solamente solvencia científica (Björk y Catani, 2015).
Por otra parte, el análisis cuantitativo masivo de las citas bibliográficas en el que se basa la indexación permite que la identificación de esas revistas relevantes se realice con un criterio “objetivo” y que se construya una representación “exhaustiva” de la literatura científica como una red de referencias (Wouters, 1999); un logro prácticamente imposible de alcanzar por otra vía debido al crecimiento exponencial de la producción científica global desde la segunda mitad del siglo XX. Así, estos core journals se constituyen como el circuito de publicación más relevante desde la perspectiva de la universalidad del conocimiento como ideal orientador.
El reconocimiento de esta primacía no debe, sin embargo, ocultar el hecho de que este sistema de publicación global resultante ha implicado “dotar de prestigio internacional a algunos centros de excelencia y ciertas disciplinas, mientras volvía periféricas a comunidades científicas enteras que no publicaban en las revistas aceptadas” (Beigel, 2017, p. 827). Aunque esto pretenda presentarse como el desenlace de una competencia abierta y neutral, en realidad tuvo como punto de partida “una suerte de acumulación primitiva de prestigio científico que benefició a ciertas zonas geográficas, grupos idiomáticos y disciplinas” (Salatino, 2018, p. 256) y que supone “la constitución ‘parroquial’ y ‘eurocéntrica’ de un sistema de medida de muy dudosa aplicación en contextos y campos científicos diferentes” (Salatino y López Ruiz, 2021, p. 18). Es por ello que deben tenerse consideraciones particulares cuando se analiza la producción científica de áreas de conocimiento como las ciencias sociales y de regiones como América Latina.4
Más de 90 % de las revistas científicas latinoamericanas se encuentra fuera de los índices de corriente principal5 y, aunque la omisión es menor en los índices regionales que se han consolidado más recientemente (como Redalyc o Scielo), estos todavía dejan fuera a un porcentaje muy elevado de publicaciones (Salatino y López Ruiz, 2021). Para el caso argentino y a partir de una muestra de publicaciones de investigadores no circunscrita a los índices mainstream, Beigel (2014) identificó que, al lado del propio circuito de corriente principal, existen otros tres circuitos de publicación bien diferenciados: uno transnacional de acceso abierto, otro regional latinoamericano y uno nacional.
Aunque por lo general resulta más accesible publicar en estos diferentes circuitos no necesariamente representa un déficit de calidad respecto de hacerlo en el circuito principal. Desde un abordaje cualitativo a través de entrevistas a científicos colombianos, Chavarro, Tang y Rafols (2017), encontraron que, incluso para investigadores de las ciencias “duras”, publicar fuera del circuito mainstream puede cumplir funciones comunicativas relevantes encontrándose en una situación de periferialidad. Dos de estas funciones abonan directamente al desarrollo de los campos científicos locales. Una de ellas es la de hacer accesible, en la lengua propia y en revistas de acceso abierto, conceptos o conocimientos que circulan en revistas internacionales fuera del alcance de un sector de los actores locales; otra consiste en difundir resultados de investigación que no son de interés en los centros globales de producción de conocimiento (por ejemplo, sobre fenómenos o problemas que no afectan a los países ricos) y, por lo tanto, no encuentran fácilmente espacio en el circuito mainstream. Asimismo, como lo indican Sandoval-Romero y Larivière (2020) para el caso de las disciplinas sociales, la traducción al inglés que suele requerirse para publicar en revistas mainstream puede suponer una “pérdida de claridad, matices y relevancia cultural” (p. 103), lo que lleva a preferirse colocar ciertos manuscritos en su idioma original en otros circuitos. Otra función adicional de la publicación en circuitos no hegemónicos es la de contribuir al desarrollo de los esfuerzos editoriales locales, que con frecuencia se encuentran sometidos a dificultades estructuralmente condicionadas para su sostenimiento y regularidad (Arvanitis y Gaillard, 1992, pp. 23-26), pero que son vitales para la institucionalización de los campos científicos periféricos (Weky y Freites, 2023, p. 129).
Ahora bien, en el caso de las ciencias sociales (y de las humanidades) las tensiones para alinearse al modelo de publicación dominante no solamente han afectado a los investigadores periféricos, aunque en ellos se vean acentuadas. Autores como Nederhof (2006), Hicks (2013) o Aguado López et al. (2014) han mostrado que en estas áreas de conocimiento prevalecía una importante orientación a los circuitos nacional y regionales (derivada del interés comprensiblemente acotado geográficamente que poseen muchos de los resultados de su investigación), la relevancia del libro (vinculada a tradiciones intelectuales y al ritmo de su desarrollo teórico), la tendencia a la autoría individual, así como una mayor presencia de publicaciones dirigidas a públicos no académicos de los que depende parcialmente su legitimación. El ascenso de la cultura evaluativa, sin embargo, ha modificado estas prácticas. Savage y Olejniczk (2022) documentaron en Estados Unidos aumentos tanto en el número de artículos publicados por investigador en esta área de conocimiento, como en su ratio de artículos frente a libros. Vessuri, Guédon y Cetto (2014) también han registrado cambios en las pautas de publicación de los científicos sociales latinoamericanos, como una forma de posicionarse en los índices internacionales.
En México, a pesar de los diversos argumentos que muestran la necesidad de desarrollar criterios de evaluación pertinentes para la conducción de los sistemas científicos periféricos, los esfuerzos para fortalecer y extender geográficamente la actividad científica se desarrollaron bajo el “modelo ortodoxo de evaluación académica” (Vasen y Lujano Vilchis, 2017, p. 199). Luna-Morales (2012) ha demostrado que el notable incremento en publicaciones y citas de autores mexicanos en los índices internacionales (para todas las áreas de conocimiento) está correlacionado con la entrada en funcionamiento de los programas federales orientados por esta lógica evaluativa de la ciencia.6 Por su parte, Russell et al. (2008) señalan que la coautoría internacional constituye un recurso para facilitar el acceso a los journals mainstream (p. 2). En el caso de los científicos sociales se han identificado estrategias para posicionarse en este panorama como lo es el envío de sus manuscritos a revistas con reconocimiento internacional que son editadas en México (Sandoval-Romero y Larivière, 2020, pp. 121-122). Esta inducida orientación hacia la publicación en revistas internacionales indexadas, sin embargo, a la luz de los señalamientos que antes se plantearon, puede representar serios riesgos. Si no va acompañada de medidas efectivas para incentivar también otras pautas de comunicación -e incluso otro tipo de trayectorias académicas- que no permiten competir por el prestigio internacional, pero que son centrales para el desarrollo y la sostenibilidad de entornos sociales locales en los cuales ejercer la actividad científica, podría consolidarse una situación en la que
la forma en que el régimen competitivo actual influye en la investigación latinoamericana no contribuya a mejorar la calidad general de la investigación en la región y podría incluso reducirla, aun cuando el número de científicos condecorados se incremente en cierta medida (Vessuri, Guédon y Cetto, 2014, p. 649).
Desde el punto de vista del desarrollo científico social de una región subnacional sin fuerte tradición en investigación se debe, por lo tanto, tener una actitud precavida hacia el modelo de publicación hegemónico. Es una tarea ineludible ponderar las capacidades para colocar la producción científica en los circuitos mainstream y para la internacionalización a través de la coautoría con colegas extranjeros, por la centralidad que estos elementos poseen en la estructuración de la ciencia actual. Pero, igualmente esencial resulta considerar otras pautas de publicación que también contribuyen al fortalecimiento del campo científico local, a su institucionalización y a la consolidación de líneas de investigación colectivas.
MÉTODO
El objetivo principal de este trabajo es comparar las prácticas de publicación científica de los investigadores sociales del noreste de México que fueron formados dentro del país con las de aquellos que fueron formados en el extranjero; esto en relación con los tipos de documentos preferidos, los circuitos de circulación y algunos elementos de sus coautorías. El interés en la región noreste deriva, como se explicó más arriba, del desarrollo especialmente rápido y tardío que la investigación en disciplinas sociales experimentó a partir de la consolidación de las políticas científicas federales en la década de 1990, las cuales han tenido un marcado efecto en la producción de los científicos sociales.
Son varios los intereses particulares y los retos que motivaron la construcción de un abordaje alternativo a los análisis dominantes que solo consideran la obra contenida en los índices de revistas mainstream o de corriente principal. Ya señalamos que la atención exclusiva a estos índices, aun si se agregan índices regionales, deja fuera una considerable proporción de la producción científica en ciencias sociales de regiones periféricas. Una dificultad adicional para el estudio de una región subnacional específica se desprende de la configuración del sistema académico mexicano en el que algunas instituciones tienen diversas sedes distribuidas por el territorio nacional, pero en las bases de datos todas las publicaciones de su personal se atribuyen a la sede central.
Por otra parte, no solo nos interesamos por documentar en qué forma y en qué medida cada perfil de investigadores ha incorporado en su quehacer las pautas de publicación provenientes de los campos científicos considerados más desarrollados. Buscamos identificar formas concretas en que los PIFE instrumentalizan, a través de dichas pautas, los aprendizajes y los capitales adquiridos en el exterior. Adicionalmente, como hemos mostrado ya, consideramos de especial relevancia contrastar otras prácticas que, aunque no se alinean con el modelo ortodoxo de evaluación de la producción científica, pueden incidir en el desarrollo del campo científico local.
Ante estos retos e intereses, se decidió solicitar información acerca de sus publicaciones directamente a investigadores en ciencias sociales adscritos en IES del noreste de México (formados dentro y fuera del país) dentro de un cuestionario sobre sus trayectorias académicas que se levantó entre enero y octubre de 2021. La delimitación regional por la que optamos incluye a los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.7 En cuanto a las disciplinas, se tomó como referencia aquellas incluidas en el área de ciencias sociales en la clasificación del CONACyT y se agregaron la Historia, la Antropología Social y los Estudios Sociales sobre Educación (que este organismo identifica dentro de las humanidades). Ambas delimitaciones surgieron de las percepciones compartidas sobre el campo científico social regional por parte de informantes clave durante la fase exploratoria del proyecto del que deriva este trabajo.
Específicamente, se solicitó a los participantes indicar los títulos de las tres publicaciones propias que consideraran más relevantes para sus disciplinas o líneas de investigación (que hubieran sido publicadas entre el año 2000 y el momento de la encuesta, mientras estuvieran adscritos en su institución actual o en otra también localizada en alguno de los estados del noreste) y señalar para cada una de ellas lo siguiente: tipo de documento, medio en el que se publicó, ubicación de la entidad editora (nacional o extranjera), presencia de coautorías, adscripción institucional de los coautores (misma del participante / otra en la región noreste / nacional fuera de la región noreste / extranjera; en este último caso, si se trata de contactos establecidos durante los estudios en el extranjero) y enlace a la versión digital del documento si se encuentra disponible. Al ser construida por los propios investigadores, se considera que esta selección de trabajos brinda elementos para comprender las preferencias de publicación de diferentes segmentos de participantes y permite contrastar cuáles son las características que ellos mismos valoran de sus prácticas de comunicación.8
El cuestionario se aplicó de forma autoadministrada a través de la plataforma en línea LimeSurvey. Fue enviado a un universo de 748 investigadores, definido a partir de información obtenida de autoridades institucionales y de la consulta de sitios web de las diez IES previamente identificadas como las más relevantes en la actividad científico-social en la región. Se determinó alcanzar una muestra de al menos 255 participantes. Las respuestas se obtuvieron por autoselección, implementando un seguimiento dirigido a asegurar una representación proporcional al peso relativo de cada institución en nuestro universo.9 De las 265 respuestas registradas, para el análisis que aquí se presenta fueron excluidas las que correspondían a investigadores que no cuentan con título de doctorado (de manera que resulte válida la comparación según su lugar de formación), que indicaron no tener publicaciones científicas o cuyos cuestionarios presentaron inconsistencias. Esto dio un total de 201 participantes y 593 publicaciones analizadas. Independientemente de su nacionalidad, se incluyó en el grupo de académicos formados en México a quienes realizaron tanto sus estudios de maestría como de doctorado en el país y se asignó a un segundo grupo a quienes obtuvieron al menos uno de estos grados en el exterior (ver tabla 1).
Tabla 1 Características de los participantes
| Formados en México (N= 103) | Formados en el extranjero (N= 98) | Total (N= 201) | ||
| Género | Masculino | 63 | 61 | 124 |
| Femenino | 40 | 37 | 77 | |
| Tipo de institución de adscripción | Universidad pública | 76 | 58 | 134 |
| Universidad privada | 11 | 28 | 39 | |
| Centro público de investigación | 16 | 12 | 28 | |
| Disciplinas | Economía y Administración | 24 | 33 | 57 |
| Sociología y Comunicación | 31 | 22 | 53 | |
| Ciencias Políticas y Jurídicas | 26 | 21 | 47 | |
| Otras | 22 | 22 | 44 | |
Fuente: elaboración propia.
Mediante una búsqueda documental complementaria se determinó si los artículos científicos registrados se encontraban en revistas incluidas en los índices mainstream (Scopus y Web of Science) o en índices regionales (Scielo, Redalyc, catálogo 2.0 de Latindex, o análogos en otras regiones del mundo). Asimismo, para todas las publicaciones en México se elaboró una clasificación de las entidades editoras, relevante desde la óptica del desarrollo científico regional, que considera el tipo de institución que la publica y su ubicación geográfica.
A partir de la distinción entre investigadores formados en México o en el extranjero, se calcularon las proporciones de la producción de cada grupo respecto a las diferentes variables y se contrastaron entre sí, tanto para su producción total como desagregada por tipo de documento. Adicionalmente se establecieron las relaciones de proporción entre las pautas de coautoría y las otras variables analizadas, con la finalidad de identificar aquellas en las que se presentaban comportamientos claramente diferenciados según los lugares de formación de los participantes.
RESULTADOS
Adopción del modelo de publicación hegemónico
Las características generales de las publicaciones que conforman la base de datos que construimos y su distribución por tipo de documento nos ofrecen un primer panorama en el que, con independencia de su lugar de formación, resulta patente la orientación de los participantes al cumplimiento de los criterios de evaluación científica del modelo ortodoxo que antes caracterizamos (ver tabla 2). Los dos grupos de académicos comparados coinciden en su preferencia por el artículo científico como principal formato para presentar sus resultados de investigación que estiman más relevantes y colocan más de la mitad de esta clase de documentos en revistas incluidas en índices considerados mainstream. Aunque otros tipos de publicación, particularmente el libro, continúan presentes en su producción, también en ellos se ha incorporado ampliamente la práctica de someter los manuscritos a la revisión por pares; con lo cual más de 80 % de la obra registrada en la encuesta pasó por un proceso de dictaminación. Es igualmente destacable que 60 % de los trabajos hayan sido escritos en coautoría en un área de conocimiento con una tradicional tendencia a la investigación y la autoría en solitario.
Tabla 2 Publicaciones totales, dictaminadas, en coautoría y publicadas en el extranjero; por tipo de documento
| Tipo de documento | Investigadores formados en México | Investigadores formados en el extranjero | ||||||||
| Registro total | % Dictaminación | % Coautoría | % Publicación extranjera | Registro total | % Dictaminación | % Coautoría | % Publicación extranjera | |||
| N | % * | N | % * | |||||||
| Artículo científico | 130** | 43 | 88 | 71 | 55 | 157*** | 54 | 91 | 76 | 68 |
| Capítulo de libro | 57 | 19 | 88 | 54 | 19 | 38 | 13 | 76 | 50 | 61 |
| Libro | 99 | 33 | 76 | 38 | 14 | 79 | 27 | 71 | 46 | 23 |
| Otro | 18 | 6 | 39 | 78 | 11 | 15 | 5 | 67 | 67 | 73 |
| Total | 304 | 100 | 81 | 58 | 32 | 289 | 100 | 82 | 64 | 55 |
Fuente: elaboración propia.
* Las columnas pueden no sumar 100, debido al redondeo de decimales.
** 52 % incluídos en índices mainstream.
*** 68 % incluídos en índices mainstream.
Estos primeros datos permiten constatar que, en el contexto regional estudiado, el modelo de evaluación académica imperante ha tenido efectos sobre el comportamiento comunicativo de los científicos sociales similares a los documentados en otros ámbitos. Ahora bien, como cabría esperar, es precisamente en los artículos científicos -el tipo de documento que goza de mayor valoración- en donde la dictaminación y las coautorías alcanzan su mayor frecuencia. Lo mismo ocurre con un indicador de internacionalización de la producción científica regional como lo es la publicación en el extranjero, característica también presente en una parte de los documentos de nuestra base de datos, aunque no de forma tan extendida.
Frente a esta coincidente caracterización inicial debe señalarse, sin embargo, que varias de estas pautas generales de publicación alineadas con la cultura evaluativa imperante se presentan con más intensidad en el grupo de los investigadores con formación internacional. Resultan más acentuadas tanto su preferencia por los artículos científicos (54 % del total de sus productos frente a 43 % en sus pares) como su capacidad para posicionarlos en bases de datos de corriente principal (68 % de sus artículos frente a 52 %). La diferencia es aún más pronunciada en la proporción de su obra reportada que se encuentra publicada en revistas o editoriales extranjeras, la cual está cerca de duplicar a la alcanzada por los investigadores formados en México. En otras palabras, aunque ambos grupos muestran haber incorporado el ethos científico dominante, los PIFE consiguen colocar con mayor frecuencia sus trabajos más importantes en los circuitos de circulación que son mejor valorados en el sistema científico nacional.
Ventajas asociadas a las estancias formativas internacionales
La mayor alineación de las publicaciones de los PIFE con los criterios de evaluación principales abona a la idea de que cuentan con ventajas en las dinámicas de competencia científica. Esto puede estar condicionado por múltiples factores que nuestro abordaje no permite determinar de manera concluyente. Aun así, el análisis realizado hace posible establecer con cierto grado de certeza que algunos de los rasgos de su producción se encuentran vinculados con las oportunidades que han tenido para cultivar redes de colaboración en el extranjero durante, y a partir de, sus estancias formativas. Consideremos, por ejemplo, las coautorías con colegas adscritos a instituciones extranjeras que son notoriamente más abundantes en este perfil de participantes (ver tabla 3); esto en términos absolutos (71 frente a 21 de sus pares) y como ratio respecto a los trabajos firmados junto a colegas nacionales (1:2 frente a 1:8). Los PIFE indicaron que prácticamente con la mitad de estos coautores entraron en contacto durante sus estudios de posgrado realizados fuera del país, lo que demuestra la obtención de un capital social durante esos períodos y su posterior aprovechamiento. Cabe también suponer que ese capital social inicial sea uno de los principales factores que facilita posteriores colaboraciones internacionales con otros colegas.
Tabla 3 Coautorías nacionales e internacionales; por tipo de documento
| Tipo de documento | Investigadores formados en México | Investigadores formados en el extranjero | ||
| Coautoría nacional | Coautoría internacional | Coautoría nacional | Coautoría internacional | |
| Artículo científico | 86 | 12 | 80 | 51 |
| Capítulo de libro | 30 | 1 | 16 | 6 |
| Libro | 38 | 8 | 33 | 11 |
| Otros | 14 | 0 | 8 | 3 |
| Total | 168 | 21 | 137 | 71* |
Fuente: elaboración propia.
* 48 % con al menos un coautor con quien se entró en contacto durante los estudios de posgrado o estancias posdoctorales.
Como afirman Russell et al. (2008), la coautoría internacional es también una de las principales estrategias que siguen los investigadores de países periféricos para lograr publicar artículos en revistas extranjeras alojadas en índices mainstream (p. 2),10 el tipo de producto más apreciado en la cultura evaluativa preponderante. A esta categoría corresponden casi cuatro de cada diez (37 %) trabajos reportados por quienes poseen diplomas de posgrado extranjeros, proporción que casi duplica a la de sus pares (22 %) y les supone mejores oportunidades en las evaluaciones de las que depende su acceso a recursos económicos y a reconocimiento científico. En nuestra base de datos se comprobó que la estrategia referida está presente de manera más clara en el grupo de los PIFE. En la tabla 4 puede observarse que las coautorías nacionales registran patrones muy similares en ambos grupos de académicos, tanto si consideramos su presencia dentro de su producción global como en la proporción en la que dichas coautorías corresponden a artículos científicos y más específicamente, a artículos científicos en revistas mainstream internacionales. En cambio, respecto de las coautorías internacionales, estos patrones favorecen marcadamente a los investigadores con formación en el extranjero.
Tabla 4 Coautorías internacionales y nacionales en el registro total de publicaciones, en artículos científicos y en artículos científicos publicados en revistas extranjeras mainstream
| Tipo de coautoría | Investigadores formados en México | Investigadores formados en el extranjero | ||||||
| Registro total | Artículo científico | Artículos científicos en publicaciones extranjeras mainstream | Registro total | Artículo científico | Artículos científicos en publicaciones extranjeras mainstream | |||
| N | %* | N | % * | |||||
| Internacional | 21 | 7 | 12 | 7 | 71 | 25 | 51 | 47 |
| Nacional | 168 | 55 | 86 | 41 | 137 | 47 | 80 | 38 |
Fuente: elaboración propia
* Respecto a la producción global registrada incluyendo productos con y sin coautoría.
Otro rubro en el que el contraste entre los grupos de académicos resulta llamativo es el de los capítulos de libro. Si bien en este caso las coautorías extranjeras no constituyen un elemento definitorio, algunas particularidades en torno a este tipo de publicaciones ponen de manifiesto otra dinámica de la colaboración internacional que condiciona las decisiones de los investigadores con formación extranjera y les acarrea mejores dividendos.
Por una parte, los PIFE recurren a los capítulos de libro con una frecuencia menor que sus pares. Además, es el tipo de documento en el que la diferencia entre las tasas de publicación internacional les favorece más ampliamente (61 frente a 19 %; ver tabla 2). Para explicar este comportamiento debemos tener en cuenta dos condiciones. Primero, que se trata de un tipo de producto científico menos prestigioso en los sistemas evaluativos actuales. También, que durante la preparación de los libros colectivos es frecuente que los coordinadores o editores extiendan invitaciones directas a los miembros de sus redes de colaboración para que envíen manuscritos, o bien, que estas publicaciones sean la culminación de proyectos de investigación interinstitucionales.11 Resulta entonces altamente probable que los académicos con más vínculos internacionales, aunque muestren mayor capacidad para publicar sus resultados de investigación en forma de artículos que son mejor valorados, elijan el capítulo de libro cuando cuentan con cierta certeza de que su trabajo será incluido en un proyecto editorial que contribuirá a la internacionalización de su producción científica y al fortalecimiento de sus relaciones de colaboración con agentes en el exterior.
Contribuciones a las dinámicas de desarrollo científico regional
Hasta ahora hemos presentado resultados de nuestro análisis que muestran el grado en el que los científicos sociales del noreste mexicano, según los dos perfiles formativos considerados, se alinean a diversos criterios de la cultura evaluativa predominante en materia de producción científica y subrayamos particularmente ciertos rasgos asociados a la internacionalización. Sin embargo, como argumentamos en la discusión planteada más arriba, los criterios valorativos hegemónicos resultan un marco insuficiente para analizar cómo las pautas de publicación podrían reflejar dinámicas de trabajo colaborativo o elecciones sobre los circuitos para la divulgación de resultados de investigación que contribuyan al desarrollo de los campos científicos periféricos desde una visión menos normativa y productivista.
En contextos de debilidad institucional y escasez de recursos o espacios para la investigación, vincularse en colaboraciones a nivel regional subnacional de las que las coautorías son un indicador indirecto, puede generar mejores condiciones para ejercer y sostener en el tiempo la práctica científica. Estas colaboraciones pueden paliar las limitaciones que se experimentan en el entorno de investigación y permitir un mejor aprovechamiento de los saberes y los capitales disponibles en una comunidad científica de dimensiones reducidas. A su vez, la publicación en revistas o en proyectos editoriales de circulación local o regional, normalmente menos redituable para las trayectorias académicas individuales, puede contribuir a la institucionalización de las disciplinas científicas en la región. Por otra parte, publicar en los circuitos de mayor prestigio dentro de México además de abonar al reconocimiento individual de los investigadores posiciona a sus instituciones de adscripción y a sus redes de colaboración en el plano nacional, que es donde se determina gran parte de la asignación de recursos públicos para la investigación en el país. Por ello consideramos de especial interés conocer, dentro de este espacio nacional, cuáles son los patrones de distribución geográfico-institucional que muestran las coautorías y las entidades editoras en la producción científica que conforma nuestra base de datos.
Al considerar primero la distribución de las publicaciones dentro de una tipología de entidades editoras nacionales construida ad hoc encontramos algunos resultados relevantes. Como cabría esperar, la producción de los investigadores con formación internacional consigue mayor visibilidad, sobre todo sus artículos científicos. Seis de cada diez artículos que los PIFE publican en México (frente a 36 % en el caso de sus pares) se encuentran en revistas editadas por instituciones que cuentan con mayor prestigio científico, como son las universidades e instituciones científicas de carácter federal o los centros públicos de investigación pertenecientes al CONACyT (ver tabla 5). También los PIFE colocan una mayor proporción de sus artículos publicados en México en revistas que están incluidas en los índices mainstream (42 frente a 29 %).
Tabla 5 Porcentaje de la producción científica publicada en México por tipo de entidad editora y tipo de documento
| Tipo de institución editora | Investigadores formados en México | Investigadores formados en el extranjero | ||||||
| Registro total (N= 190) | Artículo científico (N= 59) | Capítulo de libro (N= 46) | Libro (N= 85) | Registro total (N= 126) | Artículo científico (N= 50) | Capítulo de libro (N= 15) | Libro (N= 61) | |
| IES Centrales / Centros públicos de investigación | 16 | 36* | 11 | 6 | 29 | 60** | 20 | 7 |
| IES otra región | 14 | 25 | 22 | 1 | 10 | 16 | 20 | 2 |
| Otras IES noreste | 4 | 2 | 7 | 4 | 3 | 4 | 0 | 3 |
| IES propia | 29 | 25 | 24 | 35 | 28 | 10 | 33 | 41 |
| Editorial comercial / asociación | 34 | 12 | 35 | 49 | 26 | 10 | 20 | 41 |
| Org. públicos no académicos | 3 | 0 | 2 | 5 | 4 | 0 | 7 | 7 |
Fuente: elaboración propia.
* 29 % en revistas incluidas en índices mainstream.
** 42 % en revistas incluidas en índices mainstream.
Nota: La suma de cada columna puede no sumar 100 % por el redondeo de decimales.
Por su parte, los participantes formados en México publican una tasa comparativamente llamativa de artículos nacionales (25 % por solo 10 % entre los PIFE) en revistas gestionadas por su institución de adscripción ("IES propia", en la tabla 5), lo que implica una menor visibilidad en el circuito nacional. Sin embargo, considerada de manera agregada todos los tipos de documento, la proporción de publicaciones nacionales editadas “en casa” es muy similar en ambos grupos de académicos (cercana a 30 %), siendo los libros y los capítulos de libros los documentos editados principalmente por las instituciones propias. Esto significa que, a pesar del avance del modelo hegemónico, continúan estando presentes prácticas de publicación que pueden ser relevantes para las dinámicas científicas locales y para la difusión de resultados de investigación hacia públicos extracientíficos, pero que exhiben cierto carácter endogámico en sus procesos editoriales.
Por otra parte, a pesar de que estos últimos datos indican la existencia de un considerable volumen de actividad editorial científico-social en el noreste mexicano, se advierte que los participantes solo publican una fracción marginal de su obra en revistas o libros producidos en la región por instituciones académicas diferentes a aquella en la que están adscritos ("otras IES noreste", en la tabla 5); esto, independientemente de su lugar de formación. La explicación a esta tendencia estaría dada entonces por la falta de interés de los propios investigadores en esas opciones y, alternativa o complementariamente, por la orientación endogámica de esos espacios de comunicación. De hecho, esto es coincidente con percepciones de los informantes clave sobre el campo científico obtenidas en una etapa exploratoria del proyecto de investigación, quienes sostienen que las colaboraciones interinstitucionales formales en la región son difíciles de establecer y, sobre todo, de sostener en el tiempo.
Pasando ahora al análisis de las pautas de coautoría, debemos recordar (como se mostró en la tabla 3) que las colaboraciones nacionales son las más numerosas en ambos grupos: en los PIFE representan 74 % de los trabajos en autoría colectiva y 96 % para los participantes formados en México.12 De estas, las más numerosas son las que se han realizado con compañeros de la propia institución de adscripción (ver tabla 6). Esto no debe tomarse necesariamente como indicador de un comportamiento endogámico comprendido en términos deficitarios. Uno de los factores explicativos para esta situación es la promoción de dinámicas de trabajo colectivo al interior de las instituciones de educación superior que se ha dado a través de políticas y programas federales e institucionales; esto, con el propósito, entre otros, de generar líneas de investigación compartidas y más duraderas. Es también factible que algunas de estas coautorías impliquen la relación tesista-director, una de las que más directamente impactan en el proceso de reproducción de las comunidades científicas, aunque no levantamos información que nos permita estimar su volumen. Evidencia de que estas colaboraciones “endogámicas” pueden dar lugar a trabajos de calidad suficiente -según el sistema evaluativo vigente-, lo encontramos en el hecho de que 63 % de los artículos científicos registrados en coautoría exclusivamente intrainstitucional fueron publicados en revistas (nacionales o extranjeras) incluidas en índices mainstream. Sin embargo, no puede dejar de mencionarse que quienes no cuentan con diplomas de posgrado extranjeros ciertamente muestran una más alta tasa de publicaciones en coautoría dentro de su propia institución (71 frente a 55 % en el caso de los PIFE), lo que refleja que sus redes de colaboración se encuentran menos extendidas.
Tabla 6 Porcentaje de coautores por tipo de adscripción institucional en México y por tipo de documento
| Adscripción de coautores nacionales | Investigadores formados en México | Investigadores formados en el extranjero | ||||||
| Registro total | Artículo científico | Capítulo de libro | Libros | Registro total | Artículo científico | Capítulo de libro | Libros | |
| Misma IES | 71 | 68 | 71 | 79 | 55 | 51 | 74 | 61 |
| Otras IES Noreste | 27 | 25 | 13 | 45 | 17 | 11 | 11 | 33 |
| IES otras regiones | 18 | 14 | 16 | 34 | 16 | 13 | 11 | 31 |
Fuente: elaboración propia.
Nota: Porcentajes calculados respecto al número total de trabajos en coautoría nacional e internacional. Las columnas pueden sumar más de 100 % debido a que son frecuentes las coautorías múltiples que incluyen diferentes adscripciones.
Por contraste, que el marcado carácter internacional de la producción científica de los PIFE coexista con sus también abundantes coautorías intrainstitucionales nos conduce a plantear la posibilidad de que estos actores operen como agentes de la internacionalización de los grupos de trabajo en sus instituciones de adscripción. Un dato que brinda cierto sustento a esta hipótesis es, por ejemplo, que poco más de la mitad de los trabajos de los PIFE escritos en coautoría con pares de su misma institución incluye también a coautores internacionales, o bien, fueron publicados en el extranjero (frente al 38 % en el caso del otro perfil de participantes). Aunque confirmar esta dinámica requiere datos más detallados, sobre todos los coautores involucrados en este segmento de la producción científica analizada.
Finalmente queremos cerrar esta presentación de resultados abordando un tipo de coautoría que consideramos especialmente relevante. Pese a lo marginal que ya vimos que resulta la vinculación interinstitucional a través de publicar en libros o en revistas editadas por otras entidades académica en la región, la producción del grupo de académicos formados en México sí muestra una presencia de coautorías con colegas de otras instituciones norestenses que destaca por contraste con la de sus pares. De manera agregada, este tipo de colaboraciones está presente en 27 % de todas sus publicaciones colectivas, frente a 17 % entre los PIFE (ver tabla 6). Aun cuando no puede descartarse que esta mayor inclinación a la coautoría regional esté condicionada por sus reducidas oportunidades de acceder a las colaboraciones internacionales que les resultarían individualmente más redituables, lo cierto es que se trata, como antes lo señalamos, de una forma de vinculación con el potencial de contribuir a la sostenibilidad de la actividad científica local. Dinámica que ciertamente es promovida, por ejemplo, por algunas convocatorias para el financiamiento de proyectos de investigación pero que, a la luz de nuestros resultados, bien podría incentivarse de manera más enérgica dentro de los sistemas de evaluación vigentes.
CONCLUSIONES
En el noreste mexicano, las ciencias sociales registraron un desarrollo significativo una vez que las diversas políticas y programas federales que buscaron impulsar la descentralización de la actividad científica habían alcanzado un alto grado de articulación e incidieron con claridad en el funcionamiento de las instituciones de educación superior de la región. Esto implicó que la comunidad científico social norestense actual se forjara bajo la intensa influencia de un modelo de evaluación académica que se plegó a los criterios del sistema hegemónico de publicación en el que se considera a los artículos colocados en revistas incluidas en los índices mainstream como más valiosos que otros documentos científicos y se aprecian particularmente la colaboración, la internacionalización y la sujeción de los trabajos a procesos de dictaminación.
A partir de este escenario y de manera coincidente a lo que se ha documentado en otros ámbitos geográficos, en este trabajo confirmamos que también en la región noreste de México los científicos sociales han alineado sus prácticas a estos criterios del sistema de publicación. No obstante, como ha ocurrido tradicionalmente en las disciplinas sociales, el libro continúa siendo también un formato importante para difundir sus resultados de investigación. Si bien esto se explica por la relevancia del libro tanto en la comunicación en esta área del conocimiento como en el diálogo con otros actores sociales locales, es llamativo que sea el tipo de documento que más frecuentemente es publicado por la propia institución de los investigadores, sean estos formados en el país o en el extranjero. Es necesario un estudio más detallado de los procesos editoriales y de dictaminación que se siguen en las instituciones locales para valorar las implicaciones endogámicas de estas pautas registradas.
Más allá de estos rasgos generalizados en los resultados observados para ambos perfiles académicos aquí comparados, los investigadores con formación de posgrado en el extranjero mostraron colectivamente un mejor desempeño en prácticamente todas las variables analizadas que implican alineación al modelo hegemónico de evaluación; más marcadamente en aquellas que tienen relación directa con la internacionalización. Diversos antecedentes empíricos y teóricos indican que la formación internacional genera condiciones o imprime características a su quehacer científico que explicarían ese desempeño. Nuestros resultados brindan respaldo a los planteamientos que subrayan la importancia del capital social que se cultiva durante sus períodos formativos en el exterior, así como del uso estratégico de este capital para ganar acceso a circuitos y tipos de publicación que son altamente valorados.
En el caso concreto de las coautorías con colegas de instituciones extranjeras, la diferencia entre los participantes formados en México y los PIFE no es solamente la mayor frecuencia en favor de estos últimos; también presentan pautas diferenciadas de asociación con otras variables que sugieren interesantes dinámicas de colaboración que demandan ser exploradas con más profundidad por sus implicaciones en las formas concretas en que la ciencia local se integra en el panorama global. Una de esas implicaciones es la posible actuación de los PIFE como agentes que promueven la internacionalización de sus grupos de trabajo intrainstitucionales. Otras más estarían asociadas a que los PIFE publiquen dos tercios de sus coautorías internacionales en revistas extranjeras mainstream y el otro perfil de académicos solo un tercio de estas. Esto sugiere que uno y otro grupo establecerían sus colaboraciones con el extranjero en torno a temáticas de estudio que resultan de interés para diferentes circuitos de publicación y, alternativa o adicionalmente, con pares localizados en regiones o instituciones también diferentes. Esto supondría posiciones diferenciadas en las estrategias de aprovechamiento de este tipo de colaboraciones, atravesadas por la jerarquización de sus lugares de formación.
Muy llamativa resulta la alta frecuencia de pautas endogámicas registrada tanto en coautorías como en entidades editoras, más aún si se considera que no se analizó la producción completa, sino solamente los trabajos propios que los participantes reportaron como más relevantes. Como lo argumentamos antes para el caso de las coautorías intrainstitucionales, esto no necesariamente debe juzgarse como un rasgo deficitario. Primero, porque una alta proporción de estos trabajos colectivos registrados dan lugar a publicaciones con características altamente valoradas dentro del sistema evaluativo actual. Además, porque pueden ser el resultado de relaciones de colaboración relevantes para la consolidación de líneas de investigación y para la reproducción de la propia comunidad científica local. Pero, debe señalarse que esta orientación endogámica ciertamente circunscribe de manera marcada las dinámicas de vinculación locales al ámbito de la propia institución y revela un limitado interés en la colaboración interinstitucional regional, uno de los aspectos de interés que nos llevaron a plantear un abordaje alternativo para el análisis de la producción científica de nuestro universo de estudio.
La relevancia que posee esta colaboración regional interinstitucional para contribuir a la sostenibilidad de la práctica científico-social en contextos que continúan siendo caracterizados por la baja institucionalización y la escasez de espacios, así como su muy baja presencia en la base de datos que generamos, nos llevan a señalarla como uno de los principales focos de interés para futuras investigaciones. También a destacarla como una cuestión que debe ser explicitada y promovida dentro de la política pública y de las estrategias de acción de las instituciones de educación superior locales de manera más decidida. Pues los resultados aquí presentados y discutidos parecen confirmar que la imposición a nivel nacional de estándares de evaluación académica subordinados a los circuitos de publicación mainstream, y las respuestas de las organizaciones académicas para competir dentro de ese escenario, han desincentivado a los investigadores del noreste mexicano a embarcarse de manera más extendida en colaboraciones sostenidas y productivas con sus colegas de instituciones vecinas.










nueva página del texto (beta)


