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CONfines de relaciones internacionales y ciencia política

versión impresa ISSN 1870-3569

CONfines relacion. internaci. ciencia política vol.20 no.38 Monterrey ene./may. 2024  Epub 07-Abr-2025

https://doi.org/10.46530/cf.vi38/cnfns.n38.p65-83 

Dossier

La política exterior de El Salvador bajo el gobierno de Nayib Bukele, en el marco de los realineamientos internacionales de los actores políticos latinoamericanos frente a la rivalidad sino-estadounidense

El Salvador’s Foreign Policy Under The Bukele’s Administration In The Context Of The International Realignment Of Latin American Political Actors In The Context Of U.S.- China Rivalry

Esteban Poole-fuller1 
http://orcid.org/0000-0002-0178-1369

Peng Jianrong2 

1Pontificia Universidad Católica de Perú / Peking University

2Universidad de Alicante


Resumen.

Desde la llegada de Nayib Bukele a la presidencia de El Salvador en 2019, se observa un realineamiento de la política exterior de este país centroamericano. Se ha evidenciado un acercamiento hacia China, al tiempo que se han fracturado las tradicionalmente estrechas relaciones con Estados Unidos, particularmente desde 2021, tras la llegada de Joe Biden a la presidencia estadounidense.

A partir del análisis del realineamiento de la política exterior de El Salvador, bajo el mandato de Bukele, este artículo explora las dinámicas actuales de los gobiernos y actores políticos latinoamericanos frente a China y Estados Unidos en un contexto de rivalidad estratégica entre ambas potencias.

Palabras clave: El Salvador; China; Estados Unidos; América Latina; política exterior

Abstract.

Since the arrival of Nayib Bukele to the presidency of El Salvador in 2019, a realignment of this Central American country’s foreign policy has been taking place. El Salvador has displayed a rapprochement with China, while its traditionally close relations with the United States have deteriorated since 2021, following the arrival of Joe Biden to the U.S. presidency.

Based on the analysis of the realignment of El Salvador’s foreign policy under Bukele, this article explores the current dynamics of the alignment of Latin American governments and political actors vis-à-vis China and the United States in a context of strategic rivalry between the two powers.

Keywords: El Salvador; China; United States; Latin America; foreign policy

INTRODUCCIÓN

Desde su llegada a la presidencia de El Salvador en 2019, Nayib Bukele se ha posicionado como un referente de las derechas latinoamericanas1 (Stefanoni, 2023). La popularidad alcanzada por Bukele en los círculos conservadores regionales se ha debido fundamentalmente a sus políticas de seguridad ciudadana fuertemente represivas que, según sus partidarios, habrían contribuido a una significativa reducción de la criminalidad en El Salvador. A la vez que sus detractores han denunciado graves violaciones a los derechos humanos derivadas de sus políticas de seguridad ciudadana, y la erosión de las instituciones democráticas bajo su gobierno (Baldovinos, 2021; Sermeño Quezada, 2022). Cabe sostener, en cualquier caso, que Bukele es el líder político centroamericano con mayor proyección internacional en tiempos recientes, deviniendo en una figura altamente polarizante en la escena política latinoamericana contemporánea.

Más allá de las controversias en torno a las políticas internas de Bukele, este trabajo se enfocará en la reorientación de la política exterior salvadoreña bajo su presidencia. Concretamente, se analizará el acercamiento que el país ha tenido hacia China y el deterioro que se ha producido, en contraste, en sus relaciones con Estados Unidos, considerado tradicionalmente para El Salvador como parte de su esfera de influencia geopolítica (Lemus Delgado y Cerdas Dueñas, 2021). Esta reorientación resulta especialmente significativa en tanto que se ha producido en un contexto de creciente rivalidad estratégica entre Beijing y Washington (Kahhat, 2022).

El análisis del realineamiento de la política exterior salvadoreña bajo la presidencia de Bukele resulta relevante pues relativiza ciertas percepciones extendidas respecto a los alineamientos de los gobiernos latinoamericanos hacia Estados Unidos y China, de acuerdo con su orientación política. En concreto, el acercamiento que ha tenido el gobierno de Bukele hacia China y la relación más tirante que ha mantenido con Estados Unidos contradice el paradigma político, cuyas raíces se remontan a la Guerra Fría, de acuerdo al cual en América Latina los gobiernos y agrupaciones de izquierda serían hostiles a Washington y más afines a China (Poole Fuller, 2023). El hecho de que Bukele lidere un gobierno derechista relativamente hostil a Estados Unidos y cercano a China representa una variación significativa con respecto a dicha perspectiva. En ese sentido, la política exterior reciente de El Salvador evidenciaría la posible aparición de una derecha próximo a China y contrario a Estados Unidos en América Latina. Paralelamente, podríamos estar asistiendo a la emergencia de sectores progresistas favorables a Washington en la región.

Este artículo emplea, a modo de marco conceptual, la noción de rivalidad estratégica y la distinción entre izquierda y derecha como categoría político-ideológica.

La noción de rivalidad estratégica ha sido empleada frecuentemente para caracterizar la dinámica reciente de las relaciones sino-norteamericanas (Zhao, 2019). Partiendo de dicha constatación, Wu (2023) propone que la rivalidad estratégica puede ser entendida como un estado de las relaciones bilaterales intermedio entre la cooperación y el conflicto armado. El propósito fundamental de los Estados implicados en dinámicas de rivalidad estratégica es maximizar las ventajas sobre el país rival. El trasfondo de este enfrentamiento sino-estadounidense es el empoderamiento internacional de China, que ha erosionado la hegemonía global de Estados Unidos, suscitando una reacción adversa en Washington (Allison, 2017; Layne, 2018; Foot y King, 2019). Dicha rivalidad, a su vez, tiene un carácter multidimensional (Rudolf, 2020; Anguiano Roch, 2021; Wu, 2023), que implica diversos ámbitos tales como el comercial, tecnológico, militar y político-ideológico. Dada la centralidad de ambos países, la rivalidad sino-estadounidense incide profundamente en la dinámica contemporánea de las relaciones internacionales (Perthes, 2020).

En cuanto a la distinción entre izquierda y derecha, se emplea como punto de partida la propuesta por Bobbio (1995), quien identifica a la primera con fuerzas políticas que aspiran a la reducción o supresión de las desigualdades sociales, en tanto que las derechas tenderían a naturalizarlas o justificarlas. La oposición entre izquierda y derecha se originó en el contexto de la Revolución francesa, contraponiendo a republicanos y monárquicos, respectivamente (Gauchet, 1997). Durante el siglo XX, el eje izquierda-derecha devino en un criterio que oponía a socialistas y defensores de las estructuras socioeconómicas vigentes. La polarización izquierda-derecha cobró centralidad en el ámbito de las relaciones internacionales tras la Revolución rusa de 1917, y pasó a estructurar en gran medida los alineamientos internacionales en el contexto de la Guerra Fría, que opuso a Estados Unidos y la Unión Soviética durante la segunda mitad del siglo XX (1947-1989), identificando grosso modo a los países que se alineaban con Washington o Moscú, como de derecha e izquierda, respectivamente.2 Si bien no cabría sostener, como han afirmado ciertos autores (Giddens, 1994), que tras el fin de la Guerra Fría se ha disuelto la distinción entre izquierdas y derechas (White, 2011), esta ha perdido relevancia en el ámbito de las relaciones internacionales. Dicha pérdida de centralidad se debe a que la rivalidad entre Estados Unidos y China, las dos principales potencias en el sistema internacional contemporáneo, no es de naturaleza fundamentalmente ideológica3 (Zhang y Xu, 2021).

Partiendo del marco conceptual expuesto, a partir del análisis del realineamiento de la política exterior de El Salvador bajo el mandato de Bukele se propondrá un marco explicativo con respecto al alineamiento de los actores políticos latinoamericanos frente a China y Estados Unidos, en un contexto de creciente rivalidad estratégica entre ambas potencias. En el plano metodológico, se realizará una revisión de fuentes académicas y periodísticas relacionadas con la política exterior salvadoreña hacia Estados Unidos y China bajo el gobierno de Bukele; así como respecto a la rivalidad estratégica sino-estadounidense y el alineamiento de diversos actores políticos latinoamericanos frente a esta.

Este artículo tendrá la siguiente estructura. En primer término, se expondrá la rivalidad estratégica sino-estadounidense en tanto marco de análisis y contexto geopolítico de este estudio de caso. A continuación, se analizará el realineamiento de la política exterior salvadoreña frente a China bajo el gobierno de Bukele. Posteriormente, tomando como referente el caso salvadoreño se abordará la aproximación de diversos actores políticos latinoamericanos en relación con la rivalidad estratégica entre China y Estados Unidos, resaltando la erosión de los clivajes propios de la Guerra Fría, que presuponían un alineamiento consistente con Washington de los sectores conservadores de América Latina. Finalmente, se reflexionará sobre las posibles implicancias de los fenómenos analizados en relación al posicionamiento de los actores políticos latinoamericanos frente a la rivalidad estratégica entre China y Estados Unidos.

LA RIVALIDAD ESTRATÉGICA SINO-ESTADOUNIDENSE Y SU INCIDENCIA EN AMÉRICA LATINA

La orientación de la política exterior en los países latinoamericanos hacia China cobra particular relevancia en el contexto internacional actual signado por las crecientes tensiones entre este país y Estados Unidos. Dicha dinámica, calificada como rivalidad estratégica, emergió con fuerza a partir de 2016, tras la elección de Donald Trump como presidente estadounidense (Poole Fuller, 2021).

Este incremento de las tensiones entre Washington y Beijing deriva de las inquietudes que ha suscitado el empoderamiento internacional de China entre los sectores dirigentes norteamericanos (Foot y King, 2019; Alcalde, 2022, 2023). Mientras que a fines del siglo XX e inicios del XXI prevaleció entre dichos círculos una actitud optimista respecto a las oportunidades económicas derivadas de la apertura de China (Campbell y Ratner, 2018), durante los últimos años se ha impuesto una visión alarmista respecto a la amenaza que dicho país supondría para los intereses de los Estados Unidos al erosionar la hegemonía global norteamericana (Allison, 2017; Economy, 2021; Serhan, 2021). El recelo frente a China por parte de los sectores dirigentes de Washington se refleja en el hecho de que el país asiático haya sido calificado como rival estratégico en la Estrategia de Seguridad Nacional norteamericana de 2017 (Seal of the President of The United States, 2017) y, posteriormente, como el mayor desafío geopolítico actual para los Estados Unidos en 2022 (Seal of the President of The United States, 2022).

La rivalidad estratégica sino-estadounidense incide sobre América Latina (Bernal-Meza, 2021), en tanto que Estados Unidos considera a dicha región como su esfera de influencia geopolítica desde inicios del siglo XX. Si bien durante la primera década del 2000, los crecientes vínculos económicos sino-latinoamericanos permitieron que China desplazase a Estados Unidos como primer socio comercial de varios países de la región, estos no suscitaron mayores recelos en Washington (Mardell, 2022; Ellner, 2023); sin embargo, desde la llegada al poder de Trump se ha percibido un cambio de actitud por parte de Estados Unidos hacia la región. Al respecto, se aprecia una creciente inquietud entre los sectores dirigentes norteamericanos respecto a la profundización de los vínculos sino-latinoamericanos (Farnsworth, 2019; Ellis, 2022). Esto ha redundado en un discurso hostil por parte de las autoridades y medios de comunicación norteamericanos hacia la presencia china en los países latinoamericanos (Farnsworth, 2019; Ellis, 2022) y en presiones hacia estos por parte de Washington para restringir sus vínculos económicos con este país asiático. Cabe prever que los esfuerzos de Estados Unidos por dividir las relaciones de los países latinoamericanos con China persistirán o se profundizarán en los próximos años, incidiendo significativamente en las dinámicas políticas internas e internacionales de la región.

Este escenario invitaría a prever, en lo que se refiere a las relaciones de Washington y Beijing con América Latina, una situación en la cual, de forma análoga a la Guerra Fría, que opuso a Estados Unidos y la Unión Soviética durante la segunda mitad del siglo XX, el gobierno estadounidense respaldaría a gobiernos y fuerzas políticas latinoamericanas de derecha, mientras que China, en tanto Partido-Estado comunista, se alinearía con opciones izquierdistas. No obstante, el contexto geopolítico actual es menos simple que aquel que caracterizó la era de la rivalidad soviético-estadounidense durante la segunda mitad del siglo XX. Si bien Washington históricamente ha respaldado opciones políticas conservadoras en la región, y Beijing ha desarrollado relaciones estrechas con gobiernos latinoamericanos de orientación marxista, como el cubano y el venezolano, hoy en día no resultaría posible plantear alineamientos automáticos en materia de política exterior (Ríos, 2019).

La mayor complejidad de los alineamientos internacionales en el escenario actual estaría vinculada, en primer término, al carácter esencialmente pragmático que ha asumido la política exterior china desde la década de 19704 (Fanjul, 2020). China ha tenido un acercamiento hacia gobiernos de diverso signo político, y tendido a privilegiar la búsqueda de oportunidades para impulsar su inserción internacional en la medida que ello ha contribuido a su modelo de desarrollo socioeconómico (Chávez Mazuelos, 2022). En el caso de Estados Unidos, durante las tres décadas transcurridas desde el final de la Guerra Fría, se ha producido un notable incremento de la polarización política que ha incidido en la proyección internacional del país (Myrick, 2021). La política exterior norteamericana estaría sujeta a mayores fluctuaciones que en el pasado dependiendo de si el Partido Demócrata o el Republicano ocupa la presidencia. En ese sentido, cabe plantear que, actualmente, los gobiernos del Partido Demócrata tendrían una orientación más favorable a sus homólogos izquierdistas latinoamericanos, mientras que las administraciones del Partido Republicano seguirían privilegiando las relaciones con gobiernos de derecha.

La situación descrita conlleva un escenario de complejas interacciones entre dinámicas políticas globales y locales que invitan a replantear tópicos sobre las relaciones de los actores políticos de nuestra región con las dos potencias cuya rivalidad está definiendo el devenir del sistema internacional. Teniendo en cuenta dicho contexto, el análisis de casos concretos de alineamiento de gobiernos y actores políticos regionales latinoamericanos frente a la rivalidad estratégica sino-estadounidense resulta pertinente en tanto permite corroborar las tendencias esbozadas. En ese sentido, el realineamiento de la política exterior salvadoreña hacia China bajo el mandato de Bukele cobra particular interés como caso de análisis.

EL REALINEAMIENTO DE LA POLÍTICA EXTERIOR SALVADOREÑA HACIA CHINA Y ESTADOS UNIDOS BAJO EL GOBIERNO DE BUKELE

Habiendo expuesto los contornos del contexto internacional signado por la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China, se analizará el realineamiento de la política exterior salvadoreña hacia la potencia asiática bajo el mandato de Bukele.

El cambio de rumbo de la política exterior salvadoreña no se vislumbraba probable cuando Bukele fue electo presidente del país en 2018 (Lemus Delgado y Cerdas Dueñas, 2021). Tras una década de gobiernos del izquierdista Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) (2009-2019), que habían mantenido una relación relativamente tirante con Washington, Bukele parecía predispuesto a asumir una postura cercana a Estados Unidos y distante u hostil hacia China.

Las primeras acciones del nuevo mandatario salvadoreño parecían confirmar dicha orientación. Al respecto, durante los primeros meses de su gobierno en 2019, Bukele cedió a presiones de Washington orientadas a restringir la inmigración salvadoreña a Estados Unidos5 (Lemus Delgado y Cerdas Dueñas, 2021), al tiempo que San Salvador respaldó las acciones norteamericanas en contra del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela. Esta sintonía en las relaciones de El Salvador con Estados Unidos, más allá de la histórica dependencia del país centroamericano frente a la potencia norteamericana, podría atribuirse a la cercanía política de Bukele hacia el expresidente norteamericano Donald Trump, inquilino de la Casa Blanca durante los dos primeros años de su periodo presidencial.

Asimismo, al momento de asumir el gobierno salvadoreño, Bukele parecía escasamente predispuesto a cultivar las relaciones con Beijing. De hecho, siendo candidato presidencial, el político centroamericano criticó el reconocimiento de la República Popular China por parte de El Salvador en 2018, e incluso visitó Taiwán poco antes de su elección.6 Cabía prever que, incluso si no rompía relaciones diplomáticas con China, El Salvador bajo el gobierno de Bukele se alinearía con las posturas hostiles hacia China asumidas por la política exterior norteamericana a partir del mandato de Trump.

No obstante, las relaciones de San Salvador con Washington se deterioraron significativamente a partir de 2021. Este enfriamiento de las relaciones bilaterales coincidió con la llegada de Joe Biden a la presidencia estadounidense. Entre los signos del distanciamiento de ambos países destacan la negativa de Biden de recibir a Bukele durante una visita oficial a Estados Unidos en febrero de 2021; la ausencia del mandatario salvadoreño en la IX Cumbre de las Américas, llevada a cabo en Los Ángeles en junio de 2022, y sus cuestionamientos alusivos a los procesos judiciales emprendidos contra Donald Trump. A su vez, bajo la presidencia de Biden, Bukele ha sido blanco de frecuentes críticas por parte del gobierno norteamericano por su récord en materia de derechos humanos, casos de corrupción y erosión de las instituciones democráticas. Dado este panorama, cabe afirmar que las relaciones entre Estados Unidos y El Salvador se encuentran actualmente en un punto particularmente bajo.

Por otra parte, y contradiciendo las expectativas sobre el alejamiento de China que existían al momento de su elección como presidente, Bukele promovió el acercamiento a Beijing desde el inicio de su mandato. De hecho, la consolidación de las relaciones sino-salvadoreñas precedió al deterioro de las relaciones del país centroamericano con Washington. Un primer hito tuvo lugar en diciembre de 2019, cuando Bukele visitó China y El Salvador y se adhirió a la Iniciativa de la Franja y la Ruta.7 A su vez, en dicha ocasión, el gobierno chino anunció que financiaría el desarrollo de infraestructuras en el país centroamericano a través de fondos de cooperación no reembolsable (ascendentes a 500 000 000 USD), que se han destinado a proyectos de alta visibilidad como la construcción del nuevo estadio y biblioteca nacionales de El Salvador. El acercamiento sino-salvadoreño se reforzó en 2020 cuando, en el contexto de la pandemia de covid-19, China donó equipos médicos y 150 000 dosis de vacunas contra el virus a El Salvador, cuyo gobierno, posteriormente, compró 2 000 000 de dosis de vacunas chinas. Más recientemente, en noviembre de 2022, China y El Salvador iniciaron negociaciones para la firma de un Tratado de Libre Comercio.

Se aprecia, en suma, un claro viraje en la orientación de la política exterior salvadoreña hacia China y Estados Unidos bajo el gobierno de Bukele. El mandatario salvadoreño ha pasado, desde su elección en 2018, de tener una postura hostil a Beijing y cercana a Washington a asumir una posición caracterizada por el enfriamiento de las relaciones con el gobierno estadounidense y el acercamiento al chino.

El realineamiento de las relaciones exteriores de El Salvador hacia las dos principales potencias globales bajo el mandato de Bukele puede atribuirse a dos factores interrelacionados: la incidencia de las dinámicas políticas en Washington sobre la orientación de su política exterior hacia América Latina, y las oportunidades percibidas en el acercamiento hacia China.

En relación al primer aspecto, Washington asumió una postura hostil hacia El Salvador a partir del reemplazo en 2021 de Trump por Biden en la presidencia del país. La orientación confrontacional asumida por las autoridades norteamericanas hacia Bukele bajo el mandato de Biden se vincularía a la mayor cercanía que el Partido Demócrata ha evidenciado hacia gobiernos y sectores políticos de centroizquierda en Latinoamérica y su relativa hostilidad hacia los gobiernos de derecha de la región. Por tanto, la tónica de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y El Salvador estaría fuertemente condicionada por las dinámicas de la política interna estadounidense. En ese sentido, Bukele sería percibido en Washington como un aliado de los republicanos y un adversario de los demócratas. Por ende, el estado de las relaciones entre Estados Unidos y El Salvador se vería fuertemente condicionado por la correlación de fuerzas políticas en el primer país.

Cabe prever, no obstante, que la consolidación de las relaciones sino-salvadoreñas podría mantenerse incluso en el escenario de un eventual retorno de los republicanos a la presidencia de Estados Unidos en 2025. En ese sentido, debe tenerse en cuenta que Bukele inició el acercamiento hacia China bajo el mandato de Trump, pese a que bajo el gobierno de este último se exacerbaron las tensiones sino-estadounidenses. En tanto que la postura confrontacional hacia China goza de un alto grado de consenso bipartidista entre las élites políticas norteamericanas (Chen Weiss, 2022), cabría prever que la aproximación del gobierno de Bukele hacia China podría resultar una fuente de fricciones con una eventual administración republicana. Por tanto, y más allá de sus motivaciones coyunturales, el realineamiento de la política exterior de El Salvador podría tener consecuencias a largo plazo en la medida que conduciría a que dicho país mantenga relaciones relativamente estrechas con China al tiempo que se limitaría la influencia de Estados Unidos sobre sus asuntos internos.

El acercamiento salvadoreño hacia China bajo el mandato de Bukele estaría guiado fundamentalmente por consideraciones pragmáticas (Lemus Delgado y Cerdas Dueñas, 2021). En ese sentido, la aproximación a China no se debería a la adhesión del gobierno de Bukele al régimen político chino, sino más bien sería impulsada por las expectativas en torno a las oportunidades económicas que supondría la relación bilateral en términos de intercambio comercial-inversiones y acceso a financiamiento externo. En base a dicha lógica, la profundización de las relaciones sino-salvadoreñas sería percibida por el país centroamericano como una forma de reducir su dependencia económica de Estados Unidos y acceder a nuevos mercados y fuentes de capitales.

No obstante, los vínculos económicos sino-salvadoreños no han colmado las expectativas suscitadas al momento de establecerse las relaciones diplomáticas entre San Salvador y Beijing en 2018. El intercambio comercial entre dichos países ha evidenciado un marcado déficit, favorable a China y las exportaciones salvadoreñas a dicho país han mostrado una tendencia decreciente en años recientes. En ese sentido, si en 2018 las exportaciones de El Salvador a China ascendieron a 162 000 000 USD y las exportaciones chinas al primer país ascendieron a 1460 000 000 USD (Banco Central de Reserva de El Salvador, 2018), para 2023 las exportaciones salvadoreñas a China se habían reducido a 11 000 000 USD, mientras que las importaciones desde el país asiático se habían elevado a 2384 000 000 USD (Banco Central de Reserva de El Salvador, 2023). A su vez, si bien se previó el arribo de un monto significativo de inversiones chinas a El Salvador destinadas al desarrollo de un nuevo puerto y una zona económica especial, dichos proyectos no se han materializado (Ventas, 2024) y el flujo de capitales chinos ha sido modesto. Finalmente, si bien se produjeron especulaciones acerca de la posibilidad de que China adquiriese derechos sobre la deuda salvadoreña a través una emisión de bonos8 (Guzmán, 2022), a la fecha no se ha concretado ninguna operación de endeudamiento con China. Los limitados beneficios económicos que han generado las relaciones económicas con China podrían restar interés al acercamiento de San Salvador hacia Beijing. Más aun, cabe tener en cuenta que los vínculos con Estados Unidos siguen ocupando una posición preponderante para la economía salvadoreña.9 En este contexto, no podría descartarse la posibilidad de un renovado acercamiento del país centroamericano hacia la potencia norteamericana de producirse un viraje conservador en Washington.

Si bien El Salvador ocupa una posición relativamente periférica en el contexto regional latinoamericano, el realineamiento de su política exterior bajo el gobierno de Bukele reviste relevancia para la región. En ese sentido, la orientación asumida por la política exterior salvadoreña podría reflejar tendencias más amplias en relación a la aproximación de los gobiernos y actores políticos latinoamericanos frente a la rivalidad estratégica entre Estados Unidos y China, en virtud del cual podrían estarse relativizando los clivajes de los actores políticos regionales que oponían a una derecha pronorteamericana y una izquierda hostil a Washington. En este contexto, la proyección regional que ha logrado Bukele entre las derechas latinoamericanas podría contribuir a legitimar el acercamiento hacia Beijing y el distanciamiento de las relaciones con Washington. Ello se enmarcaría dentro de un realineamiento del posicionamiento internacional de los gobiernos y actores políticos latinoamericanos en el marco de la rivalidad sino-estadounidense.

REALINEAMIENTOS DE LOS ACTORES POLÍTICOS LATINOAMERICANOS FRENTE A LA RIVALIDAD ESTRATÉGICA SINO-ESTADOUNIDENSE

Más allá de factores relativos al contexto nacional, el acercamiento de El Salvador hacia China bajo el gobierno de Bukele resulta de interés en tanto reflejaría probables realineamientos en la aproximación de gobiernos y actores políticos latinoamericanos hacia Beijing y Washington en un contexto de intensa rivalidad estratégica sino-estadounidense (Poole Fuller, 2023).

Como se ha señalado, la asunción de posturas más cercanas hacia las izquierdas regionales por parte de los demócratas norteamericanos estaría vinculada al incremento de la polarización política en Estados Unidos, que ha supuesto el debilitamiento de los consensos en materia de política exterior que habían existido durante décadas precedentes entre demócratas y republicanos (Myrick, 2021). Dicho consenso, que tomó forma en el marco de la Guerra Fría, y que estaba fundado en posturas anticomunistas, se tradujo en un apoyo consistente por parte de administraciones demócratas y republicanas hacia gobiernos conservadores en América Latina, incluyendo varias dictaduras militares10 (Grandin, 2021).

En contraste, actualmente se aprecia que los alineamientos en relación a los gobiernos latinoamericanos por parte de demócratas y republicanos hacia los gobiernos latinoamericanos tienden a reflejar en mayor medida las divergencias ideológicas ambas fuerzas políticas. (Poole Fuller, 2023). En este contexto, los demócratas tenderían a respaldar a actores políticos progresistas, en tanto que los republicanos cultivarían los vínculos con sectores conservadores. Esta situación contribuiría a erosionar la asociación entre Estados Unidos y los actores políticos derechistas latinoamericanos, en tanto que el gobierno estadounidense estaría deviniendo en un socio políticamente menos confiable.

En contraste, el acercamiento hacia China podría resultar atractivo para ciertos actores políticos conservadores latinoamericanos. Al respecto, la orientación pragmática de la política exterior china y el menor intervencionismo que exhibe la misma en contraste con la norteamericana representarían atributos valiosos para gobiernos que recelan de la injerencia de Washington en sus asuntos internos (Ríos, 2019). En este sentido, los gobiernos de la región, sean de izquierda o de derecha, podrían contar con que China ejerza menos presiones que Estados Unidos para modificar el statu quo de sus países. Al mismo tiempo, existirían aspectos del modelo social y político chino que podrían resultar atractivos a las derechas latinoamericanas. Entre ellos cabría destacar las coincidencias del gobierno chino con posturas conservadoras occidentales respecto a cuestiones de género y modelos de familia, la prevalencia de valores colectivistas, las limitaciones en materia de derechos individuales y participación ciudadana y, pese a la identificación del Partido-Estado chino con el marxismo, las relativamente escasas garantías en materia de derechos sociales en la sociedad china actual. Existirían, por tanto, aspectos del régimen chino que podrían resultar más atractivos a los conservadores locales que la agenda progresista de los gobiernos demócratas en Estados Unidos.

La vinculación con Beijing resultaría especialmente atractiva para los gobiernos latinoamericanos conservadores durante los ciclos de hegemonía demócrata en Washington. Ello en tanto que contar con relaciones estrechas con China, particularmente en el campo del comercio e inversiones, permitiría a dichos gobiernos resistir con mayor facilidad eventuales presiones por parte de las autoridades norteamericanas. El acercamiento hacia China podría ser concebido, por tanto, como una estrategia orientada a reducir la dependencia de Estados Unidos, así como el riesgo de intervención por parte de dicho país en los asuntos internos de países con cuyos gobiernos tiene relaciones tirantes (Chen Weiss, 2019). Dada la mayor predisposición de las élites políticas estadounidenses a respaldar a gobiernos ideológicamente afines en la región, los gobiernos de izquierda tenderían a promover la consolidación de las relaciones con Beijing durante los períodos de control republicano de la Casa Blanca, en tanto que los gobiernos de derecha tenderían a hacer lo propio durante los períodos de hegemonía demócrata.

En ese sentido, cabe observar que, así como un gobierno de corte conservador como el de Bukele ha promovido el acercamiento de El Salvador hacia China, actualmente se observan diversos gobiernos de izquierda en la región que han tomado distancia de Beijing y cultivado relaciones con Washington. Los casos de Lula en Brasil, Cortizo en Panamá y Arévalo en Guatemala son particularmente llamativos al respecto.

En el caso brasileño, entre 2019 y 2023 el gobierno de derecha radical de Jair Bolsonaro mantuvo relaciones estrechas con China (Stuenkel, 2022), alentadas por los intensos vínculos económicos sino-brasileños, pese a que el expresidente brasileño en ocasiones desplegó una retórica hostil hacia Beijing. En contraste, si bien Brasil cultivó las relaciones con Estados Unidos durante los dos primeros años de gobierno de Bolsonaro, debido a la cercanía de este hacia Trump, tras la asunción de la presidencia norteamericana por Biden en 2021, hubo un marcado deterioro de las relaciones entre Brasilia y Washington. Durante la campaña presidencial de 2022, medios de comunicación afines al Partido Demócrata atacaron frecuentemente a Bolsonaro y respaldaron la candidatura de Lula Da Silva (Cooper, 2022). Tras el retorno al poder de Lula al poder en 2023 ha podido apreciarse un acercamiento entre Brasil y Estados Unidos, al tiempo que, pese a ciertos gestos retóricos, no se ha producido una consolidación de los vínculos sino-brasileños11 (Porto, 2023).

La dinámica de acercamiento hacia Washington en detrimento de los vínculos con Beijing por parte de sectores políticos progresistas ha sido especialmente visible en el caso de Panamá. Al respecto, en 2017, bajo el gobierno centroderechista de Juan Carlos Varela (2014-2019), Panamá reconoció a la República Popular China y tuvo un importante acercamiento hacia dicha potencia asiática, llegando incluso a incorporar al país centroamericano como el primer miembro latinoamericano de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. En contraste, desde la asunción a la presidencia en 2019 del centroizquierdista Laurentino Cortizo ha habido un enfriamiento de las relaciones sino-panameñas y un mayor acercamiento hacia Washington (Youkee, 2020).

Un último caso destacable de aproximación hacia Estados Unidos por parte de las izquierdas locales ha sido el de Guatemala, único país latinoamericano, junto con Paraguay, que a la fecha no ha reconocido a la República Popular China. El gobierno de Estados Unidos intervino activamente en las elecciones generales guatemaltecas de 2023, apoyando la candidatura del centroizquierdista Bernardo Arévalo, quien finalmente resultó elegido presidente12 (Lazarus y Berg, 2024). A su vez, medios de comunicación norteamericanos afines al Partido Demócrata brindaron una cobertura altamente favorable respecto al líder progresista guatemalteco (Romero y García, 2023; Bosworth, 2023). El decidido respaldo del gobierno norteamericano a un candidato con perfil izquierdista como Arévalo se habría producido a consecuencia del deterioro de las relaciones de Washington con Guatemala desde la asunción de la presidencia de Estados Unidos por Biden, en tanto el expresidente Alejando Gianmattei (2019-2023) era percibido como cercano a Trump. En este contexto, las élites políticas norteamericanas vinculadas al Partido Demócrata podrían haber tenido inquietudes respecto a la posibilidad de que, de mantenerse la hegemonía política conservadora en Guatemala, el país centroamericano, de forma análoga a El Salvador bajo el liderazgo de Bukele, podría distanciarse de Washington y retirar el reconocimiento diplomático a Taipei, acercándose de este modo a Beijing.13 A su vez, ha de tenerse en cuenta que Arévalo expresó posturas claramente alineadas con Washington en temas de políticas internacional14 (relaciones con Cuba, Venezuela y Nicaragua, respaldo activo a Ucrania en su guerra contra Rusia, oposición a la reunificación de Taiwán con China).15 En ese sentido, la elección como presidente de Bernardo Arévalo en Guatemala sería el caso más reciente y explícito de la consolidación del alineamiento con Washington de determinados sectores de izquierda latinoamericanos.

Constatándose el acercamiento hacia Estados Unidos de actores políticos progresistas durante los ciclos de hegemonía demócrata en Washington, cabe analizar la racionalidad en la que se sustentaría dicho acercamiento. Puede sostenerse al respecto que la estrategia de los sectores demócratas en Estados Unidos para limitar el respaldo hacia China entre las izquierdas latinoamericanas pasaría por enfatizar la problemática de derechos humanos en el país asiático y enmarcar la competencia entre ambas superpotencias como un enfrentamiento entre la democracia liberal y el autoritarismo. En tanto que la promoción de los derechos humanos ha devenido uno de los ejes de la agenda de la mayoría de movimientos de izquierda latinoamericanos durante las últimas décadas, la condena hacia los supuestos atropellos del régimen chino, contrastándola con el amplio catálogo de derechos garantizados en Estados Unidos y sus países aliados, legitimaría el acercamiento de determinados sectores progresistas de Latinoamérica hacia Washington. En ese sentido, durante los gobiernos demócratas, el gobierno norteamericano enfatizaría el recurso a la diplomacia de los Derechos Humanos para promover el acercamiento de actores políticos progresistas hacia Estados Unidos y su alejamiento de Beijing.

Un caso que difiere de los anteriores, aunque igualmente llamativo, es el del realineamiento de la política exterior de Nicaragua hacia China bajo el gobierno de Daniel Ortega. Pese a la filiación izquierdista y posturas confrontacionales hacia Washington de Ortega, entre 2007 y 2021 su gobierno mantuvo relaciones diplomáticas con Taipéi, cuando Nicaragua reconoció a la República Popular China.16 Dicho viraje habría sido una respuesta a las sanciones impuestas por Estados Unidos a Nicaragua en 2018, agudizadas en 2021, tras la cuarta reelección de Ortega en un proceso electoral ampliamente cuestionado17 (Rocha, 2022). En esta coyuntura, el gobierno de Ortega buscaría respaldo internacional y una profundización de las relaciones económicas con China con la finalidad de limitar las presiones de Estados Unidos.18

El caso de Nicaragua, de forma análoga al de El Salvador, evidencia que los gobiernos latinoamericanos, al margen de su orientación política, buscarían un acercamiento hacia China con la finalidad de incrementar su margen de maniobra frente a Washington. La orientación pragmática de la política exterior de Beijing, enfocada en acrecentar espacios de comercio e inversión en el exterior,19 facilitaría este acercamiento entre China y gobiernos latinoamericanos de diverso signo político (Ríos, 2019; Poole Fuller, 2023).

La reorientación de la política exterior salvadoreña hacia China bajo el gobierno de Bukele, de forma análoga al viraje de Nicaragua bajo el gobierno de Ortega y la orientación favorable hacia Estados Unidos, que han manifestado otros países latinoamericanos bajo gobiernos de izquierda, reflejaría una dinámica emergente en cuanto a los alineamientos internacionales de actores políticos latinoamericanos. En ese sentido, podríamos estar asistiendo a una erosión de la adhesión de los gobiernos y fuerzas políticas derechistas hacia Estados Unidos y a potenciales alineamientos con China, motivados fundamentalmente por consideraciones pragmáticas y el afán de limitar presiones por parte de Washington.

Puede sostenerse, por tanto, que actualmente la orientación política de los gobiernos latinoamericanos no es un predictor necesario de su aproximación hacia la rivalidad estratégica sino-estadounidense. No cabe, por tanto, plantear una dinámica similar a la de la Guerra Fría, en la que se observaba un alineamiento explícito de las derechas regionales con Washington. En las actuales circunstancias, caracterizadas por frecuentes oscilaciones en cuanto a orientación política en la mayoría de países latinoamericanos (Mazzina y Leiras, 2021) e intensa polarización política en Estados Unidos, más bien resulta plausible plantear la existencia tanto de derechas prochinas como de izquierdas pronorteamericanas en América Latina. Cabe anticipar, igualmente, que los vínculos de los actores políticos regionales con Washington tenderían a ser menos estables que aquellos con Beijing, en tanto el liderazgo del gobierno norteamericano por parte de demócratas y republicanos supondría que Estados Unidos priorizaría alternativamente los vínculos con las izquierdas y las derechas latinoamericanas. En este escenario, los gobiernos latinoamericanos, al margen de su orientación política, tenderían a promover el acercamiento hacia China durante períodos de fricciones con Estados Unidos, a fin de tener más margen de maniobra en el plano internacional y limitar las presiones de Washington sobre su política interna. Esta ha sido la dinámica evidenciada en El Salvador bajo el gobierno de Bukele tras el cambio de gobierno en Estados Unidos en 2021, y cabría prever que la misma podría replicarse en otros países de la región. Dado el carácter bipartidista del sistema político estadounidense, tanto actores políticos conservadores como progresistas latinoamericanos tendrían incentivos para cultivar las relaciones con China y reducir la dependencia de Estados Unidos. Dicha dinámica podría redundar en una erosión de la influencia norteamericana en la región.

La dinámica descrita resulta incipiente y podría no afianzarse. De un lado, una desaceleración prolongada de la economía china20 podría limitar la expansión del comercio e inversiones sino-latinoamericanos, restando incentivos al acercamiento a Beijing. Por otra parte, la acentuación de las presiones de Washington para que los países latinoamericanos restrinjan sus vínculos con China podría limitar el margen de maniobra de las cancillerías de la región. Finalmente, pese a la actual polarización entre demócratas y republicanos en su aproximación hacia los actores políticos latinoamericanos, recientemente se perciben indicios de mayores consensos bipartidistas en cuanto al respaldo a gobiernos conservadores alineados con Washington en su rivalidad con Beijing. Al respecto, resulta llamativo que el gobierno derechista radical de Javier Milei, quien asumió la presidencia de Argentina en diciembre de 2023, no haya afrontado mayores críticas por parte de la administración Biden, e incluso haya sido respaldado por la misma21 (Fidanza, 2024). La actitud favorable de Washington hacia Milei podría deberse a las posturas hostiles del mandatario argentino hacia China22 y su alineamiento explícito con los intereses norteamericanos.23 La situación descrita podría indicar la revitalización de un consenso bipartidista en materia de política exterior que, de forma análoga al período de la Guerra Fría, conlleve respaldar a gobiernos y actores políticos latinoamericanos conservadores alineados con Estados Unidos en su rivalidad estratégica con China.

Resulta prematuro plantear que la reorientación de la política exterior de El Salvador hacia China y Estados Unidos bajo el gobierno de Bukele anticipa un realineamiento internacional de mayor alcance por parte de los gobiernos y actores políticos latinoamericanos. De cualquier manera, el caso salvadoreño, así como el de otros gobiernos latinoamericanos de distintos signos políticos que han asumido diversas posturas frente a Beijing y Washington, evidencia que, si bien la rivalidad sino-estadounidense puede evocar en ciertos aspectos a la Guerra Fría, no cabe prever replicar los rígidos alineamientos políticos internacionales que la caracterizaron en América Latina.

CONCLUSIONES

Desde que asumió la presidencia de El Salvador en 2019, Nayib Bukele se ha posicionado como una figura con alta visibilidad en la escena política latinoamericana. El mandatario centroamericano ha concitado admiración entre los sectores conservadores de la región por su política de "mano dura" frente a la inseguridad ciudadana, al tiempo que ha sido cuestionado por las violaciones a los derechos humanos que dicha actuación ha supuesto y por la erosión de las instituciones democráticas bajo su gobierno. Siendo Bukele una personalidad altamente visible y polarizante en el escenario político latinoamericano contemporáneo, la atención se ha centrado en sus políticas internas. En contraste, no se ha prestado suficiente atención a la reorientación de la política exterior salvadoreña bajo su gobierno. Dicha dimensión exige mayor análisis, en tanto tendría implicancias importantes para el análisis de los probables alineamientos de los actores políticos latinoamericanos frente a la rivalidad estratégica sino-estadounidense.

La trayectoria actual de la política exterior salvadoreña contribuiría a erosionar la percepción, extendida desde el período de la Guerra Fría, de que existiría un alineamiento necesario entre Washington y los sectores políticos conservadores latinoamericanos. Cabría sostener, más bien, que, en un escenario marcado por el incremento de la polarización política en Washington, los gobiernos demócratas y republicanos tenderían a brindar mayor respaldo a gobiernos y agrupaciones de derecha e izquierda, respectivamente. En un escenario de rivalidad estratégica sino-estadounidense, esto llevaría a que tanto gobiernos latinoamericanos de derecha como de izquierda busquen un acercamiento hacia China en la medida que dicha potencia sería percibida como menos intervencionista, y los vínculos económicos con esta podrían suponer una limitación de la influencia norteamericana. La amplia proyección regional alcanzada por Bukele podría, a su vez, legitimar la adopción de posturas cercanas a Beijing y hostiles a Washington entre los gobiernos y fuerzas políticas conservadoras latinoamericanas.

La dinámica descrita resulta incipiente, y el acercamiento hacia China por parte de los gobiernos latinoamericanos como estrategia para limitar la influencia norteamericana podría perder atractivo debido a un conjunto de factores. Entre los mismos resalta la posibilidad de una desaceleración prolongada de la economía china, el incremento de las presiones de Washington para que los países latinoamericanos limiten sus vínculos con Beijing y la potencial revitalización de un consenso bipartidista que conduzca a que gobiernos demócratas y republicanos respalden sin mayores divergencias a gobiernos de derecha alineados con los intereses norteamericanos en la región.

El posicionamiento frente a Beijing y Washington devendrá probablemente en un factor polarizante en la escena política latinoamericana. No obstante, como ilustra la reorientación de la política exterior salvadoreña bajo el gobierno de Bukele, no cabe prever alineamientos rígidos como aquellos que caracterizaron a la Guerra Fría. Resulta probable, más bien, que las controversias en torno a la rivalidad sino-estadounidense en América Latina opondrán tanto a derechas prochinas como a izquierdas pronorteamericanas.

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1 Bukele no se ha identificado explícitamente con posiciones de derecha, caracterizando su postura política como una “tercera vía” frente a los sectores progresistas y conservadores, al tiempo que su trayectoria política estuvo inicialmente vinculada al movimiento de izquierda Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN), del cual formó parte hasta 2017 (llegando a ser elegido en 2015 bajo dicha filiación como alcalde de la capital del país, San Salvador). No obstante, se observa que, durante su mandato presidencial, Bukele ha derivado hacia posiciones populistas de derecha. Al respecto, la priorización de una política de seguridad ciudadana represiva por parte de su gobierno resulta afín a agendas conservadoras, al tiempo que no se ha prestado mayor énfasis a cuestiones de redistribución e inclusión social, temáticas vinculadas preponderantemente a las izquierdas. Finalmente, en términos de identificación política, Bukele ha suscitado adhesiones principalmente entre las derechas latinoamericanas.

2 Dicha polarización exhibió matices. De un lado, numerosos gobiernos socialdemócratas, particularmente en Europa Occidental, se alinearon con Washington en el contexto de la Guerra Fría. Del otro lado, los gobiernos del Partido Demócrata en Estados Unidos frecuentemente adoptaron políticas internas que pueden ser caracterizadas como centroizquierdistas, sin perjuicio de respaldar a gobiernos derechistas en el marco de una política exterior de contención de la Unión Soviética.

3 Pese a que el gobierno estadounidense, particularmente bajo la presidencia de Biden, haya caracterizado la rivalidad sino-norteamericana como una contienda entre democracia liberal y autocracia.

4 En contraste con la orientación proselitista que tuvo la política exterior de Beijing durante las dos primeras décadas de la República Popular China, período durante el cual se priorizó la vinculación con gobiernos y actores políticos de izquierda (Yang, 2005; Lovell, 2019).

5 En 2019 el gobierno de El Salvador acordó, conjuntamente con México, Guatemala y Estados Unidos, que los solicitantes de asilo en EE. UU. deberían permanecer en el territorio de los otros tres Estados hasta que su solicitud fuese resuelta. Dicha medida fue promovida por Estados Unidos con la finalidad de dificultar la inmigración por vía de asilo a territorio norteamericano. Asimismo, el gobierno de El Salvador no opuso resistencia a que desde 2020 el gobierno de Estados Unidos pusiese fin al Estatus de Protección Temporal, que desde 2001 había permitido residir y trabajar en territorio estadounidense a 200 000 salvadoreños que habían ingresado irregularmente. Bukele habría cedido a las presiones norteamericanas en materia migratoria como contrapartida diplomática por no dar marcha atrás con el reconocimiento de la República Popular China (Lemus Delgado y Cerdas Dueñas, 2021). Dichas concesiones habrían sido admisibles para Washington en tanto las cuestiones migratorias resultarían la temática prioritaria en cuanto a la relación bilateral con El Salvador, ocupando las relaciones sino-salvadoreñas un lugar secundario para los intereses norteamericanos.

6 Dicha visita tuvo lugar en mayo de 2017, cuando Bukele, en calidad de alcalde de San Salvador, visitó Taipei para participar en una Cumbre de Ciudades Inteligentes. Durante dicha visita el futuro mandatario salvadoreño sostuvo una reunión con la entonces jefa del gobierno taiwanés, Tsai Ing-wen.

7 Estrategia de desarrollo global de infraestructuras promovida por el gobierno chino desde 2013.

8 En noviembre de 2022, el vicepresidente de El Salvador, Félix Ulloa, afirmó que China estaría dispuesta a refinanciar la totalidad de la deuda externa salvadoreña (Guzmán, 2022). No obstante, sus declaraciones fueron desmentidas por el Ministerio de Hacienda salvadoreño y por el Ministerio de Relaciones Exteriores chino. Posteriormente, el propio Ulloa sostuvo que sus afirmaciones habían sido interpretadas fuera de contexto (Ventas, 2024).

9 En tanto Estados Unidos continúa siendo el primer socio comercial de El Salvador. El intercambio comercial con EE. UU. Representa 35 % del intercambio comercial salvadoreño, siendo el país norteamericano el destino del 40 % de sus exportaciones y país de origen del 30 % de sus importaciones, respectivamente (Banco Central de Reserva de El Salvador, 2023).

10 Un ejemplo de ello fue el respaldo brindado a la Junta Militar que gobernó El Salvador entre 1979 y 1982 tanto por parte del gobierno del demócrata Jimmy Carter como del republicano Ronald Reagan.

11 Al respecto, cabe anotar que bajo el actual gobierno de Lula, Brasil no se ha adherido a la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

12 La intervención de Washington en el proceso electoral pudo apreciarse en el respaldo del Departamento de Estado norteamericano a Arévalo frente a los cuestionamientos de sus adversarios conservadores en relación a la comisión de posibles irregularidades electorales. Al respecto, el 2 de julio de 2023, el Secretario de Estado norteamericano, Anthony Blinken, emitió un comunicado condenando los presuntos esfuerzos de los adversarios de Arévalo de interferir sobre el proceso electoral en Guatemala.

13 Ello sin perjuicio de que la candidata rival de Arévalo, Sandra Torres, respaldada por los sectores conservadores guatemaltecos, afirmó en campaña que mantendría relaciones con Taipei.

14 La afinidad entre Bernardo Arévalo y Estados Unidos resulta hasta cierto punto paradójica, en tanto que dicho político es hijo del expresidente guatemalteco Juan José Arévalo (1945-1951), quien mantuvo una relación sumamente tirante con Washington debido a sus posiciones políticas populistas y nacionalistas. Dichas tensiones culminaron en el derrocamiento en 1954 de su sucesor, Juan Jacobo Arbénz, a consecuencia de un Golpe de Estado que contó con el activo respaldo del gobierno estadounidense.

15 Pese a ello, en febrero de 2024 Arévalo afirmó que Guatemala debería profundizar relaciones comerciales con China. Si bien el actual mandatario guatemalteco ha sostenido que bajo su gobierno se mantendrán los vínculos diplomáticos con Taipei, sus declaraciones han sido percibidas como indicios de un posible reconocimiento de la República Popular China por parte de Guatemala.

16 En 1985, durante el primer gobierno de Ortega (1985-1990), Nicaragua rompió relaciones diplomáticas con el gobierno taiwanés y reconoció a la Republica Popular China. Sin embargo, en 1990 Managua revirtió dicha postura y restableció vínculos con Taipei.

17 Cabe resaltar que las sanciones estadounidenses a Nicaragua han sido respaldadas tanto por el Partido Demócrata como el Republicano.

18 El cese del respaldo financiero a Nicaragua por parte de Venezuela en 2019 (debido al colapso económico de dicho país), que alcanzo significativos volúmenes durante los primeros años de gobierno de Ortega, habría contribuido igualmente al acercamiento hacia China (Rocha, 2022).

19 Desde el estallido de la pandemia de Covid-19 en 2020, la economía china ha evidenciado una desaceleración, con tasas de crecimiento del PBI de 3 y 5.2 % en 2022 y 2023, respectivamente, significativamente menores a las de las cuatro décadas precedentes. A su vez, se aprecia una tendencia a la retracción de la inversión china en el extranjero y un estancamiento de la expansión del comercio exterior del país asiático.

20 Desde el estallido de la pandemia de Covid-19 en 2020, la economía china ha evidenciado una desaceleración, con tasas de crecimiento del PBI de 3 y 5.2 % en 2022 y 2023, respectivamente, significativamente menores a las de las cuatro décadas precedentes. A su vez, se aprecia una tendencia a la retracción de la inversión china en el extranjero y un estancamiento de la expansión del comercio exterior del país asiático.

21 Dicho respaldo por parte del actual gobierno demócrata resulta llamativo en la medida que Milei ha respaldado abiertamente a Donald Trump.

22 Durante la campaña presidencial, Milei propuso romper relaciones diplomáticas con la República Popular China e incluso poner término a los vínculos económicos con dicho país, si bien tras asumir la presidencia dio marcha tras con dicha postura. No obstante, incidentes como el rechazo a la invitación cursada en agosto de 2023 para que Argentina se sume al foro BRICS+ y la suspensión de un acuerdo de financiamiento externo acordado con Beijing en agosto del mismo año evidencian el enfriamiento de las relaciones sino-argentinas bajo el gobierno de Milei.

23 Milei ha declarado que Argentina será un país aliado de Estados Unidos y propuesto medidas de corte explícitamente pro-norteamericano como la dolarización de la economía del país.

Recibido: 14 de Octubre de 2023; Aprobado: 31 de Enero de 2024

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