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Norteamérica

versión On-line ISSN 2448-7228versión impresa ISSN 1870-3550

Norteamérica vol.20 no.1 Ciudad de México ene./jun. 2025  Epub 02-Dic-2025

https://doi.org/10.22201/cisan.24487228e.2025.1.714 

Dossier

Necrorresiliencia y la gubernamentalidad en la migración

Necro-resilience and Governmentality in Migration

Lady Junek Vargas León* 

* Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); <lady12vl@gmail.com>.


Resumen

Este trabajo propone el concepto de necrorresiliencia como crítica al paradigma tradicional de la resiliencia, especialmente pertinente en el contexto actual de la gobernanza migratoria. Mientras que la resiliencia convencional se centra en la capacidad individual para adaptarse a adversidades, la necrorresiliencia resalta cómo los migrantes desarrollan estrategias de supervivencia en condiciones de violencia extrema y control estatal, como lo ejemplifica la aplicación CBP One utilizada por Estados Unidos bajo el argumento de garantizar una migración “segura y ordenada”. Este enfoque no sólo visibiliza el sufrimiento y la vulnerabilidad de los migrantes, sino que también cuestiona las dinámicas de poder y las políticas que perpetúan estas realidades. Así, la necrorresiliencia no describe únicamente las formas en que los individuos enfrentan la adversidad, sino que también subraya cómo esas estrategias de adaptación están moldeadas por estructuras que producen y limitan su agencia, perpetuando su vulnerabilidad bajo el discurso del migration management.

Palabras clave: migración; necropoder; migration managment; resiliencia; necrorresiliencia

Abstract

This paper introduces the concept of necroresilience as a critique of the traditional resilience paradigm, particularly relevant in the current context of migration governance. Whereas conventional resilience focuses on an individual’s capacity to adapt to adversities, necroresilience highlights how migrants develop survival strategies under conditions of extreme violence and state control, exemplified by the use of the CBP One application by the United States under the guise of ensuring “safe andorderly” migration. This approach not only makes visible the suffering and vulnerability of migrants but also challenges the power dynamics and policies that perpetuate these realities. Thus, necroresilience describes not only the ways individuals confront adversity but also underscores how these adaptation strategies are shaped by structures that produce and limit their agency, perpetuating their vulnerability under the discourse of migration management.

Key words: migration; necropower; migration management; resilience; necro-resilience

Introducción

La vida es aquello que es capaz de error

Michel Foucault, La vida, la experiencia y la ciencia (2007)

El presente artículo representa una reflexión sobre mi propuesta de contribución teórica, que se encuentra en desarrollo dentro de la tesis doctoral que estoy elaborando titulada “Crítica a la gobernanza migratoria en el Pacto Mundial para la Migración frente a la movilidad de poblaciones venezolanas (2018-2024)”. Aquí presento un primer esbozo de una propuesta conceptual, donde analizo las complejas dinámicas de poder que emergen del dispositivo de gestión migratoria y la producción de sujetos en el contexto de la gobernanza migratoria. Desde un análisis foucaultiano, examino el discurso de la resiliencia como un concepto utilizado por organizaciones internacionales, Estados e instituciones gubernamentales para producir subjetividades, a las que denomino homo resiliente. Esta propuesta conceptual se refiere a que el sujeto producido por los poderes hegemónicos del sistema migratorio global, utilizado para justificar y gestionar la movilidad de manera “segura, ordenada y regular”.

En este contexto, el horizonte teórico del que parto para mi propuesta conceptual se inscribe como una interpretación necropolítica dentro del dispositivo de la gestión migratoria que tiene como racionalidad política en la actualidad la gobernanza migratoria. Se incorporan los conceptos de necropoder y necropolítica para ana l izar cómo el poder no sólo regula la vida, sino que también decide sobre la muerte de los migrantes, configurando su vulnerabilidad por medio de “estrategias y factores de resiliencia”. Se examinan las prácticas de poder en el uso de la resiliencia por la Organización Internacional de las Migraciones (OIM), así como la manera en que diversas instituciones y actores que participan, organizan y regulan la movilidad migratoria mediante dispositivos de control y gestión.

El objetivo de este análisis es establecer las bases para una comprensión más profunda de cómo las dinámicas del gobierno de las migraciones configuran y producen tanto la subjetividad del homo resiliente y a su vez la “necrorresiliencia”. A lo largo de este trabajo, profundizaré en cómo el concepto de resiliencia reproduce la vulnerabilidad y el control que enfrentan las personas migrantes como parte de su capacidad de adaptación, y hago la propuesta del concepto “necrorresiliencia” para referirse al ordenamiento, a la administración y la responsabilidad individual que se da a la vida o a la muerte a las personas migrantes bajo el discurso de la migración ordenada, segura y regular.

En este caso, utilizaré el territorio mexicano como ejemplo del fenómeno de la ne crorresiliencia centrándome en su papel como espacio geográfico de tránsito y espera para diversas movilidades migratorias. Esto permitirá comprender mejor el concepto de necrorresiliencia y las prácticas, dinámicas y hechos que atraviesan el contexto de violencia criminal y estatal, específicamente en relación con la externalización de la frontera de Estados Unidos a través de la aplicación del CBP (Customs and Border Protection) One.

Esta articulación entre el uso de la resiliencia por parte de la gobernanza migratoria y la propuesta de necrorresiliencia cobra sentido al analizar cómo las condi ciones de violencia y vulnerabilidad afectan a los migrantes en su travesía. El uso ventajoso del discurso de la capacidad de los migrantes para adaptarse a estas circunstancias se ve constantemente desafiada por las estructuras de poder que determinan su existencia y supervivencia. Así, el concepto de necrorresiliencia permite explorar las complejidades de la vida y la muerte en un contexto donde el control estatal y el crimen organizado se entrelazan, generando un escenario de precariedad que, en lugar de proteger a las personas migrantes, los culpa y responsabiliza por cualquier situación que atraviesen.

La primera sección de este trabajo se refiere al necropoder y la necropolítica como horizonte teórico; en la segunda parte, se desarrolla un acercamiento a la necropolítica en la migración; la tercera parte aborda el término resiliencia y su evolución desde la física hasta su uso discursivo por parte de la OIM; en la cuarta parte, que constituye el eje central del texto, se describe la propuesta conceptual de este trabajo: la necrorresiliencia; y por último, se documentan las prácticas de control y gestión que conducen a lo que aquí se propone como necrorresiliencia, centrándose en el caso de la aplicación CBP One y la situación en Tamaulipas, México.

Necropoder y necropolítica

Para adentrarse en el desarrollo de la creatividad conceptual, es necesario dar un paso atrás y retomar el postulado de Achille Mbembe (2011), el filósofo camerunés. Desde su trabajo filosófico poscolonial, Mbembe critica el concepto foucaultiano de la biopolítica, argumentando que no es adecuado para comprender el tercer mundo. Mbembe reflexiona sobre otra forma de ejercicio del poder en espacios geográficos con un pasado colonial, introduciendo el concepto de necropoder, donde “se hace morir y se deja vivir” (Mbembe, 2011: 19), en contraposición al biopoder de Foucault, donde se “hace vivir y se deja morir”.

Para comprender esta propuesta conceptual, es fundamental explorar cómo el necropoder une el biopoder, el estado de excepción y el estado de sitio, enfocándose en determinantes como la raza (Mbembe, 2011). En el contexto contemporáneo, el análisis de las dinámicas de poder se ha enriquecido notablemente. Una de las contribuciones más relevantes en este ámbito es la propuesta desarrollada por Sayak Valencia, quien define el necropoder como “la apropiación y aplicación de las tecnologías gubernamentales de la biopolítica para subyugar los cuerpos y las poblaciones, integrando como elemento fundamental la sobreespecialización de la violencia y teniendo como fin comerciar con el proceso de dar muerte” (Valencia, 2010: 147).

Del necropoder se deriva la necropolítica, que se define como “el poder de dar muerte con tecnologías de explotación y destrucción de cuerpos, tales como la masacre, el feminicidio, la ejecución, la esclavitud y el comercio sexual, la desaparición forzada y los dispositivos legal-administrativos que ordenan y sistematizan los efectos o las causas de las políticas de muerte” (Estévez, 2018a: 10).

Regresando a Valencia (2010), se retoman las propuestas de Mbembe y se introduce el término necropolítica como:

Un contravalor que se inscribe en el mismo registro de la biopolítica, pero la radicaliza, ya que desacraliza y mercantiliza los procesos del morir: si la biopolítica se entiende como el arte de gestionar el vivir de las poblaciones, las exigencias capitalistas han hecho que el vivir y todos sus procesos asociados se conviertan en mercancías, lo cual se puede parangonar con lo que entendemos como necropoder, puesto que este representa la gestión del último y más radical de los procesos del vivir: la muerte (Valencia, 2011: 142).

Por otra parte, Achille Mbembe puntualiza que las tecnologías como mecanismos del necropoder aspiran a 1) “civilizar” las formas de matar y a 2) identificar a un gran número de víctimas en un periodo de tiempo relativamente breve. Esta lógica de control se manifiesta de diversas maneras en la vida cotidiana de las poblaciones, donde el ejercicio del poder se materializa en prácticas que deshumanizan y modifican a los individuos.

Para concluir este apartado, el análisis del necropoder y la necropolítica nos permite entender cómo las dinámicas de poder han evolucionado en contextos poscoloniales. La transición del biopoder al necropoder, tal como lo plantean Mbembe y Valencia, revela la explotación de la muerte como un medio de control social. Esta perspectiva crítica destaca las implicaciones éticas de un sistema que deshumaniza y mercantiliza el sufrimiento.

Es relevante hacer uso de los conceptos anteriormente mencionados, ya que permitirán que este trabajo indague respecto de las condiciones del dispositivo de gestión y control del discurso de la resiliencia en la migración internacional, supeditado al necropoder y a la gobernanza de las migraciones. Cabe destacar que la necropolítica tiene un carácter múltiple, pues se ejerce tanto por actores ilegítimos (grupos del crimen organizado), como por actores legítimos (el gobierno) (Ceballos, 2023), lo que complica aún más las dinámicas de poder y control sobre las poblaciones.

A continuación abordaré la relación entre gobernanza migratoria, necropolitíca y migración, explorando cómo las dinámicas de poder que son utilizadas para el control y la gestión de las movilidades migratorias. Analizaré con base en Estévez (2018a, 2018b, 2023) y Estupiñán (2013, 2014a, 2014b), así como los investigadores Varela (2019, 2020), Ortega (2022) y Treviño (2020), quienes han utilizado este enfoque teórico para estudiar la administración y producción de las migraciones a escala regional.

Necropolítica y migración

En los últimos años, es más común leer textos acerca de la relevancia de la necropolítica en los estudios migratorios. Como mencioné anteriormente, diferentes autoras e investigadores hacen uso del horizonte necropolítico para explicar diversas realidades dentro de la migración. Para estas y estos especialistas, la biopolítica es un punto de partida, pero no explica lo que atraviesa a los sures globales1 en el contexto migratorio. En palabras de Ariadna Estévez (2018a): “Desde la perspectiva de dejar morir de acuerdo con la raza, el género y el estatus legal” (2018a: 48).

Entonces, al hablar de necropolítica, gobernanza migratoria y movilidad, debo tener en cuenta los procesos que permiten explicar analíticamente las causas del control y la gestión de la migración, con prácticas y discursos legales que provienen del gobierno de las migraciones, los cuales buscan masificar el control y la gestión de las personas migrantes, como maquilas y el libre comercio.

La gobernanza migratoria por medio del dispositivo de migration managment2 junto al Pacto Mundial de Migración segura, ordenada y regular de 2018 representó un cambio significativo en las tecnologías de poder del gobierno de las migraciones, así como en las relaciones interestatales. En este contexto, la agenda internacional se centra en un nuevo orden migratorio global y regional, que puede entenderse, siguiendo a Ariadna Estévez, como el necropoder primermundista, al que llama “necropoder del imperio de la ley” […], “el cual es la soberanía de administrar la muerte por medio de la adherencia al Estado de derecho y la espacialidad neocolonial que este crea o enfatiza no simplemente para disciplinar o aniquilar cuerpos racializados, sino para lucrar con su muerte o las condiciones que eventualmente derivan de su muerte” (Estévez, 2023: 127).

Este necropoder del imperio de la ley, que se basa y legitima en la racionalidad política de la gobernanza migratoria, tiene tres características:

  • 1. El formalismo legal basado en la primacía del principio pro morituri como medio de interpretación.

  • 2. La legitimidad impuesta por la gobernanza migratoria global.

  • 3. La producción de normas y categorías legales que justifican u legitiman medidas que conducen a la muerte (Estévez, 2023: 140).

Estas características revelan un dispositivo que transforma la migración en un campo de control, donde la legalidad actúa como un velo para la violencia. En este contexto, los migrantes son despojados de su humanidad y convertidos en meras estadísticas, perpetuando así la indiferencia hacia su sufrimiento y contribuyendo a la normalización de la muerte en el proceso migratorio, lo que Sayak Valencia denomina necroprácticas, que define como “acciones radicales encaminadas a vulnerar corporalmente” (Valencia, 2011: 147). Este tipo de prácticas tiene como objetivo confrontar el poder de hacer morir.

En el contexto migratorio, la gobernanza establece que, si no realizas el proceso migratorio conforme a las directrices del dispositivo de gestión actual de la migración “segura, ordenada y regular”, puedes convertirte en víctima de necroprácticas como la extorsión, el secuestro, la explotación laboral, la venta de órganos, la mutilación de extremidades, la violación y, en última instancia, la muerte.

Los morituri actuales-migrantes, minorías étnicas, raciales y nacionales, mujeres y hombres pobres, y todos los que habitan cuerpos considerados desechables-esperan un imperio de la ley que garantice los estándares más altos que el derecho pueda asegurar a una persona, pero lo que obtienen del necropoder es legislación e interpretación jurídica que los condena a condiciones potencialmente mortales como las que enfrentaban los gladiadores. Se trta de un derecho pro morituri en vez de pro persona (Estévez, 2023: 141).

La relación entre necropolítica, migración y gobernanza migratoria pone de manifiesto un dispositivo que utiliza la legalidad como herramienta de control y violencia. Las estructuras de gobernanza migratoria, en lugar de ofrecer protección, convierten a los migrantes en objetivos de necroprácticas que amenazan su vida y dignidad. Para procesar el fenómeno global de movilidad migratoria, la gobernanza migratoria ha hecho uso de la perspectiva gerencial, incorporando una variedad de desarrollos tec no lógicos y herramientas para la producción y análisis de datos en sus estrategias diri gi das al control, contención y monitoreo de los movimientos migratorios (Doménech, 2023).

Como eje de este trabajo, el concepto de resiliencia se considera parte del dispositivo de gestión, pero su uso se manifiesta como una práctica que coacciona la respon sabilidad y capacidad de los migrantes, equiparando su situación a la de los actores que ejercen necroprácticas. En los últimos años, el desarrollo y la incorporación del concepto por parte de actores del gobierno de las migraciones ha tenido una gran incidencia en el campo de las políticas y prácticas de control sobre las migraciones irregulares.

Resiliencia

Tomamos el término resiliencia, etimológicamente, proviene del prefijo re- y la palabra latina resilio, que significa saltar, rebotar (Garnica et al., 2001: 10). “En inglés, el término evoca a la robustez corporal y la resistencia del carácter. Dicho término proviene de origen latino del verbo resilio que significa saltar hacia atrás, rebotar, repercutir” (Grynwald, 2012: 9). Las primeras prácticas y aplicaciones del concepto provienen del campo de la física de los materiales; un ejemplo de esto son las cualidades de un resorte que tiende a resistir a la presión, doblarse con flexibilidad y recobrar su forma original. La resiliencia en los materiales es, entonces, esa capacidad de volver a su estado normal tras ser sometidos a presión (Fernández y Morán, 2012: 132); de manera tal que en la física, la resiliencia alude a algo que vuelve de un salto a su estado original.

Fuente: areatecnologia.com (s. f.).

Gráfica 1 Imagen ejemplo de resiliencia en un material 

En referencia a los metales y su resiliencia, el acero es un ejemplo destacado. Cuando se somete a fuerza, el acero tiende a deformarse. Sin embargo, siempre y cuando la carga de energía no supere su límite elástico, el acero puede recuperar su forma original una vez que se elimina la tensión (Cortés, 2015). Esta propiedad es fun damental en la construcción de diversas estructuras, como puentes y edificios, donde la capacidad del acero para soportar cargas y luego volver a su estado original es cru cial para la seguridad y la durabilidad de las mismas.

Esta idea de capacidad ha sido utilizada por igual en diversas y diferentes disciplinas. Se comenzó a hablar de resiliencia en la ingeniería, la arquitectura, la ecología y poco después también en las ciencias sociales específicamente en la psicología, con base en la American Psychological Association (APA): la resiliencia es el proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras; significa “rebotar” de una experiencia difícil, como si uno fuera una bola o un resorte (APA, 2011).

Dicha noción de resiliencia en los metales, originada en la física de materiales, que describe la capacidad de un objeto para recuperar su forma original y su nivel de adaptación, fue encontrando un lugar en el ámbito de la psicología positiva (Vera et al, 2006). Así, adaptó el sentido del concepto de cómo un metal o resorte puede resistir y recuperarse de la presión para el caso de los seres humanos, moldeando el con cepto hacia el campo social y mental y aludiendo a las maneras de enfrentar adver sidades que desafían su integridad y bienestar psicológico.

En ambos contextos, el uso de la resiliencia implica, además de la capacidad de resistir y protegerse frente a la destrucción, la habilidad de adaptarse y mantener una actitud positiva ante circunstancias difíciles. Desde estas perspectivas, el concepto de resiliencia se presenta como un proceso dinámico y versátil. Tanto en la noción de los materiales como en la de los individuos, hay una capacidad para enfrentar desafíos o alteraciones, tomando esas experiencias adversas y convirtiéndolas en “oportunidades de crecimiento” o regresando a su forma original.

En suma, “la resiliencia distingue dos componentes: la resistencia frente a la destrucción, es decir, la capacidad para proteger la propia integridad bajo presión, y más allá de la resistencia, la capacidad de forjar un comportamiento vital positivo pese a las circunstancias difíciles. El concepto incluye, además, la capacidad de una persona o sistema social de afrontar adecuadamente las dificultades, de una forma socialmente aceptable” (Muñoz y De Pedro, 2005: 112- 113).

La resiliencia es un proceso, un conjunto de fenómenos armonizados, en el cual el sujeto se cuela en un contexto afectivo, social y cultural; es el arte de navegar corrientes (Cyrulnik, 2002). Las aplicaciones recientes del concepto resiliencia que incorporan el papel de las sociedades humanas en la transformación de los ecosistemas y su relación, han dejado de lado la migración como variable fundamental en los sistemas socio ecológicos para ilustrar la transformación e interdependencia, se centran en la gestión de los recursos naturales, la adaptación y los nuevos modos de organización.

Utilizamos el término resiliencia en su sentido amplio que se ha definido como capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos; diversos eslóganes repiten constantemente que la resiliencia se puede interpretar en el sentido de que todos los procesos sociales estarán en cierto sentido atravesado por dolor de manera inevitable, pero el sujeto para el sujeto que los atraviesa el sufrimiento es opcional. La resiliencia es la capacidad de enfrentar un peligro, obstáculo o adversidad y superarlo. Se refiere entonces, como en la física, a volver a su estado “original” y recuperarse de la adversidad sin sufrir consecuencias significativas (2019).

Según Valenzuela (2020), ser resiliente desde una perspectiva social significa poseer la capacidad de enfrentar, prevenir y superar de manera positiva los obstáculos y dificultades. Aunque todos los seres humanos pueden desarrollar resiliencia ante adversidades, no todos lo logran, ya que este proceso depende de ciertos factores sociales y psicosociales. A partir de estos factores, el individuo puede “negociar” con su vulnerabilidad. La reflexión que construyo transita desde los metales y el principio de elasticidad de la materia. Se extiende a la psicología, donde el concepto se refiere a la capacidad para adaptarse y recuperarse. Sin embargo, cuando se comienza a escuchar o usar el concepto en la gobernanza migratoria, se utiliza frecuentemente como discurso para justificar las políticas de control y gestión, desdibujando la responsabilidad colectiva hacia las personas migrantes.

En lugar de reconocer las estructuras sociales, políticas y económicas que impulsan la migración, se enfoca en la capacidad de los migrantes para adaptarse a condiciones adversas. Esto puede llevar a la normalización de situaciones de vulnerabilidad, donde se espera que las personas se “recuperen” sin que se aborden las raíces de su sufrimiento. Así, la resiliencia en el contexto migratorio no solo es un recurso para la supervivencia, sino también una herramienta que puede legitimar la falta de acción y la insuficiencia de políticas integrales que realmente protejan los derechos y el bienestar de quienes se ven obligados a abandonar sus hogares.

Resiliencia y migración

La resiliencia en el contexto migratorio no ha sido ampliamente investigada, pero generalmente se centra en los recursos y estrategias desde las perspectivas de asimilación, adaptación e inserción (Valenzuela, 2020; Lucero, 2019; Silva, 2015). Actualmente, el gobierno de las migraciones se fundamenta en la idea de elaborar un enfoque internacional para “comprender y gestionar” las migraciones. Según su discurso, este enfoque resultaría en un sistema coherente y beneficioso para los Estados, las sociedades y las propias poblaciones migrantes, materializándose a través de la Declaración de Nueva York para los Refugiados y Migrantes (ACNUR, 2025) y el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular (diciembre de 2018) (OIM, 2021).

Desde la interpretación del migration management, se propone interpelar el uso del término resiliencia para explorar su objetivo en el contexto migratorio. Este análisis crítico se centra en cómo se gestionan las experiencias de resiliencia de las personas en movilidad. Según el dispositivo de gestión migratoria de la gobernanza, es esencial responsabilizar a todos los actores involucrados en el proceso migratorio. Este enfoque gerencial cada vez más utiliza la idea darwiniana del origen de las especies (Darwin, 2022), subrayando que no es el más fuerte el que sobrevive, sino la especie que mejor se adapta. Esta perspectiva internacional de gestión contribuye a construir una narrativa que responsabiliza a los migrantes por su propia vulnerabilidad, al tiempo que resalta las dinámicas de opresión que configuran su realidad. La OIM, basada en el derecho internacional sobre migración, define la resiliencia en su glosario como:

Las políticas y operaciones humanitarias, de desarrollo, de consolidación de la paz y de seguridad, capacidad de las personas, las familias, las comunidades, las ciudades, las instituciones, los sistemas y las sociedades para prevenir, resistir, asimilar, adaptarse, responder y recuperarse de forma positiva, eficiente y eficaz ante diversos riesgos, manteniendo un nivel de funcionamiento aceptable y sin comprometer las perspectivas a largo plazo del desarrollo sostenible, la paz y la seguridad, los derechos humanos y el bienestar de todos (OIM, 2019: 204).

La perspectiva de resiliencia adoptada por la OIM se centra en el individuo como núcleo de la adaptación al desarrollo, enfatizando el potencial humano. Sin embargo, esta visión puede dejar de lado la responsabilidad colectiva y las condiciones estructurales que generan riesgos. Es fundamental reconocer que la movilidad es consecuencia de múltiples factores específicos de cada país, dependientes del contexto político, económico y social en un momento dado. Además, los países del norte global tienen una responsabilidad significativa en la creación de estos riesgos, ya que sus políticas y prácticas pueden impactar profundamente en la estabilidad y el desarrollo del sur global. Para establecer estrategias de resiliencia efectivas, es necesario integrar estos factores, considerando no solo la capacidad individual de la persona migrante, sino también despolitizando el sufrimiento al ceñir las responsabilidades de las personas migrantes a los conceptos “yo tengo”, “yo soy”, “yo puedo”.

La producción de sujetos migrantes que constantemente se enfrentan a la muerte, obligados a desarrollar la capacidad de adaptación homo resiliente, sugiere que su sufrimiento, incluso su muerte, produce utilidades para el gobierno de las migraciones. La noción de resiliencia en el contexto migratorio utilizada por el migration management y las organizaciones internacionales revela una contradicción inherente en los procesos de gestión migratoria. Si bien se promueve la migración “segura, ordenada y regular”, se enfatiza la capacidad individual de los migrantes para adaptarse y ser resilientes, desdibujando las responsabilidades a nivel macro, como las decisiones estatales y de organizaciones internacionales. Al hacer hincapié en la capacidad individual de adaptación, se minimiza el impacto de las políticas globales y las estructuras de opresión que generan y causan vulnerabilidad y riesgo, como la imposición de visas, la construcción de barreras físicas en las fronteras, centros de detención y deportaciones.

Necroresiliencia

La propuesta conceptual se fundamenta en el horizonte teórico-conceptual del necropoder, la necropolítica y las necroprácticas, y surge para confrontar la construcción de un optimismo destructivo asociado a la noción tradicional de resiliencia. Este concepto ha sido utilizado como parte del discurso de la gobernanza migratoria en el contexto actual, que se inició en 2018 con la narrativa en torno a la migración segura, ordenada y regular, y que se repite en todos los niveles que gestionan y controlan la movilidad.

Como se desarrolló anteriormente, según la OIM, en el contexto migratorio, la resiliencia enfatiza la capacidad individual de adaptación ante las adversidades. Sin embargo, la necrorresiliencia que se propone pone en relieve cómo la población migrante se ve obligada a desarrollar estrategias de supervivencia en condiciones de violencia. Este enfoque no sólo visibiliza el sufrimiento y la vulnerabilidad de los migrantes, sino que también expone las dinámicas de poder y las políticas de control que perpetúan estas realidades. Reconocer la necrorresiliencia es fundamental para transformar las narrativas sobre los migrantes homo resilientes, abogando por un enfoque que responsabilice a los sistemas que generan estas condiciones de vida. Se configuran de manera interrelacionada, ya que, paradójicamente, las mismas condiciones que establecen el poder de ciertos grupos o actores sobre otros son las que restringen la capacidad de agencia del migrante.

La necrorresiliencia es la capacidad generada por el gobierno de las migraciones, que implica que las personas migrantes se adapten y sobrevivan ante la imposibilidad de cumplir a cabalidad con el ideal de una migración segura, ordenada y regular. En este contexto, el control estatal y la criminalidad se entrelazan con dichos discursos.

Este término sugiere que, a pesar de enfrentar condiciones adversas que pueden llevar a la muerte o a la deshumanización, los migrantes se ven forzados a desarrollar estrategias de adaptación que, sin embargo, legitiman un sistema que los culpa por su sufrimiento. En este sentido, la necrorresiliencia se convierte en una forma de resistencia producida por la gobernanza migratoria en un entorno donde la vida y la muerte están reguladas por dispositivos de control. Estos dispositivos no solo gestionan los espacios físicos, sino que también utilizan el entorno digital para prolongar el sufrimiento de las personas migrantes, difuminando así la responsabilidad colectiva y las causas estructurales de su vulnerabilidad.

Además, es importante considerar que el impacto psicológico de vivir en un estado de necrorresiliencia es significativo. Los migrantes enfrentan un trauma constante, y esta carga emocional de interiorizar la responsabilidad de lo que viven se suma a las dificultades físicas y sociales que ya enfrentan durante el tránsito migratorio. Esto crea un ciclo de sufrimiento que afecta no solo a los individuos, sino también a sus comunidades.

La necrorresiliencia es producida por la gobernanza migratoria mediante distintos espacios y medios, pero el centro que es relevante es el uso de lo que Sayak Valencia denomina “régimen live”, que expone como:

[…] aquel que se basa en la fabricación/suplantación de la realidad a través de los dispositivos visuales (desafiando y reelaborando el régimen de verdad) y cuyas principales características son: la eliminación visual de la división público-privado, la reificación del tiempo como algo sin duración (pura adrenalina, instantaneidad y desmemoria), la cosmetización extrema de las imágenes y su despolitización crítica. En dicho régimen ya no se representa la realidad, sino que se produce directamente, es decir, el régimen live es de orden psicopolítico y está engarzado a la producción de algoritmos e información que puede ser rentabilizada en múltiples formas, lo cual es propio de la minería de datos y el big data (Valencia, 2018: 2).

La gobernanza migratoria permite el uso de aplicaciones digitales para gestionar el proceso migratorio de manera segura, donde el tiempo de espera se convierte en una experiencia sin duración. Además, se despolitiza el derecho al asilo a través del espacio digital. Este régimen es instrumental en la perpetuación de la muerte en espacios menos tangibles y más fácilmente consumibles, facilitando así una narrativa que oculta las realidades críticas de la migración. Los estudiosos críticos de la migración definen como “externalización el desplazamiento del control de las fronteras y de sus tecnologías más allá de los bordes territoriales de los espacios políticos formalmente unificados bajo ese término” (Mezadra y Brett, 2017: 102).

En resumen, se observa la producción de necrorresiliencia no solo en el espacio físico, sino también en el espacio digital. El “régimen live” en la actual gobernanza de las migraciones revela una dinámica donde las tecnologías no solo actúan como herramientas de vigilancia en las fronteras mediante drones, cámaras y detectores de calor, sino que también, por medio de una aplicación en dispositivos móviles, moldean la experiencia y percepción de la realidad.

Este marco no sólo deshumaniza a los migrantes al convertir sus vidas en datos, sino que también promueve una visión simplificada y distorsionada de su sufrimien to, dificultando la comprensión de las causas estructurales de su situación; además, crea un sentido ficticio de que el norte global está haciendo las cosas bien para no poner en riesgo a las personas migrantes, al mismo tiempo que las hace responsables de abordar la violencia y precariedad provocadas por la acción gubernamental.

El CBP One: práctica de necrorresiliencia en territorio mexicano

El CBP One, implementado por la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos (Customs and Border Protection, CBP), representa un ejemplo paradigmático de necrorresiliencia en el contexto mexicano. Aunque Estados Unidos no suscribe el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, utiliza los principios del pacto para fundamentar sus estrategias de control y externalización de fronteras.

Esta iniciativa, iniciada el 12 de enero de 2023 (CBP, 2023), se centra en asegurar un proceso seguro y ordenado para todos los viajeros que buscan ingresar a territorio estadounidense a través de los puertos de entrada fronterizos. Una característica crucial de esta externalización es la utilización de tecnología como el CBP One y bases de datos digitales para gestionar y controlar a la población migrante en un espacio físico específico. Según Castañeda (2023), los migrantes deben ubicarse físicamente sobre el Paralelo 19 norte, que atraviesa áreas como la Ciudad de México, Guadalajara y los estados fronterizos del norte de México. La aplicación del CBP One asigna entre 1 200 y 1 450 citas diarias para los miles de migrantes que buscan realizar trámites desde diversas ubicaciones dentro del territorio mexicano, lo cual implica largos periodos de espera sin certeza de tiempos definitivos.

Como se indicó previamente, el tránsito hacia el uso de tecnologías como herramientas burocráticas para un control de tiempo y filtrado se basa en la información que la aplicación solicita al momento del registro, incluyendo el escaneo facial, control biométrico y la datificación para la categorización por género, clase, raza, edad y nacionalidad.

Este enfoque se alinea con los discursos que promueven una migración más segura para los migrantes, pero desatiende los espacios geográficos que están siendo configurados como entornos de prácticas de necrorresiliencia. Los usuarios de la aplicación deben enfrentar diversas violencias, además de la posibilidad de ser rechazados sin una evaluación adecuada, lo cual constituye una violación del derecho internacional. Según Human Rights International (2023), la aplicación funciona de manera aleatoria, exponiendo a las personas migrantes a un proceso burocrático incierto.

La aplicación CBP One permite a los usuarios solicitar una cita para presentarse en uno de los puertos de entrada terrestres3 (CBP, 2023). Es importante destacar que este trámite no garantiza el acceso a solicitar asilo. Aquellas personas a las que no se les otorgue un fundamento legal para permanecer en territorio estadounidense estarán sujetas a expulsión o deportación inmediata.

La implementación del CBP One puede entenderse como parte de la necrorresiliencia, ya que no sólo administra la vida de las personas migrantes desde una perspectiva biopolítica, sino que también las deshumaniza al convertirlos en números de usuario, lo que genera vulnerabilidad. Los espacios geográficos específicos creados y la espera indeterminada para obtener citas, junto con el escaneo facial y el control biométrico, contribuyen a un ambiente de violencia facilitado por el “régimen live”, que se vuelve más sutil pero también más perjudicial. En este contexto, las personas no sólo deben desarrollar estrategias de resiliencia, sino de necrorresiliencia, ya que se enfrentan a un sistema de dosificación de facto que los expone a extorsión, secuestro, desaparición y muerte.

El CBP One regula y asegura la cadencia de los movimientos y llegadas a Estados Unidos, pero no garantiza una migración segura para las personas migrantes. Según casos documentados por medios de comunicación, organizaciones no gubernamentales y sociedad civil, la implementación del CBP One que propongo se comprendan como situaciones de necroresilencia.

Necrorresiliencia en Tamaulipas: violencia, migración y políticas fronterizas

En Tamaulipas, México, persiste la amenaza constante de violencia contra los migrantes, como se evidencia en incidentes trágicos como la masacre de setenta y dos migrantes en San Fernando en agosto de 2010 a manos del cártel de Los Zetas (Turati, 2023). Más recientemente, el caso de Camargo, donde diecinueve personas fueron brutalmente asesinadas e incineradas por policías estatales en enero de 2021, subraya las continuas atrocidades perpetradas por el crimen organizado contra los migrantes (Xantomila, 2024).

Según el informe de Verduzco y Brewer en WOLA (2024), los migrantes que buscan citas a través de CBP One en Tamaulipas enfrentan riesgos significativos de secuestro y diversas formas de violencia si esperan cerca de la frontera. A pesar de la advertencia del gobierno de Estados Unidos de “Nivel 4 - No viajar” a ese estado, equiparándolo con países como Afganistán (Verduzco y Brewer, 2024), la aplicación CBP One continúa programando citas en los cruces fronterizos de Laredo, McAllen y Brownsville.

Estos incidentes y advertencias resaltan los graves peligros que enfrentan los migrantes en Tamaulipas, donde los grupos del crimen organizado operan con impu nidad, representando amenazas severas para quienes buscan cruzar la frontera entre Estados Unidos y México.

Según Ana Lucía Verduzco y Stephanie Brewer (2024), en el estado de Tamaulipas existe un problema significativo con un alto porcentaje de citas no asistidas en Nuevo Laredo, donde aproximadamente el 65 por ciento de los solicitantes de asilo no logran llegar a sus citas programadas con las autoridades estadounidenses. Este fenómeno se debe en gran parte a los secuestros que ocurren en México, ya que perder una cita implica reiniciar todo el proceso de solicitud a través de CBP One.

La falta de asesoría no sólo implica una pérdida de tiempo considerable para los solicitantes de asilo, sino que también pone en riesgo sus posibilidades de obtener protección, a menos que intervenciones excepcionales permitan la reprogramación de citas. Desde la activación de CBP One, se han registrado más casos de secuestros, extorsión, violencia, intimidación y abusos sexuales, lo cual aumenta la vulnerabilidad de quienes buscan protección en Estados Unidos (Verduzco y Brewer,2024).

Estos problemas subrayan la urgente necesidad de mejorar las condiciones de seguridad para los solicitantes de asilo en Tamaulipas y garantizar que puedan acceder de manera segura y efectiva al proceso de asilo sin poner en peligro su integridad física y emocional.

En el marco de mi investigación doctoral,4 llevo a cabo un trabajo de campo con veinte (interlocutores) migrantes de nacionalidad venezolana en tránsito por México que se dirigían a Estados Unidos. De éstos, dieciséis lograron obtener su cita asignada a través de la aplicación CBP One; doce lo hicieron en puertos fronterizos del estado de Tamaulipas, y se distribuyeron en dos localidades: ocho recibieron su cita para el puen te de entrada de Matamoros/Brownsville y dos para el de Reynosa/McAllen. Esto refleja que Tamaulipas sigue siendo de los puertos de entrada más asignados para per sonas migrantes por la aplicación CBP One. Aun cuando se tiene documentado que la región es una zona marcada por la violencia y los riesgos significativos para las personas migrantes, lo que añade una capa de complejidad a su proceso de búsqueda de asilo.

En un caso documentado por Said Betanzos (2024), colaborador del periódico Milenio, se narra la experiencia de una mujer mexicana y su familia que fueron secues trados por miembros del cártel del Golfo en Reynosa, Tamaulipas. El incidente ocurrió mientras se dirigían a Matamoros con la intención de cruzar a pie hacia Brownsville, Texas, donde la mujer tenía programada una cita en el CBP One. Durante el tiempo que estuvieron secuestrados, la mujer fue víctima de abuso sexual. Fue liberada junto a su familia después de que pagaron un rescate de doscientos mil pesos.

A pesar de los numerosos ejemplos que se pueden encontrar en cualquier buscador de Internet, el gobierno de Estados Unidos continúa concentrando la mayoría de las citas por los puertos fronterizos que comparte con Tamaulipas. Según datos recientes, el 43 por ciento de las citas diarias ofrecidas por la CBP en toda la frontera (seiscientos treinta de mil cuatrocientos cincuenta) se centran en estos puntos. Este enfoque se justifica en gran medida por la alta actividad en puertos como Laredo, el más tran sitado de la frontera México-Estados Unidos, así como McAllen y Brownsville, de sig nificativa importancia comercial. La CBP ha asignado más personal e infraestructura en estas áreas debido a su relevancia estratégica y operativa (Verduzco y Brewer, 2024).

En el contexto de Tamaulipas, el concepto de necrorresiliencia adquiere relevancia al observar cómo los estados, las instituciones gubernamentales y el crimen organizado interactúan para perpetuar condiciones extremadamente peligrosas para los migrantes. Aunque se promueve el discurso de una migración segura, la realidad en lugares fronterizos como Nuevo Laredo/Laredo, Reynosa/McAllen y Matamoros/Brownsville contradice esta afirmación (HRW, 2023). Estos puntos fronterizos, a pesar de ser identificados como áreas de alto riesgo para los migrantes por diversas instancias, continúan siendo prioritarios para la asignación de citas a través de la aplicación CBP One por parte de las autoridades estadounidenses.

Fuente: Elaboración propia con base en Verduzco y Brewer (2024).

Mapa 1 Frontera de Tamaulipas, México y Texas, Estados Unidos 

El crimen organizado, arraigado durante años en la región, juega un papel integral en perpetuar la violencia contra los migrantes en Tamaulipas. Secuestros, asesinatos y otros abusos graves son frecuentes, exacerbando la vulnerabilidad de quie nes intentan cruzar la frontera. A pesar de las advertencias de seguridad y las recomendaciones de “no viajar” emitidas por el gobierno estadounidense las citas para cruzar legalmente se siguen asignando en esta área, lo que refleja una adaptación deliberada y resistente del sistema gubernamental haciendo uso de los espacios de control criminal para mantener estas prácticas necroresilientes.

Este ciclo de violencia y riesgo está arraigado en la gobernanza migratoria, que administra las vidas de los migrantes como desechables en los sures globales. La gestión de la migración, bajo el discurso de una migración segura y ordenada, en realidad prolonga las estancias en el sur global, donde las largas esperas pueden generar ganancias económicas para actores locales. Esta gestión incluye el control digital y físico del cuerpo de los migrantes, prolongando la vulnerabilidad en lugar de mitigarla.

En suma, la situación en Tamaulipas ilustra cómo la necrorresiliencia se perpetúa mediante políticas migratorias que, en lugar de proteger, exponen a los migrantes a peligros extremos, contribuyendo a un ciclo de violencia y explotación que beneficia a quienes controlan estos espacios fronterizos.

Consideraciones finales

Esta forma de utilizar la resiliencia revela las dinámicas de poder y las políticas que perpetúan estas realidades, desafiando la narrativa predominante que retrata a los migrantes como personas inherentemente fuertes frente a la adversidad. Impuesta por la gobernanza migratoria a través de dispositivos físicos y digitales, la necrorresiliencia regula la muerte de los migrantes.

Es relevante adoptar una perspectiva crítica frente a las políticas de gobernanza migratoria que perpetúan la necrorresiliencia al no proporcionar una protección efectiva a los migrantes. Estas formas de resiliencia disciplinan no solo el cuerpo físico, sino también su representación digital mediante el discurso de una migración segura, ordenada y regular. Este enfoque interioriza que la capacidad de adaptación se encuentra tanto en el espacio offline como online, donde procesos como la espera, el tránsito y el registro en CBP One influyen profundamente en la subjetividad del homo resiliente.

Esto genera perspectivas de responsabilidad y autoexigencia en cuanto a la capacidad de adaptación frente al dispositivo de gestión y control que perpetúa espacios de necrorresiliencia, como ocurre en Tamaulipas, donde los migrantes enfrentan secuestros, extorsiones y asesinatos en el contexto de una migración controlada desde el norte global por aplicaciones digitales que concentran la soberanía de muerte en actores institucionales e ilegales. En este escenario, se coloca la carga de responsabilidad sobre la persona migrante, como si fuera un material que se espera tenga la fuerza para resistir y retornar a su forma original, frente a las adversidades y riesgos impuestos por estos sistemas de control y gestión migratoria.

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1 El sur global aparece como una etiqueta múltiple y neutra para designar a Estados históricamente relegados a los márgenes del orden mundial (Darnal, 2023).

2Entiéndase por migration managment la gestión de la migración con coordenadas empresariales de. eficacia, orden y regulación de la escuela de Chicago de 1970 (Estupiñán, 2013).

3Los puertos de entrada que participan en el programa CBP One son: Brownsville, Eagle Pass, Hidalgo, Laredo y El Paso (Paso del Norte); Nogales, en Arizona, además de Calexico y San Ysidro (Peatonal Oeste: El Chaparral), en California.

4Este ejemplo no se desarrolla en profundidad debido a que se encuentra en proceso de investigación en mi trabajo doctoral.

Recibido: 13 de Agosto de 2024; Aprobado: 20 de Noviembre de 2024

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