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Revista de El Colegio de San Luis

versión On-line ISSN 2007-8846versión impresa ISSN 1665-899X

Revista Col. San Luis vol.13 no.24 San Luis Potosí ene./dic. 2023  Epub 27-Ene-2025

https://doi.org/10.21696/rcsl132420231572 

Artículos

Mujeres trans en el norte de México. Testimonios, experiencias y tensiones de vida

Trans Women in the North of Mexico. Testimonials, Experiences and Life Tensions

* Universidad Autónoma de Nuevo León. Correo electrónico: olganellye@yahoo.com

** Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Correo electrónico: isaizquierdo9@gmail.com


Resumen

El objetivo de este artículo es analizar las condiciones familiares, económicas y laborales de tres mujeres transgénero del norte de México. Se visibiliza la exclusión social y la desigualdad económica y cultural. Se indagan las tensiones que han experimentado por la identidad de género en su vida cotidiana, sus cuerpos y sus emociones al romper con los mandatos patriarcales desafiando las formas que las obliga a ser según el sexo en que nacieron. El estudio es exploratorio cualitativo desde un enfoque semiótico-discursivo, centrado en el análisis de tres diferentes testimonios para revalorar las voces y las posiciones subjetivas. Se encontró que ellas deciden vivir de acuerdo con sus estándares de libertad, sentimientos y expresiones femeninas negando los mandatos de ser hombres rudos, masculinos y fuertes, a pesar de perder los privilegios y las posesiones que les otorga el sistema sexo-género.

Palabras clave: transgénero, mujer, patriarcado, heteronormatividad; sexo

Abstract

The objective of this research is to analyze the family, economic and work conditions of three transgender women from northern Mexico. We make visible their social exclusion, economic and cultural inequality too, and the tensions they experience due to their gender identity in their daily life, in their body and in their emotions, as they break with patriarchal mandates, challenging the ways that force them to be according to the sex in which they were born. The study is qualitative exploratory from a semiotic-discursive approach, the analysis focuses on three different testimonies to revalue their voices and subjective positions. The findings are the following: they decide to live according to their standards of freedom, feelings and feminine expressions, denying the mandates to be tough, masculine and strong men, despite losing the privileges and possessions that the sex-gender system grants them.

Keywords: transgender; woman; patriarchy; heteronormativity; sex

Introducción

La vida de la persona transexual y transgénero se ve trastocada en todos los ámbitos, además del sufrimiento que ocasiona en el imaginario colectivo familiar, ya que las creencias, las tradiciones y los símbolos de éste se ven alterados por no entender esa ruptura de la llamada masculinidad hacia la transexualidad. Por ignorancia nace el rechazo social hacia estas personas, que, en la mayoría de los casos, se debe al desconocimiento real acerca de esta identidad de género y orientación sexual.

Cabe destacar que la identidad de género y la orientación sexual no son lo mismo. La orientación sexual hace referencia a la atracción física, romántica y/o emocional permanente de una persona por otra. En tanto, la identidad de género consiste en el sentido interno que una persona tiene de ser hombre, mujer u otre. Las personas trans pueden ser heterosexuales, lesbianas, homosexuales, bisexuales o asexuales, del mismo modo que pueden serlo quienes no son transgénero (Butler, 2013). Por otra parte, la orientación sexual LGBT+ es la capacidad de una persona de sentir una atracción erótico-afectiva por individuos de su mismo género o de más de un género o de una identidad de género, así como la capacidad de mantener relaciones íntimas y sexuales con estos individuos (INEGI, 2021).

En este sentido, entendemos “identidad de género” como la manera en que cada persona, a partir de su forma de ser, pensar, sentir y actuar, se considera a sí misma como hombre, mujer u otro género, y puede corresponder o no con el sexo de nacimiento. La identidad de género trans+ es la vivencia interna e individual del género que no corresponde necesariamente con el sexo asignado al nacer (Navarro y Stimpson, 1999).

Este estudio da visibilidad a las personas trans en la sociedad del noreste mexicano, para erradicar y disminuir la discriminación, la exclusión y el rechazo social a los que son sometidas. Por ignorancia, la ciudadanía genera una transfobia que daña y denigra su vida.

Antecedentes del contexto mexicano de la población que se autoidentifica LGBTI+

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Diversidad Sexual y de Género (ENDISEG) realizada en 2021 por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el total de población de 15 años y más en México es de 97.2 millones, y el total nacional estimado de población que se autoidentifica como LGBTI+ es de 5. 1 millones, de los que 2.1 millones son hombres (4.6 por ciento) y 2.9 millones son mujeres (5.7 por ciento).

Tomando esta misma Encuesta, la población total trans+ (transgénero o transexual, no binario, género fluido, agénero, entre otros) de 15 años y más en México es de 908 600 personas (hombres, 388 100 al nacer; mujeres, 520 500 al nacer). Asimismo, una de cada 20 personas en este país se reconoce como población LGBTI+. Las cinco entidades con mayor número de población LGBTI+ son Estado de México (490 000), Ciudad de México (311 000), Veracruz (298 000), Jalisco (298 000) y Nuevo León (286 000) (INEGI, 2021).

Dada la importancia del tema, coincidimos en que la diversidad sexual y de género se refiere a todas las posibilidades que tienen las personas para expresar y vivir su sexualidad y su identidad de género. De acuerdo con Lagarde (2005), el género es una división socialmente impuesta con representaciones, prácticas y mandatos culturales desde la diferencia biológica para construir lo que es propio de la mujer y del hombre. Todos los cuerpos, todas las expresiones y todos los deseos tienen derecho a existir y manifestarse en el marco del respeto de los derechos humanos.

En este sentido, algunos autores (Corona y Mazín, 2020; Cazares, 2021) mencionan que a veces la niña o el niño transgénero es quien descubre algunas tensiones para definirse a sí misma/o porque se ve diferente a las/los demás, y puede reaccionar con nerviosismo e incluso llegar a la depresión. Los autores citados comparten la idea de que la transición a la adolescencia puede traer consigo la desmotivación, la desconcentración en los estudios y, en algunos casos, el abandono escolar por la no aceptación de sus pares, de su familia y de su entorno escolar (profesorado, personal administrativo, personal directivo, etcétera), y sufrir acoso y ciberacoso escolar continuo y sostenido, aunque algunas personas lo superan con ayuda profesional y familiar, pero otras no.

Las personas que se definen transexuales descubren que están en un cuerpo que no les corresponde según el sexo y el género que el sistema patriarcal les ha asignado. Las personas transgénero pueden ocultar su orientación sexual durante el tiempo que les sea posible a fin de protegerse y cuidarse de la discriminación, transfobia, crímenes de odio y/o evitar un transfeminicidio (Segato, 2006).

Cabe destacar que hay diversas maneras de vivir la transexualidad, incluso hay diferencia entre los términos transgénero y transexual. El primero es asumido por aquellas personas que se reconocen como trans pero que no sienten la necesidad de modificar su cuerpo a través de cirugías. Las transexuales sí buscan dicha modificación (Missé y Coll-Planas, 2010).

Por otro lado, el concepto transgénero (trangender) en Estados Unidos data de la década de los setenta. Virginia Prince es la autora del término transgenderist, que se adjudicaba a sí misma y que definía como una “tercera vía” entre la transexualidad y el travestismo. En este sentido, para Prince, ser transgénero es vivir plenamente en el género contrario al asignado a la hora del nacimiento, sin necesidad de recurrir a lo que la medicina nombra como cirugía de reasignación genital o sexual (Pons y Garosi, 2012).

En el mismo sentido, Mas Grau (2014) sostiene que el transgenerismo es un concepto desarrollado por las propias personas trans para desvincularse de la gestión biomédica de sus cuerpos y subjetividades. Por el contrario, la transexualidad es un concepto creado por la biomedicina, con el que se legitima el empleo de herramientas diagnósticas y tecnologías hormono-quirúrgicas sobre aquellas personas que rechazan el género de asignación.

Asimismo, Garossi (2012) afirma que las personas que se encuentran en un proceso de transición de género son aceptadas por el Estado y la medicina, siempre y cuando un hombre que pueda dar a luz o una mujer con pene sean percibidos a nivel simbólico como una amenaza al sistema binario de sexo y género y, por lo tanto, se les pide que se sometan a cirugía genital para encajar en una de las dos categorías de género socialmente aceptadas, la de mujer y la de hombre.

Por ello, se sostiene que el proceso de transición de género tiene que ver con los roles sociales impuestos por el patriarcado; son las expectativas acerca de las conductas que son aceptadas para cada género y se conciben como actos tradicionales de la masculinidad y de la feminidad. De acuerdo con Kessler y McKenna (1987), los roles sociales generizados incluyen actitudes, emociones, comportamientos y actividades considerados alternativamente masculinos o femeninos. Las personas trans pueden adoptar estas actitudes, pues desean declarar ya sea su condición de mujer o de hombre.

En la actualidad existen algunas leyes en México para prevenir y eliminar la discriminación en todas sus formas; por ejemplo, en la esfera nacional:

La persona puede tener su identidad de género, la cual podría involucrar -o no- la modificación de la apariencia o la función corporal a través de medios médicos, quirúrgicos o de otra índole (siempre que la misma sea libremente escogida) y otras expresiones de género, incluyendo la vestimenta, el modo de hablar y los modales (Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, 2017).

En el ámbito estatal, la última reforma en la materia publicada en el Periódico Oficial de Nuevo León es la del 10 de marzo de 2021, relativa al nombre y el sexo de las personas, que posibilita una mayor integración en la vida social y laboral de las mujeres y hombres transexuales de nacionalidad mexicana (Congreso de Nuevo León, 2017).

Aun con estas leyes, la discriminación continúa porque, como lo afirmaba Michel Foucault (1998, p. 57), “no solo uno debe someter su sexualidad a la ley, sino que únicamente tendrá una sexualidad si se sujeta a la ley”. Para el caso de las personas trans, el sistema jurídico actual ya las reconoce y asienta que éstas pueden cambiar de nombre y de identidad. No obstante, aún falta que se transforme el imaginario colectivo de la sociedad y disminuyan -preferentemente, se erradiquen- la discriminación, los crímenes de odio y la transfobia hacia las personas trans.

En este orden de ideas, los testimonios que aquí se transcriben de Sadia, July y Karla muestran que las mujeres trans viven su sexualidad e identidad a pesar de no ser completamente reconocidas por la ley, o incluso siéndolo, porque el reconocimiento jurídico todavía no las libra de experimentar discriminación y violencias. Por ello, Missé (2018, p. 45) menciona que “por ahora, es más fácil modificar el cuerpo equivocado al nacer a que la sociedad cambie”.

Metodología

El estudio es exploratorio cualitativo (Kvale, 2011) desde un enfoque semiótico-discursivo. El análisis se centra en tres relatos testimoniales (Vasilachis, 2006) de mujeres trans, como una estrategia metodológica para revalorar sus voces y posiciones subjetivas. En la narrativa testimonial, en la que se enfoca el presente trabajo, se analizan de manera general algunos aspectos de la violencia institucional (Colanzi, 2015). En este sentido, se visibiliza la vida de la mujer trans a través de sus testimonios, en los que se hacen patentes sus temores, tensiones y su vida cotidiana, para que la sociedad comprenda y valore otras formas de ser humano.

La técnica utilizada para acceder a los testimonios fue la entrevista en profundidad y etnográfica (Valles, 2002) abordando tres dimensiones: familiar, laboral y escolar. El trabajo de campo se realizó durante el verano de 2022 en la zona urbana de Monterrey, Nuevo León (México), con el objetivo de conocer las tensiones que afrontan como mujeres trans en un mundo patriarcal.

La investigación se efectuó desde una perspectiva transdisciplinar. En el centro de la investigación se colocaron los testimonios de tres mujeres, quienes pidieron que sus nombres fueran puestos de manera directa, tal como ellas se reconocen y nombran. De hecho, una de las participantes nos mostró, con gran satisfacción, el reconocimiento oficial de su nombre y solicitó de modo expreso que sea mencionada de esa manera. Asimismo, una participante que pidió formar parte de esta exploración nos brindó, a través de la técnica de bola de nieve, la información de otras dos compañeras que también deseaban colaborar.

Cuadro 1 Mujeres trans participantes en el estudio 

Nombre Edad Lugar de nacimiento Estado civil Nivel de estudios Oficio/ profesión ¿Cómo desea ser reconocida?
Sadia 61 años Nuevo León Soltera Preparatoria (desea estudiar nutrición) Estilista Como una mujer reflexiva y justa
July 29 años Tamaulipas Soltera Técnica consultora de belleza (desea estudiar administración) Consultora de belleza Como una mujer emprendedora
Karla 30 años Nuevo León Soltera Maestría en administración (desea estudiar otra maestría) Empresaria Como una mujer estudiosa

Fuente: elaboración propia con base en la tabla etnográfica (2022).

Los rangos de edad de las mujeres trans van de 29 a 61 años. Son de origen norteño. Los testimonios brindan algunos elementos de su infancia, adolescencia y vida adulta; las prácticas sociales y la identidad asociada a lo femenino y lo masculino como ejes de la construcción sistémica de sexo-género, que abarca diversas situaciones como la económica, la educativa, la laboral, la política, la ética y la cotidiana.

Los alcances de este trabajo se enmarcan en la revaloración de los relatos de las mujeres trans como testimonios urgentes y necesarios para comprender las múltiples violencias (Gutiérrez et al., 2018), discriminaciones y exclusiones que han experimentado durante la vida, así como en la valoración de su derecho al libre desarrollo de la personalidad porque está unido a la dignidad humana.

La mujer trans en la zona urbana de Nuevo León y la apropiación de los derechos LGBTI+

En los años setenta se iniciaron dos de los primeros movimientos de la diversidad sexual trascendentales en México: el feminista y el lésbico homosexual. El primero cuestionaba la estructura social y de poder del hombre sobre la mujer y la falta de equidad en los contextos públicos y privado. Denunció la violencia familiar “normalizada”, la libre sexualidad y se pronunció a favor del aborto y del uso de anticonceptivos (Serret, 2002). El segundo expuso la discriminación legitimada en las normas legales y morales que se oponían y negaban la existencia de quienes no eran heterosexuales. Denunció las diferentes violencias que padecían y la discriminación por parte del Estado y de la población en general (Fuentes, 2015).

Más tarde, en los ochenta, en el contexto internacional se empezaron a manifestar discursos como democracia, globalización, derechos humanos y se visibilizaron los grupos y personas en las principales ciudades latinoamericanas, entre ellas las de México, interesados en el debate sobre los derechos sexuales y reproductivos. Asimismo, se impusieron las designaciones de lesbiana, bisexual y gay; se trató de abandonar la categoría homosexual, para dar camino a otras relacionadas con la diversidad sexo-genérica y se empezó a hablar de travestis, transexuales e intersexuales (Figari, 2010). Con ello, se establecieron las primeras organizaciones autónomas trans en la región, que priorizaban la necesidad de:

[…] poner fin a la violencia y discriminación transfóbica, el abuso policial, el tratamiento y la prevención del VIH/SIDA, las leyes de identidad de género que permitirían a las personas cambiar su nombre y género en los documentos oficiales, y un mayor acceso a puestos de trabajo, educación y asistencia sanitaria (Pecheny y De la Dehesa, 2014, pp. 96-135).

La cita anterior está muy alejada de la realidad que las mujeres trans expresan a través de sus experiencias, alejada de lo que les ocurre en la vida cotidiana. Es en ese sentido que presentamos las narraciones testimoniales de Sadia, July y Karla centrándonos en tres ejes: 1) actividades laborales y economía personal; 2) actividades escolares versus el abandono escolar, y 3) institución familiar y relación emocional con los roles de género y las múltiples violencias.

De acuerdo con Bruner (2002), la narración es un instrumento del conocimiento humano. Cuando alguien narra reorganiza la experiencia y la vivencia personales y otorga un significado y valoración al mismo significado. Es decir, la narración es un importante instrumento para conocer a la otra, a le otre, al otro. Aquí se toma en cuenta la sugerencia de Ricoeur (2006) acerca de que los relatos son modelos para volver a describir el mundo. Por esta razón, es través del lenguaje como se muestran las vivencias, las experiencias y las tensiones por ser mujeres trans.

Desde la antropología, existe una condición y deseo humanos por conocer a las demás personas y cuestionarnos qué sucede a nuestro alrededor, en términos socioculturales, con otros individuos distintos a mí (Krotz, 1994). También nos preguntamos ¿quiénes son las, les y los otros en esta investigación?, ¿qué desean expresar?, ¿cómo podemos comprender sus imaginarios, sus estilos de vida, su lugar en el mundo que compartimos, cuya organización está fundamentada en un sistema heteronormativo y androcéntrico que sólo reconoce a mujeres u hombres? Esto comporta, además, el sometimiento a ciertos estándares de feminidad y masculinidad de acuerdo con el cuerpo de nacimiento y que, mediante mandatos culturales y sociales, se impregnan de modo implícito de expectativas sociales hacia las mujeres y los hombres, en términos corporales (movimientos y gestos), verbales, no verbales, lenguaje femenino, identidad e interacción social con las diferentes comunidades.

En el caso de las participantes en el estudio, se perciben y actúan con los mandatos culturales dominantes de género. Como dice Kimmel (2000, p. 103), a menudo las personas trans actúan como un conjunto exagerado de elementos generizados del nuevo sexo reconstruido: “las mujeres trans son muchas veces hiperfemeninas, remilgadas y pasivas; los hombres trans pueden ser asertivamente y agresivamente masculinos”.

En este tenor, la relevancia discursiva de la distinción sexo/género sigue siendo clave para comprender algunos de los actuales debates en torno a la constitución de la identidad de género y la lucha por los derechos de las mujeres, las minorías sexuales, la comunidad transexual y transgénero. Concordamos con la reflexión de Miquel Missé sobre el malestar que se le atribuye al cuerpo de las personas trans. Este autor critica el modelo binario de género y los roles impuestos por la sociedad, el discurso extendido y hegemónico sobre la transexualidad y la modificación del cuerpo, y se pregunta ¿al servicio de quién están las modificaciones culturales? (Missé, 2018).

En este estudio, afirmamos también que cuando la persona trans reorienta los signos de género transgrede el modelo binario y, con ello, una de las normas más significativas del género (Escobar, 2013). Por lo tanto, adscribiéndonos a la tesis del autor citado, un supuesto general de la investigación, en la mayoría de los casos, es que las personas trans se encuentran en un lugar marginal, discriminadas socialmente, desempeñando trabajos de poco valor y precarios, con escasos ingresos, exponiéndose a la violencia y al odio por transgredir los valores del patriarcado (2013, pp. 133-149).

En este sentido, Maqueira (1998) argumenta que las desigualdades sociales se establecen históricamente en función de un orden de jerarquía y una relación de poder. Por lo tanto, se produce una estratificación de la sociedad, de opuestos binarios como masculino/femenino, blanco/no blanco, público/privado; se reconoce el peso de los mandatos culturales con especial atención en las formas en que se activan los estereotipos y en especial sus prácticas afectan a la visión social del poder.

Lo masculino tiene valor intrínseco, pues describe a una persona que es hombre, blanco, heterosexual, con propiedades y con un acta de nacimiento que da cuenta de su existencia frente al sistema, que es el Estado, quien lo protege. Sin embargo, la persona que transgrede las normas y que no desea acatar el estereotipo impuesto por el sistema sexo-genérico (heteronormativo) y androcéntrico universal es expulsada del espacio geográfico por parecer mujer, feminizada, pobre, indígena, sin educación, remitiéndola a un grupo vulnerable. En tal contexto, las mujeres cis y trans y cualquier persona vista como femenina o feminizada (travestis, homosexuales, hombres trans, de género no binario, queer, entre otros) no merecerán estar dentro de la periferia de la sociedad (Lotman, 1996).

En esta reflexión recurrimos al concepto de dispositivo, de acuerdo con Agamben (2015), en su libro ¿Qué es un dispositivo?, en el que lo describe como una categoría que abarca todo aquello que tiene la capacidad de capturar, orientar, controlar y asegurar los gestos, las conductas, las opiniones y el lenguaje de los seres vivos. En este sentido, se expulsa el sexo femenino del centro a la periferia por su condición de fragilidad. Por ello, cualquier cuerpo que presente una imagen de feminidad, el dispositivo que los echa del centro social y de sus derechos se compone de las expresiones de la misoginia. Según Bosch et al. (1999), la misoginia es la actitud de odio, desprecio y aversión que sienten los hombres por las mujeres. En este orden de ideas, en alguna de estas actitudes, en un caso extremo de odio, se puede cometer un feminicidio o transfeminicidio (Estrada, 2017).

Testimonios de vida de la mujer trans: transición, tensiones y nueva identidad

Tres mujeres hablan de su transitar biológico de ser hombres a vivir como mujeres trans y de las experiencias de su nueva identidad de una manera abierta y sin esconder lo que ahora sienten. Viven en Nuevo León, con casi seis millones de habitantes, y su capital, Monterrey, una ciudad grande de casi tres millones y medio de habitantes. Ellas se nombran de una manera abierta y con una identidad femenina; en un caso, ésta es oficial, otorgada por el Estado. Nombrar algo o a alguien en la narrativa de vida es una forma de resistencia para reivindicarse a sí mismas y seguir firmes en su caminar (Deleuze y Guattari, 2015).

Presentamos los testimonios de Sadia, July y Karla de su infancia, adolescencia, juventud, vida adulta y las tensiones que han pasado, sus luchas internas y batallas por incidir y transitar de lo masculino a lo femenino. Es un vivir y caminar en contra de lo que la sociedad, la familia, el Estado y la iglesia han dictado y determinado como “normal”. ¿Cómo se vive el rechazo y el estigma en una sociedad patriarcal? ¿Cómo es la vida cuando se oculta quién se es por miedo a la discriminación? ¿Qué sucede cuando se muestra a la sociedad una nueva identidad femenina?

Los tres testimonios permiten un acercamiento y rastreo de los cambios que ellas han experimentado en el tiempo; es decir, cada una de las participantes conversa de acuerdo con el momento que vive. En sus relatos encontramos diferentes experiencias que posibilitan la dilucidación de las variaciones de vida y algunas leyes que las han reconocido, sobre todo en el caso de Sadia, quien refiere que su vida ahora es mejor porque ya tiene una identidad oficial, lo que le ha permitido abrir una cuenta de banco por ejemplo. Sin embargo, todavía tiene miedo de salir vestida como mujer y prefiere hacerlo de manera privada en espacios específicos.

Sus testimonios ofrecen un acercamiento a sus afectos, sus emociones, sus pesares, sus esperanzas de vivir libremente en una sociedad más abierta a las diferencias entre los géneros. Analizamos la oralidad cuando ellas se refieren a su ser mujer, sus gestos, algunas tensiones y afectos que han tenido en su devenir y transformación femenina, su estado de bienestar o no, el apoyo o rechazo familiar y su tránsito por las instituciones educativas.

Mujer reflexiva y justa, estilista: Sadia

Sadia fue el motivo principal para la realización de esta investigación, ya que durante mucho tiempo insistió en participar en una entrevista para dar a conocer que ser mujer trans no es algo “pecaminoso” ni “monstruoso”, sino natural, como otra forma más de la diversidad y la sexualidad humanas. Nos invita a su casa, muy bien decorada e iluminada como ella misma; una casa limpia y muy bien arreglada, pintada toda de blanco y adornada con espejos, ya que ella es estilista.

Sadia, una mujer trans de 61 años, asegura que está muy contenta de hacer la entrevista y siempre se muestra muy atenta. Enseña toda su casa, sus perfumes, que son muchos y variados, su recámara, que luce impecable y llena de adornos de princesa, de color blanco. Ella está muy relajada, ya que hoy no tiene citas de trabajo como estilista. Es la mayor de ocho hermanos. Con gesto triste, cuenta que su papá y su mamá nunca la aceptaron por su forma de ser femenina:

Siempre pensé y actúe en femenino, nunca me vi en masculino. Me educaban a ser masculino, pero yo no aceptaba y yo seguía en lo mío, en femenino oculto, me ponía caireles, me quería cortar el miembro cuando no estaba nadie en la casa, aventaba papelitos pensando que eran flores y siempre me sentí una niña, pero querían que fuera masculino. Mi papá quería que practicara box, que me juntara con niños; esos juegos a mí nunca me gustaron y te vas haciendo una persona más callada, más aislada, y no te entienden, te ven como una persona extraña y rara, pero desconocen ellos lo de uno, lo que trae, lo que sientes, que no es lo que te enseñan, que simplemente lo haces, el hecho de que te quieras cortar el miembro, pues quién te dice eso; que camines como niña, quién te dice eso. Nadie. Es algo que ya se trae (Sadia, 61 años, septiembre, 2022).

Al conversar con Sadia, sus gestos son de molestia y tristeza por el pasado que vivió. No obstante, expresa que eso la hace sentirse hoy más fuerte y seguir con su orientación femenina, más segura de ser y estar consigo misma y rodeada de nuevas amigas trans. Refiere que nadie de su familia sabe de su nueva identidad, pues si así no la aceptan, menos lo harán con su nueva identificación oficial. La vida con sus hermanos no fue fácil porque tampoco la aceptaban:

A mí me dio tristeza de que no te entiendan; me tenía que aislar, que no supieran mucho de uno. “¿Vamos a una fiesta?”. No. “¿Vamos aquí?”. No. Para que no te hicieran preguntas, para que la familia no te viera. Hay algunas gentes que te ven con la sonrisa esa burlona; entonces, para evitar eso, pues no salía y tenía que ser más discreto porque yo no me sentaba con las patas abiertas, no jugaba juegos bruscos. Simplemente no participas y te vas aislando y te da tristeza que no te entienden. Mi hermano jugaba en una bicicleta y se iba a enlodar en un charco. Yo esas cosas no las hacía (Sadia, 61 años, septiembre, 2022).

El lenguaje de Sadia cambia de repente en femenino. En otras ocasiones es en masculino porque dice que algunas personas todavía lo conocen como Arturo, su nombre de nacimiento; no saben de su nueva identidad, que ya es oficial ante el Registro Civil y posee su credencial de identificación como Sadia. No se lo cuenta a todas las personas, para que las/os otras/os sigan asistiendo a su estética. Además, no le interesa contárselos, ya que piensa que no la entenderían. En este sentido, Reboul (1986) afirma que no se habla como se quiere, debido a que sobre nuestro lenguaje pesan ciertas coacciones sociales que operan en el nivel de la lengua.

Es decir, se habla dependiendo del lugar y de la circunstancia. Así, es importante reflexionar en los mensajes y relatos que recibimos desde el momento de nacer, ya que son mensajes distintos en función de nuestro sexo. Si consideramos que el lenguaje rige el pensamiento y que a través de él transmitimos no sólo información y conocimientos, sino también cultura, valores, comportamientos (Moscovicci, 2008), entonces, observamos que también los estereotipos de género se transmiten mediante el lenguaje, puesto que éste es un importante agente socializador a través del cual nos formamos como mujeres u hombres. Es en este sentido que Sadia relata las experiencias y discriminaciones en su vida, así como estereotipos y comentarios sexistas que le hacían:

Son las burlas, son las críticas, la televisión, los chistes hacia la persona diferente, por tener diferentes gustos, por vestir diferente, por gustarte lo femenino, por gustarte un color. “Cómo vas a utilizar un color rosa si es para mujeres, no es para hombres”. “Ese zapato está muy exquisito, úsalo más tosco”. Ese tipo de tonteras, que dices tú ¡ay no! Ya me siento femenina, la gente te ve, y ahorita no, pero años atrás “¿por qué haces esto?”, “no debes hacer esto”, “no debes ponerte tubos en el cabello”, “no debes ponerte crema”, “¿por qué usas esa bolsa?, está muy femenina”. Y yo respondía “porque me gusta, esta soy yo”. Antes era el hombre el que decía eso, no tanto la mujer, ahora es la mujer la que te hace a un lado (Sadia, 61 años, septiembre, 2022).

Sadia siempre supo que le gustaban los niños y que ella se sentía niña. Dice que le gustaban los colores rosa, blanco y neutrales; se sentía atraída sexualmente por los niños y en su adolescencia tuvo su primera relación sexual con un chico de la secundaria, y después se relacionó con otros hombres, en su mayoría casados. Sadia hace hincapié en que nunca se sintió gay, pero no sabía exactamente su orientación, pues antes no se hablaba de las otras diversas formas de ser y de existir, como ahora. Orgullosa, se dice mujer trans.

Ellos me dicen que llegan a su casa y son pleitos. “Mira cómo está la casa, no hay dinero para esto, la lavadora, la secadora, el niño, la casa”. “¿Dónde andabas? Dame más, no acompleto”. En uno es diferente, lo entiendes más, hay más cariño, uno mima más, la mujer no (Sadia, 61 años, septiembre, 2022).

Respecto a sus experiencias en lo laboral, manifiesta:

Yo no elegí ser estilista, yo no quise ser estilista. La profesión que yo tengo puede decirse que fue forzada. Yo detesté ser estilista. Me obligaron a esto porque tenía rechazos por mi manera de ser, por mis modismos, por mi acentito, timbre de voz, por muchos factores que no eran masculinos, que era para la gente amanerados. Entonces, eras rechazado. Yo nunca quise ser estilista. Era para laborar en el IMSS. Yo iba para nutrióloga. Estando adentro, yo me movía, porque te dan becas, te ayuda mucho en el instituto para que tú estudies. Tenía contactos que me ayudaban, pero era sindicato y empresa; la empresa no aceptaba, sindicato te dejaba, pero la empresa no. Entonces, qué tristeza que, de la generación de uno, unos fueron bloqueados por ser diferentes, como yo (Sadia, 61 años, septiembre, 2022).

Acerca de la escuela, su relato muestra el interés que siempre tuvo en estudiar y aprender, pese a las dificultades que afrontó en todo momento de su vida para lograrlo:

A mí siempre me gustó estudiar, pero nunca tuve la oportunidad de ir a una facultad. Nunca he dejado de leer, de escribir, de empaparme de esa cultura bella, muy bonita, es muy bonita. Pero siempre anduve de casa en casa, nunca viví en una sola casa, vivía en otras casas, fui con otras familias, tenía que disciplinarme, había que trabajar entonces; era muy difícil estudiar lo que yo quería así estando sin trabajo y en otras casas (Sadia, 61 años, septiembre, 2022).

Sadia tuvo que salir de su casa a muy temprana edad por el hostigamiento en el que vivía y tuvo que pasar hambre y desolación en varias casas de amistades. Relata cómo se siente ahora en su vida adulta. Al preguntarle cómo escogió su nuevo nombre, responde que éste es árabe, significa “mujer justa”. Añade que le encanta todo lo de Arabia. Estas decisiones le brindaron apertura para explayar y lograr el reconocimiento institucional de su identidad:

Ahora me siento más yo porque hay más libertad, ya se empieza a reconocer que existe otro género y tenemos la oportunidad de ser reconocidas como personas transexuales femeninas ante el sistema, ante el gobierno, ante la ley, que ya tienes una identificación, un acta de nacimiento que identifica que eres una persona femenina. A mí me dio más seguridad porque siempre fui y soy lo que soy, y ese documento fue para mí la fortaleza de que soy lo que siempre quise ser y ser reconocida persona femenina, más que nada que te dan un documento que es un reconocimiento. “Se llama Pedro, pero le dicen Francisca”, pero aquí no; me llamo Sadia y soy Sadia porque hay un documento el cual me respalda y me avala para más seguridad (Sadia, 61 años, septiembre, 2022).

Su vida en la pandemia de covid-19 fue un tiempo muy difícil, que vivió en soledad y con escasa economía, que hasta la fecha le ha afectado en la salud. Dado que su trabajo requiere la atención y el servicio en su salón de belleza, fue una nueva realidad a la que se tuvo que acoplar, no sin pasar por tensiones no sólo por ser mujer trans, sino por el aislamiento social que los tiempos pandémicos implicaron:

Te aíslas de más. Si antes te aislabas por ser diferente, por ser una persona atacada, ahora con la pandemia te aislaste y te haces una persona más aislada, te afecta porque como tomas hormonas… La soledad. ¿Con quién hablas? ¿A dónde sales? Las relaciones con chicos, yo no tengo; ya tiene mucho tiempo que no tengo, todo lo que yo hago es virtual y tengo novios en la virtualidad, así me prevengo de enfermedades y malos tratos, y por eso yo atiendo solo mujeres para evitar la violencia masculina (Sadia, 61 años, septiembre, 2022).

Sadia ha sentido ansiedad y emociones encontradas por la pandemia, como la mayoría de las mujeres con sobrecarga doméstica y con infinidad de responsabilidades. Las desigualdades preexistentes han impactado aún más en su calidad de vida en medio de la crisis.

Al analizar los relatos de las mujeres trans se hace evidente que la sociedad necesita entender que existe un derecho a la libre personalidad y que se debe evitar la discriminación de ellas.

Mujer emprendedora, consultora de belleza: July

Al igual que Sadia, July explica que tanto su padre como sus hermanos nunca aceptaron su identidad sexual, por lo que la limitaban al momento en que ella quería expresarse con el uso de prendas femeninas. Para no tener problemas con ellos, decidió usar vestimentas de acuerdo con los estereotipos de género. Sus hermanas y su madre han sido quienes le han brindado mayor apoyo:

En el aspecto familiar sí he perdido, ya que no me acerco a mi papá y a mis hermanos. Mi papá ya está grande y mis hermanos me reclaman y me dicen que venga lo menos femenino, y pues yo no quiero vestirme de forma masculina y salgo con un pantalón más aguado y una blusa menos femenina. Mi hermano me hacía el fuchi y se separaba de mí y no se juntaba conmigo, pero mis hermanas comprendían más mi situación de ser femenina, porque me gustaba serlo y, siendo la más chica de mi familia, mi madre siempre estaba conmigo protegiéndome (July, 29 años, septiembre, 2022).

July ha tomado la decisión de respetar su identidad, aunque eso signifique alejarse de sus familiares de sexo masculino que la censuran y la rechazan por ser quien es. No obstante, así como ha perdido la comunicación con ciertas amistades y familiares, ha ganado el respeto y el reconocimiento de otras personas por tener el valor de realizar su transición. Esto ha provocado que construya un sentimiento de aceptación hacia sí misma:

He ganado mucho el respeto de mis amistades, pues me reconocen que he cambiado para bien de mi persona y mi tranquilidad, y el hecho de que me vean bien diferente y me dicen “ya no te conocía”. Me siento superbién con mi cuerpo desde que uso hormonas (July, 29 años, septiembre, 2022).

No todas las amistades de July la admiran y le muestran respeto; también hay quienes la critican constantemente y le señalan lo que socialmente no podrá hacer por el hecho de ser biológicamente hombre. Ella afronta esos comentarios haciéndoles saber que se siente bien siendo transexual o, como ella misma dice, “siendo mujer”. Se ha dado cuenta de la forma en que la gente la mira cuando sale a la calle, la manera en que hablan de ella y teme que alguien la agreda por salir vestida de mujer. Ese tipo de discriminación que ha vivido le ha provocado emociones de tristeza y miedo:

Luego siento tristeza, como cuando me dicen mis amigos cercanos que me conocían hace mucho tiempo… Tengo un amigo cercano que me crítica mucho y me dice que nunca voy a poder tener hijos y qué le voy a ofrecer a mi pareja hombre si él quiere uno. Y yo le digo que viva el momento, y si sucede, bien. Y no entienden que yo soy una mujer porque me siento así y no voy a ser hombre nunca más. Yo creo que todo el tiempo sentimos miedo al salir y vemos cómo la gente se secretea entre ellos cuando nos ven vestidos de forma femenina y se ríen entre ellos, y eso nos ofende, y se golpean y se dan codazos. Y siento miedo a que me golpeen, pero no a morir. Eso sí me ha afectado en mi autoestima (July, 29 años, septiembre, 2022).

En lo que respecta a la construcción de la identidad sexual, Sadia y July tienen en común el haber pensado en un principio que eran gais, debido a la poca o nula información. Este pensamiento llevó a July a relacionarse con hombres gais con quienes no se identificaba; además, no la respetaban. Explica que lo permitía porque pensaba que también tenía ese tipo de orientación, pero se dio cuenta de que había ciertos comportamientos que no compartía con ellos. Más tarde descubrió que su verdadera identidad es ser transgénero. Ahora July tiene una pareja con la que se siente comprendida, aceptada, y quien la apoya en su transición:

De lo que me he arrepentido es de que debí de haber empezado desde mucho más joven y lo inicié tarde. En mi vida gay de niño permití que me humillaran. Y los gais coquetean más, y yo lo soportaba porque yo me creía gay hasta que me descubrí que no era yo. Por ejemplo, cuando era gay e iba al baño veía que ellos hacían pipí parados y a mí no me gustaba eso. Mi pareja actual, él me acepta tal cual soy porque él me conoció cuando me vestía de niño y cuando nos reencontramos se quedó atónito al verme vestido de mujer, y como me pongo hormonas pues me veo mucho mejor que antes y me dice “admiro mucho tu seguridad y que salgas a la calle”, y que nunca cambie y que sea yo como quiero ser, y él me apoya mucho por ser como soy (July, 29 años, septiembre, 2022).

Ella no se arrepiente de ser transgénero, pero sí lamenta no haber cambiado su identidad cuando era más joven, pues, como lo menciona en el testimonio anterior, no se sentía bien por la forma en que expresaba su sexualidad:

Cambiar mi identidad de muy joven y no haberme esperado tanto porque ahora me gusto más y muy feliz y acompañada. Y ahora me escuchan y no me juzgan mis compañeras de comunidad de departamento. Y en un futuro quiero formar mi familia, mi negocio, mi casa, y no sé si pudiera tener hijos, ya veré en el futuro. Y quisiera tener más cirugías y no tener nada de hombre. Y seré mucho más feliz siendo yo misma y nadie más (July, 29 años, septiembre, 2022).

En lo relativo al ámbito laboral, July se dedica a ser consultora de belleza. Disfruta de su trabajo y de las actividades que realiza, pero sufre rechazo por parte de algunas personas a las que atiende, ya que la juzgan y la critican por ser transexual:

En el trabajo, muy bien, pues, como manejo diferentes grupos de personas, algunos te apoyan y otros te critican y te dicen “nunca vas a ser mujer” y “no entiendo por qué andas así, vestida de mujer” y “te veías muy bien de hombre”. Tengo cinco años en este trabajo y se me acomodó superbién. Y me agrada el maquillaje y arreglar a las mujeres, pero también escucho cosas feas (July, 29 años, septiembre, 2022).

July recuerda sus experiencias durante la educación primaria y secundaria. En sus palabras se nota cierta nostalgia, en especial cuando habla de su madre, ya que era quien la protegía y la acompañaba a la escuela; a diferencia de su padre, quien, según comenta, estuvo ausente en lo relativo al apoyo emocional que necesitaba. También expresa que no sufrió acoso durante su estancia en la escuela y que, aunque no ha tenido la oportunidad de concluir la formación universitaria, ya que tuvo una pausa escolar, está dispuesta a seguir aprendiendo cosas nuevas y en el futuro retornar a las aulas universitarias:

Mi infancia fue un mundo color de rosa; mi mamá me protegía de todo, iba por mí a la escuela y me llevaba; nunca tuve un maltrato, ni psicológica y ni físicamente fui violentada. Mi papá fue muy ajeno a mi educación; si comíamos o no, él nunca sabía nada y sólo daba dinero. Mi adolescencia fue muy tranquila y en la escuela fui muy serio en ese entonces, no me metía con nadie. Mi vida adulta ha sido muy complicada desde que ella murió, pero no pierdo la esperanza de que algún día voy a regresar a la universidad (July, 29 años, septiembre, 2022).

Al igual que Sadia, ella ha afrontado problemas familiares durante la pandemia por SARS-CoV-2. Aunado a ello, experimentó la pérdida de algunos de sus amigos. A causa de los problemas económicos que ha tenido, tuvo que aplazar su transición sexual, pues no cuenta con el dinero suficiente para realizarse cirugías, así como para administrarse hormonas:

Mi pareja actual me dice que ya no quiere salir. Él se ha aislado y ya no le gusta salir mucho y, además, los problemas económicos y familiares se han incrementado. A veces me siento sola por haber perdido gente con la pandemia y me alegra que en mi familia no hay pérdidas; pero mis amigos, algunos sí se fueron por la pandemia. Y en mi economía también me ha afectado, y sí tengo algunas deudas y tuve que retrasar el plan de ponerme boobies y lo primero es hormonizarme (July, 29 años, septiembre, 2022).

La transición de identidad experimentada por July durante la adolescencia y juventud la orilló a cambiar de residencia, pues de Tamaulipas se mudó a la capital de Nuevo León, pensando que estaría mejor, pero llegó a una de las ciudades más homofóbicas de México, según el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED). Sin embargo, July, por momentos, se siente aceptada por sus nuevos amigos, amigas y la comunidad gay y trans. Además, señala que se siente feliz siendo consultora de belleza y que sólo espera ahorrar más para realizar su cambio físico y hormonal para sentirse mejor con ella misma.

Mujer estudiosa y empresaria: Karla

La posición social y económica de Karla le ha permitido someterse a diferentes cirugías para concretar su transición. En la actualidad, su apariencia física es la de una joven trans muy atractiva, incluso su voz tiene un tono muy femenino, del que ella se siente muy contenta. El caso de Karla podría calificarse como discrepante (Aibar et al., 2013), ya que, a diferencia de las experiencias de Sadia y July, así como de la mayoría de las personas transexuales que han atravesado por diferentes tipos de tensiones en la vida familiar, en la economía y en lo social, la vida de Karla, por el contrario, pareciera ser de tipo ideal, ya que cuenta con una economía suficiente, así como con una familia y amigas que la apoyan, la respetan. Aunque ella trata de enfocarse en los aspectos buenos de su vida, en su testimonio es posible identificar diferentes tensiones. Acerca de la relación con su familia, Karla dice:

La verdad, nunca sufrí nada de discriminación o algo así. Mi infancia fue muy bonita, siempre tuve todo. Siempre me han dado todo, gracias a Dios, mis papás siempre me han apoyado, nunca me han dicho no a nada, nunca, ni hemos tocado el tema. Obviamente con las operaciones mis papás sí se asustan, pero mi infancia ha sido muy bonita, es lo más bonito que puedo recordar de mi vida (Karla, 30 años, septiembre, 2022).

Por el apoyo que ha recibido de su madre y de su padre, Karla ha podido adquirir diferentes bienes materiales, lo cual es importante porque, debido a ello, no ha tenido que requerir de otras personas para tener la calidad de vida que necesita. En el siguiente fragmento se hace visible su nivel adquisitivo:

Sí, gracias a Dios, tengo mi casa, mi carro, mi rancho, tengo una colección de carros porque me encantan los autos, amo los autos mucho, me encantan los autos de carreras, siempre compro lo más top en autos. De hecho, me la paso viajando por el mundo, también mucho. Mi vida es perfecta, sí, podría decirlo, no le cambio nada, es muy bonita, muy placentera, tengo buenos privilegios, hago todo lo que quiero, nada me detiene y, la verdad, mi vida es envidiable, todo mundo me dice “quiero ser como tú” (Karla, 30 años, septiembre, 2022).

Aun con los recursos económicos con que Karla cuenta, éstos no han impedido que ella sea rechazada por ser mujer trans. Este tipo de discriminación ha sido ejecutada por personas cercanas a ella como exparejas o amigas. Pese a ello, para evitar la ocurrencia de estos eventos ha podido implementar estrategias como, por ejemplo, contratar personal que cuide de ella; pero en la actualidad prefiere enfrentarse al mundo por ella misma y su estrategia ha sido “no meterse con nadie”.

Sí, claro que me han humillado y me han dicho cosas, mi exnovio o una amiga con la que hubiera andado en la calle; sí, claro. Ahorita no; de hecho, vivo sola. Antes tenía un chofer que me cuidaba y ahorita ya no; ando sola, no me meto en la vida de nadie, no tengo una enemiga que yo pueda odiar. La gente que me paga mal, pues que le paguen mal después a ella porque yo la mando lejos (Karla, 30 años, septiembre, 2022).

Algo importante es la relación de Karla con otras mujeres trans, ya que, si bien es consciente de su identidad sexual, no se identifica con ellas, debido a ciertas prácticas y conductas que llevan a cabo. Desde su perspectiva, desde que era pequeña sabía que era diferente a sus hermanos; siempre tuvo amigas mujeres con quienes, a diferencia de las trans, tenía una buena relación y, hasta el momento, no ha tenido conflicto:

Sinceramente, yo veo a otra gente; yo, la verdad, soy cero transexual en el ámbito ese, yo no tengo amigas transexuales, solamente a una, y mi círculo son más amigas mujeres, mis amigas desde niña, o sea, yo tengo amigas mujeres desde los ocho o nueve años con las que todavía nos hablamos y son mis mejores amigas. Claro que sí las acepto; lo que digo es que no me junto con ellas, no tengo un ámbito como el de ellas, no tengo una sociedad como la de ellas. Yo veo que varias tienen muchos grupitos; yo no, con ninguna de ellas. Porque las transexuales son muy envidiosas. De hecho, me acaba de pasar algo así un día antes y cada vez tengo más problema con ellas. Con mis amigas mujeres de toda la vida nunca he tenido problema (Karla, 30 años, septiembre, 2022).

Pese a no identificarse con las otras mujeres transexuales de su entorno, Karla sabe que no todas cuentan con las oportunidades que ella ha tenido. Por esta razón, las apoya incentivándolas a realizar diferentes actividades y a terminar su transición, comprándoles cosas que necesiten; pero, debido a ello, también se ha encontrado con personas que tratan de aprovecharse de ella. Según sus palabras:

Yo las apoyo y ayudo a las transexuales con las que me he juntado, les regalo cosas, las llevo de shopping o les regalo hormonas, les digo “ponte a hacer esto”, les doy motivación, pero empiezan a competir y quieren ser mejor que tú. En esta vida nadie es mejor que nadie, a cada quien le toca lo que le va a tocar y a quien no, pues no (Karla, 30 años, septiembre, 2022).

En la actualidad, Karla se siente bien consigo misma, así como con su apariencia física. Aunque tienen una mejor relación con las mujeres, menciona que no se identifica ni con ellas ni con los hombres, ya que se concibe como una mujer trans, y está orgullosa de serlo:

Puedo decir que estoy muy feliz con esta vida. Y te juro que si volviera a nacer, sería transexual. Ya me vi y ni como hombre me gusta, y te juro que ni como una mujer tampoco, porque las mujeres a veces son aburridas y esto me motiva a estar bien guapa todos los días y siempre luchando por ser mejor, porque es un amor propio que estás luchando más por ser mejor (Karla, 30 años, septiembre, 2022).

Como se puede percibir, la posición económica de Karla es muy favorable; ella menciona que está en un nivel económico alto. Esta posición, que se debe a las propiedades y los negocios personales de su madre y su padre, le permite no preocuparse por buscar un trabajo; no como en el caso de Sadia y July, quienes se encuentran en vulnerabilidad económica. Karla, en cambio, cada semana recibe dinero para cubrir sus gastos y comprar las cosas que requiera: “Mis papás tienen negocios y de ahí me mantienen. Yo recibo mi dinero semanalmente y gasto como loca, o sea, me la vivo comprando en Louis Vuitton, Gucci, Prada, Fendi. Yo gasto dinero todos los días” (Karla, 30 años, septiembre, 2022).

Que Karla no tenga un trabajo fijo en específico no significa que no cuente con estudios. Como ella narra, realizó dos carreras universitarias, comunicación y diseño de modas, además de una maestría. Dice que le gustaría seguir estudiando, que podría cursar otra maestría; también que su sueño, en un futuro cercano, es cambiar su primer nombre por el actual en sus documentos oficiales. Recuerda que durante su formación académica no experimentó rechazo por parte del estudiantado y el profesorado:

Terminé dos carreras, comunicación y diseño de modas. Todos me trataban superbién, la verdad, todo mundo; en todas las bolitas me sentaba, estaba con la gente más cool de la escuela. Llegué a terminar, tengo mis papeles y todo; de hecho, tengo que empezar a cambiar los nombres, pero no lo he hecho; pero para el otro año ya lo empiezo a hacer (Karla, 30 años, septiembre, 2022).

Contraria a la experiencia de precarización económica de Sadia y July en la pandemia, a Karla no le ha faltado nada. Asegura que ha disfrutado el tiempo durante el confinamiento, que cataloga como “su mejor época”: “Mi economía me ha dado una mejor vida. Me ha ido muy bien económicamente, nunca me faltó nada. Durante ese tiempo estuve en mi casa. Muchas cosas bonitas me han pasado en la pandemia, que fue mi mejor época, podría decirlo yo” (Karla, 30 años, septiembre 2022).

Cuando una persona tiene solvencia económica, estudios y un buen nivel de posesiones sufrirá menos discriminación que otras que son vulnerables y pobres financieramente (Cortina, 2017). En este sentido, Karla sabe que es afortunada por haber recibido el apoyo de su madre y su padre, quienes le han motivado a terminar dos licenciaturas y una maestría, y por poder vivir holgadamente -sin la precariedad experimentada por Sadia y July-. Asimismo, ha tomado decisiones que la han llevado a sobresalir en la comunidad trans.

A manera de conclusión

En virtud de las luchas feministas que se han llevado a cabo desde el siglo XVIII hasta la fecha para demandar derechos, hoy gozamos de cierto bienestar las mujeres y otros grupos de la sociedad como las comunidades LGBTI+, las personas indígenas y las poblaciones migrantes, entre otros (Pila y Estrada, 2023). Sin embargo, en una sociedad patriarcal como la nuestra se espera que todas las personas se conduzcan bajo el modelo de la heteronormatividad, de manera que las conductas entendidas como no heterosexuales implican estigmas y prejuicios que se traducen en la negación de derechos y en discriminación para las personas que transgreden esas normas.

En los testimonios aquí presentados se hace patente que las mujeres trans rechazan la imagen y el símbolo del hombre androcéntrico establecidos por el sistema sexo-género. Es a través de cirugías, maquillaje y hormonas como construyen una nueva identidad y buscan oficializar una nueva imagen de vida en la que se sienten bien estableciendo el nuevo rol de mujer trans. Con todas las problemáticas que han afrontado, persiguen ese sueño y siguen en la búsqueda de sí mismas, a pesar de todo lo adverso que viven en la sociedad.

Se constata que, si bien fueron educadas para “ser masculino”, han implementado estrategias para resistir las adversidades, y no aceptaron esos mandatos culturales. Durante la vida temprana externaron acciones “en femenino oculto” y reconocieron que siempre se sintieron niñas. Más tarde prosiguieron con apoyo de familiares y la red de amistades, sin dejar de sentir acoso (principalmente en dos de los casos, Sadia y July), discriminación y violencia porque “siendo mujer” les “ofende a los demás”. En especial, manifestaron que en la actualidad se han sentido agredidas por algunas mujeres con las que conviven y trabajan, pues no aceptan su nueva identidad hacia lo femenino. Este hecho, sin duda, pone de relieve la misoginia femenina, también de urgente atención.

En los tres testimonios se visibilizan las diferentes maneras de vivir, luchar y experimentar la nueva identidad sexual, y las tensiones que enfrentaron o no en el ámbito educativo. Se observa, asimismo, que el apoyo familiar y la economía que pueden sustentar la transición, así como las necesidades de la vida cotidiana misma, permiten recorrer dichas experiencias de una forma quizá menos tensionante.

La vida es para vivirla en plenitud y con libre personalidad, como ya está estipulado en la legislación de México para todas las personas. Lamentablemente, estas leyes no siempre se concretan para el beneficio y disfrute de las mujeres trans. En los testimonios de Sadia, July y Karla se observa que ellas viven su sexualidad e identidad de manera libre, a pesar de no ser reconocidas por la ley, o incluso siendo reconocidas, como en el caso de Sadia.

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Recibido: 28 de Junio de 2023; Revisado: 22 de Agosto de 2023; Revisado: 11 de Septiembre de 2023

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