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Migraciones internacionales

versión impresa ISSN 1665-8906

Migr. Inter vol.5 no.1 Tijuana ene./jun. 2009

 

Notas críticas

 

La crisis financiera en Estados Unidos y su impacto en la migración mexicana1

 

Rafael Alarcón, Rodolfo Cruz, Alejandro Díaz–Bautista, Gabriel González–König, Antonio Izquierdo, Guillermo Yrizar y René Zenteno

 

1. Antecedentes: La crisis financiera estadounidense y la reacción en México

En septiembre de 2008 se anunció que varias instituciones financieras estadounidenses habían quedado en bancarrota y que otras estaban en peligro de cerrar, lo que incrementó en México un temor generalizado por el retorno inminente de miles de migrantes que se verían obligados a salir de Estados Unidos por quedarse sin empleo o ser deportados. Entre los primeros anuncios está el del siete de septiembre, cuando el gobierno federal estadounidense aseguró en Washington que tomaría el control de dos de las más grandes compañías de financiamiento hipotecario: Fannie Mae y Freddie Mac. Otro evento clave se presentó el 15 de septiembre en la ciudad de Nueva York, cuando Lehman Brothers, el banco de inversión más antiguo en Estados Unidos, se declaró en quiebra, fortaleciendo la percepción de que había una crisis financiera y económica originada en Estados Unidos con un impacto global. La quiebra de este banco, fundado por inmigrantes alemanes en 1850, hizo que aumentaran, en México, sin duda, las expectativas sobre un posible retorno masivo de los connacionales que se encontraban residiendo en Estados Unidos.

El vínculo entre la crisis financiera estadounidense y su impacto en la migración mexicana ha sido un tema recurrente en los medios masivos de comunicación de ambos lados de la frontera, especialmente en la prensa escrita. Entre las noticias se habló del retorno cotidiano de 1 500 migrantes por Sonora (El Financiero, 2008), de cuatro mil migrantes de Chicago que regresaron al Distrito Federal (El Semanario, 2008) y de "20 mil familias residentes en Estados Unidos que han regresado a Michoacán en lo que va del año" (Mendoza, 2008). A finales de septiembre, el Instituto Nacional de Migración (Inami) señaló que había detectado un incremento en el número de inmigrantes mexicanos que regresaban de manera definitiva a su patria a causa de la crisis económica en Estados Unidos (Notimex, 2008). Sin embargo, para el mes de noviembre la Secretaría de Gobernación cambió de postura, destacando que el nivel de retorno de mexicanos se encontraba dentro de los promedios históricos previstos para este período y que, aun cuando la crisis de Estados Unidos se generalizara, el número de repatriados podría repuntar ligera mente (Martínez, 2008).

A principios de septiembre, quienes se refirieron al retorno masivo en la prensa mexicana fueron políticos y funcionarios públicos estatales que hicieron declaraciones a diarios regionales. Ya en octubre los periódicos mexicanos reflejaron una preocupación por estimar los números de nacionales que se verían afectados por la turbulencia económica mundial. Por ejemplo, la Confederación Nacional Campesina aseguró que "la crisis en Estados Unidos provocaría el regreso de 350 mil migrantes al país" (Pavón, 2008); la Secretaría del Trabajo calculó que "serán 200 mil en un período de 12 meses" (Maldonado, 2008); Gilbert Cedillo, senador estatal por California, pronosticó "desempleo masivo y mayor empobrecimiento en los casi 12 millones de migrantes mexicanos" (Valadez, 2008); la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) aseguró que "la crisis financiera estadounidense provocaría el regreso de entre dos y tres millones de mexicanos"  (Reforma, 28–10–08); y Carlos Villanueva, presidente de la Asociación Mundial de Mexicanos en el Exterior, declaró no sólo que la crisis expulsaría a 1.5 millones de mexicanos de Estados Unidos sino que se venían "olas de paisanos" para quedarse (Otero, 2008).

 

2. El impacto de la crisis en el empleo y las condiciones de vida de los inmigrantes y los latinos

El siete de noviembre de 2008 la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS, por su nombre en inglés) anunció que la economía estadounidense había perdido alrededor de 1.2 millones de empleos de enero a octubre de ese año, y que la mitad de estas pérdidas ocurrieron en los últimos tres meses (127 mil en agosto, 284 mil en septiembre y 240 mil en octubre). Esta misma fuente reportó recientemente que la tasa de desempleo en Estados Unidos aumentó a 6.5 por ciento y el desempleo de la población hispana o latina subió a 8.8 por ciento, siendo el más alto en más de 10 años.

Hasta el momento los sectores más golpeados por la crisis financiera en Estados Unidos han sido la industria manufacturera, la construcción y varias empresas que proveen servicios a industrias. En octubre de 2008 la industria manufacturera perdió alrededor de 90 mil empleos y en la construcción la cifra fue de 49 mil (BLS, 2008). En 2006, de acuerdo con la Encuesta Continua de Población (CPS, Current Population Survey), los inmigrantes mexicanos eran alrededor de 6.5 millones de trabajadores, representando 30 por ciento del total de la fuerza laboral inmigrante en Estados Unidos, concentrándose principalmente en los mercados de trabajo de California, Texas, Illinois y Arizona.

Los sectores económicos en los que laboran los inmigrantes mexicanos por orden de importancia son: servicios personales, construcción, manufactura y comercio. Por su parte, las principales ocupaciones de los inmigrantes mexicanos son: trabajadores de la construcción; obreros de la manufactura; trabajadores de servicios en preparación de alimentos y ocupaciones relacionadas; y trabajadores de servicios en mantenimiento y limpieza, en ese orden de importancia.

Esta breve descripción de la estructura ocupacional en Estados Unidos nos hace suponer que los inmigrantes mexicanos son de las poblaciones más afectadas por la crisis financiera y económica que vive ese país. Sectores económicos relacionados con los migrantes mexicanos, como la industria de la construcción, ya han mostrado caída significativa en el número de empleos. La industria de la construcción en Estados Unidos fue uno de los primeros sectores en ser impactados por la actual crisis financiera. Este sector viene cayendo desde octubre de 2006 y ha perdido en dos años alrededor de 663 mil empleos (BLS, 2008).

Los ingresos de los hogares de inmigrantes también se han deteriorado en los últimos años. De acuerdo con un análisis realizado por el Pew Hispanic Center, con datos de la Oficina del Censo de Estados Unidos, el ingreso medio anual de los hogares de inmigrantes no ciudadanos de Estados Unidos disminuyó en 7.3 por ciento en el período 2006–2007. Durante ese período, el promedio de los ingresos de tolos hogares estadounidenses aumentó en 1.3 por ciento. Esta disminución en el ingreso medio anual de los hogares de inmigrantes no ciudadanos es el más alto observado desde 1998. El motivo de la caída en los ingresos de los hogares inmigrantes está relacionado con la disminución en la actividad en la industria de la construcción, que en 2007 provocó una altas tasas de desempleo (Kochhar, 2008).

Los hogares de inmigrantes que más han experimentado una caída son aquellos cuyos jefes de hogar llegaron durante la presente década a Estados Unidos, que cuentan con un nivel educativo igual o menor a la secundaria, y que están empleados en los sectores de la manufactura, la construcción y en los servicios de baja calificación. Como es de esperarse, los inmigrantes latinos son también los más afectados (Kochhar, 2008).

Otro estudio realizado por el Pew Hispanic Center –la Encuesta Nacional de Latinos dirigida a hispanos mayores de 18 años que radican en Estados Unidos– permitió medir que la mitad de los entrevistados dos en el verano de 2008 pensaron que su situación actual empeoró respecto del año anterior. Este pesimismo se puede atribuir, en parte, a que esta población ha sido fuertemente afectada por el creciente desempleo y al endurecimiento de la aplicación de las leyes de inmigración. Aproximadamente 10 por ciento de las personas de origen latino, tanto ciudadanos estadounidenses como indocumentados, afirman que han sido detenidos por la policía y otras autoridades para interrogarlos acerca de su estatus migratorio (Lopez y Minushkin, 2008). La encuesta también reportó lo siguiente: 81 por ciento de los latinos dijo que los encargados de hacer cumplir las leyes de inmigración deberían ser principalmente las autoridades federales y no la policía local; 76 por ciento rechazó las incursiones de la policía en los lugares de trabajo, y 73 por ciento desaprobó la persecución penal de los inmigrantes indocumentados. Por consiguiente, hay un aumento en la proporción de latinos (68 por ciento) respecto del año anterior (53 por ciento) que temen que ellos o algún amigo cercano o familiar sea deportado. 63 por ciento de los latinos afirmó que ha experimentado algún tipo de dificultad laboral y 71 por ciento ha tenido dificultades para conseguir vivienda debido a su condición étnica (Lopez y Minushkin, 2008).

 

3. El impacto de las deportaciones de mexicanos en el contexto de la crisis financiera

La historia nos muestra que el pánico a la expulsión masiva de mexicanos ha sido recurrente y se funda en un hecho histórico, ya que la Gran Depresión de Estados Unidos que comenzó en 1929 condujo a la deportación forzada y a la repatriación voluntaria de cerca de medio millón de mexicanos. Entre 1929 y 1935, más de 415 mil mexicanos fueron deportados de Estados Unidos, incluyendo a muchos ciudadanos estadounidenses de ascendencia mexicana. Esta cifra no incluye a los repatriados por su voluntad o por el gobierno mexicano (Hoffman, 1974:126). En esos años, la economía de Estados Unidos sufrió una contracción importante que creó desempleo, condujo a la disminución de la demanda de trabajadores mexicanos e incrementó la hostilidad hacia ellos y la presión para promover su expulsión del país. Las deportaciones se dieron en una operación tumultuosa por todos los lugares accesibles de la frontera. Sin embargo, después de 1934, la expulsión de los migrantes mexicanos disminuyó considerablemente gracias, en parte, a los programas de recuperación del gobierno del presidente Franklin D. Roosevelt (1933–1945), quien impulsó las reformas conocidas como New Deal (Alanís, 2004:78–88).

Este pánico resurgió al final del Programa Bracero en 1964 cuando se temía que retornarían miles de exbraceros a México en busca de empleo. En parte por esta razón, se instituyó el Programa de Industrialización Fronterizo pero fueron mujeres y no exbraceros quienes empezaron a trabajar en las primeras maquiladoras. Al inicio de la década de 1980 se generalizó la misma preocupación. Antes de la promulgación de la popularmente llamada Ley Simpson–Rodino de 1986 (también conocida como IRCA) se pronosticaba que los migrantes indocumentados que no fueran "amnistiados" serían expulsados de Estados Unidos. La aprobación por el electorado californiano de la Proposición 187 en 1994, que decretaba que los indocumentados no tendrían derecho a recibir servicios sociales, como educación y salud, reactivó el mismo temor. Sin embargo, ni la Ley Simpson–Rodino ni la Proposición 187 causaron deportaciones ni repatriaciones masivas (Alarcón, 2008).

Respecto de las deportaciones más recientes, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, Department of Homeland Security), creado en 2003, inició una gran operación a través de su policía de inmigración, conocida como ICE (Immigration Customs Enforcement), que tiene a su cargo aprehender a inmigrantes indocumentados en el interior de Estados Unidos. Estas deportaciones son diferentes a las que realiza la patrulla fronteriza (Border Patrol), que en su mayor parte incluye a migrantes que son capturados en la frontera tratando de introducirse a Estados Unidos de manera subrepticia y que sumaron 1 089 136 en 2006 (ICE, 2008).

De acuerdo con un reporte de 2007, el ICE tiene cuatro objetivos: capturar a los "extranjeros criminales" y a los "extranjeros prófugos", así como desmantelar la infraestructura criminal que apoya la inmigración ilegal y aplicar la ley de inmigración en los lugares de trabajo. Según un comunicado de prensa del 11 julio de 2008, el ICE expulsó de Estados Unidos a 236 664 extranjeros en el año fiscal 2006 y a 285 157 en 2007. Como lo muestra el cuadro 1, tres meses antes de que terminara el año fiscal 2008 el ICE había expulsado a casi la misma cifra de individuos que en todo 2006. Muchas de estas personas fueron deportadas a México, no necesariamente por ser criminales, sino por no haber asistido a una cita con un juez de inmigración o por estar trabajando de manera indocumentada en una empresa en la que se realizó una redada (ICE, 2008).

Desde el punto de vista de México, y según datos del Instituto Nacional de Migración (Inami), este país recibió entre 2002 y 2007 un promedio anual de 537 mil deportaciones, como lo muestra la gráfica 1. Entre enero y septiembre de 2008 ha habido 444 023 deportaciones. No se perciben cambios relevantes. En la gráfica 2 se presenta el volumen de deportaciones de mexicanos en Estados Unidos de los últimos tres años entre enero y septiembre. Lo que ahí observamos es un ligero incremento en el volumen total de deportaciones de abril a septiembre de 2008 respecto de los dos años anteriores.

 

4. Desaceleración de la migración indocumentada y caída de las remesas familiares

En un reporte de octubre pasado, el Pew Hispanic Center estimó que en marzo de 2008 había 11 millones 900 mil indocumentados en Estados Unidos, de los cuales siete millones eran mexicanos (Passel y Cohn, 2008). Según las estimaciones de estos autores, la población indocumentada de mexicanos en Estados Unidos creció constantemente de 2000 a 2007. A partir de este último año, los mexicanos indocumentados en Estados Unidos parecen haberse estabilizado, tal y como puede apreciarse en la gráfica 3.

Este mismo reporte expone que la población indocumentada creció más lentamente entre 2005 y 2008, en comparación a como lo hizo al inicio de la década. Se estima que el flujo de inmigrantes indocumentados llegaba en promedio a 800 mil por año entre 2000 y 2004, y que esta cifra disminuyó a 500 mil entre 2005 y 2008, con una tendencia decreciente (Passel y Cohn, 2008).

Se puede especular que la disminución de la migración indocumentada es efecto de la información que los migrantes en Estados Unidos comunican a sus familiares y amigos en México a través de redes sociales sólidas. Es probable que los migrantes mexicanos en Estados Unidos transmitan la información de que es mejor no migrar, puesto que ahora es más difícil encontrar empleo en ese país.

De acuerdo con las estimaciones del Banco de México, otra consecuencia de la crisis financiera es la aparente disminución de las remesas que los migrantes mexicanos envían desde Estados Unidos. La revisión de los volúmenes de remesas familiares enviadas de 2004 a la fecha, muestra una caída en el monto anual que aún no es muy pronunciada. En agosto de 2008 las remesas familiares registraron una baja ampliamente difundida en la prensa. La reducción en ese mes, comparada con la de agosto de 2007, fue de 12 por ciento. De enero a agosto de 2008 las remesas sumaron 15 553 millones de dólares, lo que registra una baja de 4.17 por ciento en comparación con el mismo lapso del año anterior. Sin embargo, como lo muestra la gráfica 4, para octubre de 2008 se registró un incremento notable, el monto mensual más alto en la historia de los registros del Banco de México hasta momento: 2 444 millones de dólares.

El repunte de las remesas en octubre de 2008 permitió una ligera recuperación en las remesas acumuladas a lo largo de los 10 primeros meses del año. Esta recuperación mensual podría explicarse por la depreciación del peso frente al dólar, lo cual habría ocasionado que los migrantes mexicanos enviaran más dinero en el mes de octubre. El crecimiento en el último mes aún no revierte la tendencia negativa registrada a lo largo de 2008.

Para hacer un análisis de cómo pueden variar las remesas familiares por efecto de la crisis financiera, es preciso entender las razones por las cuales los migrantes las envían. Las dos grandes razones que explican el envío de la mayor parte de las remesas son el altruismo (esto es, que al migrante le interesa el bienestar de las personas a quienes envía las remesas) y la inversión (principalmente en construcción y en la educación y salud de los niños y jóvenes).

Un análisis formal de un modelo de altruismo (por ejemplo, Stark, 1995), señala que el migrante se preocupa por el bienestar de su familia en el lugar de origen y envía remesas para que estén mejor (y con ello, él también está mejor). Si disminuye su ingreso disminuye su propio consumo y también el de su familia al disminuir también el monto de las remesas; al aumentar el ingreso de su familia en México el migrante decide equiparar los beneficios de ambos aumentando su gasto y disminuyendo las remesas.

Es muy probable que las inversiones en construcción disminuyan considerablemente durante la crisis. La industria de la construcción es de las más afectadas en Estados Unidos en este momento y es probable que se vea afectada de forma importante en México. Las inversiones son ahora menos atractivas que antes, por lo que es factible que las remesas disminuyan de manera considerable por falta de incentivos para invertir en construcción.

Las remesas que difícilmente disminuirán son aquellas que se destinan al consumo básico de los familiares cercanos. Los ingresos esperados en Estados Unidos van a disminuir, pero también sucederá algo semejante en México. El modelo altruista indica que cuando disminuye el ingreso del migrante, la familia recibe menos remesas. Sin embargo, conforme el consumo de la familia es menor, una disminución en las remesas significa una pérdida grande en términos de bienestar, por lo que la disminución de las remesas con este destino deberá ser pequeña.

De acuerdo con algunos estudios, la propensión al consumo de las remesas en México es alta. Por ejemplo, el Banco Interamericano de Desarrollo (2004) estima que 78 por ciento de las remesas se utiliza en gastos del hogar, y que otro siete por ciento es dedicado a la educación. Se puede esperar que el restante 15 por ciento sea menos prioritario para los migrantes, y que sean en estos gastos las primeras reducciones que se observen.

 

5. Pocos cambios en los volúmenes del flujo migratorio de retorno

La Encuesta sobre migración en la frontera norte (Emif norte) es un proyecto realizado por el gobierno mexicano y El Colegio de la Frontera Norte que aporta de manera continua y sistemática información que permite cuantificar y caracterizar los desplazamientos migratorios entre México y Estados Unidos, así como los que se dan desde el interior del país hacia la frontera norte mexicana. Hasta el momento, los indicadores de la Emif norte no han mostrado ningún cambio relacionado con un retorno repentino y masivo de los migrantes mexicanos. Lo que se ha observado es que, al igual que todos los años, los migrantes mexicanos empiezan a regresar a México a visitar a sus familiares por la llegada de las vacaciones de fin de año.

Por otro lado, es fundamental tener en consideración que un número importante de migrantes mexicanos indocumentados tuvo que hacer una gran inversión económica y emocional para ingresar a Estados Unidos. Las estadísticas de la Emif norte muestran, desde hace varios años, que el tiempo de estancia en ese país se ha prolongado debido al reforzamiento de la vigilancia fronteriza que se implementó a partir de 1993. Esto ha traído como consecuencia que los migrantes decidan permanecer mayor tiempo en Estados Unidos, ya que ahora implica más riesgos y costos elevados el cruzar sin documentación migratoria.

En la gráfica 5 se observa que en las últimas cinco fases de la Emif norte (2003–2008) no hay cambios relevantes en la magnitud del flujo de los procedentes de Estados Unidos.

De hecho, en los dos últimos trimestres de la fase 13 se observa una ligera disminución en este flujo respecto del trimestre anterior. Esto se debe en parte a lo mencionado en el párrafo anterior, pues por los elevados costos y el reforzamiento de la vigilancia fronteriza los migrantes mexicanos indocumentados han prolongado su estancia en Estados Unidos.

 

Consideraciones finales

Antes de regresar de manera inmediata por la pérdida de un empleo, los migrantes mexicanos en Estados Unidos buscarán otro trabajo, ya sea en el mismo sector económico en la misma actividad o en otra; ya sea en el mismo mercado laboral regional o migrarán al mercado de trabajo de otra región. Los costos del regreso son altos. Cada vez más, los migrantes mexicanos que regresan para finales de año son aquellos que tienen la facilidad para reingresar a Estados Unidos, es decir, que cuentan con documentos migratorios para hacerlo sin arriesgarse a otro cruce de manera indocumentada.

El tiempo de estancia en Estados Unidos muestra la mayor o menor propensión al retorno. A mayor duración, más derechos acumulados, más arraigo familiar, más debilidad en los vínculos con la comunidad de origen, y mayor grado de integración social y económica en Estados Unidos.

El retorno a México podría ser una decisión extrema que algunos migrantes mexicanos podrían tomar si la crisis económica global llegara a grados extremos. Sin embargo, esta decisión dependerá de su integración socioeconómica en Estados Unidos. Quizá algunos de los migrantes indocumentados que están sin familia, y que por tanto son los más vulnerables, decidan regresar a México. Pero para ellos queda la opción de cambiar de industria y de desplazarse a lugares donde la crisis no sea tan grave y tengan acceso a redes sociales. De cualquier manera, para ellos la opción de conservar o buscar un empleo en Estados Unidos será mejor que tratar de conseguir uno en México.

El retorno a México no es probable para la mayor parte de las familias mexicanas inmigrantes que tienen estatus migratorio mixto, en las que se dan combinaciones de ciudadanos de Estados Unidos, residentes permanentes e indocumentados. Para estas familias, como para las familias estadounidenses, no habrá más remedio que afrontar la crisis financiera y económica en Estados Unidos.

A diferencia de la fragilidad de la población inmigrante mexicana de la década de 1930, esta población en la actualidad es gigantesca y en gran medida se encuentra bien integrada en Estados Unidos a pesar de que casi la mitad está compuesta por inmigrantes indocumentados. Los mexicanos constituyen el grupo inmigrante más numeroso en Estados Unidos, con casi un tercio de todos los inmigrantes. En volumen son seguidos muy de lejos por los originarios de China, Filipinas e India (Alarcón, 2007). De acuerdo con la Encuesta sobre la Comunidad Estadounidense (ACS, American Community Survey), en 2007 había 11.7 millones de personas residiendo en Estados Unidos que habían nacido en México. Esta misma encuesta muestra que 62 por ciento de estas personas vive en hogares de familias con parejas casadas y 47 por ciento reside en viviendas que son propiedad de sus ocupantes. Estos datos sugieren que la población inmigrante mexicana en Estados Unidos tiene un gran componente de familias establecidas en ese país.

¿Podría haber un regreso "masivo" de mexicanos procedentes de Estados Unidos en 2009? La respuesta a esta pregunta depende en gran medida de las dimensiones de la recesión económica en Estados Unidos y en el mundo, así como del grado en que la percepción pública estadounidense empiece a querer culpar a los inmigrantes de esta crisis.

 

Bibliografía

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Notas

1 Este trabajo colectivo es resultado del seminario "Debate sobre los efectos de la crisis económica en el retorno de los migrantes mexicanos", que se llevó a cabo en El Colegio de la Frontera Norte el 23 de octubre de 2008 en Tijuana.

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