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Política y gobierno

versión impresa ISSN 1665-2037

Polít. gob vol.19 no.1 México ene. 2012

 

Notas de investigación

 

El papel de la propensión al riesgo en las decisiones de voto. El caso de las elecciones mexicanas del año 2000

 

The Role of Risk Propensity in Shaping Voting Behavior: The Case of the 2000 Mexican Election

 

Aldo F. Ponce*, Amalia Mena-Mora** y Brandon Rottinghaus***

 

*Aldo F. Ponce, afponce@mail.uh.edu, es candidato al doctorado en Ciencia Política por el Departamento de Ciencia Política, Universidad de Houston

** Amalia Mena-Mora, amena-mora@uh.edu, es candidata al doctorado en Ciencia Política, Universidad de Houston

*** Brandon Rottinghaus, bjrottinghaus@uh.edu, es profesor asociado del Departamento de Ciencia Política, Universidad de Houston. Phillip Guthrie Hoffman Hall, Room 447,77204, Houston, Texas. Tel: 713/743 39 25, fax: 713/743 39 27.

 

Artículo recibido en diciembre de 2010
Aceptado para su publicación en septiembre de 2011

 

Resumen

Importantes estudios han evaluado el papel de la propensión al riesgo en las decisiones de voto en México. Sin embargo, ninguna de estas investigaciones ha evaluado el grado en el que los efectos de corto y largo plazos de las campañas electorales influyen en la disposición de un elector adverso al riesgo a votar por un partido de oposición. A partir de los datos de la elección de 2000, una campaña en la que la propensión al riesgo desempeñó un papel relevante, evaluamos si otros factores asociados con la campaña mitigaron el efecto negativo de la propensión al riesgo (mayor aversión al riesgo) en las decisiones al momento de votar por algún candidato de la oposición. Encontramos que la propensión al riesgo tiene un impacto determinista en la decisión del voto y que ni los factores asociados a la campaña electoral (corto plazo), ni la imagen, en muchos casos deteriorada, del Partido Revolucionario Institucional (PRI) (largo plazo) mitigaron ese papel. Además, demostramos que el impacto determinista de la propensión al riesgo puede variar durante el periodo de campaña y de acuerdo con las alternativas electorales.

Palabras clave: México, propensión al riesgo, elecciones en México, democratización, PRI.

 

Abstract

Previous important studies examine the role of "risk" propensity in shaping vote choices in Mexico. However, none of these studies determine the degree to which short and long term factors influence a traditionally risk averse respondent's enthusiasm to vote for an opposition party. Using data from the 2000 election, a campaign where risk played a significant role, we evaluate whether various effects mitigate the role of risk in voting for an opposition candidate. We find that risk propensity has a deterministic impact on vote choice and no amount of campaign effects (short term) or negative image of the PRI (long term) mitigated that role. Yet, we uniquely show that this deterministic impact can vary over the campaign period and across the electoral alternatives.

Keywords: Mexico, risk propensity, Mexican elections, democratization, PRI.

 

Esta nota de investigación se concentra en analizar la manera en que la propensión al riesgo1 afecta las decisiones de voto en las nuevas democracias latinoamericanas, las cuales han sido gobernadas por un único partido durante varios años. En específico, evaluamos si la propensión al riesgo afecta la competitividad de estas democracias al incrementar la probabilidad de que los electores relativamente más adversos al riesgo tiendan a votar por el partido político gobernante, que es, de cierta manera, más conocido que cualquier otra alternativa de la oposición. Este hecho puede reducir las posibilidades de rotación en el poder, en especial en países que han sido gobernados por un partido político durante décadas. La propensión al riesgo (mayor aversión al riesgo) de los electores tenderá a incrementar las posibilidades de victoria del partido gobernante. Esta tendencia potencialmente podría retrasar el proceso democratizador o restarle competitividad a los procesos electorales, debido a la ventaja que reciben los gobernantes por quienes los electores muestran más seguridad sobre sus preferencias y desempeño. Para cumplir con este objetivo, llevamos a cabo un análisis empírico del efecto de la propensión al riesgo sobre las decisiones de voto usando el Estudio Panel Mexicano del año 2000.2

El caso mexicano se convierte en el ideal para analizar empíricamente este efecto por dos razones. Primero, el partido gobernante —el Partido Revolucionario Institucional (PRI)— había permanecido en el poder durante más de siete décadas. Segundo, evaluamos el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto en una elección en la que el partido gobernante perdió, por primera vez en décadas, la elección presidencial. Examinamos el problema de si, a pesar de esta derrota, el efecto de la propensión al riesgo sobre el voto aún pudo favorecer al partido gobernante (PRI) en la elección. La coincidencia de ambos factores (junto con la disponibilidad de datos generados por las encuestas) convierte a las elecciones mexicanas en el caso más adecuado para estudiar las consecuencias de la propensión al riesgo en la decisión del voto. La confluencia de un partido en el poder durante varias décadas y su derrota nos permite realizar un análisis acucioso sobre cuan robusto es el efecto de la propensión al riesgo sobre el voto en una elección en la que el partido gobernante es derrotado. Si el efecto de la propensión al riesgo sobre el voto es aún relevante en esta elección nos permitiría concluir que la derrota se debió a otros factores3 y que el efecto de la propensión al riesgo puede reducir la competitividad electoral aun cuando otros factores le indican al elector que otras alternativas son más adecuadas.

Al igual que en el estudio de Magaloni y Poiré (2004), encontramos que la propensión al riesgo tuvo un papel relevante al favorecer al PRI en la elección del año 2000, a pesar de su derrota. Aunque Magaloni y Poiré ya habían cuantificado la importancia de este efecto, no ampliaron el análisis (su estudio no tenía ese objetivo) para estudiar si otros factores, como la campaña electoral y las evaluaciones de los electores sobre el desempeño del partido gobernante, pueden mitigar el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto y, por consiguiente, facilitar la rotación en el poder.

Responder esta pregunta constituye la principal aportación de esta nota de investigación, la cual contribuye al avance del conocimiento de temas tales como el efecto de propensión al riesgo sobre la decisión del voto, la democratización, la consolidación democrática y la fortaleza de la oposición en democracias emergentes. Este estudio encuentra que otros factores no pueden mitigar este efecto. Por lo tanto, se ofrecen importantes evidencias acerca de las consecuencias negativas sobre la futura competitividad electoral que puede acarrear la falta de información sobre las preferencias o el posible desempeño de los partidos políticos de la oposición producto de la falta de rotación en el poder durante varios años.

 

El caso mexicano

El resultado electoral de las elecciones presidenciales en México en el año 2000 representó el fin de un extendido periodo de democratización y de reformas que se implementaron en la década de 1990 (Cornelius, 1996; Schatz, 2000; Domínguez y Lawson, 2004; Levy y Bruhn 2006, p. 67; Klesner, 2007a). Este significativo resultado electoral desplazó al PRI (un partido que había gobernado México durante más de 70 años) de la más alta posición del ejecutivo, elegida a nivel nacional, y se la otorgó al Partido Acción Nacional (PAN), un partido que gobernaba México por primera vez en más de una generación. Esta importante transición política propició un gran ambiente de riesgo para los electores, quienes debían encarar miedos asociados con potenciales cambios políticos y económicos en caso de que el PRI fuera desplazado del ejecutivo por otro partido. Votar por el PRI significaba una apuesta por mayor certidumbre política —una que implicaba más de los mismos tipos de políticas (Poiré, 1999)—. El hecho de depositar un voto por algún candidato de la oposición a la presidencia envolvía un mayor potencial de cambio de políticas económicas y una transformación del balance de poder que existía en un país que heredaba la dominación del PRI durante varias décadas.

Varios trabajos académicos han estudiado el papel de la propensión al riesgo en las elecciones mexicanas. Por ejemplo, a través de su modelo de elección de dos pasos, Domínguez y McCann (1996) sostienen que las expectativas sobre la futura estabilidad social y económica (en caso de que algún partido de oposición ganase las elecciones) afectan las decisiones de voto en las elecciones. Cinta (1999) encuentra evidencia que indica que los electores están más dispuestos a votar por un partido con el cual tienen más familiaridad y que la propensión al riesgo (mayor aversión al riesgo) de los mexicanos es la causa del largo dominio del PRI. Magaloni y Poiré (2004, p. 304) muestran que los votos de los mexicanos más adversos al riesgo tenían mayor probabilidad de apoyo a Labastida (candidato del PRI) que a Cárdenas (candidato del Partido de la Revolución Democrática, PRD) en la elección presidencial del año 2000. Morgenstern y Zechmeister (2001) concluyen su importante estudio sosteniendo que los electores más adversos al riesgo tienen mayor probabilidad de votar por el partido gobernante y no castigarlo por su pobre desempeño en el manejo de la economía. Sin embargo, varios de estos estudios que abordan el papel de la propensión al riesgo empleando encuestas recogidas antes del día de la elección (Cinta, 1999) o después de esa fecha, no brindan un análisis focalizado en determinar si el efecto de la campaña electoral o la evaluación del desempeño del partido gobernante alteró el papel de la propensión al riesgo en la decisión del voto; o fallan al usar encuestas tomadas luego del día de la elección.4 Como consecuencia, es necesario llevar a cabo una investigación mayor para responder las preguntas referidas a si la campaña o la evaluación del desempeño del PRI pudieron mitigar el efecto de la aversión al riesgo de los electores mexicanos cuando decidieron a quién favorecer con su voto, especialmente en un país donde el contexto de la campaña influyó en la decisión de voto (Buendía, 1995). Una importante extensión del alcance de estos trabajos consiste en subsanar las dos debilidades mencionadas en este párrafo con el empleo de las encuestas de la elección presidencial del año 2000; una elección que fue crítica, pues permitió la rotación en el poder luego de varias décadas de dominio del PRI.

Asimismo, esta elección brinda la oportunidad ideal para poner a prueba la robustez del efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto cuando los ciudadanos experimentan una transición a la democracia. Domínguez (1999, p. 13) sostiene que después de la elección de 1997, en la que los partidos de oposición lograron avances en su participación en la legislatura mexicana, el "miedo al cambio político debería de importar menos", un argumento que puede ponerse a prueba con los datos de las encuestas recolectadas en la elección del año 2000.

 

Evaluación del efecto de la propensión al riesgo

En esta sección presentamos primero nuestras expectativas teóricas sobre el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto. Luego, explicamos las razones por las que determinantes de corto plazo (exposición a mayor información política durante la campaña) y de largo plazo (evaluación del desempeño del partido en el poder) podrían mitigar el efecto de propensión al riesgo en la posibilidad de votar por un partido de la oposición. Las hipótesis que presentamos a continuación ofrecen explicaciones más detalladas sobre estas expectativas.

Hipótesis 1 (Propensión al riesgo): Los electores más adversos al riesgo (menos propensos al riesgo) tienen mayor probabilidad de votar por el partido gobernante (en este caso, el PRI) debido al miedo de un resultado político incierto (producto de una victoria del PAN o del PRD).

La repercusión de la propensión al riesgo refleja incertidumbre sobre la situación política que podría variar luego de las elecciones, aun cuando las alternativas de la oposición pudieran verse con más simpatía. En otras palabras, los electores más adversos al riesgo están más tentados a aceptar un resultado electoral, en teoría menos conveniente para ellos, debido al miedo a lo desconocido (Bartels, 1986; Álvarez, 1997; Gill, 2005). En el caso mexicano, el miedo (o incertidumbre) a lo desconocido en una situación en la que el partido gobernante ha dominado la escena política durante tanto tiempo hace más difícil a los partidos de oposición lograr el objetivo de destronar al partido gobernante (hegemónico) del poder (Rottinghaus y Alberro, 2005). Aun considerando una relativa insatisfacción con el partido gobernante hegemónico, los electores más adversos al riesgo estarán más dispuestos a preferir al "malo conocido" (en este caso el PRI) que una situación política de incertidumbre.

Similar al estudio de Morgenstern y Zechmeister (2001), nuestra definición de "propensión al riesgo" se mide a través de una simple pregunta que examina hasta qué punto el encuestado está más dispuesto a aceptar al "malo" que le resulta familiar en lugar de al "bueno" que le es desconocido. Específicamente, la pregunta le solicita al encuestado escoger la opción, entre las siguientes alternativas, con la que se sienta más identificado: 1) "más vale malo conocido que bueno por conocer" y 2) "el que no arriesga, no gana".5 Codificamos las respuestas con 1 en caso de que el encuestado seleccionara la primera alternativa: "más vale malo conocido que bueno por conocer". Sostenemos que esta medida de propensión al riesgo es exógena, ya que no depende de ninguna consideración o información sobre el partido gobernante o sobre algún partido de la oposición. Al evitar cualquier relación entre la pregunta y las opciones electorales, eliminamos cualquier potencial problema de endogeneidad. Tal como Morgenstern y Zechmeister sostienen, estas frases (las posibles respuestas a la pregunta) son comúnmente usadas en México y en otras partes de América Latina, lo que hace improbable que los encuestados pensaran en términos de alguna retórica política cuando realizaron la selección.

Debido a que las encuestas fueron realizadas en tres momentos distintos de la campaña, podemos examinar cómo evoluciona el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto previa al día de la elección. En efecto, Druckman y McDermott (2008) muestran cómo la propensión al riesgo puede fluctuar a lo largo del tiempo.6 En particular, las emociones pueden alterar la propensión al riesgo en forma sistemática y predecible (Bower, 1981; Johnson y Tversky, 1983; DeSteno et al., 2000; Lerner et al., 2003; MacKuen et al., 2005; Druckman y McDermott, 2008). Así, por ejemplo, Druckman y McDermott sostienen que algunos estados emocionales, como el estrés o la ansiedad y la ausencia de entusiasmo, pueden incrementar la aversión al riesgo.

Estudios previos demuestran que precisamente estos dos estados emocionales (ansiedad y entusiasmo) pueden desempeñar importantes papeles durante las campañas presidenciales (Marcus y Mackuen, 1993; Ladd y Lenz, 2008,2011). En general, Marcus y Mackuen (1993) aseguran que los electores usan estas emociones como herramientas para procesar abundante información política y tomar decisiones. En otras palabras, estos estados emocionales podrían afectar el grado de aversión al riesgo y, por consiguiente, alterar su efecto en la decisión del voto.7

Nuestro estudio toma en cuenta esta posibilidad cuando se analizan los resultados de nuestro análisis empírico (modelos que sólo toman en cuenta el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto en un momento determinado de la campaña). Debido a la potencial influencia de estas emociones, no deberíamos extrañarnos si el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto no es uniforme durante la campaña. Por ejemplo, de acuerdo con la literatura sobre cómo varía la propensión al riesgo como respuesta a cambios en los estados emocionales, podríamos especular que la aversión al riesgo (y por consiguiente su efecto negativo sobre la posibilidad de voto por un candidato de la oposición) podría aumentar al acercarse el día de las elecciones (2 de julio) por el estrés o la ansiedad8 sobre los resultados que ésta tal vez generará (esto podría verse reflejado en los resultados cuando usamos la tercera encuesta (recolectada entre el 3 y el 18 de junio). Asimismo, la propensión al riesgo podría intensificarse ante una ausencia de entusiasmo9 que caracteriza a las campañas en sus inicios, cuando faltan varios meses para el día de la elección. El análisis de la primera encuesta, que fue recogida varios meses antes (del 19 al 27 de febrero) del día de las elecciones, quizá mostraría el efecto de este estado emocional en la manera en que la propensión al riesgo afecta la probabilidad de votar por algún partido de la oposición.

Desafortunadamente, carecemos de evidencia empírica que nos permita evaluar si la propensión al riesgo en los electores varió por efecto de cambios en los estados emocionales y si el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto también lo hizo por la misma razón. Las encuestas empleadas no incluyen preguntas que midan el estado emocional de los electores respecto al día de la elección y sus resultados,10 por lo tanto, sólo podemos especular o advertir sobre posibles fluctuaciones en el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto durante la campaña como producto de cambios en los estados emocionales de los electores, que han sido reportados en otros estudios.

A continuación presentamos nuestras expectativas sobre cómo la campaña y la evaluación de los electores sobre el desempeño del partido gobernante pueden mitigar de manera potencial el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto. Clasificamos estos factores en las categorías de corto y largo plazos. Aquellos que son determinados estrictamente por la campaña (y durante ésta) se catalogan como de corto plazo. Definimos también que los de largo plazo hacen referencia a consideraciones (tomadas en cuenta por los electores) que no tienen estricta relación con el periodo de la campaña. Además, aunque podrían ser inevitablemente influidos por ésta, estos factores no tienen origen en la campaña y se evalúan sobre la base de la información de la política y la economía de México que excede el periodo de la campaña.

 

Determinantes de corto plazo

Hipótesis 2a (Exposición a la propaganda de campaña y conocimiento sobre la campaña): Mayor exposición a la propaganda de la oposición debería mitigar el grado de aversión al riesgo en la decisión del voto y, como consecuencia, las posibilidades de votar por algún partido de oposición deberían aumentar.11

La mayor información política diseminada durante la campaña contribuyó a aumentar el conocimiento sobre los partidos de oposición. Por ejemplo, Lawson y McCann (2005) y Lawson (2004a) encuentran que las campañas políticas de los candidatos de oposición mejoraron la opinión de los electores sobre Cuauhtemoc Cárdenas (candidato del PRD) e incrementaron las probabilidades de que los electores apoyaran la candidatura de Fox (candidato del PAN). En efecto, la cantidad de información política sobre los candidatos de la oposición diseminada durante la campaña no fue despreciable. La cantidad de información (en TV Azteca) sobre los candidatos de la oposición se incrementó de forma relevante durante la campaña electoral (Lawsony McCann, 2005, p. 10).12

Esta mayor exposición a la propaganda de campaña de los partidos de oposición contribuyó a incrementar la información política sobre las alternativas de la oposición y quizás a atenuar los miedos sobre lo "desconocido". Este posible resultado pudo a su vez haber disminuido el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto.

Hipótesis 2b (Movilización partidaria): La movilización de los representantes de un partido opositor debería ayudar a mitigar el efecto de la aversión al riesgo en la decisión del voto y, por consiguiente, a aumentar las probabilidades de un voto por el candidato del partido opositor.13

La intuición detrás de esta hipótesis considera que los electores tendrán más posibilidades de votar por el candidato del partido de oposición si reciben la visita de los trabajadores de la campaña, que son movilizados por el partido. La lógica es igual que la de la hipótesis anterior: una vez que el elector es contactado por algún activista del PAN, su aversión al riesgo de elegir un candidato que no sea del PRI debería atenuarse con la mayor información recibida sobre las bondades del partido opositor (durante esta visita).14

 

Determinantes de largo plazo

Hipótesis 3a (Imagen del PRI): Las evaluaciones desfavorables de la imagen del PRI deberían ayudar a mitigar los efectos de la aversión al riesgo en la decisión del voto y, por consiguiente, esto puede aumentar las posibilidades de victoria de un partido opositor.15

Sostenemos que esta variable refleja una evaluación relativamente más larga que las anteriores (de corto plazo) y no sólo está ligada a la campaña misma, sino también a una evaluación de los electores sobre el desempeño del PRI, evaluación que se vio fortalecida por la mayor información disponible, gracias a la apertura del sistema político mexicano.

Adicionalmente, durante las décadas de 1980 y 1990, el PRI experimentó una erosión de sus tradicionales mecanismos de movilización, lo que necesariamente modificó los patrones de participación política en México (Lawson y Klesner, 2004). Además, la imagen del PRI sufrió un severo deterioro como resultado de las divisiones dentro de los partidos (Langston, 2006), la emergencia de movimientos sociales que demandaban más derechos políticos, sociales y económicos (Ai Camp, 2007), y una crítica reducción en los recursos para comprar apoyo político (Greene, 2007). La apertura de la prensa, a la que hicimos referencia, contribuyó a incrementar la visibilidad de todos estos factores. Nuestro interés se centra en evaluar si este deterioro en la imagen del PRI como alternativa en las elecciones mitigó la aversión al riesgo, en especial respecto a las alternativas de la oposición.16

Hipótesis 3b (Evaluación del crecimiento económico): Evaluaciones desfavorables del desempeño económico en términos del crecimiento económico deberían aminorar el efecto de la aversión al riesgo en la decisión del voto, por consiguiente, deberían mejorar las posibilidades de victoria de la oposición.17

Al igual que la hipótesis anterior, el desempeño del gobierno podría tener un papel crucial al mitigar el efecto de la aversión al riesgo en la decisión del voto, en especial en un ámbito tan importante como el económico. Si los electores creen que el desempeño del partido en el gobierno no es satisfactorio, podrían percibir que la Íncertidumbre experimentada sobre la oposición no es tan negativa después de todo, ya que el "malo conocido" podría ser aún peor de lo que pensaban. Varios estudios han reportado que las evaluaciones retrospectivas tienen un impacto relevante en la decisión del voto en las nuevas y en las democracias más sólidas (Duch y Stevenson, 2006; Kiewiet, 2000; Ai Camp, 2004). Para el caso mexicano, Magaloni y Poiré (2004) encuentran que los electores usan constantemente las evaluaciones retrospectivas de la economía. En particular, estos autores reportan que los electores menos adversos al riesgo tienen mayores probabilidades de castigar al partido gobernante por el deficiente desempeño de la economía.

Consideramos el crecimiento económico como una variable de largo plazo ya que es un indicador típicamente evaluado y reportado para un periodo de por lo menos un año. Aun cuando algunas veces es reportado para un mes determinado, esta cifra toma en consideración el crecimiento de los últimos 12 meses. Pero esta periodicidad claramente excede la duración de la campaña. Además, también es muy probable que los electores en su evaluación tomen en cuenta las tasas de crecimiento de los últimos años.

 

Datos y metodología

Las encuestas de la elección del año 2000 se obtuvieron del Estudio Panel Mexicano del mismo año. Estos datos se han usado en varios estudios, pero en gran medida en un volumen editado por Domínguez y Lawson (2004), y abren la oportunidad de desarrollar un estudio detallado y profundo de una de las elecciones más importantes de la historia mexicana. Durante el curso de la campaña, la información de cuatro encuestas del panel fue recogida; estas encuestas se levantaron entre el 19 de febrero (después de que Fox fuera oficialmente registrado como el candidato del PAN) y el 16 de julio de 2000 (al finalizar la elección).18 Como ya mencionamos, hemos excluido la cuarta encuesta de nuestro estudio porque su información se recogió despues del día de la elección. Los modelos que presentamos en este estudio —un modelo panel con estimaciones logit19 con random-effects20 y un modelo multinomial— nos permiten examinar el papel de la propensión al riesgo en la decisión del voto durante el curso de la campaña de la elección del año 2000. Asimismo, el uso de ambos modelos sirve como prueba para verificar la fortaleza de nuestros resultados.

Nuestra operacionalización de "propensión negativa al riesgo" nos brinda varias ventajas adicionales sobre aquellas empleadas en estudios previos. Primero, la elección del año 2000 es muy relevante para el estudio de la propensión al riesgo porque fue la primera elección presidencial en la cual un partido opositor fue lo suficientemente competitivo como para desafiar la supremacía del PRI. Realizar el análisis durante una elección presidencial es crucial por el alto perfil que tiene y la atención que origina (lo opuesto sucede con una elección parlamentaria que podría no obtener mucha atención de los medios o del público). Segundo, el empleo de estos datos —únicos— nos permite analizar los cambios en el efecto de la propensión al riesgo sobre las decisiones de voto durante la campaña electoral, dado que tenemos tres encuestas recolectadas durante la campaña de 2000. En consecuencia, nuestra medida captura el efecto de la propensión al riesgo al inicio, a la mitad y al final de la campaña del año 2000, lo cual es consistente con nuestro interés en identificar los efectos de la campaña.

Por lo tanto, presentamos modelos que emplean la información de las primeras tres encuestas en el estudio del panel mexicano para someter a prueba la relevancia explicativa y la significación estadística de la variable propensión al riesgo y de nuestros determinantes de largo y corto plazo. Primero, el uso del modelo panel nos permite analizar de manera más concreta el efecto de la propensión al riesgo sobre la decisión del voto, especialmente si ésta puede variar durante la campaña por efecto de posibles cambios en los estados emocionales de los electores.21 Dada la naturaleza exógena de la variable de propensión al riesgo, creemos más conveniente utilizar una regresión (logit) panel con random-effects. Segundo, con las mismas encuestas, empleamos regresiones multinomiales logit para mostrarla repercusión de la propensión al riesgo en la decisión del voto cuando comparamos las decisiones de voto por el PAN o el PRD con las del PRI (utilizadas como base para las comparaciones). Para evaluar en ambos modelos si las variables de corto o largo plazo mitigaron o no el papel de la propensión al riesgo en la opción de voto, usamos varias interacciones entre la variable "propensión al riesgo" y cada uno de los factores de largo o corto plazo.

Además, en ambos modelos, controlamos por medio de variables políticas, económicas y sociales, comúnmente utilizadas en modelos que explican la decisión del voto en México: conocimiento político, edad, percepción acerca de la capacidad de los candidatos para resolver los problemas de criminalidad, identificación partidaria con el PRI, si el elector vive en una zona urbana (comparada con el área rural) y si el elector vive en un estado que haya sido previamente gobernado por cualquier otro partido de oposición diferente del PRI.22 Finalmente, reportamos las probabilidades esperadas de votar por cada una de las tres alternativas —PAN, PRI y PRD, dadas las variaciones en las dos variables (empíricamente) relevantes de nuestro estudio: propensión al riesgo e imagen del PRI.

 

Resultados

En el cuadro 1 presentamos tres distintas especificaciones del modelo panel. Como se esperaba, la variable propensión al riesgo es consistentemente relevante (estadísticamente significativa) en todas las especificaciones, lo cual implica que, en promedio, los electores que fueron más adversos al riesgo tuvieron menos probabilidad de votar por Fox como presidente. Como se mencionó, Magaloni (2006) argumenta que buena parte de las masas mexicanas se sentía más cómoda con evitar el cambio, lo cual implicaba la permanencia del PRI en el poder.

Todas las interacciones entre la variable propensión al riesgo y los determinantes de corto y largo plazo resultaron estadísticamente no significativas. De esta manera, nuestros resultados no pueden confirmarla validez de la hipótesis 3a: una imagen desfavorable del PRI no aminoró los efectos de la propensión al riesgo en la decisión del voto. Como muestra el cuadro 1, la interacción entre la variable propensión al riesgo y la imagen del PRI no es estadísticamente significativa (véase la especificación 2). Del mismo modo, no encontramos evidencia para apoyar la hipótesis 3b. En general, las preocupaciones acerca del crecimiento económico parecieron no alterar el efecto de la propensión al riesgo al decidir por quién votar (véase la especificación 2). Además, al poner a prueba las hipótesis 2a y 2b, los resultados sobre las interacciones entre la variable propensión al riesgo y las variables de corto plazo asociadas con la campaña (exposición a la publicidad y contactos de campaña) no muestran evidencia de que estos factores puedan aminorar el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto (véase la especificación 3).23

Estos resultados sugieren que ningún factor político pudo efectivamente mitigar los efectos de propensión al riesgo en la decisión del voto (tales como los de publicidad, actividades de campaña, imagen del partido gobernante, identificación partidaria con el PRI y preocupaciones acerca del desempeño económico). En decir, no existe una relación sistemática entre tales interacciones y la opción de voto.24 Estos factores no impidieron que la propensión al riesgo tuviera un impacto relevante en la opción de voto (el coeficiente fue estadísticamente significativo en todas las especificaciones del modelo panel). Además, estos resultados sugieren que la propensión al riesgo desempeñó un papel determinante en la elección mexicana de 2000. Los resultados revelan que nuestra medida de propensión de riesgo parece reflejar una estructura de preferencias exógena y estable en los electores. De esta manera, las preferencias de los electores sobre la propensión al riesgo permanecen independientes de otras consideraciones.

El cuadro 2 muestra los resultados de tres regresiones logísticas multinomiales (una para cada encuesta). Los modelos establecen al PRI como la categoría base (y por lo tanto las estadísticas muestran las diferencias respecto a los electores del PRI). Los resultados de estos modelos ofrecen apoyo adicional a nuestros resultados del modelo panel del cuadro 1. Primero, las estimaciones muestran que un incremento en la propensión al riesgo (mayor aversión) reduce la probabilidad de votar por Fox o Cárdenas (respecto a Labastida).

Sin embargo, este efecto negativo no presenta un comportamiento uniforme a lo largo de toda la campaña. Aunque estos coeficientes muestran un impacto negativo en todas las encuestas, son estadísticamente significativos sólo en la primera y en la tercera encuestas, y los resultados fueron ciertamente menos negativos en la segunda encuesta respecto a las otras dos. Esta evidencia nos lleva a preguntarnos qué podría explicar estas fluctuaciones. Tal como mostramos en el cuadro 1, ningún factor político "exógeno" (de largo o de corto plazo) pudo mitigar o alterar el efecto de la propensión al riesgo en la decisión de voto. Esto nos deja como candidatos a posibles factores "endógenos" relacionados con el comportamiento de la propensión al riesgo, tales como angustia o ansiedad (por ejemplo, preocupaciones acerca de la violencia a pocos días de la elección) posiblemente reflejados en la tercera encuesta, o la ausencia de entusiasmo respecto a la elección, posiblemente reflejado en la primera encuesta. Como se argumentó, sólo podemos especular y ofrecer una explicación tentativa, por eso es necesario realizar una investigación más profunda, para entender sistemáticamente cómo estos factores operan sobre el grado de aversión al riesgo.

Segundo, encontramos que el efecto de la propensión al riesgo al desalentar el voto por un partido de oposición se fortalece cuando los electores consideran votar por el partido opositor con relativamente más oportunidades de derrotar al partido gobernante (en este caso, el PAN). Dado que el PAN era percibido como la alternativa con más posibilidades de derrotar al PRI, la propensión al riesgo tuvo más influencia en estos electores que en los electores del PRD, quienes eran también mayormente dirigidos por otras consideraciones, como lealtad (identificación) o participación política (medida como conocimiento).25

Finalmente, tomando en cuenta las variaciones en el grado de propensión al riesgo y la imagen del PRI, el cuadro 3 presenta las probabilidades esperadas de voto para cada una de las tres alternativas —PAN, PRI y PRD—. Claramente, un mayor grado de propensión al riesgo o una evaluación más favorable de la imagen del PRI incrementa la probabilidad de voto para el mismo y reduce las posibilidades del PAN y del PRD en las tres encuestas sobre el estudio del panel mexicano.

 

Conclusiones

De acuerdo con estudios previos, esta nota encuentra que la propensión al riesgo tuvo un papel prominente en la elección presidencial mexicana del año 2000. En este estudio contribuimos a profundizar el estado de las investigaciones al encontrar que ni los efectos producidos por los determinantes de corto plazo (conocimiento acerca de la campaña y exposición a las campañas de Fox y del PAN) ni los efectos producidos por determinantes de largo plazo (imagen del PRI y preocupaciones respecto a la economía) mitigaron el efecto negativo de la propensión al riesgo a votar por algún candidato de la oposición. Este hallazgo sugiere la presencia de una posible fuerza inercial en el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto. Esta inercia puede existir especialmente en aquellas democracias que están transitando hacia un sistema político más abierto y que fueron gobernadas por un único partido durante varias décadas. Asimismo, esto podría ocurrir en democracias con alta volatilidad electoral y con sistemas de partidos en crisis o en colapso en las que los electores tienen poca o ninguna información sobre las anteriores experiencias de gobierno entre las alternativas existentes de la oposición. Se requiere mayor investigación a fin de evaluar esta posible naturaleza inercial de la propensión al riesgo y su efecto en la competitividad electoral de estas democracias.

En consecuencia, debido a la presencia del factor "aversión al riesgo" en el electorado mexicano, como impedimento significativo para la selección por parte de los electores de un candidato opositor, podemos inferir que el efecto de la propensión al riesgo podría hacer más lentas las transiciones a la democracia y, en general, podría reducir la competitividad electoral en aquellas democracias en las que no existe experiencia de gobierno previa de los partidos de oposición. Además, la potencial emergencia de partidos opositores también podría volverse menos probable. Dado que nuestros resultados indican que el efecto de la propensión al riesgo en las opciones de voto permanece independiente de factores de largo plazo, especulamos que este impacto es por lo menos constante mientras no haya rotación en el poder (y tal vez sigue una tendencia incremental en tanto el partido gobernante aumente su número de años en el poder). Para posteriores investigaciones sobre este impacto, sugerimos usar datos recogidos en otros países que hayan sido gobernados por el mismo partido durante varios años o décadas.

Con esta lógica, el efecto de la propensión al riesgo podría hacer que la rotación de líderes en el poder sea difícil, especialmente cuando un presidente ha estado en el poder durante largos periodos. Esta conclusión nos ofrece una advertencia sobre las consecuencias negativas para la futura competitividad electoral en aquellos países donde se han modificado reglas constitucionales para legalizar las reelecciones indefinidas o para extender el número de periodos que estos presidentes pueden ser reelegidos. Para citar algunos ejemplos en América Latina, líderes como Hugo Chávez de Venezuela, Evo Morales de Bolivia y Rafael Correa de Ecuador ya han alterado las constituciones de sus países para permitir este tipo de reelección.

Mientras mostramos en este estudio que el impacto de la propensión al riesgo en la decisión del voto se convierte en relevante, determinante y posiblemente inercial para una elección luego de varios años de un partido hegemónico en el poder, la tarea de determinar cuánto y por qué este impacto puede cambiar a lo largo del tiempo aún permanece sin respuesta. Este análisis nos podrá ofrecer una idea de por lo menos una parte de los costos (traducidos en pérdida de competitividad electoral) que los gobernantes originan en los ciudadanos cuando se rehúsan a dejar el poder o cuando los sistemas políticos no son capaces de prevenir la ausencia de alternancia en el poder.

Finalmente, este artículo sugiere que los electores mexicanos son sofisticados, influenciables por sus identificaciones partidarias y poco susceptibles a los efectos de campaña de corto plazo. Esta sofisticación de los electores se manifestó en sus respuestas, que pusieron en evidencia que tomaron en consideración, en las decisiones de voto, el desempeño del PRI como partido gobernante y su identificación con éste, sugiriendo fuertes vínculos partidarios, incluso durante una elección con una agresiva campaña desplegada por la oposición (Domínguez y McCann, 1996; Klesner, 2007b). Los resultados sugieren que, en general, el deterioro en la imagen del PRI ayudó a los partidos de oposición a atraer más votos para ganar la elección del año 2000.

 

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NOTAS

Nos gustaría agradecer a Isabella Alcafiiz, Eduardo Alemán, Ernesto Calvo, Verónica Caro, Jerónimo Cortina, James McCann, Rodrigo Núfiez, Ifiaki Sagarzazu y a los dictaminadores anónimos por sus sugerencias y comentarios sobre las versiones anteriores de este ensayo.

1 La propensión al riesgo refleja el grado en que un individuo está dispuesto a arriesgar respecto al riesgo de pérdida. Por ejemplo, Sitkin y Pablo (1992, p. 12) definen propensión al riesgo como la "tendencia de alguien que decide entre tomar o evitar riesgos". De igual manera, Nicholson et al. (2005) conceptualizan propensión al riesgo como la "frecuencia con la cual los individuos toman o no toman distintos riesgos" (p. 6). En este estudio, evaluamos los efectos de la propensión al riesgo en las decisiones de voto en el ámbito político.

2 Participantes en el Estudio Panel Mexicano (en orden alfabético): Miguel Basáfiez, Roderic Camp, Wayne Cornelius, Jorge Domínguez, Federico Estévez, Joseph Klesner, Chappell Lawson (investigador principal), Beatriz Magaloni, James McCann, Alejandro Moreno, Pablo Paras y Alejandro Poiré. Los recursos para el estudio fueron financiados por The National Science Foundation (SES-9905703) y el diario Reforma. Este estudio consta de cinco encuestas recolectadas durante el transcurso de la campaña electoral y poco después del día de la elección (tres encuestas recolectadas durante la campaña y dos posteriores al día de la elección). El estudio híbrido provee observaciones recolectadas de individuos que se repiten a lo largo de las encuestas y ofrece observaciones de individuos que no fueron encuestados posteriormente. Mientras el número de individuos que fueron entrevistados en varias ocasiones llega a 377, el total de entrevistas de los individuos que no fueron entrevistados nuevamente llega a alrededor de 7 000 en todas las encuestas del estudio.

3 El análisis de estos factores no es el objetivo de este estudio.

4 Estudios previos evalúan el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto con una encuesta realizada después del día de la elección (Morgenstern y Zechmesiter, 2001, p. 94). Nosotros descartamos de nuestro análisis empírico las encuestas postelectorales (deliberadamente excluimos la cuarta encuesta debido a que se aplicó después de la elección). Nos parece plausible que el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto pudiera alterarse (mitigando la aversión al riesgo) después de que una elección se lleva a cabo, debido a que por lo menos ya existen indicios importantes sobre el resultado final de la elección. Estas encuestas (posteriores al día de la elección o encuestas de salida) pueden subestimar el peso de una potencial inestabilidad que podría estar presente en la mente de los electores. Además, ocurrieron diversos cambios de opinión respecto al presidente (como actor central) después de la elección del año 2000 (McCann y Lawson, 2003), lo cual implica que, si las opiniones sobre el presidente condicionan opiniones sobre el gobierno o sobre las políticas, las encuestas posteriores a una elección pueden también subestimar o sobreestimar el papel del partidismo o el efecto de la propensión al riesgo de los electores.

5 Morgenstern y Zechmeister (2001) también utilizan esta pregunta en el estudio de las elecciones legislativas de 1997.

6 En general, la idea de que la propensión al riesgo puede fluctuar ha estado presente en la literatura durante varias décadas. En un estudio pionero, Kahneman y Tversky (1979, 1984) concluyen que el contexto al que está sujeto un individuo puede influir de manera importante en la propensión al riesgo teniendo como resultado el hecho de que algunos individuos experimentan mayor aversión al riesgo cada vez que pueden incrementar sus ganancias, y menor aversión cada vez que confrontan potenciales pérdidas.

7 Mientras existe consenso en que estos estados emocionales influyen en la propensión al riesgo y la decisión del voto durante campañas electorales, subsiste el debate sobre cómo lo hacen.

8 La ansiedad y el estrés llevan a mayor aversión al riesgo cada vez que los individuos realizan un esfuerzo por descubrir quién o qué podría dañarlos y cómo podrían detener esta potencial amenaza (Lerner y Keltner, 2000 y 2001; Lerner et al., 2004). Maner et al., (2007) corroboran empíricamente que la ansiedad lleva a los individuos a optar por comportamientos más adversos al riesgo.

9 De acuerdo con la literatura, la ausencia de entusiasmo desanima la atención a estímulos externos y a la búsqueda de información (Brader, 2006; Druckman y McDermott, 2008). Como consecuencia, este desánimo por más información deprime la confianza e incrementa la incertidumbre (Druckman y McDermott, 2008).

10 La inclusión de preguntas que indagan sobre los estados emocionales podrían brindar el material necesario para evaluar con más detalle el comportamiento de la propensión al riesgo y su efecto en la decisión del voto.

11 Usamos la siguiente pregunta para medir el grado de exposición a la campaña: "¿En las últimas semanas, usted ha recibido propaganda o cartas de los partidos políticos o candidatos presidenciales en su casa? ¿De quién?" Codificamos con 1 si respondió afirmativamente y con 0 si la respuesta fue negativa. Luego, para medir el nivel de conocimiento de la campaña utilizamos la siguiente pregunta: "Le voy a leer algunas frases de campaña; para cada una dígame por favor qué personaje es el que dice esta frase" (la pregunta incluye las frases de campaña usadas por los candidatos). Codificamos con 1 si el encuestado acertó en identificar la frase de Fox y con 0 si no acertó.

12 Un largo proceso de reformas electorales en México, especialmente las de la década de 1990, facilitó elecciones más libres y campañas más competitivas en México. En efecto, luego de las elecciones de 1988, el PRI no sólo perdió legitimidad, sino también los escaños legislativos necesarios para aprobar enmiendas constitucionales. Estas reformas establecieron un Instituto Federal Electoral independiente (Klesner, 1997; Domínguez, 1999; Ai Camp, 2007), una distribución más equitativa de los recursos públicos para financiar a los partidos políticos mexicanos (Domínguez, 1999; Ai Camp, 2007), y mayor acceso a la prensa por parte de los partidos políticos (Domínguez, 1999). Así, a diferencia de elecciones presidenciales previas, estas reformas contribuyeron de manera significativa a lograr reglas más justas para los partidos, mismos que pudieron competir con mayor eficacia al brindar mayor información a sus electores sobre sus preferencias y planes de gobierno. En otras palabras, esta apertura política permitió que la competitividad electoral experimentara una sensible mejoría, a tal punto que uno de los partidos de la oposición logró ganar la presidencia.

Respecto a la apertura de la prensa durante los años noventa, fue un factor que permitió mayor fluidez de información política a los electores mexicanos. Específicamente, cambios en la prensa escrita y en la televisada propiciaron que llegara más información sobre las propuestas de los candidatos de la oposición a los electores, lo cual podría haber disminuido la aversión al riesgo de los electores en relación con los candidatos de la oposición. En relación con la prensa escrita, Levy y Bruhn (2006, p. 120) reconocen que los reportes de la prensa (en Reforma y Proceso), como en otras nuevas democracias en América Latina, empezaron a prestar atención a los aspectos antidemocráticos del sistema político, tales como la corrupción. En cuanto a la televisión, Televisa perdió el monopolio de las comunicaciones televisadas como consecuencia de la privatización de canales públicos de televisión. Por primera vez en dos décadas, Televisa enfrentaba cierta competencia, que provenía de la nueva TV Azteca (Lawson, 2002).

Ambas aperturas, tanto en la prensa escrita como en la televisada, permitieron que los noticieros y programas gradualmente empezaran a cubrir noticias referidas al tráfico de drogas, corrupción en el gobierno y posibles fraudes electorales. Así, una cobertura más balanceada de las noticias políticas y económicas pudieron progresivamente revelar las fallas y debilidades del PRI, y esto permitió a los partidos de la oposición competir con éste en condiciones más equitativas (Lawson, 2002).

13 Esta hipótesis se evaluó por medio de la siguiente pregunta: "¿En las últimas semanas, a usted lo ha visitado un representante de algún partido político?" Si el encuestado responde afirmativamente, la respuesta es codificada con el valor de 1. Si la respuesta es negativa, se codifica con 0.

14 Como prueba de la efectividad de estas visitas, cuando Cornelius (2004, p. 56) evalúa el efecto de la movilización para la selección del candidato en la elección presidencial de 2000, encuentra que cuando los representantes del PAN visitaron a los electores, las probabilidades de que éstos votaran por Fox fueron de 73 por ciento, mientras que sólo 46 por ciento de aquellos que recibieron visitas de representantes del PRI estaban dispuestos a votar por Labastida. Otros estudios también han encontrado que los contactos de los partidos a través de sus representantes son efectivos para mejorar los resultados electorales. Por ejemplo, Rosenstone y Hansen (1993) y Ñuño (2007) encuentran que estas visitas también han sido efectivas para el caso de las elecciones en Estados Unidos.

15 Para evaluar la imagen del PRI, utilizamos la siguiente pregunta del Estudio Panel Mexicano de 2000: "¿Cuál es su opinión acerca del pri?" Las respuestas son codificadas con base en una escala de 0 a 10, siendo 0 la evaluación más negativa y 10 la más positiva.

16 En caso de que el lector no se sienta persuadido para considerar la imagen del PRI como una determinante relativa de efecto a largo plazo, evaluamos si el efecto de esta variable sobre la decisión del voto varió durante la campaña. Con el uso de los modelos multinomiales, verificamos que su efecto (mejor imagen del PRI lleva a menor probabilidad de voto por los partidos de la oposición) es fuerte y consistente durante toda la campaña (cuadro 2). Esto sugiere que su grado de sensibilidad a eventos de la campaña es muy baja o inexistente. La relevancia de la evaluación sobre el desempeño del PRI en el gobierno para predecir el voto también se ha confirmado en otros estudios que ven a este factor como relativamente más determinista y no estrictamente relacionado con las campañas (Domínguez y McCann, 1995; Paolino, 2005; Ponce et al., 2009). En estos estudios la evaluación del PRI es crucial (se mide a partir de su fortaleza, desempeño o imagen) a tal punto que los electores la utilizan como primer paso para decidir su voto (antes de elegir a algún candidato de la oposición en caso desechar la alternativa priísta).

17 La pregunta que empleamos para evaluar la validez de esta hipótesis es la siguiente: "De los aspectos que hay en esta lista, ¿cuáles considera que son los tres más importantes que debe atender el nuevo presidente de la república?" El crecimiento económico, indicador típicamente asociado en la literatura económica con el largo plazo, fue una de las tres opciones para los encuestados. Con esta pregunta, los encuestados pudieron realizar una evaluación de la importancia relativa de la falta de crecimiento económico. Codificamos las respuestas con 1 si los encuestados seleccionaron la alternativa sobre la preocupación por el crecimiento económico y con 0 si ésta no fue seleccionada.

18 Las fechas de las encuestas son las siguientes: del 19 al 27 de febrero, primera encuesta; del 28 de abril al 7 de mayo, segunda encuesta, y del 3 al 18 de junio, tercera encuesta. Los datos están públicamente archivados en la base de datos de ICPSR o disponibles en línea desde el sitio web de Chappel Lawson.

19 Si los mismos individuos en muestras de corte transversal son encuestados dos o más veces, las observaciones resultantes se denominan "datos de una estructura panel". Las estructuras panel están específicamente diseñadas para tomar en consideración estas dos dimensiones (corte transversal y serie de tiempo) en las regresiones (Wooldridge, 2001 y 2003).

20 El uso de random-effects resulta el más apropiado cuando las variables de interés —en este caso, propensión de riesgo— son constantes o no varían a lo largo del tiempo para cada individuo (Dougherty, 2006).

21 Este modelo ofrece varias ventajas empíricas adicionales. A diferencia de una típica regresión de corte transversal, que evalúa el poder explicativo de ciertas variables en un determinado momento, una regresión de un modelo panel permite realizar estimaciones para un periodo más largo —en nuestro caso, la duración de la campaña electoral; esto permite ofrecer resultados más confiables y concretos dada la mayor cantidad de información (datos) en el modelo—. La regresión logit del modelo panel también minimiza problemas, tales como multicolinealidad y datos faltantes (Wooldridge, 2001). Finalmente, excluimos todos los ciudadanos entrevistados que no participaron en las tres primeras encuestas. Esto eliminó una considerable (la mayor parte) cantidad de datos faltantes (alrededor de 95 por ciento del total de datos faltantes: desde 2 400 personas que inicialmente contestaron las encuestas a 377) y aquellos que votaron por el PRD para una correcta interpretación de los coeficientes.

22 La pregunta que se usó para construir la variable independiente "conocimiento político" es la siguiente: "¿Me podría decir cuántos miembros hay en la Cámara de Diputados o en este momento no recuerda?" Las respuestas están codificadas como sigue: 1 si la respuesta fue correcta; 0 si fue incorrecta. Para construir la variable "identificación partidaria" se usó la siguiente pregunta: "¿Generalmente usted se considera priísta, panista o perredista?" Las respuestas están codificadas de la siguiente forma: 1 si priísta; 0 en otro caso. La pregunta para medir las percepciones sobre las capacidades para combatir el crimen fue: "de los aspectos que hay en esta lista, ¿cuáles considera que son los tres más importantes que debe atender el nuevo presidente de la república?" Percepción acerca del crimen fue una de las opciones para los encuestados. En consecuencia, esta pregunta evalúa la importancia relativa de este tema frente a otras preocupaciones de los electores mexicanos. Estas respuestas están codificadas de la siguiente forma: 1 si escogió la alternativa como el problema más relevante, 0 si no lo hizo.

23 También realizamos estimaciones considerando otras variables de campaña (propaganda política), pero los resultados fueron similares. Estos factores no pudieron mitigar el efecto de la propensión al riesgo en la decisión del voto. Por ejemplo, ni la identificación acerca de la propaganda por televisión ni las frases de campaña de los candidatos durante la campaña revelaron resultados estadísticamente significativos. Debido a la ausencia de datos (otros posibles efectos de campaña), o la presencia de la misma pregunta en todas las encuestas de la estructura panel, pudimos poner a prueba solamente la repercusión de los efectos de campaña en la opción de voto para aquellas variables mencionadas en este estudio. Debido a estas limitaciones, no descartamos completamente la potencial significancia estadística de otros efectos de campaña no considerados es este estudio.

24 También verificamos si las interacciones con otras variables incluidas en nuestro modelo (variables de control) fueron alterando el efecto de la propensión al riesgo en la intención de voto. En ningún caso fueron estadísticamente significativas.

25 También pusimos a prueba si la ideología influía en las decisiones de los electores. Esta variable no fue relevante en nuestros modelos y decidimos excluirla, dado que el número de observaciones que perdíamos era considerable.

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