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Espiral (Guadalajara)

versión impresa ISSN 1665-0565

Espiral (Guadalaj.) vol.32 no.93 Guadalajara may./ago. 2025  Epub 19-Ene-2026

https://doi.org/10.32870/eees.v32i93.7445 

Estado

Tiempos de polarización. Una estrategia de defensa y ataque de la 4T

Times of polarization. A strategy of defense and attack by the 4T

*Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad Iberoamericana de México e investigador posdoctoral por la Universidad de California, San Diego. Profesor-investigador en el Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social. Investigador nacional emérito. Trabaja sobre problemáticas de democracia, elecciones, cultura política, globalización. México. Correo electrónico: aziz@ciesas.edu.mx


Resumen:

La hipótesis que queremos explorar es la siguiente: a pesar de que la personalidad del presidente de la República es un factor importante para entender sus filias y fobias, las razones de fondo están en la relación entre promesas y resultados, cuya brecha ha crecido, lo cual profundiza la estrategia de polarización y se encuentra en los resultados que se observan en la parte final del sexenio, cuando falta poco para concluir el gobierno. Para eso hacemos una tomografía del país, con algunos cortes en profundidad para ver qué ha pasado entre ofertas iniciales de gobierno y resultados; establecemos una ubicación de temporalidad en donde planteamos preguntas sobre esta dimensión; analizamos tres casos en donde consideramos que ha salido mal la estrategia gubernamental; ejemplificamos dos aspectos de la polarización, uno es en el dilema entre distribución y reconocimiento y el otro es las fallas del Estado para combatir la violencia en contra de la prensa.

Palabras clave: polarización; presidencialismo; futuro; democracia

Abstract:

The hypothesis we wish to explore is the following: although the personality of the President of the Republic is an important factor in understanding his likes and dislikes, the underlying reasons lie in the relationship between promises and results, the gap between which has widened. This deepens the polarization strategy and is reflected in the results observed in the final part of the six-year term, as the government draws near the end of its term. To this end, we take a tomography of the country, with some in-depth cuts to see what has happened between the government's initial promises and results. We establish a temporal location where we pose questions about this dimension. We analyze three cases where we believe the government's strategy has gone wrong. We exemplify two aspects of polarization: one is the dilemma between distribution and recognition, and the other is the state's failures to combat violence against the press.

Keywords: polarization; presidentialism; future; democracy

Introducción

México está hoy muy lejos de aquella frase que se atribuye a Voltaire: “Podré no estar de acuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. En este momento se ha invertido completamente y lo que dice el actual Gobierno (Morena y Andrés Manuel López Obrador, AMLO y Mario Delgado) es: “estoy en desacuerdo con lo que dices porque eres un traidor a la patria y voy a meterte a la cárcel por haber votado en contra de mi proyecto de reforma eléctrica”.

De la máxima tolerancia al grado cero de aceptar las diferencias, a eso ha llegado la 4T. Se trata de una campaña y de una narrativa que se acumula a una larga lista en la estrategia de polarización en la que estamos metidos como país. Sin embargo, todavía hay alguna esperanza, no de que cambie el discurso mañanero del presidente, sino de que la gente a la que dice servir el presidente, el pueblo soberano que manda, pone y quita gobernantes, diga no a la polarización. En una encuesta reciente se pregunta si está de acuerdo o en desacuerdo en llamar “traidores a la patria” a quienes están en contra de las propuestas del presidente y la respuesta es contundente: un 60% está en desacuerdo y sólo 33% está de acuerdo. En otra parte se pregunta, “¿quién es el principal responsable de que no se haya aprobado la reforma eléctrica?” y las respuestas apuntan hacia Morena con un 31%, López Obrador con 19% y ambos por igual un 21%. En la misma medición se ve que mientras el aeropuerto Felipe Ángeles fue un gran triunfo de AMLO con 57%, la no aprobación de la reforma eléctrica fue un gran fracaso para 71% (El Financiero, 27 de abril 2022).

En uno de sus últimos libros, Amin Maalouf, El naufragio de las civilizaciones, hace una comparación interesante que viene bien a nuestro caso y al mundo de polarización que se experimenta cada vez más como el clima político dominante en el mundo. Ejemplifica con dos personajes la diferencia de un liderazgo incluyente y otro excluyente. Dice el autor que:

[…] la hostilidad y la desconfianza son comprensibles al concluir una lucha extenuante. Pero un gran dirigente tiene la obligación de ser a un tiempo visionario y pragmático; debe saber elevarse por encima de los resentimientos epidérmicos para explicar a sus compañeros de lucha y al conjunto de sus compatriotas que las prioridades han cambiado y que algunos feroces enemigos de ayer se han convertido […] en valiosos asociados (pp. 49 y 50).

Nasser en Egipto y el mundo árabe, hizo un proyecto nacionalista y excluyente, que terminó en una grave derrota con la guerra de los seis días; en cambio Mandela en Sudáfrica, 40 años después, logró construir la “nación arcoíris” para salir del régimen racista del apartheid. Logró una hazaña histórica que le permitió a su país una transición pacífica de régimen. AMLO no necesariamente está cerca de Nasser, pero ciertamente está muy lejos de Mandela.

Hipótesis de trabajo

En una conferencia que dio Steven Levitsky en El Colegio de México en noviembre de 2019, para presentar su libro Cómo mueren las democracias, hizo un análisis muy útil para entender por qué y cómo se había generado la polarización en Estados Unidos. Aquí en México se habla mucho de que estamos muy polarizados, una situación que se siente de forma cotidiana y familiar, entre amigos, en el trabajo y en la escuela. Sin embargo, no hay muchas explicaciones de fondo, por eso es necesario pasar de los humores y las personalidades de los actores políticos, a las razones profundas que nos tienen en esta situación.

Levitsky, un politólogo que se puede ubicar en el paradigma institucional, les da mucha importancia a las reglas del juego, pero también reconoce la importancia de los valores y las reglas informales que apuntan directamente hacia el paradigma de la cultura política. En Estados Unidos hay una democracia fuerte, con instituciones robustas, reglas, contrapesos y una cultura política democrática con más de dos siglos de historia. Por el contrario, en México tenemos una democracia mucho más reciente, con reglas en permanente cambio y una cultura política democrática con poca densidad, débil. Para este autor, una democracia necesita de dos reglas importantes: una es la tolerancia para aceptar al adversario y otra es la autocontención, como el compromiso de no usar la letra de la ley para violar el espíritu de la ley. Dos reglas informales que se han venido trastocando en las últimas décadas y, al mismo tiempo, han surgido el odio y el miedo que consideran al adversario como un “peligro para el país”.

Recordemos la campaña electoral de 2006, en donde el pan tuvo como lema para referirse a AMLO que era un “peligro para México”. A partir del inicio de este gobierno ha crecido mucho la polarización, una situación que ya existía de tiempo atrás por razones estructurales. El triunfo de AMLO en 2018 resultó de una crisis del sistema partidista, del establishment, que dominó el escenario político y electoral durante 30 años (entre 1988 y 2018) y abrió muchas expectativas de cambio.

¿De dónde venimos? En México las reglas de convivencia democrática se han lastimado y han cambiado de forma importante las identidades políticas. Dejamos atrás el partido hegemónico y dominante; pasamos por un periodo de gobiernos divididos; creció de forma exponencial la violencia y el crimen organizado; nos convertimos en un país muy peligroso para las mujeres (los feminicidios), para los periodistas, donde se acumulan decenas de asesinatos impunes que resultan intolerables para cualquier democracia; creció la pobreza y la desigualdad; se impuso un modelo económico exportador de inserción internacional dependiente; los salarios se fueron al suelo; el campo se abandonó y se poblaron múltiples cinturones de miseria urbana; el sistema de justicia, que nunca fue muy eficiente, ha llegado a niveles de impunidad inaguantables; la corrupción, que siempre ha existido, incrementó sus magnitudes y su cinismo. Al mismo tiempo, tuvimos una transición democrática, una ampliación de las libertades de expresión y manifestación. Se generó una democracia liberal, pero no hubo repercusiones para la impartición de una mejor justicia, ni para tener un nivel de vida más digno para las grandes mayorías que quedaron instaladas en empleos informales y precarios. Como colofón de este conjunto incompleto, se generó un sistema partidocrático alimentado por pactos de impunidad y alternancias que no lograban cumplir las muchas promesas de sus campañas electorales. Esa dinámica funcionó hasta que llegó AMLO y generó un importante realineamiento político.

Estos años de la 4T han acentuado la polarización. La influyente narrativa presidencial marca los temas y modula una conversación pública que se llena de mensajes de confrontación. Es amplia la lista de los blancos a los que AMLO fustiga en sus mañaneras: periodistas, académicos, intelectuales, clases medias, feministas, ambientalistas, asociaciones civiles, organismos autónomos, algunas empresas españolas, y algunos gobiernos como el de Panamá y España.

Este panorama nos lleva a establecer que polarización y división de opiniones no es lo mismo, tampoco las ubicaciones polarizadas son una cuestión de proporciones y porcentajes. Se puede establecer, de acuerdo con Alejandro Moreno, que se dedica a medir la opinión pública, ha destacado cómo han avanzado las posiciones extremas, sobre todo en relación con la identidad partidista y las posturas frente a la 4T.1

A medida que avanza el sexenio de AMLO se complica el escenario para ver un conjunto de resultados que respalden las promesas y ofertas iniciales del programa de gobierno. Ante esta situación algunos plantean que el presidente podría tener tres alternativas: paralizarse, radicalizarse o cambiar (Rubio, 2021: 148). El liderazgo de López Obrador ha tenido como característica importante a lo largo de los años estar echado para adelante, por eso no considero que haya posibilidad de detenerse, paralizarse o desaparecer de la escena pública, por el contrario, se trata de un liderazgo presente de forma cotidiana que marca la agenda pública diariamente. Tampoco se le ha visto que incorpore a su discurso planteamientos en los que reconozca que hay equivocación, que las condiciones se han modificado y que emprenderá un cambio o un ajuste en su estrategia. Incluso ni con la pandemia hizo un planteamiento de cambiar, al contrario, llegó a decir que le “venía como anillo al dedo”, es decir, que reforzaría su planteamiento y así lo hizo.

Lo que si puede venir es una radicalización cuyo eje sería acentuar una estrategia de polarización. Esta última es la vía más probable. Una prueba de ello vino en la conferencia mañanera del 29 de marzo de 2023, cuando AMLO dijo: “Ya no hay justo medio, esta ancheta es muy angosta; con el pueblo y la transformación o con la oligarquía, con los clasistas, racistas y corruptos”.

La hipótesis que queremos explorar es la siguiente: a pesar de que la personalidad del presidente de la República es un factor importante para entender sus filias y fobias, las razones de fondo están en la relación entre promesas y resultados, cuya brecha ha crecido, lo cual profundiza la estrategia de polarización y se encuentra en los resultados que se observan en la parte final del sexenio, cuando falta poco para concluir el gobierno.

Vamos a desarrollar las siguientes partes: una tomografía del país, en donde se hacen algunos cortes en profundidad para ver qué ha pasado entre ofertas iniciales de gobierno y resultados; en la siguiente parte establecemos una ubicación de temporalidad en donde planteamos preguntas sobre esta dimensión, más adelante analizamos tres casos en donde consideramos que ha salido mal la estrategia gubernamental; en la siguiente parte nos dedicamos a ver dos aspectos en donde la polarización ha tenido buenas oportunidades, uno es en el dilema entre distribución y reconocimiento y el otro las fallas del Estado para combatir la violencia en contra de la prensa. Terminamos con algunas reflexiones finales.

Tomografía del país

Nos referimos de forma específica a las siguientes problemáticas que nos muestran una tomografía de algunos ejes del gobierno y sus resultados:

Lo que ha pasado con el plan de seguridad pública y los resultados en materia de homicidios dolosos, desapariciones, feminicidios, controles territoriales del crimen organizado, violencia en la vida política, captura pública y violaciones a los derechos humanos por parte de las fuerzas del orden. Situación que se encuentra lejana de la oferta de serenar y pacificar al país. Siguen los asesinatos de periodistas y defensores de derechos humanos; el caso de Ayotzinapa sigue sin resolverse, y en general, el panorama del país para el periodismo resulta grave y preocupante, pues en las mediciones internacionales México aparece como un país que no está en guerra, pero tiene niveles similares de violencia contra periodistas, como si lo estuviera.

Lo que ha pasado con el sistema de salud antes, durante la pandemia y en estos momentos, en los cuales se han enfrentado contingencias y crisis, y al mismo tiempo se han implementado cambios institucionales y programas para enfrentar los problemas que tenía el sistema dual de salud que existía anteriormente. Estamos muy lejos de las promesas de un sistema de salud con acceso masivo, gratuito y de calidad, no sólo por la pandemia de covid-19, que agravó y retrasó el cambio ofrecido, sino por las dificultades de un cambio que se hizo sin planeación y conocimiento, que trajo graves consecuencias, como en el caso del desabasto de medicamentos. Uno de los estragos más fuertes de la pandemia se puede ver en el reporte de Coneval, que mostró un crecimiento de la pobreza laboral, es decir, de la población cuyo ingreso es inferior al valor de la canasta alimentaria. Las cifras muestran que entre el primer trimestre de 2020 y el primero de 2021, la pobreza aumentó en 3.8%, y pasó de 35.6 a 39.4%, y en el medio urbano subió un punto más a 4.7% (https://www.coneval.org.mx/Paginas/principal.aspx). Otro estudio de la UNAM señala que el 94% de los fallecimientos por covid-19 fueron de personas que no pudieron quedarse en casa y necesitaron salir a trabajar, lo cual cuestiona la falta de apoyos del Gobierno a estos sectores (El Universal, 23/05/2021). Paradójicamente, Brasil, con el bono de emergencia por covid, en donde invirtió 8% de su PIB, logró bajar la pobreza; en cambio en México aumentó la pobreza porque sólo invirtió 0.7% de su PIB (cifras de CEPAL, en www.bbc.com). Además, la OMS acaba de publicar las cifras sobre defunciones por covid-19 y en el caso de México es de 626 mil, el doble de la cifra oficial de 324 mil (El Universal, 6/05/2022). En un estudio que publica la revista The Lancet hay un grupo de expertos que señalan que la cifra real de muertes por covid-19 hasta diciembre de 2021 podría llegar a 18 millones, en tanto que los datos oficiales reportan menos de seis millones. Para México se calculan 798 mil de muertes excesivas, mientras que las cifras oficiales registran 325 mil (https://www.jano.es/noticia-el-numero-fallecidos-por-covid-19-32869).

Lo que ha pasado en materia económica, con las ofertas iniciales de crecimiento del 4%, para superar el 2% de los 36 años del periodo llamado neoliberal. Al primer trimestre del año la economía creció 2.5% y se espera un mayor crecimiento con covid-19 a la baja (mañanera del 4 de mayo de 2022, secretario de Hacienda). Además de la gran caída que generó la pandemia de covid-19, la recuperación de los años siguientes no ha tenido ni el impuso, ni el volumen para estimular un crecimiento en el país. Actualmente las previsiones están a la baja para este año de 2022; la inflación sigue muy alta (7.6% anual), como un problema no local, sino global (covid-19, recuperación de la demanda, guerra Rusia-Ucrania; incremento de precios en granos y fertilizantes). El empleo se ha recuperado, pero apenas a niveles previos a la pandemia; la inversión pública no ha subido y la privada está relativamente detenida por desconfianza o falta de empatía con el gobierno de AMLO. Muy lejos han quedado los planteamientos del presidente en su toma de posesión de marcar un freno del “neoliberalismo” y un cambio que miró hacia el desarrollo estabilizador, crecimiento anual del 6%, sin inflación, con un Estado fuerte y una gran estabilidad (con fronteras cerradas y sustitución de importaciones). Hay un asunto importante, este Gobierno no quiso hacer una reforma fiscal, hizo cambios importantes para frenar los huecos, como las condonaciones fiscales y la evasión de las grandes empresas; la consigna fue no habrá aumento de impuestos, pero se tendrá que pagar lo que corresponde.

Uno de los logros importantes del Gobierno es, sin duda, lo laboral y el nuevo escenario que se construye a partir de la reforma que se hizo para democratizar y darle vida real al mundo de las organizaciones del trabajo, los sindicatos. Junto con los aumentos al salario mínimo que cada año se hacen y que en el último periodo se han visto disminuidos por los altos índices de la inflación. La reforma laboral ha generado cambios importantes, pero al mismo tiempo ha dejado lecciones que no se pueden ignorar, como lo que sucedió en el caso del sindicato de Pemex, en donde se abrió un proceso democrático de elección de liderazgos que al final quedó en manos de las viejas maquinarias corporativas que aprendieron a jugar con las nuevas reglas.

En materia legislativa AMLO aprovechó su mayoría constitucional la primera parte del sexenio para sacar adelante importantes reformas como la creación de la Guardia Nacional, la universalidad de la pensión para adultos mayores, la figura de revocación de mandato, entre otras. Pero con las elecciones intermedias perdió una mayoría constitucional, que tampoco logró en 2018, pero que se hizo con la construcción de una coalición, y que perdió con las elecciones intermedias de 2021. Sin duda, lo que sucedió con la reforma eléctrica, que aglutinó en contra a toda la oposición, que se comportó como una coalición legislativa contraria al proyecto del presidente. Uno de los casos que expresa lo que ha sucedido con el nuevo partido dominante después de las elecciones intermedias ha sido la reforma electoral que presentó el Ejecutivo, y que no logró la mayoría necesaria para cambiar la Constitución. Los partidos de la oposición han vuelto a formar un bloque que funciona como una aduana para cualquier cambio constitucional.

Entre el futuro y el pasado, algunas preguntas

Hacia finales del primer año de gobierno, 2019, hicimos un planteamiento para responder a la pregunta de si la 4T era un proyecto de futuro para el país. En ese momento, el inicio del sexenio, todavía estaban vigentes la gran mayoría de las ofertas y promesas de este Gobierno. Era la fase de subida. Hoy, cuando ya estamos cerca del final del sexenio, las perspectivas han cambiado de forma importante. De tal forma que lo que se veía como un acercamiento a la narrativa, al discurso político y a la credibilidad sobre el liderazgo presidencial, se ha movido. A pesar de que AMLO conserva niveles aceptables de aprobación, la gran mayoría de las políticas públicas de este Gobierno tienen niveles mucho menores de aprobación.

Si durante las primeras etapas del Gobierno dominó la narrativa de generar una idea de un futuro mejor como algo realizable, alcanzable, en este momento cuando se empieza a vislumbrar el final del periodo, lo que domina son las expectativas sobre la sucesión presidencial, que en el discurso presidencial se ha empezado a construir como un referéndum que abre el dilema entre continuidad o cambio, que se traduce como seguir con el “cambio” y la “transformación” o regresarse al pasado neoliberal.

Hay un juego de temporalidades, que como diría Laclau, son espacios imaginarios vacíos que se llenan de acuerdo con intereses y liderazgos y se mueven como cadenas de equivalencia de significados. Pasado y futuro son esos espacios que se usan como discursos políticos estratégicos para nutrir visiones que se quieren convertir en dominantes, en hegemónicas, para ganar el debate público sobre la visión del proyecto de país.

Las escalas de tiempo son un factor fundamental para entender a un gobierno. Lechner señala que hacer política es estructurar el tiempo. En la visión de Koselleck se ve que: “la diferencia entre el pasado y el futuro, dicho antropológicamente, entre experiencia y expectativa se puede concebir algo así como el tiempo histórico”.

Entre los factores que han incidido de forma determinante en la brecha entre promesas y resultados, está sin duda la crisis de la pandemia, pero también las inercias institucionales y los tiempos dilatados de las burocracias, además del juego de intereses, como campo de lucha entre proyectos, actores e intereses. De esta forma, lo urgente se fue comiendo lo necesario, y los cambios prometidos han ido acomodándose a las posibilidades reales.

Se tienen que ubicar las razones que pueden explicar las distancias entre promesas y resultados:

  • ¿Dónde están las razones de la brecha?

  • ¿Fue por un mal cálculo o una concepción equivocada?

  • ¿Se puso el voluntarismo del presidente por encima de las causas profundas de los problemas?

  • ¿Fue insuficiente el impulso de querer cambios sin poner de por medio instrumentos y recursos adecuados?

  • ¿Fue una contradicción en sus términos, por ejemplo, decir que se recuperaría al Estado y, al mismo tiempo, debilitarlo en sus recursos y capacidades con políticas de austeridad extrema?

  • ¿Se quiso tener como referencia un modelo de estabilidad y fronteras cerradas, que ya había fracasado y al cual no era posible regresar por las condiciones de un mercado abierto y una economía globalizada?

  • ¿Qué tanto fue por la crisis que generó la pandemia y qué tanto se hubiera logrado sin esa crisis, sobre todo si tomamos en cuenta que el país ya en 2019 tuvo una tasa de cero crecimiento?

Tres casos de malos resultados: derechos humanos, desabasto de medicamentos y falta de crecimiento económico

En cada una de las piezas del rompecabezas de la 4T hay explicaciones específicas, por ejemplo, los resultados en el problema de la seguridad pueden obedecer -en el corto plazo- a las fallas que abre un modelo predominantemente militarizado, con la Guardia Nacional al frente, similar al que ya se había tenido desde los sexenios de Calderón y Peña Nieto. AMLO insistió al inicio del sexenio para hacer la reforma constitucional que le diera legalidad a la Guardia Nacional en que era necesario el cambio jurídico, pero al parecer éste no fue suficiente para tener un desempeño eficiente.

Desde antes de tomar posesión, AMLO anunció sus planes de crear una Guardia Nacional. En el “Plan Nacional de Paz y Seguridad 2018-2024 dejó ver la ruta de institucionalización de la militarización y el desmantelamiento de la institucionalidad civil que seguiría su gobierno y que se concentraría en la Ley que creó la Guardia Nacional (GN), de 2019, y en el Acuerdo presidencial publicado en 2020” (Azaola, s/f: 9). La desconfianza de AMLO en corporaciones como la Policía Federal, a la que consideró como un cuerpo que se había corrompido, lo llevó a considerar que las fuerzas armadas (FFAA) le garantizaban disciplina, orden y eficacia y que con una manita de gato en derechos humanos y ya con las autorizaciones constitucionales, sería la mejor opción para bajar los índices de inseguridad (asesinatos, robos, secuestros, amenazas, etc.). A esta confianza el presidente le gustaba añadir que trabajaría diariamente con su gabinete de seguridad desde la 6 de la mañana en atender los problemas de la criminalidad. Esta condición le permitiría tener una coordinación entre todas las corporaciones y así ser más eficiente. Sin embargo, el problema resultó ser mucho más complejo y grave de lo que se pensó en un primer momento. Al inicio del sexenio en diversas entrevistas le reclamaron a AMLO que había ofrecido regresar a las FFAA a los cuarteles, pero que al enterarse de cerca de la gravedad del problema desde dentro y saber de los enormes niveles de corrupción de las corporaciones, había decidido crear la GN.2

En los primeros años del sexenio se empezaron a acumular las cifras negativas: violaciones a los derechos humanos, entre diciembre de 2018 y abril de 2021 hubo 1,742 quejas contra las FFAA en la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y las razones fueron “detenciones arbitrarias, uso arbitrario de la fuerza, privación de la vida o tratos crueles (Azaola, s/f: 12). En los números de víctimas letales que se atribuyen al crimen organizado se cuenta que con Calderón fueron 10,313 ejecuciones, con Peña Nieto llegaron a 21,100 y con AMLO 52,658 (Azaola, s/f: 14). De los 99 mil desaparecidos que reconoce el actual Gobierno, en los primeros tres años de este sexenio se contabilizaron alrededor de 29 mil personas, es decir, una tercera parte; y en los homicidios por día hubo 56 con Calderón, 72 con Peña Nieto y 101 con AMLO (Azaola, s/f: 15).3

En materia de medicamentos, se ha estudiado que el desabasto se debió a una serie de decisiones equivocadas, en donde al parecer no hubo un buen diagnóstico con las distribuidoras de medicinas, hubo malos cálculos que han generado enormes costos de un grave problema que no se ha terminado de solucionar.

Deshacerse de los distribuidores no fue difícil. Bajo el argumento de que eran simples intermediarios y representaban un monopolio que sólo encarecía la operación, esto a todas luces significaba corrupción, por lo que el presidente de la República firmó en persona un memorándum vetando a los tres distribuidores más importantes: Fármacos Especializados, dimesa y Maypo. El Gobierno de México se quedó en ese momento, por decisión propia, sin medios ni expertos para distribuir los medicamentos (Tello, 2022: 32).

En medio de un contexto de eventos muy complicado, no sólo por la pandemia que fue una grave crisis que dejó al descubierto las debilidades del sistema de salud, sino por los cambios que se hicieron con criterios más ideológicos que como resultado de un diagnóstico especializado, como cerrar el Seguro Popular y crear un INSABI que no pudo suplir al anterior y terminó en un fracaso, y ahora se pasó a una nueva opción que se denomina IMSS Bienestar. Muy lejos estamos de un sistema eficiente y gratuito de salud. En lugar de arreglar los desajustes y corrupciones en el abasto de medicamentos (asignación de compras directas, colusión entre fabricantes para fijar precios, licitaciones a modo) (Tello, 2022: 166-168), el desabasto creció como una bola de nieve y ninguna opción o respuesta, como ir a la oficina de Naciones Unidas, ni arreglar parcialmente las compras o salvarse el que pueda, han resuelto un problema que ha tenido consecuencias graves para muchos grupos, como los niños con cáncer, que son los que de forma más visible expresan ese fracaso que Xavier Tello ha llamado a su libro como La tragedia del desabasto, cuya conclusión fue que “se quiso trasplantar el corazón de un paciente sin haber tenido un donador” (Tello, 2022: 238).

La economía no crece y a pesar de que en el llamado periodo neoliberal crecimos un 2% al año, ahora en este sexenio será mucho menor, no sólo por la caída de la pandemia, sino porque no ha habido las políticas públicas para impulsar ese crecimiento.

Con la 4T las expectativas de un nuevo momento de evolución económica se topan, primero, con la decisión inicial: contener el crecimiento desde la política económica. Luego, con la negativa, todavía sin explicar, a tomar medidas significativas de apoyo y alivio frente a la pandemia y el cese de cientos de miles de actividades, empresas y fuentes de ocupación, por resultar “’no esenciales”. El resultado: una caída de más de 8.0 por ciento del Producto Interno Bruto en 2020, eliminando el avance, del todo insuficiente, registrado entre 2010 y 2018 […] si se incluye 2021, en términos de nivel de producto por habitante estaríamos alrededor de un 3.7 por ciento arriba del año 2000, un porcentaje anual promedio de 0.018 por ciento en lo que va del siglo, o sea prácticamente cero […] En pesos constantes o “reales” de 2013, y de acuerdo con datos de PIB y población del inegi, entre 2000 y 2020 el crecimiento anual ha sido de 0.076 por ciento (un aumento de 1.5 por ciento en el PIB per cápita en veinte años); y en torno a 5.0 por ciento si contamos la recuperación de 2021.Anótese: entre 1950 y 1981 el PIB por habitante creció anualmente 3.4 por ciento, tasa mayor comparada con la de este siglo, incluso antes de la pandemia. Si no un fracaso, sí mucha frustración; exiguo desempeño “neoliberal”, improductiva convocatoria a romper radicalmente con él como filosofía y como política y estrategia económica (Rolando Cordera, El Financiero, 5/05/2022).

En este escenario en donde la recuperación será mucho más lenta y prolongada, las tasas inflacionarias seguirán altas en los próximos dos años; en México el INPC a finales de 2022 registró una inflación de 7.82%. Las tasas de interés seguirán subiendo como lo ha hecho Estados Unidos, que al mes de marzo de 2023 fue de 4.75%, similar a la tasa que tenía en el año 2001; en México en el mismo mes la tasa llegó a 11.25% (Expansión/ Datosmacro.com).

En mayo de 2022 el secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, fue a la mañanera a explicar el paquete de medidas para detener la subida de precios de una parte de la canasta básica de alimentos, además de exponer cómo se habían mantenido los precios de las gasolinas, gracias a una compensación por el alza de precios del petróleo debido a la guerra de Rusia y Ucrania. La presencia de líderes empresariales en la mañanera fue una buena señal de las negociaciones con el sector privado para proteger y no subir más los precios de los granos básicos a cambio de una serie de medidas por parte del Gobierno, como tener aranceles cero o no subir cuotas de casetas, entre otras.

La polarización y el clima de enfrentamiento que se ha generado en el país no sólo se da en los medios estrictamente políticos, partidistas o mediáticos, sino que inunda a todos los sectores y grupos sociales, lo cual produce una fuerte desconfianza del sector privado y una enorme incertidumbre sobre lo que depara el futuro inmediato. En México ya se conocen las experiencias de finales de sexenio accidentados, con mucha confrontación que terminaron con rupturas entre Gobierno y empresarios como en 1976 y, por supuesto en 1982, con la nacionalización de los bancos y la quiebra estatal. Así, en la memoria del pasado hay una enorme sensibilidad sobre esta problemática.

La polarización en el dilema entre distribución y/o reconocimiento

Otro de los ángulos que explican la polarización, apuntan hacia una diferencia entre dos problemáticas de la izquierda, una más tradicional que mira sólo hacia el paradigma de la desigualdad y la distribución, y otra más actual que incorpora los problemas del reconocimiento.

En una mañanera de octubre de 2021, AMLO planteó un problema interesante, el dilema entre distribución y/o reconocimiento:

¿Qué hizo el neoliberalismo o quienes lo diseñaron para su beneficio? Una de las cosas que promovieron en el mundo para poder saquear a sus anchas fue crear o impulsar los llamados nuevos derechos. Se alentó mucho, incluso por ellos mismos, el feminismo, el ecologismo, la defensa de los derechos humanos, la protección de los animales […] Muy nobles todas estas causas, muy nobles, pero el propósito era crear o impulsar, desarrollar estas causas para que no reparáramos en que estaban saqueando al mundo. Y para que la desigualdad en lo económico y social quedara fuera del centro del debate. Por eso no se hablaba de corrupción, se dejó de hablar de explotación, de opresión, de clasismo, de racismo (El País, 29/10/2021).

Nancy Fraser, una de las filósofas importantes en la actualidad, ha trabajado mucho este dilema y nos ayudan a entender frente a qué tipo de problema estamos. Ella admite que en últimos años hubo una incorporación de estos temas progresistas en el discurso neoliberal, pero lo importante es entender el dilema. La autora lo planteó así:

La “lucha por el reconocimiento” se está convirtiendo rápidamente en la forma paradigmática del conflicto político a finales del siglo XX. Las reivindicaciones del “reconocimiento de la diferencia” estimulan las luchas de grupos que se movilizan bajo la bandera de la nacionalidad, la etnicidad, la “raza”, el género y la sexualidad. En estos conflictos “postsocialistas”, la identidad de grupo reemplaza al interés de clase como motivo principal de movilización política. La dominación cultural reemplaza a la explotación en tanto injusticia fundamental. Y el reconocimiento cultural reemplaza a la redistribución socioeconómica como remedio contra la injusticia y objetivo de la lucha política (New Left Review, enero-febrero 2000).

AMLO se pelea -con algo de razón- contra la apropiación neoliberal de los nuevos movimientos sociales, ya no tan nuevos, pero, al mismo tiempo, los descalifica como si sólo existieran en función de que el neoliberalismo, su enemigo ideológico, los hubiera atrapado en su narrativa. Sin embargo, el problema es mucho más complicado. En su cruzada de la 4T el presidente se ha enfrentado a esos movimientos como si sólo fueran parte del mundo de sus adversarios, lo cual distorsiona por completo la realidad. De acuerdo con Fraser, las dos dimensiones, redistribución y reconocimiento, es decir, lo que tiene que ver con explotación, por una parte, y con la dominación cultural, por otra, forman parte de un mismo espacio del capitalismo. Ella apunta a que las dos partes se pueden unir en función de un elemento común: la justicia. Las luchas por la igualdad y las luchas por la redistribución forman parte del mismo universo, a pesar de que tiene narrativas que en muchas ocasiones no se conectan. Las visiones que se quedan sólo con una parte de la ecuación y desconocen a la otra, como la del presidente, sólo ven una parte de la realidad.

La dimensión política del dilema nos lleva al problema de la representación. Un proyecto que se dice de izquierda, como el de la 4T, no puede establecer fronteras de exclusión con los movimientos sociales que demandan reconocimiento, simplemente porque no están en sintonía con la ideología del presidente. El resultado, en ese caso, es que se genera una rivalidad que profundiza el dilema y excluye a partes muy importantes de la sociedad. Ya sabemos, por ejemplo, de qué forma el sistema de justicia excluye a los más vulnerables porque les niega el derecho a una defensa efectiva, lo cual es la cancelación de los derechos cívicos de la ciudadanía. En la agenda del feminismo y del ecologismo, hay una exigencia de transformación en contra de un modelo capitalista porque genera injusticias y exclusiones. En suma, si AMLO sigue negando una parte del dilema vinculada con género, sexualidad, medio ambiente, etc., estará cada vez más lejos de amplios sectores sociales que también padecen injusticias culturales (reconocimiento), y que son tan importantes como las injusticas económicas (redistribución).

Una democracia herida y un Estado que falla

El 17 de marzo de 2022 hubo un foro sobre libertad de expresión en México, otro más. Organizaron el encuentro la Embajada de Noruega y la organización Article 19. Los invitados fueron cuatro periodistas: Ismael Bojórquez (Riodoce), Marcela Turati (Quinto Elemento Lab), Lucía Lagunes (Cimac) y Paula Saucedo (Article 19). El otro participante fue el subsecretario de Gobernación, Alejandro Encinas, y la moderadora fue Carmen Aristegui.

La libertad de expresión está amenazada por un clima de violencia grave, para diciembre de 2022 se registraban 12 periodistas asesinados (Artículo 19). México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo y las preocupaciones llegan hasta el Parlamento Europeo, que hizo una declaración y tuvo una agresiva respuesta de AMLO (borregos, conservadores, golpistas, etc.). Quizá, lo más importante de ese foro fue el diálogo entre periodistas y un representante del Gobierno. Se dice fácil, pero ya se sabe que hay una batalla interminable entre AMLO y la prensa. Se afirma que no hay censura, pero sí insultos, agresiones, descalificaciones y varias formas de estigmatizar a los mensajeros, prácticamente no hay una sola mañanera en la que no se repita hasta el cansancio las frases del “hampa del periodismo”, “ese periódico que es un pasquín inmundo”, “prensa fifí”, un lenguaje que se emite desde el atril de Palacio Nacional. Esas poderosas bocinas del presidente se reproducen en las redes sociales y se imitan desde gobiernos en los estados; las agresiones se dan en un escenario de impunidad casi total, que abona para que el poder mafioso y criminal asesine periodistas sin castigo. Una libertad de expresión amenazada en México.

Los periodistas plantearon en ese foro narrativas terribles de cómo matan a sus compañeros, cómo se tienen que cuidar y de qué forma son agredidos por AMLO todos los días; experiencias y reclamos unidos por un clima de violencia en el que tienen que trabajar, en el que cada asesinato se suma a una estadística de muerte y los impacta de manera personal y laboral. Resulta un horror que los grupos criminales aliados a las autoridades te digan qué se puede y no se puede publicar. Realmente nadie merece morir por su trabajo y ningún periodista debería ser agredido desde la mañanera presidencial.

Ante ese panorama, Alejandro Encinas, subsecretario de Gobernación, un político con el que se puede dialogar, diferir sin que haya insultos y polarización, hizo un planteamiento complejo sobre las fallas del Estado en materia de libertad de expresión. Algunos de sus planteamientos fueron: que hay grupos enquistados en las instituciones públicas que se han convertido en el principal factor de agresión; hay agentes del Estado coludidos con el crimen y la agresión a periodistas; el 45% de las agresiones vienen de agentes del Estado; lo que se castiga y se trata de ocultar por los agresores son temas políticos, de corrupción y de justicia. Dijo que desde 2006 han sido asesinados 255 periodistas y hoy “se están manteniendo las mismas tendencias que durante el gobierno de Felipe Calderón”, donde hubo 101 homicidios, 96 con Peña Nieto y 56 con AMLO (a la mitad del sexenio). Otra cosa que Encinas señaló es que esta tendencia “no sólo no se ha logrado frenar, sino no se ha logrado revertirla”. Un planteamiento que reconoce que las estrategias han fallado. Tanto la ley como los mecanismos de protección, no han funcionado.

Las razones de fondo de todas estas fallas son: que no se garantiza la protección; no se investiga; el Poder Judicial no actúa, ni castiga a los responsables; las fiscalías, de todos los niveles de gobierno, no funcionan. En suma, un fracaso del Estado que tiene a la democracia herida. Encinas también planteó líneas de trabajo para enfrentar el problema, como una política de protección en los tres niveles de gobierno; que la FGR y las fiscalías estatales cumplan con su responsabilidad de impartir justicia para bajar ese 90% de impunidad que resulta ofensivo y es una expresión del fracaso estatal. Prevención, investigación y castigo. ¿Se trata de los buenos deseos de un subsecretario que reconoce el fracaso y todavía cree que hay salidas? Prácticamente estamos ante un callejón sin salida. Lo cierto es que mientras estas realidades no cambien, seguirán matando periodistas.

¿Cómo se relaciona esta violencia con la polarización? En un artículo reciente del columnista Diego Salazar de The Washington Post (5/05/2022), establece una relación entre la narrativa del presidente en contra de la prensa y la baja en los niveles de credibilidad. Se trata del Informe de Digital News Report, Reuters Institute: en la medición de 2019, el 50% de los mexicanos decía confiar en la prensa; al año siguiente, en 2020, sólo un 39% confiaba, y en el informe de 2021 se había bajado a 37%. Una de las conclusiones del estudio fue que: “La confianza en las noticias es baja para los estándares internacionales, en parte debido a los constantes ataques del presidente”.

Reflexiones finales

En uno de los trabajos sobre polarización, los autores Stephan Haggard y Robert Kaufman (Backsling, Democratic Regress in the Contemporary World) señalan que cuando una variable (socioeconómica -pobres vs ricos-, étnico-racial -negros vs blancos-, cultural -cosmopolita vs nacionalista-, política -pueblo vs élites-) toma un lugar central en la vida pública y se procesa de forma binaria, se afecta la identidad y se propicia la polarización. Otras versiones apuntan a las divisiones por identidades.

Se debilita el centro, se incrementan los llamados populistas que propician que los adversarios se vuelvan enemigos. Cuando se analiza el fenómeno de la polarización en los múltiples casos que se encuadran en los llamados populismos de derecha (Estados Unidos con Trump, Bolsonaro en Brasil, Hungría con Orbán, como los más citados; también se citan con frecuencia los casos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, que tienen otras características), el rasgo que se suele destacar es que ahora las democracias están siendo erosionadas y atacadas de forma incremental por liderazgos que fueron electos, y no como en el pasado, a través de un golpe de Estado militar.

Cuando AMLO tomó posesión estableció su proyecto, las obras que realizaría y los ejes de lo que sería su gobierno, el futuro estaba completamente abierto y tenía el optimismo de la voluntad a pesar del pesimismo que mostraba la realidad. Pondría un punto final a los gobiernos del pasado, iría en contra del modelo “neoliberal”, gobernaría con austeridad y combatiría de forma central a la corrupción, planteó separar la política del poder económico y recuperaría al Estado de sus múltiples capturas. Un buen diagnóstico, mucho apoyo popular y una oposición completamente derrotada.

En el Informe de Gobierno de 2021, después de las elecciones intermedias, los números no generaban optimismo, pero los símbolos, la narrativa y la polarización soportaban las noticias de una realidad complicada.

A mediados de 2021 se hablaba de la campaña de vacunación, pero no se mencionó nada sobre el desabasto de medicamentos, un tema muy importante que no se termina de resolver. La situación económica que ha dejado la pandemia muestra un déficit en el desempleo y otro en la caída del crecimiento. Se ha calculado que, para finales del sexenio, 2024, México podría tener las cifras que había en 2018, sobre todo en materia de crecimiento y empleo. No se dijo nada sobre los 9.7 millones de pobres que se sumarán, según calculó el Coneval (El Universal, 1/07/2021). Se destaca la estabilidad económica y de la moneda, como signos positivos.

En seguridad pública AMLO presentó sus tesis, pero los resultados no fueron positivos, sobre todo porque los homicidios han bajado sólo 2% y el feminicidio ha crecido. Los asesinatos se han estabilizado en la parte alta. Los índices que más han bajado son el robo en casa, en transporte público y la extorsión, pero no se han logrado disminuir las matanzas.

En esa ocasión el presidente presentó datos de una encuesta telefónica que hizo el propio Gobierno. Los números sobre las expectativas de mejoría económica no eran para festejar: la situación respecto al año de 2020 es igual o peor para un 82%; en 2022 será igual o peor para un 49%, y para finales del sexenio será igual o peor para 49%. En materia de corrupción el 43% ve mejoría respecto al sexenio anterior, pero 19% ve mayor corrupción y 33% la ve igual. Porcentajes que cuestionan a la 4T en un tema central. Los datos más positivos fueron los que podríamos llamar de tipo simbólico, como la valoración del cambio, que para el 64.7% es buena y hay un acuerdo con ese cambio para 87.4%. La calificación presidencial es de 6.7 sobre 10.

Si lo simbólico, entendido como una valoración positiva sobre el cambio, tiene una gran aceptación, se puede entender que para mantener esta narrativa se emita de forma constante una narrativa que polariza. AMLO recrea diariamente una narrativa divisiva, como señala otro estudioso del tema, Erza Klein (Why we’re polarized), en la medida en que los actores políticos se polarizan, tienden a polarizar más al electorado. Así que lo más probable es que con los resultados de Gobierno no favorables en temas cruciales, los factores simbólicos positivos de la valoración del cambio permitan que la narrativa rumbo a la sucesión presidencial de 2024 se mantenga con un nivel alto de polarización…

Referencias

Azaola, Elena. (s/f). Estado de excepción y pandemia de violencia en México. Manuscrito. [ Links ]

Fraser, Nancy. (2000). ¿De la redistribución al reconocimiento? Dilemas de la justicia en la era postsocialista. New Left Review, núm. 0. [ Links ]

Haggart, Stephan, y Kaufman, Robert. (2021). Backsliding. Democratic Regress in the Contemporary World. Cambridge University Press. [ Links ]

Klein, Ezra. (2020). Why We’re Polarized. The New York Times. [ Links ]

Koselleck, Reinhart. (1993). Futuro pasado. Para una semántica de los tiempos históricos. Barcelona: Ediciones Paidós. [ Links ]

Laclau, Ernesto. (2005). La razón populista. México: FCE. [ Links ]

Levitsky, Steven, y Ziblat, Daniel. (2018). Cómo mueren las democracias. México: Ariel. [ Links ]

Maalouf, Amin. (2019). El naufragio de las civilizaciones. México: Alianza Editorial. [ Links ]

Moreno, Alejandro. (2023). ¿No hay polarización? El Financiero, 26 de mayo. [ Links ]

Rubio, Luis. (2021). La nueva disputa sobre el futuro. México: Grijalbo. [ Links ]

Tello, Xavier. (2022). La tragedia del desabasto. México: Planeta. [ Links ]

Prensa

El Financiero. [ Links ]

El Universal. [ Links ]

The Washington Post. [ Links ]

El País. [ Links ]

1Alejandro Moreno dice en un artículo: “la polarización significa tener puntos de vista no solamente contrarios, sino alejados el uno del otro. En un tema de conflicto, en vez de tomar posturas intermedias, algunas personas se van a los polos o puntos extremos; es decir, se polarizan. Ese fenómeno implica distanciamiento, aun entre grupos reducidos pero extremos. Por eso, la polarización no es un asunto de proporciones (no es estar divididos en partes casi iguales), sino un asunto de distancias (estar alejados o irse alejando unos de otros) […] Donde se ve con mayor claridad la polarización es entre los simpatizantes de los partidos políticos: en marzo de 2011, el grupo más a la derecha en la escala eran las personas que se consideran muy panistas, con un promedio de 8.2; del lado opuesto estaban los que se consideraban algo perredistas, con un promedio de 5.2. La distancia entre esos grupos extremos era tan sólo de tres puntos en la escala de 10. En marzo de 2023, la distancia entre los extremos era más amplia. El electorado muy panista promedió 8.6 en la escala, mientras que el algo morenista promedió 3.4, resultando en una distancia de 5.2 puntos. La polarización partidista es mucho más marcada hoy que en 2011. Esta comparación considera solamente dos puntos de referencia en el tiempo, pero la polarización no es un rasgo estático, sino un proceso activo y dinámico que responde a los tiempos políticos. Y en ese sentido, lo que más polariza hoy a los mexicanos no son las posturas de izquierda y derecha, sino las posturas a favor y en contra de la 4T”.

2El caso de García Luna, que fue juzgado y condenado en Estados Unidos, fue un gran argumento para AMLO para mostrar la penetración del crimen en la policía.

3En 2023 hubo un caso particularmente escandaloso que mostró el problema de las fuerzas armadas en funciones de seguridad, y fue el asesinato de cinco jóvenes a manos de militares en Nuevo Laredo, Tamaulipas.

Siglas y acrónimos

AMLO

Andrés Manuel López Obrador.

CEPAL

Comisión Económica para América Latina y el Caribe.

GN

Guardia Nacional.

CIMAC

Comunicación e Información de la Mujer, A. C.

Coneval

Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social.

INEGI

Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

Insabi

Instituto de Salud Para el Bienestar.

OMS

Organización Mundial de la Salud.

Morena

Movimiento de Regeneración Nacional.

PAN

Partido Acción Nacional.

UNAM

Universidad Nacional Autónoma de México.

4T

Cuarta Transformación.

Recibido: 13 de Noviembre de 2024; Aprobado: 26 de Febrero de 2025

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