Escribo desde Chiapas, desde la frontera sur de México, el lugar donde nací. Textos como los de este libro colectivo, encarnados y sentipensados desde la rebeldía, las fronteras, las dignas rabias, la ancestralidad y las cosmovisiones pluriversales, quizá por todas mis experiencias, me han orientado en mis trabajos como profesora feminista queer y como integrante de Pluriversidades Feministas, un espacio autónomo, independiente y autogestivo en el que cuestionamos el término “universidad” porque no sólo responde a un patrón occidental, sino también (hetero)patriarcal y colonial.
En tiempos de muerte: cuerpos, rebeldías, resistencias, coordinado por Xochitl Leyva Solano y Rosalba Icaza, presenta una serie de ensayos, conversaciones e intervenciones poéticas escritos por mujeres indígenas, prietas, mestizas, lesbo-trans* y feministas,1 que cuestionan aquellas visiones feministas etnocéntricas que no han considerado la articulación entre género y raza, y critican aquellas perspectivas antropocéntricas que han ubicado históricamente a los humanos en el centro de las urgencias. Los textos de este libro, inspirados en las resistencias de las mujeres zapatistas, abren debates importantes para descolonizar la antropología feminista en Abya Yala, ya que cuestionan el sujeto del feminismo universalista y resaltan la importancia de las identidades de género, que no pueden desvincularse de las identidades culturales ni de la relación que existe entre racismo, colonialismo, capitalismo y teorías y prácticas patriarcales, así como tampoco de las lógicas del antropoceno.2 Algunas autoras parten de la diferencia colonial y otras también plantean su posición de privilegio epistémico-político-sexual, desde la que cultivan la “respons-habilidad”.3
La mayoría de ellas cuestionan cómo, a pesar de las revisiones polémicas a las que ha sido sometida la categoría de género, y la categoría de mujeres, aún no se han podido superar las concepciones noreurocéntricas, cisgeneristas y heterosexistas, que producen opresión. Por eso comparten, desde distintos contextos, momentos y situaciones, modelos de interpretación múltiples sobre cómo operan las opresiones para una buena parte de las mujeres y cómo el género no puede ser entendido de manera autónoma del sistema de opresión racial y de clase. Además, fundamentan conceptualmente algunos términos indispensables para repensar la antropología feminista, debido a que marcan puntos de enunciación alternativos a los de otros contextos en los que este subcampo académico se ha desarrollado; ideas que cuestionan y se oponen a los tiempos de horror y muerte.
Desde miradas, voces y lugares de enunciación pluriversales, la mayoría de los textos hablan de las luchas antisexistas, antirracistas y anticoloniales en situaciones de múltiples violencias. Es una propuesta epistemológica de descolonización del conocimiento y de la antropología, ya que se invierten las posiciones de sujetos sociales que han sido históricamente construidos como “los otros” en distintos contextos históricos y geográficos, y en cambio, las autoras se ubican como sujetas activas de conocimiento y agentes de liberación y emancipación. Además, la intención descolonizadora de este libro no sólo aporta perspectivas mapuches, mayas k’iche’, mayas kaqchikel, xincas, negras, afrodescendientes, lesbotransfeministas, trans y no binarias, y por lo tanto, teorizaciones y conceptualizaciones alternativas al conocimiento nor-euro-blanco-occidentalizante dominante, sino también puntos de vista críticos respecto de los movimientos sociales, políticos y culturales. Los movimientos sociales no se han escapado de reproducir ciertas lógicas androcéntricas, racistas y cisheterocoloniales que han privilegiado las voces de los varones, de las personas blancas, cisgénero y heterosexuales, entre otras muchas dinámicas de poder colonial:
Este giro no es sólo semántico, implica movernos del logocentrismo y abrirnos a sentipensar las mil formas de guerras que nos atraviesan: guerras epistemicoteoricopolíticas, guerras energéticoespirituales, guerras intrafamiliares, guerras intrafeminismos, guerras intraizquierdas, guerras cibernéticas, guerras de cifras, guerras de dominación de los hombres (de abajo y de arriba) sobre las mujeres de abajo, etc. (p. 15).
Como uno de los ejes de discusión colectiva, se retoma la lucha contra el racismo, que ha sido impulsada por los movimientos indígenas y afrodescendientes en Abya Yala, y por los movimientos negros y migrantes en Europa, en particular en los Países Bajos. Se incorporan también las críticas desde los feminismos indígenas, negros y afrodescendientes a los movimientos que, en algunos casos, han hecho exclusiones a las luchas contra el sexismo y la violencia contra las mujeres. Por otro lado, otra de las discusiones que se introducen se relaciona con las críticas al colonialismo dentro del movimiento feminista y sus prácticas hegemónicas y universalizantes.
Algo que logran todos los capítulos es desprenderse del halo positivista que rodea a muchas investigaciones, sin por eso perder la rigurosidad. Más bien, cada una de las autoras incorpora sesgos personales y hace uso de la primera persona, el “yo”, para volverse visible, posicionarse en todos los aspectos, incluso los más personales e íntimos -experiencias desde el cuerpo y la sexualidad-, y así producir un mejor conocimiento y una resistencia al epistemicidio. Además, rompen con la tendencia a separar la teoría de lo político en la antropología de género y algunos movimientos sociales.
El libro está dividido en cinco partes. La primera agrupa textos dedicados a reflexionar sobre los asesinatos contra las mujeres negras en el pacífico colombiano, en “Asesinato de mujeres y acumulación global. El caso del bello puerto del mar mi Buena-ventura”, de Betty Ruth Lozano Lerma, y contra las mujeres trabajadoras, en “La escritura en el cuerpo de las mujeres asesinadas en Ciudad Juárez”, de Rita Segato; así como sobre la violencia, la violación sexual y la esclavitud doméstica que vivieron las mujeres q’eqchi’ en Guatemala. En el capítulo “Las abuelas de Sepur Zarco. Esclavitud sexual y estado criminal en Guatemala”, de Irma Alicia Velásquez Nimatuj, investigadora maya k’iche’, quien realizó uno de los peritajes del histórico juicio del caso Sepur Zarco, se señala por qué la lucha contra el racismo no es una cuestión menor para los pueblos mayas. Éste no sólo ha operado como una ideología o como un hecho aislado, sino como una opresión colectiva que en este caso otorgó privilegios a los militares y los agentes de Estado para someter a violaciones sexuales y esclavitud doméstica a varias mujeres q’eqchi’ en un destacamento militar en Guatemala, en los años ochenta. El racismo fue un elemento decisivo en el genocidio de los pueblos mayas, y por eso, en esta primera parte del libro, toma especial importancia como una particularidad de las experiencias.
La segunda parte está integrada por varios textos en los que se relatan historias de violencia desde la propia experiencia corporal. En este bloque, el cuerpo aparece asociado, no tanto a ideas tradicionales biologicistas, sino más bien al territorio. En el capítulo “El relato de las violencias desde mi territorio cuerpo-tierra”, de Lorena Cabnal, feminista maya xinca, el cuerpo se entiende como primer espacio de disputa para el poder patriarcal, desde el que se lucha contra múltiples violencias, en particular aquellas que arremeten contra la tierra como el lugar histórico y de significado en el que se recrea la vida. En “La maternidad mapuche en tiempos de Benetton”, Moira Millán, activista mapuche, muestra la situación que viven las mujeres y niñas mapuches enraizadas en Ñuke Mapu -la Madre Tierra- y nutridas de poder por ella. Para Millán, la descolonización es un proceso de desalambrar, no sólo el territorio usurpado, sino también las mentes, las conciencias, y en particular, la conciencia de la maternidad mapuche. Así también Emma Delfina Chirix García, antropóloga maya-kaqchikel, en “Cuerpos, sexualidad y pensamiento maya”, analiza la colonización y la descolonización de los cuerpos y la sexualidad maya o qa ch’akulal desde una perspectiva interseccional que visibiliza el enfoque de género, raza y clase, y muestra cómo los cuerpos de las mujeres mayas han estado, desde tiempos coloniales, sometidos a distintas violencias, tales como las ejercidas por la Iglesia católica en sus internados para mujeres: “la lucha y la resistencia están relacionadas con esos poderes, es decir, contamos con nuestra voz, nuestras palabras e idiomas, nuestra sabiduría para afirmar: ‘Yo vivo, nosotras vivimos, vale la pena vivir’” (p. 156).
Por otro lado, el capítulo “Política, pasión y sexualidad entre las mujeres de la diáspora caribeña en los Países Bajos” es una conversación entre Gloria Wekker, antropóloga holandesa afrosurinamesa, y Andil Gosine, que cierra con una reflexión sobre cómo, en el libro The Politics of Passion. Women’s Sexual Culture in the Afro-Surinamese Diaspora (Weker, 2006), su análisis de la sexualidad entre mujeres y mujeres afrosurinamesas produjo enormes contraversias debido a que todavía existe un clima positivista, así como una división específica del trabajo, en la que las mujeres antropólogas sólo pueden hablar de género, mientras que los antropólogos hombres hablan de sexo. Así que Wekker intenta romper con esta postura binaria al hablar de sexualidad.
La tercera parte se centra en las luchas feministas y su diversidad -socialistas, ambientalistas, queer, disidentes sexuales, personas no binarias, activistas trans* y transfeministas, entre otras-. Comienza con los capítulos “El cuerpo como categoría política y potencial de lucha desde la diversidad”, de Virginia Vargas, y “El cuerpo político: investigación encarnada con posibilidades rebeldes”, de Wendy Hartcourt, para introducirse después en el tema de las luchas queer y transfeministas.
En “Cuerpos y existencias cotidianas trans* como ruptura, abertura e invitación”, Daniel B. Coleman, investigador y artista afroamericano trans*, explica su propio posicionamiento político, que no es algo nuevo, sino que se ha construido paso a paso a través de reivindicaciones históricas y resulta muy importante para los feminismos de hoy. En ese sentido, el término trans*, escrito con asterisco:
Es una abertura teórica del prefijo trans (al otro lado de, a través de, mediante, más allá) en relación con el género dicotómico eurocentrado, medicalizado o cualquier otro sustativo pegado a él y que trans modifica. El asterisco dentro de las subjetividades trans* permite señalar que lo trans va más allá del prefijo como un significante cerrado para personas transgénero y/o transexual [...]. Con el asterisco incluimos un sinfín de posibilidades y realidades de géneros, tales como géneros fluidos, otras creatividades e invenciones de género sin nombre aún, géneros reconocidos en pueblos indígenas y/o afrodescendientes, personas intersex que también se identifican como trans, entre otras rupturas que retan al binomio “hombre-mujer” como “hechos” que crean “la norma” y lo diferente a “la norma” (pp. 222-223).
El término trans* es, pues, “una desnormalización de la norma […], una grieta que invita a abrir un resquicio más allá de lo legible y lo reconocible […], una ruptura con la cultura mainstream (dominante) de la visualidad [...], una hendidura por la que camino todos los días” (p. 223).
Por otro lado, inspiradas en las luchas de las mujeres zapatistas, Batallones Femeninos, la colectiva de hip hop de Ciudad Juárez, y Loba Franca, en “CarteArte: abajo y a la izquierda en morado”, desde una de las ciudades emblemáticas del feminicidio, analizan las resistencias de las mujeres organizadas en colectivos y en organizaciones, así como las luchas que tienen que sortear, no sólo contra el dominio estructural, sino también contra el de sus propios compañeros de lucha, de abajo y a la izquierda.
De esta manera, este conjunto de capítulos apunta a la reflexión sobre los transfeminismos como múltiples prácticas del conocimiento y el hacer feminista, que se suman a las luchas por derechos de los movimientos feministas y complementan con sus cuestionamientos las resistencias y rebeldías respecto del género, la sexualidad y los cuerpos.
La cuarta parte está dedicada a conversaciones, investigaciones y poéticas que ofrecen una gama de análisis sobre el racismo, el colonialismo y el epistemicidio. Incluye textos como “Guardianes del corazón de la Tierra”, de Paulina Trejo Méndez, y “Soy una mujer que resiste”, de Itandehui Olivera. En esta misma parte, Gisela Arandia, en conversación con Valentín Val, expone una “Mirada histórica y global del racismo desde el contexto cubano”, en la que se muestra que no es lo mismo analizar ese elemento histórico-estructural en el sistema capitalista que en el socialista; mientras que Aura Cumes, escritora maya kaqchikel, en “Colonialismo patriarcal y patriarcado colonial: violencia y despojos en las sociedades que nos dan forma”, hace una revisión crítica, basada en el Popol Wuj, sobre la manera en la que se ha definido el patriarcado, sobre cómo los feminismos han usado el término para referirse al “orden de género” en cualquier sociedad, indistintamente, y cómo el uso generalizado de este concepto ha requerido una revisión crítica en el sentido maya de la existencia. Cumes recupera la importancia de los utensilios y las cosas en la cosmovisión maya, y “todo lo que Occidente ha nombrado como ‘naturaleza’: tierra, piedras, valles montañas, bosques, barrancos, ríos, lagos, mares, aire, sol, luna, estrellas, todo tiene vida propia” (p. 303). De esta manera, su propuesta produce una ruptura epistémica importante con aquellos feminismos que aún no han contemplado al ser humano y sus proyectos antropocentrados como lógicas ardientes para las extinciones.
Por otro lado, en “Superando el análisis fragmentado de la dominación: una revisión feminista descolonial de la perspectiva de la interseccionalidad”, Yuderkys Espinosa Miñoso, feminista descolonial dominicana, retoma los aportes de feministas negras y de color de Estados Unidos para explicar la complejidad del sistema de opresiones que afecta a las mujeres negras en múltiples dimensiones. Plantea que las feministas afroamericanas son “las madres políticas de nosotras las feministas antirracistas racializadas en Latinoamérica”, y al mismo tiempo, hace una revisión del concepto de interseccionalidad que también se puede entender como “eslabonamientos”, “simultaneidad”, “entrelazamiento”, “interconexión”, “matriz de opresión”, “urdimbre”, “fusión” o “co-constitución” (p. 281). Estas variantes han sido utilizadas como nomenclaturas y metáforas para explicar ejes de opresión como el racismo, el patriarcado, la opresión de clase u otros sistemas de subordinación que crean desigualdades estructurales. No obstante, Espinosa Miñoso nos invita encontrar conceptos que ayuden a complejizar y sistematizar nuestro modelos propios de interpretación de las estructuras sociales.
En la última parte, Leyva Solano abre y comparte una propuesta epistemológica y metodológica en “‘Poner el cuerpo’ para des(colonizar)patriarcalizar nuestro conocimiento, la academia, nuestra vida”. A partir de un poema-performance de Joyce Jandette, Leyva Solano teoriza lo que significa “poner el cuerpo” en la academia y en la vida personal, que refiere a crear y creer en otros mundos posibles. Con esta propuesta, contribuye al relato de los aprendizajes y desaprendizajes que, junto con mujeres y jóvenes inspirados en las luchas zapatistas, les han guiado por caminos anticapitalistas y antipatriarcales. Así, narra sus andaduras académicas, políticas y personales desde su llegada a territorios zapatistas en 1987 hasta 2017, momento en el que se realizó el Primer Encuentro Internacional, Político, Arístico, Deportivo y Cultural de Mujeres que Luchan, en el Caracol de Morelia, Chiapas, el 8 de marzo de 2018. A dicho encuentro asistieron alrededor de 9 000 mujeres de todas partes del mundo, con propuestas pluridiversas que pusieron en pausa el sistema patriarcal y abrieron una grieta en medio de un país en guerra como México.
También algunos textos sobre las resistencias y rebeldías de autoras de los Países Bajos forman parte de esta última sección. En “La Casa de Barro en Ámsterdam: la importancia de los espacios rebeldes”, María Teresa Díaz Nerio, su fundadora, en conversación con Icaza y estudiantes del Instituto de Estudios Sociales de La Haya, refiere cómo es posible abrir otro tipo de espacios mediante la creatividad, incluso en países como Holanda, cuya lógica dominante es capitalista e individualista. Díaz Nerio, originaria de República Dominicana, se atrevió a descolonizar la imaginación y en esta conversación narra cómo creó un espacio rebelde crudivegano en el que se atendían asuntos urgentes y críticos para los feminismos. A continuación, desde las redes activistas antirracistas, se presenta “El proyecto de Los Archivos Negros en Ámsterdam”, experiencia que ha reunido colecciones únicas de libros, archivos y artefactos de hombres y mujeres escritores, científicos y activistas negros holandeses. Este texto nos introduce al mundo de las comunidades afrodiaspóricas para recuperar el pasado, pensar en la historia de la esclavitud neerlandesa de manera crítica y conocer el activismo antirracista en el que las luchas de clase no pueden separarse de la desigualdad racial y otras formas de opresión, como el sexismo o la homofobia. Por último, se incluye el poema “Confessions/Confesiones” de Ijeoma Umebinyuo.
Esta reseña es tan sólo una aproximación, no abarca el libro en su totalidad, pero al menos se expone aquí una selección situada de aquellas ideas que me parecieron particularmente interesantes, y más en estos tiempos, cuando las movilizaciones feministas y de mujeres indígenas por la defensa de la vida y de la tierra, los feminismos afrodiaspóricos, el BlackLivesMatter, el BlackTrans*LivesMatter, y los transfeminismos, nos muestran que en el centro de la emergencia por coronavirus están, en primera línea, las mujeres de todos los orígenes raciales y étnicos, trabajadoras del hogar, cocineras, trabajadoras que viven al día, trabajadoras sexuales, lesbianas, mujeres trans y mujeres pobres, sobre todo de los países del Sur global. En estos tiempos de muerte, cuando el capitalismo, el racismo, el heterocolonialismo y el antropocentrismo producen crisis, no desde hoy, sino desde 1492, la injusticia se muestra para que todas y todes podamos darnos cuenta de que las fuerzas estructurales llegan a organizar y reproducir cotidianamente el racismo, el clasismo, la lesbofobia y la transfobia, así como feminicidios, violencia sexual sistémica, extractivismos, megaproyectos, desplazamientos forzados y academias coloniales, modernas, patriarcales, racistas, entre otras múltiples guerras. Por eso, éste un momento para abrir la puerta a posibilidades más radicales, y en este sentido, este libro es una gran respuesta al racismo, la homofobia, la lesbofobia, la transfobia, la explotación colonial y las narrativas de desterritorialización antinegra (Mitjans, 2020). Todos éstos son problemas por los que los feminismos debemos preocuparnos, para recuperar también aquellas resistencias críticas que luchan desde distintos territorios contra los miedos, los sufrimientos, los silencios y las angustias; resistencias que anudan, desanudan y nos dan vida. Este libro es, sin duda, una herramienta de aprendizajes, de convivencias y complicidad; nos sirve tanto a investigadoras “(in)disciplinadas” como yo, como a colectivas como Pluriversidades Feministas, para imaginar otros espacios sociales más amplios, que nos permitan hacer lo que la academia dominante no suele hacer, y rendir homenajes a las luchadoras y creadoras de vida, en medio de contextos de muerte, desde maneras otras de sentipensar.









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