Introducción
La existencia de lo paranormal se acepta quizá en todas las culturas y países, aunque su función y significado difiere de una cultura a otra, así como de una comunidad a otra, e incluye una variedad de fenómenos en contradicción con las pautas aparentes de la percepción, aun cuando se presenta bajo diversas etiquetas y manifestaciones concretas en todas las épocas (George y Sreedhar, 2006; Murray, 2006; Näyhä, 2002).
Al tratarse de un fenómeno generalizado, debe existir una estructura básica que origine los tipos del fenómeno, mas no existe un modelo de aceptación general que proponga una tipología que no sea simplemente intuitiva ni puramente casuística sobre cuáles son los elementos básicos de la práctica en cuestión, o sobre qué relaciones se presentan entre ellos y a qué tipos dan lugar.
Por esta razón, se efectúa un análisis matemático-formal de ciertas estructuras cognitivas producto de la práctica, de modo que en un sentido amplio puede decirse que el presente es un enfoque estructuralista, que al ser confrontado con los hechos entra en el ámbito de la etnociencia. Pasar de la pura formalización al análisis de la realidad antropológica implica que las estructuras formales deben ser adaptadas a los hechos culturales y no al revés: lo importante es que los modelos se creen a partir de hechos reales.
Las interrogantes que han guiado la investigación han sido las siguientes: 1) ¿cuál es la estructura mínima posible que permite representar las prácticas de lo paranormal?, y 2) ¿qué características debe tener una tipología de tales prácticas? A partir de ello, se propone un modelo matemático sencillo, integrado por elementos básicos, parámetros, relaciones funcionales y tipologías.1
En este artículo no se toma partido respecto de las importantes polémicas que ocupan el campo antropológico actual, sea en la ciencia cognitiva de la religión o en la antropología posthumanista y no racionalista, pues el análisis formal no entra per se en conflicto con ningún enfoque epistemológico.
La práctica como formato general
Idea de la práctica
El concepto de práctica proporciona el formato adecuado para la comprensión de actividades que presentan un parecido de familia, como la magia, la religión y la superstición, en cuanto que todas apelan a la agencia contraintuitiva y a fenómenos no evidentes a los sentidos. Una práctica se define como cualquier forma coherente y compleja de actividad humana cooperativa, socialmente establecida, mediante la que se realizan los bienes inherentes a ella, mientras se intentan lograr los modelos de excelencia que le son apropiados (MacIntyre, 1981).
En una práctica se pueden identificar elementos que definen su estructura, a saber: 1) sujetos, que a su vez generan ciertos elementos: un sistema de creencias, los fines que se desea alcanzar con la práctica, las razones para ejecutarla -individuales y sociales-; 2) modos de ejecución, conductas o procedimientos requeridos; 3) entorno o contextos pertinentes; 4) propósito, y 5) condiciones de ejecución -tiempo, lugar, instrumentos y modo de ejecución-.
Las prácticas de lo paranormal2
El ámbito de lo paranormal incluye actividades que presentan elementos en común y son prácticas por derecho propio -como la religión y la magia-, de modo que su denominación con etiquetas como las de superstición, brujería o hechicería resulta sesgada, y la distinción entre las prácticas así etiquetadas puede ser arbitraria. Tales prácticas configuran una familia cuyo mínimo denominador común es la creencia en la agencia contraintuitiva y no evidente a los sentidos; más allá de ello, desde luego existen importantes diferencias.3
Modelos y tipologías acerca de lo paranormal
Tipologías de la magia
La tipología estándar de la magia entre finales de la Edad Media y comienzos del Renacimiento se encuentra en el Malleus maleficarum -primera parte, quaestio 16-, de 1486; sus autores, Heinrich Kramer y Jacobus Sprenger (1996), dicen que existen 14 tipos de magia, que surgen de tres clases de adivinación.
Una tipología renacentista es la de Giordano Bruno (2007), quien a finales del siglo XVI, luego de exponer las acepciones populares del término, expresa que, en correspondencia con los mundos arquetípico, físico y racional, hay tres tipos de magia: divina, natural o física, y matemática; esta última, por las disciplinas matemáticas de la época -óptica, música, geometría- y por ser intermediaria entre las operaciones divinas y las naturales. Las dos primeras son necesariamente buenas y la tercera puede no serlo, según quien la emplee.
En la época contemporánea, James Leuba (1912) propuso una clasificación de la magia según tres principios: 1) magia por repetición -lo que sucede una vez posiblemente se repetirá-; 2) magia simpática -principio de transmisión del efecto-, que se compone de asociación por similitud entre objetos, asociación por contigüidad y relación causal telepática entre objetos, y 3) magia de poder - principio de eficiencia de la voluntad-.4
Hoy en día, Frater (2005) expone cinco modelos -también les llama paradigmas- de la magia. El primero es el modelo espiritual, el más antiguo, que se puede encontrar en todas partes, tanto en el chamanismo como en la religión. Su premisa básica es la existencia de un mundo alterno habitado por entidades más o menos autónomas -espíritus, ángeles, demonios, dioses, entre otros-. El segundo modelo es el de la energía, surgido con el mesmerismo. El tercero es el modelo psicológico, en el que el subconsciente y el inconsciente harán su labor si se programan de manera adecuada. El cuarto modelo es el de la información, que no está sujeta a las limitaciones de la materia ni de la energía y permite controlar el flujo de la energía. El quinto es un metamodelo para el manejo de los anteriores, cuya premisa sería utilizar siempre el modelo más adecuado al propósito.
Finalmente, ante la diversidad semántica, la variedad de tipologías y las proposiciones de eliminar el concepto del discurso académico, Bernd-Christian Otto y Michael Stausberg (2014) han optado por renunciar a una definición de lo que denominan “magia” y proponen una tipología puramente casuística, lo cual, en realidad, no pone orden en el tema, sino que perpetúa la anarquía tipológica.
Modelos y tipologías de la superstición
Existen tres tendencias en los modelos explicativos de la superstición (S). La primera es la de los modelos causalistas y correlacionalistas, que se centran en la relación entre conducta y eventos ambientales sobre la base de la atribución errónea de causalidad, la correlación ilusoria y la ilusión de control (Pronin et al., 2006). Según esta tendencia, ciertos eventos se pueden predecir dadas ciertas conductas, o bien explicarse si ya ocurrieron -“retrodecir”- y predecir, dados ciertos eventos. Aquí se encuentran los modelos evolucionistas de Kevin Foster y Hanna Kokko (2009), y Jan Beck y Wolfgang Forstmeier (2007), así como los modelos conductistas de Burrhus Skinner (1948) y Helena Matute (Matute y Vadillo, 2012; Vadillo, Matute y Blanco, 2013).
La segunda es la del procesamiento de información según el sistema de creencias, el procesamiento dual y la confusión ontológica, que corresponden a los modelos de pensamiento mágico de Thomas Markle (2010), el cognitivista de Marjaana Lindeman y Kia Aarnio (2007) y la teoría sociológica cognitiva de la semicreencia de Colin Campbell (1996).
La tercera corriente es mixta e incluye el modelo de necesidades, el modelo de Dundes (1961; D’Agati, 2014) y los modelos psicológicos del trastorno obsesivo compulsivo (TOC; Brugger y Viaud-Delmont, 2010; Simonds, Demetre y Read, 2009).
Por otro lado, la tipología de la superstición de Peter Jarvis (1980)) incluye: 1) presagios o signos para la predicción de vida, muerte y suerte buena o mala; 2) tabúes o sanciones negativas, prohibiciones, y 3) hechizos, fórmulas para generar vida o muerte, evitar mala suerte o crear buena suerte. Finalmente, la clasificación de László Sándor (2007: 104-107) propone: 1) observación -de signos y temporal-; 2) adivinación, y 3) magia.
Como se puede apreciar, se echa en falta tanto un criterio que unifique las tipologías, como una estructura o núcleo mínimo que fundamente y brinde coherencia a las clasificaciones, lo que se propondrá en seguida.
El núcleo
La práctica de lo paranormal (P), como hechicería, religión, chamanismo, curanderismo, brujería, magia, superstición y similares, se fundamenta en una relación simbólica entre un organismo y su entorno, en la que aquél cree que puede controlar, predecir, conocer o vivenciar a éste y a sí mismo mediante su conducta o su interpretación.
El conjunto de agentes se representará con la letra O, lo que incluye a O -organismo animado, capaz de intencionalidad-, O’ -sus semejantes-, e I -agentes invisibles-. El conjunto de sus conductas -acción u omisión- se representará con la letra C, y el conjunto de eventos, entes y cosas de interés para O, del entorno -natural y sobrenatural-, se representará con la letra E, de manera que: P = <O, C, E>.
Las relaciones funcionales entre los elementos de P ocurren así: el entorno E está compuesto por una serie de fenómenos, eventos, cosas, sucesos (Em … En), incluyendo a cualesquiera otros agentes y sus conductas,5 y el conjunto C se compone de series de conductas de O (Cm … Cn).6 El resultado de toda operación P se manifiesta en E o en el propio O, aunque, para simplificar, en adelante se hablará de resultados en E.
Algunos componentes de E -son generados por uno o más de los elementos de C, ya sea por uno solo, como en el caso de un gesto simple o una conducta dada, Cn, o bien por una serie de ellos, Cm… Cn, como la ejecución de un ritual o la preparación de un brebaje mágico. Las relaciones funcionales y su papel en la producción de P se explicarán luego de examinar sus orígenes.
Origen de las P
Origen de las relaciones de C en E
Existe una relación entre C y E, donde uno o más elementos de C se considera causa de uno o más elementos de E. Así, una serie de eventos ambientales -de la serie E- puede estar asociada aleatoriamente a cierta conducta -de la serie C- de un O; por ejemplo, el hecho de que usualmente, o al menos en ciertas ocasiones, llueva cuando una persona pone al sol ropa lavada o cuando un aborigen baila cierta danza; el que una paloma comúnmente reciba alimento cuando ejecuta cierta conducta en un laboratorio, etcétera.
Así, el psicólogo Skinner (1948), en sus experimentos de mediados del siglo XX, observó cómo ciertas conductas estereotipadas y causalmente ineficaces podían aparecer en los organismos si habían sido seguidas por reforzamientos adecuados, y las denominó “superstición”.
Tales situaciones pueden llegar a ser culturalmente típicas, y el organismo aprende por sí mismo esa relación entre E y C: su aparato mental archiva los E y los relaciona con situaciones nuevas pero similares -asimilables a la serie E-, que de manera progresiva aparecen en el transcurso de su existencia; o bien, se le enseña al sujeto, por aprendizaje cultural en la manada, la familia, la escuela, la calle, etc., que tales situaciones guardan alguna relación entre sí.
Lo relevante es que en algún momento el organismo termina asociando dicha serie de eventos con alguna o algunas Cn de C, y llega a considerar que, si ejecuta una conducta como ésa o alguna asimilable, el evento correspondiente ocurrirá. Se trata de lo que se denomina “condicionamiento operante”: se ejecuta una conducta, ocurre un evento ambiental n veces, y el organismo aprende a esperar que esa relación se mantenga y actuar en consecuencia.
Esto sucede para un fenómeno que constituye un primer grupo de las P, o P clase a (Pa): en ésta se presenta una relación entre dos elementos, el organismo y su entorno, tal que aquél depende de éste para la obtención de sus fines, mediante la ejecución de conductas ritualistas, basadas en interpretaciones estereotipadas acerca del funcionamiento de sí mismo, del entorno y de su relación con éste.
Se presentaría así una atribución errónea de causalidad, puesto que el fenómeno considerado como causante carecería de eficacia causal para producir el evento con el que se le relaciona (Pronin et al., 2006). De esta manera, se crea un ciclo psicológicamente autosatisfactorio -profecía autocumplida-, debido a que cada vez que sucede En se recuerda Cn, o cada vez que se ejecuta Cn se espera En, mientras se desecha cognitivamente las ocasiones en las que la relación no se cumple.
Así pues, según su aprendizaje, el organismo tenderá a recordar la relación más saliente en su memoria, la que asocia la serie E a la serie C, y desechará como irrelevantes o no tomará en cuenta los casos en los que tal relación no se cumple. He allí el origen de Pa.
Origen de las relaciones de E en E
En este caso, la relación no es entre conducta y eventos, sino entre eventos, de modo que la ocurrencia o ausencia de alguno se considera como señal de la ausencia u ocurrencia de otro con el cual se le relaciona; por ello, al no existir una relación causal, lo que ocurre es una correlación ilusoria entre eventos.
A este segundo grupo de P se le denominará P clase
Origen de las relaciones de C en E
Este tercer grupo de P se denominará
Lo que caracteriza al TOC como una P es: a) presencia de un pensamiento obsesivo -intrusivo y persistente-, según el cual cierto evento deseable o indeseable depende de C; b) ejecución compulsiva de una conducta, esto es, indefinidamente repetitiva, en un ciclo que al sujeto le cuesta mucho romper, y c) la atribución causal entre la conducta compulsiva y el evento es considerada por el individuo como ilógica pero causalmente eficaz (Spears, 2013).
Origen de las relaciones entre la experiencia y lo inefable
Un cuarto grupo de P se denominará
En esta oportunidad, se trata de cuestiones tales como las siguientes: a) por una parte, los casos en los que un sujeto aparentemente sirve como medio para la manifestación o la actividad de algo, como por ejemplo en la posesión, mediumnidad, escritura automática o trance oracular (Oberter, 2012); y b) los casos en los que O percibe la ocurrencia de algo que, al menos en principio, califica como una experiencia P, lo sea o no, como ocurre en los contextos en los cuales una persona es testigo de lo que considera que es P, de modo que esta clase de P surge de la vivencia personal en la que O le otorga algún sentido a lo vivido, frente a la inexplicabilidad - real o aparente- de P.
Relaciones entre los elementos de P
Funciones
Una primera relación funcional entre C y E es de tipo causal: O asume que la ejecución o cesación de una conducta dada -por su parte o por parte de O’- genera uno o más de los elementos de E, aunque la relación en realidad sea causalmente ineficaz -atribución errónea de causalidad-. En este caso, se trata de una función κ, según la cual E,O = κ(C).7
Una segunda relación funcional en P se presenta dentro del propio conjunto E, y
es de tipo correlacional: O asume que la ocurrencia o cesación de un evento dado
-o una serie de ellos- se encuentra relacionada con uno o más elementos de E.
Por ejemplo, la interpretación de los augurios -hermenéutica paranormal de los
eventos- o las mancias -hermenéutica paranormal de los objetos-. En este caso,
se da una función
Una tercera relación funcional entre C y E es también de tipo causal, pero
presenta dos características especiales: O asume que la ejecución o cesación de
una conducta suya genera o anula uno o más de los elementos de E, pero además de
que la relación sea causalmente ineficaz, no ocurre realmente una atribución
errónea de causalidad, puesto que el sujeto está consciente de la ineficacia
causal de su conducta, mas le resulta en extremo difícil dejar de ejecutarla,
debido a la creencia en que su conducta es realmente eficaz de modo inexplicable
e incomprensible. En este caso, es la función
Nótese que en las relaciones funcionales de tipo causal, O es un agente generador o finalizador de eventos o cuestiones en el mundo -lo que lo incluye a él y a O’- que actúa sobre el entorno o sobre sí mismo, en tanto que en las relaciones de tipo correlacional, O es un hermeneuta paranormal, esto es, un intérprete de ciertos signos que se presentan en el entorno -que incluyen cualesquiera cosas materiales, eventos y agentes-.
La cuarta relación funcional que se presenta es una en la que la vivencia de O es
un resultado por transducción -conversión de una cosa en otra- de lo
inexplicable o inefable (
Primera clase de relaciones: relaciones de causalidad de C hacia e (P clase α)8
Según O, su Cn provoca un En favorable (E+), por ejemplo, creer el bateador que golpear tres veces la suela del zapato izquierdo con la punta del bate, inmediatamente antes de batear, le permitirá conectar un jonrón. Pero también hay casos en los que, según O, una conducta diferente, como Cm, hace finalizar un En desfavorable (E-), por ejemplo, colocar un vaso de agua tras una puerta a fin de que una visita indeseable se vaya.
Siendo así, hay dos clases de C en P de carácter causal: una conducta generativa,
que la persona cree que provoca o genera eventos (E) y que se simbolizará como
Cg, y otra conducta anuladora, que el sujeto cree que evita o finaliza eventos (
En ambos casos -generación y anulación-, O cree que existe una relación causalmente eficaz entre C y E. La dirección causal va desde C hasta E, y la función que caracteriza la relación entre C y E, como ya se dijo, es una relación causal ilusoria. De esta manera hay 16 clases de relaciones causales entre C y E en P; de ellas, ocho no son posibles - subíndices literales, casillas sombreadas-, y ocho son posibles -no se considera el factor tiempo- (véanse los cuadros 1 y 2).
Cuadro 1 Tipos de la clase Sα según la relación causal κ
| Eventos en el mundo | |||||
| Generar eventos | Anular eventos | ||||
| Conductas de O | favorables E+ | desfavorables E− | favorables Ē+ | desfavorables Ē− | |
| Conductas generadoras | Cg | P1 | P2 | Pe | Pf |
| Cg | Pa | Pb | P3 | P4 | |
| Conductas anuladoras | Ca | Pc | Pd | P5 | P6 |
| Ca | P7 | P8 | Pg | Ph | |
Fuente: Elaboración propia
Cuadro 2 Descripción de los tipos de Pα
| Tipos | Relación funcional E = k(C) | Significado | |||
| P1 | E+ = κ(Cg) | Una conducta generadora origina un evento positivo. | |||
| P2 | E− = κ(Cg) | Una conducta generadora origina un evento negativo. | |||
| P3 | Ē+ = κ(Cg) | La finalización —omisión o cesación— de una conducta generadora causa el final de un evento positivo. | |||
| P4 | Ē− = κ(Cg) | La finalización —omisión o cesación— de una conducta generadora causa el final de un evento negativo. | |||
| P5 | Ē+ = κ(Ca) | Una conducta anuladora finaliza o frustra un evento positivo. | |||
| P6 | Ē− = κ(Ca) | Una conducta anuladora finaliza o evita que ocurra un evento negativo. | |||
| P7 | E+ = κ(Ca) | La eliminación de una conducta anuladora causa o permite que continúe un evento positivo. | |||
| P8 | E− = κ(Ca) | La eliminación de una conducta anuladora causa o permite que continúe un evento negativo. | |||
Fuente: Elaboración propia.
Segunda clase de relaciones: correlación desde E hacia E (P clase β)
Los estados de cosas o eventos singulares (En… Em) pertenecientes a la serie que compone el conjunto E pueden ser considerados favorables o desfavorables por O, y los eventos referidos pueden ser ubicados temporalmente por O en el pasado o en el futuro, esto es, P puede referirse a eventos que ya sucedieron o que están por ocurrir.
En este caso, O recurre a un evento-signo en el presente, el pasado o el futuro
-evento señalizador-, o bien a una configuración o forma de un objeto de
interpretación -instrumento-, a los que se relaciona con un evento Em
considerado favorable o desfavorable, ubicado en el presente, el pasado o el
futuro. Como las relaciones de tipo
Cuadro 3 Tipos de la clase Pβ según la relación ρ
| Eventos | |||
| Signos o eventos señalizadores (Es) | Pasados (ps) | Presentes (pt) | Futuros (ft) |
| Favorables (E+) | P9 | P10 | P11 |
| Desfavorables (E−) | P12 | P13 | P14 |
Fuente: Elaboración propia.
Cuadro 4 Descripción de los tipos de Pβ
| Tipo | Relación funcional En = ρ(Es) | Significado | |
| P9 | E+ps = ρ(Es) | Un evento es señal de otro pasado, positivo o favorable. | |
| P10 | E+pr = ρ(Es) | Un evento es señal de otro presente, positivo o favorable. | |
| P11 | E+ft = ρ(Es) | Un evento es señal de otro futuro, positivo o favorable. | |
| P12 | E−ps = ρ(Es) | Un evento es señal de otro pasado, negativo o desfavorable. | |
| P13 | E−pr = ρ(Es) | Un evento es señal de otro presente, negativo o desfavorable. | |
| P14 | E−ft = ρ(Es) | Un evento es señal de otro futuro, negativo o desfavorable. | |
Fuente: Elaboración propia.
Cuadro 5 Tipos de Pχ según la relación causal ϖ entre C y E: [E = ϖ(C)]
| Eventos en el mundo | |||||
| Generar eventos | Anular eventos | ||||
| Conductas de O | favorables E+ | desfavorables E− | favorables Ē+ | desfavorables Ē− | |
| Conductas generadoras | Cg | P15 | P16 | Pm | Pn |
| Cg | Pi | Pj | P17 | P18 | |
| Conductas anuladoras | Ca | Pk | Pl | P19 | P20 |
| Ca | P21 | P22 | Po | Pp | |
Fuente: Elaboración propia.
Se operan aquí dos clases de desplazamiento temporal: hacia el futuro (ft) -predicción- y hacia el pasado (ps)-retrodicción-, además de las relaciones que se asumen entre eventos simultáneos en el momento presente (pt) -actualización-. Se trata de los siguientes casos: 1) signos del pasado; 2) signos del presente, y 3) augurios o presagios, en los cuales, con intención o carácter predictivo - profecías y similares-, o simultáneo o retrodictivo -visión del pasado-, se establecen o se asumen correlaciones entre eventos actuales y eventos presentes, futuros o pasados -signos del destino-. En el cuadro 3 se muestran las relaciones posibles, dados estos elementos, y en el cuadro 4, los tipos resultantes.
Tercera clase de relaciones: relaciones especiales de causalidad (P clase χ)
La tercera relación funcional entre C, E y O también es de tipo causal. En este caso, O asume que la ejecución o cesación de una conducta suya genera o anula uno o más de los elementos de E, o actúa sobre O, pero además de la ineficacia causal real, la atribución errónea de causalidad persiste a pesar de que se sabe que es errada. Los tipos posibles para Pc son formalmente equivalentes a los de Pa. En el cuadro 5, los que no son lógicamente posibles se señalan con subíndices literales, en casillas sombreadas, y en el cuadro 6 se muestran los tipos resultantes.
Cuadro 6 Descripción de los tipos de Pχ
| Tipos | Relación funcional E = ϖ(C) | Significado | |||
| P15 | E+ = ϖ(Cg) | Una conducta generadora origina un evento positivo. | |||
| P16 | E− = ϖ(Cg) | Una conducta generadora origina un evento negativo. | |||
| P17 | Ē+ = ϖ(Cg) | La finalización —omisión o cesación— de una conducta generadora causa el final de un evento positivo. | |||
| P18 | Ē− = ϖ(Cg) | La finalización —omisión o cesación— de una conducta generadora causa el final de un evento negativo. | |||
| P19 | Ē+ = ϖ(Ca) | Una conducta anuladora finaliza o frustra un evento positivo. | |||
| P20 | Ē− = ϖ(Ca) | Una conducta anuladora finaliza o evita que ocurra un evento negativo. | |||
| P21 | E+ = ϖ(—Ca) | La eliminación de una conducta anuladora causa o permite que continúe un evento positivo. | |||
| P22 | E− = ϖ(—Ca) | La eliminación de una conducta anuladora causa o permite que continúe un evento negativo. | |||
Fuente: Elaboración propia.
Cuarta clase de relaciones: relaciones de transducción
Ésta es la experiencia P: en este caso, lo que O experimenta como P puede ser
comprensible o no para los otros, pero en todo caso amerita explicación, ya sea
para su comprensión -parcial o completa- por parte de quien lo vivencia, ya para
la comunicación de la experiencia vivida. En estos casos, el esfuerzo del
aparato cognitivo de O se manifiesta en la transducción -la conversión de datos
o información- de
Al presentarse una relación funcional según la cual la experiencia de P sucede en
función de la ocurrencia de lo inexplicable
Así, operan dos clases de relaciones entre la experiencia y lo inefable, que dan lugar a dos clases de vivencia de P: la mediación y la atestiguación. Véanse los cuadros 7 y 8.
Cuadro 7 Tipos de Pδ según la función de transducción ψ
| Vivencia de lo inefable (Ω) | ||
| Mediación | Atestiguación | |
| P23 | P24 | |
Fuente: Elaboración propia.
Cuadro 8 Descripción de los tipos de Pδ
| Tipo | Relación funcional Exp = ψ(Ω) | Significado | |
| P23 | ExpM = ψ(Ω) | Mediación: O es objeto de la experiencia P al formar parte de ésta como medio para su manifestación, mediante su cuerpo y conducta, de modo voluntario o no, consciente o no. | |
| P24 | ExpT = ψ(Ω) | Atestiguación: O es sujeto pasivo de la experiencia P al formar parte de ésta o no, mediante su presencia, de modo voluntario o no, consciente o no. | |
Fuente: Elaboración propia.
Relaciones mixtas o compuestas
Las manifestaciones de P no necesariamente se presentan en tipos simples, pueden ocurrir casos concretos que impliquen dos o más tipos. Se presentan tres posibilidades: a) multiplicidad de tipos en progresión lineal, en la que la sucesión de conductas no incluye la repetición de conductas simples -por ejemplo, interpretación de un augurio-; b) multiplicidad de tipos en progresión no lineal, en la que la sucesión de conductas incluye la repetición de ciertas conductas simples hasta satisfacer una condición dada, lo que puede dar lugar a bucles -por ejemplo, en diversos rituales-, y c) composición de funciones, es decir, empleo del producto de una como objeto de otra -por ejemplo, interpretar un signo y luego manipular ese signo para generar un cambio-.
Tipos definitivos
En el cuadro 9 se muestran los tipos que resultan de manera definitiva.
Cuadro 9 Clases y tipos definitivos de P
| Clases y tipos de P | Funciones | ||
| 1) Clase Pα | |||
| P1 | E+ = κ(Cg) | ||
| P2 | E− = κ(Cg) | ||
| P3 | Ē+ = κ(—Cg) | ||
| P4 | Ē− = κ(—Cg) | ||
| P5 | Ē+ = κ(Ca) | ||
| P6 | Ē− = κ(Ca) | ||
| P7 | E+ = κ(—Ca) | ||
| P8 | E− = κ(—Ca) | ||
| 2) Clase Pβ | |||
| P9 | E+ps = ρ(Es) | ||
| P10 | E+pr = ρ(Es) | ||
| P11 | E+ft = ρ(Es) | ||
| P12 | E−ps = ρ(Es) | ||
| P13 | E−pr = ρ(Es) | ||
| P14 | E−ft = ρ(Es) | ||
| 3) Clase Pχ | |||
| P15 | E+ = ϖ(Cg) | ||
| P16 | E− = ϖ(Cg) | ||
| P17 | Ē+ = ϖ(—Cg) | ||
| P18 | Ē− = ϖ(—Cg) | ||
| P19 | Ē+ = ϖ(Ca) | ||
| P20 | Ē− = ϖ(Ca) | ||
| P21 | E+ = ϖ(—Ca) | ||
| P22 | E− = ϖ(—Ca) | ||
| 4) Clase Pδ | |||
| P23 | ExpM =ψ(Ω) | ||
| P24 | ExpT=ψ(Ω) | ||
Fuente: Elaboración propia.
Una tipología fenomenológica de P
Hasta aquí se ha mostrado el surgimiento de los tipos de P según las relaciones entre sus elementos, pero para llegar a sus distintas manifestaciones es preciso detectar unas formas que sirvan como enlace entre éstas y aquéllos. La solución que se propone es una tipología fenomenológica, referida a los fenómenos involucrados y no puramente a la representación simbólica.
Para ello se toman tres criterios de clasificación: a) tipo de ámbito; es decir, lo superior -asociado a lo luminoso, lo bueno y lo sagrado- y lo inferior - asociado a la oscuridad, la maldad y lo negativo-; b) entorno al cual se refieren las operaciones del sujeto; es decir, lo visible -mundo natural- y lo invisible -mundo sobrenatural-, y c) tipo de conducta ejecutada, que puede ser de interpretación; de operación para la producción de efectos sobrenaturales; vivencial -de experiencia personal como medio o de presencia como testigo-. De lo que surgen 12 formas de P. Lo que sucede posteriormente consiste en las diversas manifestaciones concretas de P (véase el cuadro 10).
Cuadro 10 Una tipología fenomenológica de P
| Ámbito* | Clase de actividad | |||
| Interpretativa | Operativa | Vivencial | ||
| Ámbito superior | Entorno visible | Interpretación del entorno visible superior (IVS) | Operación sobre el entorno visible superior (OVS) | Experiencia paranormal en el entorno visible superior (EVS) |
| Entorno invisible | Interpretación del entorno invisible superior (IIS) | Operación sobre el entorno invisible superior (OIS) | Experiencia paranormal en el entorno invisible superior (EIS) | |
| Ámbito inferior | Entorno visible | Interpretación del entorno visible inferior (IVI) | Operación sobre el entorno visible inferior (OVI) | Experiencia paranormal en el entorno visible inferior (EVI) |
| Entorno invisible | Interpretación del entorno invisible inferior (III) | Operación sobre el entorno invisible inferior (OII) | Experiencia paranormal en el entorno invisible inferior (EII) | |
* El ámbito debe calificarse como positivo o bueno, o bien como negativo o malo, por quien ejecutó la conducta, interpretó el hecho o vivió la experiencia, no por el observador, testigo o analista. Nota: No se incluye un ámbito neutral para no multiplicar los elementos de manera innecesaria. Fuente: Elaboración propia.
Niveles del modelo
El modelo se compone de cuatro niveles, desde lo más abstracto hasta la manifestación empírica del fenómeno. El núcleo de P se compone de tres elementos -O, C y E- y las relaciones funcionales que existen entre ellos generan cuatro clases básicas de P -ésta es su estructura profunda-. En en el primer nivel del modelo están las clases Pa, Pb, Pc y Pd, las cuales se manifiestan en 24 tipos -la primera estructura intermedia de P- y constituyen el segundo nivel del modelo: los tipos de P (P1 … P24). P se presenta luego en ocho formas -la segunda estructura intermedia de P-, que componen el tercer nivel del modelo: las formas de P (IVS … EII).
La manifestación final de P presenta una amplia variedad de casos, que se aprecian en la actividad de los sujetos,9 según los distintos sistemas de creencias, características personales y culturas. Estos casos son la expresión observable o estructura superficial de P y constituyen el cuarto nivel del modelo: las prácticas de P.10
Se propone que las estructuras deben presentar una relación de equivalencia (‹-›) y deberían ser traducibles de un nivel al inmediato superior, puesto que cada una es resultado de la transformación de la anterior, por lo que debe conservarse una relación homeomórfica entre los conjuntos (véase la figura 1).
Una definición de P
Se define P como una estructura simbólica compuesta por O -agentes humanos-, C
-conjunto de conductas- y E -conjunto de agentes visibles e invisibles (I), hechos y
eventos-, en la que O o I ejecutan u omiten uno o más componentes de C, en el
contexto de lo inexplicable (
C y E se encuentran restringidos por tres parámetros: tiempo -pasado, presente y
futuro-; valor -favorable, neutro o desfavorable- y ocurrencia -generación o
cesación-. Existen cuatro relaciones funcionales entre O, C y E dentro de E,
inadecuadas desde un punto de vista lógico: 1) relaciones causales (
Conclusión
En esta investigación se han analizado las clases y tipos de práctica de lo paranormal (P) con fundamento en las relaciones funcionales que se presentan en las operaciones cognitivas que ejecuta un organismo y que pueden ser representadas matemáticamente. Dicha fundamentación no había sido propuesta anteriormente. Así, se ha adelantado una solución al problema de crear una tipología de P no meramente intuitiva ni casuística.
La existencia real de las estructuras encontradas es algo que no puede ser dilucidado de manera teórica, sino empírica; de modo que, aunque aquí se propone un modelo, éste deberá ser sometido a prueba posteriormente. Así, este modelo no pretende que se prescinda del análisis emic, sino mostrar que aun cuando las P se manifiestan en diversas culturas, a todas subyace una estructura que en sus formas locales deberá presentar sólo variaciones superficiales, es decir, de manifestación empírica y dependientes de la cultura.
Este modelo abre vías de sumo interés para la investigación, mediante la observación de P, entrevistas, análisis de textos, etc. Dichas vías son: 1) análisis de la existencia de las estructuras propuestas; 2) determinación de si puede darse, y bajo qué condiciones, una composición matemática de las funciones cuando se presenta un tipo mixto de P; 3) examen de la probabilidad de predecir una clase, tipo o forma de P, dada la ejecución de otra, en series de conductas rituales y no rituales; 4) verificación o refutación en campo de la estructura de P propuesta; 5) análisis de la validez del modelo para épocas diferentes, en textos históricos, y 6) predominio cultural de tipos de P, según relaciones de asociación o correlación entre la tipología y las características culturales.










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