Introducción
Los compromisos globales asumidos desde la década de 1980, para mitigar las emisiones de gases de efecto invernadero por el cambio climático, promueven el aprovechamiento sostenible de la energía. Se discute el modelo fósil-dependiente y se aspira a construir uno nuevo, sobrio en el uso de los recursos, basado en fuentes renovables e inclusivo en la accesibilidad a los servicios. A esto alude, en general, el concepto de transición energética (Bridge et al. 2013; Deshaies, 2020; Kohler, 2019; Nadaï y Wallenborn, 2019). Los desafíos y objetivos asociados se instalan en el debate social y en las agendas de los gobiernos (Aliste y Musset, 2014).
Sociedades y territorios son atravesados por los cambios promovidos en el marco de la transición energética. Sus transformaciones pueden interpretarse a la vez como resultado y como condición de evolución de nuevos procesos (Trivi, 2013). Los objetos técnicos y las prácticas mudan; el sistema de actores se redefine con las nuevas lógicas. Las trayectorias territoriales evidencian su coevolución en el espacio-tiempo y cómo dialécticamente las redes han ido modelando los atributos constitutivos de los territorios: económicos, sociales, culturales, políticos y ambientales (Braudel, 1997; Di Méo, 2016; Hernández Lara, 2012; Santos, 1996).
Las innovaciones en los sistemas energéticos, así como su territorialización (Haesbaert, 2013) se ven acompañadas de elementos de continuidad, tanto materiales como organizacionales. Los elementos nuevos coexisten con el sistema fósil, e incluso se complementan e hibridan (Fressoz, 2014; Raman 2013). Se requiere urgencia en los cambios, pero dependen de procesos de materialización, incorporación, asimilación e institucionalización de los mismos. La sociedad que los induce o adopta tiene el papel protagónico, aunque hay otros actores que resultan clave en su promoción como Estados que modifiquen los marcos normativos o empresas que inviertan en las tecnologías y el aprovechamiento de los recursos energéticos. Estos se convierten en construcciones sociales, pero en ellas las localizaciones en los territorios y la materialidad de las redes evocan la dependencia al lugar y a la trayectoria energética (Aykut et al., 2017).
Argentina avanza por los caminos de la transición energética, comprometida internacionalmente mediante la firma del Acuerdo de París. Al mismo tiempo, depende del funcionamiento de su sistema energético basado en el aprovechamiento de los hidrocarburos. En 2021, el 8% de la oferta primaria de energía (75,000 ktep)1 estaba cubierto por el grupo del bagazo, la leña, los aceites y alcoholes vegetales, las energías eólica y solar; mientras que el gas (52%) y el petróleo (31%) aportaban el 84% (Secretaría de Energía, 2021). En esto adquiere un papel fundamental la actividad de la Provincia de Neuquén,2 al norte de la Patagonia, sobre la cordillera de los Andes, pues se trata de la mayor productora de gas del país: de los 48,000 millones m3 producidos en 2022 en Argentina, 63% fueron extraídos en Neuquén. Además, esta provincia produce 46% de los 33,792,856 m3 extraídos en 2022 en el país (Secretaría de Energía, 2023) y hace aportes significativos de electricidad al sistema interconectado nacional.
Los territorios neuquinos históricamente han estado vinculados a la explotación de sus recursos energéticos. A inicios del siglo XX, la empresa nacional YPF (Yacimientos Petrolíferos Fiscales) comenzó la extracción de hidrocarburos, construyendo también infraestructuras y equipamiento para la actividad y para sus empleados. A partir de 1960, la empresa Hidronor (Hidroeléctrica Norpatagónica S. A.) -que pertenece al Estado nacional, mayoritariamente- lanzó la construcción de grandes represas hidroeléctricas (Forget y Velut, 2015) para el sistema interconectado nacional. En el siglo XXI, a la vez que crece la explotación de los hidrocarburos de reservorios no convencionales, cobra impulso el aprovechamiento de las energías renovables.
Con base en lo anterior, esta investigación indaga cambios en las redes energéticas y transformaciones territoriales a través de una aproximación cualitativa, apoyada en resultados de trabajos de campo. Los estudios empíricos resultan relevantes para comprender las relaciones que se tejen entre las tendencias globales y las dinámicas locales, expresadas en la interacción de los actores y materializadas en la construcción de los territorios.
En 2016 y 2017 en la provincia de Neuquén se realizaron observaciones directas en locaciones hidrocarburíferas y se concretaron más de 50 entrevistas semiestructuradas a informantes claves, entre ellos, funcionarios de la gestión provincial y municipal, representantes de empresas y referentes de organizaciones sociales. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, sede de las empresas petroleras que operan en Argentina y de los organismos nacionales, se entrevistó a personal jerárquico y a funcionarios. Los datos primarios obtenidos en terreno se complementaron con información de fuentes secundarias. Investigaciones académicas, informes técnicos y artículos de prensa permitieron indagar en torno a la temática. Se construyó un sistema de información geográfica con estadísticas y datos georreferenciados de agencias oficiales (nacionales y provinciales), para elaborar cartografía específica y apoyar el análisis de los procesos de cambio en la provincia.
En los análisis se identificaron eventos que marcaron la trayectoria energética en Neuquén (Beyna y Gaignard, 1976), que impulsaron el aprovechamiento de nuevos recursos así como la creación de instituciones y asociaciones, tejiendo una malla densa de actores vinculados a los proyectos. Localidades, regiones y comunidades fueron tomando protagonismo por el dinamismo que adquirieron al compás de los cambios, por los beneficios que obtuvieron a partir de las actividades dominantes o por los perjuicios que experimentaron con las transformaciones. El artículo se estructura en dos partes: la primera aborda la trayectoria energética de la provincia de Neuquén, definida por la sumatoria progresiva de fuentes; la segunda trata la evolución de los asentamientos y localidades transformados por la explotación de los recursos energéticos.
1. Adiciones energéticas
La trayectoria energética de Neuquén se modela a partir de la explotación de los recursos hidrocarburíferos desde la primera mitad del siglo XX, con la adición de grandes aprovechamientos hidroeléctricos, en la década de 1970, y pequeñas instalaciones de energías renovables, en el siglo XXI (figura 1). El Estado nacional, fundamentalmente a través de YPF e Hidronor, fue motor de la expansión de las redes al servicio del país. El Estado provincial, sobretodo mediante el EPEN (Ente Provincial de Energía Eléctrica), Emhidro (Emprendimientos Hidroeléctricos Sociedad del Estado Provincial del Neuquén) y la Adi-Nqn (Agencia de Inversiones de Neuquén), acompaña y amplía las iniciativas nacionales, impulsando proyectos de energías renovables que satisfacen necesidades locales. Actores privados y agencias internacionales participan de las distintas actividades.

Fuente: elaboración propia con base en datos obtenidos de la Secretaría de Energía (s/f) Adi-Nqn (s/f) y Orsep (s/f), empleando el software ArcGis (ESRI, 2021).
Figura 1 Momentos energéticos de la provincia de Neuquén
1.1. Un siglo de hidrocarburos
Las primeras referencias sobre hidrocarburos en la provincia de Neuquén datan de 1880. La política de exploraciones llevada a cabo por la Dirección General de Minas, Geología e Hidrología de la Nación dio sus frutos en 1918, cuando se descubrió petróleo en Plaza Huincul. En 1922, la empresa estatal YPF (creada ese año) construyó una destilería. Comenzó a constituirse el eje hidrocarburífero Plaza Huincul-Neuquén capital con los yacimientos Challacó, Centenario, Las Chivas y El Salitral, entre otros, descubiertos a partir de 1941.
A finales de la década de 1960, el hallazgo del yacimiento Puesto Hernández (1967), -entonces el más grande del país- desplazó el avance de la explotación hacia el norte provincial. Mientras tanto, en el centro de la provincia se descubrió el yacimiento Loma La Lata (1977) que devino el mayor productor de gas del país. Durante las décadas de 1970 y 1980 aumentó la actividad hidrocarburífera provincial y su participación en la matriz energética nacional.
Con la actividad extractiva crecieron concomitantemente el equipamiento e infraestructura para el transporte de los recursos explotados y la industria derivada. El petróleo era trasladado, primero, en camiones-cisterna hasta la planta de almacenamiento en Plaza Huincul. Oleoductos y gasoductos locales se fueron multiplicando; luego alcanzaron la fachada atlántica. En las décadas de 1970 y 1980 se inauguraron gasoductos regionales y troncales claves.3 Durante la última década del siglo XX, se construyeron un oleoducto y gasoductos de exportación. Esto propició la Reforma del Estado -a partir de la cual se reestructuró el sector hidrocarburífero- que implicó reducción de empleo y privatización de empresas energéticas, particularmente YPF y Gas del Estado. Tales cambios desencadenaron problemáticas sociales y económicas profundas.
En el siglo XXI, la frontera hidrocarburífera vuelve a expandirse en el centro neuquino con la explotación de hidrocarburos no convencionales, específicamente de recursos shale y tight. Estos, a diferencia de los convencionales, se alojan en formaciones sedimentarias con baja o escasa permeabilidad, lo que implica la utilización de técnicas de fractura hidráulica (fracking). La cuenca neuquina alberga las mayores cantidades de recursos de petróleo y gas en la formación geológica Vaca Muerta. A unos 3000 m de profundidad y con un espesor que llega a ser de 500 m, se extiende en el subsuelo de la provincia de Neuquén principalmente, pero también de Río Negro, La Pampa y Mendoza.
YPF -recuperada por el Estado en 2012- se recoloca, sola o en asociación con otras empresas que realizan inversiones millonarias,4 para hacer avanzar múltiples proyectos. Los niveles de producción, principalmente de gas, comenzaron a revertir la curva de decrecimiento. En 2019, el país produjo más de 49,300,000 mm3 de gas, de los cuales la provincia neuquina aportó el 54% (más de 26,500,000 mm3). De este total provincial, 68% correspondió a recursos gasíferos no convencionales (Secretaría de Energía, s/f).
1.2. 1970-2000, grandes obras hidroeléctricas
Los ríos Limay, Neuquén y Negro conforman uno de los sistemas hidrográficos más importantes del país y estratégicos para la región. Su aprovechamiento integral se inició en la década de 1970 para prevenir inundaciones, controlar las crecidas, aumentar la superficie de riego y abastecer las crecientes demandas eléctricas del Sistema Interconectado Nacional. La empresa estatal Hidronor, creada en 1967 (Ley 17,318), construiría y explotaría las obras hidráulicas y eléctricas en la región Comahue,5 incluso las líneas de transmisión (Orsep, 2010). Sobre el Limay se construyeron las represas: el Chocón (1973-1200 MW); Arroyito (1979-128 MW), Alicurá (1985-1050 MW), Piedra del Águila (1992-1400 MW) y Pichi Picún Leufú (1999-261 MW). Planicie Banderita (1977-472 MW) se localizó sobre el río Neuquén. Conforme entraban en funcionamiento las centrales hidoreléctricas, se irían habilitando líneas de extra alta tensión convergentes en Buenos Aires.
En la década de 1990, los procesos de privatización conllevaron cambios en la gestión de los recursos hídricos. Para ello se crearon unidades de negocio de generación hidroeléctrica que luego fueron concesionadas a empresas privadas mediante licitaciones internacionales (Orsep, 2010).6 Las represas construidas sobre el Neuquén y el Limay sumaban 4500 MW de potencia, lo que en 2019 representaba 11% de la potencia instalada total del país (39,000 MW) y, prácticamente, la mitad de la potencia hidráulica (10,800 MW).
1.3. Siglo XXI, impulso renovable
A inicios del siglo XXI, en consonancia con políticas nacionales y haciendo eco de impulsos globales de transición, se multiplicaron los proyectos vinculados a las energías renovables. El Estado neuquino ha asumido un rol promotor, a través del EPEN, Adi-Nqn y de Emhidro. El financiamiento para avanzar en la concreción de las obras constituye uno de los desafíos principales que enfrentan las agencias provinciales.
La geotermia se destaca en el abanico de emprendimientos energéticos en Neuquén, pues constituye uno de sus proyectos de relevancia a nivel nacional. El campo geotérmico Copahue, en el noroeste provincial, comenzó a ser estudiado por el EPEN, que en 1976 perforó el primer pozo exploratorio COP I y en 1986, el segundo COP II. Se construyó una central geotérmica piloto de 700 kW de potencia en 1988, la primera de este tipo en Sudamérica. En la década de 1990, se perforaron los pozos COP III y COP IV, pero se cerró la central piloto. Desde 2009, la Adi-Nqn, a través del Programa de Energía Geotérmica, pretende reactivar el desarrollo de los campos Copahue e incorporar el de Domuyo (Adi-Nqn, s/f; Conde Serra y Johanis, 2021).7
Pequeñas instalaciones solares fueron concretadas por el EPEN para servir a establecimientos y viviendas sin conexión a la red eléctrica. La empresa comenzó atendiendo establecimientos escolares a finales de la década de 1980, y a poblaciones dispersas, en la de 1990. A principios del siglo XXI, las instalaciones se concentraron en el noroeste de la provincia y se financiaron a través de fondos del EPEN, del Fedei (Fondo de Desarrollo Eléctrico del Interior) y del Permer (Proyecto Nacional de Energías Renovables en Mercados Rurales). Éste fue instrumentado en la Provincia en 2005, para brindar energía a través de equipamientos individuales y microrredes a poblaciones alejadas de los tendidos: hogares, escuelas, establecimientos productivos. A finales de 2021, Adi-Nqn inició la construcción de “El Alamito”, primer parque fotovoltaico -primera etapa: 1 MW- en el norte neuquino, que se convirtió en el más austral del país. El mismo año, el municipio de Cutral Co licitó la construcción de una planta solar (3.2 MW).8
Más de 30 aprovechamientos hídricos multipropósito de pequeña escala fueron identificados por Emhidro. Suman alrededor de 5000 MW y entre ellos se destacan el complejo Chihuido I y II, como los mayores, y Nahueve “Ing. Pedro Salvatori” (4.6 MW), que comenzó a construirse en 2020, con un crédito del Fondo para Desarrollo Abu Dhabi (administrado por la Agencia Internacional de Energías Renovables).
En energía eólica y con el objetivo de cuantificar el recurso, en 2008 el EPEN, el Centro Regional de Energía Eólica de Chubut y la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Comahue elaboraron el mapa eólico de la provincia. Desde 2012 funciona la Plataforma Eólica de Ensayos de Aerogeneradores de Baja Potencia del INTI (Instituto Nacional de Tecnología Industrial), que evalúa equipos fabricados en el país. El Adi-Nqn posee 6 proyectos eólicos,9 en su mayoría a la espera de financiamiento. En 2020, la empresa AES inauguró Vientos Neuquinos I, el primer parque eólico provincial (100 MW).10 Este proyecto, ubicado a 40 km de la localidad de Picún Leufú, aporta energía al Sistema Interconectado Nacional (Adi-Nqn, s/f).
2. Territorios dinamizados
Las actividades energéticas han constituido un motor de transformaciones territoriales en Neuquén. La explotación de hidrocarburos impulsó el crecimiento de asentamientos poblacionales, conforme se fue desplazando la frontera extractiva: Plaza Huincul y Cutral Co, próximos a la capital; Rincón de los Sauces, en el norte; y Añelo, en el centro de la provincia. La construcción de grandes represas hidroeléctricas originó la creación de campamentos temporarios, que en algunos casos devinieron localidades permanentes como Villa El Chocón; o bien motivó la relocalización de poblaciones preexistentes como Picún Leufú. En el siglo XXI, el aprovechamiento de energías renovables ha brindado servicios a comunidades aisladas, favoreciendo a pequeños asentamientos y población dispersa en los espacios rurales (figura 2).

Fuente: elaboración propia con base en datos obtenidos del Instituto Geográfico Nacional (IGN, s/f), empleando el software ArcGis (ESRI, 2021).
Figura 2 Localidades dinamizadas ante los desarrollos energéticos provinciales
2.1. Territorialización hidrocarburífera
YPF tuvo un rol mayor en la territorialización patagónica. Además de organizar campamentos petroleros, mejoró condiciones de habitabilidad en pueblos próximos, que crecían por la instalación de mano de obra atraída. Identificados con la actividad, se expandieron Plaza Huincul y Cutral Co que conformaron la “comarca petrolera”, un centro de servicios a la actividad y a sus trabajadores. “YPFeanos” y trabajadores de otras empresas petroleras también se vieron favorecidos por la construcción de infraestructura y viviendas, así como con la provisión de servicios sanitarios, sociales y educativos (Díaz et al., 2006). A lo largo del siglo, los ciclos de crecimiento, retracción y reactivación de la producción impactaron directamente en el dinamismo de territorios y localidades. La comarca petrolera redujo su protagonismo a partir de la década 1970, cuando se expandió la explotación hidrocarburífera hacia el norte de la provincia, lo que motivó la fundación de la localidad Rincón de los Sauces (1971). Se convirtió en el nuevo centro de servicios de la frontera hidrocarburífera, donde convivían los nuevos empleados del sector y crianceros, con tradición productiva en la región (Bendini et al., 2005).
Un proceso de desterritorialización se asoció a los cambios en las redes hidrocarburíferas, promovidos en los años 1990 por la Reforma del Estado, con políticas de privatización y desregulación energética. El desempleo y la pérdida de oportunidades económicas provocaron procesos migratorios hacia otros centros urbanos y numerosos conflictos sociales (Alonso y Trpin, 2018; Pérez y Vives, 2000). El malestar de la sociedad desembocó en el surgimiento de una nueva forma de protesta en el país, el piquete (Svampa y Pereyra, 2005). En la comarca petrolera, la evolución de los conflictos condujo a la municipalización del yacimiento El Mangrullo por un período de 99 años, a partir de lo cual los municipios de Cutral Co y Plaza Huincul perciben las regalías obtenidas por su explotación. Para esto fue creado el Enim (Ente Autárquico Intermunicipal), que ha impulsado proyectos de diversificación productiva. Además, los gobiernos locales iniciaron asociaciones con actores extralocales para encaminar nuevas actividades económicas.
A inicios del siglo XXI, con la explotación de la formación Vaca Muerta, el epicentro de la actividad se desplazó a Añelo, declarada “Capital Nacional de los Hidrocarburos No Convencionales” (Ley 27.190, 2015). Desde entonces, esta localidad de tradición agropecuaria ha experimentado aceleradas y profundas transformaciones en su perfil socioproductivo. Numerosos proyectos e inversiones avanzan para dar respuesta a las necesidades de la población que se instala y de las nuevas actividades económicas (BID, Fundación YPF y Municipalidad de Añelo, 2015). El ejido municipal se expande, además amplía superficies destinadas a usos industriales y residenciales, y exige cambios en la zonificación (Municipalidad de Añelo, 2019). La escasa disponibilidad de suelo urbano por la competencia con usos productivos, los déficits de acceso y de calidad de los servicios, así como los altos costos de urbanización producen numerosos conflictos socioambientales de complejo y lento tratamiento para la gestión local (Giuliani et al., 2016).
2.2. (Re)localizaciones por grandes represas
El aprovechamiento energético de los ríos Limay y Neuquén, con la construcción de grandes represas hidroeléctricas, afectó varias comunidades y localidades durante las últimas décadas del siglo XX. El dinamismo generado en la etapa de construcción y los impactos posteriores producidos por los embalses, han determinado la creación-desaparición-relocalización de núcleos poblacionales y de establecimientos productivos.
La obra de la represa hidroeléctrica El Chocón implicó la construcción del embalse “Ezequiel Ramos Mexía”; éste afectó la localidad de Picún Leufú, que poseía 600 habitantes, dedicados principalmente a la agricultura y la ganadería. Para su relocalización, se planificó la construcción de un ejido urbano de alrededor de 5000 m2, que afectó usos residenciales e institucionales. En el proceso de relocalización se dio escasa participación y poco acompañamiento a las poblaciones involucradas, en términos de acciones compensatorias y readaptativas (Balazote y Radovich, 2003).
Al mismo tiempo que se relocalizaba Picún Leufú, aguas abajo Hidronor construía Villa El Chocón para el personal técnico de la obra hidroeléctrica. Entre 1968 y 1972, llegó a contar con 5000 habitantes, la mayoría proveniente de otras provincias (Ricotta y Guiliani, 2019). Hidronor mantuvo las instalaciones, lo que permitió que la localidad se transformara en un asentamiento permanente, aunque su población se redujera a 1000 habitantes para 2010 (Roselli, 2009; INDEC, 2010). El dinamismo actual se sostiene gracias a la actividad turística en torno a la Villa y el embalse, favorecidos por el hallazgo y puesta en valor de restos fósiles, así como el desarrollo de actividades náuticas.
La represa Alicurá representó una superficie de inundación relativamente menor.11 Durante la etapa de obra iniciada en 1979, Villa Alicurá se convirtió en el asentamiento temporario para los obreros y sus familias, pues llegó a sumar 3200 habitantes. Contó con servicios y equipamientos urbanos hasta 1986, cuando finalizó la obra, momento en el que prácticamente se desmanteló, lo que permitió la recuperación de algunas instalaciones para la construcción de la obra Piedra del Águila (Martínez, 2019). El área inundada superó las 21,000 hectáreas afectando grandes explotaciones agropecuarias y territorios de poblaciones mapuches (Balazote y Radovich, 2003). Rincón Chico, fundado en 1984, albergó alrededor de 5500 trabajadores y sus familias hasta que, en 1990, el asentamiento se despobló para el llenado del embalse (Cippitelli, 2014).
2.3. Energización localizada, renovable
Neuquén ha avanzado en el aprovechamiento de recursos energéticos renovables:
Aprovechamiento geotérmico para calefaccionar las calles de Copahue. El proyecto fue iniciado a finales del siglo XX por ENSI (Empresa Neuquina de Servicios de Ingeniería), en asociación con CNEA (Comisión Nacional de Energía Atómica). Las instalaciones urbanas están conectadas a dos pozos geotérmicos localizados a unos 2 km del asentamiento. Funcionaron durante 10 años, permitiendo el derretimiento de nieve, evitando su acumulación y mejorando la circulación por las calles. Esto favoreció la extensión de la temporada turística. La calefacción urbana de Copahue quedó en desuso, por problemas técnicos de los equipamientos y tendidos.
Instalaciones fotovoltaicas de pequeña escala para poblaciones aisladas. Tres casos ilustran los avances realizados:
En 1987, en la escuela núm. 276 de La Matancilla, para su iluminación y el funcionamiento de un refrigerador, un televisor y un radiotransmisor;
En 1994, para necesidades similares de la escuela núm. 306 de Nahuel Mapi;
Desde fines de la década de 1990, en viviendas aisladas y núcleos rurales para su iluminación y comunicación, alcanzando la totalidad de la población dispersa hacia fines de la década de 2010 (Pedro, 2005; EPEN, s/f).12
A partir de 2017, la Ley Nacional de Generación Distribuida Núm. 27,424 (2017) favoreció el aprovechamiento de recursos renovables para el autoabastecimiento energético. Desde entonces, en diversas localidades como la capital provincial, Centenario y San Martín de los Andes, usuarios residenciales, comerciales y de servicio instalan paneles fotovoltaicos para autoabastecerse e inyectar los excedentes a la red eléctrica. En el marco del proyecto IRESUD-RI, integrado por el EPEN, la Universidad Nacional de San Martín y la empresa ALDAR, fue instalado un sistema fotovoltaico en la Escuela Provincial núm. 109, conectada a la red de distribución (EPEN, 2019).
Microcentrales hidroeléctricas. Adi-Nqn busca recuperar microcentrales construidas en la década de 1980 para abastecer a poblaciones aisladas. De 16 microcentrales en el norte neuquino, cinco estarían en condiciones de ser reparadas (Calalesina, 2019). Agencias internacionales avanzan en pequeños aprovechamientos, como en Cochico, a 2000 msnm, donde Global Sustainable Electricity Partnership instaló una microhidroeléctrica de pasada (65 kW).
Aerogeneradores. En Chorriaca, Global Sustainable Electricity Partnership instaló un sistema híbrido eólico-diésel (195 kW) que cuenta con 3 aerogeneradores de 25 kW y un generador diésel de 120 kW, para brindar electricidad a 550 pobladores. Se trataría de un proyecto que permitiría evaluar su posible replicación en otras localidades aisladas (Global Sustainable Electricity Partnership, 2020).
Iniciativas públicas y privadas han sumado progresivamente distintos recursos renovables. Buscan dar respuesta a necesidades locales, principalmente de electricidad y acondicionamiento térmico. Estas nuevas formas de aprovisionamiento de servicios, cubren espacios que permanecían desatendidos, a la vez que abren oportunidades flexibles en las redes existentes.
Conclusiones
La trayectoria energética de Neuquén adiciona el aprovechamiento sucesivo de diferentes recursos energéticos que se suman al mix energético provincial y nacional, así contribuye a enfrentar déficits y desafíos múltiples. Más allá de cubrir demandas crecientes, permiten diversificar las fuentes y avanzar en la búsqueda de alternativas que eviten emisiones de gases efecto invernadero. Los hidrocarburos y particularmente el gas se convirtieron en la fuente principal de energía en Argentina. El Estado continúa apostando a su desarrollo, particularmente con la explotación de los hidrocarburos no convencionales y más allá del impulso que diera a la gran hidroeléctrica en los años 1970. Las energías renovables que se pretenden impulsar están lejos de romper con el sistema hidrocarburífero que sostiene la matriz nacional (Nuñez, 2021). El aprovechamiento de los recursos geotérmicos, hidroeléctricos, eólicos y solares viene a incorporar nuevos territorios energéticos, que encuentran en ellos oportunidades de servir a sus poblaciones, respaldar actividades productivas y avanzar en la transición.
Los territorios neuquinos se construyen y evolucionan con la trayectoria energética. Territorios hidrocarburíferos mudan su protagonismo en función de la magnitud que han adquirido las actividades extractivas en su entorno. Las obras hidroeléctricas se acompañaron de procesos de creación y relocalización de asentamientos. Los avances en energías renovables buscan suplir déficits en poblaciones aisladas y ofrecer nuevas oportunidades de servicio en las ciudades. Múltiples proyectos energéticos avanzan en su concreción, enfrentando, entre otras dificultades, las de financiamiento. En su implementación, los territorios devienen escenarios de tensiones y conflictos. En un modelo que prioriza la explotación de hidrocarburos para responder a las demandas nacionales, Neuquén profundiza su perfil extractivo y una trayectoria energético-territorial con desafíos abiertos por la transición.










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