Introducción
En las comunidades indígenas y mestizas de las zonas rurales de México, existe una gran tradición en el manejo de su ambiente, el uso de los recursos está íntimamente relacionado con las creencias y costumbres de los diferentes pueblos (Hernández, 2012; Rojas, 1990; Barrera, 2012). Los recursos naturales son los diversos medios de subsistencia de las personas, es decir, todos los elementos proporcionados por la naturaleza que el ser humano utiliza para satisfacer sus necesidades materiales, estéticas, de salud y recreativas (Bassols, 1986). Sin embargo, las actividades de los grupos humanos provocan su pérdida (Juan-Pérez, 2014). Por ello, el manejo de los recursos debe ser integral, incluyendo su conservación, y tomando en cuenta tanto la capacidad de carga del ecosistema como su autoregeneración (López-Jiménez & Chan-Quijano, 2016).
En el área geográfica y cultural de Mesoamérica, los antiguos mexicanos, en su interacción con el entorno, desarrollaron diversas formas de manipulación intencional de poblaciones de plantas silvestres y arvenses con el fin de aumentar la disponibilidad de recursos vegetales. El manejo incluía la tolerancia, la inducción y la protección selectiva de individuos de especies útiles durante perturbaciones intencionales de la vegetación (Casas, 2001). De esta manera, se establecieron distintos tipos de dependencia entre los grupos sociales y las plantas, lo que dio lugar a una gran diversidad de formas de manejo (recolección, cultivos sin domesticación, cultivos de plantas domesticadas, tolerancia y erradicación), reflejada a su vez en distintas formas vegetales: silvestres, cultivadas, no domesticadas, cultivadas domesticadas y arvenses (Lema, 2009).
El uso tradicional de las plantas, realizado por los diferentes grupos étnicos desde tiempos remotos a lo largo de la República Mexicana, y la sistematización de ese conocimiento ha permitido el desarrollo de la etnobotánica en nuestro país. La preservación de esta sabiduría tradicional es clave para la conservación de la diversidad biológica (Gómez-Pompa, 1985; Martínez-Callejo, 2018).
Estos pueblos conservan valores culturales entre los que se encuentran sus propios idiomas, sentido artístico, tradiciones, sistemas de organización (León, 1979), percepción, clasificación, la utilización y el manejo de los recursos vegetales (Caballero, Casas, Cortés, & Mapes, 1998).
En el Estado de México se han llevado a cabo diversos estudios que describen su flora y cómo sus habitantes la utilizan (Ávila-Uribe, García-Zarate, Sepúlveda-Barrera, & Godínez-Rodríguez, 2016), tanto en áreas naturales protegidas (López-Patiño, 2021) como en agroecosistemas de huertos familiares (Gutiérrez-Cedillo,, White-Olascoaga, Juan-Pérez, & Chávez, 2015).
Particularmente en el municipio de Malinalco, perteneciente a este estado, se han realizado diversos estudios etnobotánicos, entre los que podemos mencionar uno sobre la flora medicinal utilizada para aliviar problemas digestivos y respiratorios (Flores, 2004); otro realizado en la comunidad de San Nicolás, donde se registraron 165 especies de uso medicinal (White-Olascoaga, Juan-Pérez, Chávez-Mejía, & Gutiérrez-Cedillo, 2013); en 98 huertos de San Andrés Nicolás Bravo, se identificaron 48 especies con siete usos, entre los que destacan el alimenticio, medicinal y el comercial (Guadarrama, Chávez, Arriaga, & White-Olascoaga, 2020); otro estudio etnobotánico de Tajetes lucida Cav. (White-Olascoaga, Zepeda, García, Gutiérrez-Cedillo, & Sabás Ch., 2018); de recursos forestales maderables utilizados en la elaboración de artesanías (White-Olascoaga, Chávez-Mejía, García-Mondragón, & Michua-Hernández, 2023). Así como, el análisis espacial de la distribución biogeográfica de árboles y arbustos medicinales (Gutiérrez-Cedillo, Juan-Pérez, Chávez, & Villarreal, 2019). También, se han realizado estudio de rutas ecoturísticas para el aprovechamiento de los recursos naturales, culturales y de la flora y vegetación ruderal en tres localidades de Malinalco (Martínez-De la Cruz, 2010; Pulido-Arias, 2016).
La vegetación de la República Mexicana es una de las más variadas del mundo, pues en su territorio están representados prácticamente todos los grandes biomas, lo cual permite que posea mayor riqueza de recursos vegetales (Rzedowski J. , 1978).
El municipio de Malinalco es un asentamiento que se remonta a la época prehispánica. Destaca la zona arqueológica, que alberga al Cerro de los Ídolos, en el que está construido un monumento monolítico, del periodo de dominación azteca posterior a 1476 (García-Payón, 1940). En este sitio se encuentra un tambor de una sola pieza de madera labrada, formado a partir de tronco de tepehuaje (Lysiloma acapulcencis Kunth) y cubierto en su parte superior con piel de borrego, y el “huéhuetl” (de madera del aguacate (Persea americana Mill.) o de mango (Mangifera indica L.) que se sigue utilizando como instrumento musical en las ceremonias religiosas (Romero, 1988) y, actualmente se reporta elaborado a partir de madera de tronco de aguacate o de mango (García-Payón, 1946). Malinalco, según los Anales de Cuauhtinchan, se refiere al Tonal pohualli o calendario azteca y corresponde al duodécimo signo de los 20 del mes (malinalli) (López-Austin, 2006).
En el convento de la iglesia de Malinalco fundado en 1543, el claustro bajo, está decorado con el estilo denominado fitomorfo-epigráfico, y muestra la representación de un jardín denso, en el que dominan los murales en las bóvedas, en ellos hay un repertorio botánico y zoológico (White-Olascoaga & Zepeda, 2002) se reconocieron 31 especies de plantas medicinales en los frescos. Estas plantas pertenecen a 25 familias botánicas (Zepeda & White-Olascoaga, 2008).
En este municipio existen cerca de 28,155 habitantes (INEGI, 2021), de los cuales 13,833 son hombres y 14,322 son mujeres. Actualmente se realizan actividades económicas de agricultura, ganadería y comercio. En el comercio se incluye el sistema tradicional del “trueque”, que se practica principalmente entre campesinos, y se lleva a cabo en un lugar llamado “El cambio” (Schneider, 2005).
En Malinalco, los campesinos orientan sus actividades tanto a la conservación de la agricultura tradicional con cultivos básicos para el autoconsumo, como a la generación de una agricultura comercial mediante la introducción de cultivos destinados a la venta. Tales estrategias permiten mantener la subsistencia y mejorar la economía de la unidad campesina (Flores, 2004; Juan-Pérez, 2014).
En este municipio, la inmigración desde otras regiones ha provocado un notable deterioro de los rasgos culturales locales, lo que a su vez ha intensificado la afectación de los recursos bióticos y acelerado la pérdida del conocimiento sobre el entorno. Entre las actividades asociadas se encuentran la agricultura, ganadería y floricultura, así como la creación de espacios habitacionales y turísticos, como casas de descanso, balnearios y campos deportivos (Monroy & Ayala, 2003), los cuales incrementan significativamente el consumo de recursos naturales y transforman el ambiente (Gómez-Barranco & Vargas, 2023).
En este municipio, la expansión de los agroecosistemas y de los ambientes antropogénicos se ha acelerado, provocando no solo la pérdida de ecosistemas naturales y de los recursos que albergan (Toledo, 1990; 2002), sino también la extinción gradual del conocimiento tradicional sobre su uso y manejo.
Este fenómeno pone en riesgo tanto los recursos vegetales locales como los saberes asociados a ellos. Por ello, se plantea documentar el estado actual de la sabiduría botánica tradicional que poseen los habitantes de Malinalco, Estado de México, en relación con los recursos vegetales presentes en el municipio, así como establecer el grado de dependencia de las especies vegetales más importantes respecto al ser humano en este municipio.
Materiales y método
El estudio se realizó en terrenos ubicados en la parte norte del municipio de Malinalco, que se encuentra al sur de la porción occidental del estado de México, este municipio cuenta con una extensión de 186.28 Km2, con las siguientes coordenadas geográficas: 180 53’00.0¨ de latitud norte y el meridiano 990 29´41.0¨ de longitud oeste, entre los 850 y 1750 msnm (Figura 1) (INEGI, 2020).

Figura 1 Localización del municipio de Malinalco, Estado de México. Elaboración propia con base en INEGI (2010).
Forma parte de la Sierra Madre del Sur y en su porción norte en Lagos y Volcanes del Anáhuac de la provincia del Eje Neovolcánico (INEGI, 2010). La litología es volcánica, al poniente en zona, y basáltica en el valle. Los suelos son del tipo Feozem háplico y Litosol en la parte norte, mientras que en la parte sur son tipo Rendzina asociado con Litosol y Feozem háplico.
La hidrografía está representada por los ríos Chalma, Ocuilan, Tlaxipehualco, Colapa (afluente de Chalma) y por una gran cantidad de manantiales. El clima predominante es semicálido-subhúmedo con lluvias en verano, con una temperatura media anual de 20o C, la máxima es de 34.8o C y la mínima 4.07oC en las partes más altas del municipio, la precipitación pluvial es de 1,177 mm.
Su riqueza forestal incluye al oyamel (Abies religiosa), encino (Quercus rugosa), ocote (Pinus montezumae), roble (Quercus laurina), madroño chico o colorado (Arbutus xalapensis), palo dulce (Eysenhardtia polystachya), zopilote (Swietenia humilis), fresno (Fraxinus uhdei), aguacate, (Persea americana) guaje (Leucaena leucocephala) (López-Patiño & Serrano, 2013; CONABIO, 2025).
Los animales vertebrados con mayor abundancia son la ardilla vientre rojo (Sciurus aureogaster), armadillo de nueve bandas (Dasypus novemcinctus), conejo de monte (Sylvilagus cunicularius), coyote (Canis latrans), lince americano (Lynx rufus), tlacuache (Didelphis marsupialis), cacomixtle (Bassariscus sumichrasti), tejón (Nasua narica), zorrillo (Mephitis macroura), águila real (Aquila chrysaetos), zopilote (Swietenia humilis), cuervos (Corvus corax), cardenal (Cardinalis cardinalis), colibrí (Saucerottia beryllina), víbora de cascabel (Crotalus transversus); y entre los invertebrados podemos mencionar diversas especies como el alacrán de corteza del Balsas (Centruroides limpidus), abeja melífera europea (Apis mellifera), chapulines de la milpa (Sphenarium purpurascens), araña de jardín bandeada (Argiope trifasciata), entre otros (Schneider, 2005; CONABIO, 2025).
La vegetación es variada, e incluye bosque tropical caducifolio, también conocido como selva baja caducifolia, matorrales secundarios y pastizal natural o inducido; en las partes más altas se presentan áreas de bosque de pino-encino. Estas comunidades enfrentan heladas, sequías e incendios frecuentes. El grado de perturbación que presenta la vegetación es alto y su distribución se restringe a manchones en las laderas de los cerros que rodean a la población (Rzedowski J. , 1978; 2006).
El procedimiento etnobotánico utilizado en esta investigación se basó en tres etapas, de acuerdo con lo descrito por (Ondorica-Vargas, 1990). La primera consistió en trabajo de gabinete, en el cual se elaboró un cuestionario y una etiqueta de colecta para registrar información como: nombre común de la especie, forma biológica, estado fenológico, usos, forma de preparación, forma de aplicación, dosis, nombre de los colectores, fecha de la colecta, grado de dependencia del hombre, valor cultural (plantas ceremoniales, plantas para enfermedades de filiación cultural y otras tradiciones en relación con las plantas), así como el nombre de la persona que proporcionó la información, su edad y ocupación.
La segunda etapa se desarrolló mediante el trabajo de campo, durante el cual se realizaron 15 visitas a las tres comunidades: San Simón el Alto, Santa Mónica y Santa María Malinalco (cabecera municipal), ubicadas al norte de la localidad. En estas actividades colaboraron 35 miembros de las comunidades: artesanos, agricultores, sabios de la comunidad, comerciantes, algunos médicos tradicionales y amas de casa; la mayoría reside en la cabecera municipal. Varios de ellos participaron como guías para visitar las otras dos comunidades y facilitaron la relación con las personas que fueron entrevistadas. Durante esta fase se aplicó el cuestionario y encuesta semiestructurada, donde se llevaron a cabo diálogos dirigidos e informales, complementados con caminatas etnobotánicas en los alrededores de las comunidades. Asimismo, se visitaron tres instituciones educativas de nivel medio, donde se aplicó un cuestionario y una encuesta semiestructurada a un grupo de 20 alumnos de tercer grado en cada escuela, con previa capacitación en el llenado de los instrumentos y en el manejo de los ejemplares botánicos para el reconocimiento de las especies.
La tercera etapa, posterior a la exploración etnobotánica (Hernández, 1985), consistió en realización de 11 colectas de ejemplares botánicos, los cuales fueron sometidos a procesos de secado, preservación e identificación con ayuda de claves taxonómicas especializadas. (Rzedowski G. , 2001; Martínez & Matuda, 1979) Las identificaciones se corroboraron con ejemplares depositados en los herbarios de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB) y en el Herbario de Plantas de Importancia Económica de México del Laboratorio de Etnobiología y Etnobotánica de la misma institución. Asimismo, la escritura y sinonimia de los nombres científicos fue verificada en la base de datos (Tropicos, 2025).
El trabajo de herbario se llevó a cabo con el material recolectado, procesado para su incorporación como ejemplares de colección en las Colecciones Etnobiológicas de la ENCB, tanto en el Herbario de Plantas de Importancia económica de México del Laboratorio de Etnobiología y Etnobotánica como en el Herbario de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas. Para ello se empleó el material propio de colecta y preparación de muestras, así como de laboratorio necesario para el secado e identificación taxonómica. Durante el trabajo de campo se utilizaron cámaras fotográficas y de video (Gispert, et al., 1979). Los datos recopilados fueron organizados en matrices y clasificados de acuerdo con categorías de uso previamente definidas. Posteriormente, se calcularon las frecuencias, así como los porcentajes correspondientes, con el fin de identificar la distribución de las especies dentro de cada categoría. Para la representación gráfica de los resultados se empleó el software GraphPad Prism versión 10.0.0 (GraphPad Software, 2023).
Resultados
La información obtenida se presenta en el Anexo 1, que detalla las especies según el uso que la comunidad le da a estas, con base en la clasificación de Villegas y De Gante, (2000) obteniendo un total de 20 categorías antropocéntricas. Asimismo, se presenta el nombre científico, familia botánica, nombre regional, las partes de la planta utilizadas y grado de dependencia.
De las 161 especies encontradas, el 51.5% se destinan a uso medicinal, el 36.0% a uso alimenticio (incluyendo la producción de bebidas y condimentos), y el 12.4% se emplean en áreas como artesanías, ornamentación, cosméticos, jabones, colorantes, combustibles, construcción, cercado, herramientas, plaguicidas, abono verde, forraje, curtido de pieles, fijado de pintura, adornos para fiestas, emblemas del municipio, rituales, ceremonias y amuletos. El 59.6% de las especies tienen un solo uso, el 24.8% tienen dos usos y el 15.5% tienen tres o más usos.
En las comunidades seleccionadas se encuentran representados los diferentes tipos de vegetación registrados dentro del municipio. Esta selección permitió conocer los recursos vegetales útiles tanto en términos de su uso como del hábitat que ocupan. Considerando la cantidad encontrada de recursos vegetales útiles a la comunidad (161 especies vegetales), podemos afirmar que existe todavía una interrelación importante entre los habitantes y su entorno natural, lo cual se manifiesta, en las 20 categorías antropocéntricas (usos distintos) detectadas, en donde sobresalen las plantas medicinales y las alimenticias como se muestra en la Figura 2.
Las especies corresponden a 57 familias botánicas, siendo Asteraceae la más representada con 15 especies, seguida de Anacardiaceae, Fabaceae y Rosaceae con 11 especies, Lamiaceae con 8, Poaceae con 7, Rutaceae con 6, Solanaceae con 5, y Apiaceae con 4. Además, 6 familias tienen tres especies, 9 familias dos especies y 32 familias una especie.
Las especies con tres o más usos, como el palo colorado (Bocconia arborea) y el colorín (Erythrina americana), son especialmente valoradas por la población, ya que tienen aplicaciones medicinales, artesanales, ornamentales y como fitocolorantes.
Asimismo, los porcentajes de especies, según su grado de dependencia, muestran una estrecha relación entre el uso de recursos silvestres (23.6%) y cultivados (50.9%) para satisfacer las necesidades de la población, mientras que las especies arvenses y ruderales representan el 8.1%, y el 17.3% restante muestra diversas combinaciones: silvestres, arvenses y ruderales (6.8%), silvestres y cultivadas (7.4%), silvestres y arvenses (2.5%) y silvestres y ruderales (0.6%) (Figura 3).
Discusión
De los resultados presentados, se observa que las plantas silvestres obtenidas del bosque tropical caducifolio mantienen una importante relación con los usos, costumbres y creencias más antiguas de las comunidades, las cuales están asociadas a las categorías antropocéntricas (Hernández, 2012). Un ejemplo de ello son actividades como el trueque, que se practica los días de plaza, en donde se intercambia leña obtenida del ocote (Pinus montezumae) y las cruces de pericón (Tagetes lucida) que se colocan en las puertas y en los cultivos antes de la fiesta de San Miguel.
Entre las especies silvestres comestibles, sobresale la flor de colorín (Erythrina americana), mientras que en el ámbito medicinal destaca el toronjil (Agastache mexicana), conocido por sus propiedades tranquilizantes e inductoras del sueño (Estrada-Reyes, et al., 2014). Además, los aceites esenciales de esta especie presentan actividades antifúngicas (Juárez, Hernández, Bacha, & Sánchez-Arreola, 2015) y antihipertensivas (Hernández-Abreu, et al., 2013).
Entre las principales especies silvestres, algunas son ruderales y se utilizan con fines medicinales, como el palo colorado (Bocconia arborea), jarilla (Senesio salignus) (Bolzan, et al., 2007), marrubio (Marrubium vulgare), que posee actividad antihepatotóxica (Verma, Masoodi, & Ahmed, 2012), y el zapote blanco (Casimiroa edulis), que presenta actividad prometedora contra microorganismos (Martínez-De la Cruz, 2010; Awaad, et al., 2012).
Un grupo de especies silvestres, llamadas "toleradas", ocasionalmente se desarrollan en ambientes antropocéntricos, como los huertos familiares. En estos lugares, el ser humano no las cultiva, pero tampoco las elimina, aprovechándolas, lo que las hace más susceptibles al cultivo y a la domesticación posterior (Casas & Caballero, 1995). Ejemplos de estas especies son el palo colorado (Bocconia arborea), cuajilote (Parmentiera edulis), que son utilizados como hipoglucemiantes (Berdeja-Martínez, et al., 2001).
Es importante señalar que los huertos familiares son ecosistemas agrícolas situados cerca del lugar de residencia permanente o temporal. En estos espacios reducidos, se combina una variedad de árboles, arbustos, verduras, tubérculos, raíces y gramíneas comestibles y medicinales, así como material de construcción. Además, los animales domésticos se integran a este sistema. Los huertos familiares contribuyen a la seguridad alimentaria, al ingreso económico familiar y tienen una significativa importancia social y cultural (Martínez-Bustamante & Juan-Pérez, 2005; Howard & Nabanoga, 2007).
Respecto a las plantas cultivadas, se distinguen dos grandes grupos: las especies que se encuentran en todos los mercados nacionales, como el jitomate (Lycopersicum esculentum), la cebolla (Allium cepa), la naranja (Citrus aurantium), la calabaza (Cucurbita pepo), el chile verde (Capsicum annuum), entre otras, y aquellas de producción regional, como los frutos de temporada: las ciruelas (Spondia mombin), el aguacate criollo (Persea americana) y las guayabas blanca y rosa (Psidium guajava). Un estudio farmacológico sobre las hojas de la guayaba muestra actividad hipolipidémica (Shinde, Chivate, & Kulkarni-Naikwade, 2013).
Estos recursos regionales son muy apreciados tanto por lugareños como por visitantes, lo que fomenta su producción, incluso en pequeña escala, en solares o huertos familiares (Mariaca-Méndez, González-Jácome, & Lerner-Martínez, 2007).
Algunas de estas plantas se utilizan para el trueque, representando un ingreso económico adicional o principal durante su temporada (Juan-Pérez, 2013).
La mayoría de las especies cultivadas pertenecen a las categorías de alimenticias y medicinales. Entre estas últimas destacan la ruda (Ruta chalepensis), la borraja (Borago officinalis), el níspero (Eriobotrya japonica), ajenjo (Artemisia absinthium) contiene aceite esencial que presenta actividad antimicrobiana y la bugambilia (Boungainvillea glabra) (Urióstegui-Flores, 2015).
Entre las especies cultivadas a mayor escala sobresalen el chícharo (Pisum sativum), el haba (Vicia faba) y chile manzano (Capsicum annuum), los cuales se destinan principalmente para la venta en la Central de Abastos de la Ciudad de México o en la ciudad de Toluca, con una pequeña cantidad destinada al autoconsumo.
Respecto a las especies arvenses, estas se utilizan principalmente para la alimentación y la salud. En el caso de las plantas comestibles, se encuentran, por ejemplo, la verdolaga (Portulaca oleracea), el quintonil (Amaranthus hybridus), el epazote (Chenopodium ambrosioides), la malva (Malva parviflora). Los estudios farmacológicos realizados a las hojas de esta última planta muestran actividad antioxidante (Farhan et al., 2012) y antiinflamatoria (Bouriche, Meziti, Senator , & Arnhold, 2011). Estas cuatro plantas generalmente son de autoconsumo, y solo el excedente se vende en la plaza. Entre las medicinales se destaca el mozote (Bidens odorata), al cual se le han realizado diversos estudios farmacológicos que demuestran su capacidad como agente antidiarreico, así como su actividad hipolipemiante y antituberculosis (Astudillo-Vázquez, Dávalos-Valle, De Jesús, & Herrera-Navarrete, 2008; Hernández-Sánchez, et al., 2018).
En la actividad artesanal, se utilizan madera y plantas para extraer colorantes del monte o de los caminos. Los artesanos siempre emplean árboles que ya están secos o han sido derribados, como el aguacate (Persea americana) y el mango (Mangifera indica), que se utilizan en el tallado de madera, así como las semillas de colorín (Erythrina americana) para la elaboración de collares, aretes y pulseras.
Las especies utilizadas como colorantes incluyen el yemolín (Phytolacca icosandra), el capulín (Prunus serotina), el palo colorado (Bocconia arborea), el colorín (Erythrina americana) y el cempasúchil (Tagetes erecta).
Es importante señalar que, de las 165 plantas medicinales estudiadas por White-Olascoaga et al., (2013) en San Nicolás, ubicado al norte del municipio de Malinalco, varias coinciden con las registradas en las localidades de San Simón y Santa Mónica, también situadas al norte de este municipio. Al analizar las listas de las plantas de dicha investigación, se encontró coincidencia con 55 especies botánicas a nivel de familia, género y especie, lo que representa el 34% con respecto a las 161 especies reportadas en este estudio. De estas 55 especies, únicamente 32 tienen uso medicinal, 6 son alimenticias, 13 se utilizan de manera combinada como alimenticias, medicinales, para curtir o como plaguicidas, y 4 se destinan a otros usos (artesanal, cosmético, cerca viva y ornamental), según se presenta en el Anexo 1 de este trabajo.
Conclusiones
La obtención de recursos vegetales en Malinalco se realiza de dos formas: la primera, a través de la apropiación de elementos naturales presentes en los ecosistemas silvestres aún representados en el municipio. Esta práctica genera alteraciones y desequilibrios en dichos ecosistemas, algunos de los cuales están profundamente modificados, pero conservan aún su estructura fundamental, con áreas de bosques templados en las zonas altas y pequeñas extensiones de selva baja caducifolia en las cercanías de la población.
En el segundo caso, la obtención y producción de recursos está vinculada a la destrucción de los ecosistemas naturales y su sustitución por agroecosistemas o ambientes antropógenos.
Una característica común de las viviendas de los habitantes nativos de Malinalco es que las áreas dedicadas a jardines o traspatios siempre están ocupadas por huertas que conservan una gran cantidad de especies silvestres, toleradas, arvenses y cultivadas propias de la región. Estas áreas funcionan como bancos de germoplasma, protegiendo especies originales de la desaparición total.
Es importante resaltar que muchas de las tradiciones del municipio siguen estando vinculadas a la cosmovisión local, que influye en la forma en que los habitantes perciben e interpretan su entorno. El uso de los recursos vegetales también está asociado a prácticas ceremoniales y rituales, como las "limpias", su empleo como amuletos, adornos y en la elaboración de instrumentos musicales durante actos religiosos.
Por ello, los pobladores originarios de Malinalco, aunque en número decreciente frente a la llegada de personas provenientes de zonas urbanas como la Ciudad de México y la capital del estado, se mantienen como custodios de la sabiduría etnobotánica y continúan promoviendo el uso de especies vegetales regionales.
Por último, es importante destacar que, debido a su clima, tipo de vegetación, historia cultural prehispánica y relativa cercanía con la Ciudad de México, Malinalco ha sido objeto de un proceso inmigratorio significativo que ha impactado su entorno natural. No obstante, este municipio es considerado como un destino turístico y un pueblo mágico significativo, en donde los habitantes originarios conservan sus tradiciones relacionadas con el uso de la vegetación para satisfacer necesidades básicas de alimentación, salud, ceremoniales, ornamentales, artísticas, entre otras.
Por lo que, se sugiere implementar un manejo integral y sostenible de los recursos de Malinalco, lo que permitiría su aprovechamiento a largo plazo, garantizando la renovación de estos recursos.
Asimismo, se propone la organización de simposios y talleres con la información etnobotánica sistematizada sobre el uso y manejo de los recursos vegetales del municipio, de manera que las nuevas generaciones aprecien y revaloren la sabiduría tradicional transmitida oralmente de generación en generación y que ha perdurado a lo largo del tiempo.










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