Introducción
La banca y las finanzas de América latina durante el periodo de entreguerras ofrece un campo fértil y poco estudiado de la historia económica de la región. Durante estos años, la mayoría de los países transitaron por cambios dramáticos en la arquitectura institucional de sus sistemas bancarios, al tiempo que los gobiernos sentaban las bases para un control más centralizado de la economía y de la administración financiera nacional. En este marco, un aspecto importante que la historiografía ha enfatizado y desarrollado refiere al establecimiento de bancos centrales y los procesos de modernización financiera, pero poco se conoce aún sobre la situación de la banca comercial.1
En un contexto de grandes turbulencias financieras, tanto a escala nacional como internacional, los problemas confrontados por la industria bancaria durante el periodo de entreguerras han despertado un creciente interés entre historiadores económicos, y nuevas investigaciones han sido publicadas sobre las experiencias de Estados Unidos y distintos países de Europa.2 Tal como estos trabajos muestran, las crisis bancarias, especialmente los pánicos bancarios de principios de la década de 1930, son elementos centrales en las explicaciones de las causas y consecuencias de la Gran Depresión, así como también para entender la manera en que la crisis se transmitió globalmente.
Siendo por lejos la economía y el sistema financiero más avanzados de América Latina durante este periodo, el comportamiento de los bancos argentinos en vísperas de la Gran Depresión ha suscitado la atención de algunos historiadores económicos. Sin embargo, la literatura al respecto es escasa y se encuentran importantes diferencias en la narrativa, incluso con algunas inconsistencias y contradicciones de interpretación. Bulmer-Thomas (2003, p. 201) y Diaz-Alejandro (1984, pp. 30-33), por ejemplo, sostienen que la crisis bancaria y la caída de depósitos en Argentina fue modesta y no conllevó grandes dificultades. En un estudio más reciente, Francis y Newland (2021) sugieren que la industria bancaria fue la menos afectada por la crisis entre todos los sectores de la economía argentina. Della Paolera y Taylor (2001), por su parte, señalan la presencia de problemas bancarios a comienzos de la década de 1930 y de una importante crisis bancaria en 1934, que enfatizó la frágil situación de los bancos nacionales y el papel fundamental que esto desempeñó en la creación del Banco Central de la República Argentina en 1935.3 Por otro lado, Gómez (2018) remarca comportamientos asimétricos entre bancos y en especial en la evolución de los depósitos de instituciones nacionales y extranjeras: los bancos nacionales sufrieron una caída de depósitos entre 1929 y 1931, mientras que los bancos extranjeros se vieron negativamente afectados solo después de septiembre de 1931, cuando Inglaterra abandonó el patrón oro. Finalmente, con una mirada en el comportamiento del mercado bursátil, Nakamura y Zarazaga (2003) muestran un declive progresivo e ininterrumpido en el retorno del precio de las acciones bancarias entre 1929 y 1935.4
Sobre la base de estos trabajos, el presente artículo estudia la evolución del sistema bancario argentino entre 1925 y 1935, con mayor detalle y granularidad hechos hasta ahora. Para ello, recolectamos información de balances individuales mensuales de bancos que no han sido aún explorados con este propósito y los compilamos en una nueva base de datos. Lejos de proporcionar una reinterpretación del funcionamiento del sistema bancario y los avatares de las finanzas argentinas durante el periodo de entreguerras, el artículo representa un primer paso hacia un enfoque y estudio más empírico, sistemático y acabado del estado y los pormenores de la banca comercial argentina. Se monitorea así el comportamiento de las instituciones en el nivel individual y grupal, evaluando similitudes y diferencias, y buscando patrones y regularidades que permitan entender mejor la configuración y realidad del sistema bancario nacional. Nuestro análisis se concentra en las principales cuentas de los balances reportados por los bancos, lo que nos permite tanto observar su situación financiera, como detectar y documentar algunas singularidades y dinámicas en el sistema bancario argentino. Además de explorar las potenciales conexiones con episodios político-económicos locales y las crisis financieras internacionales. Para lograrlo, revisamos la literatura secundaria nacional e internacional, así como la prensa financiera y algunas fuentes primarias de relevancia.
Con este enfoque y metodología, el presente artículo es un aporte adicional a la incipiente literatura sobre las crisis bancarias del periodo de entreguerras, ya que estudia el caso de una de las economías más importantes de la periferia. Argentina, al igual que la mayoría de países latinoamericanos y del mundo en desarrollo, no ha sido aún integrada a los esfuerzos académicos por construir una historia global de las crisis bancarias durante la Gran Depresión, y este es un primer esfuerzo en aquella dirección. Al mismo tiempo, es una contribución importante para la historiografía nacional, ya que proporciona una mirada más atenta y minuciosa a los bancos, a la naturaleza y las raíces de sus problemas y a sus interacciones con la economía doméstica durante la crisis de la década de 1930. Nuestra base de datos y el análisis que aquí realizamos marcan el comienzo de nuevas investigaciones que permitirán cerrar esta brecha a partir de la nueva evidencia histórica. Como las siguientes páginas mostrarán, la base de datos provee una visión más completa y comprensiva de la banca argentina, y permite no solo entender mejor lo que sucedió internamente en el nivel de la industria bancaria, sino también repensar la Gran Depresión. Esta nueva mirada sobre el sistema bancario y su reposicionamiento dentro de la crisis económica del país llevarán a revisar las narrativas y explicaciones vigentes, arrojando nueva luz sobre las divergencias interpretativas en la literatura.
Nuestro análisis de los balances mensuales muestra que la situación y posición de la banca argentina fue más compleja y dramática de lo que se ha reconocido generalmente. Aunque intensa y profunda, la crisis bancaria no fue homogénea. La naturaleza y la temporalidad de los problemas, así como sus causas y alcances, variaron significativamente entre bancos o grupos de bancos. Por un lado, los bancos nacionales sufrieron en el nivel agregado dificultades de captación de fondos en octubre de 1929, y nuevamente entre abril de 1931 y fines de 1932, aunque con fuertes asimetrías entre instituciones. Por otro lado, algunos bancos extranjeros, sobre todos los europeos (alemanes, italianos, franceses e ingleses) experimentaron una fuerte contracción de depósitos durante la segunda mitad de 1931 y luego, en especial los estadunidenses, a fines de 1933. Como se discutirá, las razones y motivos detrás de la heterogeneidad de los problemas concernientes a los bancos parecen estar claramente vinculados, tanto a episodios de inestabilidad financiera como a la difusión de la crisis bancaria en los países del centro. Otro punto a remarcar refiere la manera en que los problemas de fondeo afectaron la actividad crediticia, especialmente en los bancos extranjeros, quienes reaccionaron a la crisis de 1931 con una fuerte contracción de préstamos que no se reactivarían posteriormente, a pesar de la mejoría en sus cuentas de depósitos.
El resto del artículo se organiza de la siguiente manera: la primera sección hace una revisión historiográfica de la situación de la banca en el período de entreguerras situando el caso argentino en el contexto Latinoamericano e internacional. Seguidamente, se introduce la base de datos, presentando las fuentes y variables empleadas, sus similitudes y diferencias con otras bases utilizadas en la literatura; la tercera sección describe y analiza el comportamiento de los depósitos bancarios entre 1925 y 1935 en un nivel agregado e individual por banco o grupo de bancos, mientras que la siguiente sección observa la situación del activo. Se examina en particular la evolución de la cartera de préstamos en el contexto de la crisis bancaria, con especial énfasis en los bancos extranjeros y los cambios en la estructura de sus balances; el último apartado concluye con una reflexión sobre las nuevas interrogantes que se abren a partir de este primer análisis del sistema bancario y las futuras líneas de investigación a seguir.
La banca de entreguerra en perspectiva internacional, 1925-1935
El periodo de entreguerras es un punto de inflexión en la historia y el desarrollo de los sistemas bancarios a escala global. A pesar de las diferencias y particularidades de los sistemas nacionales, las décadas de 1920 y 1930 fueron años complicados para los bancos comerciales alrededor del mundo. En mayor o menor medida, según el país, los fuertes ciclos de inflación y deflación del periodo, el boom en la expansión de capitales internacionales en la segunda mitad de la década de 1920 y luego la Gran Depresión, representaron desafíos importantes para la gestión de los negocios bancarios, y generaron inestabilidad que desembocó en muchos casos de pánico y quiebras generalizadas. Aunque difíciles, estos años fueron también un periodo de importantes innovaciones financieras e institucionales que sentarían las bases para el desarrollo de los nuevos sistemas bancarios modernos después de la segunda guerra mundial.5
Los estudios comparativos sobre la evolución del sistema bancario en un nivel internacional durante el periodo de entreguerras son escasos, en parte debido a la falta de estadísticas homogéneas entre países. Las series de la Sociedad de las Naciones, quien buscó recolectar, validar y agregar datos bancarios de manera sistémica y sistemática en un nivel internacional, son la única fuente disponible. A pesar de sus límites y de no ser exhaustivas, tal como se discutirá en la siguiente sección para el contexto argentino, proveen un indicador útil y el único medio disponible hasta ahora para evaluar de manera comparada la situación de los sistemas bancarios nacionales durante estos turbulentos años de la economía mundial. El cuadro 1 presenta un resumen relativo de la evolución de los depósitos bancarios junto con los episodios de crisis bancarias en varios países, tanto europeos como latinoamericanos, entre 1925 y 1934.
Cuadro 1 Evolución de los depósitos totales de los bancos comerciales en distintos países 1925-1934 (1929=100) y años de crisis bancarias
| 1925 | 1929 | 1930 | 1931 | 1932 | 1933 | 1934 | Crisis bancarias | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Países avanzados | ||||||||
| Estados Unidos | 88 | 100 | 101 | 92 | 76 | 74 | n.d. | De 1930 hasta 1933 |
| Inglaterra | 95 | 100 | 103 | 95 | 108 | 107 | n.d. | No crisis |
| Francia | 63 | 100 | 104 | 101 | 99 | 87 | n.d. | 1930 |
| Otros países europeos | ||||||||
| Alemania | n.d. | 100 | 90 | 64 | 61 | 58 | 60 | 1931 |
| Austria | 79 | 100 | 121 | n.d. | 51 | n.d | n.d | 1931 |
| Hungría | 40 | 100 | 105 | 85 | 77 | 76 | n.d. | 1931 |
| Italia | 90 | 100 | 101 | 84 | 81 | 80 | n.d. | 1930 |
| Países latinoamericanos | ||||||||
| Argentina | 87 | 100 | 102 | 90 | 91 | 89 | 88 | 1930 y 1934 |
| Bolivia | 109 | 100 | 77 | 73 | 128 | 117 | n.d. | Sin datos |
| Brasil | 62 | 100 | 97 | 101 | 115 | 107 | 125 | 1929 |
| Chile | 99 | 100 | 88 | 71 | 82 | 101 | 107 | 1931 |
| Colombia | 50 | 100 | 74 | 72 | 75 | 92 | 101 | 1931 |
| Ecuador | n.d. | 100 | 97 | 57 | 89 | 147 | 191 | Sin datos |
| México | 67 | 100 | 111 | 67 | 74 | 107 | n.d. | 1928 |
| Perú | 94 | 100 | 69 | 60 | 59 | 77 | 100 | 1931 |
Fuente: Los datos relativos a la evolución de los depósitos desde 1925 hasta 1934 están reportados por League of Nations, Commercial Banks 1925-1935, Appendix I "Percentage of movement of deposits", pp. 48-49 y League of Nations, Commercial Banks 1929-1934, Table I "Currency Composition and Movements", en, pp. X-XVI. Las informaciones relativas a las fechas de las crisis bancarias han sido recopiladas por Baron, Matthew; Verner, Emil and Wei Xiong," Banking Crisis Without Panics", The Quarterly Journal of Economics, Volume 136, Issue 1, February 2021, pp. 51-113, Online Appendix, Table A2: Master List of Episodes, pp. 44-53.
Por su gravedad e importancia a escala internacional, la situación de los bancos en los países centroeuropeos ha atraído la atención de historiadores económicos, quienes buscan entender la naturaleza de sus problemas y sus conexiones con el resto del sistema financiero a la luz de nuevos datos. Para el caso de Austria, Macher (2018) muestra cómo la crisis bancaria austriaca fue causada por la quiebra del Credit Anstalt en mayo de 1931, transformándose luego en una crisis monetaria. Por su parte, Schnabel (2004) y Macher (2019) estudian, respectivamente, las dinámicas detrás de las crisis gemelas (bancaria y monetaria) de Alemania y Hungría, las mismas que desencadenaron profundos desajustes financieros, económicos y hasta políticos junto con la suspensión del patrón oro y la imposición de controles cambiarios. Los datos del cuadro 1 muestran la abrupta caída de depósitos que sufrieron los (tres) países centroeuropeos entre 1930 y 1934, especialmente en la debacle financiera de 1931.
En Estados Unidos, otro de los países afectados fuertemente por las crisis bancarias, las quiebras se sucedían siguiendo distintas oleadas, que comenzaron en 1930 y se difundieron a lo largo del país hasta 1934. Si bien las causas de la crisis bancarias, así como su relación con la política monetaria de la Fed y Gran Depresión, son aún materia de debate entre historiadores económicos, la cantidad de bancos en el país se redujo aproximadamente dos tercios entre el pico en la década de 1920 y el Bank Holiday decretado por Rooselvelt en 1933, lo que acarreó también una fuerte contracción de depósitos en el sistema bancario véase cuadro 1; (Reinhart y Rogoff, 2011, p. 164).6 Para el caso de Francia, Baubeau et al. (2021) muestra cómo los bancos comerciales, a pesar de presentar una leve contracción de sus depósitos en los albores de la crisis, sufrieron no obstante una situación de inestabilidad generalizada, que tuvo como consecuencia principal una caída abrupta en los créditos bancarios a lo largo del país. Inglaterra, por último, a pesar de presentar una situación de fragilidad en algunos bancos de la capital (London Merchant Banks) como consecuencia del contagio de la crisis alemana, no sufrió grandes desajustes bancarios gracias, principalmente, a la intervención y ayuda brindada por el Banco de Inglaterra (Accominotti, 2012), 2019.7
Aunque menos estudiada que Europa y Estados Unidos, América Latina no fue ajena a los problemas bancarios del periodo. Como puede observarse en el cuadro 1, con la excepción de Argentina y México, la mayoría de los bancos comerciales en los países latinoamericanos comenzaron a sufrir una caída de depósitos en 1930, aunque la intensidad y duración de los desajustes varió significativamente en cada caso.8 Los bancos comerciales en Chile, Bolivia y Colombia perdieron alrededor del 25% de sus depósitos. Aún más grave fue la situación en Perú y México, que perdieron 40 y 33% respectivamente, y sobre todo Ecuador, donde los bancos comerciales sufrieron un retiro de depósitos masivo. No obstante, la crisis fue seguida de una notable recuperación, y para 1934 los depósitos de los bancos comerciales, aunque con trayectorias distintas, se encontraban en sus niveles de precrisis en todos los países. Los problemas de los sistemas bancarios latinoamericanos, especialmente en países como Chile, Colombia y Perú, han sido remarcados por la historiografía, pero de manera general y sin un análisis detallado por banco y utilizando datos mensuales se ha hecho para otras regiones.9
El caso de Argentina presenta ciertas diferencias respecto a los demás países del continente. Los datos de la Sociedad de las Naciones muestran una caída más gradual en cuanto a depósitos, alcanzando su nivel mínimo en 1934. Por otro lado, contrariamente lo observado en Bolivia, Chile, Ecuador, México y Perú, no hubo ninguna recuperación durante el periodo analizado. El comportamiento de los depósitos se asemeja más al de algunos países europeos, como por ejemplo Francia e Italia. Es importante remarcar que, al igual que lo señalado anteriormente para el caso francés, la ausencia de caídas abruptas no significa que no hubo episodios de corridas bancarias ni puede ser tomado como único indicador para evaluar la presencia o la ausencia de crisis. Como se mostrará en el resto del artículo, el análisis individual de cada banco deja en evidencia que algunas instituciones enfrentaron serias dificultades y pérdidas masivas de depósitos que no son directamente visibles en los datos agregados. Problemas que, tal como señala la literatura, sacudieron el país a finales de 1930 y durante 1934.
El sistema bancario argentino: nueva base de datos, nueva evidencia
La evolución del sector bancario argentino durante el periodo de entreguerras ha sido caracterizada como una fuente latente y persistente de inestabilidad para un sistema monetario que, no obstante, exhibió una remarcable continuidad. Dentro de uno de los sistemas financieros más desarrollados de América Latina, la industria bancaria argentina incrementó su papel en la movilización de ahorros y la canalización de créditos, expandiendo ligeramente su participación en la economía doméstica en valores absolutos entre finales de la primera guerra mundial y el comienzo de la Gran Depresión. Con vaivenes y marcadas oscilaciones en su posición financiera, la actividad bancaria sufrió una leve contracción a principio de los años 1920s, sin poder recuperarse completamente durante el resto de la década (Gómez, 2018). Entre 1920 y 1929, al tiempo que el pbi nominal aumentaba a una tasa promedio anual del 5% (50% acumulado en el periodo), la cartera de préstamos y los saldos de caja (existencias) del sistema bancario crecieron a un ritmo de aproximadamente, en promedio, solo 1% anual (10% acumulado en el periodo), perdiendo así considerable participación en términos del pbi.
Dentro del sistema bancario argentino, los bancos de depósito y redescuentos, también llamados bancos comerciales, eran los actores principales. En 1925, fecha del primer y único censo bancario oficial del periodo, la banca comercial concentraba 91 de las 112 instituciones bancarias del país, y controlaba una cartera de crédito de 3.5 millones de pesos en moneda nacional ($ m/n), lo que representaba el 71.2% de los 4.9 millones del total de préstamos otorgados por el sistema bancario.10 Por su parte, los activos totales de los bancos comerciales alcanzaban los 5 millones (aproximadamente 28% del pbi), de los cuales el 80% correspondían a 79 bancos nacionales (2/5 del Banco de la Nación Argentina), y el 20% restante a los 13 bancos extranjeros radicados en el país. Una participación similar se observa en materia de depósitos, donde los bancos nacionales controlaban alrededor de 3.2 millones, o el 80% de los 3.9 millones de los depósitos totales de la banca comercial (1.4 millones corresponden al Banco de la Nación), mientras que los bancos extranjeros eran responsables de los 0.7 millones o 20% restante.
En este artículo estudiamos la evolución del sistema bancario con una nueva base de datos, la cual fue construida a partir de los balances de una amplia muestra de bancos comerciales que operaron en el país entre 1925 y 1935. Los datos son recolectados del Monitor de Sociedades Anónimas, donde se reportaron las principales cuentas del activo y pasivo para una selección de bancos comerciales con periodicidad mensual.11 El número de bancos incluidos en la fuente varía a lo largo del periodo considerado, entre 28 y 31, además refiere a instituciones que operaban en la Capital Federal o, simultáneamente, en la Capital Federal y el interior a través de agencias o sucursales. Con base en los datos del censo de 1925, los bancos incluidos en el Monitor representan el 94.4% de los depósitos totales, 92.1% de las existencias, y 84% de la cartera de préstamos de la banca comercial, proporcionando así una muestra representativa de las tendencias y comportamientos del sistema bancario en su conjunto en un nivel nacional. Dada la importancia dentro del sistema financiero y de la economía argentina, hemos agregado el Banco Tornquist, el cual no aparece incluido en la base del Monitor.12 La información para el Banco Tornquist se colectó manualmente revisando las publicaciones diarias del Boletín Oficial de la República Argentina, donde el banco reportaba sus balances mensuales. Los depósitos, préstamos y existencias del Banco Tornquist en 1925 representaban 1.9, 2.8, y 1.6% del total del sistema bancario respectivamente, lo que mejora aún más la participación de la muestra.
La gráfica 1 muestra la evolución de los depósitos bancarios de nuestra base de datos en comparación con series previas y que han sido convencionalmente utilizadas en la literatura. En términos generales, nuestra base de datos devela comportamientos y patrones similares a las otras series, pero cubre una proporción mayor de los depósitos durante todo el periodo, aún cuando no se incluye el Banco Tornquist. Los datos del Statistical Yearbook de la Sociedad de Naciones, por ejemplo, refieren a un menor número de bancos (26), y el total agregado de las series de Gómez (2018), Baiocco (1937) y Ferreres (2020), las cuales utilizan estadísticas bancarias provistas por el Ministerio de Economía de la Nación, son también inferiores a las de la base del Monitor. Es importante señalar aquí que ninguna de estas series incluye al Banco Tornquist, una omisión potencialmente problemática al momento de analizar la performance del sector bancario y su relación con la Gran Depresión, dada la relevancia de esta institución en las finanzas y en la economía argentinas (Gilbert, 2003; Pineda, 2006). No obstante, las series muestran en todos los casos un rápido crecimiento en el nivel agregado de depósitos bancarios entre 1925 y 1928, una efímera caída para 1929 y una recuperación en 1930, seguida por una fuerte contracción para 1931 y un declive gradual pero constante desde 1932 hasta fines de 1935.

Fuentes: Baiocco (1937), Ferreres (2020), Gómez (2018), League of Nations (1935, 1936), Monitores de Sociedades Anónimas (varios años) y Boletín Oficial de la República Argentina (varios números).
Gráfica 1 Evolución de los depósitos del sistema bancario argentino, 1925-1935
La gráfica 2 representa la evolución de la actividad crediticia de la banca comercial argentina de acuerdo con las distintas fuentes. Dejando de lado la Liga de las Naciones (que reporta valores solo para el periodo 1929-1933 y considerablemente inferiores a las otras fuentes),13 las series de Gómez (2018), Baiocco (1937) y Ferreres (2020) (idénticas entre ellas) son a primera vista superiores a las del Monitor (aun cuando se incluye el Banco Tornquist). Pero esta comparación debe tomarse con recaudo por una serie de razones. En primer lugar, Baiocco-Gómez-Ferreres incluyen los redescuentos otorgados por el Banco de la Nación a otros bancos en su función de prestamista de última instancia, los cuáles deben deducirse al momento de analizar la relación entre crédito y economía real. En segundo lugar, mientras que el Monitor publica solo información agregada para los descuentos de papeles comerciales (letras de cambio y pagarés) y los adelantos en cuenta corriente, no es posible determinar qué instrumentos crediticios o instituciones componen la serie de Baiocco-Gómez-Ferreres. Si bien los descuentos y adelantos eran los dos principales mecanismos de préstamos en ese entonces, existían otros instrumentos crediticios que no están reportados en el Monitor y que pueden estar al origen de la diferencia que persiste entre ambas series aún después de netear los redescuentos.

Fuentes: Baiocco (1937), Ferreres (2020), Gómez (2018), League of Nations (1935, 1936), Monitores de Sociedades Anónimas (varios años) y Boletín Oficial de la República Argentina (varios números).
Gráfica 2 Evolución de los préstamos del sistema bancario argentino, 1925-1935
Con base en los datos del censo de 1925, los descuentos representaban aproximadamente el 50% de la cartera de crédito total del sistema bancario, y los adelantos un 20%, estando el remanente constituido por cauciones, préstamos hipotecarios, préstamos oficiales, entre otros (Dirección General de Estadísticas de la Nación, 1926, diagrama 5, p. 37). A su vez, la cartera de préstamos constituía el 70% de los activos bancarios, donde el remanente se distribuía entre existencias (12%), redescuentos (8%), inversiones de capital (6%) y saldos en sucursales o correspondientes en el extranjero (3%). En línea con el comportamiento de los depósitos, nuestra serie muestra un aumento en los préstamos entre 1925 y 1927, un estancamiento en 1929 y 1930, seguido por una contracción en 1931 y un nuevo estancamiento desde 1932. Un patrón similar, aunque sin una correspondencia exacta de tendencias y timing, se observa en la serie Baiocco-Gómez-Ferreres, con excepción de la gran caída de 1935, que aparece ligeramente menos pronunciada en nuestros datos.
Dada su importancia y papel especial dentro del sistema bancario argentino, debe hacerse un comentario aparte respecto al Banco de la Nación. Debido a su gran volumen de operaciones y la amplia presencia en todo el territorio nacional a través de su extensa red de agencias y sucursales, el Banco de la Nación ocupaba un lugar central en el mercado bancario argentino (Regalsky, 2010). En ausencia de un banco central durante este periodo, el Banco de la Nación era la institución oficial más importante del país, y se desempeñaba como agente financiero del estado y banca de desarrollo. Con más de 233 oficinas en todo el territorio argentino, acumulaba más del 40% de los activos del sistema bancario comercial, entre un 40% y 50% de sus depósitos totales y entre un 25% y 35% del crédito. Como parte de sus funciones cuasi públicas, el Banco de la Nación estaba autorizado a redescontar documentos comerciales y oficiales de otras instituciones bancarias privadas, proveyéndolas de efectivo en caso de necesidad de liquidez. En 1925, su cartera de redescuentos era de 404 millones, un monto equivalente al 40% de su portafolio de préstamos. A su vez, por el lado del pasivo el Banco de la Nación podía obtener liquidez de la Caja de Conversión, la entidad responsable de la emisión monetaria en el país y de la conversión de billetes de curso legal a oro.
Finalmente, un último comentario respecto a la estructura de propiedad subyacente del sistema bancario argentino, especialmente en lo referente a la distinción entre bancos nacionales y extranjeros. Hacia 1925, tal como se señaló anteriormente, había en el país 79 bancos nacionales y 13 extranjeros con una participación en el mercado bancario de 80 y 20 por ciento respectivamente. Entre los extranjeros, los británicos era el grupo mayoritario con 4 bancos, seguido por los estadunidenses y alemanes con dos cada uno, a lo que se agregaban un banco Ítalo-francés, un italiano, un holandés, un chileno y otro japonés (véase gráfica 3).14 La diferencia principal entre los bancos nacionales y extranjeros residía en que los primeros habían sido creados principalmente con capital local, y respondían a líderes nacionales; los segundos eran sucursales o filiales de bancos extranjeros, los cuáles eran en muchos casos bancos líderes y pilares del sistema bancario en su país de origen y funcionaban bajo el control y las directivas de sus casas matrices, estando estrechamente vinculadas a ellas tanto administrativa como financieramente. En ausencia de un cuadro regulatorio y supervisión por parte las autoridades gubernamentales argentinas, tanto las instituciones bancarias nacionales como las internacionales funcionaban bajo sus propias directivas y un sistema de autorregulación.

Fuente: Dirección General de Estadísticas de la Nación (1926).
Gráfica 3 Participación en la base de depósitos entre bancos nacionales y extranjeros en 1925
Depósitos: crisis política, inestabilidad financiera y nacionalidad bancaria
Luego de dos años de estancamiento, entre 1925 y 1926, el nivel de depósitos del sistema bancario creció a principio de 1927 y aceleró su expansión en el último tercio del año. Cuando el país regresó al patrón oro en agosto de este último año, los depósitos bancarios totales alcanzaban los 3 630 millones, y se incrementaron un 14.8% hasta llegar a un pico de 4 171 millones en marzo de 1929, comenzando un leve descenso posterior. Como se ilustra en la gráfica 4, la expansión de la base de depósitos fue la tendencia general compartida entre la banca nacional y extranjera en los primeros años, pero a partir de la segunda mitad de 1928 comienzan a observarse diferencias.

Nota: las líneas verticales indican el momento de entrada de Argentina al patrón oro en agosto de 1927, su salida en diciembre de 1929, y el golpe militar de septiembre de 1930.
Fuente: Monitores de Sociedades Anónimas (varios años) y Boletín Oficial de la República Argentina (varios números).
Gráfica 4 Evolución de los depósitos por grupo de bancos, 1925-1935
Los depósitos del Banco de la Nación, los cuales se habían incrementado un 12% hasta agosto de 1928, se estancaron y comenzaron a declinar desde junio de 1929. Contrariamente, los depósitos del resto de los bancos nacionales continuaron en firme expansión hasta el pico de marzo de 1929, ubicándose a un 19.3% encima de su nivel al momento de la restauración de la convertibilidad del peso al oro, para comenzar a decaer posteriormente. Por su parte, los bancos extranjeros muestran un comportamiento similar al resto, aunque se observa un estancamiento de sus depósitos que comienza con anterioridad al freno en los bancos nacionales.15
El inicio de la Gran Depresión, con el crack de Wall Street en octubre y la suspensión de la convertibilidad en diciembre de 1929, marca un punto de inflexión en el desarrollo y estructura de los depósitos del sistema bancario. Luego del pico de 1 606 millones en marzo de 1929, los depósitos de los bancos nacionales caen un 4.8% para ubicarse en torno a los 1 528 millones a fines del año, y se mantienen relativamente estables alrededor de dicho nivel durante 1930. En el Banco de la Nación, donde los depósitos habían estado cayendo con anterioridad, la contracción fue de un 5.7% en la segunda mitad del año, ubicándose en niveles similares a los de la banca nacional y estabilizándose también durante 1930. Los bancos extranjeros, al contrario, expandieron considerablemente sus depósitos luego de la salida de Argentina del patrón oro, una tendencia que pareciera reforzarse aún más luego del golpe militar de septiembre de 1930. A nivel agregado, los depósitos totales en los bancos extranjeros aumentaron un 7.9% durante los primeros ocho meses de 1930, a lo que se le suma un 10% adicional durante el último tercio del año, una tendencia que se perpetuó incluso durante la primera mitad de 1931.
En líneas generales, el golpe militar de septiembre de 1930 no parece haber tenido un efecto desestabilizador sobre el sistema bancario. Si bien se ha señalado en la literatura la posibilidad de que, en sistemas de reservas fraccionales donde la conversión de depósitos en efectivo y su retiro a voluntad es libre, la falta de estabilidad política puede causar baja en los depósitos bancarios y reducción de los créditos (Collier, 1999), lo que se observa en nuestra base de datos es un cambio de composición. El comportamiento opuesto equivalente entre los depósitos de los bancos nacionales y el Banco de la Nación, por un lado, y la banca extranjera, por otro, podría estar indicando un proceso de "flight to safety" (huida a la seguridad). Al estar los bancos extranjeros presumiblemente menos expuestos y al amparo de los riesgos políticos del país, al tiempo que contaban también con el respaldo de sus casas matrices operando en países donde aún estaba vigente el patrón oro, puede que hayan representado una opción más segura a los ojos de los ahorristas y depositantes.
De acuerdo a los medios financieros internacionales más influyentes de la época, el gobierno militar fue bien recibido por la banca extranjera y la comunidad financiera internacional. The Economist, por ejemplo, señalaba que mientras el "ex-presidente Irigoyen" era "persona no grata para muchos financieros extranjeros," el nuevo gobierno "será prolijo más que brillante, pero por dicha razón generará más confianza internacional" (“Argentina and the Investor”, 1930).16 Los mismos bancos internacionales expresaban esta opinión compartida, enfatizando la "acción laudable" que el nuevo gobierno presidido por el general Uriburu desarrolló en el sector financiero argentino.17 Cualquiera que fuera la posición, lo que los datos muestran es un considerable fortalecimiento relativo de la banca extranjera en el país luego de los cambios políticos e institucionales. Entre finales de 1928 y principios de 1931, la captación de depósitos de la banca extranjera subió de un 15 a un 20% del total del sistema bancario.
Sin embargo, esta situación cambiaría dramáticamente desde la segunda mitad de 1931, luego del pico alcanzado a comienzos de ese año. El nivel de depósitos en los bancos extranjeros se contrajo un 12%, recuperándose lenta y parcialmente en un 7% hasta marzo de 1933, antes de caer nuevamente 20% hacia finales de 1934. En total, los bancos extranjeros en el país perdieron aproximadamente un cuarto de sus depósitos entre 1931 y 1934. En 1931 el Banco de la Nación y el resto de bancos nacionales experimentaron también una contracción (aunque menos drástica y pronunciada), pero, contrariamente a la banca extranjera, sus depósitos se estabilizaron desde 1932 en adelante. Es importante señalar aquí el caso del Banco Tornquist, cuyos depósitos evolucionaban en sintonía con el resto de la banca nacional hasta 1931, pero comenzaron a decaer más rápidamente. En la gráfica 4 se puede observar cómo la brecha entre los depósitos de la banca nacional con y sin Tornquist se agranda desde septiembre de 1931, lo que ilustra el ritmo, sustancialmente mayor, al que Tornquist perdía depósitos en el país, arrastrando considerablemente más hacia abajo la base total de la banca nacional.
Si bien estos comportamientos agregados entre banca nacional y extranjera muestran claras diferencias, no permiten identificar si se trata de tendencias uniformes o si hay en cambio heterogeneidad y diferencias entre bancos dentro del grupo. De hecho, un examen en el nivel individual por banco revela dinámicas distintas que permiten entender mejor el origen y los factores subyacentes del comportamiento de los depósitos bancarios de los bancos extranjeros en relación con los nacionales. Cuando se observan los bancos extranjeros individualmente y por nacionalidad, el comportamiento de los depósitos parece estar afectado por problemas financieros o crisis en sus respectivos países de origen.
El cuadro 2 muestra los cambios porcentuales trimestrales de los depósitos por nacionalidad de bancos. Se puede observar así que la contracción de depósitos de 1931 afectó principalmente a los bancos alemanes, holandeses e italianos en 1931, mientras que en 1933 los que más sufrieron son los estadunidenses y en menor medida los británicos y europeos. En especial, los dos bancos alemanes que operaban en Argentina, el Banco Alemán Transatlántico y el Germánico de América del Sur, perdieron una cantidad muy significativa de depósitos en 1931. La caída es particularmente aguda en el tercer trimestre del año, al tiempo del estallido de la crisis bancaria en Alemania en julio, con una contracción de 23%. Para fines de 1931, luego de años de crecimiento sostenido, los depósitos de ambos bancos se contrajeron un 35% y 42% respectivamente. Ambas instituciones eran propiedad de grandes bancos alemanes, el Deutsche Bank y del Dresdner Bank respectivamente, que atravesaron problemas financieros muy agudos durante la crisis bancaria de mediados de 1931 y fueron intervenidos por el gobierno alemán (James, 1984; Schnabel, 2004). También se observan pérdidas, aunque menos drásticas, en el caso del Banco Holandés para América del Sur y, en menor medíneas generales, el golpe militar de septiembre de 1930 no parece haber tenido un efecto desestabilizador sobre el sistema bancario. Si bien se ha señalado en la literatura la posibilidad de que, en sistemas de reservas fraccionales donde la conversión de depósitos en efectivo y su retiro a voluntad es libre, la falta de estabilidad política puede causar baja en los depósitos bancarios y reducción de los créditos (Collier, 1999), lo que se observa en nuestra base de datos esida, para el Banco Ítalo-Belga y el Banco Francés e Italiano, los cuales pertenecían a capitales bancarios italianos y franceses que también fueron afectados por los pánicos bancarios europeos (Piluso, 1994). De hecho, cuando la crisis golpeó a Italia en 1931 el Credito Italiano y la Banca Commerciale Italiana sufrieron fuertes pérdidas quedando al filo de la bancarrota, siendo salvados por el Banco central de Italia a finales de 1931 (Battilossi, 2009).
Cuadro 2 Evolución trimestral de los depósitos de los bancos extranjeros por país de origen, 1929-1935 (porcentaje)
| Inglaterra | Alemania | Holanda | Estados Unidos | Canada | Italia | Total | |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 1929 | |||||||
| I | 1.20 | 7.8 | 8.00 | 3.7 | 17.9 | 3.4 | 3.85 |
| II | -0.60 | 2.4 | 5.30 | -2.4 | -7.00 | -4.5 | -0.9 |
| III | -0.30 | 3.4 | 1.00 | -7.3 | 22.8 | -1.3 | 0.6 |
| IV | 3.40 | -1.3 | -8.20 | 1.00 | -4.9 | -14.4 | -0.4 |
| 1930 | |||||||
| I | 5.70 | 6.4 | 9.20 | 1.7 | 11.1 | 6.8 | 5.4 |
| II | 0.80 | 0.4 | 7.00 | 5.00 | 2.2 | 2.9 | 2.2 |
| III | 2.50 | 0.1 | -2.00 | 8.5 | -0.8 | -4.4 | 2.3 |
| IV | -1.00 | 6.5 | -5.70 | 13.00 | 22.1 | 13.00 | 5.4 |
| 1931 | |||||||
| I | -0.50 | -7.1 | -11.20 | -5.7 | -9.5 | -13.8 | -4.8 |
| II | 2.00 | -8.1 | -10.80 | -2.00 | 3.8 | -3.3 | -1.3 |
| III | 1.30 | -23.5 | -6.00 | 6.5 | 0.3 | -5.9 | -2.4 |
| IV | -1.70 | -4.9 | -8.50 | -1.7 | 13.7 | -2.7 | -1.5 |
| 1932 | |||||||
| I | 0.10 | -1.9 | -1.10 | 1.1 | -5.7 | -4.6 | -0.5 |
| II | -4.30 | 0.3 | -7.00 | 2.9 | 0.3 | -2.2 | -1.5 |
| III | 1.30 | 0.8 | 2.10 | -1.4 | 5.9 | -1.7 | 0.6 |
| IV | 1.10 | 4.2 | 2.30 | 3.8 | 20.6 | 2.7 | 2.8 |
| 1933 | |||||||
| I | 4.10 | 0.2 | 6.40 | -11.00 | -2.1 | 3.9 | -0.4 |
| II | 0.70 | 1.5 | -6.20 | -2.9 | -2.8 | -0.6 | -1.6 |
| III | -1.90 | 1.2 | -2.60 | 0.1 | 1.7 | -11.6 | -0.1 |
| IV | -12.30 | 3.7 | 17.30 | -22.6 | 1.3 | 2.5 | -11.3 |
| 1934 | |||||||
| I | -0.80 | -4.2 | 6.00 | -1.6 | 1.00 | -3.2 | -1.3 |
| II | -3.00 | 2.4 | -0.50 | -0.1 | -4.00 | 6.5 | -1.4 |
| III | -6.20 | -6.7 | 5.40 | -2.4 | -1.6 | 5.1 | -5.2 |
| IV | -1.8 | 3.2 | -3.50 | -2.6 | 2.7 | 2.1 | -0.7 |
| 1935 | |||||||
| I | 2.4 | 2.8 | -2.20 | 7.2 | -8.5 | 7.1 | 3 |
| II | -3.9 | -0.1 | 2.40 | 3.9 | 4.00 | -10.4 | -1.6 |
| III | 1.2 | -3.1 | -8.10 | 3.2 | -3.4 | 4.9 | 0.8 |
| IV | -2.4 | 1.2 | 0.70 | 5.00 | 2.6 | -9.00 | 0.4 |
En el caso de los bancos estadunidenses, luego de un periodo de crecimiento hasta 1930 y estabilización entre 1931 y 1932, se observa un colapso en los depósitos en el último cuarto de 1933, al tiempo que Estados Unidos abandonó el patrón oro y devaluó el dólar (véase cuadro 2). Entre los bancos estadunidenses en Argentina, el National City Bank of New York fue el más afectado. En febrero de 1933, luego de alcanzar un pico histórico de 94 millones en depósitos a fines de 1932, los depósitos comenzaron a caer, y para finales de ese año se habían reducido casi a la mitad para ubicarse en torno a los 50 millones. Aunque en declive a lo largo de todo el año, una contracción muy fuerte de alrededor del 30% ocurrió en diciembre, estabilizándose luego en 1934. Por su parte, los depósitos del First National Bank of Boston, más grande que el National City Bank, también experimentaron una contracción en 1933, pero fue menos severa con una caída del 22%. Diciembre de ese año fue el momento más crítico con una contracción del 12.5%, continuando en declive durante 1934 antes de comenzar a recuperarse para 1935.
No es evidente qué puede haber desencadenado la caída de los depósitos bancarios estadunidenses en 1933. Las dos explicaciones al respecto enfatizan alternativamente causas exógenas o endógenas. Stallings (1987, p. 77) señala cómo las tormentosas relaciones entre Estados Unidos y América Latina desde 1930 afectaron a los bancos, llevando a una retracción en la red de sucursales en la región en un contexto de defaults en muchos países e importantes cambios regulatorios en Estados Unidos que siguieron a la Gran Depresión. Por otro lado, aun cuando los cambios regulatorios adoptados por Roosevelt en 1933 impactaron el comportamiento de los bancos estadunidenses en el exterior, el papel de factores endógenos propios a la realidad bancaria y monetaria argentina han de ser igualmente considerados (Richardson y Van Horn, 2018); especialmente, la decisión del gobierno argentino en noviembre de 1933 de devaluar el peso en un 20%, al tiempo que reformaba y flexibilizaba el sistema de control de cambios. La sincronización de estos cambios (que tenían naturalmente una incidencia fundamental a las operaciones internacionales de los bancos) con la caída de depósitos es sugerente, pero no parece haber afectado de igual manera a los otros bancos extranjeros en el país, con la excepción tal vez de los bancos ingleses (aunque en menor medida), cuya situación se discute a continuación.
La evolución de los depósitos en los bancos británicos es menos uniforme y no muestra un patrón común. Contrariamente a las otras instituciones europeas, el Banco de Londres y América del Sur (BOLSA), el mayor banco británico en Argentina, experimentó un aumento constante en su nivel de depósitos desde 1931 hasta el tercer trimestre de 1933, contrayéndose abruptamente un 20.8% en el mes octubre y declinando paulatinamente en los próximos años de manera similar a los bancos estadunidenses. El Banco Anglo Sudamericano, que se había fusionado con el Banco Británico de América del Sur en 1928, muestra una tendencia más suave. El comportamiento de largo plazo de sus depósitos fue descendiente, cayendo progresivamente de 160 millones en 1925 a 140 millones en 1931, y 110 millones en 1935. Sin embargo, más allá de algunas pérdidas menores a mediados de 1932 y en diciembre de 1933, el banco no sufrió fuertes contracciones a corto plazo. Finalmente, el Royal Bank of Canada, el más pequeño de los tres, aumento continuamente su base de depósitos durante todo el periodo, especialmente en 1932 tuvo un aumento del 20% y en 1933 no sufrió pérdidas, contrariamente a los bancos ingleses, en particular BOLSA y sobre todo los estadunidenses.18
Las razones tras el comportamiento de los depósitos bancarios de instituciones británicas en Argentina permanecen igualmente oscuras. Las observaciones de los contemporáneos sugieren que el sistema de control de cambios instaurado por el gobierno argentino, a fines de 1931, afectó no solo las relaciones comerciales internacionales del país, sino también las operaciones de la banca. Por un lado, de acuerdo a BOLSA, "la difusión del control oficial de cambios" junto con "la dificultad de devolver remesas en libras esterlinas por las exportaciones de bienes vendidos en América Latina" fueron una causa principal de los problemas del banco en vísperas de la Gran Depresión (“Anglo South American Bank, Limited. Effect of fall in prices-external debt commitments. Mr. R.J. Hose on Conditions in South America”, 1931). Por otro lado, para un grupo de banqueros británicos, Argentina exhibía una admirable estabilidad bancaria y financiera a fines de 1932. La confianza en el futuro del país era tan positiva que, en palabras del asesor del Banco de Inglaterra Harry Siepmann, "ni la agitación política ni los desastres bancarios ni la inflación del circulante o del crédito son probables en este país".19 De hecho, como se ha señalado anteriormente, no fue sino hasta fines de 1933 que los depósitos de los bancos ingleses sufrieron una contracción de importancia. El episodio central que también podría explicar el comportamiento de BOLSA fue el cambio en las relaciones comerciales entre ambos países como resultado de la firma del tratado Roca-Runciman, en mayo de 1933, por el gobierno británico y argentino, el cual permitió a los bancos ingleses el envió de beneficios al exterior.20 La abolición de las restricciones sobre el envío de remesas permitía a los clientes del banco cobrar sus depósitos y enviarlos al extranjero.21
Préstamos: acaparamiento de liquidez, contracción crediticia, y recesión económica
Para el sistema bancario, el corolario de la contracción de depósitos fue la reducción en la actividad crediticia. Desde mediados de 1931, en vísperas de la Gran Depresión, el secretario del Tesoro de Argentina alertaba ya sobre los problemas económicos causados por la dramática contracción del crédito bancario.22 Tal como puede observarse en la gráfica 2, luego del máximo de 3 606 millones de pesos, alcanzado en 1930, el portafolio de préstamos del sistema bancario declinó levemente en 1931 a 3 564 millones, cayendo un 8.7% en 1931 y un 2.8% adicional en 1932 antes de la fuerte contracción de 1935, esto en el marco de la reforma bancaria de la creación del Banco Central.
Aun cuando el comportamiento agregado muestra un estancamiento y posterior contracción del crédito para la industria bancaria, una inspección más detenida de los datos por grupo de bancos proporciona una imagen matizada del fenómeno. Al igual que en el caso de los depósitos, el comportamiento del portafolio de préstamos no fue homogéneo: el timing y la contracción crediticia varió considerablemente entre instituciones y según la nacionalidad de los bancos. La gráfica 5 ilustra claramente el mayor dramatismo con el que se contrajeron los préstamos de los bancos extranjeros frente a los nacionales durante la Gran Depresión. Luego de una fuerte expansión de aproximadamente 40% entre 1928 y 1930, la cartera de préstamos de los bancos extranjeros se redujo 23.5% en 1931 y continuó cayendo progresivamente durante los siguientes dos años sin volver a recuperar su nivel de precrisis. Más aún, para 1934 y 1935, la actividad crediticia de este grupo de bancos se encontraba aún entre un 20 y 30% debajo del nivel obtenido a mediados de la década de 1920. En el caso de la banca nacional, la contracción en 1931 fue del 3% y la caída posterior mucho menos pronunciada, concediendo préstamos incluso a niveles superiores en comparación con la década anterior. Aquí es importante notar que, contrariamente a lo que sucedió con los depósitos, los créditos del Banco Tornquist siguieron la tendencia general de la banca nacional durante la década de 1930, lo que indicaría que el banco no ajustó su cartera de préstamos acorde al comportamiento de sus depósitos. En términos generales, la banca extranjera explica aproximadamente 3/4 de la caída de los préstamos del sistema bancario argentino entre 1930 y 1934.23 Estos valores sugieren el rol mayor que tuvo la banca extranjera en el proceso de estancamiento del crédito doméstico, convirtiéndose en una importante fuerza recesiva para la economía argentina durante la Gran Depresión, al menos en relación con la banca nacional.

Nota: las líneas verticales indican el momento de entrada de Argentina al patrón oro en agosto de 1927, su salida en diciembre de 1929, y el golpe militar de septiembre de 1930.
Fuente: Monitores de Sociedades Anónimas (varios años) y Boletín Oficial de la República Argentina (varios números).
Gráfica 5 Evolución de la cartera de préstamos por grupo de bancos, 1925-1935
Por su parte, la cartera de préstamos del Banco de la Nación muestra un comportamiento contrario durante los primeros años de la Gran Depresión. Tal como se observa en la gráfica 5, el crecimiento de los créditos otorgados por el Banco de la Nación en 1931 más que perjudicar compensó la contracción de los bancos extranjeros, mientras que los bancos nacionales experimentaron una leve reducción durante la segunda mitad de ese año. Este aumento en la actividad crediticia del Banco de la Nación, que suscribe formas más complejas de las que la literatura ha dejado entrever, se enmarca en una redefinición de los objetivos de política económica del gobierno. Si bien es cierto que a partir de la sanción de la ley de abril de 1931 el banco comenzó a redescontar cada vez más con la Caja de Conversión, la motivación principal de esta medida radica en su papel de prestamista de última instancia, más que en la provisión de préstamos destinados a cubrir el vació dejado por los bancos privados. En este sentido, Raúl Prebisch afirma que el uso de redescuentos "no [fue] para seguir una política expansiva del crédito, ni para dar mayor cantidad de poder adquisitivo al mercado, sino para reponer los efectivos de los bancos y evitar una conmoción" y sólo reorientaría su misión para "ayudar a las empresas desatendidas por los bancos privados" en 1933 (Prebisch, 1972, pp. 380-90).
En un contexto en el cuál la banca extranjera confrontaba problemas de fondeo, una mirada más próxima a la estructura y evolución de sus activos permite ver su reacción y la manera en que ajustaron sus balances. El caso del Banco Germánico para América del Sur ofrece un ejemplo ilustrativo. En la gráfica 6 se muestra la evolución de sus depósitos bancarios junto al portafolio de créditos y tenencias de efectivo o existencias, de donde pueden sacarse dos conclusiones importantes. La primera: la reducción en la cartera de préstamos es posterior al comienzo de la caída de depósitos, lo que sugiere que la contracción en la actividad crediticia se disparó, principalmente, como consecuencia de la necesidad del banco por ajustar sus activos; esto para balancear los pasivos en caída más que como consecuencia de una menor demanda de préstamos o problemas en la actividad doméstica. La segunda: la contracción de los préstamos se acentúa y continúa por varios meses más, incluso luego de que la caída de depósitos se frenara en 1932, sin volver a recuperarse aun cuando los depósitos del banco sí lo hicieron.

Fuentes: Monitores de Sociedades Anónimas (varios años).
Gráfica 6 Evolución de las principales cuentas del balance del Banco Germánico de América del Sur, 1925-1935
Al contrario, tal como puede observarse en la gráfica 6, los recursos adicionales provenientes del aumento de depósitos coinciden con un aumento de las existencias, indicando una política del banco de mantener liquidez como medida precautoria a manera de disponer recursos adicionales con los qué afrontar potenciales extracciones de depósitos, tal como sucedió en 1934. Un patrón similar se observa en el caso del Banco Alemán Transatlántico, cuyo portafolio crediticio se contrajo por aproximadamente dos años luego de la estabilización de sus depósitos en 1931. Frente a una contracción del 35% de los depósitos en 1931, los préstamos cayeron más del 50% entre 1930 y 1933, ubicándose por debajo de los niveles de 1927 y 1928 sin jamás recuperarse de nuevo. Al igual que su coterráneo, el Alemán Transatlántico también decidió mejorar su posición de liquidez manteniendo mayores niveles de existencias en sus cuentas.
El resto de los bancos extranjeros en Argentina también redujo su cartera de créditos en 1931, pero no como resultado de un ajuste a depósitos en caída como en el caso de los bancos alemanes. El First National City Bank of New York, por ejemplo, comenzó a morigerar su política crediticia desde febrero de 1931, casi dos años antes de que sus depósitos comenzaran a caer en 1933. De hecho, entre enero de 1931 y diciembre de 1932 sus depósitos aumentaron 27.3%, mientras que la cartera de préstamos se contrajo 57.4%, alcanzando niveles muy inferiores a los de la segunda mitad de la década anterior. Por el contrario, sus existencias se multiplicaron 3.1 veces en el mismo periodo, de manera que cuando los depósitos comenzaron a caer a comienzos de 1933, sufriendo luego una fuerte contracción en diciembre, su posición de liquidez era sólida y el banco hizo frente a dicha caída utilizando sus existencias y no liquidando su portafolio. Una historia muy similar se observa en el caso de BOLSA y también, aunque en menor medida, en el First National Bank of Boston y el Banco Anglo Sudamericano. De igual manera, el Royal Bank of Canada, cuyos depósitos aumentaron durante todo el periodo hasta mediados de 1934 (cayendo después levemente), contrajo sus préstamos en un 35% entre 1931 y 1933, reforzando su posición de liquidez mediante un aumento de sus existencias.
Lo particularmente llamativo es que este fenómeno de acaparamiento de liquidez (liquidity hoarding) mediante la acumulación voluntaria de reservas en efectivo es una singularidad de la banca extranjera. De hecho, contrariamente a ellos, los datos no reflejan un comportamiento similar por parte de los bancos nacionales, ya que no se observan aumentos generalizados de existencias ni tampoco ajustes mayores en sus carteras de préstamos. La gráfica 7 muestra el cambio en el cociente entre existencias y depósitos de cada banco entre 1931 y 1933, junto con el cambio correspondiente en el nivel de préstamos, de donde se pueden hacer dos observaciones importantes. La primera es la relación negativa entre el aumento del coeficiente de reservas voluntarias y la evolución de la cartera de préstamos, lo que significa que los bancos que más aumentaron sus existencias, y/o perdieron depósitos, fueron también los que ajustaron más fuertemente su cartera de créditos. La segunda es que se observan dos grupos claramente diferenciados, mientras que los bancos extranjeros aparecen mayoritariamente ubicados en el cuadrante superior izquierdo como resultado de los cambios en sus balances anteriormente descriptos, los bancos nacionales están más dispersos lo que muestra un comportamiento más variado. En general, a excepción del Banco Sirio Libanés, los aumentos del ratio efectivo-depósitos de la banca nacional fueron considerablemente menor que el de los bancos extranjeros, y en muchos casos incluso se redujo. La actividad crediticia (y su relación con los cambios entre efectivo y depósitos) fue más heterogénea también, ya que algunos bancos aumentaron sus préstamos mientras otros los redujeron al tiempo que morigeraban o acentuaban sus tenencias voluntarias de efectivo.

Fuente: Monitores de Sociedades Anónimas (varios años) y Boletín Oficial de la República Argentina (varios números).
Gráfica 7 Relación entre existencias y comportamiento crediticio de los bancos, 1930-1933
Las razones por las cuáles los bancos estadunidenses y británicos comenzaron a ajustar su cartera de préstamos e incrementar sus existencias desde enero de 1931 necesitan aún ser estudiadas. Una explicación posible es que los problemas de los bancos alemanes hayan generado miedo de contagio en los otros extranjeros, cuyos sistemas bancarios o monetarios se encontraban bajo presiones similares. Pero de haber sido este el caso, se esperaría que los ajustes ocurrieran al mismo tiempo o inmediatamente después de que la crisis bancaria alemana estallara en julio de 1931 y afectara a sus sucursales en el extranjero, y no antes como sucedió. El único banco extranjero que redujo drásticamente su cartera de préstamos en 1931 es el Anglo Sudamericano. Según Joslin (1963, p. 267), la contracción del comercio internacional de América Latina, propiciada por la depresión económica mundial, generó serios problemas para el Anglo Sudamericano que llevaron a que su casa matriz, en Londres, solicitara asistencia financiera del Banco de Inglaterra en noviembre de 1931. La fuerte reducción de los préstamos observada desde comienzos de 1931 sería la consecuencia de problemas financieros más generales del banco.
En el caso de los otros bancos extranjeros, algunos de los cuales no necesariamente transitaban una situación similar, pueden estar vinculados a sus acciones dos acontecimientos importantes. Por un lado, la implantación del sistema de control de cambios entre octubre de 1931 y noviembre de 1933. Algunos trabajos han señalado que durante este periodo de fuertes controles cambiarios, los balances de los bancos estuvieron inundados de fondos a la espera de ser remitidos al extranjero (Joslin, 1963). No obstante, aun cuando el bloqueo de remesas en moneda extranjera puede haber influido en el aumento de las tenencias de efectivo, esta tendencia comenzó bastante tiempo antes de octubre de 1931. Otra alternativa es que los bancos estadunidenses y británicos hayan ajustado sus balances en anticipación de potenciales problemas futuros en un contexto de alta inestabilidad e incertidumbre tanto por la situación en su país de origen y en sus casas matrices como también en Argentina.
Aunque no es muy claro qué eventos pudieron ser una fuente adicional de incertidumbre para los bancos en Estados Unidos e Inglaterra a comienzos de 1931, un factor potencialmente importante en el plano nacional fue la victoria de la Unión Cívica Radical (en delante ucr) en las elecciones para gobernador de la provincia de Buenos Aires en abril de ese mismo año. Luego del golpe militar de septiembre de 1930, que derrocó al presidente radical Hipólito Yrigoyen, acontecimiento bienvenido por la comunidad bancaria internacional como se señalara anteriormente, llegó la ucr al comando de la provincia más importante del país, donde se concentraban las operaciones de la banca extranjera, lo que pudo representar una fuente de riesgo político y preocupación. La misma prensa financiera internacional hacía eco de esta posibilidad al comunicar que la "oscura situación política", causada por la elección, propició una fuga de capitales y la toma de medidas precautorias por parte de los bancos extranjeros. Para finales de 1931, y en vistas de la situación financiera, BOLSA anunciaba a sus accionistas que "el tiempo de fortalecer las reservas de nuestro banco han llegado".24
Contrariamente a la banca extranjera, el comportamiento de los bancos nacionales durante los años de crisis no muestra un único patrón o tendencia común, como la gráfica 6 deja ya entrever. Entre 1930 y 1933, algunos bancos aumentaron sus préstamos mientras otros los reducían al tiempo que reforzaban o mitigaban sus coeficientes de reservas sin una clara asociación o relación visible. Dentro de la variedad de situaciones y comportamientos bancarios hay algunos casos que llaman la atención y merecen ser destacados. El Banco Argentino Uruguayo, por ejemplo, sufrió una contracción muy fuerte de sus depósitos e incrementó sin embargo su cartera de préstamos en 15% durante el periodo. Más llamativo aún es el caso del Banco Hogar Argentino, el cual expandió su portafolio 35.9%, mientras sus depósitos se retrotraían en proporción similar. Estos bancos, que estaban probablemente financiando la expansión de sus activos mediante el uso de líneas de redescuentos con el Banco de la Nación, fueron fusionados en 1935 con el Banco Español del Río de la Plata, que también se encontraba en problemas y sufrió pérdidas de depósitos, pero ajustando su cartera de préstamos en consecuencia. Un patrón similar se observa para el Banco Escandinavo Argentino, cuyo portafolio era mayor a su nivel de depósitos y la diferencia fue incrementándose durante el resto del periodo. Los demás bancos nacionales muestran mayor equilibrio en sus estructuras de activos y pasivos, con una tendencia contractiva de la actividad crediticia, aunque menos pronunciada que en la banca extranjera. Los problemas de financiamiento no pasaron desapercibidos para la prensa nacional, remarcando cómo algunos bancos restringían el acceso al crédito, intensificando los efectos de la crisis económica (“La actitud de los bancos al restringir los créditos sistemáticamente ahonda más la crisis del trabajo,” 1932; ”Hay mucho encaje en los bancos, pero el pueblo Languidece,” 1932).
En cuanto al Banco de la Nación, luego de un relativamente temprano estancamiento en 1930, aumentó sus préstamos en 1931 y 1932 (véase gráfica 5). Cabe remarcar que, mientras los créditos al sector privado se mantuvieron contantes durante los primeros años de la crisis, los préstamos al gobierno aumentaron considerablemente, pasando de 58.6 millones de pesos en 1929 a 156.6 millones para 1930, y 194.1 millones en 1931. En un contexto de contracción en la oferta de crédito y de débil demanda debido a la recesión, este cambio puede ser interpretado como parte de una política contracíclica donde el banco financiaba la expansión del gasto público de un gobierno en desequilibrio fiscal. Junto con los préstamos al gobierno, el Banco de la Nación aumentó también los créditos a los bancos vía redescuentos, los cuales pasaron de 390 millones de pesos en 1929 a 484 millones en 1931 y 561 millones en 1932. Aunque no existen datos desagregados por banco, la discusión previa sugiere que estas líneas podrían haber sido utilizadas principalmente por un grupo concreto, sobre todo el Banco Uruguayo Argentino, Hogar Argentino, Escandinavo Argentino, Tornquist y, muy probablemente, con algunos bancos extranjeros también.25 Vale la pena mencionar también que, con excepción de un breve periodo entre fines de 1931 y comienzos de 1932, los depósitos del Banco de la Nación fueron siempre superiores a su portafolio de préstamos (véase cuadro 2), lo que indica que los créditos a los sectores público y privado se fondeaban con recursos propios y no vía redescuentos con la Caja de Conversión, que parecen haberse usado para asistencia bancaria.
Conclusiones
La nueva base de datos, construida a partir de la información publicada en El Monitor de Sociedades Anónimas y en el Boletín Oficial para el caso del Banco Tornquist, arroja nueva luz sobre la evolución y la situación de la banca comercial argentina en el periodo de entreguerras. Como las páginas anteriores han demostrado, la frecuencia mensual, así como la mayor desagregación de los datos y cuentas por banco, ofrece una perspectiva diferente y más completa de los vaivenes del sistema bancario respecto a las visiones y argumentos que han dominado las narrativas en la historia económica y financiera argentina durante la Gran Depresión.
Si bien el estudio del funcionamiento del sistema bancario y las finanzas argentinas durante el periodo de entreguerras está fuera del alcance de este artículo, los hechos estilizados presentados invitan a nuevas investigaciones de revisionismo histórico. Della Paolera y Taylor (2001, p. 159), por ejemplo, retratan las actividades de los bancos extranjeros en Argentina como menos riesgosas que las de los bancos nacionales, dados sus vínculos con las casas matrices en sus países de origen y la posibilidad de contar con líneas de financiamiento de ellas en caso de necesidad o problemas de liquidez. Nuestros datos, sin embargo, sugieren que la banca extranjera puede haber representado una fuente de vulnerabilidad y actuado como mecanismo de transmisión de inestabilidad financiera sobre el sistema bancario argentino. Cuando la crisis golpeó a Alemania en 1931, los bancos alemanes en Argentina sufrieron una caída dramática de sus depósitos, reduciendo seguidamente su cartera de préstamos para ajustar sus balances. Más aún, luego del estallido de las crisis bancarias en Europa, todos los bancos extranjeros operando en el país contrajeron sustancialmente sus créditos al tiempo que incrementaban sus existencias. Los problemas de fondeo y la retracción del crédito por parte de la banca extranjera los convirtió en una importante fuerza recesiva para la economía doméstica durante la Gran Depresión.
El comportamiento de los depósitos fue asimétrico y no respondió solo a shocks exógenos, sino también a presiones endógenas. En un nivel local, mientras que durante la segunda mitad de la década de 1920, los depósitos crecieron uniformemente tanto para la banca nacional como extranjera; desde el golpe militar de septiembre de 1930 los depositantes parecen preferir las sucursales de los bancos extranjeros en lugar de las instituciones nacionales. Esto matiza de algún modo la observación de Diaz-Alejandro (1984, p. 30) que, contrariamente a los Estados Unidos donde los activos monetarios revelan una huida hacia la moneda y fuera de los bancos, lo contrario parece suceder en Argentina en donde una parte importante de los depósitos se mantuvo en bancos públicos en un marco donde las autoridades monetarias no dejaría quebrar a los bancos mediante el uso del redescuento del Banco de la Nación. Nuestros datos sugieren que, lejos de ser una política de prestamista de última instancia generalizada, el uso del redescuento parece haber estado enfocado en algunos bancos nacionales, tales como el Banco Argentino-Uruguayo, Hogar Argentino, Escandinavo Argentino, y Tornquist, e incluso también algunos extranjeros, quienes no se beneficiaban en teoría de tal instrumento. Adicionalmente, en los primeros años de la crisis el Banco de la Nación aumento sus líneas de préstamos compensando así en parte la fuerte contracción de la banca extranjera.










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