SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.33 número66Cincuenta años de ciclos del mercado petrolero internacional, 1972-2022Seguridad humana y protección para líderes sociales indígenas luego del Acuerdo Final en Colombia (2016-2022) índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay artículos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Perfiles latinoamericanos

versión impresa ISSN 0188-7653

Perf. latinoam. vol.33 no.66 México jul./dic. 2025  Epub 01-Sep-2025

https://doi.org/10.18504/pl3366-009-2025 

Artículos

Partisanos moleculares. Félix Guattari, Carl Schmitt y las "primeras líneas"

Molecular Partisans. Félix Guattari, Carl Schmitt and the "First Lines"

Iván Garzón Vallejo* 
http://orcid.org/0000-0002-3471-3688

* Profesor asociado, Universidad Autónoma de Chile | ivan.garzon@uautonoma.cl


Resumen

En las protestas sociales de Hong Kong (2019), Chile (2019) y Colombia (2021), adquirieron notoriedad las "primeras líneas", esto es, expresiones organizadas de defensa y contraviolencia conformadas por manifestantes dotados de una indumentaria resistente a los gases lacrimógenos y a los perdigones de la policía, que se convirtieron en la vanguardia callejera de los reclamos ciudadanos. En el debate público, este fenómeno suele tratarse desde la tesis de la romantización (las primeras líneas como revolucionarios urbanos), y desde la tesis de la criminalización (las primeras líneas como delincuentes comunes). A partir de una lectura metafórica y contemporánea de los conceptos de revolución molecular, de Félix Guattari, y de partisano, de Carl Schmitt, este artículo propone una tercera tesis: las primeras líneas pueden ser tratadas como partisanos moleculares o actores políticos colectivos comprometidos con una forma de violencia defensiva, telúrica, irregular, simbólica y revolucionaria.

Palabras clave: protestas; violencia colectiva; Chile; Colombia; Hong Kong; Félix Guattari; Carl Schmitt

Abstract

In the social protests in Hong Kong (2019), Chile (2019) and Colombia (2021), the so-called "front lines" became notorious, organized expressions of defense and against violence made up of protesters wearing clothing resistant to tear gas, bombs and pellets from the Police and who became the street vanguard of citizen demands. In the public debate, this phenomenon is often treated between the thesis of romanticization (the front lines such as urban revolutionaries) and the thesis of criminalization (front lines such as common criminals). Based on a contemporary and metaphorical reading of the concepts of molecular revolution, of Felix Guattari, and partisan, of Carl Schmitt, this article proposes a third thesis: the frontliners such as molecular partisans or collective political actors committed to a form of defensive, telluric, irregular, symbolic and revolutionary violence.

Keywords: protests; collective violence; Chile; Colombia; Hong Kong; Félix Guattari; Carl Schmitt

Sin embargo, su sentido del derecho le

convirtió en ladrón y asesino

Heinrich von Kleist (2021, p. 67).

1. Introducción 1

En las protestas sociales de Hong Kong (2019), Chile (2019) y Colombia (2021) adquirieron notoriedad las llamadas "primeras líneas", es decir, expresiones organizadas de defensa y contraviolencia conformadas por manifestantes dotados de una indumentaria resistente a los gases lacrimógenos y a los perdigones de la policía, que se convirtieron en la vanguardia callejera de los reclamos ciudadanos. Aunque fueron formulados en las décadas de 1960 y 1970, los conceptos de revolución molecular, del filósofo francés Félix Guattari, y de partisano, del jurista alemán Carl Schmitt, contribuyen a interpretar la naturaleza y el significado político de un fenómeno que se ha comprendido en el debate público oscilando entre dos tesis simplificadoras: la de la "romantización" y la de la "criminalización".

De un lado, se conciben como organizaciones criminales en sí mismas o infiltradas por grupos armados, y que ejercen una violencia insurreccional y vandálica, con lo cual, su tratamiento debe ser la aplicación de la acción punitiva del Estado. En este sentido, las condenas judiciales contra miembros de las primeras líneas en los casos de Chile y Colombia revelan una faceta criminal, o cuando menos ilegal, lo cual han confirmado algunos de ellos al confesar a periodistas y académicos que utilizan métodos violentos como justificación de la protesta (Zarzuri, 2022, pp. 19-79; Grueso Vanegas et al., 2022). La "tesis de la romantización" es simplificadora en cuanto que soslaya el carácter defensivo de estas expresiones. Del otro lado, se conciben como ciudadanos espontáneos organizados para su autodefensa, es decir, serían una expresión popular incontaminada que encarna la ira e indignación de las protestas sociales. Algunos documentales (Guzmán, 2022) y registros visuales de las primeras líneas revelan un componente significativo de personas que se involucraron espontáneamente y provienen de una variada composición sociodemográfica. No obstante, la "tesis de la criminalización" es simplificadora en cuanto que soslaya las condenas judiciales contra integrantes de las primeras líneas y que los presidentes de Chile (Gabriel Boric) y Colombia (Gustavo Petro) promovieron indultos o formas de amnistía de quienes fueron procesados judicialmente en el contexto del estallido social de 2019 y del paro nacional de 2021, lo que evidenció el interés de ambos mandatarios por descriminalizar las protestas y darles un tratamiento político.

Foto: Giovanny Zamorano.

Imagen 1 Primera línea, Santiago de Chile, 2019. 

Como se ve, poner sobre la mesa dos lecturas teórico-políticas de las primeras líneas se justifica por la forma en que en el debate público -especialmente el mediático- se ha abordado este fenómeno. Sin embargo, no es el propósito de este trabajo dilucidar los dilemas consistentes en si las primeras líneas fueron expresiones criminales o espontáneas, defensivas u ofensivas, organizadas o infiltradas, pacíficas o violentas. Aunque tangencialmente se aclararán algunas de estas disyuntivas sugiriendo matices y zonas grises, mi propósito es contribuir a superar una visión binaria de ellas enfocándome en la pregunta por la naturaleza de esta forma de violencia colectiva (Tilly, 2003) ocurrida durante las mismas. Mi tesis es que una lectura de los trabajos de Félix Guattari y de Carl Schmitt ofrece elementos para comprender a las primeras líneas como partisanos moleculares o actores políticos colectivos comprometidos con una forma de violencia defensiva, telúrica, irregular, simbólica y revolucionaria.

Se trata de una lectura extemporánea mas no anacrónica, pues ni Schmitt ni Guattari, autores de la segunda mitad del siglo XX, se refirieron a este fenómeno en específico. Asimismo, en un sentido disciplinar, son dos lecturas extrapolíticas que aportan luces para comprender un fenómeno que representa un "punto ciego" en la ciencia política y el derecho. Y también hay que advertir que es una lectura heterodoxa o contextual de sus planteamientos, pues el filósofo francés descreía de cualquier forma de jerarquización y organización revolucionaria, mientras que el jurista alemán ponía en la movilidad acentuada de la lucha activa y en la intensidad del compromiso político dos de las notas distintivas del partisano. No obstante, como se verá, es una lectura coherente con los propósitos de uno y otro. En el caso del jurista germano, pues consideraba la no criminalización del enemigo como un logro civilizatorio del derecho. Y en el caso de Guattari, porque la existencia de una vanguardia revolucionaria o "máquina de lucha" era un componente necesario de la revolución molecular. En cualquier caso, el reto en ambos casos es utilizar los conceptos metafóricamente sin abusar de este recurso.

2. Las primeras líneas: una definición de trabajo

El activista estudiantil Joshua Wong describe la emergencia de la primera línea en las protestas de septiembre de 2019, en Hong Kong, contra la Ley de Extradición aprobada por el gobierno de Carrie Lam y que otorgaba amplios poderes a China para juzgar a los hongkoneses en el continente (Solomon, 2019; Xu 2019):

apareció un tipo de manifestante más activo, vestido de negro, con casco amarillo y máscara antigás, al tiempo que la campaña crecía en volumen y organización. Anónima y sin líder, se movilizaba a través de aplicaciones de participación colectiva y empezó a enfrentarse a la policía y a destrozar negocios que se creía que eran progobierno. Algunos arrancaban adoquines para arrojarlos contra la policía, mientras que otros lanzaban cócteles molotov e incendiaban estaciones de metro. Una pintada antigobierno ofreció una conmovedora explicación, o justificación, por el uso de tácticas más agresivas: «¡Vosotros nos enseñasteis que las protestas pacíficas no funcionan! » (Wong, 2020, p. 232).

A pesar de la claridad de esta descripción, las primeras líneas son un fenómeno opaco como objeto de estudio, al menos por tres características. Primero, por su irregularidad -pues a pesar de las indumentarias en común (cascos, máscaras, escudos) sus miembros no están uniformados al estilo de un ejército regular o de una guerrilla-. Segundo, por su identidad política porosa, toda vez que, de cara al Estado de derecho se sitúan en la frontera entre la legalidad y la ilegalidad; sus miembros están encapuchados, con lo cual son objeto frecuente de capturas, judicialización y represión. Y tercero, por sus motivaciones políticas que no responden a una plataforma ideológica o programática. En todo caso, no todo es opaco. Al menos tres elementos están claros sobre su naturaleza. Primero, es molecular, es decir,

se organiza en clanes, sin líderes ni coordinación centralizada pues se identifican como un movimiento autoconvocado, cuya primera tarea es defender la marcha de la arremetida policial. Un clan en términos modernos podría corresponder a un grupo de personas con un interés común. Pero desde una mirada más clásica, representa una forma de organización política y social basada en relaciones de parentesco de grupos socialmente fragmentados (Claude, 2020).

Foto: Giovanny Zamorano.

Imagen 2 Primera línea, Santiago de Chile, 2019. 

Algunos autores acentúan esta característica al sostener que la primera línea "no es una organización, sino un concepto" (Rivera Rueda, 2021). Segundo, es multifuncional, esto es, "dentro del clan ocupan roles variados, que se refieren fundamentalmente a las tareas defensivas y ofensivas que desempeñan en la Primera Línea de la marcha, donde hay escuderos/as; peñasqueros/as; antigases o apagalacrisis, honderos/as; punteros/as; hidratadores y mineros/as, o pirquineros/as" (Claude, 2020). Y tercero, las primeras líneas son un fenómeno plural -no hay una sola primera línea, sino varias- y diverso -se compone de varias capas, tareas, clases, géneros y edades- (Joignant, 2020; AA. VV., 2021).

Por lo anterior, es necesario distinguir entre los usos amplio y restringido del concepto. En el primer caso, es posible encontrar alusiones a la primera línea en las protestas recientes en Irán, Bielorrusia, India, México, Turquía y Países Bajos (Comiteau, 2022; Bhowmick, 2021). Sin embargo, el término se ha utilizado en un sentido restringido o específico en las protestas de Hong Kong (2019), Chile (2019) y Colombia (2019-2021). El cine, la literatura y las series televisivas han documentado lo que ocurre al interior de las formas recientes de resistencia ciudadana en Ucrania (Afineevsky, 2015), Egipto (Noujaim, 2013; Al Aswani, 2021), Brasil (Seixas, 2021) y Chile (Guzmán, 2022).

3. Micropolítica, luchas del deseo y revolución molecular

No pretendo hacer acá una síntesis ni una introducción de la filosofía de Félix Guattari. Pero sí es necesaria una contextualización de su pensamiento político para enmarcar los conceptos que permiten encuadrar el fenómeno de las primeras líneas. Lo haré a partir de tres de ellos: capitalismo mundial integrado, micropolítica y luchas del deseo. En este engranaje de conceptos es fundamental -así como en Gilles Deleuze- el de máquina, pues según ambos autores, el capitalismo no es un modo de producción, sino un conjunto de dispositivos de servidumbre maquínica (desligados de la clásica techne) y a la vez un conjunto de dispositivos de sujeción social (Guattari, 2017).

Dicho brevemente, el capitalismo mundial integrado (CMI) es una reedición económica, política, social y cultural de las diferentes formas de microfascismo que persisten en la sociedad y que "encuentra su combustible en el interior de nuestros corazones, en nuestro deseo" (Guattari, 2017, p. 75). Por eso, así como la subjetividad capitalista lo homogeneiza todo -y pretende transformar en robots humanos a individuos rebosantes de pasiones, capaces de ambigüedad, duda, rechazo y entusiasmo (Guattari, 2017, p. 104)-, una revolución molecular implica una heterogénesis de los valores (Guattari, 2020, p. 293). De este modo el autor francés asume una definición ampliada del capital, según el cual este "no es más que lo político, lo social, lo técnico-científico, articulados entre sí" (Guattari, 2020, p. 85). En esta perspectiva, "el orden capitalista pretende imponer a los individuos a vivir solamente para un sistema cambista, una traductibilidad general de todos los valores, más allá de los cuales todo está hecho para que el menor de sus deseos sea resentido como asocial, peligroso, culpable" (Guattari, 2020, p. 91). Por consiguiente, en los espacios capitalistas se encuentran constantemente dos tipos de problemas fundamentales: las luchas relativas a las libertades o las luchas del deseo y los cuestionamientos de la vida cotidiana, del medio ambiente, en el registro de la revolución molecular. Por lo anterior, "el fascismo no dejará de seguir avanzando" en la forma de microfascismos renacientes (Guattari, 2013, pp. 128, 229).

Como se puede ver, hay acá un esbozo de una filosofía de la historia en la cual el nazismo y el fascismo no fueron enfermedades transitorias o "accidentes de la historia" superados, sino potencialidades siempre presentes que continúan habitando nuestros universos de virtualidad. Luego, el estalinismo del Gulag o el despotismo maoísta podrían renacer en contextos nuevos. Así, bajo variadas formas, un microfascismo prolifera en los poros de nuestras sociedades manifestándose a través del racismo, la xenofobia, el ascenso de los fundamentalismos religiosos, el militarismo, la opresión de las mujeres. La historia no garantiza ningún franqueamiento irreversible de umbrales progresistas. Solamente un voluntarismo colectivo puede prevenirnos de recaer en las peores barbaries (Guattari, 2013). Así las cosas, no es difícil observar que Guattari estira la ideología fascista más allá del plano político para situarla en el campo cultural y advierta que en distintos ámbitos "se desarrollan nuevas formas de fascismos moleculares: una cocción a fuego lento en el familiarismo, en la escuela, en el racismo, en los guetos de todo tipo, suple ventajosamente a los hornos crematorios" (Guattari, 2020, p. 128). En breve, la vida está llena de microfascismos a los que hay que hacerles frente mediante una lucha revolucionaria que atraviesa transversalmente todos los ámbitos.

Es en este contexto de capitalismo mundial integrado y microfascismos en el que la idea de la micropolítica del deseo aparece como una forma de resistencia. Una micropolítica del deseo ya no se propondría representar a las masas e interpretar sus luchas, implicaría, por el contrario, un cuestionamiento radical del centralismo decisional de los movimientos de masas que ponen en acción a individuos serializados. Así, se vuelve esencial la puesta en contacto de una multiplicidad de deseos moleculares, conexión que puede desembocar en un efecto de "avalancha". Es justamente lo que ocurrió a principios del movimiento de mayo del 68: la manifestación local y singular del deseo de pequeños grupos entró en resonancia y luego en interacción con una multitud de deseos reprimidos, aislados entre sí, aplastados por las formas de expresión y de representación dominantes (Guattari, 2020).

Los tres conceptos aludidos están atravesados por la mutación de la subjetividad, una tendencia epocal aún más importante de lo que fueron la invención de la escritura o de la imprenta (Guattari, 2013). Ahora bien, las luchas del deseo no conducirán por sí mismas a una verdadera transformación social. No volveremos, advierte Guattari, "a asistir a enfrentamientos tipo 1848, Comuna de París o 1917 en Rusia; ya no asistiremos más a una ruptura neta, clase contra clase, que inicie la redefinición de un nuevo tipo de sociedad" (Guattari, 2020, p. 59). Es decir, la ilusión de una revolución clásica cuya imagen dialéctica sea la toma del Palacio de Invierno es anacrónica e inviable, de allí que sea indispensable dar vuelta a la página de los viejos sistemas de referencia fundados sobre una oposición izquierda-derecha, socialismo-capitalismo, economía de mercado-planificación estatal (Guattari, 2013), y se imponen, por el contrario, nuevas formas de lucha caracterizadas por "una convergencia de los deseos y afectos de las masas y no su reagrupamiento en torno a objetivos estandarizados" (Guattari, 2020, p. 110). Crítico del estalinismo y de la utopía revolucionaria moderna, Guattari descree tanto de la toma del poder central como de una reforma gradual y paulatina de la sociedad, su apuesta son iniciativas microscópicas como comunidades, comités de barrio o la organización de una guardería en una facultad. Es así, dice, trabajando a través de pequeñas iniciativas como se contribuye a desencadenar grandes rupturas como la del Mayo del 68 (Guattari, 2017, pp. 34-35). Félix Guattari anticipó la gramática de las luchas sociales posmodernas.

3.1 Ni fascismo ni estalinismo: adiós a las viejas revoluciones

El filósofo francés no solo considera agotado el tiempo de las grandes revoluciones, sino que además se quejaba de la actitud de los militantes profesionales que creían necesario alcanzar primero sus objetivos antes de intervenir en los diferentes espacios cotidianos de socialización. Esto no significa que la perspectiva revolucionaria haya sido cancelada, sino que cierto tipo de proyecto revolucionario fracasó, puesto que las revoluciones que apuntaban a la toma del poder estatal ya no corresponden al nivel actual de integración, de las relaciones internacionales, de la estrategia, del desarrollo del capital, del desarrollo político (Guattari, 2013). "¿Significa esto que una verdadera revolución es, hoy por hoy, imposible? No, lo que significa es que una revolución molar, visible y a gran escala resulta ya inseparable de la expansión, de la dilatación de las revoluciones moleculares que se insertan en la economía del deseo -en caso contrario estaríamos ante una revolución fascista-estalinista-" (Guattari, 2017, p. 108). De lo anterior se infiere que Guattari descree también de la necesidad de una vanguardia jerárquica como punta de lanza revolucionaria, pues la revolución no solo tiene lugar al nivel de los discursos y manifiestos, sino también en un plano molecular, en el espacio de las mutaciones del deseo, de las transformaciones científicas, tecnológicas y artísticas (Guattari, 2017). No obstante, puede jugar un papel complementario. Prueba de ello es que en 1982 hizo un elogio del sindicato polaco Solidarsnoc como expresión de lucha popular. En este sentido, no solo proponía superar los marcos ideológicos y movilizadores del estalinismo, sino que estaba en contra de cualquier forma de represión como dejó constancia con el pronunciamiento de los intelectuales franceses contra la represión ejercida en Italia a finales de los años setenta por el gobierno de la Democracia Cristiana de Giulio Andreotti y el Partido Comunista del Compromesso storico bajo la consigna de un "socialismo con rostro humano" (Guattari, 2017).

Así las cosas, las transformaciones que modelan a la sociedad requieren un nuevo tipo de organización. El leninismo o el anarquismo hoy solo son fantasmas de derrota, voluntarismo y desencanto, fe forzada o rebelión solitaria, forma antitética de la represión o simple reivindicación abstracta de singularidad. El derrumbe de sus modelos deja abierta la pregunta por las máquinas de lucha de las cuales dotarse el movimiento para ser capaz de vencer. Así, desde un punto de vista molecular, cada tentativa de unificación ideológica es una operación absurda y reaccionaria. Y en el terreno social, el deseo se niega a dejarse circunscribir a zonas de consenso o a áreas de legitimación ideológica (Guattari, 2020). Ahora bien, aunque un cierto tipo de revolución es inviable, simultáneamente afirma que otro tipo de revolución se hizo posible por la emergencia de una revolución molecular que pone en juego una revolución maquínica y semiótica (Guattari, 2013). En esta no todo sería nuevo o rupturista con las viejas revoluciones: de allí que la tercera tarea del movimiento comunista revolucionario consistiría en desmantelar las funciones represivas del Estado y de sus cuerpos especiales (Guattari, 2020), una postura que lo acerca a la tradición anarquista.

De hecho, la revolución es una suerte de devenir necesario e imprescindible. Y así como nadie es un revolucionario puro ni existen acciones revolucionarias puras, ya no hay clase obrera pura ni ningún grupo humano es dueño de la revolución ni de su finalidad: todos estamos capturados por ella en diversos grados. Por eso, aun si no existiera un movimiento revolucionario, existiría de cualquier modo la revolución, con lo cual se trata de construir nuevos agenciamientos revolucionarios (Guattari, 2013). La revolución, no obstante, no es medio sino fin. El medio son las luchas del deseo, que consisten en el reconocimiento de un tipo superior de racionalidad en el deseo de las masas, que no puede expresarse ni organizarse a partir de las estructuras existentes. Cambiar el mundo, transformar las relaciones sociales, trastocar las relaciones del deseo implica dejar a un lado la antigua racionalidad enfermiza del poder establecido, pero también no dejarse investir por nuevas formaciones de poder despóticas que impidan a las singularidades del deseo encontrar su camino (Guattari, 2017). Antes que relaciones de oposición, estas luchas forjarían enlazamientos polifónicos entre el individuo y lo social, con lo cual toda una música subjetiva está por inventarse (Guattari, 2013). Es una polifonía que va de fuera hacia dentro, desde lo social hacia lo individual, de modo que la revolución molecular comporta una cierta metanoia o conversión espiritual que se traduce en una lucha contra nuestra propia policía interior (Guattari, 2020). Así, la lucha revolucionaria no puede circunscribirse solo al ámbito de las relaciones de fuerza perceptibles, debe desarrollarse en todos los niveles de la economía deseante contaminados por el capitalismo: en el ámbito del individuo, la pareja, la familia, la escuela, el grupo militante, la locura, las prisiones, la homosexualidad (Guattari, 2017). Y al mismo tiempo, debe operar un movimiento inverso, esto es, de adentro hacia afuera, por lo que correspondería a todos considerar en qué medida cada uno puede trabajar en el levantamiento de máquinas revolucionarias políticas, teóricas, libidinales y estéticas que puedan acelerar la cristalización de un modo de organización social menos absurdo que el que toleramos hoy en día. Así, la reconquista del valor del testimonio, del compromiso personal, de la resistencia singular y de la solidaridad se convierten en motores de transformación y refundación de la democracia (Guattari, 2020). En consecuencia, la revolución molecular no pretende romper el sistema democrático, sino profundizarlo y ensancharlo.

3.2 La revolución molecular o la expresión política de los deseos

En la concepción de Guattari, la revolución y el deseo se amalgaman, puesto que este último se caracteriza por expresarse saliéndose del hilo, desviándose de lo convencional. El itinerario de la revolución molecular sería entonces: liberar el deseo, transformarlo, movilizarse y, finalmente, articularse. Por ello, en cuanto expresión de las luchas del deseo, la revolución molecular se inscribe en el proceso de subjetivación que contrarresta la tendencia hegemónica y alienante del capital. "El capitalismo pretende apoderarse de las cargas de deseo acarreadas por la especie humana. Se instala en el corazón de los individuos a través del cauce indirecto de la servidumbre maquínica" (Guattari, 2020, p. 98). Guattari advierte del carácter geopolítico de esta empresa al señalar que los cientos de millones de jóvenes que hacen frente a lo absurdo de este sistema en América Latina, en Asia, en África, constituyen una ola portadora de otro futuro. Y aunque no se puede predecir cómo serán las luchas del futuro, señala algunas líneas maestras de lo que no serán las revoluciones moleculares: no estarán centradas en objetivos cuantitativos, no estarán orientadas por un partido de vanguardia concebido como sujeto pensante de las luchas y a partir del cual se determinen los "movimientos de clase" ni tendrán que ponerse de acuerdo o hablar un mismo lenguaje estereotipado. Por el contrario, cuestionarán la finalidad del trabajo, del ocio y la cultura, discutirán sobre el medio ambiente, la vida cotidiana, la vida doméstica, las relaciones hombre-mujer, adulto-niño, la percepción del tiempo, el sentido de la vida y serán multicéntricas. Las contradicciones y ciertos antagonismos irreductibles podrán subsistir entre ellas. No se limitarán a los marcos nacionales. La cuestión fundamental será el desarrollo, la renovación y sobre todo saber cómo van a articularse entre sí las luchas del día a día, las luchas del deseo, las luchas de clase obrera tradicionales y las luchas de emancipación nacionales (Guattari, 2017).

Como señalé, la finalidad de la micropolítica guattariana no es la toma del poder ni una transformación radical comunista, sino una revolución horizontal que rechaza cualquier posibilidad de configuración vertical al modo de las revoluciones rusa o china. Luego, el objetivo de la revolución molecular tampoco es un cambio de régimen, pues el derrocamiento de la burguesía traería consigo la sustitución de una estructura que reproduce la forma de ese mismo poder. Por lo tanto, así como la micropolítica y las luchas del deseo se sitúan más allá del estalinismo y el maoísmo, la revolución molecular se hace más allá de Marx y de Freud. Más allá del marxismo porque este ignora el deseo y pierde su fuerza en la burocratización y en el humanismo. Y más allá del freudismo por su intento de reconducir el deseo inconsciente a las normas familiares y sociales del orden dominante. Así las cosas, la lucha revolucionaria es concebida como escenario de micropolítica que trasciende la dominación doméstica y social que imponen el sicoanálisis y el capital. Y como se ve, la revolución molecular se caracteriza por su carácter inorgánico, disperso y elástico. De allí que se dotará de los instrumentos que necesite, pero su doble condición de revolución social y revolución del deseo le impedirán vincularse de forma orgánica a un tipo de dispositivo en particular: Estado, partido o régimen. Y es justamente en este carácter multicéntrico donde aparece quizás la principal objeción a un análisis de las primeras líneas desde el concepto de la revolución molecular: su explícita renuncia a que la revolución sea liderada por un partido o una vanguardia (Guattari, 2017), un papel que, intuitivamente, se les podría atribuir.

Ahora bien, la revolución molecular no es portadora automáticamente de una revolución social capaz de parir una sociedad, una economía y una cultura liberadas del capitalismo mundial integrado. Este tipo de transformaciones dependen de la capacidad que tengan los agenciamientos explícitamente revolucionarios para articularlas con luchas de interés, políticas y sociales. Esta es la cuestión esencial. A falta de tal articulación, ninguna mutación de deseo, ninguna revolución molecular, ninguna lucha por espacios de libertad logrará impulsar transformaciones sociales y económicas a gran escala. Aunque toda clase de manifestaciones simbólicas o violentas seguirán animando la actualidad, nada de eso acercará a un proceso de transformación revolucionaria. Por lo tanto, por más multicéntrica, espontánea y molecular que sea, la revolución social requiere de la constitución de aparatos de lucha, de máquinas de guerra revolucionarias eficaces. De allí que cada movimiento debe ser capaz de desencadenar revoluciones moleculares irreversibles y de asociarse a luchas molares limitadas o ilimitadas en el terreno político, sindical, de defensa de los derechos generales de la comunidad nacional o internacional (Guattari, 2020). Acá se hace pertinente la comparación con las primeras líneas y las movilizaciones que suscitaron en las protestas de Hong Kong, Chile y Colombia, así como la posible respuesta al interrogante que Guattari deja abierto: "¿Cómo imaginar, entonces, que máquinas de guerra revolucionarias de nuevo tipo logren injertarse, a la vez, en las contradicciones sociales manifiestas y en esta revolución molecular?" (Guattari, 2020, p. 62).

Precisamente, las primeras líneas pueden considerarse una respuesta a la pregunta: ¿cómo inventar nuevos tipos de organizaciones capaces de obrar en el sentido de esta confluencia, de este cúmulo de efecto de las revoluciones moleculares, de las luchas de clase en Europa y de las luchas de emancipación en el tercer mundo; organizaciones capaces de responder caso por caso, cuando no golpe por golpe, a las transformaciones segmentarias del capitalismo mundial integrado que tiene por consecuencia que ya no se pueda seguir hablando de masas indiferenciadas? (Guattari, 2020). Así entendidas, las primeras líneas serían máquinas de lucha popular, dispositivos organizacionales abiertos a esas dinámicas y al multicentralismo funcional que serán tanto más eficaces cuanto delimitado sea su campo de acción, en suma, máquinas a gran escala que actúan en el seno de las relaciones de fuerzas sociales y tienen como propósito redoblar las revoluciones moleculares (Guattari, 2013).

3.3 La vanguardia revolucionaria molecular: el mayo francés de 1968

Aunque Mayo de 1968 es un acontecimiento en el que no es fácil distinguir los hechos de las interpretaciones (Gómez Albarello, 2020),

no es necesario ver bajo el agua para darse cuenta de que el ciclo de la revolución se ha reabierto en 1968 para alcanzar una de sus mayores intensidades. Lo que no era sino una indicación en 1917, lo que las luchas de liberación nacional no consiguieron instaurar de un modo durable, 1968 lo ha puesto al día como posibilidad inmediata de la conciencia y de la praxis colectiva (Guattari, 2020, p. 186).

Deleuze y Guattari coinciden en el carácter anticipador de aquel suceso, pues para ambos, Mayo del 68 pertenece al orden de los acontecimientos puros y libres de toda causalidad normal o normativa. Hubo mucha agitación, gesticulación, palabras, bobadas, ilusiones, pero esto no es lo que cuenta. Lo que cuenta es que fue un fenómeno de videncia, como si una sociedad viese de repente lo que tenía de intolerable y viese al mismo tiempo la posibilidad de algo distinto (Deleuze & Guattari, 1984). Y en efecto, ello ocurrió en el propio terreno de los movimientos sociales, pues desde 1968, las grandes protestas sociales han encarnado dos herejías del leninismo: la ausencia de un plan organizado y de un partido dirigente (Estefanía, 2018). Y en efecto, los acontecimientos del mayo francés han revelado a gran escala un nuevo tipo posible de consistencia molecular del campo social. Luego del debilitamiento relativo del estalinismo y de que una parte importante de la juventud obrera y estudiantil se ha desprendido de los modelos militantes tradicionales ha habido no solo una fractura importante, sino pequeñas fugas de deseo y pequeñas rupturas en el sistema despótico que reina en las organizaciones representativas (Guattari, 2020). En resumen, el mayo francés fue anticipatorio por su carácter molecular, y también por su finalidad movilizadora: "La fuerza esencial de 1968 residió en que, por primera vez en la historia de las revueltas humanas contra la explotación, su objetivo no fue una simple emancipación, sino una verdadera liberación' (Guattari, 2020, p. 191). En mayo del 68, "el deseo ha surgido de las masas; se le ha hecho lugar: se ha esperado que se calme, que se discipline. No se había comprendido que ese nuevo tipo de rebelión sería en lo sucesivo inseparable de todas las luchas económicas y políticas del futuro" (Guattari, 2020, p. 156). En síntesis, "en 1968 nació una revolución digna de los más auténticos deseos de la humanidad", "una magnífica reafirmación de la democracia" (Guattari, 2020, pp. 192, 204).

3.4 La ambigüedad ante la violencia como método de lucha

Hay que observar que la violencia como medio de lucha molecular es un tema que aparece tangencialmente en la obra política de Félix Guattari y que, sin embargo, deja entrever una notoria ambigüedad. De un lado, advierte:

Yo no soy partidario de la espontaneidad pura, anárquica, del desorden, de la libre expresión de las pasiones en sus formas más violentas y más brutales, que no corresponden en absoluto a lo que considero es el inconsciente. Al contrario, es un mito que siempre nos proponen diciéndonos: "Si quieren dejar que las pasiones se expresen entonces son autores de la pura violencia". Como si el sentido de las pasiones fuera la violencia y el desorden. Absolutamente, no. El sentido de las pasiones es más bien la generosidad, la riqueza, mientras que el sentido del orden capitalista en cambio es la brutalidad, el esquematismo, la identificación más global y represiva. La sociedad del deseo no será una sociedad de desorden, de pura expresión brutal (Guattari, 2013, p. 95).

No obstante lo anterior, la postura de Guattari sobre la violencia queda delineada coyunturalmente al comentar el documental Alemania en otoño (Brustellin et al., 1978). Allí elogia la violencia como método de lucha revolucionaria cuando ha puesto fin o ha ayudado a poner fin a tiranías y dictaduras como en la Rusia zarista, la resistencia francesa, el asesinato de Luis Carrero Blanco por parte de ETA en España o en casos entonces coyunturales como contra los verdugos del pueblo iraní o nicaragüense. Esta postura, sin embargo, es matizada por dos importantes críticas. La primera, la de que un asesinato como el de Aldo Moro por las Brigadas Rojas o el de Hanns-Martin Schleyer por Baader Meinhof en Alemania (el caso que recrea el citado documental) imita una táctica del sistema de represión burgués. Y segundo, porque dicha violencia genera amplia simpatía por las víctimas y rechazo hacia sus autores. "Queramos o no, en las condiciones actuales los medios de comunicación y la violencia están estrechamente ligados. Y cuando un grupo revolucionario les sigue el juego a los medios más reaccionarios contribuye a alimentar el sentimiento de culpabilidad colectiva. Eso significa que se ha equivocado; se ha equivocado de objetivo, de método, de estrategia, de teoría, de imaginario... " (Guattari, 2017, pp. 188-191). Así las cosas, estamos ante una condena táctica de la violencia cuando es elegida como medio. Este predominio de una perspectiva táctica lo ratifica cuando sostiene que, aunque el problema del recurso de la fuerza no ha desaparecido del horizonte considera que su eficacia política es mayor como diversificadas son las fuerzas en cuestión, desmultiplicadas por mil nexos con el pensamiento y la imaginación (Guattari, 2020). Por lo tanto, "pienso que, para destruir al Estado, la revolución molecular debe coordinarse con la construcción de auténticas y consistentes máquinas de guerra, centralizadas únicamente a escala internacional, porque hoy no podemos batirnos contra la potencia represiva del imperialismo sin los instrumentos adecuados" (Guattari, 2013, pp. 28-29). De esta forma, tanto la crítica como la justificación de la violencia pasarían por una cuestión estratégica más que normativa.

4. La teoría del partisano y las protestas contemporáneas

El telón de fondo de este apartado es la pregunta por la vigencia del pensamiento político de Carl Schmitt. Específicamente, el modo en que sus conceptos de lo político, la guerra, la criminalización y del partisano ofrecen claves de lectura para comprender la violencia colectiva de los estallidos sociales contemporáneos.

Como en el caso de Félix Guattari, conviene contextualizar el pensamiento schmittiano de cara al objeto de estudio. En Teoría del partisano, Carl Schmitt se centra en dos clases de guerra: la civil y la colonial. Y si bien no matiza su clásica distinción amigo-enemigo como definitoria de lo político (Schmitt, 2009), sí advierte que la figura del partisano tiene la suficiente elasticidad para aplicarse a conflictos ocurridos durante los siglos XIX y XX. Luego, la pregunta es: ¿podrá aplicarse la figura del partisano a unas protestas que tuvieron como eje discursivo el reclamo por la dignidad, como protagonistas a grupos de personas que decidieron ponerse en la primera línea de defensa de los manifestantes y como medios de contraviolencia las piedras, las bombas molotov y otras armas artesanales? ¿Puede considerarse el manifestante violento un partisano posmoderno, y en este sentido, una nueva etapa del proceso revolucionario que hizo del partisano una figura clave de la historia universal de la guerra y el conflicto?

4.1 Las primeras líneas y los partisanos: líneas de fractura

Una primera dificultad de comparación es intuitiva: ¿se está haciendo un uso excesivo de la metáfora? Teoría del partisano fue un breve texto publicado en 1963, cuando muchas de las protestas sociales que removieron los cimientos del mundo moderno en la década de los años sesenta -Washington, Vietnam, París, Praga, Ciudad de México- no se habían producido. Sin embargo, muy pronto, en 1967, Schmitt admitió que los cuatro criterios tenían un carácter "provisional" y que era probable que hubieran sido sobrepasados por la realidad (Schmitt & Schickel, 1995).

Una segunda dificultad es menos intuitiva, pero se desprende de una lectura textual del trabajo del jurista de Plettenberg: su advertencia de que "el partisano que lucha con armas depende siempre de una organización regular" (Schmitt, 2013, p. 34). Si asumimos el término armas en sentido amplio para abarcar las rudimentarias de las que se valen las primeras líneas, tendremos que concluir que esta advertencia las despojaría de su carácter espontáneo, pero sobre todo inorgánico en relación con los partidos políticos, las organizaciones criminales o los terceros Estados involucrados en las revueltas contemporáneas. Ahora bien, si se asume que palos, piedras, ladrillos y bombas molotov no pueden ser equiparables con perdigones y fusiles, habría que descartar este aspecto como una dificultad de comparación.

Schmitt describe a los partisanos como actores cuyas mejores armas son actuar en medio del disimulo y la oscuridad (Schmitt, 2013). No obstante, una tercera dificultad comparativa consiste en que, a diferencia de estos, el primera línea no esconde sus armas ni se camufla, y por el contrario, se sitúa en la vanguardia del enfrentamiento contra las fuerzas policiales. De allí se puede sugerir su carácter telúrico aunque pasajero u ocasional, y que su táctica de combate, a diferencia del partisano, no es la de golpear y huir, sino más bien, resistir y golpear. ¿Tienen entonces los primera línea un arraigo telúrico como los partisanos schmittianos? La pregunta puede responderse de dos modos. Con un no categórico, pues las primeras líneas son por definición expresiones móviles y temporales, aun en los casos en los que se toman plazas o calles durante varias semanas. No obstante, también hay elementos para sugerir una respuesta afirmativa. Al referirse a los partisanos telúricos de su teoría, Schmitt alude a los partisanos rurales de China, India, Indonesia, Argelia y Latinoamérica. Advierte que en ellos hay un carácter predominantemente rural o agrario. Sin embargo, señala que "si se ve cuáles fenómenos nos llevan a interrogantes nuevos de la enemistad, se puede hablar entonces de partisano" y a renglón seguido, una alusión críptica nos confirma la tentativa de ampliar la categoría a las protestas sociales: "Los negros en USA están en una situación política totalmente nueva. Esto no lo pude tratar en mi escrito sobre los partisanos de 1963". Es decir, el elemento central o definitorio del partisanismo sería su enemistad con el Estado, no su carácter telúrico (Schmitt & Schickel, 1995).

Para Lenin, la guerra partisana pertenece al método de guerra civil que supone la combinación de todas las formas de lucha: legales e ilegales, pacíficos o violentos, regulares o irregulares. El objetivo es la revolución comunista en todos los países del mundo (Schmitt, 2013). Acá las posibilidades de comparación se opacan, pues dado el carácter inorgánico de las primeras líneas, carecemos de las declaraciones expresas de sus objetivos políticos o de una plataforma ideológica o programática por parte de líderes orgánicos. Por esta razón, atribuirle a su lucha el propósito de una revolución comunista excede las posibilidades de comparación con las premisas leninistas, y tampoco hay evidencia de que las primeras líneas tuvieran un propósito más ofensivo que defensivo. De hecho, en razón de su notoria desproporción comparadas con las fuerzas estatales, sería contraintuitivo sugerirlo así.

Ahora bien, una cuarta dificultad de comparación la sugiere el señalamiento de que los partisanos están en medio de una enemistad absoluta, toda vez que las primeras líneas no establecen un partido u organización que trascienda a las protestas. Luego, ¿qué tan absoluta puede ser una enemistad que se incardina dentro de la lógica vigente del Estado de derecho y cuya impugnación se circunscribe a episodios de protestas periódicos pero ocasionales? Así, o bien el acotamiento lo aporta el Estado de derecho vigente dentro del cual se enmarcan las protestas, o bien el acotamiento se circunscribe a los medios irregulares y artesanales de combate de los manifestantes en contra de los medios técnicos de las fuerzas policiales. Aunque ciertamente, siguiendo a Lenin, es posible sugerir una tercera opción, y es que la enemistad absoluta se dirija al enemigo de clase, lo cual llevaría a postular que el enemigo de las primeras líneas serían las oligarquías, las élites o los gobiernos de turno. Sin embargo, no hay que pasar por alto que ello requeriría no pocas categorizaciones sociológicas que permitan definir a los nuevos burgueses y proletarios, pues como se advirtió, aquellas no representan formas tradicionales de lucha social en las cuales se pueda asumir sin más que están representados los obreros, los pobres o el proletariado.

Por consiguiente, asumir la hipótesis de las primeras líneas como partisanos posmodernos supone concebir lo ocurrido durante las protestas sociales contemporáneas en Hong Kong, Chile y Colombia como revueltas populares más que como estallidos sociales o asonadas criminales (Garzón Vallejo, 2025). Es decir, conlleva atribuirles a estas protestas una motivación política insurreccional o destituyente del régimen político vigente y del gobierno de turno. Las barricadas serían la continuación de la política por otros medios.

4.2 Las primeras líneas y los partisanos: líneas de continuidad

A diferencia de Guattari -cuya lectura de las protestas en clave de revolución molecular es deductiva o análoga-, la extensión del concepto de partisano hasta alcanzar la figura del revolucionario la hace el mismo Schmitt, al advertir que la categoría "se extiende desde el guerrillero de la época napoleónica hasta el partisano bien equipado del presente, desde el Empecinado, pasando por Mao Zedong y Ho chi Minh, hasta Fidel Castro" (Schmitt, 2013, p. 38). Desde esta perspectiva, hay que evitar confundir al primera línea con el vándalo o el saqueador, pues este tiene animus furandi del que carece aquel. Luego, encajaría más bien en lo que la filósofa chilena Lucy Oporto ha denominado como lumpenfascismo y lumpenconsumismo. Mientras el lumpenfascismo corresponde a un tipo específico humano constitutivamente degradado, así como a las manifestaciones de su forma de vida cuyo foco es una forma transversal de ejercer el poder por parte del vencedor, el lumpenconsumismo se define por la imposibilidad de una espiritualización de la materia y su transformación en desecho o basura. Según esta lectura, la violencia colectiva es vandalismo y se explica por una "impostura insurreccional" cuya gramática son demandas sociales válidas, pero cuyo horizonte último y subyacente es la satisfacción de las apetencias de la sociedad de consumo y su barbarie: tener, poseer, destruir (Oporto Valencia, 2021).

El partisano, por el contrario, se diferencia sustancialmente del pirata, del corsario y del vándalo contemporáneo. En este sentido, Schmitt es tajante al advertir que "hay que mantener el carácter intensamente político del partisano para no confundirlo con el vil ladrón y atracador que piensa exclusivamente en su provecho particular, sin tener otros motivos" (Schmitt, 2013, p. 32). Y aclara: "El partisano lucha en un frente político, y precisamente el carácter político de su actividad revaloriza el sentido originario de la palabra partisano. La palabra se deriva de partido, e indica los vínculos con un partido o grupo que lucha o hace la guerra o actúa políticamente de alguna forma. Semejante vinculación a un partido se refuerza en tiempos revolucionarios" (Schmitt, 2013, p. 32). Esta categorización del partisano como actor o sujeto político se retrotrae, como no podía ser de otro modo, a la distinción fundamental amigo-enemigo. Por esta razón, "el partisano tiene un enemigo, y 'arriesga' algo muy distinto que el forzador de bloqueo o el jefe contrabandista. No solamente arriesga su vida como cualquier combatiente regular, sino que también está consciente y dispuesto a que el enemigo le ponga fuera de ley, derecho y honor. Lo mismo hace, en realidad, el combatiente revolucionario: declara a su enemigo criminal, y califica de trampa ideológica todas sus nociones de ley, derecho y honor" (Schmitt, 2013, pp. 44-45). Esta categorización del partisano como sujeto político es precisamente la que permite inferir el carácter revolucionario de los primera línea, su abierto desafío de las fuerzas del orden, su enfrentamiento callejero con ellas y por lo tanto, colegir su telos político por más que sea variopinto, difuso o contradictorio.

Pero también su enemistad debe ser enmarcada en un aggiornamento o puesta al día del problema que se formuló Francisco de Vitoria (1480-1546) en el siglo xv, esto es, la consideración de que una guerra justa evita la criminalización del enemigo. Por eso, Vitoria, autor citado y admirado por Schmitt, puede hablar de guerra justa, fundada a su vez en una causa justa sin reducir por ello al eventual contendiente injusto a la condición de delincuente internacional (Castaño, 2010). Por lo tanto, en la distinción schmittiana entre el partisano, el pirata y el corsario podemos encontrar unos puntos de comparación con el vándalo o el criminal común que aparece en las protestas y concluir que no es el animus furandi lo que anima a los segundos, si no que su identidad política se encuadra en la enemistad política con el Estado cuyas fuerzas del orden desafían con sus cascos, máscaras, escudos y bombas molotov. En síntesis, como explica el filósofo colombiano Jorge Giraldo, "el partisano tiene animus belli y el criminal apenas animus furandi. Más determinante, el partisano tiene enemigo y el criminal apenas intereses" (Giraldo, 2009, p. 115).

En este contexto, según Carl Schmitt, cuatro son los criterios característicos del partisano: a) irregularidad, b) movilidad acentuada de la lucha activa, c) mayor intensidad del compromiso político y d) carácter telúrico. Teniendo en cuenta la definición de trabajo de las primeras líneas señalada en este artículo, no habría dificultad en concluir que, a primera vista, cumplen con las cuatro características del partisano. Veamos.

Según la primera característica, los primera línea, como los partisanos, carecen de uniforme militar, pero sobre todo, no se enmarcan en una dependencia jerárquica dentro de un ejército regular. La irregularidad, sin embargo, no se refiere únicamente a la vestimenta, sino a la forma misma como el partisano se encuadra políticamente frente al Estado. En este sentido,

la ley estatal moderna excluye por definición al competidor armado de su monopolio soberano, por lo cual el partisano sólo puede crecer en las afueras de la ley; pero a su vez el partisano surge con la conciencia de que su existencia supone el desconocimiento de la legalidad dominante. La ley estatal no puede captar a quien ha excluido por principio y a quien se afirma en la negación de un pacto, de una constitución y de un régimen jurídico que se le hacen insoportables; el partisano no acepta que se le juzgue bajo una ley particularista que él nunca ha aceptado o que ya ha decidido no aceptar, como el ciudadano de un Estado no admitiría someterse a la ley de otra comunidad extraña (Giraldo, 2009, p. 107).

Sobre la segunda, basta con recordar que para Schmitt el partisano no tiene un lugar fijo como un régimen o una tropa regular; es más, se puede mover más fácil y es más impredecible. Ese mismo ser impredecible en el momento de aparecer lo podríamos entender como movilidad. Un hombre que tenga la posibilidad de cambiar de uniforme o de identificación se le puede considerar como móvil. Luego no podemos entender por movilidad solamente un deslice en la tierra o en el aire, sino también un cambio rápido. En esto radica la movilidad del partisano delante de los uniformados (Schmitt & Schickel, 1995).

Sobre la tercer característica, hay que advertir que el compromiso político lo otorga el hecho de manifestarse de manera protagónica, arriesgando su integridad o su vida, en unas protestas en las que bien podría ocupar un lugar en la retaguardia o en una ventana tocando una cacerola. Ahora bien, no hay que esquematizar en exceso dicha identidad, puesto que pertenece a la esencia y a la manera de ser del partisano el estar por fuera de cualquier acotamiento (Schmitt, 2013). Más aún, de su identidad política móvil y porosa se sigue la inadecuación del derecho constitucional y del derecho penal en su tratamiento. O dicho de otro modo: la forma que adquiere su identidad política es ultrapolítica, y excede los marcos normativos del Estado de derecho, desafiando las fronteras entre lo legal e ilegal; orden y anarquía; pero sobre todo, entre protesta e insurrección. Esta singularidad política de los partisanos fue capturada bien por Napoleón cuando el 12 de septiembre de 1813 le dijo al general Lefèvre: "con los partisanos hay que luchar a la manera de los partisanos" (Schmitt, 2013, p. 31), una admonición que si fuera acatada por un tomador de decisiones contemporáneo le traería interminables problemas jurídicos y morales.

Foto: Giovanny Zamorano.

Imagen 3 Primera línea, Santiago de Chile, 2019. 

5. Conclusiones

La lectura de Félix Guattari ha mostrado que la revolución molecular es una forma de revolución posmoderna que, a diferencia de las grandes revoluciones que soldaron la modernidad, no es violenta ni insurreccional. Más que una toma del poder comporta un cambio en los modos de vida cuya expresión es la movilización popular y las diferentes formas de resistencia del deseo como las primeras líneas. Luego, no toda revuelta es una insurrección y por consiguiente, no todo desafío a las fuerzas del orden es ilegítimo o potencialmente delictivo.

En este punto aparece Carl Schmitt, pues una lectura contemporánea de su teoría del partisano pone sobre la mesa la siguiente pregunta: ¿debe el derecho penal seguir la senda de acotación del conflicto como lo hizo el derecho internacional humanitario? Ciertamente, un hecho político sugiere que sí: la abrumadora multiplicación de manifestaciones partisanas que hemos presenciado en las últimas décadas (Giraldo, 2009). Dicho de otro modo: ningún Estado puede imponer su autoridad solo con el garrote o los escuadrones antimotines, ninguna sociedad debería renunciar a abordar sus problemas políticos con una dosis de "zanahoria institucional". En este marco, no criminalizar a quien protesta, acotar el conflicto político -esto es, situarlo en los márgenes de la política social y alejarlo hasta donde sea posible del derecho penal- y moderar la enemistad política son claves de lectura de ambos autores. Y no se requiere, por lo demás, simpatía o complacencia con las protestas contemporáneas, con sus medios o sus fines para advertir que

una de las características de la nueva época es precisamente el desdibujamiento de los límites entre lo legal y lo ilegal, la acción colectiva que ha logrado zafarse de todas las regulaciones del Estado moderno, el socavamiento de la legalidad internacional por parte de las propias entidades soberanas, todo lo cual coloca al partisano en un cruce de territorios que resulta en escenarios de confusión e indefinición (Giraldo, 2009, p. 108).

El anverso de ello es un punto de convergencia de Guattari y Schmitt: la no criminalización del disidente o "la necesidad perentoria de impedir la criminalización en la esfera de lo político, y, puesto que el partisano pertenece a este ámbito, la tarea de establecer la guía que permita distinguirlo del criminal puro" (Giraldo, 2009, p. 112). No hacerlo lleva con frecuencia a que se desdibujen las líneas divisorias entre las democracias y las autocracias bajo el abuso semántico y procedimental de la categoría de terrorismo y que el debate público quede atrapado irremediablemente entre la simplificación de la tesis de la romantización o la tesis de la criminalización.

Una lectura metafórica y contemporánea de ambos autores permite concluir que las nuevas formas de expresión popular y protestas ciudadanas requieren marcos teóricos que excedan los rígidos moldes modernos que encuadran la política y el derecho en categorías binarias cuyo dilema matriz es Leviatán o Behemoth, y del cual se desprenden sus rígidas alternativas: orden-caos, autoridad-anarquía, legalidad-ilegalidad, fuerza-violencia. Si la lectura de Schmitt nos ha dejado claro que el partisano es un enemigo declarado del Estado que, en cualquier caso, también lleva una señal de amistad in pectore, el criminal o el vándalo, por el contrario, son malos ciudadanos (Giraldo, 2009). Luego, no toda barricada es una insurrección, ni todo escuadrón antimotines le hace honor a la legalidad de sus insignias. No hay que estar en una primera línea para darse cuenta de ello.

6. Referencias

Afineevsky, E. (Dir.). (2015). Winter on Fire. Ukraine's Fight for Freedom [Documental]. Netflix. [ Links ]

Al Aswani, A. (2021). La república era esto. Barcelona: Anagrama. [ Links ]

AA. VV. (2021). Crónicas de la revuelta de octubre. Santiago: Cinco Ases. [ Links ]

Bhowmick, N. (2021, 4 de marzo). 'I cannot be intimidated. I cannot be bought.' The women leading India's farmers' protests. Time. https://time.com/5942125/women-india-farmers-protests/. [ Links ]

Brustellin, A., Cloos, H., Fassbinder, R., Kluge, A., Mainka, M., Mainka-Jellinghaus, B., Reitz, E., Rupé, K., Schlöndorff, V., Schubert, P., & Sinkel, B. (Dirs.). (1978). Alemania en Otoño [Película]. [ Links ]

Castaño, S. (2010). La criminalización del enemigo en Carl Schmitt. Empresas políticas, (14/15), 151-158. [ Links ]

Claude, M. (2020, 6 de enero). Retrato de un clan de la Primera Línea. Ciper. https://www.ciperchile.cl/2020/01/06/retrato-de-un-clan-de-la-primera-linea/. [ Links ]

Comiteau, L. (2022, 26 de enero). The perfect protest: Lessons from the frontline. DuchtNews.nl. https://www.dutchnews.nl/2022/01/the-perfect-protest-lessons-from-the-frontline/. [ Links ]

Deleuze, G., & Guattari, F. (1984, 3-9 de mayo). Mayo de 1968 nunca ocurrió. Les Nouvelles Littéraires. [ Links ]

Estefanía, J. (2018). Revoluciones. Cincuenta años de rebeldía (1968-2018). Barcelona: Galaxia Gutenberg. [ Links ]

Garzón Vallejo, I. (2025). Una tipología de la violencia colectiva de los estallidos sociales de Chile y Colombia. Revista de Ciencia Política, 45(1). https://doi.org/10.4067/s0718-090x2025005000105. [ Links ]

Giraldo Ramírez, J. (2009). Guerra civil posmoderna. Bogotá: Siglo del Hombre/Universidad de Antioquia/Universidad Eafit. [ Links ]

Gómez Albarello, J. (2020). Mayo del 68 y sus interpretaciones. Papel Político, (25). https://doi.org/10.11144/Javeriana.papo25.mdsi. [ Links ]

Grueso, D., Niño Castro, A., Rueda Barrera, E., & Tovar González, L. (Eds.). (2022). Pensar en marcha. Filosofía y protesta social en Colombia. Buenos Aires: CLACSO. https://doi.org/10.2307/j.ctv2v88c98.4. [ Links ]

Guattari, F. (2020). Las luchas del deseo. Capitalismo, territorio, ecología. Santiago: Pólvora Editorial. [ Links ]

Guattari, F. (2017). La revolución molecular. Madrid: Errata Naturae. [ Links ]

Guattari, F. (2015). ¿Qué es la ecosofía? Textos presentados y agenciados por Stéphane Nadaud. Buenos Aires: Cactus. [ Links ]

Guattari, F. (2013). Deseo y revolución. Diálogo con Paolo Bertetto y Franco Bifo Berardi. Buenos Aires: Tinta Limón. [ Links ]

Guzmán, P. (Dir.). (2022). Mi país imaginario [Documental]. Atacama Productions/ARTE France Cinéma/Market Chile-Pantalla Cines. [ Links ]

Joignant, A. (2020, 5 de enero). La "primera línea": radicalización y efectos de trayectoria. Nuevo Poder. http://www.nuevopoder.cl/la-primera-linea-radicalizacion-y-efectos-de-trayectoria/. [ Links ]

Kleist, H. Von. (2021). Michael Kohlhaas. Sobre el teatro de marionetas. Madrid: Cátedra. [ Links ]

Noujaim, J. (Dir.). (2013). The Square [Documental]. Netflix. [ Links ]

Oporto Valencia, L. (2021). He aquí el lugar en que debes armarte de fortaleza. Santiago: Katankura. [ Links ]

Rivera Rueda, M. (2021, 1 de julio). ¿Qué es la Primera Línea? El Espectador. https://www.elespectador.com/bogota/que-es-la-primera-linea/. [ Links ]

Schmitt, C. (2013). Teoría del partisano. Acotación al concepto de lo político. Madrid: Trotta. [ Links ]

Schmitt, C. (2009). El concepto de lo político. Madrid: Alianza. [ Links ]

Schmitt, C., & Schickel, J. (1995). "Gesprách über den Partisanen". En C. Schmitt, Staat, Grofíraum, Nomos. Arbeiten aus den Jahren 1916-1969. Berlin: Duncker & Humblot. [ Links ]

Seixas, V. (Dir.). (2021). Rolê: stories of Brazilians protests in malls [Documental]. [ Links ]

Solomon, F. (2019, 12 de junio). Hong Kong is on the frontlines of a global battle for freedom. Time. https://time.com/longform/hong-kong-protests/. [ Links ]

Tilly, C. (2003). The politics of collective violence. Cambridge: Cambridge University Press. https://doi.org/10.1017/CBO9780511819131. [ Links ]

Wong, J. (2020). Somos la revolución. Qué amenaza a la democracia y por qué debemos actuar ahora. Santiago: Roca. [ Links ]

Xu, A. R. (2019, 6 de noviembre). Scenes from Hong Kong Protests. Rolling Stone. https://www.rollingstone.com/politics/politics-pictures/hong-kong-protest-photos-880377/arx_rs_day2_cam2_04133/. [ Links ]

Zarzuri, R. (2022). Violencias y contraviolencias. Vivencias y reflexiones sobre la revuelta de octubre en Chile. Santiago: LOM ediciones. [ Links ]

1 Agradezco el apoyo de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile (proyecto FONDECYT Regular 1240658).

Cómo citar: Garzón Vallejo, I. (2025). Partisanos moleculares. Félix Guattari, Carl Schmitt y las “primeras líneas”. Revista Perfiles Latinoamericanos, 33(66), 181-204. https://doi.org/10.18504/pl3366-009-2025.

Recibido: 05 de Junio de 2023; Aprobado: 03 de Marzo de 2025; Publicado: 01 de Julio de 2025

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons