La ciencia política parece ir a la saga de los acontecimientos, moviéndose al compás de las revueltas populares o el capricho de los presidentes. Como los críticos literarios, cuya obra es glosa de la obra del escritor, los politólogos comentamos la conducta de estadistas y ciudadanos, de la cual somos espectadores inteligentes en el mejor de los casos. Cuando los gobiernos entran crisis, multiplicamos los artículos sobre la inestabilidad de los gobiernos; cuando las democracias se tambalean, regresamos a la vieja pregunta sobre si debe imperar el criterio de la mayoría o el espíritu de la ley. Un observador externo podría pensar que nos comportamos como las personas sin juicio, siguiendo el mandato de la moda; en verdad hacemos lo que todo científico social: reaccionar a lo inmediato tratando de encontrarle una explicación. Por eso resulta aun más llamativo y meritorio cuando algún miembro del gremio regresa a preocupaciones empolvadas que, una vez limpias del serrín de la indiferencia, revelan lo que guardan de universal.
Christopher Martínez vuelve a uno de estos temas, la relación entre la estabilidad de los gobiernos y el sistema de partidos, en su libro Why Presidents Fail? (Standford University Press, 2024). Y lo hace con originalidad suficiente para justificar una reseña. El conocimiento convencional asegura que, cuando el grado de institucionalización del sistema de partidos es alto, es más probable que un presidente se mantenga en el cargo hasta el final de su mandato. Y piensa de este modo bajo la suposición -correcta, a juicio del autor- de que gobierno y oposición tendrán una fuerza relativa similar como para preferir la cooperación antes que el conflicto destructivo. A Martínez le resulta incontrovertible la idea, pero a niveles medios de institucionalización partidista la evidencia le sugiere resultados ambiguos: algunos presidentes sobreviven y otros no; es aquí donde radica la originalidad de su teoría.
Why Presidents Fail? desarrolla un argumento que descompone el grado de institucionalización del sistema de partidos en dos: la fuerza relativa del partido oficialista y la de la oposición. Cuando el partido en el gobierno está más institucionalizado que los partidos de la oposición, el presidente tiene mayor probabilidad de sobrevivir. En cambio, cuando la fuerza de la oposición es mayor, se invierten las tornas para el presidente. La fuerza relativa de oposición y gobierno radica en sus capacidades organizativas y sus vínculos con la sociedad civil. Cuando el partido del presidente está bien organizado garantiza la lealtad de sus miembros, selecciona a los políticos con experiencia y, cuando echa raíces en la sociedad, mantiene el control de organizaciones sociales que, de lo contrario, podrían rebelarse contra el poder. En cambio, cuando la oposición carece de estas ventajas resulta incapaz de hacer frente al gobierno. El capítulo I identifica este vacío en la literatura y explica la teoría del autor; el capítulo II muestra el análisis estadístico, y los capítulos del III al IX se refieren cada uno a casos típicos donde se aprecia el efecto causal de la teoría y que Martínez selecciona para ahondar en los mecanismos causales.
Uno de los aciertos de la investigación consiste en no tomar como único indicador de la fuerza de los partidos el número de asientos en el poder legislativo, sino adentrarse en el interior de los mismos. Aunque Martínez distingue la capacidad organizativa y los vínculos con la sociedad civil, ambos factores denotan un leitmotiv: la habilidad de un partido para lidiar con ambiciones e intereses, ya sea con las ambiciones e intereses de los políticos (capacidad organizativa) como la de los activistas, sindicalistas o ciudadanos (sociedad civil). Dicho de manera sencilla: si el partido del presidente logra satisfacer esos apetitos sistemáticamente, tendrá la fuerza del número a su favor.
Otro de los aciertos radica en el estudio profundo de partidos políticos latinoamericanos, área desatendida por los comparativistas, a pesar de su importancia para calibrar las teorías sobre partidos que heredamos de Estados Unidos y de Europa. La ciencia política ha convertido a los partidos en uno de sus objetos dilectos, pero asombra verificar lo poco que sabemos sobre las entrañas de los partidos latinoamericanos. Cierto, Martínez tiene otro propósito en mente, pero su libro puede convertirse en referencia para quienes deseen tener un conocimiento por encima de lo superficial sobre la más famosa de las organizaciones políticas en el continente.
Por último, Why Presidents Fail? se convierte en lectura recomendable para quienes muestren interés por la inestabilidad presidencial en América Latina, un subcampo en los estudios sobre democracia cuya popularidad menguó al disiparse la ola de crisis presidenciales a inicios del siglo XXI en los países andinos. Con todo, y conociendo la tozuda historia latinoamericana, no debería asombrarnos que regresen esas convulsiones y, con ellas, la curiosidad de los politólogos.









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