Este libro contiene el resultado de la investigación doctoral que Alejandro Sada realizó en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Navarra, obteniendo la máxima calificación. Puede parecer un poco ambiciosa su pretensión: mostrar cómo Joseph Ratzinger tiene una filosofía propia y ofrece una aportación consistente con el pensamiento filosófico. Es desafiante porque Ratzinger no es filósofo, sino primero teólogo, después obispo, prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y, finalmente, Papa de la Iglesia católica. Su curriculum no coincide con el de un filósofo académico.
Sin embargo, la estructura del libro pone de manifiesto cómo, de entre el múltiple y extenso corpus ratzingeriano, se puede educir una linfa profundamente filosófica. El mérito de la obra en cuestión es precisamente ese: entresacar de entre la multiforme producción ratzingeriana una propuesta metafísica nítida, una estructura racional de fondo que ofrece una visión original, propia y densamente rica de la filosofía. Las cuatro partes en las que se articula el texto lo muestran con diáfana evidencia. Sobra decir que el esquema de este libro está claramente puesto de relieve tanto en el prólogo -a cargo de Pablo Blanco, Premio Ratzinger 2024- como en la introducción. De forma que, desde el principio, es clara su oferta metodológica.
En la primera parte del texto, abrevando de los estudios iniciales que Joseph Ratzinger realiza sobre san Agustín y san Buenaventura, se proponen dos concepciones de la filosofía claramente delimitadas en la mente de nuestro autor. En primer lugar está la filosofía como búsqueda personal de la sabiduría: se trata del mismo sujeto en cuanto busca descubrir el sentido de su propia vida. Esta perspectiva del quehacer filosófico es decididamente antropológica, hasta el punto de que lo propiamente humanum se convierte en el criterio definitivo para comprender el significado y la misión de la filosofía. Dicho de modo negativo: una filosofía que concluya en el sinsentido de la existencia humana sería, por ello mismo, falsa. "Existe una relación de unidad entre la búsqueda de sentido y la búsqueda de la verdad. Esta relación es tan estrecha que el sentido de lo humanum puede incluso funcionar como criterio de verdad" (Sada, 2023, pp. 200-201). En segundo lugar estaría la filosofía como búsqueda de la verdad ontológica, racional y universal que trasciende los espacios subjetivos. "Estas dos dimensiones de la filosofía -la subjetiva-personal y la objetiva-ontológica- conforman el fundamento de la estructura de este libro" (p. 34).
Una vez delineadas estas dos formas de vivir y llevar a cabo el quehacer filosófico, se aborda la relación íntima que existe entre la fe cristiana y la filosofía en las dos dimensiones expuestas anteriormente. La tercera parte del libro se dedica a mostrar cómo la filosofía y la teología se necesitan mutuamente. "La filosofía se entiende de distintas maneras según los diferentes roles que le corresponde asumir en su diálogo con la revelación" (p. 35). Por eso "la relación con la revelación es el centro de gravedad que da unidad al concepto de filosofía" (p. 35).
Quizá es esta la parte más controvertida del libro, pues para ciertos "puristas" de la filosofía, la "intromisión" de la revelación en la filosofía significaría su corrupción. El autor es consciente de que, para Heidegger, por ejemplo, la idea de una filosofía cristiana es equivalente a "un hierro de madera", porque no se pueden plantear las preguntas filosóficas si ya conozco de antemano las respuestas que me aporta la religión. Sin embargo, el modo en que plantea la delicada cuestión está, precisamente, plagado de preguntas:
En caso de que exista una revelación verdadera, se abre inmediatamente una serie de cuestionamientos muy delicados: ¿de qué manera se tendría que relacionar con ella la filosofía?, ¿cuál sería el rol del filósofo ante la revelación?, ¿cómo tiene que ser ese diálogo?, ¿cómo debe ocurrir exactamente esa escucha y cómo debe relacionarse con el pensamiento filosófico?, ¿no debe uno rendir el pensamiento hasta que esté totalmente succionado por la fe?, ¿puede la filosofía conservar la autonomía a pesar de entregarse totalmente a una palabra que no surge de sus propias ideas, sino que sólo puede ser recibida?, ¿cómo se relacionan la filosofía y la teología? (p. 139).
Como se puede apreciar, la "contaminación religiosa" de la filosofía no solo no suprime su hábito de preguntar, sino que lo potencia. De hecho, a partir de ese diálogo entre filosofía y revelación, distingue cuatro etapas de la filosofía:
1) La filosofía como punto de partida de la búsqueda de la verdad (antes de la revelación).
2) Filosofía en el encuentro con la revelación.
3) Filosofía como asimilación racional (o apropiación) de la revelación.
4) Filosofía como vehículo de transmisión de la revelación (cfr. Sada, 2023, p. 139).
La cuarta parte del texto se articula a su vez en cuatro apartados. Es quizá la temática que permite introducir de lleno el pensamiento de Joseph Ratzinger en el ámbito filosófico, pues aborda los temas transversales que ocupan toda la historia de la filosofía: el sentido y la verdad; la dicotomía sujeto-objeto; la unidad entre el amor y la verdad; y, por último, la relación entre ontología e historia, entre ser y tiempo. Como puede verse, la oferta filosófica ratzingeriana trata algunas de las principales líneas de fuerza del pensamiento filosófico a lo largo de la historia. Por este motivo se justifica plenamente incluir este análisis en el contexto de la filosofía y no exclusivamente en el de la teología o en el campo de la religión.
La clave del pensamiento filosófico ratzingeriano se encuentra en su logocentrismo -centralidad del "Logos", del "Verbo"-, que le permite articular una visión del mundo en la que se realizan las grandes síntesis a las que tiende el pensamiento humano. En un primer momento muestra cómo la búsqueda de sentido y la búsqueda de la verdad son en realidad la misma búsqueda: "La síntesis entre sentido y verdad tiene una importancia especial para este libro, porque nos permite comprender que las dos dimensiones de la filosofía que se analizan en los capítulos 1 y 2 son en el fondo aspectos de una misma realidad" (pp. 35-36).
La segunda síntesis superadora es la que se realiza entre sujeto y objeto, resolviendo así el dilema que ha jaloneado todo el pensamiento moderno, conduciendo a la historia de la filosofía hacia el fin de la metafísica. La tercera síntesis superadora es la que se verifica entre el amor y la verdad. Entender en armonía y unidad estas dos realidades nos ayuda a comprender mejor las relaciones entre metafísica, ética y estética. Por último, la cuarta síntesis tiene, sin quererlo, cierto sabor heideggeriano, pues se trata de mostrar, a partir del Logos, cómo se puede comprender mejor la unidad existente entre ontología e historia, entre ser y tiempo.
Todo lo anterior le lleva a Sada a concluir:
Estas cuatro síntesis muestran la fuerza filosófica del logocentrismo de Ratzinger. Se trata de una visión robusta de la búsqueda de la sabiduría comprometida con la razón en su forma más radical. A la cuestión que planteé en la introducción sobre si se puede con justicia considerar a Ratzinger un filósofo, hay que responder que, en efecto, al menos según su propia idea de filosofía, el autor es un auténtico filósofo, aunque su filosofía se encuentre en diálogo abierto con la teología, aunque siempre esté dispuesto a dejarse purificar y renovar por su fe. Como todo filósofo, su pensamiento se desarrolla basado en una serie de presupuestos fundamentales que en su caso se resumen en una confianza total en la razón que, en sus propias palabras, le lleva a jugar con las mejores cartas (p. 223).
A todo esto, ¿qué entiende Ratzinger por filosofía? En opinión del autor:
La filosofía es, para Ratzinger, el esfuerzo racional de la persona que, para descubrir el significado y el sentido de la propia existencia, se abre ante la realidad con la esperanza de conocer la verdad radical del ser en su totalidad y su propio lugar como integrante de esa totalidad (p. 189).
Por las razones previamente asentadas, se puede concluir que Joseph Ratzinger ofrece una propuesta filosófica consistente, que indudablemente enriquece al pensamiento universal. Por otra parte, la obra de Alejandro Sada sobre el pensador germano puede encuadrarse en un marco filosófico.
El texto de Alejandro Sada continúa un antiguo debate filosófico sobre la posibilidad o no de que exista una filosofía cristiana. Según Sada, Ratzinger vendría a engrosar la fila de insignes teólogos que han desarrollado una honda labor filosófica, como Agustín de Hipona o Tomás de Aquino. En ello estriba el mérito y el límite de su obra, pues para quienes por principio están cerrados a una colaboración entre el orden natural y el sobrenatural, tal pretensión sería semejante a querer conseguir un círculo cuadrado. Para quienes, en cambio, piensan que al hacer filosofía no deben prescindir de su fe o esconderla, la obra supone una bocanada de aire fresco.
En cualquier caso, sea que se acepte la posibilidad de una filosofía cristiana o no, la obra de Sada tiene suficiente rigor filosófico y puede catalogarse como un buen texto de filosofía. No se sentirá decepcionado el filósofo que se adentre a sus páginas. Al hacerlo, constatará también cómo el pensamiento de Joseph Ratzinger, si bien tiene una matriz teológica, está surcado por algunas de las más profundas inquietudes filosóficas, por lo que no supondrá una pérdida de tiempo el adentrarse en sus páginas; más bien al contrario. Ratzinger, nos guste o no, ofrece una sólida y sugerente aportación a la filosofía y al pensamiento contemporáneos.









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