Según una noción del historiador decimonónico Jacob Burckhardt, solo nos interesan aquellos asuntos del pasado que tienen relevancia en la actualidad. En este sentido, pareciera extraño publicar la traducción al español de un escrito redactado hace casi dos siglos y, además, sobre una región geográfica distante a México. Se trata del libro de Alexander von Humboldt sobre su visita de investigación a Rusia y a Asia Central, publicado en 1843 en francés, en 1844 en alemán, pero hasta 1915 en ruso. Este tomo se basa en los diarios del viaje, realizado en 1829, año del sexagésimo cumpleaños de este erudito, quien había atravesado las Américas tres décadas antes.
Unos 30 artículos prepararon este libro panorámico, también un escrito sobre los fragmentos de la geología y climatología de Asia, publicado en 1831 en francés, 1832 en alemán y, finalmente, en 1837 fue traducido al ruso. Posteriormente, varios tópicos del viaje a Rusia aparecen en 1849 en los Ansichten der Natur (Cuadros de la naturaleza) y en los tomos de la obra magna Kosmos, a partir de 1845. Estos breves comentarios en torno a la historia editorial demuestran la importancia del viaje a la Asia Central para el pensamiento de Humboldt - como complementario de su exploración científica de las Américas- y su difusión en varios idiomas.
En lo siguiente, expongo las razones por las cuales considero que valió la pena traducir este libro también al español, para hacer su contenido accesible a un espectro más amplio de lectoras y lectores, quienes, después de casi dos centurias, tienen otras preguntas a esta obra, determinadas por sus experiencias geográficas/geológicas, políticas y culturales en el primer cuarto del siglo XXI, caracterizados por un auge preocupante de sistemas autoritarios y sus técnicas de control mediático: la censura.
Para realizar el viaje “todo pagado” por el zar ruso, Humboldt tuvo que comprometerse a excluir cualquier análisis político de las condiciones sociales de este país. Por sus escritos sobre la Nueva España, el erudito alemán ya tenía fama de ser un crítico de la esclavitud y de los abusos de la aristocracia, entre otros temas controvertidos. De hecho, su intención de subir al Himalaya fue bloqueado por las autoridades de Inglaterra, que temían críticas hacia sus brutales prácticas coloniales. Francia tampoco dejó a Humboldt entrar a su dominio colonial de Egipto. Ni Portugal lo permitió acceso a los territorios brasileños. Eran tiempos de conflictos imperialistas, de la llamada época de la “Restauración”, cuando los poderes coloniales dominantes controlaban toda la información geográfica y social.
El zar, primordialmente, exigía información cartográfica de su propio imperio, para fines de control militar, además del conocimiento preciso sobre las zonas y las técnicas de minería para la explotación eficiente de los recursos terrestres, mientras que Humboldt buscaba aumentar su espectro comparativo en la geología y botánica del mundo. A cambio del soporte logístico y financiero de la expedición en Rusia, Humboldt tuvo que reprimir sus opiniones y renunciar, de momento, a su libertad de expresión. En una carta al soberano ruso de julio de 1829, y también en el prefacio de su libro, Humboldt confirmó que sus escritos sobre Rusia iban a evitar cualquier comentario al respecto de la organización social del país, y que se iba a concentrar en el estudio de la “naturaleza muerta” (todte Natur), es decir, en la materia geológica.
Tal autocensura tiene una actualidad escalofriante. Existe una innegable represión académica en países totalitarios como China, pero también en aparentes democracias como la India y, recientemente también en el país fundador de la democracia moderna y de un sistema que acabó un dominio colonial inglés, los Estados Unidos, en donde presenciamos una creciente represión del derecho a la libertad de expresión en las universidades, bajo la administración de Donald Trump.
También Rusia se encuentra bajo el férreo control de un presidente autoritario, imperialista, militarista y claramente antidemocrático, que destruye los derechos humanos y civiles, y donde rige una censura estricta. Consecuencia de ello es, entre muchos otros asuntos graves, la cancelación de la nueva edición en ruso del libro en cuestión, gestionado por su editor, Oliver Lubrich. Con el inicio de la guerra rusa contra Ucrania detuvieron el ya avanzado proceso editorial -temían las inevitables comparaciones paralelas entre un presidente autoritario en la actualidad con un zar represivo de hace dos siglos-. He aquí la deplorable actualidad de la represión de ideas y opiniones, en las humanidades y las ciencias.
Y, justamente la edición de Lubrich, que apareció en 2009, revela las contradicciones del atento observador Humboldt y sus posibilidades limitadas de expresión, ya que incluye citas de cartas privadas a su hermano Wilhelm y otros colegas y amigos de confianza, en las que se revelan diversos aspectos críticos de una Rusia administrada por un zar. Por ejemplo, constata Humboldt que el despotismo siempre está acompañado por un empobrecimiento creciente y la disminución del bienestar público. O critica tajantemente que las llamadas clases altas viven de manera parasitaria a costo de los pobres -críticas políticas del pasado que describen la realidad actual en Rusia y también en los Estados Unidos-.
Otra dimensión para entender la obra autocensurada de Humboldt se abre con la lectura complementaria de un amplio informe del geólogo Gustav Rose, quien acompañó la expedición científica a Rusia. En el amplio tomo sobre El viaje a los montes Urales, al Altai y al Mar Caspio, editado en 1842, Rose no solo incluye análisis geológicos, sino también crítica social, por ejemplo, el abuso hacia criminales clasificados como peligrosos cuando, de hecho, la mayoría fueron criminalizados por su resistencia política al régimen; como consecuencia, eran enviados en calidad de mano de obra gratuita a las minas de sal. También esta negación de los derechos humanos de presos (políticos) es una práctica común hoy en muchos países totalitarios del mundo.
Frente a estas restricciones de la publicación sobre y en Rusia, Humboldt aplica la estrategia retórica de la dissimulatio, es decir, esconde su crítica en metáforas y símiles. Ejemplo de esta medida “diplomática” para evitar problemas de censura de la administración zarista es la alusión política de un motivo geológico como el “levantamiento de las masas”, como motivo político de una Revolución. Humboldt emplea el arte retórico del doble sentido utilizando su expertise en las investigaciones geológicas -según Oliver Lubrich una innovación en su tiempo-, determinado por las relaciones entre el evento político clave de la Revolución francesa y el avance de la vulcanología desde finales del siglo XVIII.
En sus Investigaciones sobre las cordilleras y sobre una climatología -tal es el subtítulo del libro- Humboldt demuestra sus avanzados conocimientos en geología y su cercana relación con la comprensión geográfica de los paisajes. Para el investigador y viajero, que había recorrido diversos geositios en América y la Asia Central, era “uno de los más grandes triunfos del espíritu [Geist, en alemán], una revelación de poder” el acto de “penetrar las profundidades del tiempo y del espacio”, inherentes en las formaciones rocosas. Con ello, Humboldt retomó la noción del Deep time que James Hutton introdujo a finales del siglo XVIII en las ciencias de la Tierra.
Como demuestran las descripciones en la obra sobre Rusia y Asia Central, esta mirada a la profundidad del tiempo no se realizó desde una perspectiva central, sino desde diferentes ángulos. De hecho, según el análisis de Oliver Lubrich, Humboldt desarrolló un nuevo concepto de la descripción geográfica del espacio, en donde cuenta la precisión geo-morfológica y botánica -para entender la geo-logía, es decir, el logos de la Tierra, sus principios formativos-.
Humboldt también, como ejemplifica la obra sobre Rusia, se perfiló en la historia de las ciencias, como fundador de la geo-ecología. Sus detalladas observaciones revelaron las relaciones entre las intervenciones antropogénicas, como el extractivismo, con los daños profundos al medio ambiente, e incluso, por sus investigaciones, puso en la agenda el cambio climático, primero en el caso de un lago en Venezuela, y luego, en Rusia, con el ejemplo del lago Aral, que hasta la fecha es uno de los ejemplos más extremos de destrucción ambiental en el mundo, por el manejo no sustentable de la agricultura en ese lugar.
Con base en estos y otros casos, Humboldt, aún en la censurada descripción de Rusia, perfiló una ética ambiental con vigencia hasta la fecha. He aquí otra razón para consultar, y leer con mucha atención su reporte del viaje a Rusia, ahora disponible en español. Tales inspiraciones éticoambientales, históricas, revisten relevancia en el año de la publicación de la traducción al español, 2025, ya que no solo en la dictadura de Putin en Rusia, sino también en la autocracia de Trump en los Estados Unidos, predomina la negación del cambio climático, el rechazo a la alteración antropogénica de los sistemas climáticos globales. Peor aún, la sistemática destrucción de la investigación climatológica por decisiones políticas en los Estados Unidos efectivamente causa la muerte de muchos habitantes del mundo, que ya no cuentan con la información precisa de alerta de huracanes y otros impactos del clima alterado.
Son estas, y muchas más, las inspiraciones que ofrece el libro en su versión en español. Su lectura no solo abre un panorama estimulante de la cultura ambiental decimonónica, sino también proporciona material de reflexión sobre nuestro manejo autodestructivo de la Tierra.
Al final de esta reseña, considero indispensable agradecer a la traductora de esta obra, la doctora Emma Julieta Barreiro, que implícitamente retoma una reflexión de José Ortega y Gasset: que el acto de traducir se entiende (con el término en latín) como traducere navem, trasladar un barco entre tiempos y espacios, en un mar de incertidumbres, evitando los posibles malentendidos filológicos entre el alemán y el español, con sus estructuras sintácticas y determinaciones semánticas muy diferentes. Ella nos hace accesible una obra valiosa para la consulta, no solo para el círculo de “humboldtianos”, en el cual se inscribe el autor de esta reseña.










nueva página del texto (beta)


