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Investigaciones geográficas

versión On-line ISSN 2448-7279versión impresa ISSN 0188-4611

Invest. Geog  no.45 México ago. 2001

 

La dinámica territorial de las principales instituciones bancarias en la península de Baja California: estructura e interrelaciones

 

Territorial dynamics of the main banking institutions in the Baja California peninsula: structure and interrelations

 

Lilia Susana Padilla y Sotelo*

 

*Instituto de Geografáa, UNAM, Cd. Universitaria. 04510, Coyoacán, México, D. F. E–mail: lisupa@yahoo.com

 

Recibido: 20 de octubre de 1999
Aceptado en versión final: 23 de mayo de 2000

 

Resumen

Este trabajo muestra la distribución territorial de las principales instituciones bancarias en el espacio urbano de la península de Baja California. Se inicia con los antecedentes de la organización de la banca de la zona y su relación en el contexto nacional, en donde destaca su localización fronteriza. El análisis locacional a través del examen de distribución territorial de las 158 sucursales bancarias de las siete principales instituciones permite detectar una sustancial concentración en localidades urbanas de la porción norte, tanto en pequeñas como medias, y una marcada tendencia a ubicarse en localidades de mayor rango poblacional con comportamientos diferenciados, aspecto que se relaciona con la actividad económica que se realiza en las mismas, lo que las convierte en espacios preferenciales, resultado de desequilibrios territoriales. Sobresalen las ciudades de Tijuana y Mexicali y, en menor proporción, las de La Paz y Ensenada. La distribución territorial de las instituciones bancarias en la península de Baja California sigue el mismo patrón de comportamiento que el de la escala nacional, el de ubicación, de acuerdo con la especialidad.

Palabras clave: Localidades urbanas, instituciones bancarias, concentración espacial.

 

Abstract

This research analyzes the territorial distribution of the main banking institutions within the Baja California peninsula's urban space. It starts by providing a background on the spatial organization of banking institutions in the study area and their relationship within the national context, stressing their borderline location. The location-focused analysis, through examining the territorial distribution of the 158 bank offices from the seven main Institutions, allows to detect a considerable concentration in small and mid-sized urban towns located to the north. Also, banks tend to be located at the most populated towns having differential behaviors. Since this aspect is related to the economic activity that takes place in them, these towns have become preferential spaces, resulting in territorial unbalances. The cities of Tijuana and Mexicali stand out, followed to a lesser extent by La Paz and Ensenada, The territorial distribution of banking institutions in Baja California follows the same behavior pattern as the one that occurs at a national level, i.e. location according to the specific area of specialty.

Key words: Urban locality, banking institutions, spatial concentration.

 

INTRODUCCIÓN

Las transformaciones que se efectúan en los sistemas económicos se presentan dentro de un proceso en el que intervienen diferentes componentes, uno de los principales es el sistema financiero, al cual pertenecen las instituciones bancarias que llevan a cabo el manejo de capital para el funcionamiento de diversos sectores de la actividad económica.

La estructura espacial resultante de la localización de dichas instituciones se interrelaciona con aspectos tanto sociales como económicos, y la trama conformada por la distribución de las sedes bancarias y sucursales originan un conglomerado organizativo.

En el caso de la península de Baja California, porción de territorio que se ubica al noroeste de México y colinda con la frontera de Estados Unidos de América (Figura 1), la distribución espacial que presentan las instituciones bancarias se relaciona con:

1. Las localidades urbanas, alrededor de las cuales converge el desarrollo regional, ya que desempeñan un Importante papel de articulación de su amplio territorio.

2. Resultado de lo anterior, la confluencia en ellas de la red carretera y la localización de aeropuertos internacionales y puertos de altura (Figura 2).

3. La presencia del mayor desarrollo económico peninsular, derivado de importantes actividades económicas, aspecto que coincide con la categoría urbana correspondiente a esos espacios.

4. La polarización poblacional que se registra en la península, pues el mayor número de bancos se localiza en los asentamientos más importantes, que se ubican hacia los extremos norte y sur (Figura 3), ya que esta variable de la infraestructura financiera muestra una tendencia de concentración hacia localidades con mayor número de habitantes.

Por otro lado, cabe mencionar que, si bien existen instituciones bancarias en localidades de menor jerarquía poblacional, por lo general, su número disminuye de acuerdo con el orden de un sistema de ciudades; es decir, frecuentemente se advierte que a mayor población, servicios y relaciones, es mayor el número de sucursales bancarias, aunque la población excede a la capacidad de los bancos. La presencia o ausencia de las instituciones bancarias en un lugar determinado contribuye a la competencia económica y propicia la polarización del territorio. Este fenómeno se encuentra inmerso en un proceso territorial, en donde se detectan localizaciones y diferenciaciones, que en la península de Baja California se hacen más marcadas, por su lejanía respecto al resto del país. En este trabajo se considera la reorganización de la banca nacional, posterior a la crisis financiera y a la fuerte devaluación que registró el país en 1994, y que originó, no sólo en este territorio, sino en todo México, una serie de cambios, de fusiones y de desaparición de instituciones bancarias, que aún continúa; por lo que se tomará atención a los últimos datos anteriores a este episodio.

 

POSTURAS TEÓRICAS

Los estudios del análisis de las finanzas con enfoques dirigidos hacia el plano espacial o Geografía de las Finanzas son pocos, por lo que no es muy abundante la cita de referencias al respecto, pero sí de interés; recientemente, en Geografía se ha desarrollado esta línea, que analiza las finanzas desde el punto de vista espacial, al considerar que las funciones financieras se realizan a través de los bancos, mismos que adquieren un carácter estratégico en el desarrollo socioeconómico del país, región, estado o ciudad en donde se localizan, por ser lugares preferenciales, debido a la función que desempeñan en un contexto regional; asimismo, su importancia depende del servicio financiero que cubren, ya que actualmente una parte fundamental de los flujos financieros no pasa por los bancos locales, fenómeno derivado de la globalización.

Las investigaciones geográficas sobre la temática pueden ser agrupadas de la manera siguiente: a) aquellas que abordan a la Geografía Financiera como el estudio de los bancos desde la óptica espacial de las diferenciaciones existentes entre las ciudades y las regiones, a través del análisis de indicadores reveladores o explicativos, en donde es importante el uso de cifras para establecer comparaciones entre los diversos espacios y así caracterizarlos de acuerdo con su capacidad financiera, relacionándola con la situación prevaleciente en su área de influencia; pues la función financiera se origina en los bancos, ya que manejan determinados volúmenes monetarios realizando captaciones y colocaciones de recursos económicos (Labasse, 1974). O bien, como el estudio donde se enfatiza el carácter estratégico de la distribución de los capitales bancarios, que se sugiere sean analizados en el plano espacial, incluida su relación con la política y la economía, puesto que siempre van a estar inmersos en los diferentes tipos de crisis; en este sentido, se particulariza en la dinámica de los capitales financieros en las áreas urbanas (Code, 1971), y por ende, de las instituciones bancarias que los manejan y cómo se encuentran distribuidas.

También, dentro de esta línea, está el estudio que valora la especialidad de las estructuras financieras en su desarrollo regional, enfatiza su ubicación y considera lo que denomina espacio social de acción y las dimisiones espaciales del sistema financiero (Porteous, 1995).

b) Los trabajos que abordan la temática son ensayos de distinta naturaleza que, de acuerdo con la línea financiera, asocian sus investigaciones a aspectos geográficos, como el referente a la localización y concentración de las instituciones de crédito, y de su relación más marcada en ciertas áreas, y se enfatiza el aspecto regional (Acosta, 1981). Se analizan, también, los factores que intervienen en la distribución de las inversiones que, obviamente, se relacionan con el desarrollo de las regiones, entre los que cabe distinguir a los políticos, los de mercado y los de costo, considerados por áreas, lo que le confiere un carácter geográfico.

Dentro de la misma línea, está el enfoque de estudios que examina las consideraciones metodológicas que combinan las transnacionales para lograr la optimización del reparto geográfico de las inversiones, situación en la que interviene de manera directa la profundización de las contradicciones al interior de los países en sus regiones, y en las que influyen aspectos como la función de las regiones, la tecnología disponible, así como los recursos humanos, materiales y económicos; aquí, las instituciones bancarias representan un importante papel en el manejo de dinero de las inversiones (Ephrosi, 1989).

En otro estudio se afirma que las transformaciones experimentadas en los últimos años por el sector financiero originan una reorganización de las redes de oficinas bancarias y de los centros decisionales, generando nuevos desequilibrios territoriales (Romero, 1997).

Para finalizar, se puede incluir el análisis de los signos del capital financiero en la economía (entre los que se incluyen los bancos), y que son parte de las contradicciones y desigualdades entre la población y las regiones, donde se enfatiza que la tendencia de reorganización en la acumulación y distribución de capital tiene como proyecto fundamental elevar la rentabilidad, en concordancia con las tendencias de la economía nacional y mundial; por tanto, se afirma que los bancos se ubican en lugares donde ya hay desarrollo o bien, donde éste se puede propiciar (Gierhake, 1993).

 

ANTECEDENTES DE LAS PRINCIPALES INSTITUCIONES BANCARIAS EN LA PENÍNSULA DE BAJA CALIFORNIA

a) El contexto nacional

La actividad financiera en México se ajusta a constantes cambios políticos, económicos y sociales, así como al momento histórico nacional e internacional y ha estado latente en el país desde épocas atrás, pero es en el porfiriato cuando realmente adquiere importancia; sin embargo, su relevancia institucional en el proceso de acumulación de capital es un fenómeno reciente (Basave, 1996).

Para las décadas de los años sesenta y setenta, se presenta una importante consolidación y expansión en todo el sistema financiero mexicano, incluyendo a la red bancaria; hacia 1974 se modificó la legislación que había creado la "banca especializada'' y se originó "la banca múltiple", que propició la fusión de instituciones especializadas y no duró mucho, ya que en años posteriores se manifestaron severas crisis económicas, como las de 1976, 1982 y 1994, que desequilibraron todo el sistema. Como respuesta a la segunda, el gobierno resolvió nacionalizar la banca, con ello se ofrecía superar la crisis, lo cual no ocurrió (Hernández, 1988).

Posteriormente, se observó una limitación entre la capacidad del sistema financiero como intermediario entre ahorradores e inversionistas: a partir de entonces, la banca registró importantes transformaciones y las instituciones de mayor captación correspondían a las de mayor presencia en el país: el cambio más perceptible fue el aceleramiento de las fusiones en instituciones más grandes de carácter nacional, multirregional y regional.1

En 1985 se estableció una nueva estructura bancaria con objeto de racionalizar y optimizar sus operaciones. Se redujo el número de instituciones bancarias: de 60 que existían en el momento de la nacionalización, se reformaron 11 concesiones, se fusionaron 20 grupos en 12 sociedades y 17 más conservaron su denominación, con lo que el total disminuyó a 29; en 1985 se fusionaron otras diez instituciones y, en 1988, al decretarse una fusión adicional, el total de sociedades crediticias fue de 18 (Solís, 1997).

Mientras se daban estos y otros cambios, únicamente dos bancos conservaron su marco jurídico: el Banco Obrero y el Citibank. Es importante señalar que, aunque disminuyó la cantidad de instituciones bancarias, el número de sucursales al servicio se mantuvo sin modificaciones de consideración.

No obstante sus repercusiones internas y externas, los cambios anteriores no mostraron un efecto significativo sobre la concentración en la captación de los recursos del público, ya que los dos mayores bancos (Bancomer y Banamex) participaban con más de la mitad de los depósitos y, al considerar a otros cuatro (Serfín, Banco Internacional, Comermex y Somex), el capital acumulado ascendía a 85% del total de la banca comercial (Solís, 1997).

Después de superar los problemas vinculados a la crisis que acarreó la nacionalización de la banca de 1982, como respuesta al profundo conflicto económico en que se vio inmerso el país, hubo la necesidad de realizar una reestructuración para lograr un sistema supuestamente más productivo y eficiente; sin embargo, se observó como consecuencia una política de créditos restrictivos, fuga de capitales y elevadas tasas de interés y dolarización de depósitos. Asimismo, se inició un proceso cie liquidación o fusión de instituciones bancarias.

Con objeto de que la banca se reprivatizara, en 1990 se reformó la Constitución, lo cual dio pauta a la formación de la "banca universal" que permite proporcionar todos los servicios bancarios y no bancarios en una institución.2 También durante este tiempo se registró una apertura hacia la banca extranjera, por lo que varias instituciones bancarias solicitaron su ingreso a México.

Así, como resultado de los desequilibrios económicos entre 1992 y 1994, el sistema financiero bancário continuaba arrastrando un proceso de reestructuración mediante la agrupación de pequeños grupos de bancos que representaban el mínimo en captaciones, con el fin de enfrentar la competencia de las grandes instituciones bancarias. Como consecuencia, entre 1982 y 1993, la red bancaria presentó sólo un ligero crecimiento a nivel país, ya que de 4 292 sucursales se pasó a 4 887, cifra que para 1994 ascendió a 5 748 oficinas a nivel nacional, integradas a 44 instituciones bancarias, distribuidas de manera heterogénea en todo el territorio: de ellas, 17 registraban en el país más de cien sucursales, pero no sobrepasaban el millón; el resto contaba con menor cantidad (Solís, 1997).

 

b) El entorno peninsular

Según la influencia del contexto nacional, en la península de Baja California las instituciones bancarias también se han visto inmersas en una serie de crisis económicas y una política cambiaria inestable; además, influyó el carácter fronterizo que marca en diversos aspectos patrones de comportamiento diferenciado con respecto a las demás zonas del país.

Para contextualizar la aparición de las instituciones bancarias en la península de Baja California, es necesario ir a la par de su crecimiento económico que, en general, y principalmente en lo que hoy es el estado de Baja California, lo controlaron compañías colonizadoras que aparecieron a fines del siglo XIX. las cuales atrajeron a numerosos extranjeros y también a sus capitales e intervinieron de manera intensa en la actividad económica de la región (Padilla y Juárez, 1997); al declinar estas compañías, la economía se concentró en un pequeño número de personas, época que coincide con el porfiriato, cuando la actividad financiera tiene gran relevancia en el país, pues se favorece el crecimiento económico derivado de las inversiones extranjeras; sin embargo, no se observan instituciones bancarias en la zona en estudio.

En la península de Baja California, fue en la ciudad-puerto de Ensenada donde tuvieron lugar las primeras manifestaciones bancarias, cuando en la década con que inicia el siglo XX, la compañía de los señores Andonaegul y Ormart, comerciantes y comisionistas, se convirtieron en agentes del Banco Nacional de México y proporcionaron el servicio de la compra-venta de giros bancarios como agentes de la misma institución. Posteriormente, el 31 de mayo de 1911 se constituyó en ese puerto el Bank of Lower California S. A., como parte de la compañía colonizadora que inició con un capital estadounidense de 50 mil pesos.

Posteriormente, apareció en Mexicali la Compañía Bancaria Peninsular, cuya constitución se protocolizó en Tijuana el 4 de julio de 1916, con un capital de 100 mil pesos de Inversionistas locales. Tres meses más tarde, el 24 de octubre, se formó ahí mismo el Mercantile Banking Company 5. A. con capital extranjero, en donde, además, como resultado de la importante actividad agrícola que en el valle de Mexicali se realizaba, se fundaron la Compañía Bancaria Internacional, en 1919, y la Compañía Bancaria Oriental, en 1920.

Al surgir el período prohibicionista en Estados Unidos, los capitales de los productores de bebidas alcohólicas desplazados de su país se trasladaron, entre otras, a las ciudades fronterizas de Mexicali y Tijuana, lo cual contribuyó a consolidar la economía de la región: así, el 8 de mayo de 1925 se estableció, en la primera ciudad, la Compañía Bancaria del Pacífico, que abarcaba el territorio peninsular e inició con un capital de 100 mil pesos, y abrió su primera sucursal el 9 de mayo de 1926 en Tijuana, con una subgerencia en Ensenada.

En esta década Tijuana empieza a sobresalir debido al impulso del turismo, cuyo papel va a ser relevante en la economía peninsular, e inicia su liderazgo económico regional. A pesar de ello este banco quebró en 1937.

El inicial Mercantile Banking Company S. A. abre también un banco en Tijuana en 1936, que fue incrementando sus actividades financieras al sentirse los efectos económicos de la Implantación de la zona libre en esta ciudad y en la de Ensenada desde 1933, que después se amplió a Tecate y Mexicali en 1937 y, finalmente, abarcó todo el territorio peninsular.

Asimismo, apareció el Banco de Baja California S.A., cuya matriz abrió en Mexicali el 1 de febrero de 1939 y, el 1 y 5 de abril del mismo año, empezó a operar sucursales en Ensenada y Tijuana, respectivamente.

Más adelante, surgió La Financiera de Baja California S. A. el 23 de mayo de 1945, con un capital social de dos millones de pesos. Como complemento de este banco se fundó en Tijuana, en esa misma década, el Banco Hipotecario y de Ahorro de B. O, a fin de atraer capital estadounidense.

La Ley Seca en Estados Unidos en la década de los años veinte; la denominada zona libre peninsular en la de los treinta y la Segunda Guerra Mundial en la de los años cuarenta, incidieron de manera notoria en la fundación, desarrollo y consolidación de los bancos de la península de Baja California, que representan capitales tanto nacionales como extranjeros, los cuales, a partir de entonces, se fueron dolarizando y fortalecieron la economía de las dos entidades que la conforman.

De esta manera, algunas de las instituciones bancarias citadas, localizadas principalmente en la parte norte de la península de Baja California, si bien nacieron como instituciones locales, se fueron integrando al sistema bancário nacional, se extendieron a lo largo del espacio peninsular, y constituyeron el antecedente de las actuales Instituciones bancarias que tienen presencia en aquel territorio del país, (as cuales se transformaron: el Banco del Pacífico pasó a ser el Banco Nacional de México; el Banco Mercantil de Baja California en Banco de Comercio; el Banco de Baja California en Banco Internacional: Financiera de Baja California y Banco Hipotecario y de Ahorro en Unibanco; este proceso marcó el inicio de la banca en la región peninsular bajacaliforniana (Gil y Siqueiros, 1989).

 

Las principales instituciones bancarias en las localidades urbanas de la península de Baja California

Las instituciones bancarias de la península de Baja California se desarrollaron con adaptaciones y transformaciones, y dieron como resultado un proceso de concentración espacial, elemento relevante que resalta en la conformación territorial del mapa de distribución de las nueve instituciones bancarias en el entorno peninsular.

 

a)La concentración de las principales instituciones bancarias en localidades urbanas

Durante 1994, de las 44 instituciones que existían a nivel nacional en la península de Baja California, sólo 23 tenían presencia en este territorio, con un conjunto de 242 sucursales que representaban 4.2% de la totalidad del país; cabe destacar que existían instituciones tanto nacionales como multirregionales y regionales (Asociación de Banqueros, 1995).

De las 23 Instituciones bancarias presentes en la península de Baja California, sólo las siete primeras registraban considerables cantidades de oficinas, más de diez cada una, las que en conjunto sumaban un total de 181, equivalentes a 74,8% del total de la península (Cuadro 1). Éstas se concentraban, en su mayor parte, en los ocho centros urbanos que existían para 1994:3 Tijuana, Mexicali, Ensenada. La Paz, Tecate, Ciudad Constitución, Rosarito y Cabo San Lucas (ya que de ellas, 158 sucursales, equivalentes a un 65% del total peninsular, se ubicaban en localidades con esa categoría). Sobresalen Tijuana, Mexicali y Ensenada por registrar la presencia de las siete principales instituciones; el extremo opuesto lo constituía Rosarito, que sólo contaba con la presencia de oficinas de Serrín e Inverlat.

Las oficinas restantes de las otras instituciones bancarias se distribuían en localidades menores; de ahí la importancia que revisten, en este caso específico, en cuanto a su distribución territorial, los centros urbanos, ya que algunos poseen una situación estratégica, dada principalmente por su cercanía a Estados Unidos; tal es el caso de Tijuana y Mexicali, en donde las instituciones bancarias, además de ser consideradas desde que surgieron como "depósitos y transmisores de bienes de la sociedad, surgen también como concentradoras de bienes de poder" (Lezama, 1993).

De acuerdo con una tipología general sobre un conjunto de ciudades con mayor rentabilidad y remunerabilidad, según datos oficiales del Censo Comercial de 1994,4 Ensenada, La Paz y Tijuana cumplen la condición de superar la media en ambos indicadores, lo cual corrobora la importancia que tiene este tipo de asentamientos, no sólo en la península de Baja California, sino incluso a nivel nacional; de igual modo, explica la concentración de oficinas bancarias, lo que concuerda con la tendencia de reorganización de la acumulación y distribución de capital, a fin de elevar, entre otros aspectos, la rentabilidad (Gierhake,1993).

Estos asentamientos humanos se situaban, hasta esa misma fecha, cinco en el estado de Baja California y tres en el estado Baja California Sur. En cuestión poblacional, de acuerdo con los últimos datos censales de 1990, las ocho ciudades conjuntaban 1 558 256 habitantes, equivalentes a 78.8% del total de población peninsular; jerárquicamente Tijuana es la localidad más importante de la península de Baja California, seguida de Mexicali, Ensenada, La Paz. Tecate, Ciudad Constitución, Rosarito y Cabo San Lucas (Cuadro 2).

Se advierte una relación estrecha entre cantidad de población y número de sucursales, siendo mayor porcentualmente la población que las oficinas bancarias, situación que se debe en cierta medida a que el crecimiento poblacional ha sido mayor que el financiero, excepto en la localidad de Los Cabos, en donde el desarrollo turístico es reciente y la derrama de dinero por la importancia del turismo ha sido francamente notoria, de Baja California, a 53.1%; en Mexicali, al 28.9: en Ensenada a 12.7 y en Tecate a 5.3%, respectivamente; y en Baja California Sur, en La Paz, se alcanza 44.0%; en Los Cabos, 25.9: en Mulegé, 20.2: en Comundú, 8.6 y en Loreto, 1.2%, respectivamente, cifras que, si bien no incluyen el concepto agropecuario, dan cuenta de la Importancia de los municipios que cuentan con las ciudades más importantes en el entorno peninsular.

Del total de la población que conformaban los asentamientos urbanos de la península de Baja California en 1990, un 88% se localizaba en el estado de Baja California y sólo 12% en el de Baja California Sur, situación que pone de manifiesto la importancia de las localidades urbanas, especialmente del corredor poblacional de la porción norte de la península; que son, además, las que más cantidad de oficinas bancarias concentran.

Cabe destacar la importancia de la participación económica de los municipios en donde se localizan las localidades urbanas objeto de estudio, ya que el valor agregado que proporcionan al conjuntar los -ubros comercio, manufacturas, minería y servicios asciende, en Tijuana, en términos porcentuales con respecto al total estatal

No existe presencia de las siete principales instituciones bancarias consideradas para el período de análisis, en todas las localidades urbanas. Sobresale Banoro, por la cantidad de sucursales con que contaba en la región, 39, que equivalen a la cuarta parte del total (24.6% del total peninsular), aunque concentradas sólo en determinadas ciudades, como Tijuana y Mexicali; le siguen Bancomer y Banamex, cada una con 29 oficinas (18.3%, respectivamente); éstas son las instituciones que tienen mayor cobertura en el contexto peninsular, pues se hacen presentes en todas las localidades urbanas; a continuación se encuentra Serfin, con 24 sucursales (15.2%); Inverlat con 14 (8.9%); Atlántico con 12 (7.6 %) y Mexicano con sólo siete sucursales (7.0%; Figura 4).

De las localidades urbanas que cuentan con bancos en la península de Baja California, Tijuana concentra el 41.8% de oficinas bancarias del total peninsular (66 sucursales): Mexicali 33% (con 52); Ensenada 9.4% (con 15); La Paz 6.4% (10): Los Cabos el 3.4% (5) y Rosarito sólo el 1.3% (2).

 

b) Las relaciones espaciales entre las instituciones bancarias, la población y la actividad económica

Al analizar el establecimiento de las instituciones bancarias, se observa como política el factor centralizador, ya que la ubicación de las sucursales bancarias coincide con la de los centros urbanos de importancia regional y de mayor crecimiento económico. Asimismo, se considera tanto el monto de la población como las actividades a que se dedica su población económicamente activa (PEA). Por lo general, estas localidades, de mayor rango poblacional, cuentan con una orientación económica de importancia regional, en función de la cual concentran y distribuyen bienes y servicios y, por tanto, requieren de manejo de dinero; esta situación es más marcada en las localidades que se encuentran en la zona fronteriza de la península de Baja California, en donde se advierte una mayor proporción de oficinas bancarias (Figura 5).

En esta relación entre instituciones bancarias, población y actividades económicas, se consideró como elemento de diferenciación al rango de población, ya que éste constituye uno de los factores que se toman en cuenta para el establecimiento de sus oficinas (Figura 6); por ello, se observan diferencias notables entre localidades urbanas pequeñas y medias5 en los tres rubros citados (Cuadro 3 y Figuras 7 y 8). En un plano espacial, lo anterior permite marcar la diferenciación entre las ciudades en donde se ubican, que se advierte de la siguiente manera:

Localidades urbanas pequeñas (entre 15 000 y 99 999 habitantes). De acuerdo con el orden de su importancia poblacional, y todas con menos de 50 000 habitantes, las localidades de Tecate, Playas de Rosarito, Ciudad Constitución y Cabo San Lucas, registran menos de diez oficinas bancarias; no se observa la presencia del Banco Mexicano y la del Atlántico es mínima.

En cuanto a las actividades económicas a las que se dedica su población económicamente activa, este grupo de localidades muestra una mayor diversificación; aunque en la mayoría de casos la orientación económica es eminentemente terciaria, se observan variantes, que son los casos siguientes: Cabo San Lucas (68.7% de total de su PEA se dedica a actividades terciarias), localidad que debe su desarrollo reciente al turismo internacional, por lo que gran parte de su población se emplea en servicios. En Ciudad Constitución, cuyo 63.0% de la PEA se dedica a actividades terciarias, presenta similitud en las proporciones que registra la PEA en actividades secundarias y primarias; es localidad cabecera de un municipio en donde se encuentra un distrito de riego, que ha atraído la Instalación de Industrias procesadoras y empacadoras.

Por su parte, Playas de Rosarito (con 58.1% de su PEA total en actividades terciarias), se orienta hacia las actividades secundarias, situación explicable por tratarse de una localidad conurbada con Tijuana, en donde el número de maquiladoras de exportación es el mayor del país, por lo que algunas de ellas se han ido estableciendo en esta localidad. Caso aparte es la localidad de Tecate, única localidad urbana de la península de Baja California, en donde predomina el sector secundario (con 51.5% de la PEA).

Este tipo de actividades se derivan también del elevado número de maquiladoras de exportación, en gran parte por su carácter fronterizo con Estados Unidos de América, que ha atraído capitales extranjeros (Figura 8).

Si bien este grupo de localidades no constituye el más Importante en el contexto peninsular, cuenta con la presencia de oficinas de varias de las principales instituciones bancarias; aun cuando en conjunto y con respecto a las 158 que se encuentran en localidades urbanas, en ellas sólo se concentra aproximadamente un 10% representado por 15 oficinas.

Localidades urbanas grandes (entre 100 000 y 999 999 habitantes). La Paz, Ensenada, Mexicali y Tijuana, son las localidades urbanas más importantes de la península de Baja California. En ellas, es generalizado el predominio de actividades terciarias, con una cierta variante en Tijuana, donde el sector secundario tiende a predominar. La Paz (con 72.5% de la PEA ocupada en actividades terciarias) es la localidad más importante del corredor poblacional de la porción surde la península de Baja California, sede de la capital del estado de Baja California Sur, que registra una actividad turística de importancia.

Ensenada (con 64.6 % de PEA en el sector terciarlo) mantiene estrechas relaciones con Tijuana, donde incluso se ha desarrollado una planificación intercostera entre ambas localidades (COCOTEN, 1995); además, sirve de centro concentrador y distribuidor de la zona agrícola cercana ubicada en el mismo municipio; asimismo, en ella se han instalado algunas maquiladoras y, por otra parte, también registra turismo. Mexicali es sede de la capital del estado de Baja California, localidad fronteriza con Estados Unidos de América, centro comercial y de servicios, cuenta con industria maquiladora y agricultura de importancia en el valle de igual nombre. Y Tijuana (58,1% de su PEA trabaja en actividades terciarias), que es la localidad urbana más importante de la península, con relaciones incluso internacionales, ha desarrollado la base industrial de maquiladoras de exportación más grande del país; debido a esto y a su carácter fronterizo, absorbe el mayor número de migrantes a nivel nacional.

En este grupo de localidades urbanas se evidencia la importancia regional de sus funciones económicas, que explica la concentración en ellas del mayor número de oficinas bancarias, especialmente en Mexicali y Tijuana y. en menor proporción, en La Paz y Ensenada, ciudades que en conjunto reúnen a 80% de las oficinas de las principales instituciones bancarias de la península de Baja California, lo que da cuenta del dinamismo económico de estas localidades.

En la península de Baja California se advierten situaciones diferenciadas entre las localidades grandes y pequeñas, en las que, de acuerdo con determinadas actividades económicas, se ha logrado una capacidad financiera que propicia la concentración de oficinas bancarias en ciertas áreas, aspectos que, en conjunto, las convierten en espacios preferenciales.

Asimismo, para el establecimiento de sus sucursales, la banca comercial toma en cuenta tanto aspectos económicos como poblacionales de los lugares seleccionados para su ubicación, los que constituyen criterios preferenciales a diversas escalas, ya sea estatales, regionales o Internacionales; puesto que instala sucursales en los lugares que, de acuerdo con las políticas de cada institución, son sitios que cuentan con considerable cantidad de población, con actividades económicas productivas, en lugares que tienen potencial de desarrollo o bien tienen importancia histórica, cultural o turística, todo ello con el fin de obtener las mayores utilidades.

En consecuencia, la distribución territorial de las instituciones bancarias en la península de Baja California sigue el mismo patrón de comportamiento que el de la escala nacional; o sea, el de ubicar a sus sucursales de acuerdo con la espacialidad del desarrollo regional, de ahí que las ciudades como Tijuana, Mexicali, La Paz y Ensenada, concentren la mayor proporción de oficinas bancarias.

Del mismo modo, las instituciones bancarias en conjunto con el gobierno apoyan a la región en estudio en diversas actividades económicas, a través del fomento de actividades productivas, principalmente, mediante estímulos a las Industrias maquiladoras o paquetes para el sector agropecuario; esto, evidentemente, como resultado de que la estructura de la producción nacional ha variado: aumentó la participación de los servicios y de la industria manufacturera (que incluye a la maquiladora de gran importancia en la región en estudio) y la agricultura ha perdido importancia.

 

CONCLUSIONES

• Las instituciones bancarias en la península de Baja California son de reciente creación dentro de la estructura y organización de la red nacional.

• Existe una marcada tendencia a nivel espacial de un proceso de concentración, con una vinculación en las localidades de más rango poblacional, lo cual refuerza el papel de los asentamientos urbanos como centros direccionales de la economía.

• Esas localidades urbanas evidencian las funciones económicas de importancia regional, en donde se concentra el mayor número de oficinas bancarias, tal es el caso de Mexicali y Tijuana, y en menor proporción, en La Paz y Ensenada, que en conjunto reúnen al 80% de las oficinas de las principales instituciones bancarias, lo que da cuenta de su dinamismo económico; de hecho, este es el factor primordial que ha originado en ellas la apertura de sucursales.

• Asimismo, la concentración de oficinas bancarias en las localidades urbanas más importantes se relaciona con su centralidad, que es resultado tanto de su importancia como asentamientos humanos atractivos para la población, como del grado de interconexión e interrelaciones en el entorno peninsular y fuera de él.

• Lo anterior les convierte en espacios preferenciales por ser espacios sociales de acción con áreas de influencia.

• De igual modo, resalta el carácter fronterizo de algunas de esas localidades que marca patrones de comportamiento diferenciado con respecto a otras zonas del país.

• Un rápido esbozo lleva a Identificar dos ejes de concentración espacial de las principales instituciones bancarias, que coinciden con los dos corredores poblacionales existentes en la península de Baja California; además, se observa una marcada diferencia a escala estatal.

• En las localidades urbanas en donde se concentran las principales instituciones bancarias en mayor proporción, prevalece una terciarización, detectada a través de la estructura funcional.

• El protagonismo de quienes manejan el dinero debe tomarse cada vez más en cuenta, porque forman parte de localidades con importantes procesos, algunos de los cuales, como el de urbanización, se han afirmado, convirtiendo a las propias localidades en focos económicamente muy dinámicos.

 

AGRADECIMIENTOS

Se agradece la colaboración de la becaria pasante de la licenciatura en Geografía, Patricia Espitía Rodríguez en la elaboración de este trabajo.

 

NOTAS:

1 Los bancos nacionales eran Banamex, Bancomer, Serfin, Comermex, Internacional y Somex, que se distinguen en diferentes aspectos por tener sucursales en todo el país, por proporcionar financiamiento a los grandes proyectos de inversión, apoyar y fomentar las operaciones de comercio exterior y promover la introducción de innovaciones tecnológicas. Estos bancos han adquirido experiencia en operaciones en el extranjero y se encuentran en condiciones de competir a escala internacional. Los bancos multirregionales son: Atlántico, Banca Cremi, BCH, Banco Mercantil de México, Banca Confía, Bancrecer y Banpaís, que atienden fas regiones en las que se concentra gran parte de la población, la actividad económica nacional y los centros de consumo más Importantes. Los bancos regionales: son Mercantil del Norte, Banoro, Promex, Banco del Centro y Banco de Oriente; están orientados hacia tres objetivos básicos: apoyar la descentralización de la actividad económica, atender las necesidades de la región donde se encuentran y proporcionar servicios más personales y especializados (Solís, 1997).

2 Entre los servicios bancarios mencionados para una sola institución se incluyen casas de bolsa, afianzadoras, arrendadoras, almacenadoras, casas de bolsa y de cambio, por citar algunos de los más importantes.

3 Para efectos de este trabajo se utiliza como urbano el criterio de localidades que cuenten con más de 15 mil habitantes, resultado de una tipología que procesa diversas variables económicas (Unikel, 1980).

4 Tipología general basada en dos indicadores, uno referido a la rentabilidad y otro a la remunerabilidad, de acuerdo con datos oficiales del XIV Censo Comercial de 1994 aplicado a ciertas ciudades de México, mediante la cual se obtienen cuatro tipos posibles de clasificación: el primero, en donde se cumple la condición de superar la media establecida para ambos casos, es el que presenta las mejores características de todo el conjunto, en él se encuentran tres de las localidades urbanas de la península de Baja California; el segundo y el tercero, si sólo cumplen una de las dos condiciones se distribuirán en alguno de otros cuadrantes que reflejan condiciones intermedias: y el cuarto reflejará una solución adversa, porque ninguno de los dos parámetros habrá podido superar esa media (García de León, 1998).

5 Se consideran ciudades pequeñas a las que fluctúan entre 15 mil y 99 999 habitantes y medias entre 100 mil habitantes y 999 999 habitantes (Aguilar et al, 1996).

 

REFERENCIAS

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