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Literatura mexicana

versión On-line ISSN 2448-8216versión impresa ISSN 0188-2546

Lit. mex vol.36 no.1 Ciudad de México ene./jun. 2025  Epub 24-Jun-2025

https://doi.org/10.19130/iifl.litmex.2025.1/s00x1338 

Reseñas

Alejandro Lámbarry. Jorge Ibargüengoitia: un escritor en ruinas. Biografía literaria. Guanajuato: Universidad de Guanajuato, 2002

Alejandro Lámbarry. Jorge Ibargüengoitia: A Writer in Ruins. Literary Biography. Guanajuato: University of Guanajuato, 2002

José Eduardo Serrato Córdovaa  *
http://orcid.org/0000-0002-3332-0110

a Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filológicas, eduardi_serratoyahoo.com.mx

Lámbarry, Alejandro. Jorge Ibargüengoitia: un escritor en ruinas. Biografía literaria. Guanajuato: Universidad de Guanajuato, 2002.


Resumen

En mayo de 2006 Cristina Secci escribió en la revista Casa del Tiempo que hacía falta escribir una biografía de Jorge Ibargüengoitia porque hay “una ostensible escasez de notas estrictamente elaboradas por terceros” que nos cuenten “dónde nació, vivió, estudió, viajó o dónde fue sepultado” (34). Alejandro Lámbarry contribuyó a subsanar esta laguna documental con el volumen que nos entrega.

Palabras clave: Ibargüengoitia; novela; biografía; Poquianchis; Lámbarry

Abstract

In May 2006, Cristina Secci wrote in the magazine Casa del Tiempo that a biography of Jorge Ibargüengoitia was needed because there was "a clear shortage of strictly third-party articles" that tell us "where he was born, lived, studied, traveled, or where he was buried" (34). Alejandro Lámbarry helped fill this documentary gap with the volume he is delivering.

Keywords: Ibargüengoitia; novel; biography; Poquianchis; Lámbarry

En mayo de 2006 Cristina Secci2 escribió en la revista Casa del Tiempo que hacía falta escribir una biografía de Jorge Ibargüengoitia porque hay “una ostensible escasez de notas estrictamente elaboradas por terceros” que nos cuenten “dónde nació, vivió, estudió, viajó o dónde fue sepultado” (34). Alejandro Lámbarry contribuyó a subsanar esta laguna documental con el volumen que nos entrega.

Conocimos a Alejandro Lámbarry por su obra El viajero. Sergio Pitol (1960-1988); ahí estudia los documentos del novelista veracruzano albergados en el Archivo de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y también por su estudio sobre la primera versión de Las muertas, que Ibargüengoitia tituló El libro de la Poquianchis (1965).3 El aspecto más sobresaliente de esta biografía literaria es que Lámabarry da a conocer documentos desconocidos que consultó en el archivo del novelista en la Universidad de Princeton. Más que una biografía es el relato de cómo Jorge Ibargüengoitia sobrevivió, se adaptó y se consagró en el campo literario de los años sesenta y setenta.

Jorge Blas Ibargüengoitia Antillón nació el 22 de enero de 1928 en la casa del abuelo materno, en la ciudad de Guanajuato. El biógrafo nos recuerda que la genealogía de los Ibargüengoitia Antillón se remonta a los tiempos del virreinato. Tanto la rama paterna como la materna amasaron una apreciable fortuna dedicándose unos a la milicia, otros a la administración pública -el bisabuelo Florencio Antillón fue gobernador de Guanajuato de 1867 a 1876. Los Antillón supieron hacerse de la hacienda de beneficio de Rocha que Jorge, el heredero aprendiz de dramaturgo, tuvo la necesidad de vender en 1958 por la cantidad de 80 mil pesos. Pero la herencia más valiosa que el novelista pudo haber recibido fue la sólida educación bilingüe que le permitió dedicarse a la traducción cuando escaseaba el dinero. Queda el tema para futuras investigaciones documentar las obras traducidas por el novelista. En una indagación al vapor, encontramos que nuestro autor tradujo Hacia una sociedad razonable: los valores de la sociedad industrial, obra del reconocido economista estadunidense Clarence Edwin Ayres (1891-1972) que la firma Libreros Mexicanos Unidos publicó en 1964. En esta obra Ayres defiende la tesis de que en el capitalismo posterior a la segunda Guerra Mundial se libra, a nivel global, una lucha entre las sociedades tecnologizadas contra las que guardan una “estructura ceremonial”. No sería descabellado pensar que las ideas del economista influyeron en la manera en que Ibargüengoitia entendió el funcionamiento del sistema cultural mexicano; es decir, que en su calidad de autor inmerso en una insipiente industria editorial se debatía en un medio dominado por una mentalidad atrasada, primitiva y ritual que rechazaba la industrialización

Como se recordará, la primera incursión literaria del joven Ibargüengoitia se dio en el teatro. Uno de sus mentores fue Rodolfo Usigli y compartió el aula con Luisa Josefina Hernández y Rosario Castellanos. Lámbarry consigna que el maestro encomió la pieza Susana y los jóvenes (1953) y la recomendó para una inmediata puesta en escena. Fue en esta época que el autor de Las muertas demostró un innegable talento para obtener becas y ganar premios literarios. La primera beca de importancia que logró fue la del Centro Mexicano de Escritores en el rubro de teatro, después vendría la Rockefeller, en 1955, con la que le fue posible viajar a Nueva York, asistir a las puestas en escena de Broadway y tomar cursos de dramaturgia en la Universidad de Columbia con el famoso autor y crítico teatral Eric Bentley.

Lámbarry consultó la tesis de maestría titulada El oficio del autor dramático, que nuestro novelista defendió en octubre de 1956, durante la estancia realizada en Stanford, gracias a la beca de la Junior Artist Residence. El investigador cita algunas ideas que son significativas en tanto que explican la idea que el dramaturgo mexicano tenía del público nacional: “El público mexicano -escribe- es un ‘salvaje cohibido por los adelantos modernos’, ‘siendo un monstruo joven, prefiere las importaciones a lo nacional’, en general, gusta de lo frívolo, de lo vulgar, de lo modestamente perverso, en una palabra, de lo elaborado especialmente para su consumo” (38). Visto con la perspectiva de los años, pareciera que Ibargüengoitia tuvo la premonición de cuál sería el estilo que lo caracterizaría.

Pareciera que la estancia en los Estados Unidos culminaría con un retorno triunfal al suelo patrio, pero lo que vino fue la zozobra total. El drama Ante varias esfinges fue un fracaso absoluto. Es una obra experimental y vanguardista que Jorge definía como la experiencia “sobre lo espantoso que es [escribir y] no descubrir nada” (39). Usigli, quien lo había apoyado tiempo atrás, lo censuró severamente “Sus diálogos -le dice- son muy escuetos, esquemáticos, casi telegráficos; el tema desagradable; los personajes hablan todos igual, son indiferenciables” (39).

A finales de la década de los cincuenta e inicios de los sesenta, Ibargüengoitia sobrevivió trabajando como traductor, relator e intérprete en congresos y convenciones. La habilidad para ganar premios literarios lo puso a flote. En 1960, obtuvo el Premio Ciudad de México por la pieza La conspiración vendida. La suma ganada fue de 20 000 pesos, suficientes para vivir varios meses. En 1963 se le otorgó el Premio Casa de las Américas por la pieza teatral El atentado, que es la dramatización del asesinato del general Álvaro Obregón a manos de León Toral.

El destino le tenía deparado colaborar en la Revista de la Universidad de México con reseñas teatrales. El talento del novelista para ganar premios y becas es directamente proporcional a la facilidad de hacerse de enemigos. Desde la trinchera de la revista universitaria critica el mediocre ambiente teatral mexicano. Lámbarry anota que “lo [acusaron] de resentido, ignorante, arbitrario e impresionista [cortó cabezas tanto de los consagrados como de los jóvenes por igual. Llegó] al grado de cortarle la cabeza a su propio maestro, Usigli” (47).

A la crítica acerba del teatro de Usigli, hay que agregar la célebre reseña al Landrú de Alfonso Reyes publicada en 1964 en la misma revista de la Universidad.4 Indagando sobre la puesta en escena de esta pieza alfonsina nos enteramos de que corrió a cargo de Juan José Gurrola y el escenario fue la Casa del Lago. En el párrafo final de la reseña hay una reflexión sobre los feminicidios, que, quién lo dijera, sería el tema central de su mejor novela. Este es el final que de la reseña de marras:

Carlos Jordán, que interpreta a Landrú, al jefe de la policía, a don Alfonso Reyes y en general a todo el mundo, porque la obra demuestra que todos podemos ser cualquier cosa es astracanado,5 grotesco y excelente. Hay dos momentos que son sendas cumbres de nuestro raquítico teatro lírico: Jordán canta Ven, Himeneo a la vera de un cadáver y Jordán cantando “¡Las mataba por dinero! / ¡qué barbaridad!” (27).

La historia que contará diez años después, el relato de los crímenes de las hermanas González Valenzuela tiene la misma lógica, que descubrió en Landrú de Alfonso Reyes, “matar por dinero”. Se atisbaba un destino literario que estaba unido a la narración de feminicidios reales o imaginarios.

En abril de 1964, Ibargüengoitia fue galardonado con el premio Casa de las Américas por la novela Los relámpagos de agosto. El jurado estuvo integrado por Italo Calvino, Ángel Rama y Fernando Benítez. La novela la publicó la editorial Joaquín Mortiz al año siguiente. El hecho de ingresar al catálogo de la editorial de Enrique Díez Canedo fue sin duda un gran logro del novelista. Estaba a punto de convertirse en un escritor que viviera de su pluma, y a un paso de consagrarse como autor franquicia de la editora Carmen Balcells.

Lámbarry documentó el proceso escritural de Las muertas, que según los testimonios recabados por el mismo investigador es la novela que más ha llamado la atención de la crítica nacional e internacional. Recordemos que Paco Ignacio Taibo II la consideró como una obra fundacional del nuevo relato policial. El académico de la buap nos informa que Ibargüengoitia le dedicó 11 años de su vida a su escritura. Parte de este proceso creativo consta en una primera versión que el autor tituló El libro de las Poquianchis, y que, naturalmente, se conserva en el fondo de la Universidad de Princenton. La muerta significó la coronación internacional del guanajuatense. Fue el salto dialéctico al mercado global; en términos del economista Ayres, Jorge pasó de cotizar en una sociedad “ceremonial” a una “sociedad industrial”. Vinieron más novelas y más premios. Estas ruinas que ves (1974) obtuvo el Premio Novaro a mejor novela, con el que se embolsó otros 10 000 dólares.

El proyecto de la narración de los crímenes de las hermanas González Valenzuela que nuestro autor empezó en 1965 lo culminó en la estancia en la Universidad de Iowa. Fueron cuatro meses de escritura y socialización con otros escritores que tanto Jorge como su esposa Joy recordaron que lo disfrutaron al máximo. La novela vio la luz en 1977 y como parte del contrato editorial previamente firmado con Joaquín Díez Canedo apareció bajo el sello de Joaquín Mortiz. Esta obra que divide las aguas de la novela policial tradicional de las del neopolicial es una de las obras más estudiadas del repertorio, como lo demuestra la cantidad de ensayos críticos publicados en revistas especializadas en literatura latinoamericana. Una de las virtudes que los académicos subrayan es la capacidad de mezclar la trama criminal con la crónica periodista al estilo del New Jornalism norteamericano.

En 1979, Jorge escribió la contraparte de la novela de las Poquianchis; se trata de Dos crímenes, que también tuvo muy buena acogida por parte de la crítica. Después de la estancia en Iowa, el deseo de abandonar México se incrementó

tanto en Jorge como en Joy. Fue en 1979 que ambos decidieron marcharse a Europa y sentaron sus reales en París. Las traducciones de sus novelas ya estaban en el mercado de habla inglesa, francesa e italiana; la cuestión económica ya no era un problema. Su esposa se consolidaba como pintora y él como autor consagrado de la firma de Balcells. Incluso se llevó al cine la novela Maten al león cuyo estreno fue el 27 de enero de 1977. Por supuesto, la adaptación le pareció a Ibargüengoitia sencillamente repugnante.

En una tarjeta enviada a Enrique Krauze, Ibargüengoitia hizo patente su desprecio por la intelectualidad mexicana:

En 1960 yo iba a las reuniones de la Revista Mexicana de Literatura, a las cuales asistían Juan García Ponce, Pepe de la Colina, Gabriel Zaid y Tomás Segovia, entre otros. Pasaron veinte años, voy a otras juntas y a quiénes me encuentro: a los mismos, más viejos, más jodidos y, excepto Gabriel Zaid, más pendejos. Probablemente yo estoy igual, pero no me gusta que me lo recuerden. Aparte hay la cosa de que el medio mexicano es tan limitado, en todos aspectos, que una vez entró en la sala de juntas una mujer que ha estado en la cama con cinco de los que estábamos alrededor de la mesa -cuando menos- (124).

La repugnancia por el medio cultural nacional lo hizo autoexiliarse hasta que tuvo la mala fortuna de aceptar el viaje a Colombia vía Madrid; murió junto al crítico Ángel Rama, quien fue parte del jurado que le otorgó el premio Casa de las Américas por Los relámpagos de agosto. Se recuerda a Manuel Scorza, a Marta Traba, pero siempre se olvida mencionar a una víctima más de esta tragedia, la actriz Fanny Cano, quien sin duda llamó la atención del novelista al momento de abordar el avión de la muerte. De entre las cenizas de la aeronave se recuperaron solamente un zapato y un monedero que fueron repatriados por Joy Lavaille, en 1999, y depositados en el parque Florencio Antillón de la ciudad de Guanajuato. En la placa conmemorativa puede leerse la leyenda: “Aquí descansa Jorge Ibargüengoitia, en el parque de su bisabuelo que luchó contra los franceses” (134).

Bibliografía consultada

Lámbarry, Alejandro.Jorge Ibargüengoitia: un escritor en ruinas. Biografía literaria. Guanajuato: Universidad de Guanajuato, 2002. [ Links ]

Lámbarry, Alejandro.“Manuscritos, inéditos, cuadernos y correspondencia: la creación de Las muertas de Jorge Ibargüengoitia”. En Nueva Revista de Filología Hispánica, LXIX, 2021, núm, 2: 711-737. [ Links ]

Secci, Cristina. “Rompecabezas: vida y obra de Jorge Ibargüengoitia”, en Casa del Tiempo, núm. 38, mayo, 2006: 34-45. [ Links ]

2Lámbarry sigue muy de cerca los trazos biográficos que dejaron Víctor Díaz Arciniega en su célebre cronología incluida en la edición crítica de El atentado y Los relámpagos de agosto de la colección Archivos/unesco y la misma Cristina Secci en “Rompecabezas: vida y obra de Jorge Ibargüengoitia”, publicado en la revista Casa del Tiempo, núm. 38, mayo, 2006: 34-45.

3 “Manuscritos, inéditos, cuadernos y correspondencia: la creación de Las muertas de Jorge Ibargüengoitia”. Nueva Revista de Filología Hispánica, LXIX, 2021, núm, 2: 711-737.

4Véase “El Landrú degeneradón de Alfonso Reyes”, Revista de la Universidad de México, junio de 1964.

5Según el diccionario de la rae, astracanada “es una farsa teatral disparatada y chabacana”. En ocasiones, Ibargüengoitia sacaba a relucir el vocabulario dominguero.

Recibido: 26 de Junio de 2024; Aprobado: 30 de Junio de 2024

*

Doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad Nacional Autónoma de México. Investigador del Centro de Estudios Literarios del Instituto de Investigaciones Filológicas. Es profesor del Posgrado en Letras de la Facultad de Filosofía y Letras y autor de los libros: Los sueños de la razón. Ensayos de poética y profética; Crónicas cinematográficas de Luis Cardoza y Aragón (1935-1936); Las tramas de la parodia. El desfile del amor, de Sergio Pitol; La boca de polen. Una biografía de Luis Cardoza y Aragón. Actualmente realiza una investigación sobre la violencia y la literatura mexicana del siglo XXI. Fue secretario de redacción de la revista Literatura Mexicana de 2002 a 2015.

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