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Archivos de neurociencias (México, D.F.)

versión impresa ISSN 0187-4705

Arch. Neurocien. (Mex., D.F.) vol.10 no.1 México ene./mar. 2005

 

Tema selecto

40 años de vida a través de una revista: el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía y su publicación oficial

The national neurological institute and forty years of publishing magazine

Gabriela Castañeda–López

Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez. Laboratorio de Historia de la Medicina.

 

Correspondencia:
Gabriela Castañeda López.
Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez. Laboratorio de Historia de la Medicina.
Insurgentes Sur 3877. Col. La Fama.
14269. México, D.F.

Recibido: 27 octubre 2004
Aceptado: 12 noviembre 2004.

RESUMEN

Las publicaciones oficiales además de cumplir con el objetivo de difundir el conocimiento permiten seguir el desarrollo de la institución que la genera. En este trabajo se presentan resultados preliminares de una investigación más amplia sobre el desarrollo del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, a partir de la revisión de su publicación oficial: Revista del Instituto Nacional de Neurología (1966–1980); Archivos del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (1986–1996) y los Archivos de Neurociencias (1996– ).

El análisis detallado de los volúmenes permitió establecer que la enseñanza, la investigación y la asistencia, durante los 40 años de vida del Instituto fueron consolidándose a través de tres etapas bien definidas que coinciden con las tres épocas de la revista, y muestran el auge alcanzado por la investigación clínica durante las dos primeras décadas de vida institucional; a partir de 1983 se da impulso a la investigación básica, permitiendo el estudio de las enfermedades a través de otros enfoques; de 1996 hasta hoy día, nuevos padecimientos son el objetivo de estudio de los investigadores. Durante este tiempo se advierte también cómo los servicios de asistencia fueron cambiando de acuerdo a las necesidades de una población moderna que requería de atención a antiguos y nuevos padecimientos.

Palabras clave: Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, revista, neurología, 40 años de vida.

ABSTRACT

The official publications besides fulfilling the target to spread the knowledge, they also allow to follow the development of the institution that produce them. This work shows preliminary results of a more extensive research about the development of the National Institute of Neurology and Neurosurgery and has been based on a revision of its official publication: Magazine of the National Institute of Neurology (1966–1980); Archives of the National Institute of Neurology and Neurosurgery (1986–1996) and Archives of Neurosciences (1996– ). The detailed analysis of the volumes allowed to establish that along the forty years of life of the Institute the education, the research and the care had been consolidated trough three well defined phases, which coincided with the three different epochs from the official publication. This phases show the peak of the clinical research, which was reached during the first two decades from the Institute life. From 1983 on impulse occurs to the basic research, allowing the study of the diseases through other approaches. From 1996 until nowadays, new diseases are the target for the researchers. During this time it is also noticed how the medical care was changing according to the necessities of a modern population that required care for old and new diseases.

Key words: National Institute of Neurology and Neurosurgery, magazine, 40 years of life.

Dentro de la historiografía de la ciencia mexicana pocos trabajos han estudiado el desarrollo de una institución a través de su propio órgano de difusión científica. Algunos han profundizado sobre el desarrollo de las sociedades científicas que a finales del siglo XIX se crearon como parte de la política científica del gobierno de Porfirio Díaz1; no obstante que analizan sus respectivas publicaciones, de ninguna manera están basados exclusivamente en ellas; además de éste, existen dos más del doctor Francisco Fernández del Castillo que sólo refieren los trabajos que publicó el Instituto Médico Nacional de México2 y la Gaceta Médica de México, valiosas herramientas para el historiador, pero carecen del análisis detallado de su contenido.

Además de éstos podemos citar un artículo sobre la revista Neurología, neurocirugía y psiquiatría3, escrito por su editor, en el que hace un recuento de sus orígenes y trascendencia señalando esencialmente la labor editorial; por último, el trabajo del doctor Héctor Lara Tapia "Apuntes de la psiquiatría en el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía Manuel Velasco Suárez de México"4 publicado en los Archivos de Neurociencias, apunta al objetivo de este trabajo, al tomar como único soporte bibliográfico los artículos publicados en la revista. A través de la mirada de una historiadora y tomando como fuente de información el contenido de la revista, el trabajo que se presenta pretende determinar cómo fue el desarrollo del Instituto en 40 años de vida.

Antecedente

La fundación del Instituto Nacional Neurología y Neurocirugía (INNN), cuyo proyecto inicial se planteó desde la década de los cuarenta y concreta hasta los sesenta, se inserta en un proceso en el que convergen los siguientes aspectos: 1. la necesidad de contar con los medios físicos y humanos para atender a la población con problemas del sistema nervioso, 2. la especialización de la medicina mexicana y con ello la categoría de especialidad que adquiere el campo neurológico, 3. los avances de la neurología que se dieron desde finales del siglo XIX y principios del XX, particularmente en los Estados Unidos de Norteamérica, Alemania e Inglaterra.

En México, desde la década de los cuarenta se advierte la necesidad de que los enfermos con padecimientos del sistema nervioso fueran atendidos de una manera diferente, en una institución especializada, por médicos y personal capacitados. Esta idea se formalizó con el decreto expedido por el presidente, Miguel Alemán Valdés, de fecha 27 de febrero de 1952, que dispuso la creación del Instituto Nacional de Neurología en los predios del Centro Médico Nacional. Por distintos motivos dicha iniciativa no se lleva acabo y después de otros intentos y el paso de los años, el Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía abre sus puertas en febrero de 1964, iniciando así una labor encomiable a lo largo de cuatro décadas.

El preludio: La Revista del Instituto Nacional de Neurología (1966–1980)

Después de dos años de iniciar sus actividades, el INNN contaba ya con su propio órgano de difusión científica. En septiembre de 1966 aparece el primer número de la Revista del Instituto Nacional de Neurología, título con el que se publicó ininterrumpidamente por catorce años. Después de cinco años, aparece de nuevo en 1980 como Archivos del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, título que conserva hasta 1995; a partir de 1996 y hasta la fecha con el nombre de Archivos de Neurociencias.

Desde el inicio señalaba que estaría dedicada a la publicación de artículos originales relacionados con las ciencias neurológicas y psiquiátricas5, en la página editorial, el doctor Manuel Velasco Suárez, entonces Director de la institución, agregaba que "El motivo básico de esta revista no es el de ser otra sino favorecer nuestra producción científica"6, a ello abría que agregar que su objetivo primordial era la publicación de trabajos de investigación realizados dentro del Instituto, por sus investigadores, además de aquellos, producto también de investigaciones en colaboración con otros organismos. A éstos se sumaron las ponencias sustentadas por neurólogos extranjeros que visitaron el INNN, así como los que contenían algún avance importante para el desarrollo de las neurociencias.

Sus características formales en cuanto a diseño, estilo y presentación se conservaron por casi quince años. La cubierta verde con un cerebro al centro y rodeado por una leyenda en latín, perduro por dos años para cambiar a una con colores vivos en verde, blanco y rojo, con el logotipo del Instituto colocado hacia el lado izquierdo de la cubierta, y la tabla de contenido a la derecha, con el volumen, número, mes y año.

Los artículos estuvieron evaluados por un Consejo Editorial*, que dictaminaba cuáles se publicarían.

Las especificaciones para los autores disponían que los artículos debían entregarse en original y copia, escritos a máquina, a doble espacio, y de acuerdo al siguiente orden: título, autor, institución, texto, resúmenes en español, inglés y francés y la bibliografía, esquema que se continuo hasta el último número. No especificaba la extensión del texto, pero si cómo debían presentarse las gráficas, fotografías y las tablas.

Asimismo, se conservaron las mismas secciones: editorial, sesión clínicopatológica, en algunos números agregaron noticias, revisiones bibliográficas, personalidades, etcétera, como puede verse en la tabla 1, su periodicidad fue diversa, anual, trimestral y semestralmente, sin embargo, significó un gran mérito el hecho de que no se suspendiera.

Respecto a la temática abría que agregar que las páginas editoriales constituyeron un foro de expresión y reflexión pues a través de ellas podemos ver las inquietudes y preocupaciones que en el ámbito institucional fueron generándose y en el avance de la disciplina. Trataron temas relacionados con los aspectos de la enseñanza, la investigación, y la asistencia e hicieron planteamientos sobre la labor del Instituto como centro de enseñanza y sitio donde estaban formándose neurólogos, psiquiatras y neurocirujanos; también estuvieron las reflexiones en torno a la historia de las neurociencias, a la selección de la especialidad, a la orientación de la enseñanza, al desempeño del neurólogo frente al enfermo, a la medicina y al desarrollo de la clínica.

En particular evidenciaron dos temas que no han perdido vigencia: la creciente deshumanización de la medicina, que hoy día es tema de innumerables trabajos, pero que en ese momento se advertía y vislumbraba como señal de cambio en la práctica médica; y el problema que representaba la proliferación de publicaciones médicas, la necesidad de incluir artículos en otro idioma, además de la preferencia de los investigadores por publicar en revistas extranjeras y la poca producción de trabajos originales.

El recuento de los artículos contenidos en los catorce volúmenes muestra que se publicaron aproximadamente 450 trabajos, incluyendo las editoriales, los comentarios bibliográficos y biográficos, las noticias y las sesiones clínicopatológicas sobre epilepsia, Parkinson, psiquiatría, neurología, neurocirugía, cisticercosis, depresión, esquizofrenia, stress, neurofarmacología, genética, etc.; sólo los últimos números abordaron un tema principal, es decir, fueron monográficos dedicados a la epilepsia7, a la otoneurología8, al estrés, a las drogas y a la depresión.

La investigación clínica, cuyo objetivo primordial fue describir nuevos aspectos o conocer mejor, aquellos ya definidos, de las enfermedades que afectan al hombre, sienta sus bases durante estos años. La creación de instituciones, que incluyeran un hospital, y que además fueran centros de enseñanza e investigación propicio que éstos se convirtieran en una extensión de las aulas, es decir en una verdadera escuela de la clínica, del diagnóstico y del tratamiento9 Por tanto, la revista contiene numerosos trabajos que reflejan la labor diaria del clínico, poco a poco, los casos atendidos le fueron dando la experiencia y un cúmulo de información con la que pudo iniciar y desarrollar la investigación clínica. Muchos de los trabajos clínicos publicados en la revista se realizaron con base en la información de los expedientes de los pacientes atendidos desde que el Instituto abrió sus puertas.

Otro hecho que confirma la importancia que tuvo la clínica en este momento fue que desde el primer número aparece la conferencia clínico–patológica10, cuyo formato no difiere del que actualmente se presenta como sesiones clínico–patológicas: iniciaba mencionando la historia clínica con los antecedentes de un paciente, después seguían el padecimiento por el que había acudido al médico, la exploración física y neurológica, los exámenes de laboratorio y gabinete, la evolución y el tratamiento; después se hacía un comentario clínico y finalmente el diagnóstico. Si el caso lo ameritaba, realizaban estudios radiológicos y se hacía un comentario al respecto, a este tipo de estudios se sumaron otros que hicieron con nuevos y modernos equipos que el Instituto incorporó para realizar un mejor diagnóstico. Cuando el paciente fallecía se incluía el comentario y el diagnóstico anatomopatológicos, y al final presentaba una bibliografía.

De hecho, en esencia se seguía la misma mecánica desde finales del siglo XIX, pero esos reportes en los primeros números de la revista ofrecen la posibilidad de observar como fue la incorporación de nuevos y modernos equipos para determinar el diagnóstico y el tratamiento, en otras palabras, hacer "la historia de la medicina".

Los casos presentados de enfermedades nuevas o desconocidas y que por lo mismo no habían sido estudiadas en detalle, quedaron consignados y forman parte de la literatura médica; sobre aquellos padecimientos ampliamente conocidos y estudiados se hicieron revisiones bibliográficas a la luz de nuevos conocimientos. Las revisiones bibliográficas muestran el interés de los clínicos por entender y determinar los principios de la enfermedad para posteriormente ofrecer los diagnósticos y tratamientos adecuados.

Cabe señalar que también se publicaron trabajos con consideraciones acerca del desarrollo de la neurocirugía, desde sus inicios en la época antigua hasta su impulso con bases órgano–funcionales, cada vez más sólidas11,12, revisiones que abordaron temas de la historia de la neurología como el que analizó las etapas del pensamiento neurológico de J. M. Charcot, H. Jackson, C. Von Monakowy K. Goldstein13.

En esos primeros años la psiquiatría tuvo una presencia permanente en las páginas dé la revista; se presentaron escritos de la disciplina con un carácter histórico14, algunos tan sólo consistían en revisiones bibliográficas sobre algún tema en particular, otros trataron abiertamente la relación neurología–psiquiatría15,16. Posteriormente registraron los resultados de las investigaciones con los pacientes o sobre sus expedientes clínicos, así como los nuevos tratamientos para la esquizofrenia o la psicosis17, en los que hicieron revisiones críticas de nuevos intentos terapéuticos. También se sumaron los resultados de las investigaciones clínicas, principalmente aquellas donde analizaron los efectos de los fármacos administrados a los pacientes para ver sus efectos benignos o nocivos, por ejemplo, se analizó el P3693–A Doxepin, que entonces era un compuesto nuevo, y que ya había sido estudiado tres años antes en Europa, EU y en México, que se administraba a pacientes diagnosticados con neurosis de ansiedad o trastornos psicofisiológicos consecutivos a ansiedad18.

El Instituto se enfocó a estudiar enfermedades como la epilepsia y la cisticercosis desde el punto de vista teórico e histórico; también se hicieron revisiones bibliográficas y al igual que en la psiquiatría poco a poco fueron presentados los resultados de estudios farmacológicos con los medicamentos prescritos a los enfermos. La cisticercosis del sistema nervioso central presentaba en estos años un alto porcentaje de casos reportados19, constituía un problema grave en los servicios de Neurología en México, tanto por su frecuencia, como por su morbilidad y mortalidad. Los trabajos iniciales fueron referentes a los medicamentos para el tratamiento de cisticercosis20, y a los aspectos que establecían su frecuencia, el diagnostico y control21.

La epilepsia significaba también otro problema de salud, por tal motivo su abordaje fue múltiple, desde las cuestiones teóricas22, la rehabilitación de los epilépticos23, el estado de la cirugía usada en esta enfermedad24,25, además de otros aspectos que contribuyeron a un mejor entendimiento de la enfermedad y del enfermo epiléptico27,28, en el ámbito social y familiar. Seguir la revista permite observar que una gran aportación del INNN, no solo al conocimiento de la epilepsia, sino de otras enfermedades como el Parkinson o la corea de Huntington, fueron los estudios genéticos iniciados en la década de los setenta29.

En cuanto a la enseñanza, las editoriales y una serie de artículos30,32, muestran la preocupación del Instituto por crear un cuerpo de médicos que pudiera dar atención del sistema nervioso a una población en aumento. La falta de un grupo de especialistas era evidente y ante ello el doctor Manuel Velasco Suárez advertía: "Hay escasez de neurólogos, neurocirujanos y psiquiatras en tal forma que juzgo de mi obligación hacer una llamada de alerta, casi una exhortación de alarma pues nuestra explosión demográfica requiere que estemos preparados", también da el perfil del aspirante a neurólogo: en primer lugar debía ser un médico entrenado y con vocación33, con una sólida formación básica, desde los estudios secundarios y preparatorios, con una cultura general superior y con capacidades de investigar, de manejar y de conocer nuevas técnicas e instrumentos, en resumen, el candidato a neurólogo debía "escogerse dentro de los mejores hombres y entre los mejores médicos, los más distinguidos estudiantes y los que tengan mayor capacidad para enseñar"33. En suma el neurólogo debía estar preparado para cumplir con tres funciones: 1. el diagnóstico y cuidado del enfermo neurológico, consciente de estar sirviendo al individuo y a la comunidad, 2. la organización de servicios adecuados para su correcta asistencia y estudio progresivo y, por último, 3. la devoción a la enseñanza y a la investigación.

Para lograr este objetivo, se integró un programa académico de enseñanza y entrenamiento para neurólogos, neurocirujanos y psiquiatras, que pretendía alcanzar una formación integral básica que permitiera a los alumnos entender y manejar, pero sobre todo, servir a la comunidad, con la atención debida, el tratamiento y la curación posible de las enfermedades del sistema nervioso33.

Para finalizar el recuento de esta primera etapa es preciso mencionar que el trabajo de investigación básica realizado de manera modesta en los pocos laboratorios que se establecieron en el Instituto, constituye lo que podría considerarse como el antecedente del desarrollo de la investigación básica en el INNN, que como se verá a continuación logra su consolidación en la década de los ochenta.

Etapa de consolidación: Archivos del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía (1986–1995)

En 1986, y después de cinco años de no publicarse, aparece la continuación de la Revista del Instituto Nacional de Neurología, con el nombre de Archivos del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía. La reanudación de la publicación refleja el devenir de una nueva época definida por la consolidación de la investigación básica, ésta, dada a partir de dos hechos: la creación de la subdirección de investigación en 1983 y la incorporación del Instituto al Sistema Nacional de Salud, que organizó, reglamentó y promovió la investigación en todos los Institutos Nacionales de Salud.

La investigación básica en el INNN sienta sus bases al inicio de la década de los ochenta, sin embargo, cabe mencionar que anteriormente hubo una etapa que puede considerarse como el antecedente de la investigación biomédica y que tuvo como pioneros a los doctores Dionisio Nieto, Raúl Hernández Peón, Carlos Guzmán y Augusto Fernández Guardiola, quienes, entre otros, trabajaron en los laboratorios de epilepsia, estudios conductuales animales y de fisiología de la conciencia; también fue importante la construcción de una unidad dedicada exclusivamente a la investigación, denominada Unidad de Investigaciones Cerebrales, destinada casi en su totalidad a los estudios de neurofisiología y a la que el doctor Isaac Costero se uniría en la década de los setenta34.

La División de Investigación, que a dos meses de su creación en 1983 se transforma en Subdirección General inició una reestructuración de la investigación institucional, que contemplaba los seis laboratorios de la Unidad de Investigaciones Cerebrales dirigidos por un solo jefe. Esta reorganización implicó la necesidad de espacios destinados para tal fin, al respecto el doctor Julio Sotelo refiere que "en 1983 se contaba con amplios espacios físicos diseñados específicamente para áreas de investigación pero había súbita carencia de personal especializado, poca implementación de equipo y ninguna organización administrativa y técnica para sustentar programas de estudio y desarrollo de proyectos de alta calidad"34.

Se organizaron grupos de trabajo independientes, con un jefe a la cabeza, de neurocirugía experimental, epilepsia experimental, neuroinmunología, radioinmunoanálisis, neuromorfología, neurogenética, control motor, sistema cerebeloso y el de formación reticular. Progresivamente se crearon nuevos laboratorios y grupos de trabajo; sin embargo, su desarrollo y trascendencia para las neurociencias son tema de otro trabajo.

En la búsqueda de una nueva imagen la revista registrará transformaciones importantes en la tipografía y el diseño, sólo en los últimos números se advierte una uniformidad. La misma portada conservó en todos los números, ahora con un sencillo diseño en azul y blanco que presentaba en la parte superior el título de la revista, a continuación y al centro el logotipo del Instituto, debajo de éste la leyenda Secretaría de Salubridad y Asistencia, cerca del borde inferior los datos numéricos y cronológicos. Su periodicidad como lo muestra la tabla 2, fue diversa: primero anual, después semestral y a partir de 1991 trimestral.

La revista reflejo la consecución de los proyectos y reformas; constituyo el espacio donde se divulgó y evidenció con mayor énfasis la importancia que cobro la investigación. En la primera editorial, el doctor Francisco Rubio Donnadiu, entonces director del Instituto corroboraba lo anterior: "El avance de las Neurociencias en los últimos años ha sido espectacular y ha requerido de esfuerzos multidisciplinarios para poder abordarlas diferentes áreas que comprenden la investigación clínica y básica del sistema nervioso. El Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía no ha sido ajeno a este desarrollo y sus posibilidades tanto de recursos humanos, como de instalaciones en sus diferentes áreas asistenciales, investigación y docencia, han experimentado un cambio importante de acuerdo con las necesidades" y anunciaba que "la política institucional ha sido que, dentro del Programa Nacional de Salud, permitirla libertad de investigación, elemento indispensable para que la calidad de la misma y consecuente con la categoría de los investigadores, se optimice y sea vigilada por un Comité de Investigación, que oriente las diversas líneas que sean convenientes a los programas institucionales"35.

En efecto, la revista dedica casi la totalidad de sus páginas a la publicación de los resúmenes de las investigaciones realizadas por los investigadores del Instituto, política que tuvo como finalidad registrar anualmente las actividades institucionales y permitirá los médicos e investigadores la libertad de publicar sus experiencias y trabajos en revistas nacionales e internacionales. Esta iniciativa manifiesta el trabajo emprendido por la Subdirección General de Investigación desde 1983 que condujo a dar formalidad a la investigación, empresa que implicó la elaboración de los formatos para protocolizar las investigaciones, así como el formato para su seguimiento; la traducción e impresión de los reglamentos internacionales para la investigación en humanos y la implementación de un sistema de evaluación por pares para cada protocolo; la creación de un sistema de evaluadores con expertos internos y externos, y finalmente, la conformación de un Comité de Investigación encargado de evaluar la organización y selección de los trabajos que se presentarían en la reunión anual, además de discutir diversos asuntos relacionados con la investigación36.

A partir de 1989 la revista transforma sus objetivos, la estructura de los trabajos y el cuerpo editorial. En 1986 anunciaba que divulgaría los trabajos de los investigadores que ya hubieran sido publicados tanto a nivel nacional como internacional, así como un resumen de las actividades académicas organizadas dentro y fuera del Instituto37, en 1989 reitera su carácter oficial al especificar que se trataba de una publicación semestral que presentaba material científico producto de investigaciones realizadas en el área de las neurociencias clínicas y básicas por los investigadores del INNN y de otras instituciones nacionales e internacionales38, con ello también pretendía dar una amplia difusión de las actividades de investigación así como propiciar el intercambio constante con la comunidad científica.

En ese mismo año el Consejo Editorial se amplia y reforma con el objeto de obtener una mejor organización tanto en los aspectos científicos como en los administrativos**, además, se crea el departamento de Publicaciones con el fin de formalizar las actividades en materia de publicaciones. Anuncia que para el año siguiente incluiría una sección de trabajos originales, además de continuar con la presentación de los ya tradicionales resúmenes de investigación y los reimpresos de publicaciones nacionales y extranjeras39.

La formalización a la que hace referencia el párrafo anterior tiene que ver con la adopción de las normas internacionales propuestas en 1978 por el denominado Grupo de Vancouver para uniformar la presentación de trabajos para su publicación en revistas médicas. En consecuencia la revista publica dos artículos, el primero, titulado "Normas para la publicación e información para los autores de la revista Archivos del Instituto Nacional de Neurología y Neurociencias"40, que informaba que los artículos debían seguir las normas internacionales, y sólo para los resúmenes especificó que los trabajos hubieran sido ejecutados por cualquier profesionista residente o pasante del Instituto o en convenio con otra institución pero que la mayor parte hubiese sido realizada en el INNN, y que el texto incluyera un resumen, señalando los antecedentes, objetivos, materiales, métodos y resultados. Los protocolos de investigación serían evaluados por un comité integrado por especialistas en diversas disciplinas y para las reimpresiones de los trabajos ya publicados en otras revistas también establecieron criterios.

El segundo artículo, que precede a éste, fue "Requisitos uniformes para preparar los manuscritos que se proponen para su publicación en revistas médicas"41, que mencionaba los requisitos uniformes para preparar los manuscritos que serían publicados en las revistas médicas de acuerdo a lo estipulado por el Grupo de Vancouver. A partir de entonces la revista ha seguido las normas internacionales y se ha actualizado conforme éstas lo han hecho.

Otro hecho significativo fue su inclusión en los índices biomédicos y en bases de datos nacionales e internacionales, en 1992 aparece en la tabla de contenido la mención de que la revista se encontraba indizada por el Centro Latinoamericano y del Caribe en Ciencias de la Salud (BIREME), que estaba integrada a la base de datos LILACS y ésta a su vez al Index Medicus Latinoamericano. También estaba indizada en la base de datos PERIÓDICA del Centro de Información Científica y Humanística (CICH–UNAM). Además los artículos publicados en Archivos, permitieron que sus autores fueran evaluados positivamente por la Coordinación de los Institutos Nacionales de Salud, SSA. Al año siguiente el Consejo Editorial se amplió e introdujo un cuerpo de aproximadamente 30 médicos que conformaron un Comité Editorial, ambos grupos permanecen iguales, salvo algunos cambios, hasta 1995, cuando se publica el último número de Archivos.

La epilepsia llenó las páginas de la revista a través de diferentes temas; por ejemplo de fármacos antiepilépticos, cuyo estudio fisicoquímico se sigue en la actualidad; en la esfera social, su incidencia en la población infantil y adolescente. El volumen 6, Suplemento 1, de 1991, se dedicó a este mal y reporta los trabajos presentados en el Taller Status epilepticus que tuvo como objetivo actualizar, al especialista y médico en general, sobre los conceptos modernos de los mecanismos básicos del la epilepsia, su diagnóstico, clasificación y tratamiento, para que a través del Programa Prioritario de Epilepsia, se lograran mejores resultados en su manejo42.

La segunda época de la revista refleja el trabajo de laboratorio que poco a poco se sofistica y especializa. Muestra también el aumento en el número de médicos dedicados a la investigación en especialidades y subespecialidades. Los avances de las neurociencias y de otras disciplinas con las que están estrechamente relacionadas permitieron que las enfermedades se abordaran con nuevos enfoques, por ejemplo, el trastorno de la ansiedad se analizó desde el aspecto neurobiológico, psicoanalítico hasta el aprendizaje conductual43.

Los trabajos de investigación que la revista publicó a partir de estos años dan cuenta de cómo se enfrentaron antiguas enfermedades con nuevos padecimientos propios de una sociedad moderna, y refleja que las líneas de investigación, clínica y básica, se establecieron a partir de la búsqueda de soluciones a las enfermedades del sistema nervioso, pero desde un punto de vista integral, es decir, institucional.

Hasta aquí se ha mencionado cómo la investigación clínica y básica, a través de un proceso paulatino, fue consolidándose, producto de sus alcances; los estudios generales sobre las diversas enfermedades del sistema nervioso han dado paso al trabajo fino y detallado de las estructuras más íntimas del ser humano, que día con día presenta nuevos datos con los que en el futuro sería posible encontrar la solución a las enfermedades para las que aún no hay una cura.

En el INNN el esfuerzo se continúa de manera sistemática y permanente, desde todos los frentes. A partir de nuevos fenómenos que se han dado en la medicina como la frecuencia de las enfermedades crónico degenerativas se han llevado a cabo importantes iniciativas en apoyo al enfermo crónico, una de ellas fue la creación de los Grupos de Apoyo que involucra al enfermo, la familia y al Instituto. Este nuevo enfoque que engloba aspectos sociales, económicos y psicológicos, etc., de las enfermedades neurológicas estará presente en diversos trabajos publicados en la tercera época de la revista.

Nuevos retos: los Archivos de Neurociencias (1996– )

En 1996 la revista aparece con el nombre de Archivos de Neurociencias y señala que se trata de una publicación que presenta material científico producto de las investigaciones relacionadas con las neurociencias. Esta época sugiere una apertura al incluir trabajos de aquellas subespecialidades que en la actualidad conforman el amplio campo de la neurología.

La madurez editorial que alcanza la revista para estos años queda demostrada en la continuidad del diseño, la tipografía, la estructura y por la calidad de los trabajos. Su portada con un fondo amarillo ha sido la misma desde el primer número de esta época, así como la presentación de los trabajos, los cuales se elaboran siguiendo las especificaciones de las normas internacionales. La calidad de los artículos está avalada por el trabajo de un Comité Editorial compuesto por aproximadamente 30 reconocidos expertos en neurociencias, nacionales y extranjeros, encargando de evaluar lo que se publica. Las secciones que contiene son: editoriales, artículos originales, artículos de revisión, temas selectos, reportes de casos clínicos o patológicos, reportes de congresos o cursos, además éstas, se agregaron las de comentarios, noticias médicas, obituario, y de historia de la medicina.

En la actualidad la revista está indizada a las bases de datos nacionales e internacionales y a los índices biomédicos; su periodicidad, como puede verse en la tabla 3, es trimestral y publica un suplemento con los resúmenes de investigación.

Una revisión del contenido de los Archivos permite apreciar que la investigación se encuentra en plena etapa de consolidación, un gran número de artículos presentan resultados de diversas investigaciones llevadas a cabo en el Instituto, testimonio del trabajo laborioso y cada vez más sofisticado; asimismo los resúmenes de investigación muestran la creación de nuevos laboratorios y la consolidación de un equipo de investigadores. Actualmente el Instituto cuenta con 44 laboratorios de investigación donde se llevan a cabo nuevas líneas de investigación sobre las enfermedades neurológicas.

Dentro de las nuevas líneas de investigación destacan aquellas que tienen como fundamento principal consideraciones de orden social, económico y psicológico. A partir de 1994 la revista registra un incremento en el número de artículos y de resúmenes de investigación publicados sobre el tema44, en 1995 reporta que el Instituto estaba llevando a cabo 14 investigaciones que exploraron datos demográficos, dinámica familiar, características clínicas y asistenciales en tres grupos de enfermos: esquizofrénicos, trastornos afectivos y con trastornos mentales orgánicos. También menciona que los resultados preliminares se integrarían a un programa de investigación sobre asistencia y prevención, involucrando a la familia y a la comunidad, pionero a nivel nacional e internacional45.

Con el fin de ofrecer al enfermo una atención integral se implemento el trabajo multidisciplinario, cuyos resultados fueron publicados en la revista, así pues, con este nuevo enfoque se investigó la rehabilitación en enfermedad de Parkinson46 y se realizó un estudio prospectivo de niños epilépticos47.

Los resúmenes de investigación demuestran un interés particular por las enfermedades neurodegenerativas, tales como el Parkinson, la enfermedad de Huntington y los enfermos psiquiátricos crónicos48, dado que esta nueva condición de la enfermedad entrañaba otros aspectos para el enfermo como la incapacidad, el deterioro cognoscitivo que repercuten en la dinámica familiar y social, en el aspecto laboral y por ende en su situación económica.

Las enfermedades neurológicas degenerativas han generado situaciones que relacionan directamente al enfermo, su familia y la institución, para ayudar a enfrentar esta circunstancia el INNN creo los Grupos de Apoyo49, que se formaron por iniciativa de los familiares con el fin de reunirse y compartir experiencias similares y manejar situaciones de desesperanza ante un diagnóstico adverso.

Los Grupos de Apoyo tienen como meta principal mejorar la calidad de vida de los pacientes por medio de la educación para la salud, tanto en el ámbito médico como psicológico. Hoy día el INNN coordina 10 grupos para familiares y pacientes con enfermedad de Parkinson, ataxia, Alzheimer, distrofia muscular, epilepsia, esquizofrenia, esclerosis múltiple, trastorno bipolar, Huntington y esclerosis lateral amiótrofica. Un grupo multidisciplinario trabaja de manera coordinada en la programación de pláticas mensuales en las que se abordan diferentes puntos de interés para los pacientes y familiares. Ante las necesidades y situaciones difíciles que vive la persona encargada del cuidado del enfermo, es decir, el "cuidador primario" se desarrollaron estudios que evaluaron diversos factores emocionales, principalmente la depresión50. En este sentido se creo en el año de 2001 la clínica de tabaquismo en virtud de que el consumo de tabaco se convirtió en un problema de salud que afecta la calidad de vida del fumador y de sus familiares51.

Dentro de esta línea la genética adquiere un papel importante en tanto que sus avances han demostrado que algunas de las enfermedades neurológicas tienen un componente genético determinante y han permitido hacer un diagnostico predictivo de las enfermedades neurológicas de inicio tardío y prenatal, éstos logros también han originado problemas de orden psicosocial, entonces, poco estudiados. Esta consideración llevó a que el laboratorio de genética propusiera la participación de un trabajador social e iniciará investigaciones en las que se evaluaran los problemas sociales que conllevan las enfermedades hereditarias52, al psiquiatra en la evaluación de los candidatos que se les realiza el diagnostico predictivo para la enfermedad de Huntington53, y a la creación del consejo genético, que es un proceso educativo mediante el cual se asesora a las parejas e individuos acerca del riesgo potencial que puede tener su descendencia de estar afectada con problemas genéticos, qué curso y pronóstico tienen estos problemas y las alternativas y opciones por las que pueden optar54.

Continuando con uno de sus objetivos principales, el de dar atención al enfermo con problemas neurológicos, el INNN ha modificado sus políticas de investigación en tanto que han estado moduladas por los requerimientos de una población con necesidades específicas, así por ejemplo, en este trabajo se ha hecho mención de los diferentes abordajes con los que se ha estudiado la epilepsia, el Parkinson o la enfermedad de Huntington, como entonces, el Instituto emprendió una serie de estudios sobre los nuevos padecimientos propios de una sociedad moderna, como los relacionados con el sueño55,56, la ansiedad, la depresión, la angustia, la cefalea tensional y la migraña57, o el efecto de contaminantes ambientales como el ozono en el sistema nervioso central58,59.

La sección de historia de la medicina presentó trabajos del desarrollo de la psiquiatría y la psicología. Uno de ellos aborda los primeros años del manicomio de la Castañeda cuya importancia resalta por haber sido el lugar donde surgieron las bases y la enseñanza de la psiquiatría mexicana del siglo XX60, otros mencionan el desarrollo de la psiquiatría durante la colonia61 y la primera mitad del siglo XX62, de esta serie destaca uno sobre la psiquiatría en el INNN al señalar sus aportaciones a la neuropsiquiatría63, trabajo interesante porque para su elaboración tomo como soporte bibliográfico únicamente los artículos publicados en la revista del Instituto. En esa misma línea se analizaron algunos aspectos históricos del uso de la terapia electroconvulsiva en México y las aportaciones de Guillaume Benjamín Armand Duchenne de Boulogne al campo de la electroterapia64 del uso de la hidroterapia en la psiquiatría mexicana durante los siglos XIX y XX65. Como temas selectos siguieron publicándose trabajos de corte histórico.

Para finalizar habría que señalar que el trabajo y los avances logrados en otras áreas se continúan, aquí no son mencionados en tanto que su seguimiento podría ser el objeto de otros análisis que profundicen en el desarrollo de áreas como la neurocirugía, la otoneurología, la genética, etcétera.

A manera de conclusión mencionaré que la revisión de los números de la revista permitió seguir simultáneamente el desarrollo y los avances de una ciencia: la neurología; la consolidación de una institución joven y con ello el proceso de institucionalización de la neurología, y finalmente la evolución de su publicación oficial.

La información que proporciona la revista apunta a que el desarrollo de la neurología en el INNN se fue dando a través de tres etapas definidas: en la primera sienta sus bases la investigación clínica, después se impulsa y consolida la investigación básica, actualmente, las neurociencias enfrentan nuevos retos, en tanto que los avances de la ciencia han permitido llegar a lo más íntimo del ser humano y alargar su vida, también han generado otras situaciones, como el hecho de que aún no se tenga un alivio a las enfermedades neurológicas o las implicaciones que conlleva una enfermedad crónico degenerativa.

La revista fue transformándose de acuerdo a las pautas que impuso la conformación de reglas internacionales y a las necesidades propias de la institución, un ejemplo de ello fue la publicación de los resúmenes de investigación que permitió tener un seguimiento de las investigaciones realizadas en los distintos laboratorios. En la actualidad es una de las pocas revistas que se editan en México sobre el campo de las neurociencias; su calidad y continuidad permiten considerarla como una fuente importante para estudiar el desarrollo de las neurociencias y su institucionalización en México.

Agradecimientos

Se agradece la lectura y los comentarios de este trabajo a la doctora Teresa Corona y al doctor Julio Sotelo.

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NOTAS

*EI Consejo Editorial estuvo constituido por los siguientes miembros: Dr. Manuel Velasco Suárez como Director, dos editores, los doctores Guido Belsasso y Francisco Escobedo Ríos, quienes trabajaron junto con un equipo de colaboradores y asesores integrado por los doctores Juan Olvera, quien también fue Editor de la Conferencia Clínico–Patológica, Dionisio Nieto, Gregorio González Mariscal, Diego Monteverde, David Lozano Elizondo, Gastón Castellanos, Jesús Rodríguez Carvajal, Arturo Fernández Cerdeno y Sergio Toscano.

**El Consejo editorial estuvo formado por los siguientes miembros: Presidente honorario: Manuel Velasco Suárez; Presidente: Dr. Francisco Rubio Donadiu; Doctores: Julio Sotelo Morales, Antonio Torres Ruiz, Guillermo García Ramos, Enrique Otero Silíceo, Fernando Barinagarrementería A., Sergio Gómez–Llata Andrade; Secretario Técnico: Fernando Barinagarrementeria Aldatz; Secretario Administrativo; Antonio Torres Ruiz

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