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Investigación bibliotecológica

versión impresa ISSN 0187-358X

Investig. bibl vol.19 no.39 México jul./dic. 2005

 

Reseña

 

PETIT, MICHÈLE. Nuevos acercamientos a los jóvenes y la lectura.

 

por Francisco Xavier González y Ortiz

 

Fondo de Cultura Económica, México D.F. Tercera reimpresión, 2003. 199 p.

 

"La juventud simboliza este mundo nuevo
que no dominamos, cuyos contornos no
conocemos bien" p. 15

 

Michèle Petit se ha ganado esta tercera reeimpresión muy merecidamente. Sin embargo la enhorabuena final será para aquellos que gracias a este esfuerzo puedan terminar, en algún momento futuro (así lo esperamos) como lectores. Y no es que Petit se haya propuesto, como nos lo recuerda Daniel Goldin en la presentación, "promover la formación de lectores jóvenes"; de hecho el motor probable de esto es quizá algo más amplio y que no se logra sólo con la intención: sucede que su búsqueda es real y la involucra hasta el fondo de su ser, y que su afán permanente y auténtico es el otro, la otredad, a quienes no pierde de vista casi en ningún momento. Yo me atrevería a recordar, ya lo han hecho otros por cierto, que precisamente en la lectura, quien se hace presente inmediatamente, es el otro, la otra, la otredad y que con "eso" es con lo que necesitamos "enfrentarnos" en la lectura. Uso este verbo, porque no es fácil enfrentar eso otro, Michèle lo afirma en varios lugares porque parte de su discurso sostiene que el futuro lector(a) debe ir hacia la lectura, muchas veces ayudado, lo cual implica un importante esfuerzo o impulso hacia la apertura. Pero abrirse al otro, a lo que no es mismidad (la misma cultura, el mismo barrio, la misma manera de pensar, etcétera) no es asunto nada fácil. No es fácil alejarse de la cultura propia porque todo y todos nos jalan hacia dentro; y tampoco es fácil aceptar lo otro (el libro, la literatura) o la otra cultura, o el otro grupo u otra nacionalidad...; y tampoco es fácil que ese otro, esa otra cultura o grupo, lo acepten a uno como diferente.

Y por supuesto para quien nunca ha leído o lo ha hecho muy poco, el libro es un objeto otro que no se abre sin más, por eso Michèle nos habla de un necesario "encuentro emocional" que casi siempre pasa por otra persona que abra, o dé un pequeño empujón; que impulse a quien está "fuera" de la lectura, hacia el "interior" de ésta. La autora nos narra en varios lugares cómo sucede esto con base en su estudio (efectuado en barrios marginales de París y en medios rurales franceses) y en otros análisis, o apoyándose en algún escritor, filósofo, psicoanalista, maestro o cualquiera que pueda dar ese leve empujoncito (y cualquiera puede), ya sea por escrito o en persona, simplemente estando ahí y efectuando —mediante el "encuentro emocional"— ese impulso que hace falta para que el no lector abra el libro y se introduzca en él. Por supuesto, afirma de varios modos Michèle, sin palabras y más bien mostrándonos hechos, que lo indispensable es que el libro sea del gusto de aquella o aquel que se inician. Y no que se intente convertir a la lectura en una obligación o que se quiera imponer, porque de ese modo se corre el riesgo de alejar, quizá para siempre, al posible lector, como sucede con las consignas del tipo "debes tener gusto por la lectura". De ese modo, lo sostienen cada vez más estudiosos del tema, lo que generalmente se hace es echar a perder las cosas y lo que prevalece es el alejamiento y/o el rechazo; los caminos son otros. Michèle nos muestra unos cuantos. Por eso la lectura de su libro es indispensable para todos aquellos (mediadores, animadores, etcétera) que están buscando iniciar o acercar a alguien a la lectura. Naturalmente que también los bibliotecarios tendrían que leer este libro, porque ¡ay, ay,ay! no todos los bibliotecarios son lectores, es más fácil que sean técnicos a secas, cuando el requisito principal para estar en una biblioteca tendría que ser el hecho, comprobado, de ser lector, ¿cómo si no, ayudar o convencer a otros de que lean? No basta, en un país como el nuestro, el hecho de entregar eficaz y rápidamente lo que busca a aquél que ya está en la biblioteca y es lector... hay que ampliar esa riqueza, ese mundo de posibilidades; lo cual, por supuesto no es sólo tarea de los bibliotecarios sino de todo un sistema educativo y toda una sociedad.

Y lo que nuestra sociedad debe lograr es invitar–ayudar a niños y jóvenes (y en principio a todos los que no leen) a entrar en ese libre juego de nuestras facultades, de los recursos y las fuerzas del "cuerpo" como una totalidad (es decir, también alma y mente) que nos ofrecen la capacidad de ver interiormente. ¿Curioso que algo de "fuera" pueda despertar y alimentar fuerzas interiores? ¿No es éste el papel que juega la madre con su bebé en los primeros meses–años?

Pero aquí hablamos de alguien que ya tiene en sí la facultad de imaginar y percibir y todo lo demás, lo que la lectura ayuda a hacer es quizá a reinterpretar, a remover, a aumentar; de algún modo a entrelazar más el mundo de fuera con el interior, con nuestra experiencia. En un entrelazamiento que muchas veces nos hace olvidarnos a nosotros mismos y entrar en los demás (en la otredad). Por ahí señala también Michèle que se trata de una experiencia que implica "salirse de sí" e ir hacia el otro, y que eso asusta. Ir verdaderamente hacia ese "exterior" que es donde moran y se mueven los otros; sí, pareciera que ese entrelazamiento es temido, como si se tratara de una fuerza invasora que fuera a arrancarnos las riendas de las manos. Pero no, eso de fuera, es nuestro mundo así como nosotros somos parte de él y formamos una sola cosa ambos.

En Francia, nos informa Petit

la proporción de lectores asiduos entre los jóvenes ha disminuido en los últimos veinte años... (p.15)a

pese a existir ahora una mayor escolarización, y hay quienes afirman que "el tiempo del libro ha pasado" mientras otros se quejan de que "los jóvenes ya no leen"; y sin embargo desde los años sesenta "todo el mundo se lamenta de que esta difusión es insuficiente". Michèle, por su parte sostiene:

Estoy convencida de que la lectura, y en particular la lectura de libros, puede ayudar a los jóvenes a ser un poco más sujetos de su propia vida, y no solamente objetos de discursos represivos o paternalistas. Y que puede constituir una especie de atajo que lleva de una intimidad un tanto rebelde a la ciudadanía. (p. 18)

Debo agregar que Petit se apoya también en sólidos conocimientos psicoanalíticos que son notables en muchas de las cosas que afirma y que evidentemente le han servido para entender un buen número de los movimientos subjetivos (simbolización de la experiencia; producción de sentido; integración de las historias personales...) por los que pasa el gusto por la lectura y todo este proceso. El interés de Michèle por las lenguas orientales es una muestra más de su respeto por el otro (algo que necesitamos con desesperación en este mundo de diferencias, de alteridades; tenemos que salir de este encierro en lo uno, en sólo nosotros mismos; o, peor aún, en sólo yo mismo, e ir hacia la otredad, como lo quiere y predica el filósofo Manuel Levinas). ¿Qué más otredad que la orientalidad, eso tan generalmente desconocido, tan raro, tan alejado de nuestra vidas occidentales y/o cristianas, y/o judías... También los mahometanos estaban lejos ¿no es así? Pues son parte de nuestro mundo, somos todos parte; más vale irnos dando cuenta de ello y reconocerlos, acercarnos y aceptarlos...

Petit habla con una comprensión profunda de la lectura porque es una convencida del gran papel que ésta juega para la vida en general y para muchas cosas en particular, como producir sentido cuando éste puede estar faltando para la vida de alguien en particular; o porque por azar tal sentido pasa al lado de uno... y más vale estar mejor que peor dispuesto para ello; y leer ayuda en ese estar mejor dispuesto. Pero esto, sin embargo es algo que yo digo ahora de modo más bien descontextualizado, Petit crea o reconstruye contextos que conoce bien y, algo adicional: escribe bien, que es otro de los ingredientes que explican el éxito de sus "acercamientos a los jóvenes y la lectura" y su tercera reeimpresión.

Sí, leer puede ayudar a entender mejor los múltiples sentidos (y sinsentidos) que la vida nos va poniendo delante, y de éste modo podemos o, podríamos, aprovecharlos mejor, que es siempre parte de la propuesta que implica la lectura: estar en mejores condiciones para hacer algo, para entenderlo, para poderlo aprovechar, o incluso, para decidir una tercera o cuarta cosa, pues aquí caben siempre los imprevistos, porque así como "cada cabeza es un mundo", también cada lectura lo es.

Michèle nos cuenta con un estilo llano y fuerte, nos va mencionando caso tras caso, sin prisas y con "know how". A veces, nos dice, la lectura sirve (ya lo mencioné pero no me importa repetirlo) para ayudarnos con " la simbolización de la experiencia", que es algo que hacemos permanentemente al leer pero también al vivir; o "para recomponer pertenencias" para reacomodar cosas en lo interior, como cuando se resignifican experiencias o sucesos pasados (cosa que se hace mucho en un proceso psicoanalítico); o para darnos una mano con "la integración de la historia personal"; leer nos ayuda, como ella sostiene, a "construir el sentido de la vida"; es decir, nos ayuda a vivir mejor, sabiendo más, entendiendo, mejor y/o más profundamente... Esto que es tan simple, es lo que la autora nos repite una y otra vez, pero de muchas maneras distintas, y de manera convincente.

"No hay transmisión [de la lectura, del afán de leer] sin un encuentro emocional", dice por ahí, eso es algo que se tiene que dar, o que alguien tiene que promover o facilitar, sobre todo en aquellas situaciones en las que los libros o la lectura no han estado presentes en la familia del supuesto o supuesta futura lectora.

No tienen que creerme a mí, pero sí leer este librito de Michèle Petit, que sí muestra cómo la lectura le conviene al ser humano, porque nos abre, nos divierte, nos muestra otras maneras de ser que están a veces totalmente alejadas de uno, y otras a nuestro lado, pero que no vemos; o que están dentro de nosotros pero que no hemos percibido.

Antropología, más estudios en sociología, en psicoanálisis y en lenguas orientales, con razón se dice de Michèle Petit que

Sus investigaciones han tenido una importancia remarcable en los estudios sobre la lectura en el medio rural y el papel de la bibliotecas públicas en la lucha contra los procesos de exclusión (solapa del libro).

Las herramientas culturales que tiene Michèle en manos y cabeza la han capacitado para comprender a fondo muchas cosas.

No basta con querer enseñar que leer es bueno, o decir que los libros nos hacen libres o mejores, o que constituyen el andamiaje de la cultura o alguna de esas grandilocuencias, nos dice por ahí Petit, lo que hay que hacer es mostrar, si es que podemos, cómo se puede hacer eso. Y ella sí ha podido y por eso este libro me parece de conocimiento indispensable para todos aquellos que algo tienen que ver con la lectura y sus dilemas o problemas, porque vierte sobre ellos una enorme cantidad de luz.

Siendo Michèle una intelectual crítica de la realidad, de cualquier realidad, ha podido estudiar y pensar sobre la realidad de los "extranjeros" que llegan a Francia, que en realidad siguen llegando a todos lados, y de todos lados, en este mundo nuestro de hoy, de las migraciones, tan generales y extendidas, tan reveladoras de que muchas cosas andan mal entre nosotros, en este mundo, tan complicado e injusto.

Problema producido en gran parte, creo yo, tengo que tomar partido, por este capitalismo tan feroz, por este neoliberalismo tan deshumanizado, por esta obcecación que sólo obedece a la ganancia y al dinero (transnacionales voraces, mismidad, indiferencia hacia el otro...), cosas de las que no pareciéramos darnos cuenta puesto que siguen arrastrándonos hacia el desastre, como si no tuviéramos la conciencia suficiente, como si nuestros periódicos, libros, lecturas, intelectuales... como si nuestro mundo no nos hubiera ilustrado lo suficiente. Perdón por esta irrupción, pero es necesario expresar nuestros puntos de vista, nuestras creencias; y bien helas aquí, son profundas aunque apenas están esbozadas.

Yo le agradezco a esta antropóloga francesa su claridad y su capacidad de comunicar con generosidad y sin vanidad alguna, y al mismo tiempo su modo de decir sin reduccionismos, sino más bien complejizando las cosas, mostrándolas en dimensiones más creíbles, más concretas.

Para terminar quiero hacer algunas citas del libro de Michèle Petit para dar una idea de la riqueza de ideas y contextos que maneja, y para tentar al lector:

_...el libro es más importante que el audiovisual, en tanto que es una puerta abierta a la ensoñación, en que permite elaborar un mundo propio, dar forma a la experiencia. (p. 18)

_...creo que no nos hemos liberado del miedo a los libros, el miedo a la soledad del lector frente al texto, el temor de compartir el poder simbólico. (p. 19)

_...la lectura es tanto un medio para elaborar su subjetividad [la del lector joven en particular] como un medio para acceder al conocimiento. (p. 19)

_En Una historia de la lectura (París, Actes Sud, 1998), Alberto Manguel recuerda que el látigo, a la par del libro, fue durante siglos el emblema de quienes enseñaban a leer." (p. 24).

Y podemos recordar entre nosotros el conocido dicho "la letra con sangre entra".

__...en todas las épocas se temió el acceso directo a los libros y la soledad del lector ante el texto. (p. 25)

__No obstante, nunca se puede estar seguro de dominar a los lectores; incluso cuando los poderes de todo tipo se aplican a controlar el acceso a los textos. (p.25)

__...no debe establecerse una oposición entre la llamada lectura instructiva y la que induce a la ensoñación. Tanto la una como la otra, la una junto a la otra, pueden suscitar el pensamiento, el cual pide esparcimiento, rodeos, pasos fuera del camino. (p. 27)

__La lectura para mí no es una diversión, es algo que me construye. Daoud, un senegalés de 22 años.

__Esos muchachos... Nos recuerdan que siempre es por medio de la intersubjetividad como se constituyen los seres humanos. Y que el lector no es una página en blanco donde se imprime el texto: introduce su fantasía entre líneas, la entrelaza con la del autor. Las palabras del autor hacen surgir sus propias palabras, su propio texto. (p. 31)

Eso fue hasta la página 31, pero el libro sigue así hasta el final.