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Sociológica (México)

versión On-line ISSN 2007-8358versión impresa ISSN 0187-0173

Sociológica (Méx.) vol.40 no.112 Ciudad de México jul./dic. 2025  Epub 05-Sep-2025

 

Reseñas

La razón de ser de las ciencias sociales el día de hoy

Mario Alfredo Hernández Sánchez** 
http://orcid.org/0000-0001-5722-699X

**Profesor invitado del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco. Correo electrónico: <mahs@azc.uam.mx>.

Leyva, Gustavo. 2024. Las ciencias sociales revisitadas. Ciudad de México: Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Iztapalapa, Gedisa,


Este libro, coordinado por Gustavo Leyva y en el que participan una treintena de autoras y autores, es un compendio de diversas perspectivas críticas y metodológicas que hoy se han incorporado a los distintos campos de las ciencias sociales. Lo complejo de los objetos de investigación y la utilización de textos canónicos para abordarlos han hecho que dichas ciencias incluyan perspectivas y aparatos conceptuales que requieren ser revisados y discutidos por quienes las practicamos. En este sentido, pone al alcance de las y los investigadores elementos teóricos que les permitirán observar reflexivamente el trabajo que desempeñan cotidianamente, la interacción entre pares y con las y los estudiantes, así como innovar para responder a la actual complejidad de los fenómenos sociales y los entramados discursivos que permiten enunciarlos y comprenderlos.

Las ciencias sociales revisitadas es una obra que está articulada por cuatro núcleos temáticos. El primero se refiere al estatus contemporáneo de las ciencias sociales y plantea el tema de cómo es que han surgido nuevas metodologías a partir de la necesidad de comprender de forma compleja los objetos tradicionales de aquéllas y, proporcionalmente, la manera en la que se han redefinido los contornos de las propias ciencias sociales a partir de abordajes teóricos emergentes. En segundo lugar, existe un núcleo acerca de la historicidad de dichas ciencias, que reivindica la centralidad de la reflexión sobre el tiempo y las formas de aprehenderlo, narrarlo, objetivarlo y darle diversos usos -políticos, por ejemplo-, en el entendido de que muchos desarrollos en las ciencias sociales abrevan de la materia prima que les suministra la historia, sin precisar sus diversos sentidos y formas de trabajo. En el tercero se encuentra el conjunto de textos que se ocupan de los nuevos paradigmas para las ciencias sociales, inicialmente surgidos desde sus márgenes, pero cuyas herramientas han tomado carta de naturalización en éstas. Finalmente, el núcleo temático que se refiere a la complejidad social y los movimientos sociales agrupa colaboraciones que señalan formas creativas en las que el lenguaje de los derechos humanos ha sido, y podría ser, utilizado por las ciencias sociales, pero siempre desde su comprensión como un vocabulario en constante enriquecimiento a partir de las luchas por la justicia y la inclusión. Cabe señalar que muchos de los textos que integran esta obra colectiva dialogan entre sí de manera no intencional, se complementan y contrastan en algunos de sus hallazgos, pero en este sentido cada uno es valioso por sí mismo, aunque también como parte de un todo rigurosamente articulado que ofrece un panorama completo y complejo sobre la razón de ser de las ciencias sociales al día de hoy.

Dado que destacar las virtudes de todos ellos excedería este espacio, se retoman sólo algunos que se vinculan con el trabajo académico que se realiza desde el Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Azcapotzalco.

En primer lugar, “Psicoanálisis y ciencias sociales. Fronteras, barreras y cooperación”, de Mauro Basaure y centrado en la obra de Sigmund Freud, señala los límites y potencialidades de ciertas unidades de explicación individual para analizar dinámicas sociales, así como los determinismos biológicos y de otro tipo en la comprensión de lo político. Toma como punto de partida algunas precauciones metodológicas para considerar esta relación, a saber, que tanto el psicoanálisis como las ciencias sociales no constituyen saberes unificados; que textos fundamentales del primero podrían haber tenido una influencia definitiva, aunque no estructural, en la construcción de las segundas durante el siglo pasado; dicha influencia ha sido bidireccional, es decir, que tanto las ciencias sociales han filtrado sus hallazgos en el psicoanálisis y viceversa; y también que los vínculos entre ambos varían geográficamente. Así, se toma como paradigma la incorporación de los hallazgos del psicoanálisis en la teoría crítica dado su interés por explicar la estela del totalitarismo en la configuración simbólica del poder, el derecho y las instituciones estatales como entes que se resisten a ser democratizados.

La contribución de Elías J. Paltí, “Historia conceptual”, sintetiza la trayectoria y los elementos constitutivos de la metodología que permite entender la transformación temporal de los conceptos y, de manera recíproca, la dimensión conceptual de los procesos sociales y políticos. Para ello analiza los que considera sus hitos definitorios: Hegel y su caracterización del concepto como unidad con alcances universales, pero no desprovista de significado histórico; Dilthey y su visión del estudio de los conceptos como un campo de batalla en el que colisionan fuerzas en pugna por su definición; y de manera destacada, Koselleck y su intento por definir las líneas generales de un programa filosófico desde la doble caracterización de los conceptos por su uso y por su impacto en la definición de las identidades, sentido y visiones del mundo que caracterizan la pluralidad social y política. Así, Paltí señala que la historia conceptual no es un compendio lexicográfico o enciclopédico sobre los usos del lenguaje, sino que se trata de la puesta en escena de los procesos políticos y sociales que permiten explicar las transformaciones de sentido y comprensión con los que la historia y otras disciplinas construyen sus definiciones. Al final del texto se afirma, junto con Pierre Rosanvallon, que la historia conceptual constituye quizá la única oportunidad para revelar las antinomias definitorias de la política que nos acercan a las instituciones democráticas y nos distancian del agonismo irreflexivo.

El texto “Annales: una pequeña revolución intelectual. Balance de un siglo (1929-2022)”, de Carlos Ríos Gordillo, reconstruye un siglo de trayectoria de la revista francesa que modificó el estatus, la metodología y los vínculos con otros saberes de la historia económica y social, lo que definitivamente transformó el sentido de la objetividad del relato histórico, ya que ésta no radica en el establecimiento de hipótesis verificables sobre el encadenamiento causal de eventos del pasado sino, más bien, en la confirmación del interés presente por el propio pasado y en la localización interdisciplinaria de hechos que podrían haber ocurrido de cierta manera y que siempre estarán sujetos a revisión y confirmación. En este sentido, como señala el autor, han coincidido las y los estudiosos más importantes del siglo pasado y lo que va de éste, cuyo trabajo ha nutrido las investigaciones en ciencias sociales y humanidades que se han vuelto canónicas. Por ello, esta forma de concebir a la historia se ha incorporado de manera indirecta en otras disciplinas.

Muy relacionado con el capítulo anterior se encuentra “La historia desde abajo. Orígenes y métodos”, de Alejandro Estrella González, cuya relevancia radica en su tematización de los usos específicamente políticos de la historia, a partir de una propuesta que busca superar los sesgos demofóbicos o romantizadores de la nación presentes en ciertas escuelas historiográficas; plantea también la riqueza de los aportes y el significado de la denominada historia desde abajo, que permitiría pensar a la categoría de pueblo -y otras relacionadas- como protagonista de los procesos históricos generalmente relatados desde las estructuras hegemónicas de poder, más allá de la teoría marxista y con el propósito explícito de complejizar las lecturas sobre las revoluciones, reformas y otras modalidades de renovación del antiguo régimen. El autor identifica tres compromisos teóricos en la historia desde abajo: uno ético-epistemológico, que erosiona las visiones deterministas y teleológicas de la historia; otro conceptual, que constituye una crítica hacia la naturalización de la desigualdad en algunos trabajos historiográficos, y uno más, de tipo metodológico, que considera a los procesos políticos como procesos en permanente reconfiguración simbólica y material. Al final menciona algunas de las cuestiones susceptibles de volverse problemáticas para el futuro de esta disciplina: cómo podrían tematizarse las ideas y las creencias de personas situadas en la periferia del relato histórico, no sólo como reacción frente a la historia de élite; cómo recuperar las experiencias de los archivos y sujetos subalternos (según la expresión de Gayatri Spivak) y cuál es el papel de la o el historiador profesional como mediador, y por qué es importante tener presente el carácter dinámico de la cultura popular y, en consecuencia, desarrollar estrategias para su aprehensión narrativa.

En “Sentidos y emociones en el análisis de la sociedad. Experiencias, prácticas y redes”, Olga Sabido Ramos propone una reconstrucción del llamado giro sensorial que, a grandes rasgos, afirma que junto con el lenguaje y en relación con la reciprocidad deben situarse los sentidos y las experiencias que éstos generan para configurar horizontes de sentido y comprensión irreductibles. En este giro, de acuerdo con la autora, se podrían hacer converger los hallazgos de la sociología de las emociones y de la sociología del cuerpo que tantas dificultades metodológicas han planteado para interactuar. Consustancial a este desarrollo sería la localización, junto con las etnografías sensoriales que definen ambas sociologías, de etnografías multisituadas en las que los fenómenos se registren en distintos momentos y lugares a partir de un seguimiento de la trayectoria social de los objetos de investigación y su interacción con diversos públicos y contrapúblicos. Cabe señalar que este punto de vista sobre las ciencias sociales podría ser muy atractivo para las y los investigadores jóvenes porque permite entablar un diálogo entre las y los clásicos de la disciplina y sus experiencias cotidianas, situadas, desplegadas lingüísticamente y configuradas a partir de diferentes formas de sentir y habitar el tiempo y el espacio.

“El cuerpo vestido. Teoría crítica de la moda”, de Ángel Álvarez Solís, da carta de legitimidad sociológica a un objeto de estudio considerado lateral o banal desde cierto esencialismo estético, a saber, el hecho de vestir el cuerpo en sentido literal y metafórico. Señala que históricamente los estudios sobre este tema se han construido en un campo semántico donde convergen las ideologías sobre el privilegio y la subordinación, el análisis de dinámicas que distinguen sectores sociales que pueden permitirse experimentar o no con su apariencia, la problematización de la visibilidad de las identidades hegemónicas y periféricas, así como los espacios de aparición que éstas constituyen. Así, el propósito sería explorar y situar, junto con otros problemas canónicos de la teoría social, las implicaciones de la moda y la cultura asociada que son, a su vez, expresión de la subjetividad en sentidos tradicionales y disidentes y, por otro lado, mecanismos de homologación social que apuntalan simbólicamente la dominación capitalista. De manera destacada, el autor apunta que la constitución de una teoría crítica de la moda habría sido imposible sin los aportes del feminismo y los estudios sobre la racialización, que muestran la importancia de desmontar, subvertir y apropiarse de las inercias discriminatorias y opresivas que, entre otras consecuencias, restringen las posibilidades de experimentación con la apariencia para ciertas personas y colectivos.

María Pía Lara, en “Una mirada histórico-conceptual al imaginario social del feminismo”, coloca en tensión creativa dos conceptos: el feminismo como revolución teórica y política que ha cuestionado el origen de la política en la separación del espacio privado y público destinados a ser habitados, respectivamente, por las mujeres y los hombres en relación con una pretendida necesidad natural; el imaginario social como un conjunto de valores, creencias y normatividades formales e informales que determinan un orden institucional y espacios de aparición diferenciados de acuerdo con las identidades y las adscripciones grupales convencionalmente determinadas. El texto propone vías para construir un imaginario social feminista a partir del uso renovado de ciertos conceptos en movimiento que dan cuenta de la evolución de las luchas por la inclusión, el reconocimiento y la paridad de las mujeres. Desde la perspectiva de la autora, la pluralización y la desacralización del relato histórico oficial que hace posible la historia conceptual podría ayudarnos a comprender que los imaginarios sociales feministas también son plurales porque aluden a un proyecto político colectivo y articulado desde experiencias específicas del daño para distintas mujeres.

En “Estudios críticos de la raza y luchas antirracistas”, Rocío Gil Martínez, se propone evidenciar al antirracismo simultáneamente como movimiento social y abordaje teórico. El texto tiene muchas riquezas, pero quizá la que resulta más atractiva para sus potenciales personas lectoras es la crítica que hace hacia lo que se ha denominado posracialidad y racismo sin razas, es decir, la idea de que la lucha contra esta forma de exclusión ha terminado con la desacreditación de la raza como categoría científica con un correlato biológico. Más bien, el nuevo racismo como fenómeno transnacional no alude tanto a la biología o al fenotipo como a la diferencia cultural, sino a la criminalización de la migración y a una suerte de reivindicación del choque de las civilizaciones como justificación para establecer compartimentos y espacios de excepcionalidad, incluso en los países democráticos. Todo ello para señalar que corresponde a las ciencias sociales pensar al antirracismo no sólo como una lucha por la identidad sino en contra de la fundamentación ontológica de la diferencia racializada.

En “Fanon, Piel negra, máscaras blancas y la descolonización de las ciencias sociales”, Ramón Grosfoguel se propone recuperar los argumentos de la obra de Frantz Fanon, que resulta fundamental para los debates sobre la descolonización y que para él ha sido injustamente minimizada. La razón es que ésta coloca la posición del excluido -el condenado- como piedra de toque para la construcción de las ciencias sociales, en contraste con la del sujeto descontextualizado y definido por supuestas relaciones igualitarias. Además, el libro de Fanon hace coincidir distintos enfoques: el psicológico, el político y el social y, por ello, constituye un modelo de articulación de la descolonización para las ciencias sociales futuras. Cabe señalar que este texto da continuidad a algunas de las reflexiones de “Estudios críticos de la raza y luchas antirracistas”, en tanto se interesa por la fundamentación ontológica de la diferencia racial y los procesos de discriminación, con lo cual la cultura, el derecho, la política y la subjetivación quedan determinados por sesgos racistas. Como conclusión, y siguiendo a Frantz Fanon, el autor señala que las ciencias sociales deben ser conscientes de las consecuencias perversas de la neutralidad respecto de los saberes y las prácticas racistas.

Es importante destacar la colaboración de Jesús Rodríguez Zepeda, “La discriminación y el enfoque de derechos”, donde toma como punto de partida la concepción ahora generalizada de la discriminación como forma estructural de la desigualdad, por oposición a enfoques que la consideran un asunto de interés para grupos minoritarios, un tema del ámbito de la filantropía o como una cuestión del dominio de las teorías no ideales de la justicia. El autor señala que una concepción así se ha nutrido de tres fuentes principales: la identificación interdisciplinaria de los daños objetivos e intergeneracionales experimentados por los grupos históricamente discriminados; la utilización de un lenguaje garantista para vincular estos daños con la cancelación del acceso a los derechos socialmente relevantes, y el posicionamiento crítico respecto de los usos de las categorías de interseccionalidad y opresión que relativizan las consecuencias de la discriminación. Así, cualquier abordaje de la desigualdad desde las ciencias sociales debería trascender las visiones meramente economicistas o identitarias para comprender la ruta que ha conducido al enfoque de la discriminación estructural y su traducción en mecanismos institucionales para la justiciabilidad y exigibilidad de derechos desde inicios del siglo XXI.

Francisco Colom escribe “El giro espacial en las ciencias sociales”, y su hipótesis es que la espacialidad fue un rasgo definitorio y no explícito de la modernidad, por lo menos desde la filosofía crítica de Immanuel Kant, pero que pudo enunciarse como categoría fundante de un campo de estudios apenas durante la segunda mitad del siglo XX. Esto a partir de un posicionamiento crítico de las propias ciencias sociales en relación con las distintas visiones reduccionistas de la dimensión situada de la experiencia, tales como el solipsismo cartesiano y el funcionalismo positivista. En este sentido, los estudios sobre la ciudad, promovidos desde la sociología urbana de inicios del siglo XX, y las reivindicaciones del derecho a la ciudad desde el paradigma garantista a finales de éste, han sido fundamentales para este campo de estudio. Se destacan tres consecuencias del giro espacial para las ciencias sociales: la traslación de los análisis sobre el espacio social al espacio virtual en el que hoy ocurren procesos de producción y socialización del conocimiento; la distinción entre modalidades de urbanización y secularización no homogéneos que permiten comprender a la modernidad como un proceso en desarrollo, y el planteamiento de la justicia espacial como eje ineludible de las problematizaciones sobre la desigualdad y la discriminación.

Bastante relacionado con el texto de Colom se encuentra el de Alicia Lindón, “De la concurrencia de lo espacial y lo social a la apropiación espacial”, que analiza la dimensión espacial de los fenómenos sociales y donde se señala que una paradoja presente en las ciencias sociales ha sido el desarrollo de aproximaciones robustas y complejas pero evidentemente aespaciales. En este sentido, ha sido frecuente la omisión del despliegue espacial de lo social o, en el mejor de los escenarios, la negación de su importancia desde la posición en el sentido de que la espacialidad apenas alcanza a dar cuenta de una problemática empírica difícilmente explorable en los términos de la objetividad científica. La autora apunta que la omisión del espacio en las sociedades modernas y en las teorías que buscan explicarlas coexiste con la centralidad que ha adquirido el tiempo. Así, mientras que para nosotras y nosotros es natural empezar la investigación social por una genealogía de conceptos, también se nos presenta como contraintuitivo situarlos en sus contextos geográficos y espaciales de surgimiento. Ideas centrales en la modernidad, como las de racionalidad, movilidad, sociabilidad o progreso, estarían condicionadas por esta forma de construir los saberes. Sin embargo, concluye que el estudio del espacio puede funcionar como una instancia de mediación entre las abstracciones teóricas y los procesos metodológicos para descifrar el mundo social.

Finalmente, Bernd Roeck, en “El giro icónico. Antecedentes, estudios de caso y perspectivas”, trata esta reorientación de los saberes que, a partir de la localización central de la imagen y el campo de estudio, se abren para una multitud de disciplinas. Se inicia con una revisión de la definición canónica de imagen como unidad de sentido compuesta y considerada como totalidad, que entra en interacción con el ojo, que fue pensada para ser visible y que es irreductible a otras formas de representación o comunicación. Se afirma que el giro icónico ha tenido distintas consecuencias para el conjunto de los saberes sociales y humanísticos, por ejemplo, la incursión en la investigación sobre los motores sociológicos del arte; la investigación sobre la sensibilidad definitoria de periodos y espacios; el cuestionamiento de los límites de una hermenéutica de la imagen material; la revisión de la noción misma de percepción y sus implicaciones para la fenomenología; la crítica del mercado de las representaciones y el estatus social que lleva aparejado; así como la exploración de los procesos de subjetivación construidos en torno a las narraciones articuladas por imágenes y no por palabras.

Para concluir, cabe señalar que los ensayos que integran este libro son de vanguardia en al menos dos sentidos: por un lado, porque representan abordajes que han surgido, en su mayor parte, durante los últimos cien años, que por su naturaleza están en proceso de consolidación permanente y que, en contacto con las dinámicas sociales, han precisado la especificidad de sus herramientas de comprensión; por otro lado, porque las colaboraciones colocan en tensión crítica estos nuevos abordajes con las metodologías tradicionales y estandarizadas con el propósito de aprovechar los hallazgos de estas últimas y reivindicar a la teoría social moderna como un campo en permanente reconfiguración a partir de la resignificación de los ideales de universalidad, coherencia e incidencia situada en la realidad. En este sentido, las y los autores reunidos cumplen con tres propósitos: primero, reconstruir con transparencia desarrollos históricos y despliegues interdisciplinarios de sus metodologías; segundo, explicar de forma accesible los encuentros y desencuentros entre los nuevos abordajes y las formas usuales de hacer investigación en torno a las ciencias sociales; tercero, plantear los senderos futuros del trabajo académico y las aporías y paradojas a las que tendrán que enfrentarse las y los nuevos practicantes de estas disciplinas. Ello vuelve al libro pertinente para personas investigadoras, docentes y estudiantes de distintos campos de estudio social, humanístico y hasta científico, así como de pregrado y posgrado. Gustavo Leyva, como coordinador y hasta curador de esta obra, toma partido por el diálogo interdisciplinario, la precisión conceptual, el trabajo académico sensible al contexto y útil para la incidencia en el mundo común.ste

Recibido: 04 de Abril de 2025; Aprobado: 15 de Abril de 2025

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