Introducción
La salud sexual y reproductiva de los adolescentes es un fenómeno que ocupa un lugar privilegiado en las agendas académicas y políticas en México. En términos generales, los estudios precedentes sobre el embarazo en la adolescencia han encontrado relaciones entre éste y diversas condiciones biográficas, subjetivas, familiares, escolares y sociales que pueden estar influyendo en su ocurrencia (Pacheco Sánchez, 2016; Posada, 2014; UNFPA, 2013).
En la última década en nuestro país el embarazo adolescente ha sido visibilizado en las políticas públicas y en los discursos sociales hegemónicos como un problema para las familias y para el desarrollo de las jóvenes que lo experimentan. A su vez, si bien en los discursos sociales y en la agenda política se asume que el embarazo en la adolescencia es un evento no deseado y no necesariamente bien recibido por quien lo experimenta y por su contexto social y familiar, se sabe poco sobre las reacciones del entorno cercano ante la noticia de embarazo y existen aún pocos estudios especialmente cuantitativos que aborden las reacciones de la pareja y de la familia ante la ocurrencia de este evento. Esto a partir de reconocer que en los ámbitos familiares se reproducen aspectos del orden social en una escala doméstica (Sicot y Zurbriggen, 2018), al tiempo de que las reacciones del entorno familiar cercano de las adolescentes con experiencias de embarazo suelen estar generalmente relacionadas estrechamente con las condiciones objetivas de vida y por tanto con las expectativas de proyecto de vida que el entorno familiar tenía asociado a sus hijos/hijas.
En un estudio llevado a cabo en la ciudad de León, estado de Guanajuato, los autores encontraron reacciones principalmente negativas en los embarazos de adolescentes no planeados, relativas a la forma o el momento en que les comunicarían a sus familiares sobre el embarazo, que se relacionaban con el enojo, la culpa, la impotencia, al tiempo que se plantearon soluciones como el aborto o el abandono de metas personales. Sin embargo, los mismos autores señalan que algunos participantes tuvieron reacciones positivas ante su embarazo pues declararon que ahora contaban con un propósito para escapar de las circunstancias familiares de la pobreza, y el ser padres o madres les permitiría además madurar (Sierra Macías et al., 2019).
Además, es ampliamente reconocido el papel de la familia1 como una de las principales agencias de socialización para las nuevas generaciones (Berger y Luckmann, 2001; Lahire, 2007), y específicamente se ha indicado el importante rol de la familia en la transmisión de valores, creencias e información en materia de sexualidad y de prevención de embarazos (Jones, 2010; Shiferaw, Frehiwot y Asres, 2014), en la transmisión de las desigualdades de género (Jones, 2010) e incluso en las estrategias de resolución ante un embarazo adolescente. Igualmente, la familia y los entornos familiares devienen un espacio central para entender a mayor cabalidad las trayectorias sexuales y reproductivas de las jóvenes con experiencias de embarazo en tanto acontecimientos significativos en las biografías de las mismas (Sicot y Zurbriggen, 2018; Ahinkorah et al., 2019), y porque la literatura especializada sugiere la existencia de un patrón familiar de embarazos tempranos (Romero de Loera, 2018a). En paralelo, autores como Climent (2009) han señalado la forma en que las relaciones familiares en general y los estilos parentales en particular, la calidad de las relaciones familiares y la socialización de género juegan un papel fundamental en la formación de representaciones sociales sobre los roles de género, la sexualidad, la familia y la maternidad, que van a incidir en los comportamientos reproductivos y en los proyectos de vida (Romero de Loera, 2018a).
Igualmente, se ha sugerido que el embarazo adolescente y específicamente su repetición durante la adolescencia tienen lugar dentro de contextos sociales y culturas familiares específicos que lo dotan de inteligibilidad (Menkes y Sosa Sánchez, 2020a; Ahinkorah et al., 2019; Durand, 2005). En este sentido, se ha indicado que la familia de origen constituye uno de los ámbitos privilegiados para analizar el embarazo durante la adolescencia dado que juega un importante papel en la ocurrencia del mismo (Menkes y Sosa Sánchez, 2020b; Rojas, Méndez y Álvarez, 2016; Sámano et al., 2017; Gayou Esteva, Meza de Luna y Negrete Castañeda, 2020).2 Así, se ha insistido en la necesidad de visibilizar el importante papel de las condiciones socioeconómicas y culturales y los contextos sociales y familiares donde este fenómeno tiene lugar (Sámano et al., 2017; Ahinkorah et al., 2019; Gayou Esteva, Meza de Luna y Negrete Castañeda, 2020; Durand, 2005).
En este trabajo se exploran las reacciones de la pareja y de la familia de jóvenes que se embarazaron durante la adolescencia, poniendo un especial énfasis en el lugar de residencia de las mismas debido a que la literatura especializada en el tema ha acordado un peso importante a este aspecto (Welti, 2000 y 2006). Si bien reconocemos la polisemia del concepto de familia, a efectos de este trabajo, siguiendo a Elizabeth Jelin (1994 y 1998), se entiende como familia a aquella organización social con estructura de poder que canaliza, regula y atribuye significado social y cultural a las necesidades de sus integrantes, siendo un espacio de convivencia cotidiana que cuenta con componentes ideológicos y afectivos. Se busca indagar también sobre los factores y ámbitos sociales, económicos y culturales que se asocian con la aprobación o el rechazo ante un embarazo adolescente por parte del entorno familiar cercano de las mujeres.
Metodología
La información proviene de la Encuesta Nacional de los Factores Determinantes del Embarazo Adolescente 2017 (ENFaDEA 2017), la cual es representativa en el ámbito nacional para zonas tanto rurales como urbanas. Los instrumentos de recolección de datos comprenden dos cuestionarios: uno del hogar y otro dirigido a mujeres de 20 a 24 años sin importar sus antecedentes reproductivos en la adolescencia. La encuesta fue financiada por la Escuela Nacional de Trabajo Social de la Universidad Nacional Autónoma de México, y la responsable técnica del proyecto fue la doctora Guadalupe Fabiola Pérez Baleón, profesora de dicha institución.
Para este trabajo se llevó a cabo un análisis estadístico bivariado y multivariado. El universo de estudio lo constituyen las jóvenes de 20 a 24 años cuyo primer embarazo ocurrió a la edad de entre 12 a 19 años.
En primer lugar, se realizaron las frecuencias simples de las reacciones por separado de la pareja, de la madre y del padre de la mujer que se embarazó en la adolescencia. Posteriormente, se agruparon las reacciones positivas también por separado para explorar si existen diferencias entre el hecho de residir en zonas rurales y/o urbanas.3 Después, se elaboró un índice cuya finalidad fue medir el nivel de aprobación de la familia de origen y de la pareja en torno al primer embarazo adolescente de la joven. El índice de aprobación se dividió en 1) si simultáneamente la pareja, el padre y la madre mostraron reacciones positivas ante el primer embarazo adolescente (al que se le dio el valor de 0), y 2) si al menos uno de ellos no mostró alguna reacción positiva (al que se le dio el valor de 1). Finalmente, después de presentar el índice de aprobación según las distintas características socioeconómicas y demográficas, se estimó un modelo de regresión logística multivariado.4 En el modelo, la variable dependiente la constituyó el índice de aprobación ante el embarazo adolescente, y las variables independientes las conformaron las distintas características socioeconómicas y demográficas de la joven, la deserción escolar, así como sus creencias y opiniones asociadas al género y a la sexualidad5 (ver anexo metodológico). La inclusión de estas variables obedece al peso que los estudios especializados en este tema han acordado a las mismas a lo largo del tiempo (Welti, 2000, 2006; Menkes y Sosa Sánchez, 2016; Furstenberg, 2016).
Cabe señalar que en los análisis estadísticos se consideró el diseño complejo de la encuesta para obtener estimaciones más puntuales.
Resultados
Pese a que tiende a existir una percepción social generalizada de que el contexto familiar y de pareja de una joven que se embaraza en la adolescencia tiende a ser negativo frente a esta noticia, los datos sugieren que en la población analizada la reacción más frecuente de las parejas de las jóvenes ante al primer embarazo adolescente fue que se emocionaron o se pusieron felices (64.5 por ciento), la segunda fue que se preocuparon (9.8 por ciento), y la siguiente es que se asustaron (6.8 por ciento) (ver cuadro 1).
Cuadro 1 Primera reacción de la pareja al enterarse del embarazo de la adolescente
| Reacción de la pareja | Porcentajes ponderados | N |
|---|---|---|
| Él no supo del embarazo | 2.4 | 16 |
| Se emocionó, se puso contento, feliz | 64.5 | 1008 |
| Me dijo que nos casáramos | 3.4 | 40 |
| Le dio lo mismo | 2.6 | 43 |
| Se preocupó | 9.8 | 108 |
| Se asustó | 6.8 | 74 |
| Se enojó | 3.0 | 33 |
| Me dejó | 2.7 | 34 |
| Me dijo que abortara | 2.0 | 23 |
| Otro | 0.8 | 10 |
| Se sorprendió | 2.0 | 29 |
Fuente: Cálculos propios a partir de la ENFaDEA 2017.
En cuanto a la reacción de los padres, resalta que las madres de las jóvenes mostraron mayores reacciones positivas que los papás, ya que 27.7 por ciento se pusieron felices y 20.7 por ciento las apoyaron, mientras que estos porcentajes decrecieron respectivamente a 25.8 y 11.6 por ciento para el caso de los padres. Adicionalmente, un elevado porcentaje de jóvenes declaró que ya no tenían contacto con su padre (14.5 por ciento), y además el 4.1 por ciento indicaron que su progenitor nunca se enteró del embarazo (ver cuadro 2). Esto puede obedecer a diversos motivos. En primer lugar, al hecho de que ante la existencia de un embarazo en la adolescencia las madres continúan siendo el principal apoyo parental de las jóvenes, lo que puede indicar que la reproducción y sus consecuencias siguen siendo organizadas al interior de las familias como un ámbito de responsabilidad y cuidados socialmente asignados a las mujeres, lo cual puede también explicar el bajo apoyo de sus respectivos padres que reportaron las jóvenes de la muestra. Estas diferencias sugieren la existencia de una reacción especialmente diferenciada y altamente generalizada en particular en lo que se refiere al apoyo parental recibido por estas jóvenes (ver cuadro 3).
Cuadro 2 Primera reacción del padre al enterarse del embarazo de su hija adolescente
| Reacción de la pareja | Porcentajes ponderados | N |
|---|---|---|
| Contento (a), feliz | 25.8 | 528 |
| Me apoyo | 11.6 | 240 |
| Le dio igual | 4.3 | 43 |
| Molesto (a) | 30.2 | 291 |
| Triste | 2.6 | 61 |
| Dijo que estaba decepcionado(a) | 1.9 | 34 |
| Me corrió de su casa | 0.7 | 3 |
| Me dejó de hablar | 0.6 | 1 |
| Me obligo a casarme | 0.0 | 2 |
| Me golpeo | 0.3 | 4 |
| No lo supo | 4.1 | 22 |
| Otro | 0.3 | 2 |
| Ya no tenían contacto | 14.5 | 46 |
| Ya había fallecido | 1.3 | 10 |
| Sorprendida(o) | 1.0 | 18 |
| Preocupada (o) | 0.8 | 13 |
| NR | 0.1 | 1 |
Fuente: Cálculos propios a partir de la ENFaDEA 2017.
Cuadro 3 Primera reacción de la madre al enterarse del embarazo de su hija adolescente
| Reacción de la pareja | Porcentajes ponderados | N |
|---|---|---|
| Contento (a), feliz | 27.7 | 528 |
| Me apoyo | 20.7 | 240 |
| Le dio igual | 3.2 | 43 |
| Molesto (a) | 31.9 | 391 |
| Triste | 4.4 | 61 |
| Dijo que estaba decepcionado(a) | 2.6 | 34 |
| Me corrió de su casa | 0.2 | 3 |
| Me dejó de hablar | 0.0 | 1 |
| Me obligo a casarme | 0.2 | 2 |
| Me golpeo | 0.6 | 4 |
| No lo supo | 2.7 | 22 |
| Otro | 0.1 | 2 |
| Ya no tenían contacto | 3.0 | 46 |
| Ya había fallecido | 0.6 | 10 |
| Sorprendida(o) | 1.1 | 18 |
| Preocupada (o) | 1 | 13 |
| NR | 0.0 | 1 |
Fuente: Cálculos propios a partir de la ENFaDEA 2017.
Si se agrupan todas las reacciones positivas del entorno familiar de la joven ante su primera gestación en la adolescencia, se puede observar que éstas cambian según la zona de residencia. En las localidades rurales, el 80.1 por ciento de las parejas tuvieron una reacción positiva, el 53 por ciento del padre de la joven, y el 61.7 por ciento de la madre; en cambio, en el ámbito urbano los porcentajes se reducen considerablemente a 62.3, 30.3 y 42.2 por ciento, respectivamente (gráfica 1). Esto puede estar aludiendo a un patrón diferenciado asociado a pautas culturales y usos y costumbres altamente marcados por el lugar de residencia que inciden de manera significativa sobre las creencias relativas a las uniones y la reproducción tempranas en ciertos espacios sociales, lo cual contribuye a la normalización y reproducción de este evento entre la población joven, especialmente pero no exclusivamente, en contextos rurales (Meneses y Ramírez, 2017; Cherrington y Breheny, 2005; Furstenberg, 2016).

Fuente: Cálculos propios a partir de la ENFaDEA 2017.
Gráfica 1 Porcentaje de reacciones positivas de la pareja y de la familia frente al embarazo adolescente según el tamaño de la localidad
Por su parte, el índice de aprobación muestra que el 55.8 por ciento de las parejas y de los padres mostraron conjuntamente una reacción positiva ante el primer embarazo adolescente, mientras que en el 44.2 por ciento de los casos al menos uno de ellos no mostró una reacción positiva (cuadro 4). Llama la atención que en más de la mitad de los casos todos hayan aprobado el embarazo de la adolescente, lo que puede estar sugiriendo, como ya han indicado algunos estudios en el tema, la existencia de culturas familiares más tradicionales donde se normaliza la ocurrencia de este evento (Silk y Romero, 2014; Sicot y Zurbriggen, 2018).
Cuadro 4 Índice de aprobación de la pareja y de los padres de la joven frente a su primer embarazo adolescente
| Reacciones | Porcenajes ponderados | N |
|---|---|---|
| Al menos 1 no tuvo una reacción positiva | 44,2 | 914 |
| Reacciones positivas de los 3 | 55.8 | 505 |
| Total | 100.0 | 1419 |
Fuente: Cálculos propios a partir de la ENFaDEA 2017.
El índice de reacción positiva frente al embarazo adolescente reitera que hay una gran diferencia en los contextos urbanos contrastados con los rurales, pues mientras en las zonas rurales el 64.2 por ciento de las parejas y de los padres aprobaron el embarazo adolescente de la joven, en la urbe este porcentaje fue únicamente de 38.4 por ciento. En el caso de las opiniones de género sucede lo mismo, pues en las tradicionales el porcentaje de aprobación fue del 54.1 por ciento, frente al 40.3 por ciento de las no tradicionales.
Además, el porcentaje de reacciones positivas fue de 49.4 por ciento en las que abandonaron la escuela antes de los 15 años, y de 45.9 por ciento en las que no se encontraban estudiando a esa edad. Finalmente, el porcentaje fue de 51.8 por ciento en los estratos socioeconómicos de las familias de origen bajo, 41.4 por ciento en el medio y 41.5 por ciento en el alto (ver cuadro 5).
Cuadro 5 Índice de reacción positiva frente al embarazo de la pareja y de los padres frente al embarazo adolescente
| Contexto | Porcentajes ponderados | N celda | Significancia (ji cuadrada) |
|---|---|---|---|
| Urbano | 38.4 | 161 | 0.000 |
| Rural | 64.2 | 612 | |
| Opiniones de género no tradicionales | 40.3 | 254 | 0.000 |
| Opiniones de géero tradicionales | 54.1 | 514 | |
| No abandono la escuela antes de los 15 años | 45.9 | 391 | 0.000 |
| Abandono la escuela antes de los 5 años | 49.4 | 382 | |
| Estrato familia de origen alto | 41.5 | 37 | |
| Estrato familia de origen mediano | 41.4 | 159 | |
| Estrato familia de origen bajo | 51.8 | 576 | 0.000 |
Fuente: Cálculos propios a partir de la ENFaDEA 2017.
Los factores asociados a una reacción positiva simultáneamente tanto de la pareja como del padre y de la madre frente al primer embarazo adolescente, están muy relacionados con distintas variables sociodemográficas. Así, según el modelo de regresión logística, se multiplica por 2.36 la posibilidad de una reacción positiva de su pareja y de la familia de origen en las mujeres que residen en localidades rurales frente a las que habitan en zonas urbanas, y en más de dos veces en las que reportaron tener opiniones de género tradicionales, y es 74 por ciento superior en las jóvenes que abandonaron la escuela antes de los 15 años. Esto puede estar indicando que las reacciones positivas frente a un embarazo adolescente expresan entornos donde pueden estar convergiendo e interactuando entre sí desigualdades de género, desigualdades culturales asociadas al lugar de residencia, y desigualdades que expresan una baja valoración y/o falta de acceso a los estudios, lo cual debe ser política y sociológicamente visibilizado.
Finalmente, el modelo de regresión también muestra que a mayor edad del primer embarazo, más elevada es la probabilidad de una reacción positiva por parte del entorno familiar de la joven (cuadro 6).6
Cuadro 6 Factores asociados a una reacción positiva de la pareja y de la familia frente al embarazo adolescente
| Regresión logistica | Significativa* | Razón de momios |
|---|---|---|
| Urbano | 1 | |
| Rural | 0.000 | 2.36 |
| Edad continua | 0.001 | 1.2 |
| Opiniones de genero no tradicionales | 1 | |
| Opiniones de tradicionales | 0.000 | 2.16 |
| No abandono la escuela antes de los 15 años | 1 | |
| Abandono la escuela antes de los 15 años | 0.0001 | 1.74 |
| Constante | 0.000 | 0.01 |
| *El estrato socioeconomicoy la edad de la pareja no fueron significativos en el modelo |
Fuente: Cálculos propios a partir de la ENFaDEA 2017.
Cabe señalar que se realizaron pruebas de bondad de ajuste con la prueba de Hosmer-Lemeshow, y el valor fue de .846, lo que muestra que es un modelo adecuado.
A modo de reflexión final
Es indudable la existencia de un consenso internacional en considerar al embarazo en la adolescencia como un problema social y de salud pública central, y su prevención encabeza las agendas políticas en diferentes lugares del mundo (Gayou Esteva, Meza de Luna y Negrete Castañeda, 2020). Sin embargo, el análisis presentado en este artículo sugiere que el embarazo en la adolescencia no siempre es percibido y definido como un evento indeseable, y en contextos como el mexicano existen todavía hoy entornos culturales donde su ocurrencia continúa siendo esperable y normalizada (Lagarde, 2015; Romero de Loera, 2018b). En estos procesos de normalización sin duda juegan un rol central las condiciones objetivas de vida, pero también las desigualdades de género. En este sentido, los datos antes presentados ponen en evidencia el carácter contextual (asociado a las expectativas de vida y a las relaciones asimétricas de género prevalecientes en los diferentes ámbitos) respecto a la percepción y la evaluación del embarazo adolescente como un problema, y por tanto de las reacciones frente al mismo por parte del entorno que rodea a las jóvenes que lo experimentan. Igualmente, los hallazgos sugieren que una buena parte de las familias mexicanas no parecen percibir necesariamente como un problema el embarazo adolescente, como vimos en este texto, en particular en los espacios rurales. Como se expuso en la sección precedente, el modelo de regresión muestra que las adolescentes que viven en ámbitos rurales, que manifestaron opiniones de género más tradicionales o las que abandonaron la escuela antes de los 15 años tienen mucho mayor probabilidad de experimentar una reacción favorable frente a su embarazo tanto de su pareja como de sus padres. En este sentido, las reacciones positivas encontradas ante la noticia de un embarazo adolescente en la familia pueden estar expresando la convergencia e interacción de diversos dispositivos de desigualación7 (Fernández, 2013) que incluyen desigualdades de género, desigualdades culturales asociadas al lugar de residencia y desigualdades de recursos asociadas a una poca valoración y/o falta de acceso a los estudios, y quizás también a la educación en general, a la sexual en particular, y a la salud. Dada la fuerte significancia estadística del índice de género en el modelo de regresión, es preciso enfatizar en el peso de los mecanismos de desigualación de género pues éstos son centrales en la estructuración de la vida social y engloban relaciones de poder, la división sexual del trabajo, formas simbólicas y relaciones emocionales, lo que sin lugar a dudas impacta en los proyectos de vida y en las trayectorias sexuales y reproductivas de las adolescentes, pero también, como lo siguieron estudios precedentes, en las dinámicas familiares y las expectativas que se tienen en los núcleos familiares en relación con cada uno de sus integrantes (Marks, Chun Bun y McHale, 2009).
El análisis presentado nos lleva a reconocer que los procesos a través de los cuales los sujetos sociales se comportan y dotan de sentido a los diferentes eventos que experimentan son generados y sostenidos por procesos históricos y culturales asociados a contextos específicos (Cherrington y Breheny, 2005; Fernández, 2013; Ahinkorah et al., 2019) enmarcados por desigualdades de género. Es especialmente relevante que las reacciones positivas de los familiares y parejas pueden estar expresando la articulación de entornos familiares y normas culturales de género, pero también relativas a la sexualidad y a la maternidad temprana. Son estos ámbitos en donde las reacciones positivas frente al embarazo adolescente pueden estar reflejando su normalización y posibilitan que puedan ser percibidos como deseables. Este deseo del embarazo adolescente, como lo sugieren Fergusson y Woodwars (2001) y Durand (2005), suele tener lugar en ambientes donde las alternativas para proyectos no centrados en la conyugalidad temprana y la maternidad son escasos. De tal suerte, en este tipo de contextos la maternidad continúa constituyendo un evento que marca la entrada a la madurez y a la adultez y resulta una de las pocas alternativas posibles para ello (Fernández, 2013; Durand, 2005), lo que explicaría, en parte, que su ocurrencia no sea necesariamente accidental en ciertos entornos donde éste puede ser incluso un acto potencialmente estratégico de identidad (Fernández, 2013). Esto no significa que este deseo de embarazo no deba de ser problematizado evidenciando su raíz sociocultural y su relación estrecha con distintos dispositivos de desigualación simbólica y económica que privan en ciertos entornos sociales y familiares. Así, este “deseo” de embarazo y las reacciones positivas ante el mismo tienen que ser entendidos como resultado de los contextos sociales y familiares donde tienen lugar, que lo tornan posible y que lo dotan de sentido. Lo que es más, el análisis presentado puede estar sugiriendo la necesidad de pensar la ocurrencia del embarazo en la adolescencia como un elemento inscrito dentro de la reproducción social del grupo social donde tiene lugar, lo que llevaría a incluir en los análisis sobre esta temática los procesos sociohistóricos que en México han impactado la formación y las estructuras de los grupos familiares (Durand, 2005). Igualmente, lo antes mencionado significa reconocer, siguiendo a Stern (2003), que el embarazo en la adolescencia no significa lo mismo ni tiene las mismas implicaciones para cualquier individuo, comunidad, grupo social o sociedad (Stern, 2003). Así, el “problema del embarazo adolescente” está estrechamente vinculado a las maneras en que socialmente se piensa sobre la adolescencia, la sexualidad, la reproducción y las relaciones sexuales prematrimoniales, es decir, sobre quién, en qué momento y bajo qué circunstancias debe o no convertirse en madre/padre, lo cual puede estar permeado por ideologías e imaginarios sexistas, heteronormativos, clasistas y adultocéntricos.
Finalmente, es preciso señalar que las políticas públicas que buscan reducir la maternidad temprana para que las jóvenes puedan tener mayores alternativas de desarrollo personal, deben de tomar en cuenta que existe una heterogeneidad muy grande respecto al significado que le otorgan las familias mexicanas al embarazo adolescente y que, por ello, se debe reforzar una educación sexual integral que incorpore un profundo cuestionamiento de los roles tradicionales de género y las desigualdades concomitantes para que las adolescentes no conciban, por el hecho de ser mujeres, como única alternativa de valoración social ser madres o esposas y puedan, por tanto, ejercer con toda libertad y sin coacción de ningún tipo sus derechos sexuales y reproductivos.
Anexo metodológico
Las variables sociodemográficas se construyeron de la siguiente manera:
Embarazo en la adolescencia: se dividió en si se embarazaron antes de los 20 años o no lo hicieron. Cabe aclarar que si hubo un embarazo después de los 20 años se consideró que no se embarazaron en la adolescencia.
Edad de primer embarazo: se consideró la edad que las jóvenes declaran que tuvieron en su primer embarazo.
Jóvenes que abandonaron la escuela a los 15 años o menos: para identificar a las mujeres que abandonaron la escuela a los 15 años o menos se construyó una variable dicotómica que asigna valor uno a aquellas mujeres que reportaron haber abandonado la escuela a la edad de 15 años o menos, y a las que abandonaron temporalmente la escuela por un periodo de un año o más con 15 años cumplidos, de forma que a los 16 años estaban fuera de la escuela. Asimismo, se añadieron a las que reportaron nunca haber asistido a la escuela. En la construcción de esta variable, se tomó en cuenta que a los 15 años las adolescentes suelen terminar la secundaria, nivel que constituye un importante umbral en el embarazo y maternidad de la población adolescente.
Índice de opiniones y creencias sobre el género y la sexualidad: se usaron las preguntas del cuestionario individual de la ENFaDEA 2017 respecto a "Percepción de derechos reproductivos y expectativas". Esta sección tiene diez afirmaciones que expresan con mayor o menor intensidad opiniones relativas al género y la sexualidad donde las posibles respuestas eran 1 = de acuerdo y 0 = en desacuerdo (cuadro A). Se construyó un índice aditivo, y su distribución se dividió aproximadamente en tres partes para poder crear dos categorías: 1. Muy tradicional, y 2. Poco tradicional.
Cuadro A Batería de preguntas a partir de la que se construyó el índice de creencias y opiniones sobre el género y la sexualidad (ENFaDEA 2017)
| Ahora voy leer una serie de afirmaciones, ¿me podrías decir si estás de acuerdo o en desacuerdo con cada una de ellas? |
| Hasta que una mujer tienes hijos es una mujer completa |
| El hombre siempre debe tener mas libertad sexual que la mujer |
| Los hijos son lo mas importante en la vida de una mujer |
| La mujer es la responsable de mantener unida a la familia |
| La mujer es la responsable de mantener unida a la familia |
| La mujer no debe abortar por ningún motivo |
| El matrimonio es para toda la vida |
| Una mujer debe conservarse virgen antes del matrimonio |
| Si una mujer soltera se embaraza, debe casarse con el padre de su hijo |
| Los hijos fortalecen el matrimonoo |
| El hombre es uien debe tener la iniciativa para tener relaciones sexuales |
| *El estrato socioeconómico y la edad de la pareja no fueron significativos en el modelo |
Fuente: Cálculos propios a partir de la ENFaDEA 2017.
El Alpha de Cronbach de este índice es de .821, lo que indica que se trata de un índice con un muy elevado nivel de fidelidad, por lo que podemos concluir que las variables incluidas dan un índice consistente.
El estrato social de la familia de origen fue construido por otras autoras y ya estaba incorporado en la base que nos proporcionaron. Para más información consultar el capítulo respectivo de Juárez y Gayet (2020)).










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