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Sociológica (México)

versión On-line ISSN 2007-8358versión impresa ISSN 0187-0173

Sociológica (Méx.) vol.40 no.111 Ciudad de México ene./jun. 2025  Epub 16-Mayo-2025

 

Artículos de investigación

Reflexiones en torno a las singularidades de Andreas Reckwitz

Reflections on the Singularities of Andreas Reckwitz

Juan Emmanuel Ferrari Muñoz Ledo* 
http://orcid.org/0000-0002-9371-6053

*Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Azcapotzalco. Correo electrónico: <j_ferrari_@hotmail.com>, <al2223800782@azc.uam.mx>.


RESUMEN

El objetivo del texto es conocer parte de la obra del sociólogo alemán Andreas Reckwitz, a la vez que se busca sostener un diálogo con otros autores que cuentan con planteamientos similares. Específicamente su trabajo sobre las singularidades, tema central del escrito, que son para este sociólogo expresión de un capitalismo cultural que satisface a consumidores al tiempo que norma sus relaciones sociales a partir de las emociones y la experiencia. Para ello, Reckwitz expone las lógicas sociales que permiten la producción y el consumo de mercancías en la sociedad moderna, y señala las prácticas que mantienen su operación y que son realizadas por los sujetos mismos.

PALABRAS CLAVE: singularidades, lógica social, general-particular, idiosincrasia, consumo

ABSTRACT

The objective of this text is to familiarize the reader with part of the work of German sociologist Andreas Reckwitz and, at the same time, seek a dialogue with other authors who put forward similar ideas. Specifically, the author looks at Reckwitz’s work on singularities, the article’s central theme, which, for this sociologist are the expression of a cultural capitalism that satisfies consumers and at the same time, dictates the norms of its social relations through emotions and experience. To do this, Reckwitz explains the social logic that makes possible the production and consumption of commodities in modern society and points out the practices that maintain their operation and are carried out by the subjects themselves.

KEYWORDS: singularities; social logic; general-particular; idiosyncrasy; consumption

Introducción

¿Por qué es especial ese café de una marca reconocida que las personas toman? ¿Qué hace atractiva a la ropa que se vende en los centros comerciales? ¿Por qué una cerveza “artesanal” o una pieza de “arte” en una galería se vuelven importantes? En la actualidad existe toda una gama de autores sociológicos que responden a estas preguntas, el presente texto trabaja con la idea de las singularidades del alemán Andreas Reckwitz. Este sociólogo propone que la sociedad ha sufrido una transformación profunda, el capitalismo industrial ha devenido en uno de carácter cultural cuyo sostén es una economía de singularidades. Para Reckwitz, la sociedad se encuentra en una modernidad tardía o Tardomodernidad (Late Modernity) en la que lo singular y lo auténtico cobran valor ante la sociedad.

Para explicar ello, recurre al concepto de lógica social, a la cual ubica como “la ‘formatización’ fundamental de la praxis social en una determinada dirección que abarca a todas las unidades o elementos de lo social, los cuales se convierten en objeto de domingos” (Reckwitz, 2022: 85). Entendiéndose así que tanto las generalidades como las singularidades son de carácter social, y su origen y su fin son resultado de prácticas en la sociedad, teniendo así una lógica social de lo general y una lógica social de lo particular.

No debería suponerse que las singularidades1 son dadas presencialmente; más bien, es necesario reconstruir los procesos y estructuras de la lógica social de las singularidades. ‘Lógica social’ significa que no son, sin ningún preámbulo, objetivamente o subjetivamente presentes, sino que son más bien fabricados socialmente de principio a fin (Reckwitz, 2020: 5).

Reckwitz indica que la modernidad es un proceso de racionalización formal, y como tal las actividades que se desarrollan también son racionales. La racionalización formal se debe entender como “complejos a gran escala de reglas predictivas, que a su vez implicaron técnica o normativamente maneras reguladas de conducta” (Reckwitz, 2020: 19). Lo que señala el autor es que la modernidad regularizó o estandarizó la conducta social y las prácticas sociales. Por prácticas, o propiamente dicho prácticas sociales, Reckwitz dice que son las que constituyen el mundo social con base en tipificación, para hacer al mundo comprensible y manipulable. En otro texto enuncia, “las prácticas sociales son rutinas: rutinas de movimiento corporal, de entendimiento y querer, de usar cosas, interconectadas en una práctica” (Reckwitz, 2002: 255).

También establece que “una práctica (Praktik) es un tipo rutinizado de conducta que consiste en varios elementos, interconectados unos con otros: formas de actividades corporales, formas de actividades mentales, ‘cosas’ y sus usos, un conocimiento de respaldo en forma de entendimiento, know-how, estados de emoción y conocimiento motivacional” (Reckwitz, 2002: 249).

Lo que hay detrás de aquello que Reckwitz llama lógica social, lógica social de lo general o lógica social de lo particular son las prácticas sociales que realizan los individuos como portadores de éstas y que les permiten una comprensión acerca del mundo. Las prácticas no sólo consideran a los sujetos, sino también a las cosas u objetos, a los espacios e incluso al tiempo. Para comprender las propuestas de este autor en lo que ha denominado sociedad de las singularidades, es necesario entender su concepto de práctica social.

La lógica social de lo general

Para Andreas Reckwitz la lógica social de lo general es la dominante hasta la década de los años setenta del siglo XX (Reckwitz, 2020, 2021), el objetivo principal de ésta es evitar la escasez y el desorden en la sociedad --observación que también ha hecho el sociólogo francés Robert Castel al hablar de la propiedad social (Castel y Haroche, 2003)-, por lo mismo, la producción es de carácter industrial, un capitalismo cuya misma producción es masificada. Detrás de la lógica social de lo general hay una racionalidad que son las prácticas sociales que operan de fondo. En primer lugar, hay una racionalidad técnica cuya finalidad es la estandarización.

La racionalización técnica es principalmente encontrada en los campos de producción, procesamiento natural (agricultura industrial, extracción de materias primas), la industria manufacturera del capital y bienes de consumo, así como en el desarrollo urbano y el sector de transportes. [...]. Aquí una práctica de lo general es la estandarización: para incrementar la eficiencia, es necesario estandarizar, homogenizar, y reproducir idénticamente los tipos óptimos de conducta dentro de la configuración hombre-máquina con el fin de coordinarlos acorde a un patrón de predictibilidad. Al mismo tiempo, estas configuraciones humano-máquina permiten la producción de entidades estandarizadas, especialmente bienes idénticos en un aparentemente número ilimitado (Reckwitz, 2020: 24).

Una muestra de esta racionalización técnica son las Normas ISO de la Organización Internacional de Normalización, cuya finalidad es ofrecer lineamientos en la producción y distribución de productos. El objetivo de estas normas es facilitar la circulación de mercancías entre los diversos países estableciendo no sólo unas reglas entendibles para todos, sino que fijan también cómo deben hacerse las “cosas”. Otras áreas susceptibles de este tipo de racionalidad técnica son las evaluaciones de impacto ambiental y social para la construcción de plantas industriales o energéticas cuya “finalidad” es que las poblaciones locales no se vean afectadas.

Un segundo tipo de racionalidad es aquella cuyo carácter es cognitivo, una racionalidad cognitiva, cuya finalidad es la generalización.

El locus de la racionalidad cognitiva es la ciencia -particularmente las ciencias naturales, pero las ciencias del comportamiento también-. Aquí la práctica de lo general es generalizando el conocimiento, y su meta es producir en general teorías probadas empíricamente con lo cual se provee generalmente descripciones y explicaciones válidas de la realidad, el objetivo final es someter la realidad a un control tecnológico (Reckwitz, 2020: 24).

La racionalidad cognitiva se implementa mediante la formación escolarizada, es a través de las escuelas, colegios y universidades donde se proporciona el conocimiento necesario para que la lógica social de lo general pueda generarse (Reckwitz, 2020). ¿Cuáles profesionistas están detrás de la producción masiva de alimentos? Los ingenieros o químicos en alimentos. Lo mismo ocurre en la industria farmacéutica, los profesionistas detrás son los químicos farmacéuticos biólogos. Y lo mismo podemos observar en cada rama del sector industrial y de servicios. De ahí que las universidades cumplan una función importante, que es la de formar sujetos que operen las prácticas de la lógica social de lo general. Esto incluye también a los científicos sociales. La sociología, o al menos las bases de ésta, se enseña por igual en Estados Unidos que en Francia o México. Las matemáticas son las mismas en China que en Rusia o Alemania. La medicina alópata es la misma en todo Occidente. Así, “la Escuela no tiene únicamente por función asegurar la sucesión discreta de los derechos de la burguesía que ya no pueden seguir transmitiéndose de una manera directa y declarada” (Bourdieu y Passeron, 1996: 269), sino que asegura la adquisición de las prácticas sociales necesarias para la continuidad de la lógica social de lo general.

El último tipo de racionalidad que menciona Reckwitz es la racionalidad normativa, y lo que hace ésta es formalizar las relaciones sociales, “la racionalización normativa de la modernidad envuelve la regulación específica de ordenes intersubjetivos, característica de la cuál es el derecho moderno con sus orígenes en arenas discursivas y su uso en la administración gubernamental. En un sentido estricto, puede tener una forma normativa o normalística. Aquí la práctica de lo general es la formalización” (Reckwitz, 2020: 25).

La racionalidad formal de la modernidad pauta la conducta social, en este caso, la que se da entre los individuos. Todo individuo o sujeto dentro de la modernidad debe conducirse de la misma manera que sus semejantes. Es el Estado, a través de los diferentes gobiernos y las leyes que se promulgan, el que pone en práctica la racionalidad normativa. Un ejemplo es la adquisición del estatus de ciudadanía, que en algunos países se concreta cuando se cumplen los 21 años, y en otros países a los 18 años. En este sentido, tanto la racionalidad normativa como la racionalidad técnica, desde la perspectiva de John Searle, son hechos institucionales, los cuales tienen cinco rasgos que son elementales: intencionalidad colectiva, asignación de funciones, reglas constitutivas, capacidades deónticas y la capacidad para actuar con base en razones y no sólo deseos.

El primero de ellos, la intencionalidad colectiva, “es la intencionalidad por la que un grupo de animales se propone hacer o lograr una misma cosa en conjunto. En las mentes de cada uno de estos animales surge el mismo objetivo, no bajo la representación mental de que “yo quiero (hacer o lograr) esto”, sino mediante la de que “nosotros buscamos esto” (Hernández, 2014). Es justamente con la acción colectiva que aparecen los hechos sociales, los hechos institucionales:

La intención colectiva se manifiesta a veces como una conjunción de esfuerzos, o como una cooperación entre muchos participantes e inclusive, como una interacción entre varios, pero lo que destaca es justo la intención colectiva del reino o del ámbito animal, aparecen los hechos sociales. Surgen tales hechos sociales cuando existe intención colectiva y ello no solamente ocurre entre los humanos, desde luego, sino con muchas especies animales (Hernández, 2014: 46).

Dentro de la intencionalidad colectiva aparece el rasgo de asignación de funciones, Searle establece que éstas sólo pueden ser generadas y asignadas por animales que tengan la capacidad de hacerlo (Hernández, 2014: 53), es decir, que cuenten con capacidades de simbolización y significación. Para entender de manera correcta, Searle distingue que en los hechos brutos no existen las funciones, sino que hay relaciones de causas y efectos. Ahora bien, “los objetos tienen propiedades intrínsecas y propiedades que dependen de o se relacionan con un observador externo o con un agente vinculado al objeto” (Hernández, 2014), y esto último es importante para entender las singularidades de los objetos en las propuestas de Andreas Reckwitz. Por ejemplo, la hoja de un árbol puede tener un significado de carácter simbólico-ritualista para una tribu de la Amazonia, y ese significado es una función dada por la tribu misma y es externa a las propiedades intrínsecas de la hoja del árbol.

El tercer rasgo de los hechos institucionales son las reglas constitutivas, las cuales dan forma a una realidad determinada (Hernández, 2014: 58) cuya concreción es cualquier instrumento de carácter jurídico o en la moral/ética de una determinada sociedad, tal y como sucede con la racionalidad normativa de la lógica social de lo general de Andreas Reckwitz. Estos primeros rasgos o características que componen a los hechos institucionales los podemos encontrar en la formulación searliana de X cuenta como Y en C, donde C es el contexto (un espacio-tiempo específico), X es un individuo o una colectividad y Y es la intencionalidad colectiva que se vuelve operable a través de una asignación de funciones y unas reglas constitutivas.

Y respecto a las capacidades deónticas: “¿Qué son las capacidades deónticas? […] siempre conllevan o implican derechos, deberes, responsabilidades, autorizaciones, compromisos, sanciones, etc. La realidad institucional no solamente es lo que es; además, ella acarrea, en forma ineludible, un deber ser. Si óntico es todo lo relativo al ser, deóntico es lo referente al deber ser y la realidad institucional es óntica y además deóntica” (Hernández, 2014: 65).

No existen simplemente los hechos institucionales, si la intencionalidad colectiva marca el objetivo del hecho institucional, las capacidades deónticas marcan el porqué de tal objetivo. Detrás de tal se encuentran las capacidades deónticas del hecho institucional. También, tanto los valores como las ideas del deber ser en la realidad. Al final, está la capacidad para actuar con base en razones y no solo deseos, lo cual en realidad es muy sencillo, pero no todos los individuos son capaces de ejercerla ya que guarda relación con los apetitos y deseos de las personas, lo que será importante más adelante en relación con las singularidades. Como se puede observar hasta el momento, la visión que tiene Reckwitz actualmente acerca de la sociedad es compatible con la de otros autores, en este caso, con el trabajo de John Searle.

Para Reckwitz, la lógica social se concreta en cinco categorías que denomina entidades, que se originan y desarrollan en la sociedad y son una parte vital de sus propuestas, ya que para él, “La credibilidad de una teoría social dada depende de la capacidad para realizar enunciados acerca de todas las entidades o elementos de la sociedad” (Reckwitz, 2020: 25). Objetos, sujetos, espacios, temporalidad y colectividades son entidades que se encuentran presentes en la sociedad. Dentro de la lógica social de lo general, los objetos son producidos de manera idéntica (libros, automóviles, productos enlatados, ropa, etcétera):

Por objetos (incluyendo cosas), significa que ellos son producidos para ser idénticos (esto es, réplicas interminables de lo mismo) o “más de lo mismo” (esto es, como variaciones de la misma cosa). Ellos son intercambiables. El ejemplo por antonomasia de esto son los productos manufacturados industrialmente, los cuales los clientes usan y consumen de manera estandarizada (Reckwitz, 2020: 25).

Por su parte, los sujetos deben contar con las mismas competencias y mostrarse de manera uniforme.

Los sujetos, quienes se producen en el marco de la modernidad clásica “haciendo generalidad” también se forman en este contexto. Todos ellos son entrenados para tener las mismas competencias y exhibición idéntica, o al menos de manera similar, maneras de conducta. Las competencias y las actividades de los sujetos aquí contribuyen a la racionalidad formal (Reckwitz, 2020: 26).

El papel de las escuelas cobra relevancia aquí, para llegar a ser profesionistas o desempeñar cualquier trabajo, la capacidad de lecto-escritura, la capacidad de abstracción matemática o la capacidad de comprensión oral y escrita se vuelve fundamental. El trabajo más elemental requiere de estas capacidades, que son las básicas y necesarias para cualquier individuo en la sociedad actual. Así es posible percibir la importancia de la racionalidad cognitiva de la lógica social de lo general. Cabe mencionar que la estandarización del sujeto es parangonable con el proceso de individuación del cual ya habían hablado Émile Durkheim y el contemporáneo Danilo Martuccelli. Para el primero, parte del papel del Estado es asegurar el proceso de individuación, ya que así se da lo que él denomina Estado social (Durkheim, 1997), mientras que para el segundo la individuación la constituyen “los grandes procesos sociohistóricos que dan cuenta de los individuos que son fabricados estructu ralmente en una sociedad”, (Martuccelli, 2019: 9). Para ambos, el proceso de individuación obedece a prácticas que van más allá del individuo, cuya tarea o propósito es la generación de un modelo estándar del mismo.

Dejando a los objetos y a los sujetos atrás, toca turno de los espacios, que también son producidos de manera genérica, en masa. Como ejemplos están las cadenas comerciales Starbucks y McDonald's. En ambas los espacios tienen una misma gama determinada de colores, tipografías y ubicaciones de sus respectivas áreas, incluso si una persona es muy sensible olfativamente, notará que todos los establecimientos de las mencionadas tienen el mismo olor. Así, “la espacialidad de lo social envuelve la replicación de espacios idénticos o similares. En este caso, el espacio es extenso y serial en la medida en que permite que estructuras idénticas se extiendan más allá de los contextos locales” (Reckwitz, 2020: 27). Este planteamiento no es nuevo, George Ritzer en su texto La McDonalización de la sociedad abordó el tema del espacio, para él “los centros y grandes superficies comerciales proporcionan un predecible, uniforme y beneficioso enclave para este tipo de cadenas. Cuando se construye un nuevo centro o superficie de esta clase, las empresas hacen cola para conseguir un espacio en él” (Ritzer, 1996: 47). Más adelante Ritzer complementa: “Los grandes centros o superficies comerciales han incrementado su eficacia al reunir en un solo espacio una amplia gama de secciones, tiendas y centros especializados” (Ritzer, 1996: 69). Toda plaza comercial tiene al menos un área interna de comida, salas de cine, tiendas departamentales, bancos y supermercado, incluso los nombres son parecidos. Reckwitz complementa que la espacialidad de la lógica social de lo general es “funcional y orientada hacia la directiva de la racionalidad técnica (y normativa). Respectivamente enlaza una separación rígida espacial de actividades individuales (trabajo, habitación, ocio, etc.)” (Reckwitz, 2020: 27).

En relación con el tiempo, éste dentro de lo general se vuelve estándar. Un ejemplo muy concreto se puede encontrar en algunas palabras de Benjamin Franklin y que el mismo Max Weber cita en uno de sus libros (Weber, 1999): “Piensa que el tiempo es dinero. El que puede ganar diariamente diez chelines con su trabajo y dedica a pasear la mitad del día, o a holgazanear en su cuarto, aun cuando sólo dedique seis peniques para sus diversiones, no ha de contar esto sólo, sino que en realidad ha gastado, o más bien ha derrochado, cinco chelines más”.2

Una observación similar se tiene en El Capital de Karl Marx, todas aquellas observaciones realizadas en torno a la producción de la mercancía y el tiempo de trabajo socialmente necesario para ello demuestran al tiempo como medida de la lógica social de lo general.

En la modernidad clásica, el tiempo fue racionalizado y esto involucró la estandarización de intervalos comparables sincronizados. Aquí es característico que la praxis social esté estructurada acordemente a la repetición de actos en el tiempo (el ejemplo paradigmático de esto es el lugar de trabajo) y esos espacios de tiempo son llenados en igualdad de condiciones (así la semana laboral estandariza icondiciones laborales) (Reckwitz, 2020: 27).

El tiempo se vuelve medición de casi cualquier práctica de la modernidad. Todo es posible de medir, no sólo la eficiencia de la producción en el fordismo o el toyotismo, incluso aspectos de la vida cotidiana: cantidad de palabras que un infante es capaz de leer, tiempos de traslados al interior de las ciudades, cantidad de tiempo haciendo ejercicio para quemar calorías, cantidad de minutos necesarios para alcanzar el orgasmo en una relación sexual, etc. Pero el tiempo estándar no solamente es presente, también guarda relación con el futuro: También cabe señalar que este tipo de tiempo es orientado al futuro: el presente es sólo instrumentalmente interesante como una contribución hacia la consecución de una meta futura, mientras que el pasado es cerrado y visto como obsoleto. Así, el tiempo se vuelve el objeto central de la planeación futura, el cual se entiende en términos de progreso, mejoramiento, o crecimiento (Reckwitz, 2020: 27).

Con lo anterior hay coincidencia con el sociólogo Alfred Schutz:

Con el fin de proyectar mi acción futura en su desarrollo, debo situarme imaginariamente en un tiempo futuro en que esta acción ya se habrá cumplido, cuando el acto resultante ya se habrá materializado. Sólo entonces puedo reconstruir los pasos aislados que llevarán a ese acto futuro. Lo que de este modo se anticipa en el proyecto no es, en nuestra terminología, la acción futura, sino el acto futuro, que es anticipado en tiempo futuro perfecto, modo futuri exacti (Schutz, 2015: 95).

La proyección del futuro no pertenece solamente a las empresas o a los Estados, también los individuos proyectan hacia el futuro, generan expectativas, como dice Schutz, así como lo menciona también Searle.

Finalmente, dentro de la lógica social de lo general toca turno a los colectivos. Estos son resultado de la transición de las comunidades tradicionales a la sociedad moderna. Las comunidades se transformaron en organizaciones. Por ejemplo, el gremio de “médicos” de la Europa medieval que conocemos como Doctor Peste se convirtió en la modernidad en los médicos actuales que dan medicinas y tratamientos con base en conocimientos científicos. Lo mismo ocurrió con abogados, campesinos, artistas e incluso guerreros.3 Cuando Reckwitz habla de colectivos, se refiere a todas aquellas comunidades preexistentes a la modernidad y que fueron reguladas o institucionalizadas con base en la racionalidad formal de la misma; las comunidades fueron institucionalizadas. Así, “las organizaciones están estructuradas típicamente de la misma forma a pesar de sus propósitos respectivos, y ellas son así experimentadas por los sujetos como entidades designadas similarmente (como organizaciones, los hospitales son más o menos lo mismo que escuelas, agencias de gobierno, corporaciones, etc.)” (Reckwitz, 2020: 28).

La lógica social de lo particular

Andreas Reckwitz considera que la lógica social de lo particular desplaza a la lógica social de lo general debido a los cambios que se hacen presentes en la sociedad. Para Reckwitz, la transición de un capitalismo industrial hacia un capitalismo cultural permitió que surgiera una economía de singularidades bajo la cual la excepción o lo único adquieren importancia, adquieren un valor que les es dado.

A diferencia de la lógica social de lo general que rechaza aquello que no sea estándar o promedio, la lógica social de lo particular lo convierte en el punto central de sus prácticas. Con ello, los objetos, los sujetos, los espacios, los tiempos y los colectivos se presentan de una manera completamente diferente, auténtica, singular. Así:

“Singularidad” y “singularización” son conceptos transversales, y ellos designan un fenómeno transversal que permea sobre toda la sociedad. Aunque el pensamiento parece inusual inicialmente, se debe enfatizar que la singularización es más que sólo sujetos humanos, y es por esto que el concepto de individualidad, que tradicionalmente ha sido reservado para seres humanos, ya no es aplicable. Singularización también dirige la fabricación y apropiación de cosas y objetos como particulares. Esto aplica en la formación y percepción de espacios, temporalidades, y -no menos importantes- colectivos (Reckwitz, 2020: 5).

La racionalización técnica (estandarización), la racionalización cognitiva (generalización) y la racionalización normativa (formalización) son los ejes de las prácticas en la lógica social de lo general; la lógica social de lo particular también cuenta con ejes que guían sus prácticas: lo general-particular, las idiosincracias y la singularización.

Acerca de lo general-particular, esto es observable en todo momento; los objetos, los sujetos y los espacios son más fáciles de percibir bajo esta tipificación de lo particular. “Como lo general-particular, lo particular implica ejemplares concretos que existen con la lógica social de lo general; implica variaciones y versiones de que son esencialmente las mismas cosas, esto es, del mismo tipo” (Reckwitz, 2020: 33). Un ejemplo: todos los automóviles, o al menos la mayoría de ellos, tienen cuatro ruedas y funcionan con un motor de combustión interna, sin embargo, no es lo mismo un automotor de marca alemana que otro de marca estadounidense. Si comparten cosas, ¿qué es lo que los vuelve particulares? Puede ser el diseño, la presentación, la seguridad, la fama, etc. La diferencia nace de lo cualitativo, no de lo cuantitativo. Por ello uno se anuncia como Das Welt Auto (El auto del mundo) y otro se anuncia como ¡Nacidos Ford, nacidos fuertes! Lo particular dentro de lo general, se presenta así como un rasgo único dentro de lo general.

Los espacios se presentan también de manera general-particular. Reckwitz ejemplifica con las ciudades, en todo el mundo hay ciudades, pero no todas son capitales y no todas se conocen de la misma manera. Así como Roma es la Ciudad eterna y París es la Ciudad de la luz, Chicago es la Ciudad de los vientos y la Ciudad de México es la Ciudad de los palacios. Todas las mencionadas son ciudades, pero tienen una característica distintiva. En el caso de los sujetos, todos genéricamente cuentan con dos ojos, dos manos, dos pies, cabello, una nariz y piel. Lo que distingue a unos de otros son las características peculiares tales como el color y tipo de cabello, el color de piel, la forma de la nariz, o bien la altura, el peso y el sexo, todo aquello que Erving Goffman llama la glosa corporal.

Por su parte, las idiosincrasias rompen con lo general-particular, en el sentido de que continúan dentro de una generalidad, pero cuentan con una característica única, “las idiosincrasias son características peculiares que no sólo se ajustan a lo general sino que también se oponen a los órdenes de lo general-particular” (Reckwitz, 2020: 34). Un ejemplo es aquello que “representa” a ciertas nacionalidades. La población alemana es considerada como altamente puntual en cuanto al tiempo se refiere, así como la población inglesa toma el té a las seis de la tarde. Se considera que la población brasileña baila samba todo el año y que en Argentina todos son fanáticos del fútbol. En el caso de México, el “como si” (Girola, 2011) es parte de la idiosincrasia mexicana. Una muestra de las idiosincrasias la encontramos en Pierre Bourdieu acerca de las prácticas que tienen los fotógrafos expertos y amateurs en Francia (Bourdieu et al., 1979), o bien en las exposiciones de arte, no es lo mismo una exposición sobre barroco o manierismo que una exposición de impresionismo o vanguardismo.

En cuanto a las singularidades, Reckwitz las considera como únicas en sí mismas. No hay objeto, persona, espacio, tiempo o colectivo que sea igual a otro, “estamos tratando con entidades que son percibidas, evaluadas, fabricadas y tratadas como únicas dentro de las prácticas sociales. Las singularidades son resultado de procesos socioculturales de singularización” (Reckwitz, 2020: 34). Todo lo singular es y debe ser reconocido, así como lo general se construye socialmente, también lo particular, y especialmente lo singular. Las singularidades no se encuentran fuera de la sociedad, son y están dentro de la sociedad. Cada singularidad tiene una complejidad inherente y una densidad interna. “Las singularidades se vuelven mundos en sí mismos” (Reckwitz, 2020: 34).

La relación en lo general-particular, las idiosincrasias y las singularizaciones no es estática, todo lo contrario, es una relación dinámica en la cual una singularización se puede convertir en una idiosincrasia o viceversa, una idiosincrasia puede transformarse en una singularización, o bien las dos anteriores volverse parte de lo general-particular. Dentro de la lógica social de lo particular ocurre un dinamismo sui generis, tal y como en la lógica social de lo general.

Respecto a las entidades establecidas, éstas también operan en lo particular. Los sujetos expresan su idiosincrasia o singularización a través de la individualidad. “Algunas veces, el concepto de individualidad es usado para denotar idiosincrasias. En otros casos, estos conceptos refieren hacia varias facetas del individualismo de igualdad” (Reckwitz, 2020: 39). Martuccelli indica que la individualidad “apunta al grado de diferenciación o de singularización reconocido o legítimamente alcanzado por un individuo dentro de un colectivo” (Martuccelli, 2019: 10). Ejemplo de la singularidad en los sujetos son los primeros influencers de las redes sociodigitales. Acerca de esto, Reckwitz señala que “La singularización del sujeto es un proceso en el cual la automodelación y la autosingularización van de la mano con el control y la singularización promulgada por otros” (Reckwitz, 2020: 41). De esta manera, la singularización de los sujetos tanto es construida y realizada por el sujeto mismo como es reconocida por otros. En este sentido converge con lo establecido por Norbert Elias, “Aquello que llamamos la ‘individualidad’ de una persona es, en primer lugar, una particularidad de sus funciones psíquicas, una cualidad constitutiva de su autodirección en la relación con otras personas y cosas” (Elias, 1990: 78). Los influencers no serían tales si no fueran reconocidos por los demás usuarios del Internet; inversamente, el influencer se construye a sí mismo, la autenticidad juega un papel importante en la singularización, y quien es parte del mainstream de las redes sociodigitales debe ser auténtico y singular (Gorea, 2021; Stsiampkouskaya et al., 2021; Foster, 2022; Kreling, Meier y Reinecke, 2022). Ahora bien, “Los sujetos singularizados no pueden reducirse a roles funcionales o grupos hereditarios” (Reckwitz, 2020: 40). Un sujeto singularizado, una persona singularizada no cabe en alguna categoría o tipificación de lo general.

Los objetos también se singularizan, y su singularización proviene del reconocimiento social. Por ejemplo, en el mundo de las bebidas alcohólicas, los bartender son personas que se capacitan para la preparación de éstas, algunos de ellos crean bebidas exclusivas y únicas, por lo tanto, singulares. Aunque la singularización de los objetos también la podemos encontrar en la lógica social de lo general, en cada tiempo festivo como lo es Halloween, el Día de Muertos o Navidad, aparecen objetos de consumo sólo para esas épocas y que también se vuelven singulares, como lo son los panes de muerto mexicanos preparados con alguna sustancia especial que les da un sabor que no se volverá a repetir”, o el regalo decembrino que espera esa persona especial; la mercadotecnia y la publicidad juegan con la singularidad de un producto aunque éste sea producido de manera masiva.

En este sentido, las lecturas de Herbert Marcuse (1973), Zygmunt Bauman (2007) e incluso Eva Illouz (Cabanas y Illouz, 2019) contribuyen a entender el consumo de objetos singularizados. Esto debido a que, como señala Reckwitz, “cosas y objetos singularizados son más que instrumentos funcionales; u ofrecen algo más o son entidades exclusivamente culturales que operan afectivamente” (Reckwitz, 2020: 40).

Los objetos singulares apelan a emociones y sentimientos para llegar a ser singularizados. Consideremos la película Coco cuya temática relacionada con el Día de Muertos generó más de ochocientos millones de dólares,4 se podría decir que es una película más de la lógica social de lo general, pero en México ésta se volvió un hito por el reconocimiento otorgado por parte de la población mexicana. La película se volvió singular.

Los espacios también se vuelven singulares, “la lógica de lo particular vuelve los espacios en lugares de identificación. Aquí, hasta cierto punto, el espacio no es extenso sino más bien intensivo. Es la localidad del espacio lo que interesa a la gente. Sólo un espacio condensado en lugar puede convertirse en lugar de memoria y escenario con atmósfera” (Reckwitz, 2020: 41).

En la lógica social de lo particular, la singularización de espacios hace que un restaurante pueda volverse irrepetible; dentro del colectivo gótico o dark, por ejemplo, existe una diversidad de espacios que guardan relación con la identidad de la escena oscura. Reckwitz enuncia que los espacios se vuelven lugares y así es como entran a la memoria. Otro sociólogo que ha trabajado lo relativo a los lugares es Maurice Halbwachs, él señala que

el lugar ha recibido la huella del grupo y a la inversa. Entonces, todo lo que hace el grupo puede traducirse en términos espaciales, y el lugar que ocupa no es más que la reunión de todos los términos. Cada aspecto, cada detalle de este lugar tiene un sentido que sólo pueden comprender los miembros del grupo, porque todas las partes del espacio que ha ocupado corresponden a otros tantos aspectos distintos de la estructura y la vida de su sociedad, al menos en su faceta más estable (Halbwachs, 2004: 133).

Por otro lado, citando una vez más a Ritzer:

Cuando abandonan esos sistemas mcdonalizados, tienden a buscar, convencidas, espacios no racionalizados como contrapartida a sus vidas por lo común muy racionalizadas. Son esa clase de personas que durante los fines de semana y las vacaciones van a acampar a zonas naturales y solitarias como antaño; van a escalar montañas, a practicar espeleología, a pescar, a cazar (sin disponer del mejor equipo), a curiosear a los museos; preparan elaborados menús en casa, y buscan los restaurantes tradicionales, pasados de moda, las tabernas y los bed & breakfast, (Ritzer, 1996: 197).

En redes sociodigitales podemos encontrar videos que exaltan lugares, un paisaje, una casa o un restaurante. El Taj Mahal en la India es un lugar único, con su propia atmósfera al igual que la isla de Capri en Italia. Pero ¿qué tienen ellos que no tengan otros lugares? La experiencia de estar ahí. La experiencia forma parte fundamental de las singularidades, la experiencia se presenta como única. Lo mismo ocurre con las temporalidades, el tiempo también se vuelve singular. Todos los festivales de música, a pesar de que se realizan en los mismos periodos de tiempo, se ofrecen como únicos, dado que se promueve una experiencia que se volverá irrepetible. Empero, para que las temporalidades adquieran una singularidad particular es necesario tener en cuenta la dimensión ritualística de los mismos. “Un ritual (tal como una celebración anual) puede ser experimentada como única, y de hecho las celebraciones y rituales son prototipos tradicionales de temporalidades singulares. En la modernidad tardía, sin embargo, ha habido una proliferación de eventos únicos” (Reckwitz, 2020: 42).

Randall Collins, en el texto intitulado Cadenas de rituales de interacción trabaja el papel y la importancia del ritual en diversos eventos. Para él, “Un ritual de interacción (RI) es un encuentro pautado entre personas que, mejor o peor, han aprendido de otros y por experiencia propia a percibir, reproducir, desarrollar, improvisar esas pautas (Collins, 2009, VIII). En el mismo texto, indica que “El proceso clave es el surgimiento de consonancia mutua entre la atención y la emoción de los participantes, que crea una experiencia emocional/cognitiva compartida” (Collins, 2009: 73). Las emociones se hacen presentes en las singularidades. Sin ahondar en los demás ingredientes del ritual de interacción de Randall Collins, la emoción de los sujetos es vital para que un evento dado, o propiamente una temporalidad, se vuelva singular.

En lo que se refiere a los colectivos, “Los colectivos singulares no son generales, asociaciones racionales instrumentales o entornos sociales ‘dados’ (idiosincráticamente); sin embargo, ellos son colectivos que tienen un valor cultural único para sus participantes” (Reckwitz, 2020: 42). Lo que hace que un colectivo se vuelva singular es la valorización que le dan sus integrantes. Para los que profesan alguna religión, su religión es única y singular. Las identidades juveniles también son un buen ejemplo de los colectivos singulares. Para los punks, el punk es único y singular, pero esto es así, ya que los colectivos comparten una visión de lo que es la realidad, del cómo funciona el mundo. “Los colectivos singulares son entonces, en lo general, socialidades intensamente afectivas que comparten no sólo prácticas sino también narrativas e imaginaciones. [...] la única naturaleza de los colectivos singulares puede aparecer absolutamente ajena a los forasteros e incluso evocar desprecio agresivo” (Reckwitz, 2020: 43).

Un singular colectivo necesita lazos emocionales y/o afecto que acompañen su narrativa e imaginación. Por ello un colectivo singular puede reaccionar de manera violenta hacia otros que no formen parte de tal, como bien refiere Collins sobre la justa ira: “La justa ira tiene una inmensa importancia en los sentimientos políticos y en la dinámica de las comunidades locales (escándalos, cazas de brujas, histerias políticas)” (Collins, 2009: 175).

Por su parte, Georg Simmel, sin usar las mismas palabras de Reckwitz, ya había identificado lo singular de los colectivos al reconocerlos como únicos por la composición de los individuos al interior,

Del lado de acá del más amplio de los círculos que actúan en derredor de nosotros, todos los demás tienen este doble sentido; funcionan, por una parte, como unidades de carácter individual y aun frecuentemente como individualidades sociológicas y, por otra parte, en virtud de sus elementos, resultan complejos de orden superior, en los cuales, quizás, aparte de sus individuos, hay otros complejos interiores. Es siempre, pues, el grupo intermedio el que manifiesta la proporción indicada -cohesión interior, repulsión exterior- frente al más general y elevado y al más individual y bajo. Este es un individuo relativo, en relación con aquel, aunque sea un producto colectivo en relación con el otro (Simmel, 2014: 685).

La singularidad de los colectivos puede adquirir un carácter individual, por contradictorio que parezca; Simmel desde su óptica identifica que los colectivos también se constituyen como sujetos compuestos de individualidades juntas por elementos en común, tal y como lo ejemplifica con los cuáqueros en el texto citado.

Observación, evaluación, producción y apropiación

Andreas Reckwitz propone cuatro prácticas a través de las cuáles las lógicas sociales se hacen presentes. Estas prácticas operan a través de las diferentes racionalidades de lo general, o bien mediante las diferentes manifestaciones de lo singular. En el presente apartado se ahondará en la ejecución de éstas con respecto a las singularidades.

La primera práctica es la observación, refiere a que “algo puede ser interpretado, por ejemplo, como algo no intercambiable o único. Como tal, primero debe ser reconocido o descubierto” (Reckwitz, 2020: 44). ¿En qué momento un sujeto, un objeto, un espacio, una temporalidad o un colectivo se vuelve singular? A diario se ve todo tipo de entidades, pero no todas se establecen como singulares. Para que se adquiera el calificativo de singular significa que lo observado debe ser reconocido como tal, por ello la formulación de Searle de X cuenta como Y en C. Lo singular sólo es así para quien lo establece como singular, dado que lo enuncia así.

La segunda práctica es la evaluación, que explica Reckwitz, “significa atribuir valor en sentido estricto. [...] evaluar es certificar. En lo general, el criterio que define que es deseable está invertido: ahora, lo singular es valuable” (Reckwitz, 2020: 45). En el mundo de los cómics se producen y venden a diario miles, cuando se publicó Action Comics #1 en abril de 1938 en Estados Unidos, cuya portada tiene al personaje llamado Superman, éste era considerado una historieta cuyo valor económico no rebasaba unos cuantos centavos de dólar, pero en la actualidad vale más de tres millones de dólares, ¿por qué? La respuesta es que en ese momento era un producto de la lógica social de lo general, con el paso del tiempo y la desaparición de ejemplares, la historieta acumuló un valor económico cuya base es el reconocimiento de ser un objeto único. Tuvo una evaluación que le otorgó un valor no sólo económico, sino cualitativo y cultural, por ello Reckwitz ubica a las singularidades dentro de lo que se ha denominado capitalismo cultural. Aunque la práctica de la evaluación también desingulariza, esto ocurre cuando una entidad pierde la característica de ser único:

[…] las prácticas de valorización no solamente singularizan sino que también de-singularizan. No solamente ellas adscriben valor, ellas devalúan también. [...]. Prácticas de valorización elevan y rechazan cosas; ellas distinguen cosas mientras aseguran otras que permanecen invisibles. Los procesos de singularización regularmente operan en tándem con procesos de de-singularización (Reckwitz, 2020: 46).

Los primeros influencers fueron en su momento considerados como singulares, con el paso del tiempo perdieron tal peculiaridad. Todas las entidades consideradas singulares, bien pueden terminar siendo idiosincrasias, o ser parte de lo general-particular. O volverse simplemente parte de la lógica social de lo general.

La producción desempeña un papel central con respecto a las singularidades, ya que es una producción a la carta. La economía de las singularidades parte de la premisa de darle al consumidor prácticamente lo que pida, en este sentido, el cliente siempre tiene la razón. Las singularidades dependen de la atención del público, de los consumidores, “la producción de singularidad debe incorporar la perspectiva real o imaginada del público en la creación de estas entidades” (Reckwitz, 2020: 47). La producción de un ambiente en un espacio depende de quienes lo visitan, por ejemplo, los bares y cafés góticos. En este capitalismo cultural la producción debe ser auténtica y original, sólo así será singular e impedirá que su producción en grandes números sea considerada como una producción de la lógica social de lo general.

Desde la perspectiva del marxismo clásico, la producción de las singularidades guardaría una fuerte relación con el fetichismo de la mercancía propuesto por Karl Marx en su texto El Capital:

Lo misterioso de la forma de mercancía consiste, pues, sencillamen te en que les presenta a los hombres, como reflejados en un espejo, los ca racteres sociales de su propio trabajo como caracteres objetivos de los productos mismos del trabajo, o como unas propiedades sociales inhe rentes a la naturaleza de esas cosas; de ahí que también la relación de los productores con el trabajo total se les presente como una relación social entre objetos que existe fuera de los productores. Mediante ese quid pro quo los productos del trabajo se convierten en mercancías, en cosas sensibles y a la vez suprasensibles, o en cosas sociales. [...] No hay aquí nada más que una determinada relación social entre los hombres mismos, que adquiere para ellos la forma fantasma górica de una relación entre cosas. Para encontrar una analogía hemos de refugiarnos, por tanto, en la nebulosa región del mundo religioso. Ahí los productos de la cabeza humana parecen personajes dotados de vida propia, que se relacionan entre ellos y con los hombres. Lo mismo sucede en el mundo de las mercancías con los productos de la mano hu mana. A eso yo lo llamo el fetichismo que se adhiere a los productos del trabajo, desde el momento en que son producidos como mercancías, y que es, por tanto, inseparable de la producción de mercancías (Marx, 1999: 88).

Desde esta visión las mercancías singulares son fetichistas en varios sentidos. La comida que se oferta como “orgánica” por el no uso de agroquímicos en su producción, no por ello deja de tener enlaces covalentes de carbono o unión entre carbono e hidrógeno, que es lo que caracteriza desde la química aquello que es orgánico. Sin embargo, el peor fetichismo de las singularidades es aquel que resulta de las desigualdades sociales, si una marca famosa de la alta costura usa algún diseño de origen huichol o tzotzil hace de sus productos algo singular, pero si un indígena de estas etnias realiza la venta de sus artesanías con los mismos diseños, regularmente es víctima del regateo.5 El producto de alta costura es singularizado, mientras que la artesanía popular es desingularizada. Esto lleva a considerar que las singularidades, o al menos parte de ellas, son resultado del clasismo, del racismo o del patriarcado incluso.

La última práctica de la singularización, la de la apropiación, guarda relación con aquello que se denomina performance y los afectos, pero sobre todo con la experiencia: “la apropiación de lo particular tiene la estructura de una experiencia vivida. Un objeto singular o cosa, un sujeto singular, un lugar singular, un evento singular, un colectivo singular, todos ellos tienen experiencia, que sólo puede suceder si ellos son verdaderamente experimentados como únicos y tienen una realidad social única” (Reckwitz, 2020: 47).

La experiencia de quien consume es vital en las singularidades, de ahí que la presentación de las singularidades sea siempre performativa, pero no entendida como algo artístico, sino performativo en el sentido goffmaniano.

Una “actuación” (performance) puede definirse como la actividad total de un participante dado en una ocasión dada que sirve para influir de algún modo sobre los otros participantes. Si tomamos un determinado participante y su actuación como punto básico de referencia, podemos referirnos a aquellos que contribuyen con otras actuaciones como la audiencia, los observadores o los coparticipantes (Goffman, 1997: 27).

La apropiación de las singularidades se da con base en la afectación que puedan tener sobre los sujetos. Un ejemplo de ello fue la venta del agua con la que se bañó una influencer de nombre Belle Delphine.6 A pesar de que los objetos, los espacios, las temporalidades y los colectivos no son propiamente sujetos, también presentan tal característica performativa, lo cual los coloca a nivel de actantes de acuerdo con la teoría del actor-red. Aunque para ser performativos, estos últimos al igual que los sujetos deben ser percibidos de tal manera que toquen afectivamente para ser apropiados desde su singularidad, es decir, “Las entidades sociales de lo singular movilizan intensidades afectivas primariamente en la forma de afectos positivos de deseo y de interés, pero también en mezclas ambivalentes de éstos con miedo y enojo. El fenómeno de ser afectado de tal manera es especialmente claro de ver en la apropiación y experiencia de singularidades” (Reckwitz, 2020: 49).

De ahí el texto de Illouz antes mencionado, las singularidades mueven emociones y sentimientos. La valuación que se hace de las diferentes entidades debe verse como parte de las prácticas que realizan los individuos. Estas prácticas vuelven a las entidades visibles y les otorgan rasgos positivos o negativos que a su vez generan mecanismos de exclusión. Estas valoraciones que se generan en la lógica social de lo particular, culturalizan lo social, es decir, Culturalización, por el contrario, permite seleccionar objetos, sujetos, lugares, eventos y colectivos que desarrollan complejidad inherente y densidad propia, por la cual ellos son singularizados” (Reckwitz, 2020: 59). Al referirse a complejidad inherente y densidad propia, Reckwitz alude a la estructura interna de cada una de las singularidades. La complejidad es toda la red de prácticas y procesos que hay detrás de cada entidad, ésta a su vez otorga una densidad que le es única. La culturalización de lo social se da a través de lo cualitativo y significa que hay que estudiar las cualidades que hay detrás de las singularidades. Para Reckwitz las cualidades que se valúan en las entidades y les otorgan un sentido afectivo son la estética, la narrativa-hermenéutica, la ética, la creatividad y la cualidad lúdica. Nos concentraremos sólo en las dos primeras cualidades.

La primera, “puede ser asociada con el imaginario -esto es, con la capacidad para imaginar mundos alternativos o cosas más allá que pueden ser percibidas por los sentidos” (Reckwitz, 2020: 62). Lo estético de una entidad permite que pueda ser colocada de manera abstracta en otras situaciones con la finalidad de poder movilizar afectos o ser representada en situaciones o sucesos especiales. Por su parte, la narrativa-hermenéutica provee un guion no sólo de las entidades valuadas singularmente, sino también de su visión del mundo, “las entidades culturales proveen narrativas acerca del mundo de la naturaleza y la sociedad, acerca del pasado y el futuro, acerca de las personas, las cosas y los dioses” (Reckwitz, 2020: 61). La industria de la cerveza creó varios mitos e historias alrededor del pulque, al que se le atacaba por supuestamente ser fabricado con excrementos o ser bebida de pobres, sin embargo, la economía de las singularidades le ha otorgado espacios específicos con presentaciones únicas y con un discurso que singulariza y lo rescata como un objeto para una experiencia singular: “el pulque es la bebida de los dioses”. Actualmente las clases sociales más acomodadas lo degustan con placer. Tanto la estética como la narrativa-hermenéutica hacen que las singularidades se vuelvan atractivas debido a que transmiten el valor de las mismas, todo lo contrario ocurre con las cosas generales, ya que éstas sólo pueden ser conocidas por su funcionalidad y la información que proveen. “En general, se puede decir que la información requiere utilidad y una función, mientras las percepciones narrativas y estéticas requieren valor. La información es emocionalmente empobrecida y objetiva; las percepciones narrativas y estéticas movilizan afectos (Reckwitz, 2020: 62).

La estética y la narrativa hermenéutica son consecuencias de la sociedad burguesa y, por ende, punto de origen de las singularidades: “La singularidad viene unida a un régimen de novedad estética. [...] El campo del arte burgués fue así la primera en institucionalizarse hacia un mercado de atención para la singularización de bienes culturales” (Reckwitz, 2020: 69). Esto fue señalado por uno de los sociólogos de la Escuela de Frankfurt, Herbert Marcuse, en su texto El hombre unidimensional, donde indica con claridad cómo el arte burgués y sus diversas manifestaciones son usadas como una singularidad, dado que éstas cambian conforme la sociedad se transforma: “La vampiresa, el héroe nacional, el beatnik, la esposa neurótica, el gánster, la estrella, el magnate carismático, representan una función muy diferente e incluso contraria a la de sus predecesores culturales. Ya no son imágenes de otra forma de vida, sino más bien rarezas o tipos de la misma vida, como su negación al orden establecido” (Marcuse, 1973: 80).

Es precisamente en la sociedad burguesa que nace la primera expresión social concreta de la singularidad, no solamente en la obra de Reckwitz, sino mencionada incluso en la de otros autores (Lukes, 1975; Simmel, 2014; Berlin, 2016): el romanticismo. Este movimiento cultural es un parteaguas de la sociedad moderna dado por su reivindicación de la individualidad y los sentimientos como reacción al racionalismo de la Ilustración, una búsqueda de la autenticidad, así como de la recuperación de paisajes bucólicos que contrastan con la industrialización de las ciudades. “Al respecto, se puede decir que los siguientes factores fueron igualmente influyentes: la cultura romántica de la autenticidad y su integral proyecto de singularización, la idea del modelado del arte acorde a un régimen de originalidad estética, la orientación cultural del estilo de vida, y la politización de autenticidad a lo largo de líneas nacionalistas (Reckwitz, 2020: 70).

Un ejemplo es la obra Las penas del joven Werther del escritor alemán J. W. Goethe, fue toda una singularidad en su momento, varios seguidores del romanticismo emularon el trágico final del protagonista. Las bases del romanticismo permitían tales conductas singulares, claro que para aquellos que podían sostener el nivel de vida romanticista. Difícilmente un minero de la novela Germinal de Émile Zola podría haber sido romanticista. El romanticismo era para la burguesía, y en el mismo sentido, las singularidades son para la burguesía y las clases sociales más pingües de la sociedad actual. A pesar de ello, a nivel de los sujetos, del self, la singularidad está presente para todos: “La autenticidad del self así ha ganado una enorme cantidad de significado. El propio yo debería desarrollarse ahora en su singularidad, y la búsqueda de experiencias correspondientemente auténticas (en el trabajo, en el ocio y en la vida privada) se ha convertido en un leitmotiv. Todo esto se ha sumado a una revolución de la autenticidad” (Reckwitz, 2020: 73).

Todos los individuos actualmente podemos presentarnos en sociedad como auténticos, pertenecientes a la singularidad que prevalece en la actualidad. Esto lleva a cuestionar cómo es posible que suceda a pesar de las diferencias y las desigualdades sociales, ¿es la individualidad expresión de la singularidad? Esto es posible gracias al desarrollo de la tecnología digital, de acuerdo con Reckwitz, “la digitalización ha sido usada y desarrollada en una manera específica para satisfacer los deseos de comunicación, presentación y consumo que caracteriza al sujeto de la modernidad tardía y del capitalismo cultural. Esa nueva tecnología significa simultáneamente promover la singularización y culturalización de sujetos y bienes similares” (Reckwitz, 2020: 75).

Las redes sociodigitales como las del grupo Meta (Facebook o Instagram) permiten lo anterior. Basta dar un clic para que los individuos se muestren al mundo como deseen ser vistos. Detrás de cada imagen o fotografía hay una historia que se comparte, hay una muestra de la emoción que viven los sujetos en el momento. Al respecto, Alberto Sánchez dice: “la imagen como dispositivo de la persona, el avatar en tanto red compleja de relaciones y de interacciones, de efectos y controles, centro de identificación y desidentificación, de múltiples aplicaciones, flexible” (Sánchez, 2019: 16). Cada sujeto en las redes sociodigitales busca mostrarse, y la forma de conseguir ello es con acciones únicas y auténticas que atraigan al público, no sólo a los amigos o a los contactos, incluso a aquellos que se desconocen.

Las singularidades van más allá de las entidades mismas. Las singularidades también son relaciones y tienen afección en donde éstas se encuentren. En palabras del autor alemán, “La sociedad de las singularidades ha creado sistemáticamente una serie de nuevas polarizaciones sociales y culturales” (Reckwitz, 2020: 77). Al singularizar también hay una desingularización, unas entidades se benefician en perjuicio de otras, trasladado esto al ámbito de las relaciones entre individuos puede generar mayor desigualdad social a partir de polarizar las relaciones sociales mismas,

[…] la nueva clase media puede ser entendida como una base cosmopolita de procesos de culturalización y singularización, la nueva clase baja ha sido devaluada social y culturalmente. Más allá de la nivelada sociedad de la clase media, esto ha resultado más o menos en sutiles conflictos culturales y tendencias hacia una segregación que afecta cosas tales como la educación, las condiciones de vida, y la salud (Reckwitz, 2020: 78).

El mercado y las redes sociodigitales son pruebas contundentes de la polarización social que ha generado la desigualdad social. El primero ha singularizado productos que profundizan la brecha entre aquellos que poseen recursos económicos y los que viven al margen del mercado, adquirir productos singularizados se ha vuelto sinónimo de opulencia. Mientras que las segundas difunden expresiones de clasismo y de racismo, por ejemplo. En la vida cotidiana digital de México, los whitexicans, personas de tez clara con un nivel socioeconómico por arriba del promedio poblacional, han hecho de las redes sociodigitales un canal de comunicación mediante el cual realizan descalificaciones hacia aquellas entidades que no empatan o convergen con su visión del mundo, a la vez que se presentan como personas únicas o singulares, tales son los casos de influencers como Bárbara de Regil y Lady Francesa. Aunado a esto último, el mercado permite la apropiación y estetización de alimentos o prendas que son consideradas típicas, ingredientes tradicionales de la gastronomía regional mexicana han pasado a ser alimentos singulares para aquellos que antes los desconocían. Sin embargo, una polarización que se ha vuelto sumamente invasiva y agresiva es aquella que singulariza los espacios gracias a los llamados nómadas digitales, tanto colonias como pueblos en diversas partes de México han sido singularizados y a su vez fortalecen procesos de gentrificación que afectan a los pobladores y residentes de los lugares que se ven singularizados. En este sentido la economía de las singularidades contribuye a la permanencia y exponenciación de las desigualdades sociales ante aquellos que no pueden vivir bajo esa lógica social.

Conclusiones

La propuesta de Andreas Reckwitz hace eco y empata ante una sociedad occidental que durante los últimos cincuenta años ha promovido el consumismo no solamente como una actividad del mercado, sino como un modo de vida. La lectura o la interpretación que realiza puede identificarse a la del entorno inmediato del autor, aunque la teoría de las singularidades ayuda a comprender y explicar lo que acontece en otros países alrededor del mercado y su influencia en otros aspectos de la sociedad alrededor del capitalismo cultural. Si bien muchos de los enunciados que escribe Reckwitz pueden ser vistos en otros autores como los citados en el presente texto, a la vez muestra un trabajo original y un esfuerzo por explicar cómo es posible que el capitalismo como modelo económico una vez más se transforma para mantenerse vigente.

Reckwitz ofrece una propuesta explicativa del mundo social, donde ámbitos como la economía, la virtualidad y la cultura ocupan un lugar primordial, ello permite que se pueda observar cómo es que estas singularidades se dan en la vida cotidiana, no basta mencionar que existen neocomunidades (que es otro concepto que aparece en su libro), sino que hay que entender cómo funcionan las mismas en la vida cotidiana. Y es precisamente en ella donde ocurre la mayoría de las singularidades, aunque lo anterior no sucede de la misma manera en diversos lugares del mundo, la experiencia de recorrer la ruta Ho Chi Minh en Vietnam es muy diferente de la experiencia de lo que es el nazi kawaii en varios países, como Japón o Corea del Sur. Finalmente, la sociedad de las singularidades ofrece una visión cuyo punto central no recae solamente en los sujetos, considera otros elementos que permiten generar un mayor alcance de análisis; estos elementos, como lo son los objetos, los espacios o las colectividades y el tiempo operan de manera simultánea que los sujetos, permitiendo una lectura más sencilla de la complejidad que se encuentra presente en los fenómenos sociales y en la interacción social.

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1 Aquí habría que incluir también a las generalidades.

2Benjamin Franklin, Advertencias necesarias a los que quieren ser ricos (Advice to a Young Tradesman [21 de julio, 1748]). Disponible en: Founders Online, National Archives, <https://founders.archives.gov/documents/Franklin/01-03-02-0130>.

3Para mayor detalle, léase El proceso de la civilización, del sociólogo alemán Norbert Elias (1990).

5Acto coercitivo cuya finalidad es hacer que un productor o vendedor rebaje el costo de venta de sus productos.

Recibido: 24 de Mayo de 2024; Aprobado: 11 de Diciembre de 2024

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