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Secuencia

versión On-line ISSN 2395-8464versión impresa ISSN 0186-0348

Secuencia  no.124 México ene./abr. 2026  Epub 09-Feb-2026

https://doi.org/10.18234/secuencia.v0i124.2381 

Artículos

Archivo y cultura escrita. Anita Brenner asistente de investigación de Ernest Gruening (1925-1927)

Archives and Written Culture: Anita Brenner, Research Assistant to Ernest Gruening (1925-1927)

Marcela López Arellano1  *
http://orcid.org/0000-0001-9139-2107

1Universidad Autónoma de Aguascalientes, México maloarellano@hotmail.com


Resumen:

En 1928, el político y periodista estadunidense Ernest Gruening (1887-1974) publicó su libro Mexico and its heritage. De 1925 a 1927 contrató a la escritora Anita Brenner (1905-1974), quien vivía en la ciudad de México, como su asistente de investigación. Se comunicaron mediante cartas con instrucciones que él envió desde Estados Unidos y Francia. Las fuentes de esta correspondencia y los diarios de Brenner se encuentran en su archivo en la Universidad de Texas en Austin. Este trabajo analiza, desde la metodología de la cultura escrita y el valor de los archivos personales, el proceso de construcción del libro, basado en la relación entre el jefe y su asistente. Estas fuentes primarias hacen visible la labor intelectual de una mujer en México en la década de 1920, y permiten conocer sus aprendizajes en casi dos años de trabajo, en especial del periodismo que se convertiría en fundamental para su vida.

Palabras clave: archivo personal; cultura escrita; México; trabajo intelectual; asistente de investigación

Abstract:

In 1928, the American politician and journalist Ernest Gruening (1887-1974) published a book titled Mexico and Its Heritage. From 1925 to 1927, he hired writer Anita Brenner (1905-1974), who lived in Mexico City, as his research assistant. They communicated through letters, which he sent from the United States and France, with research requests and instructions. The sources for this correspondence and Brenner’s diaries are found in her archive at the University of Texas at Austin. This work analyzes, using the methodology of written culture and the value of personal archives, the book’s construction workshop, based on the relationship between the boss and his assistant. These primary sources shed light on the intellectual work of a woman in 1920s Mexico and provide insight into the lessons the young woman acquired during her nearly two years of work, specially of the world of journalism, which would become a pivotal part of her life.

Keywords: personal archive; written culture; Mexico; intellectual work; research assistant

INTRODUCCIÓN

En 1928, el periodista y político estadunidense Ernest Gruening (1887-1974) publicó en Nueva York su libro titulado Mexico and its heritage. Su interés en el país y los eventos posteriores a la revolución mexicana (véase Knight, 2010) iniciaron en la década de 1920, cuando fue editor de la revista The Nation. Gruening formó parte de los extranjeros liberales que visitaron el país para observar la reconstrucción de lo que, pensaron, ahora sería diferente. Además, conoció a personajes mexicanos de la política, entre ellos a los presidentes Álvaro Obregón (1920-1924) y Plutarco Elías Calles (1924-1928).

El periodista recorrió México varias veces entre 1922 y 1927. Tal vez fue en 1923 cuando conoció a la escritora nacida en Aguascalientes, México, y nacionalizada estadunidense, Anita Brenner (1905-1974). En agosto de 1924, The Nation publicó el artículo de Brenner, “The jew in Mexico”;1 posiblemente Gruening le recomendó enviar su texto. En diciembre de 1925, el estadunidense la contrató como “recopiladora” de información para su libro, labor a la que la joven se dedicó desde entonces hasta agosto de 1927, cuando se fue a Nueva York para estudiar en la Universidad de Columbia. Mucha de su comunicación en esos casi dos años fue a través de la correspondencia que mantuvieron desde distintos lugares.

Anita Brenner conservó una gran cantidad de sus documentos, tanto los producidos por ella como los que recibió a lo largo de su vida a pesar de varias mudanzas en su país natal y en Estados Unidos. Entre sus papeles se encuentran las cartas que recibió de Gruening cuando trabajó para él, así como sus diarios personales de esos años en México. Su archivo personal denominado Anita Brenner Papers, se encuentra en el Harry Ransom Center, en la Universidad de Texas, en Austin, en donde puede consultarse.

El presente trabajo tiene como objetivo conocer cómo fue la construcción del libro Mexico and its heritage de Ernest Gruening, desde la perspectiva de las labores de investigación realizadas por Anita Brenner. Para ello se examinó la correspondencia que se conserva en el archivo personal de Brenner, y los registros de sus diarios en México que fueron publicados en 2010. También se revisaron las notas que Gruening escribió en el “Prefacio” de su libro cuando se publicó en 1928, y lo que refirió de su experiencia en México en los años veinte, en su autobiografía de 1973 titulada Many battles.

No se busca analizar el contenido del libro de Gruening ni sus intereses políticos de ese tiempo,2 sino la comunicación con su joven asistente que quedó en las cartas que él le envió. En ellas se hace visible tanto el trabajo que Brenner debió realizar como el proceso de aprendizaje en la investigación y el periodismo que dicha comunicación le brindó a ella. Se trata de reconocer, por un lado, el valor de lo que se resguarda en los archivos personales y cómo estos documentos enriquecen el conocimiento de las vidas de las personas y su época. Y, por el otro, rescatar, desde los documentos de dicho archivo, el trabajo intelectual de una mujer durante la década de 1920 en México.

A partir de lo anterior, se examinan los textos mencionados desde las formulaciones de la metodología de la cultura escrita del paleógrafo italiano Armando Petrucci y el historiador Antonio Castillo de la Universidad de Alcalá. Igualmente, desde algunas consideraciones actuales sobre los archivos personales, como los estudios de la investigadora Kate Eichhorn (2013), quien argumenta que los archivos de mujeres hacen posibles nuevas narrativas históricas.

El artículo consta de dos partes, la primera con algunas consideraciones teóricas y metodológicas acerca de la cultura escrita y los archivos personales; las semblanzas de Ernest Gruening y la escritora, así como la relación de trabajo que los unió; algunas notas sobre el archivo personal de Anita Brenner, y breves consideraciones sobre las cartas de Gruening y los diarios de Brenner como objetos de estudio.

En la segunda parte se presenta el taller de creación del libro, es decir, cómo se construyó el libro a partir de los registros cotidianos que la joven asistente hizo en sus diarios personales durante el tiempo del trabajo, y las instrucciones detalladas que el estadunidense le envió por correo durante esos casi dos años. De esta forma se hace visible el intenso trabajo de búsqueda, recopilación, lecturas, traducciones y redacción que Anita Brenner realizó para Gruening, poniendo en evidencia un trabajo intelectual femenino detrás de la producción de un libro. Lo que ha permitido también formular, desde los escritos de Brenner, algunas conjeturas sobre las ideas y temas que la escritora pudo ofrecer al periodista para su libro.

I. CULTURA ESCRITA, ARCHIVOS, CARTAS Y DIARIOS

La cultura escrita y los archivos personales: nuevas preguntas, otras fuentes

En las últimas décadas del siglo XX, el paleógrafo italiano Armando Petrucci propuso una “historia de la cultura escrita” que se ocupara de “la producción, las características formales y los usos sociales de la escritura, y de los testimonios escritos en una sociedad determinada” (Petrucci, 2003, p. 8). Formuló seis preguntas básicas con el fin de reconstruir los gráficos, la época, el lugar en donde se escribió, las técnicas de escritura, el contexto social y cultural en que surgió, y la intención al escribirlo: ¿qué?, ¿cuándo?, ¿dónde?, ¿cómo?, ¿quién lo realizó? y ¿para qué fue escrito ese texto? Apuntó:

La historia social de la cultura escrita aspira a ser, más bien una historia, siempre renovada gracias a la confrontación directa con los fragmentos escritos del pasado, de los procesos y las prácticas de confección y uso de los productos escritos de cualquier naturaleza y de sus funciones; también, si no ante todo, en sus aspectos antropológica y socialmente más relevantes y significativos (Petrucci, 2003, p. 9).

Siguiendo a Petrucci, Antonio Castillo (2005) planteó que la cultura escrita implica reconocer su devenir histórico, sus contextos sociales e históricos, y su uso. Expresó que “recuperar la amplia riqueza de vocablo es […] una de las condiciones de partida sobre las que debe levantarse la historia social de la cultura escrita” (p. 19). Como categoría de análisis histórico, enfoca las consecuencias sociales y culturales; las funciones y usos de lo escrito; las redes de comunicación; las políticas de la escritura; los modos de circulación y apropiación, y las “maneras, tipologías y espacios de la lectura” (p. 19).

Asimismo, la cultura escrita estudia la materialidad de los textos y las prácticas cotidianas de la escritura, como: “las cartas personales, los libros de cuenta y razón, los diarios y memorias, o los cuadernos escolares […] que dan cuenta […] del creciente interés por las escrituras populares o del margen” (Castillo, 2005, p. 24). Así, cada texto se analiza desde sus características propias; la correspondencia, por ejemplo, es una práctica de escritura que se ha realizado a lo largo de cinco milenios, y comprende la práctica material y la práctica social (Petrucci, 2018, p. 12). O los diarios personales descritos por Philippe Lejeune como una práctica social son una escritura privada que raramente se busca publicar. Muchos diarios son destruidos por los o las autoras o por sus descendientes, y cuando existen, es difícil acceder a ellos (Lejeune citado en Popkin y Rak, 2009, p. 35).

Castillo también apunta que la escritura no concluye cuando se consume o se lee lo escrito, sino cuando las políticas de la memoria y el patrimonio se entrecruzan con los testimonios escritos (Castillo, 2005, p. 26). Con esto refiere a los archivos, las bibliotecas y los museos que han conservado los textos de distintas sociedades, a los que debe añadirse el resguardo de documentos personales, generalmente preservados en casa. Sobre los archivos personales, las reflexiones teóricas y metodológicas provocadas por el “giro archivístico” de los años noventa, plantearon considerar al archivo como un espacio de producción de conocimiento, no sólo de “extracción de datos” (Stoler, 2010).3

A estas reflexiones se sumaron investigadoras como Kate Eichhorn (2013), quien examinó archivos de mujeres ya incorporados a bibliotecas y colecciones públicas, en los cuales las mujeres son agentes, creadoras y resguardadoras de la memoria, son “mujeres archivando” (p. 2). El archivo personal de Anita Brenner recibido, catalogado y puesto a consulta por el Harry Ransom Center de la Universidad de Texas en Austin, es uno de ellos. Chaudhuri, Katz y Perry (2010), señalan que los archivos de mujeres guardan fragmentos de vidas, son testimonios de la presencia de las mujeres como protagonistas, pero “en las grandes narrativas […] han sido hechas a un lado, por falta de rastro de archivo […] que les asegure ser vistas en la historia” (p. VII). Eichhorn (2013) recomienda examinar qué significado tuvo para cada mujer el hecho de archivar, porque a través de ellos, “hacen visible el pasado en el presente” (p. 9).

Philippe Artières (2008), por su parte, considera que “el archivo ha entrado al espacio público” y se ha revalorado la función y el espacio del archivo para la preservación de la historia intelectual, como los acervos personales. Estos han preservado los objetos de estudio de la cultura escrita: los textos, los borradores y los manuscritos; los soportes de lo escrito y los instrumentos utilizados para escribir. Para Artières (2019) los archivos “han permitido estudiar momentos de escritura, que articulan objetos y prácticas, no sólo el escenario, sino integrando igualmente la memoria” (p. 14).

A partir de lo anterior se analizaron, como ya se mencionó, las cartas de Ernest Gruening y los diarios de Anita Brenner. Como complemento, se examinaron textos relacionados con ambos personajes y su contexto, como la biografía Anita Brenner. Una mujer extraordinaria, de su hija Susannah Glusker, traducida al español y publicada por el Instituto Cultural de Aguascalientes en 2006; el artículo “Ernest Gruening y su herencia. La revolución mexicana en el imaginario liberal norteamericano” (2003), y el libro México y la revolución mexicana bajo la mirada deAnita Brenner (2010), ambos de Yolanda Padilla Rangel, y el libro Anita Brenner. Una escritora judía con México en el corazón (2017) de Marcela López Arellano.

Algunas de las preguntas que guiaron el trabajo fueron: ¿cuál es la importancia de un archivo personal para la recuperación de la historia?, ¿de qué forma la comunicación epistolar entre Ernest Gruening y Anita Brenner permite escribir una nueva narrativa sobre la formación de la escritora?, ¿cómo el análisis de las cartas y los diarios personales hacen posible la comprensión del trabajo intelectual de Brenner?, ¿cómo estos documentos visibilizan el taller de construcción del libro de Gruening a partir de la relación con su asistente? y ¿cómo el análisis de distintos escritos personales permite conocer los aprendizajes que la joven asistente adquirió en el proceso?

Ernest Gruening y Anita Brenner: una relación de trabajo (1925-1927)

Ernest Gruening nació en Nueva York en 1887. Se graduó de la Escuela de Medicina de Harvard en 1912, pero se dedicó al periodismo. De 1920 a 1932 fue el jefe de redacción de la revista estadunidense editada en Nueva York The Nation, a la que describió como:

Una revista semanal dedicada a política, literatura, ciencia, drama, música, arte y finanzas. The Nation había sido fundada en 1865 y a lo largo de los años había establecido la reputación de independencia e integridad que atrajo a una impresionante lista de colaboradores y la lealtad de sus lectores [sería] una voz del disentimiento, e inevitablemente buscaría y publicaría materiales en asuntos ignorados por la prensa diaria (Gruening, 1973, p. 87).

De acuerdo con John Britton, Gruening fue un “estadista liberal con simpatías por el gobierno mexicano y sus instituciones” (Britton, 1995, p. 26), lo cual se muestra con la publicación de un número dedicado a México en The Nation en 1921, con colaboradores como Luis Lara Pardo, Mary Austin y Arthur Livingstone (Gruening, 1973, p. 88).

En su autobiografía Many Battles. The autobiography of Ernest Gruening, publicada en 1973, Gruening escribió que, a principios de la década de 1920, sintió que debía buscar información de primera mano acerca de México y publicarla, y que la revista Collier’s Weekly le encargó la investigación. Se convirtió en especialista del tema y escribió artículos sobre el mismo. Helen Delpar (1992) señala: “preocupado por lo que consideró mala información sobre México, [Gruening] decidió viajar a este país […] Se entrevistó con el presidente Obregón. También conoció al presidente Calles” (p. 26). Gruening (1973) rememoró que él y su familia hicieron amistad con los estadunidenses que vivían en la capital mexicana, como “una muy joven Anita Brenner […] que iba iniciando una notable carrera periodística” (p. 112).

Las autobiografías son testimonios de quienes exploran sus propias experiencias y refieren “las formas que entendieron sus vidas y se inscribieron en el contexto de su tiempo” (Bolufer, 2005, p. 44); se debe reconocer esta escritura “en su dimensión práctica, social, cotidiana, e incluso ordinaria” (Castillo, 2007, p. 13). Por ello es interesante observar que Gruening dedicó un capítulo de su autobiografía para narrar el tiempo que pasó en territorio mexicano en los años veinte y el proceso de escribir su libro, al que tituló: “Getting acquainted with Mexico”. A lo largo de su vida, el periodista tuvo una intensa trayectoria política, fue gobernador y senador por Alaska, y en 1964, el gobierno mexicano le otorgó la Orden del Águila Azteca, máximo galardón para un extranjero. Brenner y Gruening mantuvieron una relación epistolar desde 1926 hasta principios de 1970, que ella guardó en su archivo. Coincidentemente, ambos murieron en 1974, Gruening a los 87 años, y ella a los 69.

Por su parte, Anita Brenner nació en Aguascalientes, México, en 1905. Sus padres Isidoro Brenner y Paula Duchan eran judíos originarios de Letonia que llegaron a esa ciudad en 1900 en busca de trabajo. Su padre fue administrador de un hotel con baños de aguas termales y pudo adquirir un rancho. Los Brenner tuvieron cinco hijos, Anita fue la segunda, y los inscribieron en el Colegio Morelos, de la congregación presbiteriana, que daba educación en inglés para hijos de extranjeros. A principios de 1916, Isidoro Brenner se llevó a la familia fuera de México por temor a los conflictos de la revolución mexicana, se estableció en San Antonio, Texas, y nacionalizó a sus hijos e hijas estadunidenses. Anita Brenner continuó sus estudios en aquella ciudad, ingresó a Our Lady of the Lake College y el siguiente año se fue a la Universidad de Texas, en Austin (Glusker, 2006, p. 52). En 1923, a sus 18 años, regresó a su país natal, ahora a la capital, con permiso de sus padres. En 1924 se inscribió en la Universidad Nacional Autónoma de México en clases sobre culturas indígenas y literatura hispanoamericana (López Arellano, 2017, p. 181).

La joven también colaboró con la asociación judía de apoyo a los inmigrantes en México, la B’nai B’rith, y formó parte del grupo de extranjeros, muchos de ellos estadunidenses que estaban en el país, para escribir sobre el mismo después de la revolución, como el periodista Carleton Beals,4 el escritor Frank Tannenbaum,5 el fotógrafo Edward Weston,6 la fotógrafa Tina Modotti,7 la antropóloga Frances Toor8 y Ernest Gruening. En diciembre de 1925, Brenner escribió en sus diarios que había aceptado la oferta de trabajo de Gruening, quien le pidió localizar y reunir información para un libro sobre México que planeaba publicar (Brenner, 2010, p. 25). Ella tenía 20 años y le dio un enorme gusto ser contratada, ya que así podría pagar sus gastos. Sus tareas, según anotó, serían: recortar periódicos, entrevistar personajes, visitar bibliotecas, conseguir datos y estadísticas, y estar atenta a los eventos que pudieran aportar a los intereses de su jefe (Brenner, 2010, p. 148). Apuntó también que Gruening no estaría todo el tiempo en México y su comunicación sería mediante cartas hasta su regreso.

El archivo personal de Anita Brenner

El acervo de la escritora que quedó en su casa de la ciudad de México fue donado por su hija Susannah Glusker al Harry Ransom Center de la Universidad de Texas, en Austin, en el año 2000. Y fue abierto a consulta alrededor de 2010. Su archivo personal muestra el trabajo de organización y cuidado que realizó a lo largo de los años, resguardando la memoria, como señala Eichhorn (2013, p. 2). Por las fechas de los más antiguos, se advierte que, desde muy joven, Brenner reunió sus documentos, organizó las cartas con sus respectivos sobres, clasificó su producción académica e intelectual, y recopiló sus libros contables, entre muchos más, lo que permite apreciar que así debió ser en sus trabajos, cuidando cada detalle y dando orden a todo. En el Inventario Preliminar de la Colección Anita Brenner Papers9 se aprecia la gran variedad de documentos que resguardó. Cada vez que se mudó de casa, de ciudad o de país, Brenner debió empacar y llevar consigo sus papeles, libros y fotografías. Vivió en Aguascalientes hasta los once años; luego, desde 1916 en San Antonio y Austin, en Texas; en 1923 se fue a la ciudad de México; estuvo en Nueva York por un semestre en 1925, y volvió a la capital mexicana (López Arellano, 2017, p. 70).

En 1927 se fue a Nueva York para estudiar un doctorado en la Universidad de Columbia, ciudad en la que se casó con David Glusker; en 1936 nació su hijo Peter y en 1939 su hija Susannah. Se quedó en Nueva York hasta 1944, cuando decidió irse a la ciudad de México con sus hijos y se estableció allí de forma definitiva. También viajó por temporadas a su ciudad natal, Aguascalientes, para recuperar el rancho de su padre y dedicó tiempo a la agricultura. En cada uno de estos lugares produjo y conservó distintos documentos: escribió sus diarios personales; envió y recibió cartas de familiares, amistades y colegas; escribió artículos para distintas revistas y periódicos; escribió sus tres libros Idols behind altars (1929), Your Mexican holiday (1932) y The wind that swept Mexico (1943), de los que guardó borradores y recortes; guardó apuntes y notas de sus temas de interés, así como documentos administrativos de su revista Mexico/This Month, por mencionar sólo algunos. Parece que conservó todo; como ejemplo, su correspondencia va de la década de los años veinte a unos años posteriores a su fallecimiento en 1974.

Las cartas de Ernest Gruening en el archivo de Brenner

Las cartas son una fuente de rescate histórico que recupera los testimonios personales y el contexto de su época (Castillo y Sierra, 2014, p. 18). Desde finales del siglo XIX, escribir cartas se convirtió en una práctica común para hombres y mujeres (p. 14), y los manuales para escribirlas correctamente fueron muy populares (Rivalán, 2014, p. 62). El análisis de cartas permite conocer los modos de escritura, las buenas maneras y los significados que quien escribe da a su carta, al tiempo que muestran los servicios de correos y las formas de comunicación de la época (Castillo y Sierra, 2014, pp. 12-17).

De los casi dos años que Anita Brenner trabajó para Ernest Gruening, conservó en su archivo solamente las cartas de él con sus instrucciones, no dejó copias de sus cartas con sus respuestas.10 Se trata de 27 cartas que recibió desde Estados Unidos y Francia. 16 misivas de enero a diciembre de 1926, y once de mayo a agosto de 1927. Son cuatro manuscritas y las demás a máquina; el periodista utilizó el papel membretado que los hoteles, clubs y bibliotecas daban a los clientes o usuarios. Es posible que Gruening viajara con una máquina de escribir personal, o que en los lugares le permitieran utilizar alguna. Martyn Lyons (2023) señala que, durante la década de 1920, “muchos escritores de ficción […] manifestaron que fue la máquina de escribir la que permitió plasmar sus pensamientos en papel, con la misma velocidad con que su imaginación los producía” (p. 123).

Por los sellos en los sobres de las cartas, que Brenner también conservó en su archivo, se advierte que tardaban de diez a quince días en llegar a su destino. El estadunidense debía esperar alrededor de un mes o un poco más para recibir la respuesta de ella de su carta anterior. En enero de 1926, Gruening le escribió de Massachusetts y envió la misiva a San Antonio, Texas, donde ella vacacionó. Los siguientes meses le escribió desde Nueva York y desde París a la ciudad de México. En diciembre de 1926, nuevamente le escribió de Massachusetts y se la envió a San Antonio. De febrero a abril de 1927 el estadunidense estuvo en la ciudad de México, allí se vieron para discutir los hallazgos y continuar las búsquedas. Ella registró estos encuentros en sus diarios. Luego, de mayo a agosto de 1927, Anita Brenner volvió a recibir sus cartas en la capital mexicana: una desde Brownsville, Texas, y las demás desde Rockport, Massachusetts.

Durante 1926, el periodista dirigió sus misivas para “Dear Miss Brenner” a la dirección de un Apartado Postal en la ciudad de México. Los llamados A. P. son cajas personalizadas que alquila el Servicio de Correos a quienes no cuentan con una dirección permanente para su correspondencia (Cienfuegos y Guzmán, 2009, p. 133). Brenner debió entrar al Palacio Postal de la capital mexicana en la esquina de Santa Isabel y San Andrés (hoy Tacuba y Eje Central), y recorrer el pasillo central hasta la zona de “cajas de apartados” para buscar las cartas y los cheques de pago (La Ciudad de México, 2017).

En las cartas concernientes a la investigación que realizó Anita Brenner para Gruening, él mantuvo su posición de jefe a subalterna, con términos como “debe de…”; “no quiero repetirle…”; “no pierda tiempo en…”; “termine tan pronto como pueda…”; o “mande tan pronto como sea posible”. En una situación de jerarquía por el trabajo, en este caso de un hombre adulto a una joven mujer, su asistente, la mayoría son instrucciones con las formas como debía buscar información. Le indicó las personas a las que debía localizar o entrevistar, los lugares a los que debía acudir y los enfoques que debía dar a la información. En un inicio estaban llenas de reprimendas y de dudas sobre si ella había comprendido sus indicaciones. En una, por ejemplo, no le envió el cheque con el pago porque, dijo, no había recibido su trabajo.112 Y en la siguiente, cuando ya tenía los datos, la felicitó por lo encontrado y le mandó los dos pagos.12 Algunas veces le señaló que ella no había entendido sus instrucciones y debía seguir buscando la información. Además, la distancia y los tiempos del correo provocaron dificultades en su comunicación, aunque, con los meses parece que él fue apreciando la capacidad de trabajo de la joven.

Lo anterior expone que las cartas y los materiales documentales que Brenner envió con regularidad a Gruening fueron fuentes valiosas de información para que él diera continuidad a la redacción de su libro. Son estas cartas las que permiten documentar cómo fue la comunicación entre el empleador y su asistente, e iluminan el proceso de aprendizaje de la joven en los campos de la investigación y el periodismo. Son fuentes que vislumbran el trabajo de autoría en los márgenes de una mujer en la década de 1920 en México.

Los diarios de Anita Brenner: testimonios del trabajo para Gruening

Como ya se mencionó, el trabajo de investigación de Brenner para Gruening también quedó registrado en los diarios que ella escribió de 1925 a 1927 en México. Aunque las libretas y hojas sueltas en las que registró sus diarios en México y luego en Nueva York se encuentran en el Harry Ransom Center, para este trabajo se consultaron los diarios que editó su hija Susannah Glusker, y que fueron publicados por la Universidad de Texas en 2010. Glusker encontró los diarios en los cajones de archivo en casa de su madre, los transcribió en 900 páginas y los editó para dar a conocer las experiencias de una joven en México y en Nueva York durante la década de los años veinte, fue a “seguir las huellas de mi madre” (Brenner, 2010, pp. XXVII-XXVIII).

En los registros cotidianos que Anita Brenner anotó sobre Gruening se aprecia su trabajo como asistente de investigación, sus búsquedas, visitas a lugares y entrevistas, además de su percepción sobre lo que le pedía el escritor. Los diarios personales (le journal intime), son una forma de escritura dirigida a sí mismo(a), diferente de las cartas. Los diarios siguen las actividades, las emociones y los sucesos cotidianos. Pueden llevarse para resguardar la memoria de los días, para ser leído posteriormente, para tener un “amigo y confidente”, para desahogar emociones o expresarse con libertad, entre otras (Lejeune citado en Popkin y Rak, 2009, p. 24). Para las mujeres, la costumbre de tener un diario surgió en el siglo XIX y su popularidad creció durante la primera mitad del siglo XX (Catelli, 2007, p. 45; Hämmerle, 2009, p.143), siendo ellas las que más escriben diarios (Lejeune y Bogaert, 2003, p. 9).

Anita Brenner escribió sus diarios por casi seis años, lo que muestra que para ella fue muy importante registrar sus experiencias en ese tiempo. A veces lo hizo a mano, otras a máquina, pero siempre en inglés, con observaciones sobre el entorno, las personas, la cultura y aún la política. En México van de 1925 a 1927, y cuando estudió en Nueva York van de agosto de 1927 a junio de 1930, cuando contrajo matrimonio (López Arellano, 2017, p. 371). Parece que no volvió a escribir diarios después.

Los dos años que trabajó para el estadunidense, Anita Brenner también tuvo un proyecto con la Universidad Nacional sobre el arte y la cultura en México, para lo cual contrató al fotógrafo Edward Weston y a la fotógrafa Tina Modotti. Tanto para la búsqueda de información y materiales que le solicitó Gruening, como para su propio proyecto, Brenner viajó por varios estados del país y entrevistó a sus amigos artistas como Diego Rivera,13 José Clemente Orozco,14 David Alfaro Siqueiros,15 Jean Charlot16 y Francisco Goitia.17 También, en colaboración con su amigo, el pintor Jean Charlot, investigó sobre el grabador José Guadalupe Posada.18 Este proyecto no se publicó en México, pero ella se llevó su manuscrito a Nueva York en 1927 y logró que se lo publicaran en 1929 como Idols behind altars (Brenner, 1929; López Arellano, 2017, p. 138). En las cartas se aprecia que Gruening supo que ella tenía este proyecto al mismo tiempo que su investigación.

II. EL TALLER DE CREACIÓN DEL LIBRO MEXICO AND ITS HERITAGE

Una joven asistente aprende a investigar

El 20 de diciembre de 1925, Anita Brenner, que vivía en la ciudad de México, escribió en sus diarios: “¡Qué alegría! El Dr. Gruening vino con un montón de instrucciones y el salario de un mes por adelantado” (Brenner, 2010, vol. I, p. 25). El 1 de enero de 1926 apuntó, “entrevista con Gruening acerca de trabajo comienza el lunes” (p. 38). Ese mismo día su nuevo jefe le escribió una carta a máquina en un papel con su dirección impresa, “193 Walpole Street. Norwood, Massachusetts”, en la que le explicó que comenzaría su trabajo cuando él regresara a México: “no le enviaré los 100 dólares como anticipo de esto, asumo que su otro trabajo la mantendrá ocupada hasta que yo llegue”.19 De esta forma se marcó el inicio de la relación laboral entre ambos, ella seguiría las instrucciones y él enviaría los pagos.

Ernest Gruening explicó su interés por México en el “Prefacio” de Mexico and its heritage en 1928. Refirió que concibió el proyecto de escribir un libro sobre la revolución mexicana en 1922, una década después de la caída del presidente Porfirio Díaz. Una década, dijo, de “destrucción, confusión y una lenta reorientación para salir del caos” (Gruening, 1928, p. IX). Además, el presidente estadunidense Warren G. Harding (1921-1923) no había reconocido al gobierno del presidente Obregón, y la información sobre México estaba llena de prejuicios. Apuntó: “ningún libro con autoridad, ni en español ni en inglés daba mucha luz acerca de los propósitos y prospectos de la Revolución” (p. X).

Por otro lado, en su autobiografía de 1973, Gruening (1973) recordó que las primeras décadas del siglo XX las noticias sobre México eran provocadoras (p. 108), y decidió visitarlo para buscar fuentes fidedignas. En diciembre de 1921 arribó con su esposa y sus tres hijos, y se reunió con el presidente Álvaro Obregón20 al que describió como: “muy democrático, un hombre muy popular. [Él] esperaba crear un entendimiento entre la gente de Estados Unidos y la de México” (p. 109). Gruening no aclaró si fue invitado por Obregón para hacer su libro. Padilla Rangel (2003) apunta que el periodista “sólo consignó que ambos se habían comunicado por carta previamente” (p. 45).

Luego de esta visita, en 1924, y estando en Nueva York, Gruening comenzó la redacción de su libro, quería que “otros vieran la Revolución tal y como él la veía, y al México que a él le había impresionado” (p. 46). Ese mismo año, el presidente electo de México, Plutarco Elías Calles, pasó por Washington de regreso de su viaje a Alemania y, de acuerdo con Padilla Rangel (2003):

Gruening lo fue a saludar y fue entonces cuando Calles lo invitó a asistir a su toma de posesión como presidente […] Calles lo atendió como un invitado muy especial. No queda claro si Calles pagó sus cuentas, aunque esto es muy probable […]. Lo que sí está claro es que Gruening vivió por largos periodos de tiempo en México, durante casi todo el periodo del gobierno de Calles [1924-1928] (p. 47).

En su autobiografía de 1973, Gruening escribió que en 1924 se había preguntado si el presidente Calles21 podría resolver las problemáticas y las rebeliones en el país, y apuntó:

Yo debía tener las respuestas a estas preguntas para continuar mi libro; la voluminosa cantidad de información que había reunido en mis seis meses en México no era suficiente. Pude haber producido un “rapidito” periodístico, pero no el libro que yo quería escribir. Así que dejé a un lado los capítulos que había terminado, con la esperanza de regresar a México en algún momento futuro para continuar con mi investigación (p. 122).

Por lo anterior, y con la intención de continuar escribiendo su libro, a finales de 1925, Gruening contrató a Anita Brenner para buscar información, ella le mandaría los materiales desde México. Volviendo a los diarios de Brenner (2010), el 4 de enero de 1926, cuando inició sus labores, registró algunas de las tareas que Gruening le indicó: “planear la campaña”, “escribir cartas, recortar y archivar periódicos”, “organizar archivos”, “buscar estadísticas”, “lectura de libros de historia”; y los temas para investigar, como: “prostitución, pulque, mortalidad infantil, haciendas, generales, huelgas, y otras cosas como esas” (pp. 38-42). En general actividades auxiliares, trabajos mecánicos como organizar y clasificar, pero también le pidió que leyera y resumiera libros, confiando en su capacidad intelectual para hacerlo. La joven contaba con una trayectoria de artículos publicados desde 1924 que Gruening conocía, inició en The Nation en 1924 y en revistas en México como Revista de Revistas y Forma, así como varias docenas de artículos sobre los inmigrantes en México publicados en Nueva York en The Jewish Daily Forward, The Jewish Morning Journal o The Jewish Bulletin, entre 1924 y 1926.22

Ya que estaban de acuerdo con el trabajo, en enero de 1926 comenzaron las cartas. Él le escribió desde otros países, pero también de lugares en México. Por ejemplo, en enero de 1926 le envió una carta desde Guadalajara en un sobre membretado de la Biblioteca Pública del Estado de Jalisco -lo que muestra sus propias búsquedas-. En el archivo de Brenner se localiza una carta en español, mecanografiada por su empleador, del 15 de enero de 1926, para presentarla como su asistente: “A quien corresponda: La señorita Anita Brenner me está ayudando en la recopilación de material para un libro que estoy escribiendo sobre México. Mucho agradeceré las atenciones que tengan a bien extender a la señorita Brenner al proporcionarle los datos e informes que ella solicite. Atentamente Ernest Gruening. (su firma manuscrita con tinta negra).”23

Llama la atención que él, siendo extranjero, solicitó autorización para que le permitieran a su joven asistente el acceso a distintos archivos y materiales. Seguramente él mismo tenía cartas de autoridades del gobierno de México. Pero esto también muestra la independencia de Anita Brenner a sus 20 años, quien se presentó en los archivos y en las oficinas gubernamentales de la capital mexicana y otras ciudades con la carta, pero también con sus propios conocimientos del país y su dominio del español, la lengua de su infancia.

El 26 de enero Anita apuntó en sus diarios, “Gruening se fue […] y tengo tantas cosas que hacer” (Brenner, 2010, p. 46). El 5 de febrero de 1926 registró: “tengo que ponerme al corriente en los deberes que me encargó Gruening” (p. 49). Los siguientes días escribió: “he estado leyendo decretos de la iglesia sobre las cuotas para sacramentos en la Biblioteca Nacional” (p. 51). Esta biblioteca se ubicaba en el ex convento de San Francisco en donde, desde 1861, se había constituido “una Biblioteca Nacional con libros y manuscritos pertenecientes a las órdenes extinguidas” (Nava, 2017, p. 335). Las búsquedas de información llevaron a Brenner a bibliotecas, archivos, oficinas y espacios de gobierno que tal vez nunca hubiera visitado, y le permitieron conocer su país natal desde otras perspectivas.

La siguiente epístola que recibió fue del 19 de febrero de 1926 desde Nueva York, una misiva manuscrita en la que él le informó el envío del cheque en dólares para cubrir el trabajo del periodo, y le solicitó un informe de avances. Sus solicitudes aumentaron, le pidió más lecturas de historia, fotografías y reportes, debiendo dedicar cada vez más tiempo a la investigación. El 2 de marzo de 1926, le escribió en papel membretado del “Harvard Club. 27 West 44th Street”, el espacio para los egresados de la Universidad de Harvard en Nueva York24 (Harvard Club, NY). Le indicó a “Miss Brenner” que había recibido su información sobre aranceles y sus comparativos actuales.

Estas cartas se convirtieron en guías sobre cómo ella debería investigar, en qué debía poner mayor atención y cómo debía enviar los materiales. La amplia experiencia del estadunidense como editor, periodista y observador de la política, marcó la pauta de las instrucciones. Por ejemplo, le indicó en qué debía enfocarse sobre las tensiones entre el gobierno mexicano y la Iglesia católica, meses antes del inicio de la guerra Cristera (1926-1929):

Como sea, yo no dedicaría mucho tiempo entrevistando a las Damas Católicas en este momento de pasión. Me gustaría documentar todo este episodio por supuesto, cuando haya terminado. Pero puede hacer un resumen de sus miembros y de los sacerdotes extranjeros expulsados, etc. Y cualquier nota importante. Pero me he dado cuenta de que suele ser una pérdida de tiempo registrar eventos que están en proceso y rápida transición. Parecen mucho más importantes en el momento que en retrospectiva.

Brenner debió comunicarle su interés por entrevistar a las Damas Católicas, una asociación fundada en 1912 por los obispos católicos durante la revolución como Unión Nacional de Damas Católicas Mexicanas, y que en 1920 tenía grupos en casi todos los estados. Eran señoras de clase media y alta que daban catecismo a los “niños pobres” (Vivaldo, 2011, p. 80). La asociación fue muy importante durante la Cristiada; sin embargo, el periodista dejó muy claro: “no perder tiempo” con lo que está en “proceso”.

¿Ideas de Brenner para el libro de Gruening?

En sus primeros registros de enero de 1926, Brenner apuntó que una de las instrucciones de Gruening fue que ella debía estar “atenta” a eventos de su interés. En las cartas del periodista se advierten intereses alrededor de temas políticos, gubernamentales, laborales, de la Iglesia y del ejército. En el “Prefacio” de su libro Mexico and its heritage en 1928, Gruening refirió que con su libro quiso “descubrir el significado de México”, siguiendo las siguientes preguntas: “¿por qué hay revoluciones en México?, ¿ los problemas de México son políticos, económicos o de origen racial?, ¿cuáles son las entrelíneas del recurrente conflicto religioso?, ¿qué causa las fricciones entre los gobiernos de México y de Estados Unidos?” (Gruening, 1928, p. X). Temas que quedaron en el índice de su libro, como sigue:

Histórico; Estados Unidos y México; La herencia española; La Época Colonial; Cómo se logró la Independencia; Los significados de la Independencia; Qué pasó en España; Los inicios de la Nación; Los primeros pasos; El intento de Reforma; Porfirio Díaz; La herencia indígena; La Revolución; Tierra; La Iglesia; la religión mexicana; Los eventos de 1926-1929; El Ejército; Trabajo; Política (aquí colocó sub-apartados con catorce estados del país);26 Justicia; Educación; Salud; Relaciones Exteriores; Relaciones Internacionales; Mujeres; Productos culturales de la Revolución; Conclusiones, Bibliografía e Índice (pp. XV-XVI).

Resulta interesante observar que los dos últimos capítulos se titulan “Mujeres” y “Productos culturales de la Revolución”, temas que en las cartas aparecen en pocas ocasiones. En la misiva del 2 de marzo de 1926, su jefe mencionó el asunto “mujeres”, escribió: “asegúrese de terminar el material sobre mujeres y dejarlo en forma”.27 Esto es significativo porque en los registros en sus diarios de esos meses, Brenner (2010) anotó cada uno de los libros que leyó, sus reflexiones acerca de las mujeres en México y los espacios en los que podían participar, además de sus entrevistas con Elvia Carrillo Puerto28 y con Elena Torres,29 entre otras mujeres (pp. 172, 423). Ella envió a Gruening materiales sobre “mujeres”, según escribió en sus diarios, y el capítulo “Mujeres” quedó constituido con la misma información que Brenner anotó día a día en sus diarios.

Es posible que la joven asistente le ofreció ideas y materiales para que él considerara si quería incluirlos en su libro sobre México.30 Lo mismo pudo pasar con el capítulo “Productos Culturales de la Revolución” que trata del arte y cultura mexicanos, los artistas y su producción, tópicos del proyecto propio de Brenner en esos años. En sus registros de 1927 ella anotó los trabajos que realizó para el periodista referentes a los artistas mexicanos y que eran amigos de ella. El 29 de marzo registró: “escribí una biografía de Diego para Gruening y algunas otras cosas” (p. 347); el 31 de marzo “comencé el día escribiendo muchas cartas, y también notas biográficas sobre Orozco para Gruening” (p. 348); y el 5 de abril apuntó: “escribí ocho biografías de artistas mexicanos para Gruening, pero me sentí estúpida, como si no hubiera avanzado mucho” (p. 355). Tal vez Brenner, desde su profundo interés en el arte y la cultura mexicana, quiso que el libro del periodista también incluyera información sobre las mujeres y la cultura, temas esenciales para ella en su producción intelectual: en sus artículos sobre la inmigración judía en México; su libro Idols behind altars; sus artículos para The New York Times Magazine; The Brooklyn Eagle; The Atlantic; Holiday, o su revista Mexico/This Month (1955-1972), por sólo mencionar algunos.

Aprender un método de investigación por correspondencia

Las cartas con instrucciones se sucedieron mes a mes, el 3 de marzo de 1926, Brenner (2010) registró en sus diarios: “ayer fue un día loco […]. A la oficina, y luego a El Universal a conseguir fotos de pulquerías y del último escándalo. Todos muy amables” (p. 61). El 4 de marzo anotó que había continuado reuniendo documentación -fotos de pulquerías y más-, y el viernes 5 de marzo escribió los encargos de Gruening: “Banco […] Museo, ver a Silva sobre fotos […] Universal acerca de más fotografías” (p. 62). Gruening quería toda la información posible, le pidió periódicos, fotografías, entrevistas, visitas a archivos, y por sus diarios se aprecia que ella realizó cada encargo. El método de investigación del periodista quedó evidente en cada carta: le enlistó los temas a buscar y le indicó detalladamente qué debía solicitar, a qué lugares ir y cómo hacerlo paso a paso. El 18 de marzo le pidió lo siguiente:

1) Continúe buscando […] la industria del pulque, los magnates del pulque, Salubridad, Hacienda. 2) Por todos los medios, si usted puede conseguir un boletín de los aranceles, en secreto, sería invaluable. 3) La medicina indígena, por supuesto. 4) Yo dudo si hay algo que pueda ser conseguido para mí en Guadalajara, pero no dude en hacerlo en mi nombre, si usted quiere.31

Y continuó: buscar El Universal que era el periódico que más le interesaba, pero si encontraba artículos interesantes “en los otros dos”, que los comprara y le pagaría después. Pero que no recortara todo, sólo lo importante. Que mantuviera el material con “exactitud científica”, que sus entrevistados firmaran su autorización para publicar, porque “la gente tiene el hábito de olvidar lo que dijeron”.32 Como señala Padilla Rangel (2010), “Gruening se convirtió en su maestro” (p. 48). Así, su empleador le expuso su método punto por punto, y la joven, a sus 20 años, con su experiencia universitaria y como escritora de artículos, debió valorar cada indicación y consejo para su propio trabajo.

En marzo de 1926, el periodista le avisó que viajaría a París para que enviara los materiales a aquella ciudad. En su autobiografía de 1973, Gruening contó que él y su familia se hospedaron en el Hotel l’Abbaye. Narró: “en la paz de los jardines del hotel yo continué mi escritura sobre México, usando libros sobre la Intervención Francesa que había comprado en París” (p. 129). Viajó también a España, interesado en la herencia española en la historia mexicana, estuvo en Barcelona, Tarragona, Zaragoza, Valencia, Toledo y Madrid en donde “aproveché muchas horas en la Biblioteca Real de Madrid” (p. 129). Sus propias búsquedas y lecturas pudieron influir en las solicitudes de información para Anita Brenner, también le pidió que le enviara libros de México.

En marzo de 1926, Brenner fue a Guadalajara, a Guanajuato y a Michoacán. En sus diarios registró que entrevistó a David Alfaro Siqueiros, a Amado de la Cueva,33 y al gobernador de Jalisco, José Guadalupe Zuno34 (López Arellano, 2017, p. 319). Cuando regresó a la capital, continuó con su trabajo para Gruening, pero el 27 de abril él le escribió que su trabajo era bueno, pero ahora ella debería enviarle una carta cada semana con sus avances. El viaje debió retrasarla y aumentaron las exigencias. Él le indicó: “por favor termine las cosas de la iglesia tan pronto como pueda […], mándeme lo que haya revisado sobre la iglesia […], mande la lista de lo que le falta para darle una nueva línea para seguir. [Está bien cómo está viendo lo] del pulque y la cerveza. Creo que el tema vale la pena, es atractivo para México, y no ha sido revisado antes en esa forma.”35

Así, desde el otro lado del Atlántico, Gruening perfiló los contenidos de su libro. El 13 de mayo de 1926, el periodista mandó otra carta a “Miss Brenner” desde París, pidiendo que documentara con detalle la huelga de El Águila, que era la Compañía Mexicana de Petróleo El Águila, S. A. Las huelgas y los conflictos laborales fueron temas centrales de su interés. De acuerdo con Padilla Rangel (2003), Gruening fue muy activo en la defensa de la organización de trabajadores a nivel internacional (p. 46). En las siguientes cartas se hizo evidente que él advirtió la falta de experiencia de Brenner para investigar temas políticos complejos. Estando en París, el 13 de mayo le escribió una carta a máquina con instrucciones precisas:

Mis sugerencias para un método de trabajo sería algo alrededor de estas líneas: primero revisar las notas del periódico durante el tiempo de la huelga, realizando un resumen claro, y citando con referencia el periódico, la fecha y cualquier pronunciamiento notable sobre la huelga, incidentes de violencia, etc., etc. Luego, con esto como base yo revisaría de tres fuentes: a) Trabajo, hablando oficialmente […] los jefes del Sindicato, los jefes de la Confederación de Sindicatos, los oficiales de la CROM oficialmente involucrados, etc. b) Trabajo, hablando no oficialmente, es desde varios individuos, trabajadores, quiénes fueron afectados, cuál historia y perspectiva es algunas veces diferente de la oficial del lado del Sindicato, c) El empleado.

Desde la jerarquía de jefe a empleada, con indicaciones puntuales, le enseñó cómo localizar la información desde distintos ángulos, actores, protagonistas y perspectivas; a qué personas entrevistar y en qué debía enfocarse. Continuó su carta:

Por supuesto son las bases reales de la huelga, y los motivos reales que llevan a un acuerdo no siempre están en los periódicos. Puede haber lecturas entrelíneas, descubiertas por los individuos. Añadido a los hechos día a día, están […] los antecedentes de la huelga, las condiciones de vida de los trabajadores. No necesito repetirle que en todos los casos quiero tener la primicia, y dar la imagen más precisa […]. Cuando usted tenga un acuerdo esencial con los hechos desde lados opuestos, puede asumir con seguridad que son verdad. Cuando no pueda obtener nada más que divergencias, ambos lados de los hechos deben ser presentados. Finalmente, es posible conseguir un ok de las distintas personas involucradas en la exactitud de los hechos presentados, entonces usted puede sentirse segura que es lo que debería ser.36

Las detalladas instrucciones del estadunidense exponen su necesidad de recibir sólo lo que solicitó, al tiempo de “capacitarla” para hacerlo correctamente. Continuó con la lección:

particularmente me interesa material anecdótico concerniente al ejército, las maneras y costumbres de los “cabecillas”, “generales”, etc., anotando tiempo, lugar, nombres, y quiero que aplique el sistema de caso al movimiento agrario, la historia de una hacienda, por ejemplo, aquí y allá […] [Puso una nota, para que consiguiera nombres]. “Especialmente si se puede, en el Ejército”.37

En cada carta, Gruening le asignó nuevas tareas y expresó las dudas que le surgían sobre los acontecimientos en México. El 31 de mayo le escribió:

Uno de los trabajos más grandes que quisiera que investigara es que, tan pronto como sea posible, consiga la lista de los conflictos políticos desde que comenzó la administración de Obregón. Creo que puede reunir todos los hechos revisando los periódicos y ya le marqué las fechas que considero esenciales. […] El número de reclamantes. El número de legislaturas […], aspectos inusuales […], tales como derramamiento de sangre, funcionamiento de legislaturas rivales, etc. […], también incluya las elecciones que no hayan sido disputadas.38

El 3 de junio de 1926 pidió investigar la historia de la vacunación de las personas en la colonia de la Bolsa para su capítulo sobre “Salud” y más información sobre la Iglesia. En esta mencionó nuevamente el tema de “mujeres”:

En otros temas, para ser equitativos, yo debería recibir el material sobre mujeres completo, tan pronto como sea posible. En cuanto yo regrese, quiero tener los capítulos sobre las cosas que han cambiado menos, ya terminados. Mujeres, Salud, Ejército, Relaciones Internacionales, Democracia pueden ir primero, dejando los problemas agrarios, Educación y Trabajo, al final.39

En su carta solicitó a su asistente más información sobre temas que consideró que habían “cambiado menos”, dado que, por ejemplo, el conflicto cristero estaba en plena efervescencia. De acuerdo con sus cartas, Gruening estuvo en Francia de abril a septiembre de 1926. El 18 de julio le escribió a Brenner al “Apartado Postal 1855. México D. F.”, diciéndole que viajaría a Estados Unidos y luego a México. Algunas de sus solicitudes fueron la posibilidad de reelección de Álvaro Obregón y los conflictos que surgían en el país. El 16 de junio Brenner (2010) registró en sus diarios: “En la mañana, asuntos de Gruening. Fui a reunir información sobre prostitución. Entonces a ver sobre los católicos, el Sindicato” (p. 182).

En las siguientes cartas, Gruening le pidió buscar sobre la justicia en México, el ejército, la Liga del Trabajo y las huelgas, temas agrarios y campesinos, la salubridad, el agua y los desperdicios. También que le enviara libros que no había podido conseguir: La Historia del Santo Oficio de la Inquisición en México de José T. Medina (1905); Principios cristianos sobre el Virreinato de la Nueva España de Agustín Rivera, y Enfermedades políticas de la capital de la Nueva España de Hipólito Villarroel (1767),40 entre otros.41

En agosto de 1926, el estadunidense le escribió desde Francia extrañado por no recibir nada de ella en dos meses, salvo un folleto de la Liga de la Defensa Religiosa; esperaba que estuviera bien y siguiera trabajando. Le pidió que investigara sobre las minas en México porque: “el presidente Calles me dijo que había relativa paz en las minas, porque los dueños de las minas estaban respetando las leyes, eran razonables, etc. Que usted me confirme esto será muy útil.”42 Esto expone la comunicación del periodista con el presidente mexicano, evidenciando que tal vez el proyecto fue auspiciado por el gobierno.

La importancia de las investigaciones de Brenner para el libro de Gruening

En septiembre de 1926 Gruening le escribió desde París:

Estoy muy agradecido por todo lo que ha hecho y está haciendo y, naturalmente, quiero que usted se sienta totalmente libre de hacer cualquier trabajo que desee […] desearía que pudiera seguir apoyándome cuando yo regrese […] si usted tiene tiempo libre, ya sea parcial o completo, yo podría usarlo hasta el invierno, pero si usted tiene otras cosas que preferiría hacer, hágalo con toda libertad […] El cheque de septiembre debería haberlo recibido […] ¿dejaríamos el pago de octubre hasta mi regreso para ajustar una compensación que sea justa? Por favor escríbame al Harvard Club.43

Esta carta muestra la importancia que tuvieron las labores de investigación que realizó Anita Brenner para su libro. Un reconocimiento que debió ser importante para ella. Sus informes, documentos, listados, recortes y notas debieron convertirse en esenciales para la redacción del libro. Pero, además, Gruening le pidió que continuara investigando, aunque fuera medio tiempo. Brenner había trabajado por nueve meses y su solicitud debió ser una validación importante de su esfuerzo, sus hallazgos y las ideas que ella aportó al periodista. Dos días después, el 17 de septiembre, él le pidió nuevamente que le siguiera apoyando, que ella decidiera cómo, aunque tuviera su otro proyecto, y cerró con una solicitud laboral: “por favor guárdeme una copia del mensaje del presidente al Congreso, para mí”.44

Brenner decidió continuar con el trabajo y en octubre el periodista le avisó que llegaría poco después a México. Nuevamente le mandó lista de búsquedas, le dijo que estaba leyendo sobre el virreinato, y le pidió que tradujera al inglés el material sobre la Iglesia que había encontrado. En este trabajo la joven asistente cubrió un espectro mayor de actividades, a todo lo solicitado antes se sumaron las traducciones del español al inglés.

Con el jefe en la ciudad de México, un aprendizaje diferente

El 15 de noviembre de 1926, Anita Brenner (2010) registró en sus diarios que habló con el “Dr. G” y que comenzaría su trabajo en enero, luego de sus vacaciones a San Antonio, Texas, con su familia. El 28 de noviembre apuntó: “copié muchas páginas de la documentación de Rojas para Gruening [...] busqué dos meses de periódicos para Gruening” (p. 293); el 10 de diciembre, en San Antonio: “mandé el material de Gruening” (p. 299). El 7 de enero de 1927 registró que decidió regresar a México para seguir con la investigación (pp. 289-290). El estadunidense llegó a México en febrero, y el día 16 ella apuntó: “hablamos sobre el material de la Iglesia y del ejército, y será tanto trabajo el que debo hacer, que me quedé muy inquieta en Coyoacán, porque no estaba haciéndolo ya […] Estuve trabajando lo de Gruening e hice notas sobre la Iglesia en el periodo colonial” (p. 313).

Los tres meses que Gruening permaneció en México se reunieron frecuentemente, el periodista le entregó instrucciones y revisó cada entrega. Los temas se centraron en el ejército y la política; lecturas de sociología; historia; asesinatos de diputados y más. El 17 de febrero de 1927 Brenner escribió: “Gruening es una buena persona para trabajar con él, como sea, estoy segura de que me estoy ganando cada peso de mi salario de doscientos pesos” (p. 315); el 26 de febrero se sentía agobiada: “la voz de Gruening suena en mis oídos y me estoy sintiendo bastante harta de toda la proposición” (p. 322). En febrero estaba cansada, anotó: “puede ser inexacto, pero le dedico hasta diez horas del día, así que ahora debo ser menos dramática” (p. 322). Anotó que su jefe era “tremendamente meticuloso con el material mecanografiado, lo que lleva el triple de tiempo” (p. 327).

Esos meses el aprendizaje fue diferente, tener a su empleador en la misma ciudad implicó revisión continua de los materiales, los informes y más instrucciones. Sus emociones quedaron en sus diarios, escribió estar cansada, harta, dramática, inquieta. Brenner sintió que la presión por cumplir aumentó y tuvo que dedicar más tiempo a entregar todo. El 17 de marzo de 1927, anotó: “¡Cómo he trabajado! Tanto que mi máquina de escribir dejó de funcionar, pero afortunadamente justo cuando terminé. Es la una y quince de la madrugada. Terminé el escrito ‘Democracia’ para Gruening” (p. 334).

Como se mencionó antes, sus registros muestran que su trabajo pasó de búsquedas de información a la redacción de informes sobre temas específicos y traducciones, lo que le supuso más esfuerzo y dedicación intelectual para entregar mecanografiados los textos. Continuó sus visitas a la Secretaría de Gobernación, a los archivos, y en marzo trabajó en la Biblioteca del Museo, refiriéndose seguramente al Museo Nacional, fundado en 1825 por Lucas Alamán, que de 1864 a 1940 estuvo en la antigua Casa de La Moneda (Montiel-Rogel, 2021, p. 92). Hizo más traducciones y visitas al Archivo Nacional con Luis González Obregón. Un archivo que en el Reglamento de 1920 quedó “como custodio y depósito de los documentos históricos, leyes, decretos, publicaciones y obras históricas, y con la autorización de expedir copias certificadas de los mismos” (Nacif, 2008, p. 14).

En abril de 1927, anotó que Gruening le revisó sus materiales, le pidió más textos, más archivos, y ella se quejó en sus diarios de no tener tiempo para su otro proyecto. Ese mes también acompañó al periodista a lugares de la capital mexicana para tomar fotografías, hablar con personas y observar costumbres. Es interesante que a sus 21 años describió al estadunidense como demasiado materialista y obsesionado en los hechos “tangibles”, lo que, dijo, “produce pobreza espiritual” (Brenner, 2010, p. 363). Escribió: “Estoy muy cansada. Él sigue siendo muy considerado como jefe, y piensa que soy buen elemento, y quiere apoyarme para el futuro […], pero G. es tan absorbente que estoy empezando a resentirlo. También físicamente […] ¿nunca tendré tiempo de hacer mis cosas?” (p. 371).

En mayo, Gruening se fue a Estados Unidos. En las once cartas de mayo a agosto de 1927, que Anita conservó en su archivo, el periodista siguió con sus solicitudes como: la huelga de Matamoros; la Constitución Mexicana; los católicos secuestrados; periódicos El Universal y Excélsior, y las importaciones. Le pidió que buscara información del escritor y diplomático Martín Luis Guzmán (1887-1976), y del grabador Leopoldo Méndez (1902-1969). Es decir, temas diversos que ella localizó, transcribió, escribió, tradujo y envió.

Ernest Gruening continuó la escritura de su manuscrito en Estados Unidos. En agosto de 1927 le pidió en una carta a Brenner que investigara sobre generales mexicanos; Lombardo Toledano; el director de la Orquesta de Chapultepec; la Texas Oil Company y la Junta de Conciliación y Arbitraje, entre muchos más. En septiembre de 1927, cuando Anita Brenner ya estaba en Nueva York para inscribirse en la Universidad de Columbia, recibió varias cartas de Gruening en las que él le agradeció su “valiosa ayuda”, le contó que a su libro le faltaba sólo “un mes de trabajo”, y que la recomendaría con varias editoriales para que revisaran el manuscrito del proyecto de ella.45 El trabajo de investigación de Anita Brenner para él finalmente había terminado.

En 1928, Gruening publicó su libro con el título Mexico and its heritage en la editorial The Century Company de Nueva York.46 Este consta de 728 páginas e inicia con la dedicatoria del autor para su esposa Dorothy y sus tres hijos, Ernest jr., Huntington y Peter. En su “Prefacio” agradeció a varias personas que lo apoyaron para lograr su publicación, entre ellos: “a Miss Anita Brenner por su invaluable ayuda en la compilación de material” (Gruening, 1928, p. XIII). La intensa colaboración de su asistente por casi dos años quedó, así, como la simple reunión de datos.

A MODO DE CONCLUSIÓN

La cultura escrita y las nuevas miradas a los archivos personales son propuestas teóricas y metodológicas que, para el presente artículo, permitieron llegar a fuentes primarias que no suelen ser consideradas como objetos centrales de estudios, como son las cartas y los diarios íntimos. A través de su análisis se hace visible la experiencia de una mujer joven en México en la década de 1920, y se rescata su trabajo intelectual detrás de la construcción de un libro en el que ella sólo quedó como “compiladora”. Estas fuentes muestran que su colaboración no se limitó a reunir o recopilar materiales, como Gruening mencionó en su libro, sino que contribuyó con mucho más. Tareas como el seguimiento a las instrucciones cada vez más complejas por parte de su empleador, en las cuales ella debió elaborar reflexiones, redactar textos, construir reseñas de libros, traducir documentos, entrevistar a personas y establecer vínculos con otras. Estas fuentes también permiten establecer la conjetura de que Anita Brenner propuso a Gruening temáticas novedosas, en ese entonces, sobre México, que a lo largo de su trayectoria profesional estuvieron presentes, como las mujeres, el arte y la cultura del país.47

En sus cartas, el periodista agradeció y reconoció a Brenner su esfuerzo, su dedicación y sus hallazgos, y casi le suplicó que continuara apoyándolo cuando ella debió comunicarle que ya no trabajaría para él. Es decir, en lo privado reconoció el valor que su trabajo intelectual tuvo para él, pero en lo público, que fueron los agradecimientos en su libro, tan sólo le dedicó una línea. A lo largo de su comunicación epistolar, y conforme Gruening conoció la disciplina y seriedad de la joven en la investigación, valoró su inteligencia y, en algunos momentos, parece que la relación de jerarquía de periodista a asistente pasó a un diálogo de colegas, aunque esto fue la excepción.

No obstante, este trabajo fue significativo para la formación de Anita Brenner por varios aspectos: tuvo la oportunidad de poner en práctica nuevas técnicas de investigación, siguiendo el método del periodista; además, considerar el amplio conocimiento que obtuvo sobre la historia de México a través de sus búsquedas y lecturas, que posteriormente utilizó en sus propias investigaciones y trabajos periodísticos en Estados Unidos y México. Y, en especial, las redes formales e informales que construyó a lo largo de su trabajo, tanto con las personas que conoció y entrevistó, como por el intercambio de materiales con fotógrafos, bibliotecarios, archivistas, funcionarios públicos, políticos, artistas y mujeres.

Desde su posición como asistente, este trabajo le brindó la oportunidad de iniciar su trayectoria profesional en el periodismo que fue uno de los ejes de su vida. Anita Brenner fue articulista, escritora de investigación, corresponsal extranjera, editora interina y editora de su propia revista. Es posible pensar que lo que aprendió esos dos años con Gruening se marcó con fuego en su alma, como se puede constatar con su trayectoria en los periódicos y revistas estadunidenses y mexicanas. Revisar la construcción del libro desde documentos que quedaron en un archivo personal, permite conocer cómo se establecieron las relaciones entre el autor y la asistente de investigación, así como las aportaciones del trabajo de ella al proyecto. Este archivo personal, sin que Anita Brenner se lo hubiera propuesto, ofrece una nueva narrativa histórica sobre el trabajo intelectual de las mujeres en la década de 1920 en México, que muchas veces quedó a la sombra de sus jefes, directores o editores.

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Archivo

Harry Ransom Center Universidad de Texas, Austin

Anita Brenner Papers Collection

1Anita Brenner, “The jew in Mexico”, The Nation, 27 de agosto de 1924, pp. 211-212.

2Sobre la postura política de Gruening y su libro, véase Padilla (2003).

3Sobre las discusiones acerca del archivo, véase Dorantes González et al. (2024).

4Carleton Beals (1893-1979). Periodista, escritor e historiador estadunidense, interesado en América Latina.

5Frank Tannembaum, escritor polaco (1893-1969). En 1933 publicó Peace by revolution. Mexico after 1919.

6Edward Weston (1886-1958). Fotógrafo estadunidense, cofundador del Grupo f/64.2.

7Tina Modotti (1896-1942). Fotógrafa italiana, nacionalizada estadunidense.

8Frances Toor (1890-1956). Escritora y antropóloga estadunidense. Llegó a México en 1922 a la Escuela de Verano de la Universidad Nacional. Fundó su revista Mexican Folkways en 1925, que continuó hasta 1933.

9Harry Ransom Center. Anita Brenner: A Preliminary Inventory of Her Papers at the Harry Ransom Center. https://norman.hrc.utexas.edu/fasearch/findingAid.cfm?eadid=00186

10Los archivos audioviduales de Ernest Gruening (1959 y posteriores) se encuentran en Alaska’s Digital Archives: Ernest Gruening Audio Visual Collection. No se localizaron las cartas de Anita Brenner en la década de 1920.

11Carta de Ernest Gruening a Anita Brenner, 1 de enero de 1926. Series III. Correspondence, 1920s-1981. Gruening, Ernest. Box 64, Folder 8. Anita Brenner Papers (en adelante ABP). Harry Ransom Center (en adelante HRC).

12Carta Gruening a Anita Brenner, 19 de enero de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

13Diego Rivera (1886-1957). Pintor y muralista mexicano.

14José Clemente Orozco (1883-1949). Caricaturista, muralista y litógrafo mexicano.

15David Alfaro Siqueiros (1896-1974). Pintor mexicano, exponente del muralismo mexicano.

16Jean Charlot (1898-1979) Pintor nacido en Francia, de origen ruso, español, judío y mexicano.

17Francisco Goitia (1862-1960) Pintor mexicano, perteneció a la Escuela Mexicana de Pintura y Escultura.

18José Guadalupe Posada (1852-1913). Grabador mexicano de finales del siglo XIX descubierto por los artistas de la década de 1920, como Diego Rivera, Jean Charlot y Anita Brenner.

19Carta Gruening a Anita Brenner, 1 de enero de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

20Véase Oñate (2008).

22Sobre los artículos acerca de la inmigración judía a México en la década de 1920, véase López Arellano (2017, pp. 167-236).

23Carta Gruening a Anita Brenner, 15 de enero de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

24Harvard Club, New York. https://www.hcny.com/

26Aunque Gruening sólo refiere catorce estados, en 1917 ya se incluyó a Nayarit y quedaron 28 estados. Actualmente son 32 estados en México.

27Carta Gruening a Anita Brenner, 2 de marzo de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

28Elvia Carrillo Puerto (1881-1965). Luchadora social mexicana, política y sufragista.

29Elena Torres (1893-1970). Maestra mexicana, política y feminista.

30En mi libro Anita Brenner. Una escritora judía con México en el corazón (2017) argumento con mayor amplitud la posibilidad de que el capítulo “Women” del libro de Gruening, haya sido propuesto por Brenner (p. 281).

31Carta Gruening a Anita Brenner, 18 de marzo de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

32Carta Gruening a Anita Brenner, 18 de marzo de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

33Amado de la Cueva (1891-1926), pintor mexicano nacido en Jalisco.

34José Guadalupe Zuno Hernández (1891-1980), abogado y político mexicano.

35Carta Gruening a Anita Brenner, 17 de abril de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

36Carta Gruening a Anita Brenner, 13 de mayo de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

37Carta Gruening a Anita Brenner, 13 de mayo de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

38Carta Gruening a Anita Brenner, 31 de mayo de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

39Carta Gruening a Anita Brenner, 3 de junio de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

40El título completo del libro es: Hipólito Villarroel, Enfermedades políticas que padece la capital de esta Nueva España en casi todos los cuerpos de que se compone y remedios que se deben aplicar para su curación si se quiere que sea útil al Rey y al público, escrita entre 1785-1787, y que, en la década de 1920, se encontraba en la Biblioteca Nacional de España. Tal vez allí supo Gruening de su existencia, aunque no puso el título completo ni el año de publicación.

41Carta Gruening a Anita Brenner, 18 de julio de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

42Carta Gruening a Anita Brenner, 19 de agosto de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

43Carta Gruening a Anita Brenner, 15 de septiembre de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

44Carta Gruening a Anita Brenner, 17 de septiembre de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

45Carta Gruening a Anita Brenner, 16 de septiembre y 14 de octubre de 1927. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

46Mexico and Its Heritage, WorldCat, https://search.worldcat.org/es/title/mexico-and- its-heritage/oclc/732519

47Sus libros, sus artículos periodísticos y su revista México/This Month, dan cuenta de esto.

25Carta Gruening a Anita Brenner, 2 de marzo de 1926. Series III. Gruening. Box 64. Folder 8. ABP. HRC.

Recibido: 13 de Mayo de 2024; Aprobado: 10 de Julio de 2025

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Doctora en Ciencias Sociales y Humanidades, Historia. Líneas de investigación: historia social de la cultura escrita, historia de las mujeres, historia de la educación. Rol de participación: conceptualización, investigación, metodología, redacción-borrador original, redacción-revisión y edición. Agradezco la lectura y amables recomendaciones de mis colegas, el doctor Luciano Ramírez Hurtado y la maestra Laura Olvera Trejo, así como las sugerencias de quienes dictaminaron este trabajo.

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