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Secuencia

versión On-line ISSN 2395-8464versión impresa ISSN 0186-0348

Secuencia  no.123 México sep./dic. 2025  Epub 08-Sep-2025

https://doi.org/10.18234/secuencia.v0i123.2390 

Artículos

Migración, capital económico y capital humano en la zona centro de Tamaulipas*

Migration, Economic Capital, and Human Capital in Central Tamaulipas

Rosa Irene Mata Torres1  **
http://orcid.org/0009-0003-7562-7051

Simón Pedro Izcara Palacios2  ***
http://orcid.org/0000-0003-0523-305X

1Universidad de Seguridad y Justicia de Tamaulipas, México irene.mata@usjt.edu.mx

2Universidad Autónoma de Tamaulipas, México Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades sizcara@uat.edu.mx


Resumen:

La región citrícola de Tamaulipas ha presentado un incremento constante en la migración laboral hacia Estados Unidos desde hace tres décadas. Los trabajadores migrantes modifican el entorno de sus familias a través de las remesas económicas. Desde una metodología cualitativa, en esta investigación, el énfasis fue puesto en la narrativa de padres, madres, hijos y docentes que compartieron experiencias educativas en contextos de migración. Fueron examinadas 63 entrevistas. La perspectiva de los actores sobre el efecto que tiene el capital económico generado por la migración en la construcción de capital humano en las familias, modeló las conclusiones: el gasto escolar se eleva en la escuela secundaria debido al costo del transporte. La educación superior es vista como garantía de mejores empleos y salarios más elevados. La presencia del padre resulta indispensable para favorecer un entorno que impulse la educación. De eso parece depender el éxito académico o la deserción.

Palabras clave: migración; remesas; educación; capital humano

Abstract:

The citrus-growing region of Tamaulipas has seen a steady increase in labor migration to the United States over the past three decades. These migrant workers send their families remittances, modifying their environments. Using qualitative methodology, this research explored the narratives of parents, children, and teachers who shared their educational experiences in migration contexts, examining sixty-three interviews. The actors’ perspective on the effect of the economic capital generated by migration on building human capital in families shaped the conclusions: school expenses rise in high school due to transportation costs. Higher education is seen as a guarantee of better jobs and higher salaries. The father’s presence is essential to fostering a conducive learning environment. Academic success or dropout seems to depend on this.

Keywords: migration; remittances; education; human capital

INTRODUCCIÓN

Tamaulipas ostentaba en el año 2022 el segundo lugar a nivel nacional en la producción de cítricos. En los municipios de Güémez, Hidalgo, Padilla y Victoria se localizan los principales productores de naranja, limón italiano y toronja (Zapata et al., 2022, p. 4248). La población en conjunto de esta zona es de 395 350 habitantes (INEGI, 2021). Una importante cantidad de hombres en la zona rural se dedica a las labores agrícolas, a “la pizca”, como se le dice coloquialmente. Esta experiencia laboral llevó a que, en la década de los años noventa del siglo XX, se iniciara una creciente migración de jornaleros para ir a trabajar al campo estadunidense (Izcara, 2011, p. 40; Lera, 2015, p. 19). En zonas rurales de Tamaulipas se ha estimado que al menos un miembro por familia tuvo que emigrar internacionalmente por cuestiones de empleo o carencias económicas (García et al., 2020).

Investigaciones llevadas a cabo en otras regiones de la república mexicana consignan que la migración es un fenómeno recurrente en la actualidad (Cortés et al., 2020; García y Gaspar, 2020; Verduzco, 2022). En la zona central de Tamaulipas el flujo migratorio se encuentra en franco crecimiento. Información empírica obtenida en la región evidencia que, en parte, el origen de la migración se encuentra en la estacionalidad del empleo y los salarios bajos, que redundan en carencias materiales, económicas, de vivienda, educativas y de salud (Izcara, 2009, p. 28; 2010, p. 121; Izcara y Andrade, p. 110 2012,; Mata, 2021, p. 145).

La migración laboral agrícola en Tamaulipas ha generado un incremento en el ingreso por remesas económicas enviadas por trabajadores migrantes, desde Estados Unidos, a las familias que se quedan en la región. Los ingresos en el estado por ese concepto pasaron de 894 372 431 pesos en 2019 a 1 100 507 791 pesos en 2023 (BANXICO, 2024). El objetivo de este artículo es examinar la narrativa de los participantes respecto del impacto que el capital económico adquirido a través de la migración ha ejercido en el desarrollo del capital humano en las familias participantes en la zona central del estado tamaulipeco.

A continuación se detalla la metodología utilizada. Luego se exponen las premisas del capital humano utilizadas para examinar los datos obtenidos. Después se contextualiza el estudio y se muestran las voces de los participantes: estudiantes que compartieron su experiencia educativa; progenitores que se expresaron acerca de la migración y de la educación de sus hijos; docentes con experiencia en la atención de alumnos con padres migrantes. Para terminar con la discusión y las reflexiones finales. La narrativa estudiantil evidenció que el impacto de la migración y del capital económico generado guardaba una relación significativa con la naturaleza de la migración y con el cumplimiento del padre para ejercer su rol. Por su parte, los progenitores expresaron que los ingresos provenientes de la migración constituían una fuente económica suficiente para cubrir los gastos educativos a partir de la escuela secundaria. Aunado a lo anterior, los docentes mencionaron que en las familias con padre migrante se observaba cierta prosperidad económica. Sin embargo, las condiciones favorables derivadas de la riqueza generada por la migración no siempre se traducían en efectos positivos relacionados con el aspecto educativo. En su opinión, que el padre se mantuviera vinculado a la familia pese a la distancia era un factor más relevante para incentivar el interés por la escuela.

METODOLOGÍA

Esta investigación se realizó en los municipios de Güémez, Hidalgo y Padilla, entre febrero de 2020 y junio de 2023, basada en una metodología cualitativa. Los participantes en el estudio fueron seleccionados por los diversos roles que desempeñaban, ya que a partir de ello ofrecían información rica y específica respecto del fenómeno estudiado. Cada uno, desde su perspectiva, contribuyó a erigir la narrativa desde la cual se identificaron y describieron los efectos percibidos de la migración parental en la educación de los hijos en las familias de la zona citrícola tamaulipeca. La finalidad fue identificar los aspectos que, según la voz de los participantes, vinculan la migración y el acceso a la educación en la comarca citrícola de Tamaulipas.

En total se entrevistó a 63 participantes, 23 padres o madres de familia, 25 alumnos de secundaria y bachillerato cuyo padre migraba a laborar a Estados Unidos. También se entrevistó a quince docentes que laboraban en la región, que tenían experiencia educativa con alumnos en contexto de migración parental. En todos los casos se obtuvo el consentimiento verbal, se enteró a los participantes del carácter anónimo y confidencial de la entrevista y se presentaron las credenciales académicas del investigador (Cohen et al., 2018, p. 111).

Para la selección de la muestra, con la diversidad de roles se buscó garantizar la pluralidad del discurso y abarcar las distintas formas de vivir y expresar el tema a examinar (Penalva et al., 2015, p. 21). La estrategia utilizada fue el muestreo en cadena, que inició con la colaboración de los directores de las escuelas para identificar a los primeros participantes. El tamaño de la muestra estuvo determinado por el concepto de saturación (Alonso, 2003; Báez, 2012); es decir, cuando la información se tornó redundante y repetitiva. Los criterios de inclusión fueron los siguientes: 1) ser residente de la zona citrícola del centro de Tamaulipas; 2) ser integrante de una familia donde el padre de familia emigre a trabajar a Estados Unidos; 3) conocer el uso de las remesas económicas que recibe la familia, y 4) ser docente en la región citrícola con alumnos en contexto de migración.

Se utilizó la entrevista en profundidad para la recolección de los datos, se realizaron las grabaciones correspondientes y se tomaron notas para complementar los registros de audio (Izcara, 2014, p. 139; D’olivares y Casteblanco, 2015, p. 28). Las entrevistas tuvieron una duración de entre 60 y 90 minutos; en algunos casos fue necesario acudir a una segunda entrevista para clarificar o agregar información que quedó inacabada en la primera sesión. Las interrogantes contenidas en la guía de entrevista utilizada, en todos los casos, fueron orientadas a obtener información relacionada con los beneficios y/o perjuicios académicos y emocionales en los hijos de trabajadores migrantes, así como con la perspectiva del futuro educativo de los estudiantes, a partir de la riqueza obtenida mediante la migración.

EL CAPITAL: TIPOLOGÍA Y CONCEPTOS

De acuerdo con Bourdieu (2001), para la comprensión de la sociedad era necesario “reintroducir el concepto de capital” (p. 131), el cual se presentaba de tres maneras fundamentales: el capital económico, el capital cultural y el capital social; este autor deja de lado la visión mercantilista de la teoría económica que reducía el concepto de capital al mero intercambio mercantil (p. 135).

Bourdieu estableció una triple tipología del capital: el capital económico es todo aquello que puede convertirse de forma inmediata y directa en dinero. Institucionalizado en los derechos de propiedad (Bourdieu, 1986, p. 16). El capital social, de carácter inmaterial, formado por obligaciones sociales, es decir, “conexiones” o contactos sociales que bajo ciertas condiciones pueden traducirse en capital económico. Una forma de institucionalizarlo es a través de títulos nobiliarios (Bourdieu, 1986, p. 16; 2011, p. 37). Y el capital cultural es el conocimiento obtenido por las personas. Lo que incluye las acreditaciones educativas que, bajo ciertas condiciones, puede ser convertido en capital económico (Bourdieu, 1987, p. 15; 2001, p. 18).

El capital cultural, a su vez, incluye tres estados: incorporado, objetivado e institucionalizado (Bourdieu, 1987, p. 11). El estado incorporado se refiere a la apropiación de conocimientos no relacionados con la escolarización, sino más bien con la educación familiar. El estado institucionalizado alude al capital adquirido con posterioridad a un proceso de enseñanza-aprendizaje. Este proceso, al recibir reconocimiento institucional en forma de títulos escolares, valida al poseedor como propietario de un capital cultural que garantiza una cierta convertibilidad en capital económico. Lo anterior debido precisamente a que el título escolar es resultado de una transformación de capital económico a capital cultural, y está ligado estrechamente al valor económico por el cual su poseedor lo puede intercambiar en el mundo laboral (Bourdieu 1987, pp. 11, 14-15; 2001, p. 147).

El valor del capital humano en la sociedad es ampliamente reconocido por diversos autores. Por ejemplo, Adam Smith (2015/1776), en su obra La riqueza de las naciones, advierte que los jóvenes educados iniciaban el ejercicio de su profesión u oficio entre los 18 y 19 años, por lo tanto, tenían tiempo para educarse. El autor enfatizó: “Sus padres o tutores suelen preocuparse de que así ocurra y en la mayoría de los casos están plenamente dispuestos a pagar lo que sea necesario para conseguir ese objetivo” (libro V, capítulo I, s. p.). Señalando, de esta manera, que para obtener capital humano era necesario, primero, una inversión de capital económico.

Posteriormente, otros autores expusieron conceptos similares. Es el caso de Marshall (1948, p. 628); Shultz (1961, p. 5; 1985); Becker (1994, p. 17), y Mincer (1996, p. 29). Todos ellos resaltaron la importancia de la formación educativa como factor esencial en la producción y el progreso económico (Quintero, 2020, p. 243). En general planteaban que la educación era un capital no material que producía para sus poseedores la posibilidad de incrementos salariales, movilidad laboral y social; lo que a su vez repercutía en mejores índices de productividad (Acevedo, 2018, p. 4). Tanto la noción de capital cultural como la de capital humano se han vinculado con la educación y el trabajo personal de quien adquiere los conocimientos y habilidades a través de un proceso educativo.

En algún momento Bourdieu (2001, p. 137) tomó distancia de los economistas, precisamente porque consideró que estos sólo contemplaban las inversiones y el provecho monetario. Se refería al hecho de señalar únicamente el costo de la escolarización y el equivalente en dinero del tiempo dedicado a los estudios. Sin tomar en cuenta el capital cultural transmitido en el seno familiar, al que Bourdieu le otorgó bastante más valor. Pese a ello, es posible observar las coincidencias teóricas.

Ciertos postulados aparecen congruentes en las teorías del capital humano y del capital cultural. Por ejemplo: Es intransferible como herencia y no puede obtenerse por medio de otro (Bourdieu, 1986, p. 244; 1987, p. 12). Obtenerlo requiere tiempo, el adquiriente debe dedicar personalmente ese tiempo, que suele ser en la juventud (Bourdieu, 1987, p. 12; 2001, p. 139; Shultz, 1999, p. 90). El capital obtenido no pierde su valor con el tiempo. En tanto que aumentan las capacidades, esto se refleja en la productividad (Bourdieu, 2001, p. 142; Shultz, 1999, p. 88) y en la posibilidad de convertirlo en capital económico. Poseer una gran cantidad de capital cultural o humano coloca a su poseedor ante la posibilidad de acceder a ganancias adicionales; mayores y/o diferentes a las de quienes no posean el mismo capital cultural o humano (Bourdieu, 2001, pp. 135, 142; Shultz, 1999, p. 86).

Ambas teorías, de manera complementaria, permiten examinar lo expresado por los participantes en este estudio. Es decir, la experiencia compartida por los progenitores, estudiantes y docentes en la región citrícola de Tamaulipas, referente al efecto del capital económico recibido, para mejorar el capital humano en las familias.

Por otra parte, es importante comprender el fenómeno migratorio que sigue en evolución en la comarca citrícola tamaulipeca. En la actualidad los escenarios de la migración internacional resultan sumamente complejos. Roldán (2020) ubica la complejidad en el origen del propio fenómeno: surge desde la inconformidad y descontento, producto del fracaso de los gobiernos por alcanzar la igualdad, el bienestar, empleos bien remunerados, así como propiciar la estabilidad y la seguridad de la población.

Las principales teorías de la migración emergen desde la economía y suelen centrarse en las causas de la migración. De acuerdo con Massey et al. (1993), diversos modelos teóricos han sido propuestos para explicar el inicio de la migración internacional. La economía neoclásica, la teoría de la demanda laboral, la nueva economía de la migración laboral y la teoría de las redes sociales han resultado fundamentales en dicha explicación. La perspectiva económica se enfoca en las diferencias salariales; en las condiciones de trabajo entre Estados, o, por ejemplo, en los costos de la migración, así como en la diversidad del mercado de trabajo y otros mercados (Massey et al., 1993). Mientras que el abordaje de la migración desde la psicología social incluye distintos niveles (individual, grupal, social, comunitario) y temas como estrés por aculturación, relaciones interculturales, redes de apoyo social, integración comunitaria, entre otros (Martínez y Martínez, 2018).

En este estudio se ha tomado la teoría de la nueva economía de la migración laboral en la que el individuo es percibido como parte indisoluble de la familia, la decisión de emigrar es consensada con dicha familia y está pensada en beneficio de todo el clan. Descartando el interés individual y deseo de emigrar de manera permanente. Por el contrario, el trabajador migrante tiene el propósito de regresar a su lugar de origen para estar con su familia; su prioridad es el envío de las remesas económicas (Izcara, 2010).

Vale la pena incorporar la visión de diversos autores (Cohen, 2001, 2002; Conway, 2000; Conway y Cohen, 1998, 2002; Durand et al., 1996a; Jones, 1992, 1995a, 1995b, 1998; Massey y Parrado, 1998; Massey et al., 1994, citados en Cohen et al., 2005) quienes se han centrado en el papel que desempeñan las remesas en el sostenimiento de los hogares de los trabajadores migrantes. Han destacado que las remesas logran contribuir no sólo a la sobrevivencia de las familias receptoras, también a la edificación de sus casas e incluso a la generación de pequeños negocios. En la región citrícola los datos al respecto fueron escasos. Exclusivamente, una entrevistada dijo que su marido había invertido parte de las ganancias derivadas de la migración para rentar una huerta de naranjas como negocio.1

Al parecer, según la información recabada en la comarca, los padres se mostraban más interesados en destinar la riqueza obtenida en la formación profesional de los hijos que en invertir para acrecentar sus ingresos a través de inversiones productivas. En general los progenitores eran hombres jóvenes que deseaban aprovechar su fuerza y juventud para aportar a su familia lo que consideraban un beneficio permanente traducido en educación de nivel superior.

CAPITAL ECONÓMICO Y CAPITAL HUMANO: EL CONTEXTO EN LA ZONA CENTRO DE TAMAULIPAS

La frontera inmediata entre Tamaulipas y Estados Unidos, la permanente solicitud de mano de obra barata en ese país, así como la diferencia salarial entre ambas regiones representan los elementos básicos necesarios para incentivar la migración. Mientras en Tamaulipas el salario mínimo para un jornalero agrícola es de 315.19 pesos al día (Secretaría del Trabajo y Previsión Social, 2025), en Estados Unidos, según la Oficina de Estadísticas Laborales, el salario mínimo agrícola en promedio es de 17.04 dólares por hora. Aunque para algunos trabajadores mexicanos el pago puede variar. Por ejemplo, el salario mínimo para los operadores de equipo agrícola es en promedio de 19.11 dólares por hora. El salario mínimo para los trabajadores de los criaderos de animales es en promedio de 23.39 dólares la hora (Salario mínimo USA, 2025).

La migración y las remesas económicas que se generan en la región han permitido a las familias solventar carencias económicas, de vivienda, vestido, salud, y en especial de carácter educativo (Mata, 2021). El capital cultural o humano de un individuo implica el conocimiento adquirido a través de dos vertientes: una, el proceso de apropiación de aprendizajes incorporados en su ambiente de nacimiento y desarrollo, y dos, el proceso de escolarización (Bourdieu, 2001, pp. 142-143). Sin embargo, la transmisión de las enseñanzas no se logra de manera instantánea, se requiere tiempo para el trabajo personal que el individuo realiza con el fin de lograr la apropiación de conocimientos. Ese tiempo es la moneda de cambio intransferible en el proceso de cultivarse (Bourdieu, 1986, p. 15; 1987, p. 12).

En la zona del estudio se localiza un total de 248 escuelas, de las cuales 94 son de preescolar, 105 de primaria, 29 de secundaria y once de bachillerato (Secretaría de Educación de Tamaulipas, 2022). Tanto Smith (2015/1776) como Marshall (1948) se refirieron a las posibilidades de educar a los hijos que tenían las diferentes clases sociales de su época. Los recursos necesarios para invertir eran mayores o menores en función de la clase social a la que se pertenecía. Si bien las condiciones sociales y tecnológicas en cada época aparecen diferentes, la inseguridad en el empleo y los salarios insuficientes en la comarca citrícola de Tamaulipas evidencian en la actualidad cierta similitud económica.

La información recabada en la región citrícola señaló que conforme los menores ascienden a la secundaria y el bachillerato, los costos de la educación resultan más elevados para los padres de familia. Dicha circunstancia tiene un efecto sobre las posibilidades de escolarización de los hijos. Las escuelas son de carácter público, pero la relativa lejanía en la que se localizan implica gastos de traslado y de alimentación fuera del hogar para los estudiantes, mismos que no siempre pueden ser solventados por los padres.

LAS VOCES DE LOS PADRES EN LA REGIÓN CITRÍCOLA

De acuerdo con los resultados obtenidos en la zona del estudio, las personas veían la educación, en especial la educación universitaria, como un sinónimo de empleos menos desgastantes en lo físico y más redituables en lo económico. En general, la formación profesional era contemplada como la ruta más conveniente para la movilidad social (Benavides, 2015, p. 168). Los progenitores se expresaban con frases como estas: “El objetivo es reunir dinero para los estudios de nuestros hijos; mi esposo estudió la primaria y sólo puede trabajar como pizcador; yo con licenciatura, trabajo en una escuela, queremos universidad para los hijos.”2 “Yo le digo a mis hijos que estudien, yo no quiero que anden como jornaleros en el sol, no los quiero ver así.”3 “Mi esposo se va a Washington porque queremos que nuestras hijas estudien. Aunque es mucho gasto nos venimos a Victoria para la preparatoria, ellas quieren ser doctoras.”4

Las declaraciones de los padres en relación con las aspiraciones educativas para sus hijos, en principio expresaban proyectos de estudios universitarios; aunque no en todos los casos parecían viables. Resultó interesante el testimonio de Azucena, una madre de familia entrevistada el 6 de mayo de 2023. A unos años de comenzar a emigrar, su marido abandonó a la familia en todos los aspectos, para establecerse con otra mujer en la misma región citrícola. El abuelo paterno de los menores se hizo cargo de la manutención familiar. Azucena expresó: “Deseo que mis hijos estudien […] más por mi niña, yo no quiero para ella el futuro que tenemos las mujeres aquí en los ejidos.” La participante dijo que la gran mayoría de las mujeres de la región vivían solas con los hijos, esperando que el marido regresara por dos a tres meses para volver a migrar.

Estudios realizados en diferentes contextos geográficos han analizado el impacto de la migración internacional y las remesas en ciertas comunidades. Los recursos económicos así obtenidos permiten a las familias cubrir necesidades básicas como alimentación, vestido, salud y vivienda; pero además favorece que los hijos accedan a niveles de escolarización más altos (Bolaños y Valverde, 2019; García, 2010; McKenzie, 2006; Rebolloso, 2023; Sawyer, 2015; Uribe, 2005). Esto indica un interés permanente en el tema de cómo las familias utilizan el capital económico de las remesas para incrementar el capital humano de los hijos. Casi siempre la intención de los progenitores es materializar un futuro económico más favorable para sus descendientes.

Los resultados obtenidos fueron contrastantes. Por una parte, las conclusiones evidenciaron que las remesas contribuyeron al goce de mejores condiciones de vida en las familias participantes y que facilitaron el acceso a la educación y a la salud de los más jóvenes en el hogar (Bolaños y Valverde, 2019, p. 216; Swayer, 2010, p. 5; 2015, pp. 86-87; Uribe, 2005, pp. 11-12). Swayer identificó en su estudio que las remesas económicas por sí mismas suelen ser insuficientes para optimizar el desempeño académico. Para impulsar los logros escolares de los estudiantes resulta fundamental el acompañamiento materno. Otro dato de relevancia en esta investigación es el hecho de que, si la madre superaba los cinco años de escolaridad, se volvía un factor decisivo para incentivar la aspiración e interés de los hijos por la escuela (Sawyer, 2010, p. 5).

Otros resultados fueron menos alentadores, al concluir que en México la migración afectaba negativamente la educación en los hogares mexicanos, más allá de la recepción de las remesas económicas (García, 2010, p.109; McKenzie, 2006, pp. 138-141). Se identificaron factores de influencia negativa como la baja escolaridad de las madres, y que los hijos hombres, ante la expectativa de la migración, en solitario o con los padres, abandonaban los estudios (McKenzie, 2006, p. 142). Por otro lado, los hallazgos de García (2010) se relacionaban con la intención de los jóvenes por estudiar el bachillerato con la finalidad de obtener empleos mejor pagados. En sus investigaciones también se identificó la lejanía de los planteles escolares y la falta de recursos económicos como factores determinantes para frenar la educación. La irregularidad en la recepción de las remesas era lo habitual en esos casos (García, 2010, p. 72).

Estudios más recientes documentaron motivaciones y repercusiones similares. Los jóvenes favorecidos con remesas manifestaban la intención de adquirir mayores niveles educativos para acceder a empleos mejor remunerados y trabajos menos pesados físicamente (Bolaños y Valverde, 2019, p. 216; Rebolloso, 2023, p. 104). Este último autor encontró en el área rural que “el éxito escolar aparece como una especie de asidero territorial” (Rebolloso, 2023, p. 110). A través de la educación se busca romper con la inercia familiar de la migración laboral, en el entendido que, de no acumular suficiente capital cultural o humano, la migración sería la única opción de trabajo. La finalidad de educarse era obtener expectativas de ocupación con arraigo en el territorio nacional. Con el incentivo adicional de que los empleos resultaran menos agotadores y otorgaran más prestigio a los profesionistas (Rebolloso, 2023, pp. 110-111).

En la narrativa de los padres entrevistados en la región citrícola tamaulipeca aparecían los elementos citados: estudios universitarios para sus hijos en la búsqueda de un mejor estatus social y económico. En las familias participantes la escolaridad promedio del padre era de nueve años, es decir, la escuela secundaria. El deseo de impulsar a los hijos hacia la universidad se expresaba de esta manera: “Mi esposo se fue a los Estados Unidos para ganar más dinero, mi hija quiere estudiar enfermería, además de cuidarse a sí misma aprenderá a cuidar a otros en el ejido.”5 Otro testimonio era: “Mi esposo tiene más de 20 años de migrar, mis hijos mayores tienen como un año y medio de haber terminado la universidad, ella es abogada y él es ingeniero, ganan bien y trabajan en oficina, es más descansado.”6

REMESAS Y GASTO EDUCATIVO

La migración genera diferentes escenarios, por un lado, la ausencia de los padres en periodos cíclicos que podría desencadenar problemas de conducta en los hijos (Castillo et al., 2019, p. 89), y, por otro, el flujo de las remesas que se traducen en el incremento de los recursos que se destinan a la educación, como resultado del mayor ingreso y riqueza en los hogares (García y Cuecuecha, 2020, p. 3).

En el presente estudio, los hallazgos indicaron que los trabajadores migratorios con visa H-2A se ausentaban de los hogares por periodos que iban de siete a diez meses cada año para laborar en Estados Unidos. Sólo en aquellos casos en los que la migración era indocumentada, o el padre se había desvinculado de la familia, la ausencia se prolongaba en el tiempo o se volvía permanente. Respecto de las remesas enviadas por el trabajador a su familia, el rango estaba entre los 10 000 y hasta 80 000 pesos mensuales. Aunque el promedio estaba entre los 16 000 y 20 000 pesos cada mes. Este dato era significativo, ya que los ingresos de los pizcadores en la región citrícola, según los entrevistados, no superaba los 2 000 pesos por semana. Es decir, 8 000 pesos mensuales como máximo.

En lo referente al gasto educativo estimado, las participantes mencionaron cantidades entre 2 000 y 13 000 pesos para el inicio del ciclo escolar. Mientras el gasto fijo mensual estimado por las madres de familia estuvo en el rango de 2 000 hasta los 6 000 pesos mensuales. La diferencia en el gasto estaba relacionada con el nivel educativo en que los estudiantes estaban matriculados. La educación básica, la media superior y superior tenían ciertas particularidades en los conceptos de gasto. En términos generales se identificaron los siguientes conceptos: cuotas escolares o de inscripción, uniformes, calzado, útiles y materiales educativos, mochilas, alimentos en las escuelas, combustible o pago de transporte público. Eventualmente se tenían desembolsos por eventos artísticos o deportivos como parte del programa académico.

En ciertos casos la familia debió trasladarse a la ciudad, lo que implicó gastos de alquiler y el pago adicional por los servicios públicos de agua, energía eléctrica, telefonía e internet. El gasto oscilaba entre 2 500 y 5 000 pesos mensuales. Una participante explicaba que sus hijas estudiarían la carrera de Medicina: “Al principio viajábamos todos los días de Benito Juárez a Ciudad Victoria, pero entre pasajes y alimentos gastábamos 4 000 pesos por semana; mejor rentamos una casa, pagamos 3 500 pesos al mes. Algo ahorramos.”7 Las familias en la zona citrícola buscaban la manera de cubrir los gastos derivados de la educación, atendiendo tanto las aspiraciones educativas de los hijos como las posibilidades reales de pago. En función de los ingresos obtenidos mediante las remesas económicas.

TRIUNFOS Y FRACASOS EN LA ESFERA EDUCATIVA EN LA COMARCA CITRÍCOLA

Entre las familias participantes se identificaron casos en los que las metas educativas fueron alcanzadas. Aurelia, durante la entrevista, dijo que su esposo ha emigrado por alrededor de 20 años con la visa H-2A. Habitualmente la duración de sus contratos era de nueve meses al año. Para ejemplificar, la participante mencionó que durante 2021 y 2022 las remesas recibidas por la familia eran de entre 15 000 y 20 000 pesos mensuales, aunque algunos meses alcanzaban los 80 000 pesos. Aurelia explicó que su esposo estudió el bachillerato técnico con especialidad en plomería. Por lo general se empleaba como pizcador en Estados Unidos; pero, cuando desempeñaba trabajos de plomería y/o de electricidad los ingresos se elevaban considerablemente.

Los hijos de Aurelia tenían un año y medio de haber egresado de la universidad. La hija era abogada y estaba empleada en una oficina gubernamental. Su hijo se tituló como ingeniero en Sistemas Automotrices, tenía dos meses laborando en la ciudad de Monterrey. Esa situación la tenía esperanzada sobre la posibilidad de que su esposo decidiera no prolongar por mucho más tiempo la migración anual.8

En otro caso, el entrevistado fue el propio migrante. Arnulfo viajó por primera vez a Estados Unidos en 1999. Desde entonces cada año ha sido contratado durante siete meses para trabajar en un vivero: “Yo era soldador y trabajaba en una compañía que abandoné para irme a los Estados Unidos. Porque allá era ganar en dólares y yo sabía trabajar del campo, así que me fui a Maryland.” Arnulfo tenía tres hijas y un hijo. Con emoción, el trabajador migrante comentó que dos de sus hijas habían egresado de la licenciatura de Enfermería y una de ellas estudiaba una maestría, la otra estaba en espera del título profesional para obtener un empleo. Su hijo menor era estudiante de bachillerato. Arnulfo reconoció que a sus 63 años se sentía cansado, sin embargo, dijo estar comprometido con su hijo para proporcionarle estudios universitarios.

El entrevistado precisó que cuando permanecía en la localidad de Santa Engracia, municipio de Hidalgo, en Tamaulipas, trabajaba en su taller de herrería. Señaló que “no todo se obtuvo con los puros dólares”, no obstante, reconoció que sin la migración no hubieran logrado pagar la educación universitaria de sus hijas.9

En estos casos los participantes hablaban con entusiasmo y agradecimiento sobre la oportunidad de la migración. Exponían los beneficios materiales, económicos y educativos recibidos por la familia. De todo lo anterior, lo más valioso para los entrevistados era, precisamente, la formación universitaria que habían logrado proporcionar a los hijos.

En contraparte, no todos los casos resultaron ser exitosos, las circunstancias en la vida de los progenitores tenían repercusiones en las posibilidades educativas de los hijos. En el caso de Alondra, cuando inició la migración, su familia estaba formada por su esposo y tres hijos (una mujer y dos hombres), y eran residentes del ejido Guillermo Zúñiga, municipio de Hidalgo. Su esposo tenía 17 años migrando con visa H-2A y permanecía en Estados Unidos durante nueve meses cada año. Un día descubrieron que el migrante tenía otra familia en Estados Unidos, Alondra dijo que entonces comprendió por qué las remesas económicas habían disminuido paulatinamente.

El deterioro de la familia comenzó; la hija mayor como alumna de excelencia aspiraba a estudiar odontología, lo que implicaba trasladarse a Ciudad Victoria. El padre negó el apoyo económico por considerar que la carrera era muy costosa. El segundo hijo, envuelto en problemas de adicción a las drogas, abandonó el bachillerato y emigró con el padre para trabajar en Estados Unidos. Como consecuencia, a decir de Alondra, el problema de adicción de su hijo se profundizó, lo que lo ha llevado a delinquir con robos a la propia familia para la compra de drogas. El menor de los hijos estudiaba el bachillerato y al parecer no esperaba tener el apoyo paterno para estudiar la universidad.

Alondra dijo que el joven estudiante pretendía estudiar una carrera a través del ejército mexicano porque de esa manera evitaría los gastos universitarios. La entrevistada agregó que su hijo menor, quien tenía 16 años, era el que tenía menos conexión con el padre, porque cuando este comenzó a migrar, el joven aún no había nacido. La madre de familia concluyó: “Para nosotros la migración tuvo más perjuicios que beneficios, la pérdida de mi pareja y que mis hijos perdieran la oportunidad de estudiar, cuando la intención de irse era para que ellos estudiaran.”10

Un caso más de abandono paterno era el de la familia de Azucena, cuyo esposo tenía más de diez años de migrar temporalmente cada año a La Florida. Con tres hijos, la pareja decidió que el padre emigrara con la finalidad de incrementar sus recursos económicos para que los menores pudieran estudiar: “La primera vez se fue a Florida al corte de la naranja, mis hijos todavía estaban pequeños, pues el más chico todavía era bebé.”11 A cuatro años de iniciada la migración con visa H-2A el esposo de Azucena buscó otra pareja en un ejido cercano, el hombre no tuvo otros hijos, pero abandonó a los que procreó con ella. El abuelo paterno se hizo cargo de los gastos de la familia; la entrevistada aseguró que todos los gastos de alimentación, educación, vestimenta, casa habitación, salud, e incluso de diversión eran asumidos por su suegro.

Azucena obtenía algunos ingresos porque se dedicaba a la venta de productos por catálogo, pero reconoció que tales ingresos eran insuficientes para mantener a sus tres hijos. Finalmente aseveró: “En verdad creo que la única amolada soy yo, […] siento que, si yo me buscara otra pareja, mis hijos ya no recibirían el apoyo de mi suegro, él sí muy a gusto con la vieja y yo sola.” La entrevistada expresó sus sentimientos de soledad. El abandono de su marido a la edad de 40 años la llevaba a reflexionar sobre la juventud perdida. Manifestó un profundo agradecimiento hacia sus suegros, quienes han prometido respaldar a los menores hasta que alcancen una educación superior. No obstante, admitía la ausencia de oportunidades para rehacer su vida con otra persona, dado que ni ella ni su cónyuge habían llevado a cabo acciones para formalizar el divorcio.

Las condiciones en que vivían estas familias cuando inició la migración regular y cíclica fueron cambiando paulatinamente. Al principio, los trabajadores migrantes regresaban a su lugar de origen para convivir con la esposa y los hijos. Con el paso del tiempo, los progenitores tomaban distancia, hasta romper el vínculo matrimonial y eludir sus responsabilidades con los hijos.

LAS VOCES DE LOS ESTUDIANTES EN LA REGIÓN CITRÍCOLA

Los estudiantes entrevistados en este estudio expresaron diferentes motivos de preocupación. Hablaron de sus aspiraciones educativas, pero, también reconocieron las posibilidades que observaban de alcanzar las metas para sí mismos y para sus familias. En todos los casos, el padre era el migrante, la madre se quedaba al frente de la familia. En la comarca citrícola la oferta educativa incluía el nivel medio superior; sin embargo, la mayoría de los padres únicamente culminó la escuela secundaria. A través de la migración habían buscado obtener los recursos económicos necesarios para ofrecer a sus hijos la posibilidad de acceder a la formación universitaria.

La migración preponderante era la regulada con visa H-2A, no obstante, se identificaron familias en las que la migración del padre era indocumentada. Los hijos conocían los motivos de la migración parental, mencionaban las condiciones económicas difíciles que vivía la familia, y las declaraciones coincidían en que “no hay mucho trabajo en la región”, y en que los padres ganaban poco dinero en la cosecha de cítricos: “Yo sé que se va para mantenernos a todos, somos tres hijos y mis papás.”12

Entre los alumnos participantes se distinguía la preocupación por el gasto cotidiano en transporte, algunas frases decían: “Mi hermano y yo gastamos 120 pesos diarios de puro transporte, entre los dos, aparte para almorzar.”13 “Pago 20 pesos en el autobús de la prepa, pero si lo pierdo, tengo que pagar taxi y son 90 pesos sólo de ida. O como ahorita que el autobús está descompuesto.”14 “Somos mi hermana y yo en la prepa, venimos en moto porque es mucho de pasaje, en la moto son 300 pesos de gasolina por semana, nos ahorramos un buen.”15

Entre los estudiantes cuyo padre se había desvinculado de la familia, la preocupación del menor se profundizaba: “Mi casa está cerquita, pago 20 pesos de pasaje ida y vuelta, más diez pesos para almorzar. A veces no hay dinero y falto a clases. Mi papá nos dejó y se fue con otra señora.”16 Mientras que en las familias donde la migración del padre era indocumentada, el panorama era incierto, debido a que para el trabajador era más complicado obtener un empleo. “Quería estudiar la carrera de Medicina, pero este año mi papá se tuvo que regresar pronto, sus compañeros de trabajo lo amenazaron con denunciarlo a migración, mis papás me dijeron que este año no podré entrar a la universidad.”17

Los estudiantes no sólo aludían al componente económico de la migración, algunos se manifestaban afectados emocionalmente por la prolongada ausencia del padre, las expresiones eran: “se va por mucho tiempo”, “lo extraño mucho”, “me siento solo”, “me pongo a llorar”. Una participante dijo estar preocupada por la salud del padre, quien tenía una afección renal que le provocaba inflamación y dolor de rodillas: “Siempre estoy pensado lo que podría pasar si se enfermara y estuviera lejos trabajando.”18

Los alumnos cuyos padres habían abandonado a sus familias, de manera parcial o total, eran los que expresaban una profunda desesperanza de progresar en su preparación académica: “Mi papá se iba desde que yo era pequeña, un tiempo dejó de ir, después otra vez; ahora tiene otra familia ahí en el mismo ejido, la pensión que nos da no es suficiente, así que batallamos mucho.” La entrevistada dijo que en su casa eran tres hijos. Con la otra familia el padre también tenía tres hijos; la estudiante explicó: “Por eso a mi papá no le alcanza el dinero, no sé si podré estudiar, a veces no da la pensión a tiempo.”19

LAS VOCES DE LOS DOCENTES EN LA REGIÓN CITRÍCOLA

En otro orden de ideas, la escuela como institución fundamental para impulsar el capital humano es considerada como el espacio vital que favorece el contacto entre toda la comunidad educativa; es decir, las familias, los alumnos y los docentes (Dewey, 1998, p. 90). Por tal motivo, resultó relevante escuchar la voz de los maestros acerca de sus alumnos en contexto de migración. Algunas de las frases más comunes se referían a temas económicos, a la atención del padre e incluso a los comportamientos del alumnado. “Los alumnos con padres migrantes disponen de mejores materiales y dispositivos electrónicos para preparar sus tareas escolares; sólo algunos aprovechan esa oportunidad, otros no trabajan.”20

El docente se refería a que en la región citrícola las familias receptoras de remesas económicas eran consideradas más prósperas en comparación con el resto de la población. Los hijos de trabajadores migrantes portaban vestimentas de marcas reconocidas y disponían de útiles y materiales educativos de excelente calidad. La reflexión de algunos educadores se sustentaba en la premisa de que las condiciones económicas más favorables podrían reflejarse en resultados académicos más relevantes. Lo que no sucedía así en todos los casos.

Otros profesores hacían referencia a la dimensión académica y a las conductas de los estudiantes: “Aunque el padre esté ausente, si se mantiene cercano y en contacto con los hijos, los resultados académicos son buenos, existe motivación para el estudio.”21 Otra: “El esposo es la autoridad en el hogar, las mamás vienen a pedir ayuda, que no pueden con los hijos, no la obedecen, se portan mal en la escuela y en la casa.” En las observaciones previas la constante era que los hijos recibían apoyo económico del padre. Pese a que la ausencia paterna influía en cierto grado las conductas de los estudiantes, los docentes advertían que los recursos financieros eran proporcionados oportunamente.

Ciertos alumnos no recibían suficiente capital económico de los padres. Dalila dijo que, al indagar sobre las inasistencias de un estudiante, encontró que el padre había emigrado a Estados Unidos y no enviaba dinero: “Las faltas estaban relacionadas con las necesidades económicas en el hogar, el alumno faltaba porque tenía que trabajar, apoyar a su mamá […] económicamente no estaban bien.”22

En otro caso la maestra dijo: “A veces los padres que se fueron dejan de mandar dinero; para los jóvenes la situación es complicada. […] Se van al corte para ayudar, abandonan la escuela para trabajar, las familias aquí son grandes.”23 Para los docentes conocer el entorno y las condiciones familiares en que vivían sus alumnos se había convertido en una herramienta de gran apoyo para favorecer la educación. En ocasiones esto significaba eximir a ciertos estudiantes de todo costo por el servicio educativo en el plantel en que laboraban. Lo que solía incluir el pago del transporte escolar y el pago de los desayunos escolares.24

DISCUSIÓN

Los distintos actores entrevistados coincidieron en sus apreciaciones respecto de las causas que han impulsado la migración internacional en la región citrícola tamaulipeca. La mezcla de trabajo estacional y salarios insuficientes han convertido la migración laboral en una válvula de escape que alivia la presión social que pudiera generarse por las condiciones económicas de la población. Se ha señalado la diferencia salarial entre el campo tamaulipeco (315.19 pesos al día), según la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (2025), y el salario mínimo agrícola en Estados Unidos (17.04 dólares la hora), según la Oficina de Estadísticas Laborales (Salario mínimo USA, 2025). Esto desde la perspectiva económica.

Por otra parte, la narrativa de los progenitores mostraba que veían la educación superior como una fuente de ingresos más elevados para sus hijos en el futuro. Algunos teóricos del capital humano han señalado la relación recíproca entre el crecimiento del capital humano y el crecimiento económico (Becker, 1994, p. 17; Mincer, 1996, p. 29). Por lo anterior, es posible entender la disposición de los padres para invertir en la educación. Los casos citados en este artículo se alinean con resultados de investigaciones anteriores, en las que se identificaron ciertas afectaciones emocionales experimentadas por los hijos de padres migrantes, pero también se evidenciaron efectos positivos de la migración en la educación, lo que se traducía en el incremento de los años de escolaridad (Dimas y Ramírez, 2019, p. 216; Rodríguez et al., 2021 p. 37; Swayer, 2010, p. 5; 2015, p. 86).

De acuerdo con los participantes, las remesas fortalecían la economía doméstica y contribuían a mejorar la calidad de vida en las familias receptoras. En la región conformada por los municipios de Güémez, Hidalgo y Padilla, las ganancias de un trabajador agrícola raramente superaban los 8 000 pesos mensuales. Mientras que el trabajador en el campo estadunidense podía enviar en promedio entre 16 000 y 20 000 pesos mensuales. Otra parte de los ingresos era retenida por el trabajador para sus gastos en el extranjero y para realizar ahorros en cuentas bancarias.

Esta investigación mostró la historia de Aurelia, cuyos hijos culminaron estudios universitarios. Ella dijo que posteriormente obtuvieron empleos bien remunerados y con mejores condiciones laborales. Como señaló Becker (1994, p. 17): “Los ingresos de las personas más educadas casi siempre están por encima de la media.” La entrevistada admitió que, sin la migración de su esposo, sus hijos no habrían alcanzado esas metas. El propósito de los progenitores era que sus descendientes dispusieran de un abanico de posibilidades profesionales para evitar dejarles “la pizca” como única opción de trabajo. Hoy como ayer, guardadas las distancias históricas y sociales, es cierto lo que señaló Smith (2015/1776) acerca de que los padres están dispuestos a pagar lo que sea necesario para que sus hijos accedan a la educación (libro V, capítulo I, s. p.).

Desde la perspectiva del capital cultural señalado por Bourdieu (1987, p. 15) respecto de la educación obtenida en el contexto familiar, en la comarca citrícola se identificó que un elemento primordial consistía precisamente en la transmisión de conocimientos y habilidades para el desempeño laboral en la cosecha de cítricos, llamada coloquialmente en la región como “la pizca” o el “corte”. A continuación un testimonio: “Desde los diez años comencé a irme al corte, con mi abuela, mi tío, otros primos y primas para ganar dinero. Ellos me enseñaron. Mi padrastro trabaja en Estados Unidos, pero somos muchos de familia, el dinero no alcanza.”25

En ese sentido, se expresaron participantes de los distintos roles seleccionados para la muestra. En la región citrícola los miembros más jóvenes del núcleo familiar son introducidos en tareas agrícolas. De este modo, si la educación formal no es posible para ellos, estarán capacitados para desempeñar el oficio adquirido, usualmente desde una etapa temprana de su vida.

Por último, es importante resaltar que los beneficios de la migración parental no estaban generalizados. Aquellos hijos que se encontraban en situación de abandono total o parcial se veían en la necesidad de trabajar para ayudar a su familia. Esto quedó expuesto por las observaciones de los docentes en relación con los alumnos, hijos de migrantes, en condiciones económicas difíciles o en abandono. Estos estudiantes debían sobreponerse a un constante ausentismo escolar y recuperar medianamente sus calificaciones, o bien, podían optar por abandonar los estudios. Si el alumno debía trabajar en un oficio agotador -como es el de jornalero agrícola- no le quedaba tiempo para formarse académicamente.

CONCLUSIONES

La migración laboral de Tamaulipas hacia Estados Unidos ha ido en crecimiento durante las últimas tres décadas (Izcara, 2011, p. 40) dado que los padres, entre los motivos para migrar, expresaban el deseo de dotar a sus hijos de más escolaridad (Mata, 2021, p. 145), lo cual incentivó el interés de esta investigación en la zona citrícola central, específicamente en los municipios de Güémez, Hidalgo y Padilla.

Con el objetivo de examinar la narrativa de los participantes respecto del impacto que el capital económico adquirido a través de la migración ha ejercido en el desarrollo del capital humano en las familias elegidas para este estudio, y analizada la información obtenida, es posible concluir que:

1. En los hogares receptores de remesas provenientes del extranjero era más fácil enfrentar los desafíos de la educación de los hijos. El desembolso diario suele incrementarse a partir de la escuela secundaria, debido a que los planteles educativos estaban ubicados más lejos de los hogares de algunos estudiantes.

2. En algunas familias se lograron los objetivos educativos. Estudiantes, madres de familia y educadores coincidieron en que no bastaba la disponibilidad de recursos financieros. Al parecer era muy importante que el progenitor, además de cumplir el rol de proveedor, permaneciera en constante comunicación con los hijos, con el propósito de incentivar el interés por el estudio y prevenir comportamientos y conductas inapropiadas.

3. La educación superior abre la posibilidad de acceder a un empleo mejor pagado; aunque no es una garantía para obtenerlo; pero si el padre rompe los lazos familiares, los hijos son colocados en posición de perder oportunidades educativas; dejándole como única opción laboral el oficio de jornalero o pizcador.

4. El papel de los progenitores es fundamental para que, o bien el capital económico que llega a los hogares se transforme en capital humano para sus descendientes, o bien los hijos vean la migración como una alternativa de progreso, porque han visto el beneficio en su núcleo familiar.

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* Esta investigación fue posible gracias al proyecto PRONACE-319126, titulado Derecho y Acceso a la Salud de los Migrantes: Trayectorias de Atención a la Salud de Personas en Movimiento por Ciudades del Noreste de México y la Región del Calle de Texas. Financiamiento CONAHCYT.

1Dora, 34 años, madre de familia, entrevistada el 15 de marzo de 2023.

2Avelina, 35 años, madre de familia entrevistada el 9 de marzo de 2020.

3Aída, 36 años, madre de familia entrevistada el 24 de junio de 2023.

4Araceli, 35 años, madre de familia entrevistada el 19 de septiembre de 2022.

5Ana, 34 años, madre de familia entrevistada el 18 de febrero de 2020.

6Aurelia, 49 años, entrevistada el 26 de octubre de 2022.

7Alma, 35 años, madre de familia entrevistada el 19 de septiembre de 2022.

8Aurelia, 49 años, entrevistada el 26 de octubre de 2022.

9Arnulfo, 63 años, migrante entrevistado el 16 de febrero de 2022.

10Alondra, 41 años, madre de familia entrevistada el 29 de noviembre de 2022.

11Azucena, 46 años, madre de familia entrevistada el 6 de mayo de 2023.

12Vinicio, trece años, estudiante de secundaria entrevistado el 14 de junio de 2023.

13Blanca, catorce años, estudiante de secundaria entrevistada el 14 de junio de 2023.

14Belinda, 16 años, estudiante de bachillerato entrevistada el 25 de abril de 2023.

15Bernardo, 16 años, estudiante de bachillerato entrevistado el 8 de noviembre de 2022.

16Belén, 16 años, estudiante de bachillerato entrevistada el 2 de junio de 2023.

17Roma, 18 años, estudiante de bachillerato entrevistada el 25 de abril de 2023.

18Blanca, catorce años, estudiante de secundaria entrevistada el 14 de junio de 2023.

19Belinda, 16 años, estudiante de bachillerato entrevistada el 25 de abril de 2023.

20Diego, 54 años, docente entrevistado el 19 de junio de 2023.

21Daniela, 33 años, docente entrevistada el 14 de octubre de 2022.

22Dalila, 37 años, docente de bachillerato entrevistada el 9 de noviembre de 2022.

23Diana, 39 años, docente entrevistada el 9 de noviembre de 2022.

24Diego, 54 años, docente entrevistado el 19 de junio de 2023.

25Remedios, 17 años, estudiante de bachillerato entrevistada el 1 de junio de 2023.

Recibido: 23 de Mayo de 2024; Aprobado: 12 de Marzo de 2025

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Profesora-investigadora de la Universidad de Seguridad y Justicia de Tamaulipas. Maestra en Desarrollo de Recursos Humanos. Maestra en Ciencia Política y Administración Pública. Doctorante en Gestión e Innovación Educativa por la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Su desempeño profesional está en la administración pública en las áreas de Recursos Humanos, Capacitación y Formación. Colaboración en las líneas de investigación de migración y educación. Rol de participación en la investigación: conceptualización, metodología, investigación, escritura-borrador original, análisis de datos.

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Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid (1997), profesor de Sociología en la Facultad de Ciencias de la Educación y Humanidades de la Universidad Autónoma de Tamaulipas. Miembro del SNI (nivel 3). Líneas de investigación: migración indocumentada y la trata de personas. Rol de participación en la investigación: supervisión, revisión de escritura, análisis de datos.

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