El CEMCA publicó a finales de 2024 la versión en español del libro de la socióloga francesa Delphine Lacombe , una adaptación y traducción de su tesis doctoral defendida en 2015 en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales (EHESS) de París, editada bajo el título de Violencias contra las mujeres: De la Revolución a los pactos de poder Nicaragua, 1979-2008. Esta monografía que analiza las violencias hacia las mujeres en el caso de Nicaragua es de lectura muy recomendada, y constituye un aporte central al estudio de la historia reciente de Nicaragua, un país que tristemente ha dejado de ser estudiado en las ultimas décadas (tanto en Francia como en México, por ejemplo) después del final del periodo revolucionario (1990) y desde entonces.
El texto se apoya sobre una encuesta de muy larga duración realizada a las organizaciones feministas nicaragüenses en relación con el campo político local: cada página es el resultado de un trabajo exhaustivo que reúne encuesta, trabajo de campo, entrevistas y lecturas. Esta cantidad impresionante de datos de primera mano que la autora pone en relación y discusión con mucha habilidad le permite desarrollar sus puntos argumentativos. Nada está dejado en el aire, todo tiene su razón de estar, haciendo que la economía general del conjunto esté particularmente bien pensada. Seguimos el hilo argumentativo con mucha facilidad porque la autora toma de la mano al lector y lo acompaña a tratar de desenredar una situación política compleja, donde existen muchas tensiones, ambivalencias y cambios. Pero no basta decir que es complejo, la autora lo demuestra con mucha lucidez y pertinencia.
El primer punto es que el libro de Delphine Lacombe permite desarmar algunos mitos muy arraigados en Nicaragua, y afuera, provenientes de los discursos de quienes se entusiasmaron por la Revolución sandinista y les costó mucho deshacerse de la «ilusión» sandinista sobre el proceso político de la década de 1980 para analizar lo que estaba sucediendo en años sucesivos. Entre los mitos desarticulados por la autora, y muy arraigados por décadas, está la idea según la cual la Revolución sandinista fue un momento para las mujeres, quienes obtuvieron protagonismo (¿algunas no fueron guerrilleras?, ¿hasta mandaron ataques armados?, ¿otras no tomaron espacios de poder?) y visibilidad. De esta forma, Violencia contra las mujeres contribuye a la historia de la mitad invisible de la población nicaragüense, lo hace deshaciendo con mucha fineza todos estos mitos.
Otro de los a priori más comunes acerca del movimiento de mujeres en Nicaragua es que el proceso revolucionario iniciado en 1979 ha sido un momento detonador de explosión de las posibilidades, de liberación y, por lo tanto, transformador. Mujeres revolucionarias y, por decirlo de alguna manera, progresistas: mujeres que sabían llevar armas y cuidar niños a la vez. Lacombe muestra que no es para nada tan sencillo, y que la situación real de las mujeres en tiempos de la Revolución fue algo mas ambigua. El sistema patriarcal no ha dejado de existir con fuerza durante ese periodo que, si bien desarrolló movilizaciones de masas para las mujeres (como en el caso de la Asociación de Mujeres Nicaragüenses Luisa Amanda Espinoza), no promovió la emancipación femenina, sino bien al contrario. Las mujeres sandinistas que quisieron desarrollar una agenda de género fueron menospreciadas, cuando no deslegitimadas (la autora da varios ejemplos de eso en las organizaciones feministas que se crearon en la década de 1980). Fueron fuertes los conflictos y muchas las posturas ambivalentes (empezando por posiciones de algunas mujeres militantes). Si bien la Revolución sandinista ha pensado el papel de las mujeres, lo ha hecho mayormente en el marco de la dominación masculina, que no solamente existió con fuerza durante este periodo, sino que quiso también inventar una mujer nueva al lado del hombre nuevo de la Revolución. Otro orden, de índole sandinista, pero claramente no menos patriarcal.
Es también notable entender, siguiendo a Delphine Lacombe , cómo el movimiento feminista se desarrolla a la par de cambios políticos y de regímenes con los cuales entra en tensión, a veces en conflicto, y cuyo color político no predetermina el triunfo de sus empresas transformadoras, sino tanto éxitos como fracasos. La llegada en 1990 de una mujer, Violeta Chamorro de Barrios, al poder no aporta nada a la agenda nacional de género, siendo cercana a la Iglesia más conservadora; pero tampoco impide totalmente al movimiento feminista seguir creciendo y desarrollando sus demandas, en especial respecto al tema de las violencias contra las mujeres. En un contexto claro de desarrollo y visibilidad creciente del movimiento feminista a escala internacional, y también en un contexto de judicialización de las demandas. El estudio de los diferentes pasos de las reformas legales, y de las movilizaciones jurídicas, es en este sentido muy esclarecedor. Es otra cosa que la autora hace muy bien: teje las diferentes escalas de desarrollo del movimiento feminista y de sus reivindicaciones, desde lo local de algunas disputas especificas hasta el espacio político de la capital, Managua, incluyendo sus interrelaciones con el espacio internacional de mujeres. Esta capacidad para hacer interactuar las escalas, si bien es muy necesaria hoy en día, no siempre está bien hecha, como en este caso. Aquí, su estudio sobre las movilizaciones feministas y sus reivindicaciones es útil para cualquiera que se interese específicamente en el caso de Nicaragua, pues se preocupa de la relación entre movilizaciones de mujeres y espacio político.
El segundo punto en el cual la autora realiza un aporte original es cómo trata las movilizaciones de mujeres y sus interacciones con la acción política, las políticas publicas y el marco legal y jurídico. El libro propone un ángulo original en el caso nicaragüense, pensando la política (en el sentido amplio de policy) a través del género, como un hilo conductor que no solo permite entender las movilizaciones promovidas por las mujeres, sino también entender lo que es hacer política en Nicaragua. Aquí, el estudio más sistemático de la secuencia histórica muestra muy claramente los avances y retrocesos de las políticas públicas que marcan el periodo, fuera de sus diferentes regímenes políticos, creando un continuum de violencias y de políticas, cuyas rupturas dependen de eventos muy diferentes de los cambios políticos.
De esta manera, la autora contribuye al estudio de los regímenes políticos, y va al día del caso particular que estudia. Demuestra, por ejemplo, cómo el caso Zoilamérica Narváez (cuando la hijastra del presidente Daniel Ortega, del Frente Sandinista de Liberación Nacional, lo acusa de violaciones repetidas durante su infancia y confronta a su madre, Rosario Murillo, que lo sabía y no dijo nada, antes que su madre entrara en defensa del esposo) cambia las percepciones sobre lo que es aceptable o no aceptable, y sobre la lealtad, transformando muchas relaciones de las militantes feministas al sandinismo. Este punto es de particular interés: cómo la lealtad al partido sandinista, a lo que ha seguido por años siendo «la Revolución» se desmorona casi de un día al otro con esta revelación para muchas mujeres que pierden la fe, de alguna manera, en el proyecto transformador que significó la Revolución, y cómo esta separación, dolorosa, dio finalmente lugar a una nueva dinámica del movimiento feminista nicaragüense, que fue allí mas fuerte que nunca. ¿Había finalmente que liberarse del «macho número uno» para poder avanzar en esta lucha contra las violencias hacia las mujeres?
El caso analizado a continuación es el de Rosa Fletes (cuando una niña de nueve años abusada es operada y salvada por un aborto terapéutico, antes de ser nuevamente abusada y madre adolescente a los catorce años), el cual también permite desenredar el estado de las relaciones de la fuerza política, y entender mejor esta dinámica muy específica de, por un lado, políticas públicas y reformas legales y, por otro lado, circunstancias políticas. No todo es posible en todos los tiempos, eso lo describe la autora muy bien. El momento o, mejor dicho, los momentos Rosa Fletes, las controversias que nacen del caso, hacen y deshacen avances políticos y jurídicos, y permiten entender la fragilidad de la política nicaragüense.
Al final, pocas cosas faltan para terminar de entender todas las complejidades del pedazo histórico que describe la autora; uno de ellas es probablemente describir más el papel de la Iglesia católica en especial, de la cual se habla finalmente poco en el libro; y tal vez entender mejor la circulación entre el espacio militante y el espacio político, desde trayectorias personales con más retratos de mujeres, que ayudarían a entender las idas y venidas entre los espacios militantes y políticos. Nos queda una última pregunta para la autora, evidente, ¿que ha pasado después? ¿Qué ha hecho o transformado el auge del autoritarismo de Ortega postcrisis política del 2018? Más generalmente, después de 2008 y, sobre todo, de 2018, ¿qué ha pasado en el espacio político feminista nicaragüense?









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