SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número87Factibilidad para la producción y comercialización del dátil Medjool en ChihuahuaViolencias contra las mujeres: De la Revolución a los pactos de poder, Nicaragua, 1979-2008 índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay artículos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Trace (México, DF)

versión On-line ISSN 2007-2392versión impresa ISSN 0185-6286

Trace (Méx. DF)  no.87 Ciudad de México ene. 2025  Epub 19-Ago-2025

https://doi.org/10.22134/trace.87.2025.915 

Reseñas

Francisco Plancarte y Navarrete: Su vida, su tiempo y su obra

Lynneth S. Lowe* 

* Centro de Estudios Mayas, Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM, México, lynnethlowe@filos.unam.mx.

Espejel Carbajal, Claudia; Ochoa Castillo, Patricia. 2022. Francisco Plancarte y Navarrete: su vida, su tiempo y su obra. Zamora: El Colegio de Michoacán, Instituto Nacional de Antropología e Historia, ISBN: 978-607-544-184-9.


El siglo XIX fue la gran época del descubrimiento de los pueblos prehispánicos ante la cultura occidental. Viajeros, exploradores y arqueólogos pioneros dieron inicio a las investigaciones que revelarían los alcances de estas complejas civilizaciones a lo largo de México y Centroamérica. Así, personajes como Frédéric Waldeck, Desiré Charnay, Augustus y Alice Le Plongeon, Alfred Maudslay o Teobert Maler tuvieron la oportunidad de contemplar en su ubicación original el escenario cívico y ritual de diversas ciudades abandonadas por siglos en la antigua Mesoamérica. Gracias a sus detallados reportes, dibujos y levantamientos, el mundo pudo apreciar la relevancia y complejidad de estas culturas, que a todas luces mostraban un elevado desarrollo, como conseguía verse a través de sus elaboradas evidencias materiales, en su arquitectura, su escultura o su cerámica. Igual de importantes, aunque menos conocidas, resultan las aportaciones de los estudiosos e historiadores locales, que centraron sus esfuerzos en la creación de las primeras colecciones arqueológicas y documentales de nuestro país; además de difundir sus alcances a través de diversas publicaciones e impulsar la protección del patrimonio prehispánico.

Este es el caso del protagonista del libro Francisco Plancarte y Navarrete: Su vida, su tiempo y su obra, el cual, bajo la coordinación de Claudia Espejel Carbajal y Patricia Ochoa Castillo, reúne un conjunto de diecisiete trabajos en torno a la labor del destacado eclesiástico y coleccionista, así como a su contexto histórico, que permiten valorar su papel precursor en el desarrollo de la disciplina arqueológica, entre otros muchos aspectos que abordó a lo largo de su trayectoria. En palabras de las propias editoras, esta obra nos brinda la oportunidad de apreciar «la pluralidad de intereses que Plancarte cultivó a lo largo de su vida, su curiosidad por el pasado de nuestro país, su papel en el mundo intelectual de su época y las aportaciones que hizo a la historia y a la arqueología mexicana en un momento relevante como fue el inicio de la arqueología científica» (p. 10); a ello se suman otros estudios que abordan el creciente interés por el estudio del pasado, desarrollado durante la segunda mitad del siglo XIX.

Don Francisco Plancarte fue oriundo de Zamora, Michoacán, y desde muy joven se inclinó por el sacerdocio; se doctoró en Roma en filosofía y teología, y a la par de sus labores eclesiásticas a lo largo de su vida desarrolló una afición por la arqueología y la historia. En uno de los capítulos del libro se relata que, sabiendo de su gran interés, su propio tío, el padre Antonio Plancarte y Labastida, le había guardado un conjunto de antigüedades recuperadas durante la construcción del puente de Jacona, para cuando regresara de sus estudios en Roma; estas piezas, entre las cuales se mencionan un idolillo de barro, unas puntas de flecha y unos navajones, fueron la base de su colección «formada para poder estudiar la civilización de los antiguos pueblos habitadores de Michoacán» (Del Paso y Troncoso y Plancarte 1887, 273), según se consignó posteriormente en el primer catálogo de ella.

Con el tiempo, el presbítero recibió diversos nombramientos en el clero, fue obispo de Campeche y de Cuernavaca, y arzobispo de Linares. Al final de su vida, en 1919, fue distinguido como miembro de la Academia Mexicana de la Historia, en reconocimiento a sus importantes investigaciones arqueológicas; incluso se le ha denominado como el «obispo arqueólogo», en virtud de tales aportaciones. Su obra más notable, Prehistoria de México, fue elaborada durante su exilio en los Estados Unidos durante la época de la Revolución, y se publicó en 1923, en forma póstuma.

Sus colecciones de piezas arqueológicas fueron muy afamadas, pero además de ello realizó exploraciones de campo en diversos sitios para conocer sus implicaciones culturales. En varios de los textos de esta obra se analiza la importancia del legado del padre Plancarte en dichos aspectos. A lo largo de su vida llegó a formar dos importantes colecciones. La primera data de su época como profesor del Colegio de San Luis Gonzaga, tanto en Michoacán como en la Ciudad de México, durante la cual alcanzó a reunir más de 2800 piezas. Resulta sumamente interesante conocer el proceso de formación de tales colecciones, inicialmente a partir de la excavación de diversos sitios en los alrededores de Jacona y luego en otras zonas del Occidente y la cuenca de México, incluso con la participación de los alumnos del colegio, o por obsequios que recibía de sus amistades, procedentes de otras regiones. De sus recorridos en la zona de San Joaquín, comentaba lo siguiente:

mi distracción favorita por las tardes era salir a los campos con algunos de mis alumnos, para buscar en las inmediaciones de los teteles, cabecitas de ídolos, tepalcates pintados, malacates, cuentas de piedra, puntas de flecha, cuchillos de obsidiana y otros muchos objetos antiguos que recogíamos abundantemente de la superficie del suelo. (Del Paso y Troncoso y Plancarte 1887, 34)

Al respecto, se destaca la importancia que don Francisco daba al contexto de los hallazgos y al registro de sus excavaciones, y también a la interpretación de las mismas, ya que no era un simple coleccionista, sino que tenía un interés por las diferentes expresiones culturales que representaban las piezas que encontraba. Por ejemplo, al excavar un contexto funerario en el sitio de Los Gatos, interpretó que se trataba de la tumba de un gobernante al analizar la composición, variedad y riqueza del ajuar asociado. También puede destacarse su interés por las figurillas preclásicas, que él identificó como de tipo «arcaico», procedentes de varios sitios tempranos de la cuenca de México y cuyas observaciones constituyen un antecedente relevante para su estudio tipológico.

Con esta primera colección participó en la Exposición Histórico-Americana de Madrid, en 1892, realizada como parte de los festejos del IV centenario del descubrimiento de América, y que más tarde fue adquirida por el Museo Nacional. El catálogo, elaborado en colaboración con Francisco del Paso y Troncoso, permite apreciar los conceptos de clasificación aplicados por su autor, considerando en primer término las culturas de adscripción o «naciones», así como su función y el tipo de objeto, agregando ocasionalmente observaciones sobre el contexto del hallazgo o sus implicaciones históricas.

Posteriormente, don Francisco iniciaría su segunda colección a partir de su estancia en Cuernavaca, visitando numerosos sitios y realizando excavaciones que incrementaron su acervo, con el cual fundó un museo en el Palacio del Episcopado, que después de su muerte pasaría en su mayor parte al Museo Nacional. Al respecto, me parece importante resaltar el minucioso trabajo, casi detectivesco, de análisis de inventarios, fichas y etiquetas llevado a cabo por diversos investigadores, con respecto a los acervos del Museo Nacional y el Museo Michoacano para tratar de identificar el origen y trayectoria de las piezas, al igual que en varios recintos del extranjero, incluyendo Francia, Bélgica y la República Checa. Además de la arqueología, hay muchas otras vertientes de la obra de Plancarte que se abordan en este volumen, por ejemplo, sus apuntes sobre la geografía de Morelos y su rescate documental en el caso del «Manuscrito de Carapan» o Códice Plancarte y las reproducciones que encargó para la Exposición de Madrid de diversos documentos indígenas de Michoacán que han servido para preservar su contenido; de igual manera, varios de los textos ilustran sus relaciones con otros personajes de la época, entre ellos, el doctor Nicolás León, la investigadora Zelia Nuttall o el arqueólogo William Henry Holmes.

Un aspecto de especial interés que se analiza en el libro es el papel de diversos eclesiásticos ilustrados que, al igual que el padre Plancarte, participaron en la conformación de algunos de los primeros museos en nuestro país durante el siglo XIX, muchas veces a partir de sus propias colecciones; este sería el caso del padre Juan José Canseco -quien dirigió el primer gabinete de antigüedades del Instituto de Artes y Ciencias de Oaxaca-, de los padres Camacho -que instalaron un pequeño museo particular de arqueología e historia natural en Campeche- o del obispo Crescencio Carrillo y Ancona, fundador del Museo Yucateco, cuya labor abrió el camino para el establecimiento de importantes instituciones en la República y reafirmó la importancia de reunir colecciones que impulsaran el avance del conocimiento del pasado.

Muchas otras instituciones y personajes desfilan por las páginas de esta obra y aportan información acerca del rico contexto intelectual de la época en torno al estudio de las antigüedades prehispánicas, tanto en México como más allá de sus fronteras, por ejemplo, Francisco del Paso y Troncoso, Auguste Genin, Leopoldo Batres o Eduard y Cecilia Seler, por mencionar solamente algunos de ellos.

En síntesis, esta obra colectiva representa una importante contribución al tema de la historia de la arqueología mexicana durante el siglo XIX que nos permite adentrarnos no solo en las labores coleccionistas del presbítero Francisco Plancarte y en los orígenes de los acervos de los museos, sino también en toda una época de revaloración de las culturas indígenas mesoamericanas que establecería los fundamentos para el desarrollo de la disciplina desde una perspectiva científica.

Referencia

Del Paso y Troncoso, Francisco, y Francisco Plancarte. 1897. «Exposición Histórico-Americana de Madrid para 1892, sección de México, catálogo de la colección del señor presbítero don Francisco Plancarte formada con la colaboración del dueño por el director del Museo Nacional de México». Anales del Museo Nacional de México, 4: 273-357. [ Links ]

Publicado: 23 de Abril de 2025

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons