Introducción
La industria farmacéutica es actualmente una de las ramas productivas más importantes y redituables, no sólo en México, sino en todo el mundo. Esta industria satisface un amplio espectro de necesidades de salud humana, puesto que fabrica los medicamentos que sirven para prevenir, tratar y rehabilitar las afectaciones a la salud de la población. Martínez y colaboradores consideran que la industria farmacéutica es una rama prioritaria de la industria porque contribuye a la economía nacional con una buena porción de la producción manufacturera total, debido al alto valor agregado que genera.1 A su vez, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señala a la industria farmacéutica como un sector estratégico, por su importancia como sector industrial de base tecnológica, con un gran potencial de creación de capacidades, valor, empleo y atracción de inversiones.2
Debido a su relevancia, el desarrollo histórico de la industria farmacéutica en México a lo largo del siglo XX ha sido analizado desde diversos enfoques.3 A partir de una perspectiva científica y tecnológica, Godínez y Aceves estudian los orígenes de la industria farmacéutica en el territorio mexicano durante el periodo posrevolucionario (1917-1940); asimismo, describen los rasgos de los primeros empresarios nacionales y extranjeros que incursionaron en este sector productivo.4 Por otra parte, los estudios políticos y económicos dedicados a esta materia son abundantes, entre los más sobresalientes destacan el de Gereffi, que se enfoca principalmente en el auge y la caída de la industria mexicana de esteroides durante la posguerra;5 y los de Soria y Bernal, que explican la influencia de las empresas transnacionales en el fortalecimiento de la dependencia económica y tecnológica de este sector con el exterior.6
Si bien han sido abordados en profundidad diversos factores (sociales, políticos, económicos, científicos e institucionales) que marcaron el desarrollo de la industria farmacéutica nacional en distintos periodos, son todavía pocos los estudios sobre las trayectorias profesionales de algunos personajes que cimentaron el camino para el progreso de esta industria en el país. Por ejemplo, se han examinado los casos de los empresarios Pánfilo Zendejas y Triunfo Bezanilla Testa, considerados entre los iniciadores de la industria farmacéutica mexicana.7 Por otro lado, ciertos artículos analizan las actividades del científico húngaro-mexicano José Erdos Blau, quien desarrolló una red de innovación después de la Segunda Guerra Mundial, la cual impulsó considerablemente la investigación local en química orgánica y el diseño de medicamentos hormonales y opoterápicos.8
No obstante, la mayor parte de los trabajos biográficos dedicados a este tema estudian a los científicos de la empresa Syntex S. A.,9 compañía fundada en 1944 por el químico estadounidense Russell Marker y los empresarios europeos Federico A. Lehmann y Emeric Somlo. La importancia de esta corporación es recalcada por Godínez, Aceves y Schifter, quienes aseguran que:
A través del fomento científico, Syntex S. A. revolucionó la síntesis habitual de hormonas esteroides, al fabricar progesterona, testosterona y desoxicorticosterona a partir de saponinas de plantas mexicanas, obteniendo rendimientos mayores a los conseguidos por empresas europeas y estadounidenses. Esto la convirtió en la líder mundial en el abastecimiento de precursores hormonales. Durante casi una década, las principales investigaciones mundiales en el campo de hormonas provinieron de esta empresa mexicana, que se volvió un importante centro de trabajo para científicos nacionales y extranjeros expertos en esta área.10
Aunque para muchos historiadores de la ciencia y la tecnología es más atractivo hacer estudios en torno a figuras líderes de la industria farmacéutica mexicana, o sobre “personajes innovadores” que destacaron en el diseño de tecnologías importantes o llamativas, consideramos que también se debe prestar atención a actores menos conocidos (o secundarios), que del mismo modo contribuyeron a moldear la farmacia mexicana.11 A través del análisis de sus decisiones e iniciativas, se puede comprender el contexto local y su influencia en la práctica científica y tecnológica de los habitantes de una nación.12 Debe tomarse en cuenta que los países en general presentan un desarrollo diferente y una diversidad social e histórica. En este devenir, las culturas regionales han generado y se han apropiado del conocimiento científico de diferente forma, de acuerdo a su sentido de autocomprensión, y lo han dispuesto para ser usado con distintos fines.13
Por esto, en el presente trabajo se analiza por primera vez las actividades de un personaje clave en el desarrollo de la industria farmacéutica nacional, que ha pasado desapercibido en las investigaciones afines: el químico farmacéutico biólogo Benito Couriel Habif. Se busca mostrar que durante su trayectoria profesional destacó por sus esfuerzos en la promoción y el uso de nuevas tecnologías, como la liofilización; la producción de medicamentos para el Cuadro Básico de Medicamentos del sector salud; y la creación de asociaciones farmacéuticas tendentes a unificar y dirigir las iniciativas de sus miembros, con el propósito de mejorar el prestigio y la relevancia de la farmacia en la sociedad mexicana de la época. Estas acciones le aseguraron el afamado sitio que ocupa hasta la actualidad en el gremio farmacéutico mexicano.
Es importante mencionar que la carrera de Benito Couriel Habif tuvo lugar durante un periodo importante para México y para la industria farmacéutica nacional. Las décadas comprendidas entre 1940 y 1980 representan una etapa de gran crecimiento para el sector manufacturero del país, como resultado de las políticas económicas implementadas por el Estado. Ante esta situación, muchas empresas farmacéuticas de capital mexicano desarrollaron una serie de estrategias para garantizar su permanencia y competitividad dentro de esta rama, frente al predominio científico y tecnológico de las compañías extranjeras. En este artículo se analizará dicho contexto, poniendo énfasis en los elementos que establecieron las características distintivas de la industria farmacéutica mexicana y las principales actividades de Benito Couriel en ella. Asimismo, se destacará su participación en la fundación de asociaciones que aglutinaron a los diferentes sectores vinculados a la farmacia en México.
Se trata, entonces, de una investigación histórica con base en fuentes primarias bibliográficas, hemerográficas y archivísticas. Se consultaron las bases de datos sobre patentes del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI); se analizaron otras fuentes originales, como las principales revistas científicas y de divulgación publicadas por los químicos y farmacéuticos de la época; también se estudiaron documentos del Archivo de Personal de la Dirección General de Personal de la UNAM (APUNAM), del Archivo Histórico de la Secretaría de Salud (AHSSA) y del Archivo Histórico de la UNAM (AHUNAM). Por último, se realizaron entrevistas con profesionales que tuvieron relación en vida con nuestro personaje.14 La delimitación temporal de este artículo comienza en 1942, al obtener Couriel su título profesional universitario, y termina en 1980, cuando se convierte en uno de los fundadores de la Academia Nacional de Ciencias Farmacéuticas.
La participación de Benito Couriel Habif en la industria farmacéutica nacional
Durante la Segunda Guerra Mundial aconteció un suceso que cambió el panorama de la industria farmacéutica en el mundo: el descubrimiento de los antibióticos. Este hecho modificó radicalmente el tratamiento de las enfermedades infecciosas, convirtiendo a las empresas que poseían las patentes de fabricación de estos fármacos en grandes compañías transnacionales poseedoras de los mayores capitales. Por otra parte, la llegada de los antibióticos a México en estos años generó una serie de oportunidades para las compañías farmacéuticas establecidas en el país, las cuales destinaron de inmediato recursos económicos para la importación, fabricación y comercialización de esta clase de medicamentos.
Sin embargo, el periodo de la posguerra también representó la llegada de las filiales farmacéuticas estadounidenses a territorio mexicano, pues la política económica desarrollada por el gobierno priorizó el apoyo al capital extranjero para impulsar la industrialización nacional, de modo que sus grandes capacidades científicas y tecnológicas se adueñaron rápidamente del mercado de antibióticos en México, dejando pocas oportunidades de innovación en este campo a las empresas de capital mexicano. Lo anterior dio lugar a una fuerte dependencia del extranjero en la industria local de antibióticos.15
En un estudio de Lamadrid, publicado en 1959, acerca de los 25 laboratorios farmacéuticos más importantes instalados en México, se señaló que la producción total de antibióticos de estas empresas alcanzaba la cifra de 109.36 millones de pesos; los principales eran la estreptomicina, la penicilina y las tetraciclinas. Sin embargo, también indicaba que la mayoría de estas sustancias eran de importación: en 1956, se estimaba que las compras de materias primas antibióticas a los Estados Unidos representaban 85% del total, en tanto que las procedentes de otros países (Italia, Alemania, Francia y Holanda) significaban el porcentaje restante.16
En el periodo 1944-1955 se registraron 233 patentes relacionadas con antibióticos en México. Los científicos y las empresas estadounidenses dominaron la investigación sobre estas sustancias en 183 de los registros (78.5% de las invenciones). En cambio, sólo 10 patentes fueron registradas por mexicanos (4.2%). Estos datos muestran la avasalladora superioridad científica y tecnológica de las corporaciones norteamericanas. Prácticamente, ningún país podía rivalizar con los procedimientos de las farmacéuticas estadounidenses; mientras que el registro de un gran número de patentes en territorio mexicano les garantizaba a estas compañías el monopolio de la fabricación y venta a gran escala de antibióticos en el país, en un mercado en el cual tenían nula o poca competencia.17
En este contexto se inicia la trayectoria profesional de Benito Couriel Habif en la industria farmacéutica nacional. A continuación, se analizarán sus diversas aportaciones al desarrollo de esta rama productiva durante la segunda mitad del siglo XX. De igual forma, en este apartado se estudiarán el contexto histórico y las características principales de la industria farmacéutica mexicana en el periodo de estudio. Se busca mostrar que Benito Couriel Habif se destacó como investigador, como promotor del campo de la liofilización y como empresario productor de medicamentos; a su vez, en las compañías que dirigió puso en marcha diversas estrategias para competir en el mercado mexicano, como la incorporación de productos en los Cuadros Básicos de Medicamentos del sector público. Sus múltiples actividades hacen que forme parte y que ocupe un lugar importante dentro de la historia de la química y la farmacia mexicanas.
Benito Couriel Habif (figura 1) nació en la ciudad de México el 9 de octubre de 1920. Cursó sus estudios de bachillerato en la Escuela Nacional Preparatoria entre 1937 y 1938. Obtuvo el título de Químico Farmacéutico Biólogo en la Escuela Nacional de Ciencias Químicas de la UNAM, en 1942, con una tesis acerca del efecto de las autoaglutininas hemáticas en el índice de sedimentación globular.18 Entre 1943 y 1944, comenzó su experiencia laboral en la industria como ayudante de control y luego jefe del departamento de sueros en la compañía estadounidense Laboratorios Abbott, y entre 1945 y 1951 llevó a cabo estancias en las empresas Wyeth-Stille (de capital estadounidense-mexicano) y Wyeth-Vales (de capital estadounidense) como responsable y jefe del departamento de penicilinas, y como superintendente, respectivamente.19 Durante su estadía en Wyeth-Stille fue uno de los primeros científicos mexicanos en acercarse a la tecnología de cultivo en profundidad para la producción de penicilinas.20
De 1951 a 1961 fue responsable y subgerente del laboratorio de capital mexicano Dayma, S. A., donde continuó los proyectos científicos en la rama de antibióticos, los cuales habían despertado su interés durante su paso por las empresas farmacéuticas estadounidenses. Como se ha mencionado, a principios de los años cincuenta la industria nacional de antibióticos se caracterizaba por la importación excesiva de materias primas, por lo que Couriel seguramente reconoció la importancia de comenzar investigaciones que permitieran un incremento de la fabricación local de moléculas antibióticas para abastecer el mercado nacional.
Debido a esto, fue el primer investigador mexicano que desarrolló patentes sobre la semisíntesis de estos fármacos. Según datos del IMPI, el 21 de mayo de 1954 Couriel patentó un método para la producción de penicilina, en específico de la dibenciletilendiamina dipenicilina G.21 Posteriormente, el 8 de diciembre de 1954, patentó otro proceso, pero esta vez para el clorhidrato de clorotetraciclina, conocido comercialmente como aureomicina.22 A continuación, el 17 de agosto de 1955 patentó un procedimiento para la fabricación de cloranfenicol. En la patente proponía un método sintético que utilizaba reactivos que simplificaban el procedimiento.23 Finalmente, el 17 de octubre de 1955 patentó un método para elaborar clorhidrato de tetraciclina por medio de liofilización.24
Estas cuatro patentes también pertenecían a Dayma, S. A., por lo que se esperaba que la compañía iniciara entonces la fabricación masiva de antibióticos. No obstante, se cree que esta empresa fue incapaz de explotar industrialmente sus patentes. De acuerdo con un reporte de 1959, el oficial sanitario de la Secretaría de Salubridad y Asistencia (SSA) dejó registrado que la compañía poseía el equipo y la tecnología necesarios para la formulación, el acondicionamiento y el envase de medicamentos antibióticos, pero que no efectuaba procesos de producción de moléculas a escala industrial.25
Se sabe que a finales de los años cincuenta, sólo la empresa estadounidense E.R. Squibb & Sons fabricaba moléculas antibióticas en el territorio mexicano. Sin embargo, la producción de esta compañía extranjera no satisfacía todas las necesidades de consumo del país; por consiguiente, la importación de materias primas antibióticas continuó en incremento. Por otra parte, la mayoría de compañías de capital mexicano todavía no poseían la capacidad tecnológica necesaria para este fin, y se dedicaban preferentemente al envase y acondicionamiento de productos farmacéuticos.
Al respecto, algunos investigadores aseguran que la semisíntesis de antibióticos en el territorio mexicano comenzó formalmente hasta los años sesenta, gracias a la iniciativa -primero de las empresas extranjeras y después de las nacionales- de desarrollar líneas propias de producción que abastecieran el mercado interno.26
No obstante, las patentes de Couriel representan los primeros esfuerzos de la comunidad científica mexicana por crear una industria local de fabricación de moléculas antibióticas para disminuir en lo posible la dependencia del exterior en esta rama.27 Además, durante sus investigaciones sobre antibióticos, este científico incursionaría en otra tecnología con un gran futuro dentro del sector farmacéutico: la liofilización. Entre 1956 y 1957, publicó algunos artículos en los que hablaba del empleo de esta tecnología emergente para la administración de bacterias y levaduras, en combinación con ciertas sustancias antimicrobianas, como el clorhidrato de oxitetraciclina.28
Conviene mencionar que el principio fundamental de la liofilización es remover el solvente de una formulación líquida, por lo tanto, se trata de un método de conservación. En el proceso de liofilización existen tres fases: congelación, secado primario y secado secundario. Estas tres fases implican cinco operaciones: congelación, sublimación, desorción, vacío y condensación de vapor. Primero, las formulaciones líquidas son sometidas a bajas temperaturas, lo que congela toda el agua existente en la sustancia. Enseguida, mediante la sublimación, el solvente congelado es calentado hasta un punto en que abandona su estado sólido y pasa a vapor (secado primario). Después del procedimiento de congelación inicial, el líquido descongelado es removido vía desorción (secado secundario).29
La liofilización es importante para diversas industrias, ya que permite la conservación y estabilización de diferentes compuestos sensibles, como comida, fármacos, vacunas, bacterias y células animales. Aunque el procedimiento era conocido desde la Antigüedad, los primeros avances científicos y estudios dedicados a explotarlo de forma comercial surgieron a finales de la década de los treinta del siglo XX.30 En 1940, grandes cantidades de plasma liofilizado fueron requeridos para tratar a los heridos durante la Segunda Guerra Mundial. Tras haberse observado su importancia en los primeros meses de la guerra, esta necesidad llevó al desarrollo de liofilizadores y procesos para fabricar grandes volúmenes de producto.
Fue también durante la década de los años cuarenta, cuando se comenzaron a liofilizar otros productos biológicos, como las vacunas. La vacuna contra la tuberculosis Calmette-Guérin (BCG) y la vacuna contra la viruela Dry Vax, esta última fabricada por Wyeth Laboratories y desarrollada por Leslie Collier, fueron las primeras en ser comercializadas y distribuidas a gran escala para la erradicación de estas enfermedades. Las vacunas contra la difteria, el tétanos y la rabia se comercializaron posteriormente.31
En ese entonces, para las empresas farmacéuticas establecidas en el territorio nacional (tanto de capital mexicano como extranjero), la venta de medicamentos a las instituciones públicas de salud era de suma importancia. En específico, buscaban que sus productos fueran incluidos en los Cuadros Básicos de Medicamentos de los institutos, ya que esto les suponía ganancias económicas sustanciales en el futuro. Vale la pena tener presente que un Cuadro Básico de Medicamentos es la lista de productos medicinales utilizados por una institución para cumplir con sus funciones sanitarias, es decir, su arsenal farmacológico. Su objetivo es racionar los tratamientos con un estricto sentido de economía y eficiencia, por esto los médicos institucionalizados están obligados a prescribir sólo los productos farmacéuticos que se encuentran en él. Una de las primeras instituciones en implementarlo fue el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), que tenía un Cuadro Básico desde 1945 (sólo dos años después de su fundación, en 1943).32
El Cuadro Básico de Medicamentos del IMSS fue objeto de críticas por parte de algunos profesionales y asegurados adscritos a la institución, quienes afirmaban que limitaba la libertad de prescripción de los médicos. Sin embargo, para 1948, el IMSS puso en vigor un nuevo Cuadro Básico, defendiéndolo, por las siguientes razones:
Existen en el mercado […] cerca de treinta mil medicinas de patente, según los datos de registro de las autoridades sanitarias. La revisión más superficial de esa larguísima lista lleva a la conclusión de que, a pesar de su número tan elevado, esas especialidades pueden agruparse a lo sumo en unos cuantos cientos de fórmulas fundamentales, de cada una de las cuales, salvo rarísimas excepciones, hay decenas y hasta centenas de medicinas registradas que sólo difieren en la marca, pero que son casi idénticas en su composición e indicaciones terapéuticas.33
Es necesario aclarar que los productos farmacéuticos incluidos en estos Cuadros eran previamente sometidos a evaluación por parte de la Comisión de Medicinas de la SSA. En la selección intervenía personal especializado, como el director de Asistencia, el director general de Higiene y el director de Servicios Coordinados, quienes a su vez recibían las sugerencias de los directores de hospitales, consultorios, jefes de campañas y de coordinaciones. Se escogían los medicamentos con indiscutible valor curativo y se desechaban aquellos con valor terapéutico superado.34 Además, los Cuadros Básicos se hallaban abiertos a los nuevos descubrimientos científicos en farmacia, medicina y farmacología; por ende, se actualizaban de manera constante.35
Se puede constatar que, en la década de los cincuenta, diversas empresas en México fabricaban productos para ser incluidos en el Cuadro Básico de Medicamentos de la SSA, entre ellos medicamentos liofilizados. Por ejemplo, Productos Liofilizados S. A., empresa de capital mexicano, presentó en 1953 un plasma humano liofilizado, de nombre “Clion”; asimismo, en ese año también vendía Complejo B Liofilizado y Cloramfenicol Liofilizado “Clioncetin”. Por otra parte, Laboratorios Plasma y Biológicos, S. de R. L., de capital mexicano, comercializó en 1957 plasma humano liofilizado “Plasma humano P. B.”, así como suero humano antisarampión liofilizado “Antisarampión P. B.”. Cabe mencionar que esta última empresa se consideraba pionera en México de la elaboración de especialidades liofilizadas. Finalmente, la empresa de capital francés, Establecimientos Lauzier, S. A., presentó en 1959, el “Zetavit C-37” (cápsulas de levaduras Saccharomyces cerevisiae liofilizadas).36
En cuanto a Dayma, S. A., esta empresa presentó, en 1956, vitaminas del complejo B liofilizadas bajo el nombre de “Liofibec”, además de “Placenta Dayma”, un extracto placentario liofilizado; en ambos casos se buscaba que fueran incluidos en el Cuadro Básico de la SSA. Posteriormente, en 1959, presentaría hialuronidasa liofilizada, extracto hepático liofilizado y clorhidrato de tiamina liofilizada. Se debe resaltar que en el expediente del 15 de septiembre de 1959, sobre seis productos liofilizados, candidatos a ser incluidos en el Cuadro Básico, se menciona que la forma farmacéutica de polvo liofilizado no estaba aprobada en ese momento por la SSA; por lo tanto, la Comisión del Cuadro Básico primero tenía que revisar la presentación y después analizar cada producto para su posible incorporación.37
Seguramente Benito Couriel estuvo involucrado en el desarrollo de estos productos liofilizados durante su estancia en Dayma, S. A. Además, desde 1958, este personaje era el representante en México de la empresa francesa Usifroid, especializada en el diseño de equipos de liofilización. Por otra parte, estos datos también muestran que la inclusión en los Cuadros Básicos de Medicamentos del sector público fue una de las estrategias que adoptaron muchas empresas de capital mexicano para poder competir en el mercado farmacéutico local ante el poderoso embate económico, científico y tecnológico de las firmas extranjeras transnacionales.
Asimismo, en estos años las industrias de transformación fueron decididamente impulsadas por la política económica del Estado mexicano, pues numerosas compañías farmacéuticas se beneficiaron con la Ley de Fomento de Industrias Nuevas y Necesarias de 1955, que otorgaba exenciones fiscales a la importación de materias primas y tecnología con el propósito de incrementar la producción de artículos nacionales.38 Gracida asegura que, en el periodo 1950-1982, la industrialización se instituye como el objetivo económico fundamental de la sociedad mexicana. El sector manufacturero se transforma en el eje del funcionamiento del sistema y en el principal generador del producto interno bruto (PIB).39
En 1961, Couriel dejó su cargo en Dayma, S. A., para fundar su propia empresa: Lemery, S. A., de la que fue responsable y gerente general a partir de ese año. Para 1962 creó la empresa Dina Lux,40 destinada a la comercialización de equipos e instrumentos científicos, que se mantuvo activa hasta al menos 1969.41 No obstante, fue en Lemery, S. A., donde desarrolló todo su potencial en el campo de la liofilización, convirtiéndose en uno de sus principales promotores dentro del sector farmacéutico mexicano. Además, en las décadas siguientes, Lemery, S. A., llegó a ser considerada una de las empresas maquiladoras más importantes del país. Aunque esta compañía, a partir de 1964, había presentado al Cuadro Básico de Medicamentos de la SSA diversos productos farmacéuticos, fue hasta 1971 cuando sometió a aprobación sus productos liofilizados, como el sulfato de kanamicina, la vitamina B12 y la gonadotropina coriónica liofilizadas.42
Couriel se volvió entonces el contacto entre Usifroid y el mercado mexicano, vendiendo máquinas de liofilización a empresas farmacéuticas locales e instituciones como el Instituto Politécnico Nacional y el Instituto Nacional de Virología. Se tiene registro de que era frecuentemente consultado por la empresa francesa sobre los avances en materia de liofilización y que además tenía una relación estrecha con el científico francés Louis Rey, pionero del proceso.43 En sus publicaciones científicas, Couriel insistía en que se trataba de una tecnología indispensable para el sector farmacéutico en México, ya que otorgaba posibilidades de trabajar con compuestos volátiles y permitía un mayor almacenamiento de productos. Al mismo tiempo, abarataba costos al sustituir la producción continua por la producción en lotes.44
Para este momento, la industria farmacéutica ya se había convertido en un sector importante dentro de la economía mexicana, como resultado de las políticas implementadas por el Estado durante el modelo de sustitución de importaciones. Los datos recabados por los Censos Industriales muestran que esta rama había crecido de manera sustancial: en 1940, existían 77 compañías farmacéuticas establecidas en México, con un personal de 1927 trabajadores y con una producción anual de 23 millones de pesos; mientras que en 1975 eran 434 empresas, con una fuerza laboral de 37 667 trabajadores y una producción anual de 8 525 millones de pesos.45
En 1977, Couriel publicó un artículo acerca de los avances de la liofilización en el Boletín de la Parenteral Drug Association.46 Posteriormente, en 1980, presentó otro trabajo en un simposio de liofilización de la misma asociación. Durante este evento, explicó la historia y las perspectivas de la liofilización, expuso los inicios más antiguos de la técnica, los grandes avances que se habían logrado sobre este proceso, las posibles rutas de innovación en el futuro cercano, así como su deseo de que se explorara más sobre esta materia.47
Si bien su especialidad era la liofilización, Couriel también demostró interés en otras tecnologías farmacéuticas, algunas difíciles de aplicar y de vanguardia, que luego implementó en su empresa y que le proporcionaron beneficios y ventajas sobre sus competidores.48 Entre éstas se encontraban los filtros HEPA, las cabinas de flujo laminar y los procesos de validación automatizados, entre otras. Esto le permitió ganar licitaciones para ser proveedor de medicamentos en el Cuadro Básico del sector público.49
Por otro lado, entre 1942 y 1984, Couriel registró 47 marcas comerciales a su nombre, primero con Dayma, S. A., y posteriormente en Lemery, S. A. Entre la gama de productos comerciales de Lemery, S. A., se encontraban complementos vitamínicos; antibióticos en cápsulas, inyectables y jarabes; hormonas; tranquilizantes; ungüentos, y presentaciones como la crema vaginal anticonceptiva “Lemco”. Como empresa maquiladora, prestaba servicios de envasado y liofilización para otras compañías.
Dada la relevancia de la industria farmacéutica nacional, el 25 de abril de 1980, se publicó, en el Diario Oficial de la Federación, el “Acuerdo que establece el Programa de Fomento a la Industria Farmacéutica”, considerado como el primer plan de desarrollo dirigido a este sector. Este acuerdo daba apoyo decidido a las empresas productoras de materias primas, sobre todo a las conectadas con el Cuadro Básico de Medicamentos.50 Además, desde hacía varios años se había formado una Comisión Intersecretarial para que este sector industrial contribuyera a la solución nacional de los problemas de salud. Esta Comisión estaba compuesta por representantes de las Secretarías de Hacienda, Comercio, Salubridad, Agricultura, y de Patrimonio y Fomento Industrial; acompañados de representantes del IMSS y del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).51
Finalmente, Lemery, S. A., fue vendida en 1989 al capital extranjero. Terminaba así, Benito Couriel Habif, una carrera exitosa de cuatro décadas dentro de la industria farmacéutica nacional. En definitiva, sus actividades lo convirtieron en un referente para los farmacéuticos mexicanos de la rama industrial y para la historia de la farmacia mexicana. Sin embargo, las facetas de empresario prestigioso y promotor de tecnologías no fueron las únicas que desarrolló a lo largo de su vida; en el siguiente apartado se analizarán sus esfuerzos para fortalecer a la farmacia en México, mediante la creación de asociaciones gremiales dirigidas a unificar las acciones y los intereses de los profesionales farmacéuticos del país.
Benito Couriel Habif y la formación de asociaciones profesionales
Un aspecto significativo de la trayectoria profesional de Benito Couriel fue promover la integración de la comunidad farmacéutica mexicana y fortalecer su identidad. Lo anterior cobra mayor relevancia cuanto que en 1942, cuando este personaje inició su vida profesional como químico farmacéutico biólogo, no existían asociaciones farmacéuticas fuertes que representaran al gremio. Esta situación propició que durante los años treinta se suscitaran múltiples conflictos entre los químicos farmacéuticos titulados, boticarios prácticos y dueños de farmacias.52 Por ello, en este apartado se destacará el papel de Benito Couriel Habif en la fundación de sociedades que congregaron a los diferentes sectores de profesionales vinculados a la farmacia en México. Conviene señalar que uno de los objetivos de estas corporaciones era unificar y dirigir las iniciativas de sus miembros para mejorar el prestigio y la fortaleza de la profesión farmacéutica, a la vez que buscaban visibilizar las actividades del sector farmacéutico y su importancia dentro del país, la industria y la sociedad en general.
El Colegio de Químicos Farmacéuticos Biólogos
Como antecedente, debemos mencionar que a lo largo del siglo XIX fueron invadiendo el mercado mexicano las especialidades farmacéuticas, de composición secreta y amplia demanda, producidas por las compañías industriales europeas y estadounidenses. Como consecuencia de ello, en las boticas, droguerías y almacenes se favoreció la competencia desleal de personas que practicaban la farmacia sin los estudios correspondientes, lo que desencadenó la reconversión de las farmacias y una crisis de identidad del farmacéutico mexicano. Éste, de ser un profesional experto en la elaboración de las fórmulas magistrales, pasó a expender en su botica los llamados específicos y especialidades farmacéuticas, en cuya preparación no había intervenido y tampoco podía garantizar su validez y eficacia. Esta situación se agravó por la carencia de una legislación adecuada y el descuido de las autoridades.53
Aunado a esto, durante la centuria decimonónica no existía una escuela de farmacia en el territorio nacional. En la ciudad de México, la carrera de farmacia se impartía desde 1833 en la Escuela Nacional de Medicina y estaba supeditada a la tutela de los médicos. Finalmente, la crisis que atravesaba la profesión provocó que los profesores de farmacia de la Escuela Nacional de Medicina decidieran abandonar esta institución a principios del siglo XX, para trasladarse a la Facultad de Ciencias Químicas (fundada en 1916) de la Universidad Nacional de México, para asumir de lleno una nueva identidad. Una vez instalados en la Facultad, estos académicos crearon en 1920 la nueva carrera de Químico Farmacéutico.54 Como explica Rocha:
Su nueva identidad como químicos les permitiría acceder en el futuro a las industrias química y farmacéutica, así como a los campos de los análisis químicos y clínicos en general; sin embargo, los aspectos farmacéuticos pasaron a un segundo lugar, pues ya habían perdido la batalla por el control de las boticas y farmacias (frente a los individuos sin título profesional) y no tenían un lugar relevante en el área sanitaria.55
Con el tiempo, la carrera de farmacia y la de químico farmacéutico desaparecieron de la Facultad, dando lugar a la carrera de Químico Farmacéutico Biólogo en 1937, vigente hasta el presente en la Facultad de Química de la UNAM.
Se tienen registros de la existencia de una asociación conocida como Colegio de Químico-Farmacéuticos Biólogos de México, el cual fue establecido en 1945.56 Benito Couriel fue uno de sus fundadores, además de secretario57 y posteriormente presidente en 1950 y 1951.58 En el primer Comité Directivo de este Colegio estaban presentes otras figuras, como Vicente Castro, Simón J. Auais, Humberto Farrera, Salvador García Remus, entre otros. Estos químicos farmacéuticos ya habían formado parte de una red académica y profesional, ya que habían sido miembros de la mesa directiva de la Unión de Químicos Farmacéuticos y Farmacéuticos, fundada en 1933. Tanto en la Unión, como individualmente, estos personajes lucharon durante toda esa década para alcanzar el reconocimiento y el mejoramiento de la profesión farmacéutica. Ellos hicieron frente a los embates de los charlatanes sin título alguno, que tomaron el control de las droguerías y farmacias; también se opusieron a las acciones gubernamentales y a las legislaciones que debilitaban la profesión, aunque sin lograr muchos resultados.59 Ante esta situación, promovieron la iniciativa colectiva de crear nuevos organismos profesionales para fortalecer sus actividades y, desde esta trinchera, dar continuidad a la batalla de los farmacéuticos.
No se conoce exactamente el tiempo que estuvo activo este Colegio, pero años más tarde, en diciembre de 1956, fue fundado y establecido oficialmente el actual Colegio Nacional de Químicos Farmacéuticos Biólogos, México, A. C. En su origen, la función de este organismo era defender los intereses gremiales, además de proteger los derechos de los socios ante cualquier disputa laboral, de manera similar a un sindicato. Si bien Benito Couriel no participó en la fundación de este último Colegio, se desempeñaría como su presidente en 1965.60
La Asociación Farmacéutica Mexicana
Otro de sus logros importantes en esta faceta de su vida profesional fue ser parte de los fundadores y primer presidente de la Asociación Farmacéutica Mexicana (AFM), establecida en junio de 1966. Durante su presidencia, Couriel estuvo involucrado en diferentes eventos para promover a la asociación y sus actividades. El objetivo principal de esta agrupación era:
Promover, fomentar y estimular el progreso de las Ciencias Farmacéuticas en México, en lo que se refiere a su ejercicio profesional, su desarrollo industrial y comercial. Para ello organizará diferentes tipos de reuniones y actividades; fomentará el intercambio de ideas entre todas las personas físicas y morales interesadas en el mejoramiento de los planes de estudio, los cursos de preparación profesional y de postgrado y asesorará a las autoridades en las especialidades de Ciencias Farmacéuticas en todos sus aspectos.61
El 30 de enero de 1967, bajo la presidencia de Couriel, se celebró la primera sesión-cena mensual de la AFM, donde se dieron importantes anuncios. En este evento, Benito Couriel dictó una conferencia sobre la importancia de la industria farmacéutica en la economía mexicana.62 Las reuniones de la AFM continuaron durante todo el año, presentándose diversos temas, como la necesidad de expertos en química legal y toxicología; los tipos frecuentes de intoxicación;63 la integración de la industria farmacéutica en el país;64 y la situación y cooperación con asociaciones farmacéuticas del exterior, como el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid, para mantener actualizada a la industria mexicana.65
Particular importancia tuvo la sesión-cena del 8 de septiembre de 1967, en la que Couriel expuso el propósito de la asociación en los siguientes términos:
La superación de sus miembros, bien a través del estudio, como por medio de conferencias de especialistas, reuniones de mesa redonda y congresos que constatan el enorme grado de desenvolvimiento técnico y científico que la farmacia mexicana está experimentando en la preparación de productos medicamentosos, control de calidad y análisis bioquímicos.66
Este fragmento de su discurso da una idea bastante clara de los objetivos de Couriel cuando ayudó a fundar y hacer crecer estas organizaciones: lograr que los farmacéuticos mexicanos y el sector farmacéutico se mantuvieran siempre en un estado que les permitiera superar las expectativas, con el fin de conseguir la calidad y el menor costo de los productos farmacéuticos para mejorar la salud de los habitantes dentro del territorio nacional. Couriel, durante el resto de su vida, habría de mantenerse muy activo en las tareas de la AFM. En ocasiones, participó como orador en eventos académicos,67 también fue común que en las sesiones opinara sobre la dirección que debían tomar las actividades de este organismo.68
La Academia Nacional de Ciencias Farmacéuticas
El 26 de noviembre de 1980, bajo la iniciativa de Benito Couriel y de su colega Ramón Ulacia Esteve, junto con la participación de varios académicos más, entre los que se encontraban las químicas Consuelo Hidalgo y Mondragón, Ninfa Guerrero de Callejas y Artemisa Posada Reyes Retana, y los químicos Salvador Martín Sosa, Horacio Olvera García y Antonio Macías Fernández,69 se fundó la Academia Nacional de Ciencias Farmacéuticas (ANCF), cuya misión era reunir a los profesionales que contribuyen al estudio, enseñanza e investigación de las Ciencias Farmacéuticas, para convertir este colectivo en un órgano consultivo y asesor de la sociedad y sus autoridades. Para ello, la Academia se dividió en las secciones de farmacia, industria, clínica y hospitalaria, cosmetología, alimenticia, análisis clínicos y desarrollo de nuevos productos. Cabe añadir que, en una de las primeras reuniones de la Academia, Couriel tuvo a bien puntualizar la importancia de los avances en la ciencia de los medicamentos y de su empleo para beneficiar la salud de la población.70 En sus últimos años, ya retirado de la actividad empresarial, Benito Couriel siguió participando en las reuniones de la ANCF, siempre interesado por el rumbo que tendría que tomar este organismo, como un bastión de suma relevancia para apoyar a la profesión.
Tanto el Colegio Nacional de Químicos Farmacéuticos Biólogos, la AFM y la ANCF forman parte de los órganos más destacados y poderosos con los que cuenta actualmente la profesión farmacéutica en México, en la defensa de sus derechos y para influir en la toma de decisiones sobre temas sanitarios; asimismo, tienen un peso importante para proyectar en la sociedad la figura del farmacéutico como un profesional de la salud con el rango y prestigio que merece. Hemos visto hasta aquí que un aspecto sobresaliente de estas asociaciones es el de formar redes profesionales, gremiales, industriales y académicas de farmacéuticos. Benito Couriel, consciente de la relevancia de estas redes, organizó innumerables reuniones, cenas y tertulias para los asociados, amigos, colaboradores y estudiantes, en las que se afianzaban relaciones laborales y de cooperación industrial y académica.71 Muchos de los participantes llegaron a ser destacados académicos, empresarios e investigadores del sector.
Por último, es pertinente añadir que éstas no fueron las únicas asociaciones a las que perteneció Couriel. En 1962, también fue fundador, directivo y presidente de la Sociedad de exalumnos de la Facultad de Química de la UNAM. A partir de 1966 formó parte de la Sociedad Química de México, al igual que de otras organizaciones, como Producción Químico Farmacéutica, American Pharmaceutical Association, American Chemical Society y Parenteral Drug Association.72
La participación de Benito Couriel Habif en la formación de las nuevas generaciones de farmacéuticos
Las actividades de Benito Couriel para mejorar el sector farmacéutico no se limitaron a su participación en las asociaciones. También buscó incidir en los planes y programas de estudio de los futuros profesionales. Fue miembro de diversas comisiones dedicadas a la elaboración de nuevos planes de estudios para las carreras de Farmacia, como la carrera de Químico Farmacéutico Biólogo en la Facultad de Química de la UNAM y en la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza,73 la carrera de Químico Farmacéutico Industrial en el Instituto Politécnico Nacional en 1969, y la carrera de Ingeniero Farmacéutico en la Universidad Iberoamericana.74 Cabe mencionar que Couriel abogó abiertamente por la formación de los “ingenieros farmacéuticos” en las instituciones educativas. De este modo, los farmacéuticos, además de tener conocimiento de química, microbiología y demás materias afines a su carrera, también deberían aprender sobre física de fluidos, programación y otros temas más enfocados a la ingeniería, ya que el desarrollo de la industria farmacéutica tarde o temprano tendería a traslaparse con la ingeniería mecánica e ingeniería médica, cosa que sucede actualmente.75 Uno de los grandes deseos de este personaje era que en el país existieran Facultades de Farmacia, para que las carreras de Farmacia ya no se impartieran en las Facultades de Química de las universidades mexicanas. Estas nuevas facultades serían los lugares donde se formarían los especialistas en farmacia y coadyuvarían tanto al realce del gremio, como a su influjo en los asuntos de salud pública del país.76
Como parte de su faceta de promotor entusiasta de la profesión a la que dedicó su vida, Couriel dictó conferencias en congresos farmacéuticos nacionales77 e internacionales,78 acerca de la importancia de la farmacia; también impartió pláticas en Estados Unidos sobre el desarrollo de la profesión farmacéutica en México,79 así como cursos de especialización y actualización en nuevas tecnologías y procesos orientados especialmente a los farmacéuticos.80
En relación con su actividad docente en la enseñanza universitaria, se puede decir que fue más bien reducida. En la carrera de Químico Farmacéutico Biólogo, en la UNAM, desempeñó el cargo de profesor adjunto de la asignatura de Administración Farmacéutica entre 1967 y 1970, y tres años más tarde el de profesor interino nivel A de la asignatura de Farmacia. Fungió también como director de las tesis de Carmelina Pérez sobre liofilización y la de Ellen Stern sobre farmacopeas.81
Benito Couriel Habif falleció en la Ciudad de México en 1999. En vida, su ardua labor fue reconocida con varios premios y distinciones, como el Premio Nacional de Ciencias Farmacéuticas “Leopoldo Río de la Loza” que le otorgó, en 1972, la AFM. Aún más, como homenaje póstumo a su destacada trayectoria, la ANCF creó el Premio Benito Couriel Habif, que desde 2011 se entrega a los académicos titulares más sobresalientes de esa agrupación.
Conclusiones
Benito Couriel Habif fue un personaje que tuvo un impacto relevante en el desarrollo del sector farmacéutico en México durante la segunda mitad del siglo XX. A pesar de la dependencia con respecto a las materias primas y la tecnología extranjeras, así como de las circunstancias poco favorables para la creación de redes de innovación, fue pionero en la invención de varios procesos novedosos para la fabricación de antibióticos y se posicionó como una figura reconocida internacionalmente en el área de la liofilización. Si bien el contexto económico, político y tecnológico del país era poco propicio para el desarrollo de las empresas farmacéuticas mexicanas, consiguió colocar sus productos en el mercado nacional y cumplir con los estándares de calidad fijados por las autoridades sanitarias, de modo que se introdujeron en el Cuadro Básico de Medicamentos del sector público.
Durante su vida profesional, al lado de sus colegas, mantuvo el cometido de fortalecer su profesión y las Ciencias Farmacéuticas en México. Con esta intención, tuvo una participación decisiva dentro del Colegio Nacional de Químicos Farmacéuticos Biólogos, la Asociación Farmacéutica Mexicana y la Academia Nacional de Ciencias Farmacéuticas, agrupaciones que continúan hasta nuestros días y que han coadyuvado a consolidar las comunidades profesionales y académicas nacionales relacionadas con estas áreas.
Asimismo, las redes profesionales, industriales y académicas, en cuya formación contribuyó, constituyen un significativo aporte para el desarrollo del gremio y el fortalecimiento de la identidad que los aglutina. Los frutos de su trabajo, sin lugar a dudas, son ampliamente reconocidos y son parte de la memoria colectiva de la comunidad de farmacéuticas y farmacéuticos mexicanos. Un último comentario, gracias a los esfuerzos de los miembros de dichas agrupaciones y de otras más, actualmente se ha logrado avanzar en el reconocimiento pleno de la farmacia en la Ley General de Salud, como una profesión científica de la salud, y superar el estatus de una profesión técnica o auxiliar.82 En esta historia en marcha, aún falta mucho por hacer.










nueva página del texto (beta)




