Desde aquellas obras pioneras como The Women of Mexico City, 1790-1857 de Silvia Arrom, que reconocieron prematuramente la presencia e importancia de los sujetos femeninos en la historia dieciochesca y decimonónica de México,1 la historiografía de las mujeres ha crecido en abundancia y diversidad. Existen pocos registros que señalen la participación de las mujeres de los siglos XVIII y XIX en el campo de la política, el gobierno y la administración, pues, de manera general, se aprecia que fueron relegadas al espacio doméstico y a las labores familiares. Sin embargo, especialmente en fechas recientes, las investigaciones han abierto caminos insospechados para exponer su presencia y actuación en lo público, pero también para reconocer la complejidad de su existencia en el espacio privado.2 Entre la miríada de líneas de investigación que se han configurado para estudiar el papel de la mujer en la historia, hay cada vez más producciones que se decantan por ahondar en la relación entre las mujeres y la religión católica. Aunque algunos autores han percibido al catolicismo únicamente como un factor de opresión para el sujeto femenino, otros aportes han complejizado la mirada para identificar también instancias donde la religión católica fue un medio a través del cual ellas actuaron más allá del entorno doméstico-familiar asignado.
Así, autoras como Josefina Muriel, Margaret Chowning y Asunción Lavrín han escrito extensas páginas sobre las mujeres consagradas.3 Otras investigaciones han estudiado a las mujeres del laicado católico, especialmente en la presencia femenina en la caridad de los siglos XVIII y XIX. Éste es el caso de las obras más recientes de Silvia Arrom, como Volunteering for a Cause. Gender, Faith and Charity in Mexico from the Reform to the Revolution,4 o el artículo de Angélica Velázquez “De la caridad religiosa a la beneficencia burguesa. La dádiva social y sus imágenes”,5 donde dichas historiadoras se enfocan en las conferencias vicentinas de mujeres seglares. Se encuentra también el capítulo de María Herrera en De la filantropía a la rebelión. Mujeres en los movimientos sociales del siglo XIX al siglo XXI, orientado a exponer el papel de las mujeres en las empresas caritativas y las instituciones de beneficencia en Puebla.6 Por su parte, la investigación de Sofía Crespo acerca de la Unión de Damas Católicas destaca por su profundo análisis sobre las implicaciones políticas de la participación femenina en el asociacionismo católico.7 La historia de las mujeres laicas de las primeras décadas del siglo XX ha capturado un mayor interés académico gracias a historiadoras como Laura O’Dogherty, Barbara Miller y Kristina Boylan.8
En este panorama historiográfico, hay pocos esfuerzos de largo aliento que cubran un periodo tan amplio de transformaciones como Catholic Women and Mexican Politics de Margaret Chowning ; este trabajo se posiciona como una obra central y un esfuerzo sostenido por comprender la relación entre las mujeres seglares y el catolicismo durante dos siglos decisivos de la historia mexicana. A lo largo del libro, la autora sostiene que las mujeres del laicado desempeñaron un papel crucial en la agenda política, económica, social y cultural de la Iglesia ante los conflictos que se suscitaron a partir del reformismo ilustrado y, más adelante, con la nación independiente.
La obra comienza con el estudio de las cofradías del periodo tardocolonial. En ellas muchas veces las mujeres fueron mayoría, pero tuvieron una posición subordinada frente a sus contrapartes masculinos, lo que no impidió que destacaran como excelentes organizadoras y administradoras. Estos rasgos prevalecieron cuando las cofradías fueron afectadas por los cambios políticos de aquellas centurias, los cuales aumentaron la diferencia numérica entre hombres y mujeres en estas organizaciones.9
La era de las reformas liberales, aun cuando se le identifica como un periodo histórico amenazante para el catolicismo, significó un cambio en la movilización de las mujeres católicas, pues no sólo impulsaron más intensamente la religión a nivel local, sino que incluso se involucraron en la política nacional. Chowning aborda la relevancia asignada a las mujeres en el activismo católico de la década de 1840, materializada en la creación de nuevas organizaciones como la Vela Perpetua. La principal innovación de ese grupo fue su insistencia en el liderazgo femenino; esto generó tensiones con la jerarquía eclesiástica y los sacerdotes, pues representaba una ruptura con las construcciones de género que tradicionalmente habían caracterizado al asociacionismo católico. Estos quiebres se agravaron con la participación de las mujeres en las campañas de peticiones contra la tolerancia religiosa de las décadas de 1840 y 1850.10
A pesar de las Leyes de Reforma y la derrota del Imperio de Maximiliano de Habsburgo, Margaret Chowning asegura que en el periodo que va de 1856 a 1875 las agrupaciones católicas proliferaron a través de tres modelos: primero, antiguas cofradías que sobrevivieron, principalmente, gracias a los esfuerzos de las mujeres; segundo, organizaciones devocionales como la Vela Perpetua, que en este periodo siguió creciendo numérica y geográficamente, y nuevas agrupaciones como las Hijas de María; tercero, asociaciones serviciales como las Señoras de la Caridad y la Sociedad Católica de Señoras, que se encargaron de la difusión del catolicismo a través del trabajo caritativo, educativo y social.
Bajo este contexto, las mujeres participaron en la campaña nacional de peticiones contra la Ley Orgánica de 1874. A diferencia de las campañas anteriores, en esta ocasión, las peticiones femeninas eran mayoría, además de que muchas abandonaron el tono modesto y gentil previo para discutir confrontativa y abiertamente de política. Tanto la prensa liberal como la conservadora difundieron diversas posturas respecto a la participación política de las mujeres, demostrando que se trataba de una gran transgresión.11
La siguiente sección del libro de Chowning se enfoca en el Porfiriato, cuando el catolicismo se caracterizó por la conciliación entre Estado e Iglesia y el impulso de importantes reformas desde el Vaticano. La yuxtaposición de estas condiciones resultó en un incremento continuo del asociacionismo católico, especialmente con la aparición de nuevas organizaciones como la Asociación del Sagrado Corazón de Jesús. Esto no quiere decir que agrupaciones como la Vela Perpetua, las conferencias femeninas vicentinas y las Hijas de María hayan perdido relevancia; al contrario, siguieron siendo de interés central tanto para los eclesiásticos como para los seglares. Las mujeres se mantuvieron como los sectores más numerosos y activos del laicado católico mexicano, siendo las únicas excepciones las organizaciones de obreros resultantes del catolicismo social promovido por la Rerum novarum a finales de siglo.
A partir de su presencia en las asociaciones católicas, las mujeres laicas desempeñaron un papel fundamental en el nuevo proyecto político y social católico; por ejemplo, por medio de su apoyo a la prensa, su participación en la educación religiosa y sus protestas contra las limitaciones establecidas a las demostraciones públicas de religiosidad.12
En su epílogo, Chowning analiza a las mujeres católicas de 1910 a 1940. Frente a las políticas anticlericales de los primeros gobiernos revolucionarios, las mujeres seglares siguieron participando en marchas, peregrinajes, procesiones, campañas de petición y otras acciones de protesta a través de agrupaciones como la Asociación de Damas Católicas Mexicanas (ADCM), la Unión de Damas Católicas Mexicanas (udcm) y la Juventud Católica Femenina Mexicana (JCFM). Además, los sujetos femeninos contribuyeron extensamente con la guerra Cristera (1926-1929), algunas apoyaron económica o moralmente a las milicias, y otras, tomaron las armas. Con los acuerdos establecidos con el Estado, al terminar este conflicto, el laicado se organizó y agrupó en la Acción Católica Mexicana (acm), donde había dos asociaciones fundamentales de mujeres: Unión Femenina Católica Mexicana (ufcm), herederas de la udcm y la jcfm. La autora argumenta que el activismo político, social y cultural de las mujeres del siglo xx no se trató de una novedad ahistórica, sino que fue la continuidad de las actividades e ideas de las mujeres que estudia.13
A lo largo de sus páginas, Chowning sostiene un diálogo enriquecedor con diversos autores que son importantes para la comprensión de la historia de la Iglesia católica, entre ellos David Carbajal López (cofradías en Nueva España), Anne Staples (la Iglesia católica en la primera mitad del siglo XIX), Pablo Mijangos y González (Iglesia católica frente a las reformas liberales), Martha Eugenia García Ugarte (poder religioso en el siglo xix), Manuel Ceballos Ramírez (catolicismo social de finales del siglo XIX y principios del siglo XX) y Roberto Blancarte (Iglesia católica en el siglo XX). El horizonte continental de su mirada abarca procesos latinoamericanos a través de Brianna Leavitt-Alcántara (Guatemala), Patricia Lodoño-Vega (Colombia) y Sol Serrano (Chile).
A través de su investigación, Margaret Chowning evidencia que las mujeres estaban presentes y activas en las transformaciones de la época y que el catolicismo fue una herramienta utilizada por ellas para transgredir, mas no para abandonar por completo las construcciones de género presentes en la sociedad novohispana del siglo xviii y la mexicana de los siglos XIX y XX. Así, el papel asignado a las mujeres como principales difusoras de la moral, la fe y la sociabilidad católicas en el espacio privado fue utilizado como un mecanismo para actuar fuera del entorno doméstico-familiar e incluso fuera de la esfera espiritual-piadosa, participando en áreas como la educación religiosa, las obras de caridad, la defensa política de la religión, la prensa y las demostraciones públicas de religiosidad, entre otras. Con ello, la autora complejiza la noción de que la religión católica fue un factor plenamente negativo para la situación de la mujer a lo largo de la historia mexicana, pues expone una intrincada historia de alianzas y tensiones entre catolicismo y mujeres. A grandes rasgos, su trabajo es una muestra de que la movilización, organización y politización femenina no puede ser comprendida a través de modelos en blanco y negro, sino por medio de una mirada que identifique matices.
La obra de Chowning constituye también un llamado a las investigaciones sobre la Iglesia católica para que al atender el estudio de los seglares consideren el género y a las mujeres. Es gracias a esta perspectiva que podrán identificar y analizar fenómenos como el fortalecimiento del vínculo religión-feminidad o la consolidación de las mujeres como el principal motor del laicado organizado en torno a la defensa y la difusión del catolicismo. Éstos no son hechos menores ni ahistóricos, sino sucesos elementales en la historia del catolicismo donde las mujeres tienen una presencia fundamental.
Indudablemente, Catholic Women and Mexican Politics, 1750-1940 es un magnífico y novedoso aporte a la historiografía de las mujeres en América Latina al abarcar diversos aspectos de la experiencia de las mujeres en procesos de muy larga duración. Un ejemplo paradigmático de cómo estudiar la historia de la religión en clave de género y cómo desglosar la historia de las mujeres a partir de un análisis de sus experiencias religiosas. Tras la lectura de una obra tan completa, parecería que quedan pocos hilos abiertos para ulteriores desarrollos; sin embargo, el trabajo que nos ofrece Margaret Chowning constituye un punto de partida firme y un aliciente para investigaciones futuras. Nuevos estudios sobre mujeres seglares organizadas, politización femenina y activismo católico se verán influidos seguramente por esta obra señera.










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