
Fuente: Penn Museum, fotos del Tikal Project No. 62-30-190 y X63-18-G5.
Marshall Becker delante del Entierro 82 de Tikal en 1962 (izquierda). Marshall y Kathleen Becker en 1963 (derecha).
Jub’uuy uto’k’ upakal Marshallajaw (trad. la lanza y el escudo del señor Marshall han caído). Tras casi un k’atun de lucha contra la enfermedad, nuestro querido colega, el profesor Marshall J. Becker se despidió de la vida mortal el pasado 27 de noviembre, a los 86 años; dejando atrás a un hermano y tres sobrinos. Su muerte sucedió apenas un día después del fallecimiento de su colega Hattula Moholy-Nagy. Ambos estudiosos dedicaron gran parte de su carrera profesional a investigar y documentar la arquitectura, los artefactos y la historia de la metrópoli maya clásica de Tikal en Guatemala.
Nacido en 1938 en Nueva York, fue hijo de Louis Becker y Lee Rosensen Becker. Tras una infancia en Connecticut y una educación secundaria premiada, se incorporó al Tikal Project y se graduó en la Universidad de Pensilvania. Enseñó durante unos años en la Universidad de Toledo (Ohio), posteriormente, se trasladó a la West Chester State University (Pensilvania), mientras trabajaba en un doctorado en la Universidad de Pensilvania. Reconocido en todo el mundo académico por su incansable labor, terminó su carrera como profesor emérito. Sus notas de excavación de Tikal, conservadas parcialmente en los archivos del Penn Museum, muestran su rigor y ética intelectual, en particular, las notas de los santuarios orientales de los grupos residenciales, donde descubrió múltiples enterramientos.
Conocí a Marshall en el otoño de su vida, en 2015, a través del profesor Eric Taladoire, el cual me puso en contacto con su amiga Olga Stavrakis-Puleston (miembro del Tikal Project) y ella, amablemente, me presentó a Marshall, quien me dio una calurosa bienvenida y me envió un correo electrónico que empezaba por “Dear colleague”, a pesar de que yo recién iniciaba mi doctorado. La carta contenía un artículo que tenía intención de publicar (Becker, 2016), con una nota que especificaba “any comments would be appreciated”. Cabe recalcar que me asombró semejante petición de un eminente investigador hacia mí, cuando aún era un estudiante en las primeras fases de mi tesis. En 2017, finalmente nos encontramos, mientras estudiaba los datos de excavación del Tikal Project en los archivos del Penn Museum de Filadelfia. Llegó con los brazos cargados de un montón de libros y los colocó sobre la mesa (nada menos que la mesa de dibujo de Tatiana Proskouriakoff). Con mucho gusto, me ofreció ediciones raras sobre Tikal que son casi imposibles de encontrar, así como su ejemplar personal del Tikal Report No. 11, con mapas del sitio que él mismo anotó y corrigió a mano. Nuestro encuentro fue el inicio de una correspondencia sostenida que evolucionó en una amistad y un afecto aún más profundos, ya que el destinatario “Professor Becker” pronto se convirtió en “Dear Marshall”. Nuestra última conversación tuvo lugar a principios de otoño, cuando él luchaba por mantenerse despierto.
Hay nombres que aparecen sistemáticamente en nuestras bibliografías, precursores sin los cuales no podríamos avanzar en nuestro trabajo, el de Marshall siempre ha figurado en la mía, ya que era imposible omitir sus contribuciones en el campo de los depósitos rituales y los patrones de asentamiento. Además, su amor incondicional por la arqueología, la etnología y la antropología biológica lo llevó mucho más allá de Mesoamérica. En consecuencia, excavó los sitios y estudió los enterramientos de numerosas Primeras Naciones en Estados Unidos, la Italia etrusca, Cerdeña, Grecia, Creta, Chipre, entre otros.1 Sin embargo, fue en el área maya donde concentró sus esfuerzos, en Tikal, sobre todo, pero también en Quiriguá y Copán.
Para empezar, identificó patrones recurrentes en la organización de edificios cívico-ceremoniales y residenciales, sus famosos y ahora inmortales Plaza Plans. Así pues, su tesis doctoral en Antropología (1971) se centró específicamente en el Plaza Plan 2, es decir, patios con un santuario funerario doméstico, generalmente construido al Este del patio central del grupo residencial (ahora identificado en numerosos sitios). También incluyó otros seis patrones en su tipología: grupos de pirámides gemelas (PP1), patios residenciales “clásicos” organizados en torno a un espacio central (PP3), aquellos con un pequeño altar central de mampostería en talud-tablero (PP4), viviendas más modestas, sin organización espacial o agrupadas en patios pero sin estructuras abovedadas (PP5), grupos triádicos (PP6) y las “Siete Hermanas” o santuarios contiguos de la Plaza de los Siete Templos de Tikal, alineados a lo largo de un eje norte-sur (PP7). En sus publicaciones posteriores (1982, 1991, 1999, 2001, 2003, 2005, 2009a, 2009b, 2014, 2023), desarrolló esta tipología y añadió canchas de juego de pelota (PP8), hipotéticos mercados (PP9), como el de la Plaza Este de Tikal, y, finalmente, grupos de tipo E (PP10), los cuales comparó con otros sitios como Uaxactún, Yaxhá o Quiriguá. Asimismo, estudió temas más amplios como las clases sociales de sacerdotes y campesinos (1979), la realeza (1983) y la diversidad étnica en la población de las ciudades mayas (2009a).
Su otro tema favorito eran los “depósitos especiales”, ya que tuvo la oportunidad de excavar muchos de los entierros de Tikal. Esto le llevó a examinar la supuesta dicotomía entre sepulturas y escondites (1988, 1992), proponiendo que ambos podrían haber formado parte de un único paradigma para los antiguos mayas, debido a que un escondite podía sustituir a una sepultura de fundación y viceversa. Esto le llevó a desarrollar la noción de “Earth Offerings” (1993), un continuum escondite-entierro que podría servir para “impregnar la Tierra” con el fin de renovar la vida y el ciclo de la existencia. Un tema que dio lugar a muchas de nuestras discusiones, a las que Hattula se unió en varias ocasiones, desgraciadamente, los tres nunca llegamos a un acuerdo.
En el mismo sentido, Marshall centró su atención en los depósitos que contenían cráneos humanos (2009), ya que había descubierto varios en los santuarios orientales de sus PP2 y sospechaba, fuertemente, de su presencia en el interior de los altares de mampostería de los PP4. En 2016, reactivó el debate sobre las posibles cremaciones en Tikal, argumentando que la excavación de estos depósitos de cenizas no había sido lo suficientemente precisa, ni había dado lugar a análisis lo bastante detallados como para rechazar la hipótesis. Este trabajo se completó en 2020 con un artículo sobre los depósitos de cenizas y los materiales perecederos, cuestionando así la cultura material de los mayas tal y como la conocemos. Finalmente, su última contribución fue una hipótesis audaz, casi traviesa, sobre la existencia de facciones rivales, o al menos competidoras, dentro de la élite de Tikal. Pero esto no es más que una fracción de su vasta y profunda contribución a la arqueología, que, según se dice, asciende a más de 500 publicaciones.2
Según su obituario,3 Marshall era un profesor extremadamente exigente: “This led many to drop his class immediately upon seeing the dreaded, renowned syllabus that he distributed the first day of every class. For those who endured his rigorous teaching, they found a knowledgeable and caring teacher who guided them skillfully through the studies of anthropology and archaeology”. Este es el investigador meticuloso y concienzudo que conocí, del que tuve el inmenso honor de tener en el jurado de mi tesis doctoral en octubre de 2020. Elegante como siempre, llevaba su clásica pajarita, amarilla para la ocasión. En plena pandemia de COVID-19, se conectó a la videoconferencia desde casa de un vecino. Por sí solo encarnaba todo el Tikal Project, una perspectiva impresionante, debo admitir. Me conmovió la amabilidad que me demostró y el orgullo que expresó al ver que sus antiguos datos informaban a la nueva generación. En 2022, en la reunión de la Society for American Archaeology en Chicago, Cameron McNeil organizó el simposio “A Lifetime of Scholarship on Plaza Plans, Burials, and Caches: Una sesión en honor de Marshall Becker”. Tuve el placer de ser invitado a este simposio, junto con Julien Hiquet, a presentar nuestro estudio del Complejo de Escondites Koxol con depósitos de cráneos en Tikal, un análisis extendido geográfica y cronológicamente, basado firmemente en el trabajo seminal de Marshall.
James Joyce dijo una vez que todo lo que se considera profundamente es un camino hacia los dioses. La pasión de Marshall por el deep-dig de la arqueología abrió precisamente ese camino. En palabras de los escribas mayas, Marshall Becker llegó a “tocar la tierra” con pala y paleta y, al hacerlo, nos permitió tocar profundamente los misterios del corazón divino de Tikal.










nueva página del texto (beta)


