Introducción
Los hutíes (Ansar Allah) han pasado de ser una insurgencia local de raíz zaydí en las montañas del noroeste de Yemen a consolidarse como un actor con proyección regional e internacional, capaz de desafiar potencias militares tecnológicamente superiores y alterar rutas estratégicas del comercio marítimo mundial. La narrativa dominante en los medios de comunicación y los think tanks (no así en la academia), los ha reducido a la categoría de proxy iraní,1 ignorando sus raíces doctrinales y su visión nacionalista, elementos que sostienen su autonomía relativa. Esta simplificación ha limitado la comprensión de la Guerra Civil yemení, su internacionalización y su inserción en la competencia global por el control de puntos de estrangulamiento marítimo, o chokepoints, como el estrecho de Bab el-Mandeb.
Este artículo propone superar la lectura binaria del conflicto -proxy vs. autonomía- mediante un análisis que sitúa a los hutíes en el entramado geopolítico de Medio Oriente, atendiendo a sus dinámicas locales, evolución militar, así como su proyección regional. Para ello, se emplea un enfoque interdisciplinario que articula una revisión documental exhaustiva, un análisis histórico y el procesamiento sistemático de datos georreferenciados sobre más de 18 000 eventos de conflicto entre diciembre de 2017 y mayo de 2025, obtenidos del proyecto ACLED (Armed Conflict Location & Event Data), sintetizados en representaciones gráficas y cartográficas.
Al situar a Ansar Allah como actor híbrido -con capacidades estatales de facto y tácticas de guerra irregular- se evidencian patrones de adaptación y proyección que trascienden la narrativa simplista de proxy. Comprender su papel en la geopolítica regional y global, especialmente su capacidad de desencadenar la Crisis del Mar Rojo, exige reconocer también las limitaciones estructurales de sus adversarios, la desintegración política del Estado yemení y la vulnerabilidad del orden marítimo global. En un escenario de competencia multipolar, la expansión militar hutí refleja el potencial disruptivo de actores locales que, apoyados en tecnologías militares de bajo costo, participan en la disputa por las rentas de protección de los bienes comunes internacionales.
Los hutíes: origen, ideología y liderazgo
El zaydismo es una rama del chiismo que, a diferencia del duodecimanismo, no sostiene una sucesión hereditaria fija de los imames (Daftary, 2010), lo que ha hecho de los zaydíes la rama chií más tolerante hacia los suníes (Kuznetsov, 2024). En el noreste montañoso de Yemen predomina la presencia zaydí, aunque no de forma exclusiva. En 2006 representaban 42 % de la población nacional (Izady, 2006). Para 2024 se estimaban aproximadamente 15 millones de zaydíes, dentro de una población total de 38.7 millones (United Nations, 2024).
Desde el siglo ix, una sucesión de imames zaydíes gobernó el noreste de Yemen mediante un poder dual: las confederaciones tribales Hashid y Bakil, y el liderazgo religioso-administrativo de los sada, la aristocracia religiosa. La revolución republicana de 1962 abolió el sistema imamí y creó la República Árabe de Yemen. La resistencia de la monarquía desató una guerra civil (Medina, 2020). Tres procesos interrelacionados explican el origen del conflicto hutí desde 2004: la abolición del imamato que desplazó a los sada en favor de los jeques tribales; la política clientelar saudí hacia estas élites tribales; y la radicalización salafista promovida por Riad, que generó una contrarradicalización zaydí (Brandt, 2017).
Los zaydíes defendieron su identidad religiosa frente a la marginación estatal y la expansión del salafismo. En la década de 1990 surgió “Juventud Creyente”, un grupo zaydí dirigido por Badr al-Din al-Huthi, quien revitalizó el zaydismo con alianzas tribales. Su hijo, Ḥusayn, promovió un discurso antiimperialista que cuestionaba la cercanía del régimen de Ali Abdullah Saleh con Occidente tras el 11-S. Sus sermones, distribuidos en casetes, convirtieron al movimiento en una insurgencia. La represión estatal y la muerte de Ḥusayn en 2004 marcaron el inicio del conflicto armado con ’Abd al-Malik al-Huthi, su hermano, como nuevo líder hutí (Salmoni, Loidolt y Wells, 2010).
Durante la revolución de 2012, el grupo adoptó el nombre de Ansar Allah. Este es el nombre con el que ha sido designado como organización terrorista extranjera en Estados Unidos (ee.uu.), aunque en el mismo documento se aclara que el grupo también es conocido como los hutíes (Trump, 2025). Los hutíes han reformulado su identidad, presentándose ahora como defensores del proyecto nacional de Yemen frente al imperialismo (Carlson, 2024). La ideología hutí plantea una crítica al orden internacional dominado por ee.uu. y a la complicidad de los gobiernos suníes con Occidente. Su retórica se condensa en su lema: “Muerte a Estados Unidos, Muerte a Israel, Maldición sobre los judíos, Victoria para el islam” (Salmoni, Loidolt y Wells, 2010: 119).
Antes de 2012, Occidente percibía a los hutíes como un movimiento religioso. Ahora se les percibe como un actor proxy manejado desde Teherán (Carlson, 2024). Aunque su cooperación con Irán es evidente (Terril, 2014; Vatanka, 2020; Juneau, 2024), caracterizar a Ansar Allah como un actor nacionalista permite una mejor comprensión de las dinámicas de poder en Yemen.
Se trata de un actor importante en el proceso histórico de conformación nacional en Yemen, y evaluar su dimensión religiosa (el caso del zaydismo), tribal (sus nexos familiares y de alianzas) y política […] permite entender que se trata de un actor indispensable de cara al futuro del país. (Medina, 2020: 81)
El liderazgo de Ansar Allah opera mediante una estructura vertical, centralizada en la familia Al-Houthi, con fuertes vínculos religiosos, tribales y políticos que le otorgan cohesión interna y capacidad de adaptación (Truzman, 2024). Desde 2014, ha establecido instituciones propias, controlado la economía regional y proyectado una narrativa de legitimidad basada en la seguridad, la austeridad y el linaje religioso. ’Abd al-Malik al-Huthi ha institucionalizado el mando mediante una red intergeneracional que ha sobrevivido a crisis y asesinatos selectivos, afianzando al grupo como actor político-militar con ambiciones estatales y proyección regional (Public International Law & Policy Group, 2022). A pesar de las operaciones militares dirigidas a eliminar líderes clave, la estructura del movimiento ha demostrado una resiliencia estratégica que reduce la eficacia de tales intentos de descabezamiento como herramienta de disuasión o desarticulación (Ardemagni, 2025).
Adversarios y víctimas de los hutíes: el frente interno
Los hutíes antes de la Guerra Civil
Los hutíes enfrentaron al Gobierno de Yemen (GOY)2 en las seis Guerras de Sa’da (2004-2010) que concluyeron con una victoria estratégica para los hutíes (Salmoni, Loidolt y Wells, 2010). Paralelamente, combatieron a milicias tribales salafistas, rivalidad que persiste hasta hoy (ACLED, s.f.a). Durante la revolución de 2011, los hutíes enfrentaron nuevamente al goy. Pasaron de ser una insurgencia regional a ser un actor nacional. Rechazaron la iniciativa del Consejo de Cooperación del Golfo que facilitó la salida del presidente Saleh y el ascenso de Abd Rabbuh Mansur al-Hadi, pero participaron en la Conferencia de Diálogo Nacional, durante la cual fueron asesinados, posiblemente por aqpa (Al Qaeda en la Península Arábiga), los líderes hutíes más moderados (Bonnefoy, 2016). La retórica anticorrupción y las alianzas con actores civiles y del sur ampliaron la base hutí más allá de los sectores chiitas (Popp, 2015). Hadi asumió el poder en 2012 tras unas elecciones sin competencia. La falta de apoyo popular generó un vacío que los hutíes aprovecharon: entre 2012 y 2013 consolidaron su control territorial y avanzaron hacia Saná (Glenn, Nada y Rowan, 2022).
Al mismo tiempo, los hutíes combatían en Amran a las tribus aliadas del partido Al Islah (AI), salafista y cercano a los Hermanos Musulmanes (Bonnefoy, 2024). Se impusieron sobre ai en julio de 2014 (Policy Analysis Unit, 2014). La llamada Rebelión Hutí (batalla de Saná) en septiembre de 2014 duró apenas cinco días. Los hutíes capitalizaron las protestas por la eliminación de subsidios al combustible para imponerse sobre Hadi, quien dimitió. Los hutíes lo arrestaron y reemplazaron las instituciones estatales por un comité revolucionario. Hadi escapó a Adén y volvió a proclamarse presidente. La porción del ejército leal a los hutíes avanzó hacia Adén, pero retrocedió por el inicio de los bombardeos de la Coalición Internacional (CI). Habían comenzado, casi simultáneamente, la Guerra Civil yemení y la intervención de la CI (Lackner, 2023). La Figura 1 organiza la posición de los hutíes en relación con cuatro cuadrantes: adversarios y víctimas internas, adversarios y víctimas externas, aliados internos y aliados externos.

Fuente: elaboración propia con base en Salmoni, Loidolt y Wells (2010); Popp (2015); Policy Analysis Unit (2014); Bales, Heinze y Mutschler (2023); Lackner (2023); Barany (2021); IISS (2021); y análisis propio con base en ACLED (s.f.a).
Figura 1 Entramado de adversarios, víctimas, aliados y patrocinadores de los hutíes.
Los hutíes en la Guerra Civil yemení
Con ayuda saudí, Hadi escapó a Riad desde donde “gobernó”, en el exilio, hasta su dimisión definitiva en 2022 (Center for Preventive Action, 2025). En 2015 se empezó a distinguir entre el gobierno de facto hutí en Saná y el Gobierno Internacionalmente Reconocido (GIR) de Hadi, al que se identifica como Cabinet of Yemen (cay), por su falta de control territorial. En la resolución 2216, el Consejo de Seguridad legitimó al cay, declaró ilegítimo el poder hutí y promovió una solución política mediada por la ONU (United Nations, Security Council, 2015).
El territorio yemení se encuentra dividido entre los hutíes, el gir, el Consejo de Transición del Sur (CTS) y remanentes de AQPA (véase mapa 1). El gir controla un territorio más extenso, pero dentro del territorio controlado por los hutíes vive 70 % de la población yemení (Riedel, 2023).

Fuente: elaboración propia con base en Runfola et al. (2020) y Humanitarian Data Exchange (2025).
Mapa 1 Control territorial en Yemen a principios de 2025.
Los análisis sobre la guerra entre los hutíes y sus rivales internos son escasos y poco sistemáticos. El análisis que sigue es propio, a menos que se citen otras fuentes, y se basa en los registros de Armed Conflict Location & Event Data Project (ACLED, s.f.a) que involucran a los hutíes entre diciembre de 2017 y mayo de 2025. En dicho período, los hutíes protagonizaron 7 004 enfrentamientos armados contra adversarios internos. El pico se alcanzó en 2019 con 1 771 batallas, seguido de una tendencia descendente: 515 en 2023 y 266 en 2024. En los primeros cinco meses de 2025 ya se han registrado 216 enfrentamientos, lo que podría indicar un repunte. La mayoría de estas batallas fue contra el gir, primero en su versión de cay (56 %) y, desde 2022, contra su sucesor, el Consejo de Liderazgo Presidencial (CLP) (15 %). Otros frentes importantes han sido las Fuerzas Conjuntas de la Costa Occidental (JFWC) (21 %), el cts (2.6 %) y diversos actores menores como AQPA, el Estado Islámico de Yemen (EIY), milicias tribales y facciones disidentes hutíes (véase gráfica 1).

Fuente: elaboración propia con base en ACLED (s.f.a).
Gráfica 1 Batallas mensuales de los hutíes contras sus adversarios internos, 2017-2025.
A pesar de su legitimidad internacional y del apoyo de la CI, el CLP (actual GIR) ha tenido un desempeño militar mediocre, marcado por la fragmentación interna y la dependencia externa, lo que ha impedido que consolide su poder territorial y haga frente de manera efectiva a los hutíes. Los hutíes lograron desarticular la amenaza de aqpa mediante campañas intensivas entre 2018 y 2024. Desde 2021, sin embargo, se han producido intercambios de prisioneros y episodios de cooperación táctica. El EIY fue neutralizado con aún menos resistencia. Para 2024, ambos grupos habían dejado de ser amenazas militares significativas. Las JFWC representan un frente más persistente. Esta coalición de unas 44 000 tropas incluye a las Brigadas Gigantes del Sur (BGS), los Guardias de la República (GR) y la Resistencia de Tihama (RT), todas respaldadas por Emiratos Árabes Unidos (EAU) que busca contener a Irán y mantener presencia militar en los puertos yemenís. Operan formalmente con autorización del GIR, pero constituyen una fuerza autónoma con intereses propios (ACLED, s.f.b).
La gobernatura de Marib (véase mapa 1) es el frente más estratégico del conflicto por sus reservas de hidrocarburos, su cercanía a Arabia Saudí (AS) y por ser el último bastión del GIR en el norte del país. En febrero de 2021, los hutíes se lanzaron a la captura de la ciudad de Marib (IISS, 2021). La resistencia ha dependido del apoyo aéreo saudí al gir y del respaldo emiratí a jfwc. Desde 2022 el conflicto es intenso, pero hasta 2025 no se han producido grandes cambios territoriales. En Al Hudayda, otro frente clave, jfwc intentó en 2018, sin éxito, tomar el control con apoyo de eau y as. En 2021, los hutíes recuperaron posiciones estratégicas sin resistencia significativa. Desde 2022, la línea del frente está estabilizada: los hutíes conservan la mayor parte del territorio, pero jfwc impide su expansión. De acuerdo con la evolución de los últimos cuatro años, no hay resolución militar a la vista (ACLED, s.f.a).
El CTS, fundado en 2017 con apoyo de eau, aspira a restaurar el antiguo Estado de Yemen del sur. Su relación con el gir ha sido ambivalente. El cts ha demostrado una defensa resiliente frente a los hutíes pero sin capacidad ofensiva. La línea no se ha alterado sustancialmente desde 2021. Desde 2024 hay un aumento en la violencia intra hutí que refleja tensiones crecientes dentro del propio grupo. Hay rivalidades por el poder, corrupción y tensiones económicas. Aunque no parece comprometer por ahora la capacidad de combate hutí en otros frentes, esta fragmentación podría erosionar su cohesión a mediano plazo (ACLED, s.f.a) (véase mapa 2).

Fuente: elaboración propia con base en Runfola et al. (2020) y ACLED (s.f.a).
Mapa 2 Batallas hutíes contra adversarios internos, 2018-2025.
Las víctimas internas de los hutíes son los civiles yemenís que han sufrido daño colateral en más de 2 000 eventos reportados por ACLED (s.f.a), especialmente explosiones. Desde 2015, los hutíes han controlado el acceso de las organizaciones humanitarias internacionales, restringiendo sus operaciones y utilizando la ayuda para la población bajo su dominio como herramienta política (Makara, 2023). Yemen experimenta, desde hace 10 años, una crisis humanitaria cada vez más profunda (Office for the Coordination of Humanitarian Affairs, 2025). Es incorrecto atribuir todas las víctimas civiles a los hutíes: todas las partes, incluidos los actores externos, han violado sistemáticamente el Derecho Internacional Humanitario (Bales, Heinze y Mutschler, 2023).
El frente externo
La Coalición Internacional (CI)
La CI, integrada desde 2015 por AS, EAU, Egipto (Eg), Baréin (Ba), Marruecos (Ma), Jordania (Jo), Sudán (Su), Kuwait (Ku) y Catar (Ca), con apoyo diplomático y logístico de EE.UU., Reino Unido y Francia, no logró su objetivo estratégico: restaurar al gobierno de Hadi en Saná. A pesar del uso intensivo de bombardeos, bloqueos marítimos y apoyo a milicias locales, y pese a la recuperación de Adén y Al Mukalla, la Operación “Tormenta Decisiva” no impidió la consolidación del control hutí. Hablar de fracaso puede parecer excesivo, pero el tiempo y los recursos invertidos no corresponden con los resultados. En su intento de frenar a los hutíes, la ci bombardeó infraestructuras, atacando blancos civiles como puentes, gasolineras y carreteras. La campaña resultó un desastre estratégico y tuvo graves consecuencias reputacionales por las elevadas bajas civiles. Los hutíes respondieron a la campaña aérea de la ci con misiles interceptados por defensas saudíes. Entonces atacaron con misiles antibuque de diseño chino y “probablemente suministrados por Irán” (IISS, 2017). Se había abierto la caja de Pandora que derivaría en la crisis del mar Rojo.
La guerra se hizo cada vez más asimétrica. Los hutíes implementaron ataques con drones suicidas y emboscadas. En 2019, lanzaron una ofensiva que causó cientos de bajas a fuerzas saudíes, sudanesas y pro-Hadi (ACLED, s.f.a). En septiembre, un ataque hutí con drones de 15 mil dólares impactó Abqaiq y Khurais, las principales instalaciones petroleras saudíes. EE.UU. culpó a Irán, aunque no ofreció pruebas. El golpe expuso la vulnerabilidad de AS. El ataque confirmó que el uso eficaz de tecnologías de bajo costo podía infligir daños desproporcionados (Hubbard, Karasz y Reed, 2019).
En 2020, los misiles hutíes mostraron la vulnerabilidad de los cazas de la CI, provocando la reducción de los bombardeos. En 2021, los hutíes derribaron 25 drones de reconocimiento y ataque. Para 2022 era evidente que la CI había perdido la supremacía aérea. En siete años, los hutíes transformaron una contienda desigual en una resistencia sofisticada (ACLED, s.f.a). El fracaso de la ci debilitó al gir, fragmentó aún más el territorio y favoreció al cts. También fortaleció la narrativa hutí que los presenta como fuerza nacional frente a una agresión externa (Nasser, 2025).
¿Por qué fue tan pobre el desempeño militar de la CI? Por deficiencias estructurales de los ejércitos árabes: mando hipercentralizado, fragmentación deliberada de las fuerzas armadas, desprecio por profesiones técnicas y dependencia de asesores y mercenarios extranjeros. Estas debilidades derivaron en una campaña prolongada, costosa e ineficaz. La guerra impulsada por Mohamed Bin Salman (MBS), carente de una estrategia realista, evidenció las limitaciones militares saudís, incluso con respaldo occidental. En contraste, los hutíes mostraron adaptabilidad y resistencia frente a una potencia tecnológicamente superior, convirtiendo el conflicto en paradigma de la ineptitud militar estructural de las petromonarquías (Barany, 2021).
Simultáneamente, as enfrentó crecientes presiones políticas. La opinión pública en EE.UU. y Europa condenó la catástrofe humanitaria en Yemen. El asesinato de Jamal Khashoggi en 2018 intensificó el aislamiento internacional de MBS. El Senado de ee.uu. responsabilizó directamente a MBS y, aunque Trump lo respaldó, el Congreso intentó frenar las ventas de armas y el respaldo logístico (Riedel, 2020). El último ataque aéreo saudí ocurrió en mayo de 2022; el último dron hutí contra territorio saudí, fue lanzado en septiembre de 2023; y la última batalla directa ocurrió en enero de 2024 (ACLED, s.f.a). En términos prácticos, AS ha abandonado la vía militar frente a los hutíes (véase mapa 3).

Fuente: elaboración propia con base en Runfola (2020), Humanitarian Data Exchange (2025) y ACLED (s.f.a).
Mapa 3 Enfrentamiento de los hutíes contra la Coalición Internacional y la Crisis del Mar Rojo.
La oscilante postura de EE.UU. hacia los hutíes
La administración Obama respaldó abiertamente al régimen de Saleh, a pesar de su corrupción e impopularidad (Cockburn, 2016). El colapso del gobierno de Saleh, el fracaso de la transición tras la Primavera Árabe y la debilidad del gobierno de Hadi fueron, también, fracasos de EE.UU. (Schmitz, 2014).
Minor (2024a) identifica tres oportunidades perdidas por ee.uu. entre 2011 y 2015 para mitigar la guerra civil yemení: 1) imponer mayores restricciones a Saleh durante la transición; 2) disuadir a Hadi de impulsar un fallido plan federal que provocó la reacción hutí; y 3) condicionar el apoyo a as en 2015 a una meta política creíble. Washington eligió soluciones de corto plazo, ignorando las consecuencias estratégicas.
En 2016, el Secretario de Estado estadounidense, John Kerry, intentó negociar un alto el fuego con los hutíes en Omán, pero el esfuerzo fracasó ante la expectativa de que Donald Trump no respetaría ningún acuerdo. La administración Trump endureció su postura hacia los hutíes, pero reconoció los riesgos de escalada (Solomon, 2017). Entre 2017 y 2020, el Congreso intentó restringir la venta de armas y la asistencia a los saudís, pero Trump vetó las resoluciones (Blanchard y Sharp, 2022). En 2020, Trump incluyó a los hutíes en la lista de organizaciones terroristas, medida que afectó a la ayuda humanitaria y cerró canales diplomáticos. En febrero de 2021, la administración Biden revocó esa designación, anunció el fin del apoyo a operaciones ofensivas y nombró un enviado especial, pero persistieron los contratos de defensa y la cooperación antiterrorista con as (Raghavan y Ryan, 2021).
En abril de 2022 se alcanzó una tregua, ratificada en octubre. El dilema para Joe Biden era reconocer a los hutíes y negociar, o permitir que el conflicto se perpetuara (Riedel, 2023). En septiembre de 2023, hutíes y saudís comenzaron a negociar. El esfuerzo diplomático colapsó tras los ataques de Hamás del 7 de octubre. La ofensiva hutí en el mar Rojo llevó a la administración Biden a reimponerles, en enero de 2024, la designación de “Grupo Terrorista Global Especialmente Designado” (Kestler-D’Amours y Stepansky, 2024).
Aliados y patrocinadores
Aliados internos
Los hutíes están respaldados por tribus y grupos locales que apoyaron al imamato en la guerra civil de la década de 1960. Sus enemigos son los grupos que, entonces, se alinearon con los republicanos (Lackner, 2023). A efectos prácticos, los hutíes carecen de aliados sólidos en el interior de Yemen. El Congreso General del Pueblo (CGP), partido nacionalista árabe que gobernó Yemen tras la unificación de 1990 bajo el liderazgo de Saleh, se fragmentó tras su asesinato a manos de los hutíes. En 2016, el cgp se dividió. La facción leal a los hutíes participó en la creación del Consejo Político Supremo (CPS) y el Gobierno de Salvación Nacional (GSN), que constituyen la estructura institucional del poder hutí en Saná (Lackner, 2023). Irán es el único país que reconoce oficialmente al cps como poder ejecutivo de Yemen (Robinson, 2025). Los hutíes han consolidado su poder mediante tácticas depredadoras: elevar impuestos y tasas para financiar la guerra, confiscar bienes de opositores para premiar lealtades, y manipular la ayuda humanitaria.
Barltrop (2025) propone replantear el proceso de paz en Yemen abandonando la visión dominante centrada en la aplicación estricta de la Resolución 2216. En su lugar, plantea reconocer la coexistencia de gobiernos rivales -el clp y el cps- como base para un diálogo intra-yemení liderado por actores nacionales. En contraste, Philbrick (2024) sostiene que, durante la última década, los hutíes han consolidado un régimen centralizado que reconfigura el Estado al margen del marco constitucional, combinando control ideológico y represión, concluyendo que el diálogo con los hutíes es imposible.
Si la evaluación de Philbrick es correcta, la única alternativa posible es una solución militar. Pero una solución militar, como se deriva del análisis presentado en este mismo artículo en la sección sobre El frente interno, tampoco parece posible, al menos en el corto plazo.
Patrocinadores y aliados externos
Irán
¿Cuál es la naturaleza precisa de la relación entre Irán y los hutíes? ¿Son los hutíes un simple proxy islamista de Teherán (Lane, 2023) o son una fuerza antiimperialista en una guerra colonial (Kadri, 2021)? Ya en 2017, el Atlantic Council sostenía que, aunque comparten enemigos y objetivos estratégicos, los hutíes actúan con autonomía. “La implicación de Irán es marginal. Con o sin Irán, la estructura básica del conflicto sería la misma” (Kendall, 2017: 4). Un informe de la Universidad de Operaciones Especiales Conjuntas (Zorri, Sadri y Ellis, 2020) coincidía en que se trata de una alianza de conveniencia más que de afinidad teológica. Minor (2024b) remarca que un proxy requiere control efectivo del patrocinador, control que Irán no ejerce.
Todos los principales adversarios de Irán -Estados Unidos, Israel y Arabia Saudí, entre los más notables- coinciden con los adversarios de Ansar Allah. El alcance de esta coincidencia de adversarios, sumado al apoyo militar recibido, parece haber contribuido en gran medida a la percepción de Ansar Allah como un aliado de Irán, especialmente entre los medios occidentales. Sin embargo, Ansar Allah no se limita a complacer a Irán (… más bien busca) adquirir las capacidades necesarias para promover una nación yemení más fuerte. (Carlson, 2024: 102)
Desde 2014, Irán ha brindado a los hutíes asistencia militar significativa, permitiéndoles proyectar poder más allá de sus fronteras. Irán respalda públicamente a Ansar Allah, pero evita asumir responsabilidad directa por sus acciones (Robinson, 2025). En caso de una victoria militar o un acuerdo de paz favorable para los hutíes en la Guerra Civil, la relación con Irán podría limitarse a una cooperación pragmática (Saif, 2023).
El CGRI y la Fuerza Quds
El Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (cgri) se ha convertido en la fuerza militar, política y económica más poderosa de Irán: el auténtico garante del régimen islámico (Rizvi, 2012). El cgri ha institucionalizado la guerra híbrida como política exterior iraní (Kazdal, 2025). Su unidad élite, la Fuerza Quds, ha proporcionado apoyo a actores armados no estatales en Siria, Irak, Líbano y Yemen (Ward, 2025).
La Fuerza Quds, considerada en Occidente un caso paradigmático de “terrorismo de Estado” por su implicación en redes paramilitares transnacionales (Wigginton et al., 2015), alcanzó un alto grado de autonomía bajo Qassem Suleimani, el arquitecto de las alianzas chiitas regionales. En diciembre de 2019, Stanley McChrystal afirmó: “Suleimani es posiblemente el actor más poderoso y libre de restricciones en Oriente Medio (…es) singularmente peligroso” (McChrystal, 2019). En enero de 2020, ee.uu. lo asesinó en Bagdad e intentó, sin éxito, eliminar en Yemen a Abdul Reza Shahlai, comandante vinculado al suministro de armas a los hutíes (Hudson, Ryan y Dawsey, 2020).
El Eje de la Resistencia
Es una coalición formada por Irán, Siria (hasta diciembre de 2024), Hezbolá, milicias chiitas iraquíes -como la Resistencia Islámica en Irak (RII) y las Fuerzas de Movilización Popular (FMP)-, Hamás, la Yihad Islámica Palestina (YIP) y los hutíes. Su cohesión se basa menos en afinidades religiosas o ideológicas que en el rechazo compartido a Israel y al “imperialismo occidental” (Soage, 2020). Tras el 7 de octubre de 2023, Israel “ha desmantelado sistemáticamente partes cruciales del Eje de la Resistencia” (Mason, 2025). A fines de 2024 colapsó el gobierno de Bashar al-Assad en Siria. Diversos analistas consideran que los miembros del Eje están al borde de la derrota. No obstante, el Eje ha demostrado ser muy resiliente (Mansour, Al-Shakeri y Haid, 2025).
Su capacidad para insertarse en redes transnacionales, estatales e informales, le han permitido recomponerse. La estrategia occidental e israelí -basada en sanciones y represión- ha sido ineficaz. Desde Chatham House se propone mapear estas redes y crear mecanismos de rendición de cuentas desde la sociedad civil (Mansour et al., 2025). Suena idealista, pero la vía militar tampoco ha logrado sus objetivos. Los hutíes no parecen haberse debilitado. Al contario. En Irak, los hutíes han colaborado con milicias chiitas como Kata’ib Hezbollah (kh) y Harakat Al-Nujaba (han), ambas integradas en las fmp (Badawi, 2024). Mientras los hutíes posean capacidades militares y objetivos autónomos se mantendrán activos aun si muriese la narrativa del Eje (Schwartz, 2024).
¿Apoyo tácito o encubierto de Rusia y China?
Ali al-Qahoum, líder hutí, declaró: “Existe una cooperación constante entre Yemen, Rusia, China y los brics” (TASS, 2024). Para los hutíes, tanto China como Rusia funcionan como contrapesos estratégicos frente a ee.uu. Los hutíes han buscado a Moscú como aliado ideológico sin apoyar abiertamente la invasión a Ucrania. Han criticado la tibieza china en el Consejo de Seguridad, pero valoran su papel mediador entre Teherán y Riad (Ramani, 2024).
La política rusa hacia los hutíes ha sido ambigua. En 2015, una delegación hutí visitó Moscú para ofrecer interlocución y contratos ventajosos. Rusia se abstuvo en la votación de la resolución 2216, no reconoció formalmente a Ansar Allah, pero decidió mantener canales diplomáticos con los hutíes (Ozherelieva, 2015). Rusia reconoce al gir como gobierno legítimo. En junio de 2024, el viceministro Bogdánov se reunió con los embajadores saudí y del gir en Moscú, pero días después recibió a una delegación hutí (maer, 2024). Hubo planes de suministrar misiles antibuque rusos a los hutíes, pero Moscú se contuvo ante las objeciones de MBS (Ramani, 2024). Sin embargo, se reportó una posible cooperación militar encubierta que incluiría asesoría a los hutíes por parte de Glávnoye Razvédyvatelnoye Upravlenie (gru por sus siglas en inglés), la entidad responsable de la inteligencia militar (Mathews, 2024). Esta colaboración sería la respuesta a los ataques ucranianos dentro de Rusia con armas proporcionadas por ee.uu. (Gordon y Seligman, 2024).
China ha mantenido una postura más cuidadosa. En 2015, Pekín instó a los hutíes a cumplir con la resolución 2216 y expresó su apoyo a una transición pacífica (Xinhua, 2015). Aunque ha llamado a la desescalada y al cese de ataques a embarcaciones comerciales, también ha reiterado la necesidad de respetar la soberanía de Yemen y reforzar la ayuda humanitaria (Xinhua, 2025). El Departamento de Estado de ee.uu. afirma que Chang Guang Satellite Technology Co. habría proporcionado a los hutíes componentes para drones, combustible de alto rendimiento y acceso a imágenes satelitales (Reuters, 2025). Esta asistencia tecnológica encubierta permitiría a China debilitar la presencia de ee.uu. en la región mientras mantiene una imagen de neutralidad (Abo Alasrar, 2025).
La Crisis del Mar Rojo
Aunque se le ha llamado “Crisis del Mar Rojo” al conflicto entre los hutíes y Occidente a partir del 7 de octubre de 2023, la crisis se extiende desde Israel, Egipto y Jordania, por el Mar Rojo y el estrecho de Bab el-Mandeb hasta el Golfo de Adén y el Mar Arábigo.
Ataques hutíes contra el comercio marítimo
Según el registro de ACLED (s.f.a), los hutíes realizaron 153 ataques contra embarcaciones posteriores al 07/10/2023, afectando a 122 embarcaciones, 23 de las cuales fueron atacadas varias veces. La bandera de cada buque es irrelevante para los hutíes; lo que importa es su presunta filiación. Afirmaron que la embarcación tenía vínculos con Israel (Is) en 85 eventos, con ee.uu. en 30 y con Reino Unido (ru) en 13. La filiación argumentada no siempre es real. En 25 ataques los hutíes no asumieron la autoría.
Los misiles balísticos fueron las armas más utilizadas (63 veces), seguidos de drones (33) y misiles de crucero (9). También usaron vehículos de superficie no tripulados (USV) en 8 ocasiones, lanzacohetes en 2 y, de forma aislada, cohetes no guiados, minas marítimas y explosivos colocados a bordo. En 12 ataques combinaron armas distintas. Por tipo de buque los ataques se concentraron en graneleros (47), portacontenedores (44), petroleros (32), tanques de productos químicos y petrolíferos (16) y buques de carga general (11). El resto se dirigió a buques gaseros (5), y otros tipos de embarcaciones (4).
Cinco ataques destacan por su impacto. El primero, fue la captura y conversión del portavehículos Galaxy Leader en un centro de operaciones militares frente a Al Hudaydah (12/12/2023). Dos ataques posteriores causaron víctimas: un misil balístico impactó el granelero True Confidence matando a tres marinos e hiriendo a cuatro (06/03/2024); un usv golpeó el granelero Tutor, matando a un tripulante (12/06/2024). Posteriormente los hutíes hundieron el buque con explosivos. El cuarto ataque fue contra el carguero Rubymar que quedó a la deriva y se hundió tras graves daños (18/02/2024). El quinto fue contra el petrolero Sounion, destruido tras recibir el impacto de drones, misiles y detonaciones internas (23/08/2024). La Unión Europea (UE), en el marco de la Operación “Aspides”, remolcó el buque a un lugar seguro en septiembre. Otros 56 incidentes provocaron daños: 47 barcos fueron alcanzados, 37 sufrieron daños menores, hubo 17 incendios y en 7 ocasiones hubo tripulantes heridos. En los 92 restantes, los misiles o drones impactaron en el agua, explotaron cerca o fallaron. Respecto a la narrativa de que los hutíes no atacan buques rusos, chinos o iraníes, se registraron 4 ataques a barcos procedentes de Rusia y 2 con destino a Irán, aunque en esos casos no reivindicaron autoría. Esto sugiere que, en algunos casos, los hutíes carecen de capacidad suficiente para identificar las embarcaciones (véase Mapa 3).
Una consecuencia de gran impacto en la economía global ha sido la caída del flujo marítimo a través del estrecho de Bab el-Mandeb y su desvío hacia la ruta del Cabo de Buena Esperanza (véase gráfica 2).

Fuente: elaboración propia con base en PortWatch-imf (2025).
Gráfica 2 Volumen de comercio en tránsito, Estrecho de Bab el-Mandeb y Cabo de Buena Esperanza, toneladas métricas mensuales, enero de 2019 a mayo de 2025.
El conflicto de los hutíes contra Israel
Después del 07/10/2023, los hutíes lanzaron 30 ataques con drones y 26 bombardeos con misiles contra territorio de Estados vecinos. Los 56 ataques se dirigieron contra Israel, pero dos impactaron en Egipto y dos en Jordania. Misiles balísticos, misiles de crucero y drones explosivos fueron lanzados contra Tel Aviv, Haifa, Ashdod, Ashqelon, Eilat y el aeropuerto Ben Gurión. Aunque la mayoría de los proyectiles fueron interceptados o cayeron al Mar Rojo, varios lograron penetrar las defensas aéreas y causar daños: un dron impactó un apartamento en Tel Aviv (19/07/2024) causando un muerto y varios heridos; un misil golpeó Jaffa (21/12/2024) dejando 16 heridos; y un misil hipersónico alcanzó los terrenos del aeropuerto Ben Gurión (04/05/2025), hiriendo a cuatro civiles. Otros impactos menores y fragmentos de interceptores provocaron daños y pequeños incendios. Varios ataques se coordinaron con la rii que proporciona a los hutíes una mejor ubicación para los ataques. El efecto militar real fue limitado. Entre 2022 y 2025, Israel, directa o indirectamente, ejecutó una estrategia encubierta para debilitar la infraestructura militar de los hutíes, combinando sabotajes a arsenales y asesinatos dirigidos. Tel Aviv persigue degradar las capacidades misilísticas de los hutíes mediante operaciones de precisión (ACLED, s.f.a).
El conflicto de los hutíes contra EE.UU.
Entre mayo de 2024 y mayo de 2025, las fuerzas hutíes reivindicaron decenas de ataques con drones, misiles balísticos y de crucero contra grupos de portaaviones estadounidenses -uss Harry S. Truman, uss Carl Vinson y uss Dwight D. Eisenhower- y sus destructores escolta en el mar Rojo, el golfo de Adén y el mar Arábigo. Como respuesta, ee.uu. y ru lanzaron una operación aérea limitada que no disuadió a los hutíes. Biden había optado por ataques limitados para evitar la escalada (ACLED, s.f.a).
En marzo de 2025, Trump aprobó la Operación “Jinete Duro” para neutralizar a los hutíes y garantizar la libre navegación: durante 30 días se realizaron más de 1 100 ataques con apoyo de portaaviones, bombarderos y drones, 7 de los cuales (con un costo unitario de 30 millones de dólares) fueron derribados por los hutíes. El costo total de la operación fue de más de mil millones de dólares, implicó grandes despliegues de portaaviones, bombarderos B-2, aviones caza y sistemas de defensa antiaérea. En abril, el uss Truman maniobró para evadir un ataque y un primer caza cayó al mar. Trump suspendió la ofensiva el 5 de mayo después de que dos pilotos tuvieron que eyectarse porque un segundo caza no pudo engancharse a la cubierta del Truman y también cayó al Mar Rojo. Con mediación de Omán, los hutíes se comprometieron a no atacar buques de guerra estadounidenses, pero sin renunciar a su campaña naval. Entonces Trump declaró la victoria, pero admitió: “Los golpeamos muy fuerte y demostraron una gran capacidad para resistir los golpes […] Podría decirse que hubo mucha valentía allí. […] Nos dieron su palabra de que no volverían a disparar contra los barcos, y nosotros la respetamos” (citado en Cooper et al., 2025). Por su parte, los hutíes postearon en sus redes sociales: Yemen defeats America.
La evolución militar de los hutíes
En 20 años, los hutíes pasaron de ser una guerrilla identitaria a consolidarse como una fuerza militar híbrida con proyección internacional. Todos los años, desde 2004, han estado en guerra. Desde enero de 2011 lo han estado de forma ininterrumpida. Pese a sus derrotas iniciales, el conjunto de las Guerras de Saʿda concluyó con una victoria hutí. Desde entonces, con la excepción de los resultados no definitivos frente a las jfwc y el cts, y frente a ee.uu. en la Crisis del Mar Rojo, los hutíes han acumulado un importante registro de victorias estratégicas (véase cuadro 1).
Cuadro 1 Adversarios y resultados de los enfrentamientos militares de los hutíes (2004-2025).
| Conflicto | Adversario | Resultado | Incremento del poder y dominio territorial hutí | 2004 | 2005 | 2006 | 2007 | 2008 | 2009 | 2010 | 2011 | 2012 | 2013 | 2014 | 2015 | 2016 | 2017 | 2018 | 2019 | 2020 | 2021 | 2022 | 2023 | 2024 | 2025 |
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Primera Guerra de Sa'da (2004) | GoY | VTA | Moderado | ■ | |||||||||||||||||||||
| Segunda Guerra de Sa'da (2005) | GoY | ND | Nulo | ■ | |||||||||||||||||||||
| Tercera Guerra de Sa'da (2005-2006) | GoY | VTA | Nulo | ■ | |||||||||||||||||||||
| Cuarta Guerra de Sa'da (2007-2008) | GoY | VEH | Significativo | ■ | ■ | ||||||||||||||||||||
| Quinta Guerra de Sa'da (2008) | GoY | ND | Moderado | ■ | |||||||||||||||||||||
| Sexta Guerra de Sa'da (2009-2010) | GoY, AS | VEH | Significativo | ■ | |||||||||||||||||||||
| Revolución yemení (2011-2012) | GoY | VEH | Significativo | ■ | ■ | ||||||||||||||||||||
| Conflicto Houthi-Islah (2011-2014) | AI, MTS | VEH | Significativo | ■ | ■ | ■ | ■ | ||||||||||||||||||
| Rebelión Huti (2014) | CaY | VEH | Significativo | ■ | |||||||||||||||||||||
| Guerra Civil Yemení (2014-) | CLP | VEH | Moderado | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ||||||||||
| Intervención internacional (2015-2024) | CI | VTA, VEH | Moderado | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | |||||||||||||
| Campañas Al-Hudayda y Marib (2018-) | JFWC, STC | ND | Nulo | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | |||||||||||||||
| Conflicto hutí-Yihad (2018-2024) | AQPA, EIY | VEH | Significativo | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ■ | ||||||||||||||||
| Crisis en el Mar Rojo (2023-2025) | EEUU, Is, RU, UE | ND | Nulo | ■ | ■ | ■ |
Fuente: elaboración propia con base en Salmoni, Loidolt y Wells (2010); Popp (2015); Policy Analysis Unit (2014); Bales, Heinze y Mutschler (2023); Lackner (2023); Barany (2021); IISS (2021); y análisis propio con base en ACLED (s.f.a).
Con apoyo técnico del cgri y Hezbolá, los hutíes establecieron una industria militar local capaz de fabricar y adaptar armamento. Actualmente poseen misiles balísticos, de crucero y drones con rangos de hasta 1 500 km, capaces de impactar infraestructura crítica en as, eau, Is, Eg y Jo (Knights, 2021) y embarcaciones en aguas internacionales (ACLED, s.f.a). Esta expansión militar se combina con prácticas coercitivas como el reclutamiento forzoso de menores, migrantes y mercenarios y una creciente militarización de la sociedad, reflejada en la politización educativa (United Nations, Security Council, 2024). Aunque esta capacidad bélica depende del apoyo iraní, los hutíes han desarrollado una “marca” propia que capitaliza narrativas antiimperialistas, afirma su autonomía estratégica y supera en capacidad a milicias de mayor trayectoria (Ardemagni, 2024).
Los hutíes manifiestan una condición dual: se comportan como actores estatales de facto en el norte de Yemen y como actores no estatales en la región del Mar Rojo. Esta condición dual ha sido analizada como característica de ciertos actores armados que desafían la dicotomía tradicional entre lo estatal y lo no estatal.3 Esta situación no es excepcional sino frecuente en Medio Oriente y África, regiones en las que una combinación de fragilidad estatal, conflicto e inestabilidad ha aumentado la importancia militar, política y social de los grupos armados no estatales. Se ha estudiado cómo grupos como Hamás, Hezbollah e, incluso, el Estado Islámico, funcionan como proveedores alternativos de gobernanza, difuminando de facto la línea entre actor estatal y no estatal (Berti, 2016). Aún sin reconocimiento internacional formal como estado, los hutíes ejercen funciones típicamente estatales como la recaudación de impuestos, el control del sistema educativo, la administración de justicia y la supervisión de servicios civiles (Johnston et al., 2020). Estos actores híbridos -que combinan una lógica insurgente con funciones de gobernanza- escapan a los marcos analíticos tradicionales, al desdibujar las fronteras entre soberanía y subversión. En el caso de Ansar Allah, esta ambigüedad ha sido una fuente clave de autonomía estratégica, al permitirle consolidar control territorial sin asumir plenamente las obligaciones de un Estado ni estar sujeto a sus mismas restricciones. Esta condición les ha otorgado una ventaja táctica frente a adversarios fragmentados, facilitando operaciones con notable autonomía logística y militar (Bales, Heinze y Mutschler, 2023). Incluso ante enemigos tecnológicamente superiores, los hutíes han logrado imponerse. ¿Cómo lo han conseguido? ¿Y qué magnitud tiene el desafío que representan?
Conclusiones
Una interpretación del desafío hutí a la seguridad marítima internacional
Este trabajo, de carácter descriptivo y analítico, no ofrece una teoría sobre el ascenso de los hutíes, pero propone una reflexión preliminar a modo de conclusión. Ansar Allah ha prosperado en el contexto de un Estado yemení colapsado, cuya crisis política, económica, social y ambiental antecede a la guerra civil y se ha visto agravada por ella (Arellanes, 2015). Determinar cuándo un colapso toca fondo es incierto: en Yemen, confluyen la desintegración política y el agotamiento acelerado de recursos como agua y petróleo, lo que limita su margen de recuperación (Ansari, 2016; Varisco, 2019).
Toda sociedad compleja enfrenta tensiones estructurales: sostener instituciones jerárquicas implica altos costos energéticos y materiales, intensificados por el crecimiento demográfico. A la vez, la concentración de riqueza tiende a favorecer la “sobreproducción de élites” en sociedades polarizadas. Si no se abordan sus causas profundas, el estado puede colapsar (Turchin, 2003, 2024). Yemen ilustra esta dinámica: la prolongación del conflicto y la fragmentación interna hacen improbable una salida sencilla: incluso si la guerra cesa, la reconstrucción deberá afrontar la escasez de recursos vitales. Sin embargo, la consolidación hutí no se explica solo por la desintegración política del Estado y el respaldo de Irán. También responde a su inserción estratégica en la geopolítica marítima.
Yemen se ubica en el Creciente Interior o Rimland, en una ruta que conecta Oriente y Occidente dentro de la Isla Mundial (Mackinder, 1919; Spykman, 1944). El estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los principales chokepoints globales, es esencial para el comercio entre Asia y Europa (Pratson, 2023), y su interrupción expone la vulnerabilidad de la hegemonía estadounidense, cuyo fundamento militar radica en garantizar la seguridad de los bienes comunes globales -océanos, espacio aéreo y exterior-, áreas que no pertenecen a ningún Estado y que facilitan el acceso a gran parte del planeta (Posen, 2003). Según Lane (1979), la provisión de protección y la amenaza de extorsión son dos caras de la misma moneda: quien monopoliza la fuerza regula la (in)seguridad como mercancía. El capitalismo no es solo acumulación de riqueza, sino reproducción de poder (Nitzan y Bichler, 2009).
Hoy, la hegemonía enfrenta límites crecientes. Las mayores potencias terrestres de Eurasia impulsan corredores intercontinentales (Teurtrie, 2019; Rimmer, 2024), mientras actores como los hutíes aprovechan su posición periférica para convertirse en disruptores de la globalización: operan desde un Estado colapsado, con poco que perder y mucho que ganar -prestigio, apoyos externos, armamento y posibles rentas ligadas al control del tránsito marítimo. De forma limitada y adaptada a su escala, los hutíes parecen replicar la lógica de las rentas de protección que la hegemonía ejerce a escala global.
Esto es posible por la transición hacia una “guerra desindustrializada” (Greer, 2024). Con recursos modestos y drones de bajo costo, los hutíes desafían a poderes militares en apariencia muy superiores que dependen de sistemas de armas costosos y complejas cadenas de suministro cada vez más vulnerables. Interrumpir rutas estratégicas mediante tecnologías muy baratas revela la asimetría de costos entre la ofensiva artesanal y sistemas de defensa aérea sobredimensionados. Occidente podría verse forzado a replantear su Complejo Militar Industrial y su base productiva para adaptarse a escenarios donde la ventaja tecnológica ya no es un monopolio incontestable.
Más que anticipar desenlaces cerrados, esta interpretación subraya la ambivalencia de estos procesos: ni el colapso estatal ni la erosión de la hegemonía tecnológica y marítima son trayectorias inevitables, sino tendencias disputadas por múltiples actores. Comprender cómo se generan y negocian las rentas de protección -y cómo actores locales como los hutíes explotan intersticios del orden global- es clave para debatir el futuro de la seguridad marítima internacional y la transformación de la violencia en la periferia de un sistema internacional en reconfiguración.










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