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Revista mexicana de ciencias políticas y sociales

versión impresa ISSN 0185-1918

Rev. mex. cienc. polít. soc vol.69 no.251 Ciudad de México may./ago. 2024  Epub 25-Abr-2025

https://doi.org/10.22201/fcpys.2448492xe.2024.251.87033 

Dossier

¿Hacia dónde va la ciencia política en Chile? Un análisis exploratorio (1973-2023)

Where is Political Science Going in Chile? An Exploratory Analysis (1973-2023)

Raúl Zarzuri Cortés* 

Jesús Antonio Pérez Tagle** 

Kenya Hernández Vinalay*** 

* Escuela de Sociología, Universidad Academia de Humanismo Cristiano, Chile. Correo electrónico: <rzarzuri@gmail.com>.

** Universidad Autónoma Metropolitana, México. Correo electrónico: <jesus.tagle.polis@gmail.com>.

*** Facultad de Derecho Acapulco, Universidad Autónoma de Guerrero, México. Correo electrónico: <kenya_hv@uagro.mx>.


RESUMEN

A inicios del siglo XXI, se generó un debate en torno a la dirección de la ciencia política a nivel internacional, el cual ha tenido resonancia en América Latina. No obstante, en esta región aún son pocos los estudios enfocados a la comprensión de los casos nacionales. Este artículo busca abonar en ese sentido, ya que presenta un análisis sobre el desarrollo de la ciencia política en Chile, en el que se señalan los periodos por los que ha transitado esta disciplina y se hace énfasis en las orientaciones de las principales revistas de ciencia política y la procedencia institucional de los títulos de doctorado de los polítólogos que laboran en cuatro centros de estudio en Santiago de Chile. Finalmente, se argumenta que la ciencia política en Chile ha logrado avanzar en su proceso de institucionalización y es reconocida regional e internacionalmente.

Palabras clave: desarrollo de la ciencia política; Chile; institucionalización; periodos

ABSTRACT

Causal process tracing is a methodology that seeks observable implications in causal processes based on assumptions. It does this through case studies oriented towards this search. Its goal is to establish whether a succession of events or processes in the case fit with what has been explained by theory before, which allows showing the consequences of what can be seen as the cause of the mechanisms (M) by analyzing the parts (n) that conform them. In this regard, “diagnostic” pieces are integrated from the case study and made up of the available evidence that allows the assumptions considered in the research design to be supported or not. In this article, we aim to explain the method of tracing causal processes and causal mechanisms. This will allow us to show whether its use is proper for developing political science in our region.

Keywords: political science development; Chile; institutionalization; phases

“No es un misterio ni asomo de novedad reiterar que la Ciencia Política es una

disciplina tremendamente híbrida en sus orígenes, sinuosa en sus derroteros

metodológicos y profundamente tensionada por la distancia entre nichos de

conocimiento que observan e interpretan de forma diferente un mismo objeto

de análisis propio del quehacer politológico.”

(Viacaba, 2012:1)

A la mitad de la primera década del siglo XXI, en el seno de las comunidades de politólogas y politólogos, ocurrió una serie de debates sobre la ciencia política en América Latina, Estados Unidos y en Europa (principalmente en Italia). Fue el célebre politólogo italiano, Giovanni Sartori quién prendió los fuegos intelectuales con un artículo publicado en 2004 titulado: “¿Hacia dónde va la ciencia política?”. En este destacado ensayo, lanza una dura y elocuente crítica epistemológica a la corriente hegemónica de la disciplina, la escuela estadounidense:

En conjunto, me parece que la ciencia política dominante ha adoptado un modelo inapropiado de ciencia (extraído de las ciencias duras, exactas) y ha fracasado en establecer su propia identidad (como ciencia blanda) por no determinar su metodología propia. Por cierto, mis estantes están inundados de libros cuyos títulos son “Metodología de las ciencias sociales”, pero esas obras simplemente tratan sobre técnicas de investigación y procesamiento estadístico. No tienen casi nada que ver con el “método de logos”, con el método del pensamiento. Por lo que tenemos una ciencia deprimente que carece de método lógico y, de hecho, ignora la lógica pura y simple. (Sartori, 2004: 351)

La posición de este politólogo italiano ante la hegemonía de la ciencia política estadounidense es evidente y señala la necesidad de resistirla: “La alternativa, o cuando menos, la alternativa con la que estoy de acuerdo es resistir a la cuantificación de la disciplina. En pocas palabras, pensar antes de contar; y, también, usar la lógica al pensar”. (Sartori, 2004: 354). El problema central para Sartori es reducir a la ciencia política al imperio de la cuantificación estadounidense. Un tema que sigue vigente en la actualidad con la proliferación de programas como el “REstudio”, que, si son utilizados sin una vigilancia epistemológica, parafraseando a Sartori, terminaremos contando antes que pensando y dejaremos de usar la lógica al pensar, acabando por construir una ciencia deprimente y carente de un método lógico.

Por el lado de los exponentes de la ciencia política estadounidense, fue la típica respuesta de quienes controlan un escenario casi totalmente a sus anchas, y que cuentan con múltiples apoyos institucionales, generosos presupuestos públicos y privados y, en consecuencia, no se sintieron aludidos por las críticas de Sartori, por el contrario, usaron las estadísticas para argumentar en la dirección opuesta, su mirada, obviamente fue optimista, ya que contaban con:

una contundente evidencia de la madurez de la ciencia política. Este desarrollo posee dos aspectos: por un lado, hay una diferenciación creciente con un trabajo cada vez más sofisticado, hecho dentro de las distintas subdisciplinas (y dentro de subespecialidades dentro de las subdisciplinas), por otro lado, hay una integración creciente entre todas las distintas subdisciplinas. (Goodin y Klingemann, 2001: 22)

Esa integración ciertamente se daba desde la mirada cuantitativa y, por otro lado, en esos años, desde América Latina, algunos politólogos latinoamericanos compartieron dicho optimismo, pero su mirada fue desde el interior, examinando lo que hacen los politólogos latinoamericanos -docencia, investigación y divulgación-, concluyendo en la existencia de una expansión de la ciencia política en la región:

En primer lugar, parece razonable pensar que se relaciona con el propio crecimiento de la disciplina, cuyo despegue ha sido muy intenso en toda la región (tanto en términos absolutos como relativos, esto es, en comparación con otras Ciencias Sociales). […] El número especial de la Revista de Ciencia Política del Instituto de Ciencia Política (ICP) de la Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC) publicado en 2005 fue, desde este punto de vista, un hito fundamental porque ayudó a poner de manifiesto la entidad de la expansión de la disciplina en la región. […] La evolución de la Ciencia Política, como objeto, cumple con dos requisitos considerados muy importantes de acuerdo con los códigos metodológicos y teóricos que predominan en la región. Desde el punto de vista metodológico es fácilmente cuantificable. Es posible construir series de egresados de grado y posgrado, contar el número de publicaciones arbitradas, correlacionar la evolución de estos indicadores con otros y establecer inferencias causales. (Garcé, 2020: 30)

Siguiendo en el caso latinoamericano, el debate sobre la profesionalización e institucionalización de esta disciplina concita posturas diversas. Es innegable que la ciencia política en nuestra región ha tenido cambios en las últimas décadas, los cuales parecen apoyar el argumento de la profesionalización y la institucionalización. Algunas de esas transformaciones se han dado en materia del número de programas de pregrado y posgrado, número y calidad de las revistas especializadas, creación de redes y programas de investigación, creación de asociaciones nacionales y regionales, publicaciones de difusión, campo laboral, formación de los investigadores y la cuestión de la autonomía disciplinaria (Altman, 2005; Nohlen, 2006; Barrientos, 2013; Buquet, 2013; Heiss, 2015).

A veinte años de estas afirmaciones, cabe preguntarse qué tanto se han sostenido en el tiempo en las diversas regiones. En el caso europeo, ha habido un avance en la construcción del consenso sobre cuáles son los criterios para determinar la calidad de los programas de ciencia política (Altman, 2005: 8), sin embargo, “a pesar del conocimiento acumulado, la ciencia política es, aún, una disciplina fragmentada conceptual y metodológicamente” (Negretto, 2004: 347). Haciendo un primer balance, nuestras observaciones la dan la razón a Sartori, y se observa la hegemonía de las corrientes politológicas de origen estadounidense en América Latina y fundamentalmente en Chile, un dato, si tomamos como una primera muestra teórica cuatro de las instituciones académicas relacionadas con el quehacer de la ciencia política chilena: el Instituto de Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile; el Magister en Ciencia Política de la Facultad de Gobierno de la Universidad de Chile; la carrera de Ciencia Política de la Universidad Diego Portales y las y los investigadores del Centro de Estudios Públicos (CEP), se tiene un conjunto de 49 investigadores e investigadoras, de los cuales 25 (51 %), obtuvieron su doctorado en universidades estadounidenses, 14 (28.6 %), se formaron en doctorados europeos y sólo 10 (20.4 %), contaban con un doctorado obtenido en Chile o en algún otro país de América Latina.

Fuente: elaboración propia con base en Pontificia Universidad Católica de Chile (s.f); Universidad Diego Portales (s.f.); Universidad de Chile (s.f.); Centro de Estudios Públicos (s.f.).

Gráfica 1 Universidades de procedencia de los centros de ciencia política en Chile 

En un estudio publicado en 2005, se analiza la institucionalización de la ciencia política en América Latina, a partir de cuatro dimensiones: enseñanza, comunidad, investigación, y vida profesional. La investigación concluye que hay diferencias sustantivas entre países, lo que permite clasificarlos y reunirlos en tres grupos, una primera triada, integrada por Argentina, Brasil y México, que son los países que cumplen con un conjunto de criterios como ofrecer:

títulos en los tres niveles universitarios, poseer programas de investigación consolidados, tener criterios claros para evaluar la calidad de la investigación, contar con una carrera profesional y académica, permitir vivir dignamente a los politólogos y politólogas de su trabajo, entre otras cosas. (Altman, 2005: 4)

La lectura sobre estos tres países será reiterada en el estudio de Bulcourf, Marquez y Cardozo (2014), donde sostienen que Argentina, México y Brasil han alcanzado un nivel de institucionalidad en torno a la autonomización, especialización y profesionalización de la disciplina. Si bien cada país aun tiene retos importantes, por ejemplo, en el caso de México, se ha señalado que tales retos son:

propios del crecimiento y la complejidad con la que se mueve una sociedad plural, crecientemente exigente y necesitada de profesionales comprometidos y capacitados en las mejores técnicas e ideas. (Alarcón, 2012: 53)

Son retos institucionales que también subsisten en los otros dos países. El segundo grupo estaría conformado por “países que presentan claras señales de mejoría pero que aún tienen un camino por recorrer -Chile, Colombia, Costa Rica, Uruguay y Venezuela- y, por último, el resto, donde el camino es todavía más largo. Dentro de este último grupo, aún es difícil hablar de una disciplina con cierta autonomía” (Altman, 2005: 4). En este grupo tenemos a Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay y los demás países centroamericanos a excepción de Costa Rica” (Altman, 2005: 14).

Altman aclara que en su investigación “se han dejado temas cruciales de lado, en especial los concernientes a la calidad de la investigación y docencia de la ciencia política que se imparte en la región” (Altman, 2005: 17), no obstante, es firme al argumentar que “el reforzamiento institucional de la ciencia política latinoamericana debe pasar por la construcción de instituciones universitarias que funcionen a través de reglas claras que fomenten la meritocracia”, lo que implica contar con “criterios claros y definidos de cómo ponderar la productividad de la investigación y docencia”, pero esto choca con el problema de que sean aceptados de forma unánime en los diversos países, además de que “el propio establecimiento de criterios implica, necesariamente, dejar a veces dimensiones importantes de lado que no son necesariamente comparables de país a país” (Altman, 2005: 15).

En esta ruta vemos que el ejercicio de definir a la profesionalización e institucionalización de la ciencia política se complejiza más cuando se ponen sobre la mesa de análisis temas como la influencia de los procesos históricos en la conformación y desarrollo de la disciplina. Hay una interacción constante entre el quehacer de la ciencia política latinoamericana y los procesos de transformación históricos que delinearon nuestras coyunturas políticas, en esta perspectiva no se puede entender el estatuto epistemológico de la ciencia política en Chile sin el golpe de Estado de 1973, sin las ideas, valores, motivaciones e intereses neoliberales que los acompañaron, los procesos de transición a la democracia y el ciclo de protestas de los movimientos sociales (2009-2022), que intentó cambiar la constitución de la dictadura militar y que, sin duda alguna, delinearon y esculpieron su actual configuración institucional altamente relacionada con la historia política de cada país (Zarzuri, 2022; Luque y Rojas, 2022).

Desde esta perspectiva, “las condiciones de producción del conocimiento impactan en el conocimiento producido y viceversa […] la ciencia política no es la excepción” (Ravecca, 2015: 3). En efecto, el estudio de Ravecca, nos muestra cómo en los regímenes de Uruguay y Chile, el contexto político influyó en la disciplina; su caracterización se relacionó con las transformaciones políticas sufridas en esos dos países, una suerte de “política de la ciencia política”:

la afirmación de que la ciencia política es impactada por el contexto implica abrir una conversación teórica, epistemológica y por lo tanto metodológica. Dicho intercambio, para ser fructífero, debe anclarse en la historia: porque no hay episteme en el vacío. (Ravecca, 2014: 56)

Esta formulación lleva a Ravecca a dar un giro en la agenda de investigación sobre el estado de la ciencia política, este transita “de la pregunta sobre la institucionalización de la disciplina a la pregunta de qué se está institucionalizando” (Ravecca, 2014: 56). Lo anterior revela el dilema entre “un sentido teórico y científico estricto a la politología”, y un “proceso de profesionalización, con vistas a un sentido utilitarista, pragmático y consumidor (Ríos, 2019: 384), que estaría tensando el propio desarrollo de la ciencia política en Uruguay y Chile, pero que podría ser extrapolado a todo el continente. Para Fuentes y Santana (2005), la disciplina ha estado marcada por un debate:

entre los que buscan la «cientificidad» o el positivismo disciplinario (vía la adopción del método científico) en contra de aquellos que proclamaban la imposibilidad de aplicar criterios científicos a la realidad social. Entre medio, algunos estudiosos han intentado avanzar formulas mixtas que combinan la rigurosidad del método científico con la apertura hacia visiones más holísticas […], lo que cruza un aspecto no simplemente metodológico, sino que fundamentalmente teórico sobre las formas de concebir la realidad, la explicación de la causalidad, y la división entre sujeto y objeto, entre otros. (Fuentes y Santana, 2005: 17).

De manera que el análisis sobre las epistemologías, teorías y metodologías en disputa en la ciencia política siguen siendo necesarias para comprender su situación y sus movimientos de consolidación o de fragmentación continua. Desde estos parámetros y reflexiones, analizaremos el estado de la ciencia política en Chile en los últimos 50 años (1973-2023).

Siguiendo a Garretón en su artículo “Las Ciencias Sociales en Chile. Institucionalización, ruptura y renacimiento” (2005), proponemos una periodización dividida en tres etapas y que el autor denomina: a) institucionalización, b) ruptura y c) renacimiento.

De esta manera, el primer periodo corresponde con la creación, institucionalización y profesionalización de la disciplina que va desde mediados de los años cincuenta hasta el golpe militar en 1973. El segundo periodo aborda la influencia de la dictadura militar (1973-1989) en la disciplina y la intervención por parte de los militares de las universidades y la creación de una serie de centros académicos independientes que se constituyen en muchos casos como antagonistas a la ciencia política que proviene de los centros intervenidos por los militares. La tercera etapa es la llamada “recuperación de la democracia” (1990-2023), con el retorno de las ciencias sociales a las universidades. A esto se agregará un acápite inicial relacionado con el aporte que realiza a finales del siglo XIX y principios del XX, Valentín Letelier, posiblemente el fundador de la ciencia política en Chile.

La arqueología del inicio de la ciencia política en Chile: el aporte de Valentín Letelier

Uno de los primeros análisis sobre la ciencia política en Chile fue elaborado por Letelier Valentín, un científico altamente influido por las ideas positivistas de Augusto Comte. En 1886 apareció publicado por la editorial Gutemberg el libro titulado: “De la Ciencia Política en Chile y de la necesidad de su enseñanza” escrito por Letelier, abogado escritor y ensayista y uno de los más renombrados intelectuales chilenos de finales del siglo XIX y principios del XX, el cual llegó a ser rector de la Universidad de Chile (1906-1913). Sin embargo, no sería el único por sostener la emergencia de una ciencia política, ya que otro intelectual como José Victorino Lastarria en sus lecciones dictadas en la Academia de Bellas Artes dedica parte de estas para promover una ciencia política de carácter positivista (Maldonado, 2019).

La elaboración del pensamiento de Letelier sobre la ciencia política surge sobre la reflexión que él realiza de lo que se podría llamar la cuestión social en Chile. Los problemas sociales, particularmente lo relacionado con la pobreza y la incapacidad que tenía la política chilena de esa época para resolverlos, provoca, en palabras de Letelier, una incapacidad para resolver ese tipo de problemas. De esta manera, la ciencia política o mejor dicho la política debe siempre satisfacer las necesidades sociales:

Con Ciencia o sin Ciencia, la política consistirá siempre en satisfacer necesidades sociales en estimular el constante desenvolviendo del orden; si esas necesidades se sienten, así por el más ignorante como por el más sabio. (Letelier, 1886: 29)

Sin embargo, para esto, se debe estudiar la política como una ciencia objetiva que transmite verdades y que debe evitar trasmitir doctrinas. Lo que Letelier quiere es una ciencia política (positivista) que permita al Estado hacerse cargo de los asuntos públicos de mayor urgencia.

En un interesante trabajo en donde se analiza la biografía intelectual de Letelier, Fabio Moraga se pregunta sobre el objeto de estudio de la ciencia política en Letelier, señalando que, para este, la ciencia política debe estudiar los procesos políticos y sociales y sus relaciones, para así generar conocimiento que permita gobernar, proporcionando “una clave verdaderamente científica para explicarse todos los cambios y sucesos políticos” (Moraga, 2015: 64):

demostrar que el estado permanente de guerra favorece el desarrollo de los poderes autocráticos y discrecionales; que las artes no florecen sino en sociedades pacíficas donde la acumulación de riquezas hace nacer clases meramente especulativas y contemplativas; que no todas las industrias pueden desarrollarse en un país cualquiera; que aun las doctrinas dominantes modifican el rumbo de la política, porque la creencia en el origen divino de los gobernantes, por ejemplo, coexiste con poderes absolutos, en tanto que el dogma revolucionario de la soberanía popular desarrolla las instituciones democráticas. (Letelier, 1886: 70, en Moraga, 2015: 71)

Las ideas expuestas por Letelier, y particularmente el texto mencionado, tuvieron influencia en la formación temprana de los programas dedicados a la formación de especialistas en la actividad de gobierno y del Estado (Maldonado, 2019). A continuación, expondremos los tres periodos a los que nos referimos con el propósito de darle un orden al desarrollo de la ciencia política en Chile.

Primer periodo: de los años cincuenta hasta la llegada de la dictadura

Inicialmente, se pueden identificar dos etapas en este periodo para la instalación de la ciencia política en Chile. La primera etapa es lo que se ha denominado “preconductista” (Rehren y Fernández, 2005; Viacava, 2012), la cual está asociada a los estudios de administración pública y derecho administrativo, que se ubican en la segunda mitad del siglo XX, y donde comienzan a desarrollarse una serie de iniciativas tanto personales, grupales e institucionales para implementar de manera más formal la disciplina. De esta manera, inicialmente será el derecho público y administrativo la base para el proceso de instalación. En 1954 se creó la Escuela de Ciencias Políticas y Administrativas de la Universidad de Chile, al alero de la Facultad de Ciencias Jurídicas. Rehren y Fernández (2005), señalan que los primeros cientistas políticos fueron formados en la tradición francesa énarchista:

como administradores públicos acometerían importantes tareas ejecutivas en los distintos niveles de la Administración Pública. Su preparación en el manejo de los asuntos de Estado, incluía nociones sobre sistemas políticos, partidos políticos y política internacional. Con énfasis en el funcionamiento formal y legal de las instituciones políticas, estas materias contribuyeron a formar buenos generalistas y especialistas en temas de la administración del Estado. Pero al poner énfasis en la práctica de los principios de la administración, la investigación y producción de conocimiento en ciencia política no tuvo prioridad. (Rehren y Fernández, 2005: 41-42)

La segunda etapa es la llamada revolución conductista, que se basa fuertemente en la ciencia política norteamericana e impacta en Chile entrados la década de 1960. Es la etapa de la formalización con el inicio de los primeros posgrados dictados en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales con sede en Chile (Flacso-Chile) y de la Cepal (Viacava, 2012). Con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), se creó en Flacso la Escuela Latinoamericana de Ciencia Política y Administración Pública (ELACP), que en 1970 publicaría la Revista Latinoamericana de Ciencia Política (Heiss, 2015), iniciativas que serán el soporte para otros proyectos académicos que se implementarían posteriormente.

Este momento se caracteriza por la autonomía de la disciplina. Sin embargo, habría que señalar que, inicialmente, esta etapa está fuertemente influida por la economía y la sociología, particularmente por el estructural funcionalismo y el marxismo, lo cual en palabras de Heiss (2015) todavía no permite referirse a la ciencia política como una ciencia autónoma, ya que como señala Barrientos (2009), esta es la época del llamado periodo sociológico. Esto solo se logrará cuando en el año 1969 se cree el Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica el cual se transforma en 1970 en el Instituto de Ciencia Política (Rheren y Fernández, 2005: 42). Para Navarrete, Morales y Figueroa (2005), el periodo 1960-1973, la ciencia política surgió como una disciplina ideologizada, donde el politólogo no fungía como científico social, sino como militante de algún partido político. Una posición discutible si consideramos lo ocurrido en el siguiente periodo caracterizado por una imposición autoritaria a la construcción del conocimiento académico y universitario en el Chile de la dictadura militar de Pinochet.

Segundo periodo: la dictadura cívico militar

La dictadura cívico militar en el país supuso el desalojo y cierre de muchas de las carreras de ciencias sociales de las aulas universitarias chilenas acusadas de ser partícipes en el descalabro político que llevó al golpe militar de 1973. Esto ocurrió particularmente con la sociología, que tenía el estigma de ser la ciencia social marxista por excelencia. Sin embargo, la acusación también trastocó a la ciencia política, aunque en menor medida. Junto con lo anterior, un grupo importante de académicos fueron expulsados de las universidades y otros tuvieron que salir al exilio. La intervención dictatorial supuso también una contracción de la matrícula universitaria que venía ampliándose desde los años sesenta hasta el año 1973.

En estas condiciones, la pregunta que surgió para analizar este periodo y su relación con la ciencia política fue sobre las posibilidades de producción intelectual de la disciplina, ya que una posible hipótesis que se esgrimía al analizar dicha época era que en estos contextos autoritarios, la producción intelectual se vio imposibilitada de desarrollarse. El argumento que se postulaba por algunos, fue que la dictadura constituyó un obstáculo para el desarrollo de la disciplina en Chile, cuestión en que un autor como Ravecca (2005) está en desacuerdo.

Por lo tanto, habría que señalar que al analizar el desarrollo de la disciplina en el periodo dictatorial encontramos dos caminos de producción, contrapuestos, que muchas veces se cruzarán a pesar de venir de vertientes totalmente opuestas y que serán descritos a continuación. El primero proveniente de las universidades intervenidas y el otro se corresponde con la oposición a la dictadura con un fuerte vínculo internacional, pero “hubo intentos de crear una comunidad de politólogos que superara las trincheras ideológicas y a fines de la década del 1980 se creó la Asociación Chilena de Ciencia Política” (Sepúlveda, 1996: 142).

El primero se aborda en un artículo de Ravecca titulado: “Our Discipline and its Politics. Authoritarian Political Science: Chile 1979-1989” publicado el año 2005. Ravecca intenta rebatir la idea de que en el periodo dictatorial se impidió del desarrollo de la ciencia política como sugerían algunos intelectuales de la disciplina al analizar dicho periodo.1 Al contrario, el autor señala que el régimen dictatorial influyó en la disciplina, cuestión que es también compartida por otros investigadores, quienes señalan que: “Chile también parece desafiar la idea de que la democracia es condición necesaria para el desarrollo de la ciencia política” (Heiss, 2015: 50) y que para el caso chileno:

Se ha observado que, en determinados casos, no existiría una relación causal entre democracia y ciencia política, sino más bien de tipo dialéctico y co-relacional, dado que la ciencia política puede emerger y florecer tanto en regímenes autoritarios como democráticos. (Fernández, 2005: 62-63)

En efecto, Ravecca al situarse en lo que él llama la Política de la Ciencia Política (PPS), la cual, “se basa en la teoría crítica y tiene como objetivo analizar los vínculos entre la disciplina, su contexto político y las relaciones de poder” (Ravecca, 2015: 146), propone desestabilizar la idea de una disciplina fuera de las relaciones de poder, porque en su opinión, durante el periodo dictatorial se crearon importantes componentes de la infraestructura disciplinar y en muchos casos, en esa creación participó el propio régimen militar:

this article seeks to destabilize this understanding by showing that important elements of the infrastructure of the discipline were created during, and sometimes by this authoritarian regime. (Ravecca, 2015: 146)

El análisis que realiza Ravecca del periodo, permite identificar y caracterizar un modelo institucional e intelectual que llamará Ciencia Política Autoritaria (CPA, APS en inglés) el cual tenía las características de ser un espacio donde convergían académicos, militares, empresarios y autoridades religiosas; que movilizó categorías como régimen político, democracia, sistemas electorales, competencia, participación cívica, transición, gobierno, estabilidad política, entre muchos otros, promoviendo una “democracia protegida” del marxismo que permitía proteger a la economía de mercado instalada. El autor señala que a nivel cultural se abrazó la agenda neoconservadora y se elaboró un conjunto de reformas neoliberales junto con la Constitución de 1980, la elaboración del sistema electoral binominal, por ejemplo. Este era un espacio institucional y discursivo que estuvo implicado con mecanismos de poder concreto:

I would like to propose the category of Authoritarian Political Science. aps was a space inhabited by academics, military members, businessmen and religious authorities. It was cosmopolitan: Chilean, European, North American and even Russian dissidents were its protagonists. Chilean aps was political science: it mobilized ‘typical’ categories and notions of the discipline such as political regime, democracy, electoral systems, competition, civic participation, transition, government, political stability, among numerous others. aps promoted a democracy “protected” from communism and Marxism that in its turn should protect the market economy. At the socio-cultural level, it embraced the neoconservative agenda, building from the East-West cleavage and “Christian values”. This institutional and discursive space was radically implicated in concrete power dynamics and mechanisms such as the 1980 Constitution, the crafting of the binominal electoral system and a well-known set of neoliberal reforms. (Ravecca, 2015: 172-173)

Sepúlveda (1996), por otro lado, señala una cuestión no menor en la producción de la CPA/APS que tiene relación con la apertura a cursos de ciencia política y de relaciones internacionales en los años ochenta en la Academia Superior de Seguridad Nacional que posteriormente pasó a llamarse Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE) dependiente del Ministerio de Defensa. El segundo camino fue la instalación de una ciencia política que pudo ser crítica y generar conocimiento al alero de otros espacios “académicos” opositores al régimen dictatorial. De esta forma, en este periodo fueron los:

centros académicos e intelectuales independientes y paralelos a las universidades […], los que lograron dar un impulso y mantener a la ciencia política como una disciplina que podía, bajo su alero protector, generar conocimiento e investigación independiente del régimen […], Corporación de Investigaciones Económicas para Latinoamérica (CIEPLAN), el Centro para el Estudio de la Realidad Contemporánea (CERC) y la Corporación de Promoción Universitaria (CPU). La emergencia de centros académicos e intelectuales independientes y paralelos a las universidades, lograron dar un impulso y mantener a la ciencia política como una disciplina que podía, bajo su alero protector, generar conocimiento e investigación independiente del régimen. (Rheren y Fernández, 2005: 43)

Lechner (1990) denomina a este periodo la temprana y fuerte institucionalización de la disidencia. Otros espacios fueron creados a inicios de 1980, tales como el “Instituto de Ciencia Política de la Universidad de Chile” el cual “iniciará un Programa de Magíster y publicará la revista La Política, constituyéndose en el tercer centro universitario dedicado al fomento de la disciplina”; el sector empresarial creó el “Centro de Estudios Públicos y editará la revista Estudios Públicos, donde se publicarán importantes artículos vinculados a todas las especialidades de la disciplina y a fomentar las ideas liberales”. Pero ¿dónde encontrar las ideas, valores, intereses y motivaciones que le dieron sentido epistemológico a la ciencia política institucionalizada por la dictadura militar en Chile?

La respuesta la encontramos en las tres revistas más importantes relacionadas hoy en día con la ciencia política chilena y todas ellas fundadas durante el periodo dictatorial: la revista Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile fundada en 1979; la revista de Estudios Públicos, fundada por el Centro de Estudios Públicos en 1980; y la revista La Política, creada en 1982 en la Universidad de Chile.

Con el propósito de agrupar los datos exhibidos en estas tres publicaciones científicas, seleccionamos sus primeros 6 números, los cuales nos dieron un total de 100 artículos publicados, todas las revistas contaban con una periodicidad semestral, por lo que abarcaron un periodo histórico de la dictadura militar caracterizado por cuatro factores: 1) divulgación del neoliberalismo; 2) divulgación de la teoría política estadounidense; 3) Guerra Fría y; 4) reivindicación del golpe de Estado y el proyecto constitucional de la dictadura. El periodo abarco de 1978 a 1984 y se analizaron un total de 100 artículos de las tres revistas antes mencionadas: las tres revistas analizadas Ciencia Política de la Pontificia Universidad Católica de Chile; la revista Estudios Públicos del Centro de Estudios Públicos (CEP), y la revista La Política, de la Universidad de Chile, se caracterizan por construir un contenido apologético hacia la dictadura militar, sus causas políticas y sociales, además de justificarla a través del discurso de la Guerra Fría, también son una fuente de propaganda del proyecto neoliberal chileno, publican asiduamente a sus ideólogos principales como Hayek y Friedman, los primeros 6 números de estas tres revistas, se recalca, son una apología intelectual al proyecto político, societal y económico de la dictadura militar y justificarán las ideas, valores, intereses y motivaciones que configurarán la constitución de 1980 de la dictadura militar, ciertamente la primera carta magna de un claro corte neoliberal.

Fuente: elaboración propia con base en Revista de Ciencia Política (s.f.); Política (s.f.); Estudios Públicos (s.f.).

Gráfica 2 Las revistas académicas dedicadas a la ciencia política y la dictadura chilena durante el periodo, 1978 -1982 

Es importante destacar por ejemplo los seis primeros números de la revista de Estudios Públicos, el primer número tiene el título siguiente: Libertad y Leviatán, el segundo número: Economía y Ciencia; el tercer número: Sociedad y Libertad; los números 4 y 5: Moral y mercado y el sexto número: Conferencia Mont Pelérin, la cumbre neoliberal de Hayek, por otro lado, en la revista de la Pontificia Universidad Católica, destacan las contribuciones del segundo y tercer número de dicha publicación, en defensa del entonces proyecto constitucional de la dictadura militar, en cuanto a la revista de la Universidad de Chile, los contenidos son una continuación de los temas ya comentados pero con una profundización por los relacionados con la guerra fría y la teoría política estadounidense, es importante destacar que esta revista salió dos años después del debate sobre la Constitución de 1980.

La ciencia política de la dictadura militar, se fue abriendo progresivamente a otros temas conforme la dictadura entraba a un proceso de debilitamiento y conforme se acercaba la coyuntura de la transición a la democracia, evidentemente, los espacios académicos institucionales estuvieron cerrados para los y las investigadoras vinculados con el proyecto político de la Unidad Popular, cuyas puertas se les abrirán después de la transición a la democracia, en este contexto desolador, un hito importante será la fundación de la Asociación Chilena de Ciencia Política en 1986. Espacio asociativo que hoy en día sigue vigente.

Para recapitular este periodo, se puede señalar que al finalizar la década de 1980, pese a las mesas divididas de la ciencia política chilena, se generó una robusta infraestructura institucional, que permitió entrar al proceso de la transición a la democracia a fines de los ochenta y comienzos de los años noventa, con comunidades de politólogos en proceso de consolidación, con revistas científicas consolidadas y programas académicos de posgrado para estudiar la ciencia política en Chile.

Podemos afirmar que durante los años 80 y en los albores de la transición a la democracia, existe ya una infraestructura institucional capaz de generar un desarrollo sostenido de la ciencia política en Chile. Así lo demostrarán la reciente creación de carreras de pre y postgrado en ciencia política en varias universidades públicas y privadas del país y una creciente demanda de alumnos por seguir ya sea una licenciatura o cursar distintos ramos ofrecidos en las mallas curriculares de la disciplina. (Rheren y Fernández, 2005: 43)

Tercer periodo.: ciencia política y recuperación de la democracia.

El periodo postautoritario, como lo llama Garretón (2005), provoca en las ciencias sociales chilenas un proceso de expansión y diferenciación. Las disciplinas asociadas a las ciencias sociales desterradas o clausuradas por la dictadura militar, vuelven a las universidades, retomando el camino interrumpido.

Habría que señalar respecto a la disciplina, que hasta 1990, no existía un espacio universitario que otorgara una licenciatura y un título en ciencia política. El cambio se produce, cuando la Universidad Gabriela Mistral abrió la carrera en 1992. Antes, solo existían posgrados. Es a partir de los años noventa, donde las carreras de pregrado en la disciplina, tanto si conducen a ser cientistas políticos, o, si los estudios están fuertemente conducidos hacia la administración pública, comienzan a ser fuertes, debido a la necesidad de entender los procesos de transición que se estaban viviendo en Chile:

Así, en el comienzo de este período, el foco principal, especialmente para la ciencia política y la sociología, es la naturaleza de los procesos de democratización, la que parece presidir casi todos los análisis de fenómenos más específicos. (Garretón, 2005: 27)

De interés para entender este periodo, es el trabajo de Rheren y Fernández (2005) quienes analizan el desarrollo de la ciencia política a partir de 1980 y hasta el 2000, analizando las publicaciones de revistas ya establecidas, la producción de tesis de posgrado y el volumen y tipo de proyectos de investigación emprendidos con recursos públicos, pero tomando en cuenta los siguientes campos de la disciplina: teoría política, relaciones internacionales, instituciones políticas, comportamiento político, políticas públicas e historia política. Ellos llegan a la conclusión de que la disciplina está “en un proceso de consolidación institucional” (Rheren y Fernández, 2005: 52), cuestión que también señala Heiss: “A partir de los 90 la disciplina ha avanzado hacia una creciente profesionalización y se ha ampliado considerablemente la oferta académica de pre y posgrado. (Heiss, 2015: 50). No obstante, existe un desequilibrio en su desarrollo y productividad entre los diferentes campos de especialidad como también al interior de ellos, donde existe una relación desigual entre publicaciones, tesis de posgrado y proyectos de investigación.

Fernández (2005) señala que, a inicios del siglo XXI, las reflexiones en torno a la ciencia política chilena eran “más bien descriptivas”, ya que, no se había “desarrollado un análisis autorreflexivo sobre su devenir como disciplina y profesión”. También argumentaba que la disciplina se encontraba en un “punto importante de inflexión” debido al incremento de la oferta formativa a nivel pregrado que significó una debilidad institucional a nivel de la investigación. Asimismo, siguiendo a Norris (1997: 2) percibe una creciente demanda por la profesionalización de la disciplina (Fernández, 2005: 73).

También, Fuentes y Santana (2005) dan cuenta del “boom” en la oferta de programas de ciencia política en Chile y, a partir de un estudio analítico-descriptivo sobre las mallas curriculares y de los perfiles de los profesionales adscritos a estos programas, que son las “fuerzas del mercado” las que han generado gran parte de este cambio. Los autores concluyen que, aunque existe una importante transición disciplinaria con tendencias a la profesionalización, todavía se advierten un sinnúmero de precariedades en el ejercicio de la disciplina. Señalan, asimismo, que en la ciencia política chilena se ha dado un desarrollo “ecléctico” donde:

conviven tres etiquetas: el desarrollo de escuelas con un fuerte acento académico-disciplinario con énfasis en teoría, relaciones internacionales, instituciones y procesos y métodos; un segundo modelo más vinculado a las ciencias sociales y donde la historia y sociología política juegan un papel preponderante; y, finalmente, un tipo de escuela muy relacionada con la gestión y política pública. (Fuentes y Santana, 2005: 37)

Asimismo, encuentran que hay una tendencia hacia la investigación aplicada, en menoscabo de la construcción de teoría:

pareciera observarse en la mayoría de las investigaciones un intento de medir efectos inmediatos a procesos políticos de relevancia […] La tensión entre agendas de investigación aplicadas versus teóricas y escuelas de ciencia política orientadas a la gestión pública versus aquellas más orientadas al desarrollo académico propiamente tal, parece ser que continuará en los próximos años. (Fuentes y Santana, 2005: 38)

Con estas reflexiones en mente, los autores derivan un cuestionamiento: ¿Para qué sirve un politólogo? ¿qué tipo de profesionales se están formando en Chile y con qué objetivo? Una primera respuesta se encuentra en el contexto de producción societal que emerge después de la dictadura y es una sociedad eminentemente neoliberal, con una educación publica solo de nombre y privatizada hasta sus raíces, en este tenor, en otro estudio enfocado en la oferta de pregrado de la carrera de Ciencia Política, en el periodo 2006-2011, en Chile, se sostiene que:

ha habido aumentos en la cantidad de alumnos que ingresan a la carrera, se constata un incremento en la cantidad de aquellos que egresan y se titulan de ella, también se ilustra que el cuerpo docente se ha ido profesionalizando, y especializando, además que las mallas curriculares se han ido pluralizando en sus áreas. Sin embargo, es pertinente plantearse la pregunta de ¿qué tipo de disciplina se desarrolla y reproduce en Chile? (Viacava, 2012: 108)

En torno al estado de la ciencia política en Chile, otra investigadora concluye que los avances en la década previa a la publicación de su estudio, “apuntan a la consolidación académica de la disciplina en Chile, reflejada en proyectos de investigación, publicaciones y la creación de los primeros doctorados propiamente disciplinares en el país” (Heiss, 2015: 66).

Podemos decir que el balance es positivo y, si bien, los estudios citados dan cuenta de un conjunto de elementos y variables que nos permiten comprender el desarrollo de la disciplina en el sentido de la profesionalización, institucionalización y el objetivo de los disciplinario de los politólogos e, incluso, la cuestión de los contenidos y el rol sociopolítico que juega la disciplina (Ravacca, 2015: 173), para otro autor, aun:

Chile carece de registro intelectual de la ciencia política, es decir, desde una mirada introspectiva de los procesos académicos, históricos y sociales que han marcado la estructura formativa de cientistas políticos en las diversas áreas de especialización. (Maldonado, 2019: 1)

Sin embargo, este argumento ya no se sostiene, ya que las comunidades politológicas chilenas han hecho un ejercicio de introspección el cual se ve reflejada en su reciente producción intelectual relacionada, por ejemplo, con la crisis expuesta por las protestas sociales recientes y los plebiscitos levantados para plantear un cambio constitucional.

Conclusiones

Sintetizando los argumentos expuestos, se observa que una de las primeras cuestiones que saltan al revisar los textos que se utilizaron para escribir este artículo, es la escasa bibliografía existente que recupere la memoria de la instalación de la ciencia política en Chile en los últimos cincuenta años. Existen las fuentes respectivas gracias a que están las revistas científicas en acceso abierto y que cuentan con un detallado sistema de archivos que nos permite conocer el proceso histórico de las ideas valores, intereses y motivaciones que agruparon a las comunidades académicas en cada periodo histórico. Señalamos que, en general, las disciplinas de las ciencias sociales están en deuda con su historia y su memoria intelectual. Ya se afirmaba al respecto, tenemos poca tradición en dar cuenta de nuestro quehacer, transitando de tema en tema, de coyuntura en coyuntura, sin construir memoria (Lechner, 1997: 33).

Por otra parte, existe una tensión que siempre ha atravesado la disciplina, que mantiene una relación con la institucionalización de ella, que en algunos momentos ha sido precaria y en otras fuertes versus el análisis político que ha tenido un desarrollo avanzado en el país (Lechner, 1990), sin embargo, hoy en día, el panorama es mucho más optimista que en septiembre de 1973. Chile disfruta de una democracia consolidada y de una ciencia política institucionalizada -también consolidada- reconocida regionalmente e internacionalmente que ya está a la altura de las comunidades politológicas de México, Brasil y Argentina, que son las más fuertes en la región, la formación de sus nuevos cuadros académicos es global y de alto nivel, asimismo se encuentra dotada de diversas comunidades de politólogos que habitan en instituciones públicas y privadas de excelencia académica, sus investigadoras e investigadores participan en las asociaciones del gremio a nivel internacional y al parecer ya está cristalizada una comunidad académica latinoamericana en la que están enraizadas las comunidades de politólogos chilenos.

Una última reflexión está relacionada con la preocupación cuantitativista en la ciencia política por parte de Sartori. La revista de Estudios Públicos en su último número público un dossier reflexionando sobre los cincuenta años del golpe de Estado en Chile, realizando un ejercicio de autorreflexión notable; hoy en día, esta publicación ha dejado de lado sus enfoques iniciales y se ha abierto temática y disciplinariamente, ya no es una publicación dedicada exclusivamente a la política y a la economía, sus temas están relacionados con la desigualdad, la interseccionalidad y la crítica cultural. Por su parte, la revista Ciencia Política cambió radicalmente en relación a sus años dictatoriales y hoy es una publicación de alto nivel dedicada al análisis de los procesos democráticos contemporáneos, las instituciones, los procesos políticos y los actores sociales, y, en el mismo sentido marcha la revista la Política de la Universidad de Chile.

En este sentido, podemos responder a Sartori sobre hacia dónde va la ciencia política en Chile: va en proceso de fortalecer lo ya avanzado en sus procesos formativos de pre y posgrado, consolidar sus comunidades académicas y seguir fortaleciendo sus publicaciones científicas, además de construir una memoria reflexiva de su devenir; hay logros, identidad y reconocimiento.

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Recibido: 23 de Octubre de 2023; Aprobado: 15 de Marzo de 2024

Sobre los autores

Raul Zarzuri Cortes es doctor en Educación por la Universidad Academia de Humanismo Cristiano. Magister en Antropología y Desarrollo y Sociólogo. Actualmente es profesor de la Escuela de Sociología de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano e investigador del Centro de Estudios Sociales y Culturales (CESC). Sus líneas de investigación son los estudios culturales y culturas juveniles, participación política de les jóvenes, militancias e inmigración y ciudadanía. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran: (con Rodrigo Ganter) Activismos juveniles y generaciones en movimiento (2023) en Karla Henríquez y Geoffrey Pleyers, Chile en movimientos. Clacso; Violencias y contraviolencias. Vivencias y reflexiones sobre la revuelta de octubre en Chile, vol. 14 (2022) LOM Editores; “Los jóvenes chilenos y la construcción de nuevas formas de ciudadanías y participación política” (2022) en Yudith González y José Luque, Ciudadanías y Procesos Subnacionales en América Latina. Fundación Editorial Universidad Ezequiel Zamora.

Jesús Antonio Pérez Tagle es doctor en Estudios Sociales con enfoque en procesos políticos por la Universidad Autónoma Metropolitana. Sus líneas de investigación son hegemonía intra e interestatal, regionalismo, formas de Estado, políticas de bienestar y movimientos políticos. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran: “La hegemonía de Estados Unidos: una propuesta conceptual” (2022) Iztapalapa. Revista de Ciencias Sociales y Humanidades, 93; “Reducir la violencia estructural del neoliberalismo. Reformas impulsadas por la 4T en México” (2022) en Jaime Ríos y Moises Rojas, ¿Es el fin del neoliberalismo en América Latina y el Caribe? ALAS/Clacso; “Configuraciones del Estado de bienestar y posneoliberalismo en América Latina” (en prensa) en José Luque, Democracias y ciudadanías sociales en la América Latina Postneoliberal.

Kenya Hernández Vinalay es doctora en Derecho por la Universidad Autónoma de Guerrero. Actualmente se desempeña como profesora-investigadora de la maestría en Derecho Social en la uagro. Entre sus publicaciones más recientes se encuentran: (con José Luque y Rebeca Reza) “Crítica al enfoque del transnacionalismo inmigrante: apuntes para una reformulación teórica” (2023) Papeles de Población, 28(114); (con María de Jesús López y Verónica Rodríguez) “Miedo urbano y ciudadanía social en la Ciudad de México (2006-2021): Urban fear and social citizenship in Mexico City (2006-2021)” (2022) Revista del Observatorio Digital Latinoamericano “Ezequiel Zamora”, 4(1); (con Verónica Rodríguez y Miguel Ángel Martínez) “Juventudes, ciudadanía, participación política y partidos políticos en México y América Latina” (2022) en Yudith González y José Luque, Ciudadanías y Procesos Subnacionales en América Latina. Fundación Editorial Universidad Ezequiel Zamora.

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