Introducción
La presente investigación continúa con los hallazgos de investigación publicados en esta revista, número 52, enero-abril de 2021, titulada: “Efectos Mecánicos de los Sistemas Electorales Mixtos: Jalisco y Ciudad de México, 1995/1997-2018”.
Al igual que en el artículo anterior, se presenta un estudio comparativo a nivel local de dos sistemas electorales mixtos en México, Jalisco y Distrito Federal (ahora Ciudad de México), durante el periodo 1995/1997-2018, respectivamente. En este texto se expone una propuesta de esquema de análisis EPSEM (Efectos Psicológicos de los Sistemas Electorales Mixtos en México). Asimismo, este análisis busca responder dos interrogantes: ¿qué efectos psicológicos se aprecian en estas entidades en relación con los elementos técnicos (dimensiones) y el sistema electoral en su conjunto? y ¿cuáles son las variaciones que se perciben en éstos a través de los distintos períodos estudiados?
Los efectos de los sistemas electorales pueden ser de dos tipos: mecánicos y psicológicos. Los mecánicos o proximales (Rae, 1967) son resultado de la lógica matemática, las consecuencias arrojadas por las dimensiones del sistema electoral; dicho de otra forma, los efectos que se advierten en la relación entre votos y escaños, y en la conformación de los congresos (sistema de partidos).
Mientras, los psicológicos (Duverger, 1957) o distales (Rae, 1967) influyen en la conducta de los actores y partidos políticos, así como en el comportamiento del electorado; en otras palabras, en la coordinación electoral (Cox, 2004). Esto se observa también en las alianzas definidas entre los partidos políticos y los actores políticos,1 así como en el proceso de decisión del voto del electorado. Tanto los actores políticos como el electorado anticiparán ciertos efectos del sistema electoral, al diseñar sus estrategias y expresar sus preferencias políticas, dependiendo del cálculo de esos efectos; dicho de otro modo, de su comprensión del sistema electoral y su funcionamiento. Así, esta toma de decisiones dependerá del conocimiento adquirido previamente,2 entre los que se encuentran el sistema electoral y su funcionamiento. Ante esto, es necesario diferenciar los efectos que tendrán los sistemas electorales por sí mismos y aquellos que influirán en su “confrontación de la realidad por el otro. El contexto hace la diferencia” (Nohlen, 2008: 113).
1. Modelos de toma de decisiones
Los modelos de toma de decisiones, según Lau (2003), se estudian desde dos perspectivas: 1. desde la psicología individual3 (preferencias individuales, búsqueda de información, memoria y decisiones); y 2. desde las instituciones gubernamentales (poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial, así como diversas organizaciones de la burocracia gubernamental), considerando cómo éstas toman decisiones. Decidir implica una elección entre dos o más alternativas4 (Lau, 2003: 20).
Las decisiones son tomadas a partir del conocimiento adquirido, es decir, a través del aprendizaje. Según Lupia y McCubbins (1998), las personas son capaces de tomar decisiones racionales, aunque su información sea escasa, porque
la elección razonada requiere conocimiento, el conocimiento requiere información y la información requiere atención. Sin embargo, la elección razonada no requiere información completa ni atención ilimitada. En cambio, la elección razonada requiere información que genere predicciones precisas sobre la elección5 (Lupia y McCubbins, 1998: 25).
Con respecto a lo anterior, en esta investigación se recupera que para la construcción de las decisiones/elecciones, se requiere conocimiento, el cual a su vez demanda información y ésta, atención. Sin embargo, se separa de adjetivarlas como racionales, simplemente se hablará de decisiones, racionales o no; porque es importante no perder de vista que en la toma de decisiones también se involucran factores como las emociones, que no forzosamente arrojan decisiones racionales.
En este sentido, Aytaç y Stokes (2021) recuperan que para el análisis de la participación política6 se deben analizar las emociones (por ejemplo, el miedo, la ira, la angustia, la indignación moral, la vergüenza, el entusiasmo, la esperanza, la empatía, la compasión, entre otras) que suelen ser ignoradas y no deberían serlo. En su estudio demuestran “que la ira y la indignación moral convierten a los testigos en participantes. De ahí que emociones de empatía como la ira sean cruciales para estimular la acción colectiva, tanto en los lugares de votación como en las calles”7 (p. 33).
Según Lau (2003: 22), el marco general de cualquier decisión considera tres características: a) alternativas (plural), b) creencias sobre los resultados y c) los valores asociados con esos resultados. Según Lau y Redlawsk (2006), son cuatro los modelos8 de toma de decisiones individuales, los cuales tienen deficiencias en la generación de respuestas sobre la adquisición y procesamiento de la información, siendo que “el procesamiento de la información y la memoria generan hipótesis acerca de los efectos directos importantes sobre la naturaleza y la calidad de la decisión del voto”.9
De acuerdo con su modelo de toma de decisiones individuales, existen tres formas fundamentales (Lau y Redlawsk, 2006: 27-29; Lau, 2003: 31) en las que los tomadores de decisiones simplifican:
Descomposición, desglosar la decisión en sus componentes.
Edición, simplificar una decisión eliminando (es decir, ignorando) aspectos relevantes de la misma.
Heurística, estrategias de resolución de problemas (a menudo empleadas de forma automática o inconsciente); en pocas palabras, simplificar la decisión entre distintas alternativas.
En este sentido, según Lau y Redlawsk (2006: 28) y Lau (2003: 44-45) son cinco heurísticas comunes o atajos cognitivos que las personas utilizan para decidir su voto:
Referencia al afecto: la elección implica muchas candidaturas con las que existe familiaridad, se vota por la candidatura mejor evaluada (sólo funciona en candidaturas que han participado en múltiples elecciones).
Avalúo: se sigue la recomendación de conocidos cercanos, élites políticas confiables o grupos sociales con los que existe identificación. “En otras palabras, dejar que otra persona haga el trabajo duro de averiguar cómo votar”10 (Lau, 2003: 45).
Familiaridad: si se conoce la candidatura o se ha escuchado hablar sobre ésta, pero no sobre las otras y su evaluación es neutral o positiva, el voto será para la candidatura conocida.
Hábito: se vota de acuerdo con la elección anterior. Aplican esquemas partidistas, ideológicos y estereotipos (género, raza, etnia, edad, apariencia, entre otros).
Viabilidad: se consideran únicamente a las candidaturas que tienen posibilidades de ganar.
Con respecto a los efectos psicológicos del sistema electoral se puede afirmar: el sistema electoral es parte de esa información que tiene disponible el electorado; por consiguiente, tiene injerencia en el proceso de toma de decisión del voto. Habría entonces que preguntarse: ¿hasta dónde “las instituciones electorales ayudan a los votantes a adquirir substitutos útiles para el conocimiento que les falta?”11 (Lupia y McCubbins, 1998: 206). Dicho de otra manera: ¿hasta qué punto el sistema electoral mexicano compensa o complementa el conocimiento de las personas votantes del funcionamiento del sistema electoral?
La coordinación electoral: el voto estratégico y la coordinación estratégica de los actores y partidos políticos
Para el estudio de los efectos psicológicos se parte de la lógica de que existe un proceso de toma de decisiones, tanto de los actores políticos como del electorado, el cual desemboca en la coordinación electoral. Esta
es un factor de gran importancia para el funcionamiento de la democracia, y actúa sobre distintos actores durante el proceso electoral. La coordinación permite agregar e integrar preferencias en unas cuantas opciones que serán votadas y, de esa manera, generar mayorías decisoras y relativamente estables, lo que ayuda a resolver, a su vez, el problema de las mayorías cíclicas (Shepsle, 2005: 53, citado en Martínez, 2015: 65).
En la coordinación electoral se presenta “la mezcla de intereses comunes y opuestos; la posibilidad de éxito o de fracaso y la rapidez con que cambian las intenciones de votación cuando la coordinación fracasa” (Cox, 2004: 20). Los efectos de esta coordinación pueden ser reductores o distributivos; el reductor se observa cuando la coordinación tiene éxito (es una buena coordinación) y el distributivo cuando no lo tiene.12 En la coordinación se deben considerar tres factores relevantes: las instituciones electorales,13 las motivaciones políticas y las expectativas públicas.
En la coordinación electoral participan tanto el electorado como los actores políticos y los partidos políticos. En el primer caso se refiere al voto estratégico, es decir, a la decisión estratégica del elector. Por su parte, el segundo tiene que ver con la coordinación estratégica de la élite política.
La decisión de votar “no puede ser muy diferente de la mayoría de las otras decisiones que la gente toma en su vida diaria”14 (Lau y Redlawsk, 2006: 21). El voto estratégico se refiere a “elegir una alternativa menos preferida porque la candidatura preferida no tiene posibilidades de ganar”15 (Lau, 2003: 21).
Uno de los cuestionamientos que llevaron a Duverger (1957) 16 a estudiar el voto estratégico fue encontrar la razón por la cual en sistemas electorales de mayoría relativa existe una tendencia a la concentración de votos en dos candidaturas, aunque más adelante se estudió que en sistemas electorales proporcionales también ésta se encuentra presente17 (pero no en el mismo grado).
Ahora bien, para que haya voto estratégico, es necesario que el votante tenga disponibilidad y claridad en la información a su alcance. Según Cox (2004), el conocimiento común proviene de: a) las declaraciones de las candidaturas; b) las encuestas;18c) los análisis difundidos en los noticieros; y d) “otros fragmentos de información básicamente libre (véase Johnson et al.: 197-211)” (citado por Cox, 2004: 105).
Por consiguiente, se puede afirmar que cuanta menor información tiene el electorado, su votación será más sincera. Es necesario apuntar que esta información muchas veces es promovida por las élites.19 Dicho de otra manera, los actores y los partidos políticos construyen la coordinación en relación con el conocimiento previo de esas reglas del juego político (sistema electoral), tratando de anticiparse al posible voto estratégico del electorado.20
A lo anterior se le suma la simplicidad, comprensión y funcionamiento del sistema electoral (Nohlen); en otras palabras, cómo perciben y entienden al sistema electoral: a) el electorado; y b) los actores y los partidos políticos.
En realidad, aún no es claro cuál de los mecanismos causales es el más importante, si el voto estratégico del electorado o la participación de las élites. Algunos autores aluden que el voto estratégico es irracional, así la influencia más fuerte es la de la élite. Otros afirman lo contrario (Cox, 2004: 50). Sin embargo, Cox señala:
ambos tipos de concentración de recursos son importantes. Las élites actúan normalmente primero, pues es preciso buscar contribuciones y avales antes que los votos. Si las élites se coordinan en sólo dos candidatos, entonces se les deja a los electores una opción binaria y, en consecuencia, votan sinceramente. Si los estratos elitistas no se coordinan plenamente, entonces el campo de candidatos múltiples pasará luego por la criba del voto estratégico del electorado (instigado, indefectiblemente, por los eventuales beneficiarios de la élite) (2004: 50).
2. Diseño de la Investigación
Se realiza un estudio comparativo (método de sistemas más similares con resultados diferentes, MSDO) a nivel local con el objetivo de analizar los efectos psicológicos en dos sistemas electorales mixtos (combinan dos principios de representación: Mayoría Relativa [MR] y Representación Proporcional [RP]) en el país: Distrito Federal (ahora Ciudad de México) y Jalisco.21 En la Ciudad de México, el estudio abarca ocho elecciones: cinco elecciones concurrentes (Jefaturas de Gobierno y diputaciones locales) simultáneas con las federales (1997, 2000, 2006, 2012 y 2018); y tres no concurrentes (sólo diputaciones locales) simultáneas federales (2003, 2009 y 2015). En Jalisco, nueve elecciones: cinco concurrentes (gubernaturas y diputaciones locales), de las cuales dos no fueron simultáneas con las federales (1995 y 2000) y tres sí (2006, 2012 y 2018); y cuatro no concurrentes (únicamente diputaciones locales), de las cuales una no fue simultánea con la federal (1997) y tres sí (2003, 2009 y 2015).
Metodológicamente, al igual que para el caso del análisis de los efectos mecánicos (véase Cárdenas, 2021), este estudio tiene como marco de interpretación el enfoque nuevo institucionalismo histórico-empírico (Nohlen). La estrategia de comparación es sincrónica; se eligió 1995 como punto de partida para Jalisco y 1997 para la Ciudad de México.22
Los efectos psicológicos se estudiarán a partir de los efectos en 1. el electorado, y 2. los partidos y actores políticos (ambos, coordinación electoral). En el electorado a través de dos ámbitos: 1.1 la votación estratégica y 1.2 la participación electoral. La votación estratégica se estudia a partir de dos elementos: 1.1.1 su presencia o ausencia, y 1.1.2 la influencia en la selección de candidaturas/partidos políticos. Además de tomar en cuenta la votación estratégica, se analiza el efecto que se observa en la 1.2 participación electoral, concretamente si ésta a) aumenta o b) disminuye.
En el caso de los partidos y actores políticos, se trabaja con base en elementos técnicos23 y del sistema electoral en su conjunto, analizándose su 2.1 nivel de coordinación estratégica; es decir, si en 2.1.1 existe un incremento o reducción de esa coordinación.
Cuadro 1 Efectos psicológicos de los sistemas electorales mixtos en México (EPSEM)
| Efectos Psicológicos | |
| Efectos de elementos técnicos | |
| 1. El electorado | |
| 1.1 La votación estratégica | |
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1.1.1. Presencia o ausencia. |
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1.1.2. Influencia en la Selección de Candidaturas/Partidos Políticos. |
| 1.2 La participación electoral | |
| de votación. | 1.2.1. Aumento o Disminución. |
| 2. Los partidos políticos y actores políticos | |
| 2.1 La coordinación estratégica | |
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2.1.1 Aumento |
| Efectos del sistema electoral en su conjunto | |
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o reducción |
Fuente: Elaboración propia.
Para analizar tanto los efectos mecánicos como psicológicos se toman en cuenta dos elementos: 1. las interacciones que se presentan en los sistemas electorales mixtos entre ambos principios de representación (Ferrara, Herron y Nishikawa, 2005), y 2. el contexto en el que se encuentra inserto el sistema electoral (véase Nohlen, 2005 y 2006); por lo tanto, los factores contextuales29 (Ferree, Powell y Scheiner, 2013) que interactúan con sus efectos.
Así, el contexto da forma a los efectos de la legislación electoral de manera sistemática y específica (Ferree et al., 2013: 14). La literatura sobre este tema estudia dos cuestiones: por un lado, cómo estos factores contextuales median los efectos de las leyes electorales; y por el otro, cómo tales efectos, mediados por el contexto, varían a través de diferentes entornos y resultados.
En algunos casos
las reglas electorales parece que dan forma a resultados independientemente del contexto, pero en otros casos el contexto juega un rol fuerte en la mediación de los efectos de las instituciones (…) las diferencias de contexto son significativas: las reglas electorales no tendrán los mismos efectos en todos los casos. Además, vamos más allá de la noción de que “el contexto importa” para argumentar que el contexto da forma al efecto de las reglas electorales de maneras específicas y sistemáticas”30 (Ferree et al., 2013: 14).
Se aprecian dos hipótesis, véase Ferree et al. (2013: 14): 1. cuanto más larga sea la cadena causal que conecta las reglas a un resultado, mayor será la cantidad de factores contextuales que mediarán y afectarán el proceso; y 2. los factores contextuales ejercen menor impacto cuando la relación causal entre una institución y el resultado es mecánico frente a los psicológicos31 (que conllevan intereses específicos y toma de decisiones discrecionales).
Entonces, el tipo de vínculos/relaciones causales será importante en cada uno de los efectos. Generalmente, en el caso de los efectos mecánicos, los factores contextuales tienden a tener nula o poca influencia, ya que derivan directamente de la legislación electoral, son proximales y observables en el corto plazo; la cuestión se complica con los efectos psicológicos porque son distales y visibles a mediano o largo plazo, sumado a que una buena parte de éstos dependen de las dimensiones del sistema electoral (la formalidad) y otra parte de los factores contextuales, en el sentido de que
las personas interpretan una regla y responden a ella, filtrando la regla a través de sus percepciones, creencias y cálculos costo-beneficio (incluida la anticipación de efectos mecánicos). Debido a que las personas responden de manera moldeada por el contexto, especulamos que el contexto moldeará más sistemáticamente los resultados de las reglas electorales cuando el vínculo entre la institución y el resultado involucra la discrecionalidad humana32 (Ferree et al., 2013: 15-16).
En resumen, cuanto mayor peso tienen los efectos mecánicos, menor importancia adquirirá el contexto (excepto cuando se involucran factores contextuales coercitivos). Una de las diferencias entre los efectos mecánicos con los psicológicos es que los primeros son proximales y observables en el corto plazo; y los segundos, distales y visibles en el mediano y largo plazo. Esto significa que en los psicológicos la cadena causal que conecta del sistema electoral a un resultado es más larga, en comparación con la de los efectos mecánicos.
3. Efectos psicológicos en Ciudad de México y Jalisco: conocimiento y comprensión del sistema electoral
Al partir de la lógica de que el desarrollo democrático a nivel subnacional en México es más reciente y prevalece una importante heterogeneidad en su calidad, no resulta casual que algunas entidades sean clasificadas o estuviesen clasificadas como autoritarismos electorales. Cuando se habla de autoritarismo electoral,33 en palabras de John Stuart Mill, se trata de “instituciones representativas sin gobiernos representativos”34 (1991: 89 citado por Schedler, 2006).
No se debe perder de vista que el sistema electoral incluye todo lo que soporta la conducta o los resultados de las elecciones, además materializa muchos de los entendimientos de la sociedad sobre el significado de la democracia y las bases legítimas del poder político (Katz, 1997).
La calidad de la democracia influirá en el proceso de coordinación electoral, es decir, en el grado de experiencia democrática que tiene un país,
es principalmente crítico para dar forma al nivel de información de los votantes sobre el funcionamiento exacto de los sistemas electorales y la viabilidad de las candidaturas, por lo que la falta de tal factor produce un obstáculo formidable para el comportamiento estratégico35 (Riera, 2013: 120).
Se ha comprobado empíricamente que en los sistemas electorales mixtos (donde el principio mayoritario predomina), implementados en democracias jóvenes, “la interacción entre la falta de información sobre el funcionamiento exacto de las reglas y la debilidad relativa de los partidos hace que los votantes tengan menos probabilidades de coordinarse y emitir un voto estratégico”36 (Riera, 2013: 135).
No debe perderse de vista el contexto mexicano y en dónde se encuentra situada nuestra democracia, ya que se advierte la presencia de clientelismo, compra y coacción del voto, una débil cultura de la legalidad y cacicazgos locales. Con respecto al clientelismo y la compra y coacción del voto, son “fenómenos cotidianos que se exacerban en tiempos electorales” (Pérez, Márquez, Hernández, González Ulloa, Mora y Hernández, 2018: 7). El clientelismo es un fenómeno mucho más común en nuestro país.
Los estudios más recientes sobre compra y coacción del voto en México demuestran que se trata de un problema cuya dimensión es muy reducida. Pese a la perseverancia de la pobreza en nuestro país, el proceso democratizador ha minado la compra y la coacción del voto, pero no el clientelismo (Pérez et al., 2018: 32).
El voto clientelar en México “equivale entre el año 2000 y 2014, al 14% de los votos totales” (Mercado, 2014: 252-253 y 276, citado en Pérez et al., 2018: 33). Aunado a esto, una de las cuestiones más preocupantes es que el narcotráfico se encuentra relacionado con los procesos electorales, sobre todo en los últimos años, siendo no comprobable “el vínculo que existe entre operadores y candidatos, ya que la informalidad permea este tipo de contratos” (Pérez et al., 2018: 16).
Todo lo anterior, entre otros motivos, es consecuencia de una débil cultura de la legalidad37 en nuestro país, la cual se vincula estrechamente con el “predominio del poder político sobre el poder legal. La población no espera obtener justicia por los medios legales: la justicia y la ley se perciben como materias separadas” (Flores, 2017: 179).
Aunque México cuenta con instituciones formales, muchas veces la informalidad (véase la dinámica de las instituciones informales-formales en Helmke y Levitsky, 2004) permea en el funcionamiento y operación institucionales. Por ello, el estudio de los efectos de los sistemas electorales no sólo puede contener la formalidad de las normas electorales, sino que debe considerarse también la informalidad (factores contextuales) que predominan en la dinámica de la política mexicana.
Con el objetivo de contextualizar cuál es el nivel de conocimiento y comprensión del sistema electoral en las dos entidades estudiadas, se revisaron diversas encuestas y sondeos de opinión realizados a nivel nacional y local en el periodo estudiado. Sin embargo, no se encontraron encuestas o sondeos de opinión a nivel nacional o local que abordaran específicamente preguntas sobre el sistema electoral y sus elementos técnicos.
Entonces, se seleccionaron preguntas que ilustraran una idea sobre el sistema electoral. Así pues, se retomaron los resultados38 de la Encuesta Nacional de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas (ENCUP) de 2001, 2003, 2005, 2008 y 201239 (SEGOB), específicamente los referentes a la Ciudad de México y Jalisco.
De este modo, se seleccionaron ocho de más de 94 preguntas estructuradas sobre diversas temáticas.40 Estas ocho preguntas abarcan la percepción ciudadana sobre si México es una democracia, el interés en la política y lo complicada que ésta puede ser, la confianza hacia las autoridades electorales y los partidos políticos, si se simpatiza con algún partido político o si se milita en alguno, así como cuáles son los Poderes de la Unión y cuánto duran en su encargo las diputaciones federales. Como se puede constatar, no se pregunta directamente sobre el sistema electoral y su entendimiento; no obstante, es posible encontrar relaciones entre estas ocho preguntas con su conocimiento y comprensión.
Al analizar los resultados de estas ocho preguntas, se puede inferir que la ciudadanía en Jalisco es más propensa a considerar que México es una democracia y está más interesada en la política que los habitantes de la Ciudad de México. Al igual que el Distrito Federal (ahora Ciudad de México), un porcentaje importante de la población entrevistada (casi el 50%) percibe que la política es “muy complicada” o “complicada”.
Asimismo, en ambas entidades, la ciudadanía confía más en la autoridad electoral que en los partidos políticos, el nivel de desconfianza hacia los partidos políticos es importante. En Jalisco, la ciudadanía confía más en la autoridad electoral que en la Ciudad de México. Con relación al vínculo entre los partidos políticos y la ciudadanía, más del 89% de las personas encuestadas en ambas entidades no ha formado parte de ninguno. Sin embargo, a partir de 2003, más del 50% de los encuestados en ambas entidades son simpatizantes de algún partido político. Además, en las dos entidades, en general, sólo la mitad de las personas encuestadas conoce el tiempo que duran en el cargo las diputaciones federales y cuáles son los tres Poderes de la Unión.
De manera que la complejidad se presenta cuando se relaciona la concepción mayoritaria de la población entrevistada en ambas entidades: por un lado, que México es una democracia y la confianza ante la autoridad electoral; y por el otro, las respuestas negativas ante lo complicado que es la política y su interés en ella, la percepción hacia los partidos políticos y la poca disposición para participar en alguno de ellos.
Al analizar los resultados,41 se pueden inferir algunas ideas: 1. al menos una mayoría de la población en estas entidades considera que su voto cuenta; 2. confía en la autoridad electoral; 3. pero no en los partidos políticos, ni tampoco quiere formar parte de ellos, aunque sí le simpatizan; 4. al no estar interesada en la política y ser tan complicada, surge el cuestionamiento de ¿por qué no sería entonces complicado el sistema electoral?; 5. si se desconoce que existen tres Poderes de la Unión, entonces ¿cómo se tendría claridad por los cargos de elección que se están votando?; y 6. si ignora cuánto tiempo permanecen en su cargo las diputaciones federales (las cuales duran lo mismo que las locales), ¿qué conocimiento tendrán sobre el funcionamiento del sistema electoral, pensando específicamente en la operación y funcionamiento de sus elementos técnicos?
Ante ello, se recuperan algunos cuestionamientos clave: ¿hasta qué punto el sistema electoral mexicano compensa o complementa la información de las personas votantes sobre el funcionamiento del sistema electoral? y ¿hasta dónde es la coordinación estratégica la que genera y provee información a la ciudadanía en el ejercicio del voto?
En consecuencia, al conectar estos temas, surgen más preguntas que respuestas, pero lo que sí se puede afirmar es que una parte importante de la población encuestada en ambas entidades considera que su voto cuenta y de alguna manera sabe por lo que está votando.
3.1 En el electorado
3.1.1 La votación estratégica
3.1.1.1 Presencia o ausencia de votación estratégica
3.1.1.1.1 Número y magnitud de circunscripción, fórmula electoral y tipo de votación
En este apartado, la votación estratégica será analizada de dos maneras: 1. cómo el electorado distribuye su voto, es decir, cómo se concentra su votación en dos partidos políticos.42 Cox retoma a Palfrey (1989), quien definió dos formas de equilibrios en función de los porcentajes de votos de las candidaturas:
a) los duvergerianos,43 “en los cuales el nivel de voto estratégico es tal, que el apoyo a todos los candidatos, menos a dos de ellos, se ve completamente socavado” (2004: 97), y b) los no duvergerianos,44 “en los cuales dos o más candidatos están tan cerca de empatar para el segundo puesto, que los votantes no pueden decidir a cuál de ellos descartar y, por consiguiente, dejan en el campo a más de dos candidatos significativos” (2004: 97). 2. cómo el elector distribuye su voto entre las distintas elecciones.45
Ahora bien, con respecto a la votación estratégica y los efectos de tres elementos técnicos (número y magnitud de circunscripción, fórmula electoral y tipo de votación) que se observan en estas dos entidades, los mayores casos de distritos electorales con equilibrios duvergerianos en la elección por la gubernatura y diputaciones locales son los de Jalisco. Llama la atención que este fenómeno fue una constante hasta las elecciones de 2009. En el caso del Distrito Federal, predominan los distritos electorales en equilibrio no duvergeriano (excepto 2018, en ambas elecciones46).
Esto significa que el electorado en Jalisco, hasta 2012, tendía a concentrar su votación en dos partidos políticos (Acción Nacional [PAN] y Revolucionario Institucional [PRI]), aunque en promedio por elección compitieran nueve partidos. En Jalisco, a partir de 2012, en ambas elecciones (gubernatura y diputaciones locales) se repara una mayor dispersión del voto hacia terceras fuerzas; esto se explica por el surgimiento de Movimiento Ciudadano (MC) como fuerza electoral en la entidad, consecuencia del surgimiento del liderazgo carismático de Enrique Alfaro, así como por un voto de castigo por la gestión de los gobiernos panistas y las alianzas de Alfaro con el gobernador panista saliente, Emilio González Márquez, y con diversas fuerzas políticas y cúpulas empresariales en la entidad.
El sistema de partidos en la Ciudad de México es de partido predominante (Revolución Democrática [PRD], y después Movimiento de Regeneración Nacional [morena]); sin embargo, cuando se analizan los equilibrios, se aprecia que la preferencia electoral se dispersa en mayor medida entre varios partidos políticos (en promedio, también, participaron por elección nueve partidos). Específicamente en 2009 y 2015 se advierten muchos distritos electorales en no equilibrio; esto se puede explicar por los conflictos en el PRD, producto de la elección interna nacional de 2008, y la dispersión de votos del PRD al Partido del Trabajo (PT), específicamente en la elección por la jefatura delegacional de Iztapalapa en 2009.
Los conflictos y diferencias al interior del PRD serían las causas principales del rompimiento definitivo (sobre todo las elecciones internas nacionales), que desembocarían en la fundación de morena como asociación civil en 2011, la salida de Andrés Manuel López Obrador del PRD en septiembre de 2012 y el registro de morena como partido político nacional en julio de 2014, por lo que los resultados se explican principalmente por lo anterior.47 A diferencia de los casos anteriores, en 2018 la votación se concentró en dos partidos: morena y en la coalición PAN-PRD-MC en la Ciudad de México.
La presencia de voto dividido se observa principalmente de forma vertical entre distintos órdenes de gobierno (entre lo federal y lo local), pero también de forma horizontal (entre elecciones locales: gubernatura y diputaciones locales), aunque en menor medida.
En ambas entidades se ha observado el voto divido vertical, el cual se puede comprobar al comparar los resultados de los partidos políticos más relevantes en las entidades (PAN, PRI, MC Y PRD, en Jalisco; y PRD, MORENA, PAN Y PRI, en Ciudad de México) de las elecciones presidenciales frente a las de la gubernatura/jefatura de gobierno y las diputaciones locales, es decir, en las elecciones simultáneas presidenciales.
Una forma de analizar a nivel local el voto dividido horizontal en sistemas políticos presidenciales, es analizar la relación entre el Ejecutivo local (gubernatura/jefatura de gobierno) y la conformación del Congreso del estado. Como se puede apreciar en los cuadros 2 y 3, en ambas entidades el voto de la ciudadanía tiende a generar gobiernos unificados y no divididos en la primera parte (tres años) de la duración total (seis años) del mandato de las gubernaturas o jefaturas de gobierno, y divididos en la segunda parte (tres años).
Cuadro 2 Gobiernos unificados y divididos a partir de la conformación original del Congreso, Jalisco (1995-2018)
| Gobernador | Periodo Legislativo | Partido gobernante | Escaños partido gobernante | Escaños oposición | Total, Escaños | Tipo de Gobierno | ||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Alberto Cárdenas | 1995-1997 | PAN | 24 | 65% | 13 | 35% | 37 | Unificado |
| 1997-2000 | 20 | 50% | 20 | 50% | 40 | No Dividido | ||
| Francisco Ramírez | 2000-2003 | 21 | 53% | 19 | 47% | 40 | Unificado | |
| 2003-2006 | 17 | 43% | 23 | 57% | 40 | Dividido | ||
| Emilio González | 2006-2009 | 20 | 50% | 20 | 50% | 40 | No dividido | |
| 2009-2012 | 17 | 44% | 22 | 56% | 39 | Dividido | ||
| Aristóteles Sandoval | 2012-2015 | PRI | 17 | 44% | 22 | 56% | 39 | Dividido |
| 2015-2018 | 15 | 38% | 24 | 62% | 39 | Dividido | ||
| Enrique Alfaro | 2018-2021 | MC48 | 14 | 37% | 24 | 63% | 38 | Dividido |
Unificado: El partido político del Poder Ejecutivo tiene la mayoría absoluta en el Congreso.
No dividido: El partido político del Poder Ejecutivo tiene el 50% de los escaños en el Congreso.
Dividido: El partido político del Poder Ejecutivo no tiene la mayoría absoluta en el Congreso (50% + 1).
Nota: PAN, Partido Acción Nacional; PRI, Partido Revolucionario Institucional; MC,48 Movimiento Ciudadano.
Fuente: Elaboración propia con información de 1995, 1997, 2000 y 2003 tomada de Arellano, 2014: 37; y 2006, 2009, 2012, 2015 y 2018 de los Acuerdos (ACU-329/2006; IEPC-ACG-185/09; ACU-241-12; IEPC-ACG-328/2015 y IEPC-ACG-345/2018).
Cuadro 3 Gobierno unificados y divididos a partir de la conformación original del Congreso, Distrito Federal/Ciudad de México (1997-2018)
| Jefe (a) de Gobierno | Periodo Legislativo | Partido gobernante | Escaños partido gobernante | Escaños oposición | Total, Escaños | Tipo de Gobierno | ||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano | 1997-2000 | PRD | 38 | 58% | 28 | 42% | 66 | Unificado |
| Andrés Manuel López Obrador | 2000-2003 | 19 | 29% | 47 | 71% | 66 | Dividido | |
| 2003-2006 | 37 | 56% | 29 | 44% | 66 | Unificado | ||
| Marcelo Ebrard Casaubón | 2006-2009 | 34 | 52% | 32 | 48% | 66 | Unificado | |
| 2009-2012 | 30 | 46% | 36 | 54% | 66 | Dividido | ||
| Miguel Ángel Mancera | 2012-201549 | 32 | 49% | 34 | 51% | 66 | Dividido | |
| 2015-201850 | 19 | 29% | 47 | 71% | 66 | Dividido | ||
| Claudia Sheinbaum | 2018-202151 | Morena | 37 | 58% | 28 | 42% | 66 | Unificado |
Nota: PRD, Partido de la Revolución Democrática; morena, Movimiento Regeneración Nacional.
Fuente: Elaboración propia con información tomada de acuerdo IFE,1997; ACU-265-00; ACU-690-03; ACU-321-06; acu934-09 ; Velasco, 2013: 29; ACU-592-15; SUP-REC-1176/2018 y acumulados. Fuente: Elaboración propia.
Sobre lo anterior, es pertinente realizar una serie de anotaciones sobre la complejidad que implicó presentar estos dos cuadros y que, en muchas ocasiones, pasan desapercibidos. El proceso de reparto de escaños de representación proporcional en varias ocasiones pasa hasta por tres instancias electorales: primero, por los institutos electorales de cada entidad; luego, por los tribunales electorales locales, y finalmente por las resoluciones del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF). Lo anterior complica el proceso de investigación, ya que la información final sobre el reparto no se encuentra centralizada en la página de los institutos electorales locales y la ciudadanía no tiene fácil acceso a esta información.52
En esta segunda revisión de la conformación original de los Congresos, se observa que al menos en siete ocasiones (41%) de 17 elecciones se ha judicializado el reparto final de escaños de representación proporcional, realizado por los Institutos Electorales Locales de los estados estudiados (desde 2014, Organismos Públicos Locales, OPL); tales son los casos de la Ciudad de México en 2000, 2003, 2012 y 2018, y de Jalisco en 2006, 2015 y 2018.
En este sentido, debe considerarse que el sistema electoral, como se ha argumentado en ambos artículos (véase también Cárdenas, 2021), genera efectos, pero existen variables de contexto que pueden cambiar de forma importante la conformación de los Congresos, y una de ellas es el reparto que realizan las distintas autoridades electorales. Con ello, la complejidad recae en el proceso de interpretación de la ley. ¿Cómo se puede definir que el reparto realizado por el instituto electoral, en realidad, es incorrecto y el del Tribunal correcto? ¿Es un problema de jerarquía o de interpretación de la norma? ¿Se está frente a un problema político o jurídico, o ambos? Además, cuando se habla de la conformación original se pensaría que se recuperarían exclusivamente los datos arrojados por esa última instancia, pero ¿qué sucede cuando el primer día de la toma de protesta la diputada o el diputado cambia de partido? ¿Debería ser considerado como parte de la conformación original del Congreso?
Otro tema que resulta complejo e interesante analizar es ¿qué pasa cuando los partidos políticos mayoritarios van en coalición y postulan candidaturas de su partido en otro partido? ¿Cómo deberían contabilizarse como escaños del partido mayoritario o del partido postulante? Entonces, ¿se deberían contabilizar en la conformación original?
Al final, la ausencia de candados o de una legislación específica en el sistema electoral que regule el transfuguismo político también debe ser considerada como una variable relevante para la conformación de los Congresos, porque muchos de estos movimientos (en su interior) dependen de negociaciones y acuerdos políticos previos y forman parte del conocimiento del sistema electoral y de sus reglas (que los partidos políticos y sus actores tienen claro). Ellos generan estrategias jurídicas y políticas para obtener un mayor número de escaños de lo que en muchas ocasiones proporcionalmente no les corresponde; en pocas palabras, son los que modifican la ley electoral.
3.1.1.2 Influencia en la Selección de Candidaturas/Partidos Políticos
3.1.1.2.1 Tipo de votación
Es importante señalar que, a diferencia del número y magnitud de circunscripción y de la fórmula electoral, el tipo de votación tendrá un efecto directo en el elector. En este texto al analizar el tipo de votación se toman en consideración tres aspectos: 1. el procedimiento de votación, es decir, cuántos votos tiene el elector, a quiénes puede distribuirlos y cuándo53 puede distribuirlos, lo que dependerá directamente de si las elecciones federales y locales (simultaneidad) del Poder Ejecutivo y Legislativo (concurrencia) ocurren a la par o no (véase Shugart y Carey, 1992); 2. los métodos por los cuales se puede emitir el voto, específicamente cómo y dónde54 la ciudadanía coloca su voto el día de la elección. En el Cuadro 4 se puede consultar tanto las características del procedimiento como del método de votación en estas dos entidades federativas; y 3. el diseño de la boleta electoral; en otras palabras, los elementos que ésta contiene.
Cuadro 4 Procedimiento y método de votación en sistemas políticos presidenciales: Ciudad de México y Jalisco
| Procedimiento de votación | ||
|---|---|---|
| Concurrente | ||
| Simultánea | Federal | Local |
| Número de votos | Presidencia de la República: un voto. Diputación: un voto simultáneo55 que aglutina dos decisiones, una de MR y otra de RP. RP: lista cerrada y bloqueada (en reverso de boleta electoral de MR). Senaduría: un voto simultáneo que engloba cuatro decisiones: tres senadurías de MR56 y una RP. RP: lista cerrada y bloqueada (en reverso de boleta electoral de MR). | Jefatura de gobierno o gubernatura: un voto. Jefatura delegacional/alcaldes o Presidencia municipal: un voto simultáneo,* dos decisiones: una de MR y una de RP. RP: lista cerrada y bloqueada (en reverso de boleta electoral de MR). Diputación: un voto simultáneo, dos decisiones: una de MR y una de RP. RP: lista cerrada y bloqueada (en reverso de boleta electoral de MR). |
| Total: Seis votos | Tres votos | Tres votos |
| No concurrente | ||
| Simultánea | Federal | Local |
| Número de votos | Diputación: un voto simultáneo que aglutina dos decisiones: una de MR y otra de RP. RP: lista cerrada y bloqueada57 (en reverso de boleta electoral de MR). | Jefatura delegacional/alcaldes o presidencia municipal: un voto simultáneo,* dos decisiones: una de MR y una de RP. RP: lista cerrada y bloqueada (en reverso de boleta electoral de MR). Diputación: un voto simultáneo, dos decisiones: una de MR y una de RP. RP: lista cerrada y bloqueada (en reverso de boleta electoral de MR). |
| Total: Tres votos | Un voto | Dos votos |
| Método de votación | ||
| Una sola boleta, una sola urna | ||
*A partir de las elecciones del 2000, el electorado en el Distrito Federal votaba únicamente por la jefatura delegacional (MR), producto de la reforma de 2016; y a partir de la elección 2018 en el reverso se observan las fórmulas para concejales (MR y RP). En resumen, Jalisco tiene voto simultáneo y la Ciudad de México a partir de 2018. Fuente: Elaboración propia.
Es importante señalar que al analizar sistemas electorales, por lo general, no es común que se considere el cuándo se puede distribuirlos, porque la simultaneidad y concurrencia no son tomados como parte del sistema electoral o de sus elementos técnicos; por el contrario, aquí se plantea considerar el cuándo como una variable de los procedimientos de votación.
Con respecto al diseño de las boletas, éste se refiere al análisis de los elementos que la constituyen, como plantilla (anverso y reverso), orden de los nombres, símbolos (emblemas de los partidos políticos y logotipos), fotografías de las candidaturas y colores. Los Consejos Generales de los Institutos Electorales Locales hasta la reforma de 2014 eran la autoridad para aprobar el diseño del modelo de boleta electoral para las elecciones de gubernatura o jefatura de gobierno, munícipes o jefaturas delegacionales/ alcaldías y diputaciones.
Según las legislaciones electorales locales, las boletas electorales contendrán: la delegación/alcaldía/municipio y el distrito electoral; el cargo para el que se postulan las candidaturas; el color o combinación de colores y el emblema del partido político o coalición (hasta 2008);58 los nombres, apellidos y los sobrenombres (a partir de 2013);59 un talón foliado desprendible; sello (sólo Jalisco) y firmas impresas del presidente y el secretario del Consejo General de los Institutos Electorales.
Llama la atención que, hasta 2014, en la legislación electoral del Distrito Federal se consideró la posibilidad de incluir en la boleta electoral la fotografía con el rostro de las candidaturas (titulares y suplentes). La fotografía en la boleta electoral nunca ocurrió, como se puede constatar al revisar las boletas electorales de 2000 a 2015.60 Con la reforma electoral de 2014, el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) se convirtió en el encargado de definir los modelos de las boletas electorales, documentación electoral, los materiales electorales y, en su caso, los sistemas e instrumentos electrónicos a utilizar en los procesos electorales locales.61
A partir de las elecciones locales de 2015, tanto en Jalisco como en la Ciudad de México, el Consejo General de los OPL fue el encargado de diseñar los modelos de boletas electorales (validados por el INE), y la producción fue financiada por ellos mismos.
A continuación, la comparación se enfoca en las boletas electorales de las distintas elecciones de diputaciones locales en ambas entidades; no es que se pierda de vista las boletas electorales de la gubernatura, sino que en realidad contienen los mismos elementos que el anverso de la boleta electoral de las diputaciones; la única diferencia es que los colores de fondo cambian.

Fuente: IEDF (Acuerdo ACU-044-06).
Imagen 1 Boleta para la elección de diputaciones de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal, 2006

Fuente: IEPCJ (Acuerdo ACU-026/2006).
Imagen 2 Boleta para la elección de diputaciones del Congreso del Estado de Jalisco, 2006

Fuente: IECM (Acuerdo IECM/ACU-CG-020/2018).
Imagen 3 Boleta para la elección de diputaciones del Congreso de la Ciudad de México, 2018

Fuente: IEPCJ (Acuerdo IEPC-ACG-006/2018).
Imagen 4 Boleta para la elección de diputaciones Congreso del Estado de Jalisco, 2018
Al analizar los anversos de las boletas electorales, se observan algunas diferencias entre el anverso y reverso, lo cual muestra la heterogeneidad del federalismo electoral anterior a 2014; en las imágenes 1, 2, 3 y 4 se pueden constatar algunos de estos diseños.62 Vale la pena resaltar ciertas cuestiones específicas:
En Jalisco (2003-2018) aparece el nombre del propietario y suplente; en cambio, en el Distrito Federal, el nombre del suplente apareció hasta la elección de 2009. Asimismo, en la Ciudad de México (2000-2006) y en Jalisco (2003-2006) aparecen los emblemas de las coaliciones y no de los partidos políticos por separado (en ambos casos la última vez fue en las elecciones de 2006).
En el Distrito Federal (2000 y 2003) se observa un recuadro con la leyenda “voto en blanco”; en cambio, en Jalisco se visualiza que los emblemas de los partidos son más pequeños. Cabe señalar que con la reforma 2014, aumenta el tamaño de los emblemas en las boletas electorales de Jalisco y disminuyen los del Distrito Federal.
Ahora bien, con respecto a los reversos (candidaturas por el principio de representación proporcional, lista cerrada y bloqueada) de las boletas, en ambas entidades se advierte que, en Jalisco, la boleta se dividió en dos columnas con un recuadro para las listas de los partidos políticos (2006-2012); en otras palabras, en la columna uno se encuentran los primero 10 lugares de la lista y en la segunda los lugares del 11 al 20. Por su parte, en el Distrito Federal toda la lista se encuentra en una sola columna (2000-2018).
Algunos de estos ejemplos muestran las diferencias que existían entre las distintas boletas electorales en las entidades; asimismo, era común que entre cada elección, se cambiaran los colores de fondo de las boletas electorales.
Como se puede apreciar en los párrafos anteriores, en realidad se realiza una descripción de algunas de las características más visibles de las boletas electorales en las distintas elecciones de ambas entidades; medir sus efectos en el electorado implicaría un ejercicio experimental, por lo que queda pendiente en esta investigación explorar de qué manera y con qué intensidad el votante es afectado.
3.1.2 La participación electoral
3.1.2.1 Aumento o disminución
Como se considera en los factores contextuales, el régimen político, ya sea parlamentario o presidencial, cumple un papel importante al analizar los efectos psicológicos de los sistemas electorales. Se parte de estas dos hipótesis:
en las elecciones concurrentes63 en sistemas políticos presidenciales los niveles de participación electoral aumentan, y aumentan aún más, en concurrentes simultáneas.
por el contrario, en no concurrentes disminuye y se reduce todavía más la participación en no concurrentes no simultáneas.
3.1.2.1.1 Tipo de votación
Como se puede apreciar en las Gráficas 1 y 2, los porcentajes de participación en Jalisco se han mantenido estables; las más altas fueron a finales de la década de los noventa, bajando en la década del 2000, pero para 2012 se visualiza una tendencia al alza y a la baja a partir de 2015. Por el contrario, en Ciudad de México la tendencia parece indicar que va hacia la baja con un ligero repunte a partir de 2015.

Fuente: Elaboración propia con información tomada del IEPCJ e INE.
GRÁFICA 1 Evolución porcentajes de participación ciudadana, Jalisco (1994-2018)

Fuente: Elaboración propia con información tomada del IEDF, IECM e INE.
GRÁFICA 2 Evolución porcentajes de participación ciudadana, Distrito Federal/Ciudad de México (1997-2018)
Otra cuestión notable es que existen diferencias de participación entre cada elección concurrente con la no concurrente inmediata. El efecto de no concurrencia simultánea y no simultánea, no tiene tanto impacto en la participación de Jalisco como sí lo tiene en el Distrito Federal. Para el caso de la Ciudad de México se comprueba esa
percepción generalizada entre los ciudadanos de que es más importante participar en las segundas [elecciones federales] que en las primeras [elecciones locales], lo que es consecuente con la idea de que el orden federal de gobierno es más importante, o debería serlo, que los otros dos niveles, los gobiernos estatal y municipal (Cortés, 2005: 330).
Es cierto que la concurrencia y la simultaneidad generan participaciones electorales más altas, pero también lo es que en Jalisco hubo una alta participación en 1995, siendo una elección no simultánea con la presidencial; y la de 1997, no concurrente y no simultánea. Ambas han sido las elecciones con las participaciones más altas en Jalisco, esto se explica más por el contexto y la coyuntura política de la entidad; no se debe olvidar que en 1995 fue la primera alternancia política por la gubernatura en la entidad del PRI al PAN.
Salta a la vista que en el Distrito Federal, el mayor porcentaje de votación desde 1997, año de la alternancia del PRI al PRD, ocurre en las elecciones concurrentes simultáneas del 2018, y no es la primera vez que la ciudadanía elegía a la jefatura de gobierno. Pareciera entonces que la ciudadanía en la Ciudad de México participa más cuando se presentan las elecciones presidenciales que cuando se definen cargos locales; a diferencia de Jalisco, donde la dinámica local pesa más que la federal.
Hasta 1997, la Ciudad de México se había caracterizado por la predominancia de la política nacional sobre la local; porque al final de cuentas, el Distrito Federal es la sede de los Poderes de la Unión, y ésa fue la dinámica que perduró casi todo el siglo XX hasta finales de los años ochenta, cuando una serie de reformas políticas electorales abonaron al proceso de inclusión y participación de la ciudadanía en la conformación de los cargos públicos locales.
Con base en lo planteado en los apartados anteriores, se puede afirmar que con respecto a los efectos psicológicos en el elector (votación estratégica y participación electoral), el tipo de votación es el elemento técnico del sistema electoral que tiene el efecto más directo y de mayor impacto. Esto se comprende en gran medida por la relevancia que tiene la concurrencia y simultaneidad en las elecciones con sistemas políticos presidenciales.
3.2 En los partidos políticos y actores políticos
3.2.1 La coordinación estratégica
3.2.1.1 Aumento o reducción
3.2.1.1.1 Barreras legales y tipo de votación
En los párrafos subsecuentes se analiza el aumento o disminución de la coordinación estratégica a partir de dos lógicas: la primera, se recuperan los elementos técnicos específicos (las barreras legales y el tipo de votación); y la segunda, recupera al sistema electoral en su conjunto.
Las alianzas electorales explícitas se refieren a las coaliciones electorales y candidaturas comunes.64 Por ello, estas alianzas que se registran ante la autoridad electoral serán entendidas como alianzas legales o formales.
Desde principios de la década de los noventa y principalmente a partir del 2000, en México la práctica de competir electoralmente en alianzas explícitas se ha vuelto común. Se han presentado una gran diversidad65 a nivel federal, pero sobre todo a nivel local, lo que no forzosamente ha respondido a alianzas ideológicas, sino en muchos casos a alianzas pragmáticas.
Las alianzas implícitas, por su parte, son las alianzas políticas informales, las cuales se dan en dos niveles: 1. la élite y 2. el del electorado (Reynoso, 2011: 39). Referente a los partidos políticos y actores políticos, estas alianzas66 nacen a partir de la negociación política y no son registradas ante la autoridad electoral, sino más bien se exhiben durante la competencia electoral y responden a situaciones coyunturales.
Como factor a considerar tanto de las barreras legales primarias67 y las barreras legales secundarias68 son incentivos relevantes para la construcción de alianzas electorales (implícitas y explicitas) entres los distintos partidos políticos y actores. Por ejemplo, en el caso de las barreras legales secundarias, se advierten importantes dificultades para obtener el registro de partidos políticos estatales o locales, ya que para lograrlo en ambas entidades se deben cumplir una gran cantidad de requisitos,69 mismos que a través de las reformas electorales han tenido diversas modificaciones.
Pese a que la dificultad se observa en la obtención del registro como partido político local o estatal, se constata también otro problema: el mantener ese registro; en otros términos, el partido político de nueva creación debe sobrepasar una barrera legal primaria en cada uno de los procesos electorales en los que participa. Vale la pena señalar que, generalmente, el porcentaje mínimo para obtener escaños de representación proporcional es el mismo que el porcentaje mínimo requerido para mantener el registro del partido. Este es el caso del Distrito Federal;70 no obstante, Jalisco rompe con esta lógica.71
De modo que en la Ciudad de México, de 2008 a 2018, doce Agrupaciones 71Políticas Locales (APL)72 buscaron su registro como partido político local, pero sólo a una le fue otorgado: Partido Humanista del Distrito Federal (PHDF), partido político que perdió el registro nacional después de las elecciones de 2015 y a nivel local en las elecciones de 2018. En Jalisco, a partir de la reforma electoral de 1994 se permitió el registro de partidos políticos estatales; en el periodo estudiado tres organizaciones buscaron su registro, una no lo obtuvo73 y dos sí lo lograron (Partido del Pueblo Jalisciense [PPJ] en 1994, y el Partido Mexicano El Barzón [PMB] en 2002), ambas perdieron el registro después de la elección local inmediata, 1995 y 2003, respectivamente.
En consecuencia, se puede constatar que (en más de ocho procesos electorales locales en ambas entidades y en un periodo de estudio de más de 20 años) 15 agrupaciones (12 en la Ciudad de México y tres en Jalisco) buscaron su registro como partido político local, la realidad es que únicamente tres (20%) lograron ese cometido (una en la Ciudad de México y dos en Jalisco) y ninguno de esos partidos locales pudo mantenerlo por más de dos elecciones seguidas.
Otro de los elementos del sistema electoral que tiene efectos en la coordinación estratégica es el tipo de votación, particularmente el procedimiento de votación (mismo que ya se había mencionado en apartados anteriores). Sin embargo, es sustancial señalar que las barreras legales frente al tipo de votación ejercen un peso mayor en la coordinación estratégica; aunque como se verá en párrafos siguientes, el mayor efecto lo tendrá el sistema electoral en su conjunto.
Efectos del sistema electoral en su conjunto
Con el objetivo de abordar las alianzas electorales en las entidades, es importante, en un primer momento, contextualizar la variedad de actores políticos que han tenido injerencia en las preferencias electorales y en la distribución del poder político en la entidad (por cuestión de espacio no se desarrollarán aquí, pero puede consultarse en Cárdenas, 2019: 204-214). En resumen, los actores más relevantes fueron en Jalisco y Ciudad de México: la sociedad civil, grupos de poder -especialmente empresarios-, medios de comunicación, iglesia, los partidos políticos minoritarios y el surgimiento de liderazgos locales (sólo Jalisco), así como las autoridades electorales y el crimen organizado (sólo Jalisco).74
En este contexto, en lo referente a las alianzas estratégicas explícitas, en las entidades federativas los partidos políticos pudieron registrar coaliciones y candidaturas comunes (en Jalisco hasta 2008).
Al tomar en consideración lo anteriormente señalado y lo presentado en el Cuadro 5, donde se enlistan los partidos políticos, las coaliciones electorales y candidaturas comunes que participaron en las elecciones por la gubernatura y las diputaciones locales en estas entidades, se desprende que las alianzas electorales explícitas (coaliciones y candidaturas comunes) comienzan a partir del 2000. Este fenómeno se atribuye más al contexto político que a la legislación electoral, pues a partir de 1997 a nivel federal se presenta el primer gobierno dividido. Dicho de otra forma, el PRI, el partido hegemónico, perdió la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados y Diputadas, y en las entidades federativas del país se presentaron una variedad de alternancias en las gubernaturas y especialmente en estas dos entidades. Sumado a esto, en el 2000 se presentó la primera alternancia en la Presidencia (el PAN le ganó al PRI).
Cuadro 5 Partidos políticos participantes, coaliciones y candidaturas comunes en elecciones locales, Jalisco y Distrito Federal / Ciudad de México (1995/1997-2018)
| Año Elección | Jalisco | Distrito Federal / Ciudad de México | |||||||
|---|---|---|---|---|---|---|---|---|---|
| # PP | Partidos Políticos | Coaliciones | # PP | Partidos Políticos | Coaliciones | ||||
| 1995 | 10 | - | - | - | - | ||||
| 1997 | 8 | - | 8 | - | |||||
| 2000 | 11 | - | 11 | En jefatura de Gobierno y en Diputaciones (en todo los distritos electorales) | |||||
| 2003 | 12 |
En Diputaciones (en todos los distritos electorales) Coalición: “Hacia un nuevo Jalisco” MC-PMB |
11 |
En Diputaciones:
Candidaturas Comunes |
|||||
| 2006 | 8 |
En Gubernatura (en todos los distritos electorales) “Coalición por el Bien de Todos”, PRD-PT |
8 | En Jefatura de Gobierno y Diputaciones (en todos los distritos electorales) | |||||
| “Coalición Unidos por la Ciudad” PRI-PVEM |
“Coalición por el Bien de Todos”, PRD-PT-MC |
||||||||
| 2009 | 8 |
En Diputaciones Coalición: “Alianza por Jalisco”, PRI-PNA |
8 | En Diputaciones (en 7 distritos) | |||||
| 2012 | 7 |
En Gubernatura (en todos los distritos) y en Diputaciones (en 5 distritos) Coalición: “Compromiso por Jalisco” PRI-PVEM |
7 |
En jefatura de Gobierno (en todos los distritos
electorales)
Coaliciones: |
|||||
| “Compromiso por México”, PRI-PVEM | “Movimiento progresista” PRD-PT-MC |
||||||||
|
En Diputaciones
Candidaturas comunes: | |||||||||
| PRI-PVEM (en 25 distritos) | PRD-PT-MC (en todos los distritos) |
||||||||
| 2015 | 10 |
En Diputaciones Coalición PRI-PVEM (en 19 distritos) 1 candidatura independiente |
10 |
En Diputaciones
Candidaturas comunes: |
|||||
| PRI-PVEM (En todos los distritos) PRD-PT (en 26 distritos) |
PRD-PT-PNA (en 10 distritos) PRD-PNA (en 1 distrito) 4 candidaturas independientes |
||||||||
| 2018 | 9 |
En Gubernatura (en todos los distritos) Coalición “Juntos Haremos Historia” MORENA-PT-PES En Diputaciones Coaliciones: “Por México al Frente” PAN-PRD-MC (en 11 distritos) “Juntos Haremos Historia” MORENA-PT-PES (en 18 distritos) 19 candidaturas independientes |
10 |
En Jefatura de Gobierno (en todos los
distritos)
Coaliciones: |
|||||
|
“Juntos Haremos Historia” MORENA-PT-PES |
“Por la Ciudad de México al Frente”, PAN-PRD-MC |
||||||||
| 1 candidatura independiente | |||||||||
|
En Diputaciones
Coaliciones: | |||||||||
|
“Juntos Haremos Historia” MORENA-PT-PES (en todos los distritos) |
“Por México al Frente” PAN, PRD Y MC (en 32 distritos) Candidatura PRD-MC (en 1 distrito) |
||||||||
| 10 candidaturas independientes | |||||||||
*Pierden el registro. PARM, Partido Auténtico de la Revolución Mexicana; PAS, Partido Alianza Social; PCD, Partido del Centro Democrático; PDM, Partido Demócrata Mexicano; PDS, Partido Demócrata Social; PFC, Partido Fuerza Ciudadana; PFCRN, Partido del Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional; PLM, Partido Liberal Mexicano; PMP, Partido México Posible; PMS: Partido Mexicano Socialista; PPS, Partido Popular Socialista; PSD: Partido Socialdemócrata (Partido Alternativa Socialdemócrata participa por primera vez en las elecciones de 2006, en 2007 cambia su nombre a Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina (PASC) y para las elecciones de 2009 se denominó PSD); y PSN, Partido de la Sociedad Nacionalista
Fuente: Elaboración propia con información tomada de IEPCJ, IEDF, IECM o INE
Esto parece indicar que se generó una percepción de confianza institucional hacia las autoridades electorales y de posibilidades reales de ganar por parte de la oposición. Estratégicamente los partidos políticos se alían electoralmente con otros partidos y actores políticos para ampliar esas posibilidades de triunfo.
Como se puede constatar en el Cuadro 5, durante el periodo estudiado (desde el 2000 en el Distrito Federal y 2003 en Jalisco), un fenómeno común es la gran diversidad de alianzas explícitas en las elecciones de partidos políticos mayoritarios con minoritarios, partidos medianos con los minoritarios y entre los mismos minoritarios; por ejemplo, se aprecia que en la Ciudad de México hubo alianzas de partidos mayoritarios con minoritarios: PRD-PT (2000, 2006, 2009, 2012, 2015 y 2018), PRD-MC (2000, 2006, 2009 y 2012) y PRD-PNA (2015); y entre medianos y minoritarios: PAN-PVEM (2000) y PRIPVEM (2003, 2006, 2012 y 2015).
Mientras que en Jalisco se observan alianzas de partidos mayoritarios con minoritarios: PRI-PNA (2009), PRI-PVEM (2012 y 2015), morena-PT-PES y PAN-PRD-MC (2018), y entre minoritarios: MC-PMB (2003) y PRD-PT (2006).
También debe resaltarse que se advierte una tendencia a replicar las mismas alianzas explícitas a nivel federal en el ámbito local, concretamente en los procesos electorales que coinciden con la elección presidencial (simultáneas). Asimismo, se aprecia que el número de coaliciones totales aumenta cuando las elecciones son concurrentes, esto se entiende porque, por un lado, si se participa en coalición por la gubernatura, se participa también en todos los distritos electorales locales para diputaciones; y por el otro, en sistemas políticos presidenciales, los partidos políticos buscan el arrastre que genera la elección del Ejecutivo federal al local (gubernatura o jefatura de gobierno).
Es fundamental señalar que la coordinación estratégica, las alianzas electorales, explícitas e implícitas, tienden a disminuir el número de competidores; y este descenso, a su vez, tiene un efecto directo en el elector, principalmente en la votación estratégica (presencia o ausencia de ésta).
Conclusiones
En este artículo se analizaron los efectos psicológicos de ambas entidades federativas, se infirió que la comprensión del sistema electoral y su funcionamiento por parte de la ciudadanía en Jalisco y Ciudad de México (1995/1997-2018) no es bueno, ya que sólo la mitad o menos de la población entrevistada tiene conocimiento sobre el tiempo que duran en el cargo las diputaciones federales y cuáles son los tres Poderes de la Unión y no confían en los partidos políticos ni quieren formar parte de ellos.
Si se recupera el modelo de toma de decisiones individuales planteado (Lau y Redlawsk, 2006; Lau, 2003) y que en ambas entidades la mayoría de la población considera que la política es complicada o muy complicada y está poco interesada en la política, es probable que el elector simplifique esa decisión del voto, influyendo en éste algún factor contextual coercitivo o no, y no forzosamente de forma consciente o racional, pero también tendrá influencia el sistema electoral y concretamente algún elemento técnico.
En esa no racionalidad intervienen las emociones. Aytaç y Stokes (2021) afirman que para
entender la participación política, necesitamos menos economía y más psicología. Los politólogos conocen con claridad la influencia que las distorsiones y los sesgos cognitivos ejercen sobre las percepciones y decisiones de los ciudadanos (y de las élites políticas). Somos cada vez más conscientes de que las emociones también influyen sobre nuestras percepciones y acciones políticas (p. 30).
Sin perder de vista lo anterior, es innegable que el sistema electoral es uno de los tantos elementos entre la gran cantidad de información que tiene el elector para la toma de decisión de su voto, pero no por ello su estudio resulta menos significativo. En ambos artículos Cárdenas (2021) y el presente, se advirtió que los efectos, tanto mecánicos como psicológicos, son un fenómeno observable y medible. Sin embargo, sería de gran relevancia un estudio a nivel micro que analice el grado de intensidad en el que el elector es afectado por el sistema electoral, particularmente el tipo de votación, el efecto de la boleta electoral y sus características, así como responder a cómo intervienen en este proceso las emociones.
Es claro que la ciudadanía en ambas entidades vota estratégicamente (equilibrios duvergerianos y voto dividido vertical y horizontal); la cuestión es preguntarse si la ciudadanía vota estratégicamente como consecuencia de la comprensión del sistema electoral y su funcionamiento o en realidad vota en respuesta a la información que obtiene de los partidos políticos y su coordinación estratégica (por ejemplo, el tipo de candidatura y el uso político de encuestas electorales). Asimismo, se observa una tendencia a generar gobiernos unificados y no divididos en la primera parte (tres años) de la duración total (seis años) del mandato de las gubernaturas o jefaturas de gobierno y divididos en la segunda parte (tres años).
En el elector (votación estratégica y participación electoral), el tipo de votación es el elemento técnico del sistema electoral que tiene el efecto más directo y de mayor impacto. La participación del electorado en Jalisco es mucho más constante que la del Distrito Federal, y el impacto de la simultaneidad en las elecciones es mayor en la Ciudad de México.
Las barreras legales secundarias en estos sistemas electorales, por un lado, no incentivan a los actores políticos a crear nuevos partidos políticos locales, sobre todo por la gran cantidad de requisitos para el registro, participación en la contienda electoral y supervivencia de los partidos políticos de nueva creación; por el otro, delimitan la competencia política electoral a los partidos políticos nacionales.
La coordinación estratégica, particularmente las alianzas electorales explícitas e implícitas, tienden a reducir el número de competidores y este descenso a su vez tiene un efecto directo en el electorado, esencialmente en la votación estratégica (presencia o ausencia de ésta).
De este modo, al recuperar lo presentado en el artículo referente a los efectos mecánicos (véase Cárdenas, 2021) y este texto, se observa que existe una mayor influencia de los factores contextuales en los efectos psicológicos (por supuesto, en ellos también influyen los que afectan a los mecánicos), pero sobre todo lo contextual impacta en el nivel de conocimiento y comprensión del sistema electoral y su funcionamiento. Esto se entiende porque en los efectos psicológicos (distales), la cadena causal que conecta las reglas a un resultado es más larga que en el caso de los efectos mecánicos (proximales), generando así que el número de factores contextuales que convergen en los psicológicos sean mayores.
Es relevante preguntarse si las reformas en estos sistemas electorales han propiciado mayor estabilidad y gobernabilidad en las entidades federativas, aunque esto no significa forzosamente que exista mayor legitimidad. La supuesta “mayor estabilidad y gobernabilidad” suele sustentarse en la idea de gobiernos unificados, cuando ésta en realidad debería emanar de un proceso de negociación y construcción de acuerdos políticos.
La legitimidad debe construirse desde la lógica del consenso entre la diversidad de fuerzas políticas, y esto implica la representación de quienes hemos sido históricamente excluidos (las mujeres, las disidencias sexo-genéricas, las personas indígenas, afrodescendientes y discapacitadas, entre otros grupos) porque vivimos en una sociedad heterogénea. Un sistema electoral que arroje efectos hacia la representación política de unos cuantos y tienda a excluir, debe ser seriamente cuestionado.
Es importante decir que tanto en el estudio de los efectos mecánicos y psicológicos, pero sobre todo específicamente en el proceso de recopilación de datos electorales, se presentan distintos retos para los interesados en el tema. Y en realidad no debería ser así, las instituciones públicas tienen la obligación de transparentar y rendir cuentas, no sólo al hacer pública la información, sino también al presentarla de forma clara, completa, y explicativa para la ciudadanía. Conocer los efectos de los sistemas electorales es fundamental para el desarrollo democrático de nuestro país.
No debe olvidarse que los sistemas electorales son la herramienta, el instrumento y la institución que canaliza preferencias en el proceso de representación política en una sociedad. Entonces, el estudio de sus efectos para el posible diseño o rediseño institucional tendrá consecuencias directas en el funcionamiento de la democracia, desde la conformación del sistema de partidos (una representación política más representativa, plural, diversa, justa y equilibrada) hasta la coordinación electoral (la estratégica de los actores políticos y los partidos, y el proceso de toma de decisión del electorado).










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