Introducción
La historia nos había dejado de lado. Hemos sido objeto que iba cambiando de dueño. Nos hicieron con la idea de que pertenecíamos al hogar. Los hombres tomaban las decisiones y nosotras asentíamos sin preguntar, sin hacer ruido. Fuimos consideradas débiles, inferiores en lo espiritual e intelectual.
Les pertenecíamos, así lo dictaba la Iglesia, las tradiciones, la colectividad. Lo nuestro implicaba delicadeza y sentido del arte. Estábamos entre cuatro paredes y no nos pensábamos participando en la esfera de lo público.
Frente a aquella realidad algo debía cuestionar el orden establecido. Algo debía aparecer para dar voz a quienes habían permanecido en silencio, a las invisibles de la historia.
Con el fin de cuestionar, de incomodar, apareció el feminismo. En palabras de Amelia Valcárcel, un hijo no querido de la Ilustración (Varela, 2008: 10). Los indicios del movimiento se dieron durante el siglo XVIII cuando comenzaron a ser cuestionados los privilegios y mientras resonaba “Igualdad, libertad, fraternidad” en las calles de Francia. Las mujeres se comenzaron a preguntar: ¿por qué se encontraban excluidas?, ¿por qué los derechos sólo aplicaban a los varones?
El feminismo es un discurso político que se basa en la justicia. El feminismo es una teoría y práctica política articulada por mujeres que, tras analizar la realidad en la que viven, toman conciencia de las discriminaciones que sufren por la única razón de ser mujeres y deciden organizarse para acabar con ellas, para cambiar la sociedad. [...] el feminismo se articula como filosofía política y, al mismo tiempo, como movimiento social (Varela, 2008: 10).
El feminismo como movimiento social refleja una acción de rebelión contra el orden que ha sido considerado como natural. Como movimiento, busca hacer conciencia en las mujeres, pues su desarrollo como personas se ha visto afectado, ya que ha sido dominado y oprimido por el sistema patriarcal, el cual se refiere al conjunto de normas que organizan lo social, económico, religioso y político, bajo la idea del varón como líder y máxima autoridad, mientras las mujeres se encuentran a sus servicios.
Desde los inicios del movimiento y con el paso de los años, las mujeres iban ganando terrenos en los que antes no habían sido vistas. Su lucha y activismo les otorgó aquello que había sido negado, todo lo que sólo se había pensado para los del sexo masculino. Frente a lo ganado se podría pensar que la violencia en su contra disminuiría, pero ésta siempre encuentra la forma de manifestarse: en lo económico o lo físico, lo simbólico o lo psicológico. La violencia hacia las mujeres continuaba existiendo y se hacía fuerte gracias a un sistema que buscaba silenciar a aquellas que querían ser reconocidas.
Redes sociales: activismo y violencia
Mientras la forma en que se manifestaba la violencia cambiaba, las sociedades también lo hacían y con el paso del tiempo vieron ante ellas la aparición de nuevas formas de interactuar con el mundo gracias a la llegada de Internet.
Más tarde serían las redes sociales las encargadas de hacer posible que la comunicación y el intercambio de información se diera de forma inmediata.
Las redes sociales son concebidas como un sistema organizacional que sugiere descentralización, resistencia, reciprocidad y amplitud. Quienes las utilizan ocupan el mismo lugar en la jerarquía, estableciendo relaciones horizontales y permitiendo el intercambio de información e intereses en común (Bonavitta et al., 2015). De esta forma, todas y todos dentro de las redes sociales son iguales, tienen la misma oportunidad de expresar sus opiniones y dar a conocer sus vivencias.
Con los años, se fueron adoptando las redes sociales como parte de la vida diaria, vertiendo en sus muros sus pensamientos y la manera en que veían el mundo. Todo aquel que contaba con un perfil en alguna de ellas, ya formaba parte de la comunidad y de lo que circulaba. Asimismo, su cuenta le daba el pase para ser parte del debate compartiendo cualquier opinión. Las redes habían pasado a ser espacios donde decir y hacer cualquier cosa era posible.
Esa libertad daría paso a que las redes se convirtieran en sitios que daban la oportunidad de ejercer violencia en contra de cualquiera, pues el diseño de las plataformas permite manifestar discursos de rechazo, de odio o que hagan menos a cualquiera que sea concebido como el otro, desde el anonimato utilizando un nombre y foto de perfil falsos, logrando que los mensajes sean difundidos sin ningún control.
En el caso de la violencia ejercida contra las mujeres a través de redes sociales,
La violencia y los comportamientos abusivos adoptan diversas formas: amenazas directas o indirectas de violencia física o sexual; insultos dirigidos a uno o varios aspectos de la identidad de una mujer [...] acoso selectivo; atentados contra la intimidad [...] y la divulgación de imágenes sexuales o íntimas de una mujer sin su consentimiento. El objetivo de esta violencia y de estos comportamientos abusivos es crear un entorno hostil en Internet para las mujeres con el fin de avergonzarlas, intimidarlas, degradarlas, menospreciarlas y, en última instancia, silenciarlas (Amnistía Internacional).
Frente a esas oportunidades de poner en práctica la libertad de expresión, una gran cantidad de individuos han aprovechado su papel de privilegio y la impunidad de sus acciones en las redes para denigrar mediante una publicación: desde realizar una crítica al aspecto físico de alguna mujer porque no es lo suficientemente femenina, por no cumplir los estereotipos, hasta compartir vídeos y fotos íntimas de la persona, siendo una simple conocida o incluso la pareja, en un grupo de chat compuesto únicamente de varones.
Feminismo del hashtag: Ciberfeminismo
Frente a la nueva forma en que se ejerce la violencia en la era digital, el feminismo debía transformarse para combatir las expresiones que pretendían silenciar una vez más a las mujeres, logrando así la llegada del ciberfeminismo. El objetivo del movimiento se ha centrado en la utilización de las redes sociales para manifestar y dar visibilidad a las problemáticas que padecen las mujeres, lo cual se ha hecho a través del arte, la creación de grupos y mediante denuncias que se vuelven tendencias mundiales. El ciberfeminismo es una respuesta a las manifestaciones del patriarcado en la era moderna.
El término ciberfeminismo fue acuñado por Sadie Plant en 1995, definiendo la idea de que Internet es un lugar idóneo para la lucha política feminista por el carácter flexible con que cuenta. De igual forma se percibe Internet como un lugar en que es posible conseguir la utopía propuesta por el feminismo; es decir, eliminar las características y estereotipos que se han determinado a cada individuo y a cada colectivo (Romero, 2014).
Las mujeres que participan en esta forma de actuar pretenden representarse y definirse mediante internet y las herramientas que otorga. El objetivo ha sido construir redes virtuales que pretendan apoyar a las mujeres cuando lo necesiten y gestionar el accionar político dentro y fuera de la red, buscando configurar cambios y proponer nuevas maneras de llevar las luchas.
Un ejemplo de las redes que se forman, se ve reflejado en la lista ciberfeministaslatam, la cual se articula como una lista de correos electrónicos creada en 2014, y que cuenta con mujeres pertenecientes a colectivas feministas, de derechos humanos, cultura libre, comunicación y activistas o periodistas independientes, quienes provienen o residen en Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, España, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua y Uruguay (Binder, 2019: 218).
El objetivo de la lista es constituirse como una herramienta que haga posible la organización de los grupos en línea y permita compartir un espacio con la confianza como base, logrando de esta manera que todas las mujeres que pertenecen a ella conozcan lo que hacen sus iguales. De igual forma, pretende ser un espacio para analizar las realidades latinoamericanas y abrir paso tanto a la discusión como al aprendizaje.
El feminismo como movimiento social se ha enfrentado a diversos obstáculos; las manifestaciones patriarcales en las redes sociales han sido uno de ellos. Los movimientos y las luchas se deben transformar de acuerdo con las nuevas formas en que se dé la violencia. Partiendo de esto, realizar un estudio y reflexión de la manera en que se lleva a cabo el ciberfeminismo, es de gran importancia en un tiempo en que las redes sociales van ocupando un espacio aún más importante para la conformación de las luchas. Asimismo, es importante analizar la manera en que este activismo podría impactar en la agenda fuera de la red.
Si la violencia iba tomando mayor fuerza, las mujeres debían hacer lo propio y acabar con las nuevas maneras de manifestación del patriarcado. Teniendo este objetivo en mente, el ciberfeminismo comenzó a adoptarse como parte de la lucha. Pensando en el papel que juegan las redes sociales y su impacto en los cambios sociales, ¿cuál ha sido el lugar que ha adoptado el ciberfeminismo contemporáneo y qué retos enfrenta al ser un movimiento social en la red?
Redes sociales: publicaciones hacia el cambio
Al momento en que las sociedades adoptaron las redes sociales, éstas comenzaron a formar parte de la vida de millones de personas y con el tiempo se convirtieron en espacios que daban la posibilidad de hacer algo más que pasar el rato: empezaron a ser empleadas para la manifestación, para la creación de conexiones que hicieran posible el llevar los debates y movimientos fuera de la pantalla, tratando problemáticas que varios individuos padecían de igual forma.
Los movimientos siempre adoptan la forma de red; de red en Internet y en las plataformas móviles de comunicación. [...] Son movimientos estructurados de forma flexible y cambiante en redes multimodales; suelen nacer en Internet, pero de inmediato tratan de hacerse visibles en el espacio urbano. Son locales, porque se manifiestan en espacios específicos, pero también son globales pues se conectan mediante Internet a los otros movimientos en el mundo. [...] Son movimientos virales que se originan a partir de la difusión rapidísima de un mensaje (Castells, 2014).
La entrada del ciberfeminismo pretendía la inclusión de las mujeres y su movimiento en un espacio que había sido concebido como masculino, puesto que el papel femenino había sido dejado en un lugar secundario en la producción y reproducción de las tecnologías. Se habían planteado cambiar la realidad no sólo dentro de las redes, sino también fuera de ellas.
El ciberfeminismo aparecía como una lucha híbrida de reflexión y trabajo con las tecnologías y las mujeres, dejando de lado la visión que se había tenido de que las redes eran estructuras patriarcales que buscaban la dominación y control femenino. Las teóricas del feminismo comenzaron a trabajar en cambios a la estructura mediante la unión de tecnología y género, buscando la creación de contenido político que lograra un mayor impacto. El uso de la tecnología era una manera de buscar una sociedad igualitaria donde su empleo implicaba un paso para la liberación femenina.
El movimiento de las mujeres en la red ha tenido como principal objetivo el dar voz a través de la herramienta que había servido antes para dar a conocer experiencias, opiniones y denuncias: la escritura (Bonavitta et al., 2015). Mediante ésta, la lucha se ha llevado a través de posts en que las mujeres dan a conocer la forma en que la violencia patriarcal ha impactado a lo largo de sus vidas, siendo estas historias compartidas gracias a las facilidades que las redes otorgan con el rompimiento de las barreras espaciales.
Un ejemplo de estas acciones en la red se encuentra en el movimiento #MeToo, en el cual las mujeres de todo el mundo dieron a conocer la violencia psicológica y sexual que habían sufrido por parte de hombres. El movimiento se originó en MySpace y para 2017 adquirió reconocimiento gracias a un reportaje publicado por The New York Times. Ante ello, Alyssa Milano compartió en Twitter la sugerencia de escribir Me too si se había sido acosada o violentada sexualmente; en pocas horas, el hashtag obtuvo casi 14 millones de tweets (Animal Político).
En este mismo sentido, en redes sociales como Twitter se realizan publicaciones en las cuales las mujeres interactúan si han sufrido algún tipo de violencia. De igual manera se crean redes de comunicación a través de las colectivas, donde se otorga asesoría a quienes busquen proceder de manera legal ante sus agresores o se encuentren en situación de riesgo y desconocen la mejor manera de actuar.
El movimiento ha hecho posible que a través de las redes, las mujeres y colectivos feministas cuenten con un espacio para dar a conocer las diferentes facciones que han aparecido para formar el movimiento, abriendo el debate y defendiendo sus ideas de lo que implica ser mujer. Así, las diversas ideas feministas han llegado a distintas latitudes impactando a millones de mujeres en diferentes condiciones y de diversas edades, logrando que cada una se posicione en torno a las corrientes existentes.
El ciberfeminismo busca generar el conocimiento y los medios para compartir las problemáticas que afectan la vida de las mujeres, teniendo como punto principal la violencia de género. El uso de internet permitiría crear relaciones entre todas más allá de lo físico, por lo que sería posible el contacto entre grupos feministas alrededor del mundo, lo que permitiría realizar un intercambio de ideas para la lucha contra la violencia machista.
Las redes sociales han permitido que las luchas eliminen las barreras espaciales, culturales, entre lo público y lo privado, entre los géneros (Reverter Bañón, 2013). El trabajo y la comunicación que han nacido entre las redes feministas permite que sea posible cruzar las fronteras que la organización patriarcal ha creado en gran número de instituciones.
El feminismo apeló por las redes sociales como vía de comunicación, pues permitían difundir sus ideas a sus seguidoras y han dado el poder de influenciar a las sociedades en la búsqueda de un cambio. La utilización de Internet dio paso a contar con nuevos recursos que tuvieran gran impacto y lograsen tanto difundir como motivar la acción social de las mujeres (La Rosa, 2016).
Retos del ciberfeminismo
Sin embargo, al igual que cualquier movimiento, el ciberfeminismo se enfrenta a problemas y dificultades que parten de la manera en que se ha estructurado, que podrían conducir a una ruptura o a enfrentamientos entre las partes que le conforman. De igual forma, los movimientos se enfrentan a fragmentación, pues buscan dar solución a problemas particulares.
El movimiento feminista en las redes no ha puesto su mirada en otras realidades que no cuentan con acceso a Internet, puesto que resulta difícil conectar el activismo de las redes sociales con aquello que padecen las mujeres fuera de la pantalla, en la vida real. El ciberactivismo no se encuentra al alcance de todas; por tanto, aquellas que sufren discriminación por ser mujeres, negras, latinas, migrantes, pobres, lesbianas, analfabetas, indígenas, etcétera, no son tomadas en cuenta y sus problemáticas no son tratadas en una publicación de Facebook o Twitter. El empoderamiento y debate en las redes no las toma en cuenta, ellas se encuentran vedadas (Castaño, 2015).
Esta realidad del ciberfeminismo, de no tomar en cuenta a todas, procede de la manera en que las tecnologías se encuentran constituidas, pues las redes sociales dictan una manera en la cual se debe ser y comportarse frente a los otros en el mundo virtual, teniendo como consecuencia que tanto el individualismo como la competencia por la mayor aprobación sean de los pilares fundamentales en las redes.
Esta individualización y búsqueda de la aprobación ocasiona que aquellas que integran los feminismos se enfrenten de manera constante, pues en ocasiones en que no se está de acuerdo con una afirmación o se cuestiona lo que se dice en las redes, las diferencias se hacen presentes y la lucha, que es para la liberación de todas las mujeres, se torna en un enfrentamiento entre las mismas.
Por ello,
Pese a que el imaginario colectivo asociado a estas plataformas las presenta como espacios que tienden a la horizontalidad, la transparencia y la conversación colectiva; [...] lo característico de los medios sociales es el énfasis en una noción de lo colectivo desde el perfil individual único, donde lo social se concibe desde lo individual (Castaño, 2015).
La lucha feminista en redes es tratada desde el yo, de tal forma que la manera en la cual se habla de la violencia machista y cómo afecta, es retratada desde una experiencia individual, ocasionando que en muchas ocasiones se diga que de lo que se habla no existe, puesto que “a mi no me ha pasado”. Se tratan las expresiones patriarcales desde una realidad única que pretende convertirse en colectiva.
El pensar desde lo individual y llevar de esta forma la lucha, podría ocasionar que surjan activistas en las redes que desde sus perfiles personales quieran encabezar el movimiento y dictar la manera en la cual éste se lleve a cabo, lo cual tendría una consecuencia poco favorable para la lucha, pues podría llevar a su represión o desaparición.
De igual forma podría ser un colectivo el que busque estar a la cabeza; sin embargo, al conformarse por muchas integrantes podría darse una rotación entre las mujeres, ocasionando que aquella que estuviera al frente del movimiento tuviera una ideología diferente, provocando desacuerdos y confusión respecto a la corriente que se establecería como la que se debe seguir.
Manuel Castells asegura que
Aunque frecuentemente se ha criticado la falta de operatividad de los movimientos, en realidad la ausencia de líderes identificables los ha protegido de la represión más directa, porque es imposible descabezar un movimiento sin cabeza y cuyas redes se reconfiguran según la evolución del movimiento y las reacciones de las burocracias a las que se enfrenta. [...] incluso en aquellos casos en donde surgen líderes semi espontáneamente, éstos se someten regularmente al control y debate del movimiento en asambleas y comités, puesto que de no hacerlo perderían su capacidad de influencia sobre un movimiento que se asume como sujeto colectivo: la red es el sujeto (Castells, 2014).
En este mismo sentido en el que no se consideran todas las formas de vida de las mujeres, tratar el movimiento feminista en redes es una cuestión de privilegio, pues se deja fuera a aquellas que no tienen acceso a la red, a quienes no cuentan con los conocimientos para la utilización de las nuevas tecnologías, a todas las mujeres que no recibieron educación porque no les era permitido y no saben leer o escribir. La vida offline las desconecta de la lucha.
Ahora bien, el fraccionamiento que podría presentar el movimiento proviene del hecho de que las redes han permitido que se abran los espacios para los debates en torno a los diferentes tipos de feminismos existentes, lo que ha tenido como consecuencia que exista un enfrentamiento entre las diferentes posturas, puesto que unas no aceptan la presencia de otras.
De esta forma, las diferentes ramas del feminismo buscan integrar a sus iguales en los debates en la red, buscando que la atención se centre en sus agendas, lo que dificulta que exista una aproximación entre las diversas posturas. Se generan así luchas por estar al frente del activismo, permitiendo que surjan discusiones internas respecto a quién representa el feminismo o a quiénes se defiende.
En este apartado, las cuestiones de género y los estereotipos han jugado un papel muy importante, puesto que por un lado se opta por la visión de que el ser feminista implica no reproducir los estereotipos patriarcales, mientras que del otro se pone en práctica “mi cuerpo, mi decisión”, donde cada una elige la manera en que se sienta mejor, adoptando lo que la represente y caracterice.
En las contiendas se han creado términos que resultan ofensivos para las fracciones a quienes son adjudicados y que han caído en discursos que reproducen concepciones patriarcales de las mujeres. En este sentido, podemos tener como ejemplo el conflicto en potencia entre feministas radicales y colectivos trans:
En la contienda se han creado los términos “cisgénero” y “terf”: el primero hace referencia a las personas no transexuales y el segundo a los grupos feministas que excluyen al colectivo trans (Trans-Exclusionary Radical Feminists). La base de esta problemática es genital; esto es, “natural”, entendido como un aspecto biológico, “pero la historia de la biología me convence de que el conocimiento básico podría reflejar y reproducir el nuevo mundo en la misma medida que ha participado en el mantenimiento del viejo” [...] Esto supone una vuelta al esencialismo biológico que muchos/as consideraban superado, pero que para otros/ as es primordial y marcan exclusiones y violencias que quienes construyen culturalmente o quirúrgicamente su sexo-género si entendemos el sexo-género al completo como constructo cultural en el primero o distinguimos el sexo biológico y médicamente elaborado en el segundo nunca van a vivir: “y si la cultura occidental se ha construido sobre dualismos referenciales” (Salido Machado, 2017).
Esto genera que más allá de mantener una lucha por la liberación de las mujeres y la derrota del sistema patriarcal, la lucha se concentre en definir la agenda correcta y aquella que se debe seguir. Así, las discusiones entre las mujeres podrían convertirse en la reproducción de discursos de odio que podrían culminar en perpetuar pensamientos machistas, ya que en ocasiones las prácticas que se combaten son las mismas que se adoptan en la discusión.
De igual forma, un reto presente en los movimientos que se originan en las redes, es llevar los movimientos fuera de éstas, pues las luchas sociales no pueden reducirse a un espacio detrás de las pantallas de sus activistas, ni desde la comodidad de casa. Si bien la visibilidad de un tweet o de un hashtag tiene un alcance mundial, éstos no pueden sustituir a las concentraciones en las calles y a la aparición de mujeres en portadas de periódicos por apropiarse de los espacios públicos.
Tal como lo menciona Manuel Castells, aunque las movilizaciones suelen comenzar en las redes sociales, se convierten en movimientos al momento en que ocupan el espacio urbano, con la ocupación de plazas o a través de las manifestaciones. Al híbrido que se forma con el ciberespacio y el espacio urbano, le denomina espacio de autonomía, puesto que ésta sólo se garantiza mediante la capacidad de organización en el espacio de libertad de las redes de comunicación. El espacio de autonomía es la nueva forma espacial de los movimientos en red (Castells, 2012: 212-213).
Conclusiones
Las ciberfeministas entienden que el mundo tecnológico es otro espacio más del que han sido relegadas y en el que los roles de género siguen marcando las pautas de comportamiento de quienes se relacionan en él. Lejos ha quedado aquel optimismo del viejo ciberfeminismo en el que la ausencia del cuerpo permitiría a las mujeres construir un entorno superador de la subordinación de los roles de género (Binder, 2019: 226).
El ciberfeminismo ha pasado a ser parte de la lucha de las mujeres, adquiriendo el papel de agente que da voz a través del uso de las redes sociales, las cuales impactan en las sociedades de forma inmediata. Se ha convertido en una herramienta que busca hacer conciencia en todos aquellas y aquellos que acceden a ese espacio en común, buscando crear indignación frente a la realidad que viven millones de mujeres en diversos puntos del planeta.
El movimiento feminista ha encontrado un espacio donde manifestarse y tener gran alcance, donde el visibilizar una denuncia o hacer de conocimiento un acto de violencia ha permitido una organización y el actuar de las mujeres; las teóricas feministas han trabajado en la línea de una producción mutua entre tecnología y género (Reverter Bañón, 2013).
Los retos que enfrenta se encuentran en la lógica de que las redes sociales se han formado como espacios donde todo se puede decir y hacer, donde aquellos que se sitúan tras una pantalla y bajo un nombre anónimo cuentan con la seguridad de que pueden atacar sin recibir una consecuencia fuera de la red, haciendo que estos canales de comunicación se vuelvan espacios de poder y violencia.
Bajo esta lógica, las ciberfeministas se enfrentan a combatir agresiones del día a día de millones de usuarios. Se enfrentan a miles de perfiles cuya única razón de ser y existir es buscar desvirtuar el movimiento feminista, a cientos de cuentas que comparten imágenes íntimas de mujeres y niñas; a grupos de chat donde circulan videos que denigran a las mujeres y las vuelven objetos para el placer masculino.
Otro reto de importancia deriva de que el movimiento se encuentra en la red; y por tanto, aquellas mujeres que no cuentan con acceso a ésta no son tomadas en cuenta al momento de tratar los problemas y demandas que afectan sus vidas, pues el ciberfeminismo se ha enfocado en las problemáticas individuales concibiéndolas como colectivas y perpetuando de esta manera el dejar sin voz ni espacio a aquellas mujeres que se encuentran en las periferias.
Con esto, se deben abrir espacios cuando el movimiento tome las calles, para escuchar las maneras en que se manifiestan las prácticas machistas en la periferia y posteriormente llevar esos testimonios a la red, para que lleguen a todas aquellas que se encuentren conectadas. Así, la realidad de las grandes ciudades no será la única considerada. Las realidades, los espacios y las épocas son cambiantes; la violencia machista y patriarcal va cambiando con ello.
De igual forma, al permitirse a las diferentes fracciones del movimiento poner en las redes cada una de las ideologías, el movimiento se enfrenta a la separación y disputas entre las mujeres que le conforman. Por tanto, el ciberfeminismo debe retomar el punto importante del movimiento, logrando que a través de la información que se comparte en las redes de mujeres, se recuerde cuál es el punto central del feminismo en el que todas las fracciones se unen: la liberación de las mujeres y la eliminación del sistema patriarcal.
Finalmente, se deben tomar acciones concretas para que el movimiento no se quede de forma exclusiva en la red y hacer del activismo un simple retweet o un like. El reto que se debe enfrentar es la manera de organizar el colectivo para ocupar los espacios públicos y así encontrarse tanto con las víctimas de la violencia machista como con las instituciones que han permitido la continuidad de ese sistema.
El ciberactivismo debe convertirse en el sujeto político que las mujeres son, ir más allá de las redes. Ahora el ciberfeminismo debe incluir aquellas mujeres que han sido relegadas de los espacios de lucha. Hablar de las condiciones y realidades en que viven, para hacer conciencia de la manera en que la estructura patriarcal continúa estando presente. El ciberfeminismo se debe integrar por mujeres en redes de lucha.










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