El volumen que aquí reseñamos forma parte de la obra editorial que impulsan las convocatorias de proyectos PAPIME de la DGAPA-UNAM. Y como tal, cumple los propósitos de servir de apoyo a la docencia. En concordancia, este libro será de gran utilidad para las materias y licenciaturas de Ciencias Sociales, pues su objetivo estriba en reflexionar sobre “el quehacer de la investigación en ciencias sociales”, al tiempo que discute sobre los posibles derroteros de las disciplinas académicas que procuran desarrollar esta rama del conocimiento científico. Estamos, pues, ante una obra que gira sin descentrarse en torno al espíritu de las convocatorias PAPIME, demostrándonos su relevancia.
En primer lugar, el volumen en cuestión permitirá a estudiantes en formación representarse un panorama sobre los problemas tradicionales y emergentes que se investigan desde sus disciplinas, así como los métodos específicos que se han desarrollado para tales fines. Especialmente, la primera sección del texto -Ciencia, Ciencias Sociales y tradiciones disciplinarias- se enfoca a la clarificación de cuáles son las especificidades disciplinares, con los capítulos correspondientes a Lorena Margarita Umaña Reyes (Sociología), Gustavo Martínez Valdés (Ciencia Política), Guadalupe Georgina Sosa Hernández (Ciencias de la Comunicación), Tomás Milton Muñoz Bravo (Relaciones Internacionales), Rina Marissa Aguilera Hintelholher (Administración Pública) y Ana Ruth Escoto Castillo (Demografía). Quienes contribuyen a esa tarea no sólo realizan un notable esfuerzo de sistematización, sino además procuran dotar a sus contribuciones de una dimensión didáctica, al introducir sugerencias de aprendizaje a modo de ejercicios para desarrollar en clases.
Cabe añadir que en la primera sección también se abordan discusiones epistemológicas básicas sobre el estatuto científico de las Ciencias Sociales. Así, el capítulo de Teresa Rodríguez de la Vega apunta la necesidad no sólo de conocer los fundamentos de la cientificidad, sino de identificar el deterioro de éstos en el fenómeno de la pseudociencia, problema acuciante para las Ciencias Sociales. Por su parte, Iván Eliab Gómez-Aguilar desde una perspectiva conciliadora, presenta a las Ciencias Sociales como heredera de valores epistémicos cultivados por las ciencias naturales, pero también como elementos detonadores de la complejización de las prácticas asociadas al conocimiento científico. A mayores, al concentrar la discusión en ciertos valores atribuidos al conocimiento científico, el autor contribuye a colocar los problemas metodológicos en su justo lugar, como problemas derivados de una discusión epistemológica que se suele evitar o -metafóricamente- maltratar tanto en las investigaciones concretas como en la enseñanza de la Metodología. Para concluir la sección, el capítulo de Israel Felipe Solorio Sandoval ahonda en el debate que denomina positivistas vs. interpretativistas, el cual a su juicio es una manera de nuclear en dos polos las disímiles posiciones sobre qué constituye el objeto de conocimiento de las Ciencias Sociales, cómo debe ser la aproximación a éste y qué características debe presentar el conocimiento respectivo para considerarse de rango científico.
La segunda Sección del libro, Métodos, Técnicas e Innovación Metodológica, aborda distintas lecciones para la investigación social, derivadas de experiencias concretas de sus autores, que además coinciden en presentar giros innovadores. En particular, estos capítulos resultan un material idóneo para utilizarlo tanto en clases como para orientar el trabajo individual del alumnado, pues los trabajos aquí compilados son especialmente explícitos al ofrecer detalles metodológicos de las investigaciones referidas. Pero cada uno de los escritos contiene además aportaciones singulares que es meritorio resaltar.
En el capítulo de Laura Beatriz Montes de Oca se exponen aplicaciones novedosas del método etnográfico para la investigación social, que toman en cuenta la radical transformación de las sociedades a partir del proceso globalizador, y el consiguiente cambio de los fenómenos tradicionalmente investigados por la antropología. Sin duda, el texto logra no sólo resumir con precisión las características y antecedentes del método etnográfico, sino replantear sus alcances a la hora de utilizarlo para abordar temas en principio no típicamente antropológicos como las trayectorias complejas de los migrantes, las tomas de decisiones al interior de organizaciones o investigaciones sobre cultura política. A continuación, María de Lourdes Ramírez-Flores expone los resultados de una investigación sobre segregación residencial y resultados educativos en la Ciudad de México, la cual destaca por su valoración de los límites de las fuentes estadísticas disponibles en el sector público y la alternativa de utilizar bases de datos generadas por el sector privado, sobre las que habría que señalar las dificultades de acceso. El trabajo de Henio Hoyo Prohuber se centra en la metodología del rastreo de procesos (process-tracing) y su utilidad para el estudio del nacionalismo en México, actualizando a los lectores en aportes metodológicos que han tenido mayor difusión en el mundo anglosajón, pero no tanto en América Latina. Por su parte, el texto de Scott McLean presenta una investigación sobre la recepción de los libros de autoayuda en Norteamérica, donde pone de manifiesto las potencialidades y efectividad de los medios digitales para realizar investigaciones empíricas. El capítulo de José Cárdenas Sánchez insiste en las posibilidades que ofrecen las solicitudes de información pública amparadas por la Ley de Transparencia y Acceso a la Información, como método de recopilación de información relevante para la investigación académica. El último trabajo de la sección, firmado por Alejandro Pastrana Valls, detalla la contribución específica de la matematización al desarrollo de las Ciencias Sociales, mediante un enfoque que funciona como una suerte de guía para una adecuada apreciación de los métodos estadísticos. Trabajos como éste colocan un buen punto de balance, al reconocer que el papel insustituible del análisis estadístico para generar explicaciones teóricas corroboradas empíricamente, pero también la paradoja de que estas explicaciones y los modelos que las formalizan, puedan alcanzar grados tales de complejidad que terminen siendo no sólo difícilmente entendibles sino inclusive poco precisos.
En esencia, se trata de un libro con una clara estructura -algo sumamente difícil en un libro colectivo- que puede resultar interesante tanto para estudiantes en sus etapas formativas iniciales como para quienes realizan investigación social o imparten docencia. Para el primero de estos destinatarios, constituye un apoyo para clarificar los antecedentes y posibilidades actuales de la Licenciatura que cursan; aunque también puede familiarizarles con temas y destrezas de investigación. En este sentido, el texto podría utilizarse con buenos resultados en las asignaturas de los primeros semestres de las Licenciaturas en Ciencias Sociales para contribuir a clarificar el perfil disciplinar de los estudiantes. Debido al carácter especializado de varias de las contribuciones que conforman esta obra colectiva, también guarda utilidad para quienes investigan tales temas, en especial por los resultados que exponen los autores. En cuanto a la docencia, la obra se juzga conveniente para la enseñanza de materias de corte metodológico, como Metodologías de Investigación, Estadísticas, Métodos y Técnicas Socio-antropológicas o los Seminarios de Titulación. Sin lugar a duda, se trata de un libro iluminador por sus contenidos y versátil por sus usos.









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