Lo que vemos no vale -no vive- a nuestros ojos más que por lo que nos mira.
Georges Didi-Huberman, Lo que vemos, lo que nos mira
Con la advertencia anterior de Didi-Huberman sobre la potencia agencial de las imágenes, Anales 127 reúne doce textos que discuten, desde variadas perspectivas, diversas mediaciones entre la experiencia sensible, las representaciones artísticas y el poder. Con enfoques que cruzan el análisis técnico, el archivo sensorial, la circulación transnacional, la performatividad y la ecoestética, el presente conjunto de textos desplaza la obra de objeto a proceso, es decir, a las imágenes que nos miran para reconfigurar nuestras formas de ver y saber.
El texto de Elías Israel Morado Hernández, “Una aproximación al Códice florentino desde la escucha”, ofrece una perspectiva innovadora al tratar el códice de Sahagún no sólo como un monumento visual-textual, sino como una obra moldeada por el sonido. El argumento central del artículo es que el Códice florentino conserva huellas de la memoria auditiva -cánticos, estribillos y recitaciones orales- que desafiaron la transcripción colonial. Morado Hernández muestra cómo las dificultades para capturar el ritmo y el timbre de las canciones en náhuatl dejaron su impronta en la prosa y en las imágenes, y revelan el Códice como un lugar de negociación entre las voces indígenas y los dispositivos de escucha como herramienta heurística. Al ampliar la historia del arte más allá de su enfoque ocular tradicional, el texto se alinea con la historia sensorial, los estudios sobre el sonido y los enfoques descoloniales. La perspectiva de Morado Hernández sitúa la cultura mesoamericana en el marco de debates más amplios sobre la percepción, el performance y la encarnación, reposicionando el Códice como un artefacto heterosemiótico.
El segundo artículo, de Zoltán Paulinyi, “Ruler and Palace in Teotihuacán: An Iconographic Analysis”, reabre el debate sobre la autoridad y el espacio político en el arte teotihuacano al ampliar su teoría anterior sobre el papel de los Señores del Gran Tocado con Borlas. En este texto, Paulinyi consolida su hipótesis sobre la identificación de esas figuras como gobernantes (frente a la antigua comprensión como “líderes militares”), destacando su asociación con glifos nominales y describiendo su amplia distribución geográfica (más allá de Teotihuacán, hasta la zona maya). Pero más allá de defender la función política de estas figuras, la propuesta del autor es relacionarlas con un lugar concreto, a saber, un nodo arquitectónico -un complejo piramidal triádico, probablemente la Plaza de las Columnas- en el que se vincularía la autoridad política con un espacio monumental militarizado. El texto, que reevalúa de manera crítica un siglo de bibliografía (de Clara Millon a Sugiyama y Stuart), ubica el poder político en la intersección entre imagen y espacio, y ofrece a los especialistas un marco para reconsiderar la organización política teotihuacana.
También el texto siguiente, de Fernando Camacho, “Diseño e interpretación simbólico-mitológica de un metate de panel colgante”, ofrece un sólido argumento para entender la escultura precolombina en piedra no sólo como objetos funcionales o rituales, sino como portadores de complejas narrativas simbólicas. Al vincular el diseño, la iconografía y la estructura morfoproporcional del metate con el mito talamanqueño de uLùpú (el águila que come gente), Camacho demuestra cómo estos artefactos podrían haber funcionado como dispositivos didácticos que codificaban conocimientos cosmológicos y normas culturales. Su método interdisciplinario, que combina arqueología, etnografía, tradición oral y análisis de diseño, revela el artefacto como objeto material y narrativo, así como una materialización de la memoria colectiva y la regulación social. El valor del artículo radica en situar el diseño precolombino costarricense dentro de debates metodológicos más amplios en la historia del arte. Se alinea con las tendencias actuales que ponen en primer plano la cultura material, las epistemologías artísticas y la interpretación narrativa, cuestiones que también considera el cuarto artículo, pero proyectadas sobre las obras coloniales. Así, el texto “Cristóbal de Villalpando y Baltasar de Echave Rioja: relaciones técnicas y pictóricas entre dos talleres contemporáneos”, de Elsa Arroyo Lemus, ejemplifica los enfoques actuales de la historia del arte que integran el análisis técnico con la interpretación cultural. Por medio del estudio comparativo de dos versiones de El Lavatorio, la investigación demuestra cómo las prácticas del taller, la elección de materiales y las estrategias compositivas iluminan no sólo la influencia artística, sino también la negociación de modelos y la aparición de lenguajes pictóricos distintivos. Al poner en primer plano la materialidad -soportes, pigmentos, capas preparatorias y las pruebas reveladas mediante radiografía e imágenes multiespectrales-, el artículo participa en el campo en expansión de la historia técnica del arte, que tiende un puente entre la ciencia de la conservación y la investigación histórica. Arroyo no sólo ofrece un modelo de investigación interdisciplinaria, sino que coloca la pintura novohispana en el debate global sobre el conocimiento artesanal y la agencia de los materiales.
El estudio “José Rodríguez Carnero: intenciones y conformaciones en la pintura poblana de finales del siglo xvii y principios del xviii”, de Alejandro Julián Andrade Campos, reposiciona al pintor como una figura decisiva en la consolidación de la tradición pictórica de Puebla. Andrade Campos sostiene que el traslado de Carnero de la capital a Puebla no sólo le permitió conseguir importantes encargos, entre ellos La institución del Rosario en la capilla del mismo nombre, sino fundar un gremio y ejercer de mentor de una generación más joven de artistas. Lejos de un maestro marginal, Carnero fue un líder institucional cuyas obras y redes forjaron el lenguaje estilístico que definió la pintura poblana del siglo xviii. Al situar a Carnero como pintor y organizador, el autor amplía los debates sobre agencia artística, estructuras gremiales y escuelas regionales promovidos por Rogelio Ruiz Gomar y Paula Mues. Este texto subraya cómo los pintores de Puebla negociaron los modelos europeos y las tradiciones locales, y ofrece una reevaluación de una figura fundamental, pero poco considerada.
De la autoría de Natalia Majluf, el siguiente artículo, “Desborde y contención: imágenes y modernización en Lima, 1861-1865”, hace una reconstrucción crítica del auge de la fotografía en Lima entre 1861 y 1865. Majluf utiliza la figura de Eugène Maunoury para rastrear la fuerza disruptiva de la circulación fotográfica temprana. Su argumento central enfatiza el rápido paso del retrato privado a la fotografía pública, así como la consecuente emergencia de tensiones en torno a la sexualidad, la raza y la clase. Mediante el análisis de imágenes escenificadas de tapadas, tipos populares y vistas urbanas, Majluf demuestra cómo la fotografía registró la modernización y expuso sus contradicciones, captando la fragilidad del orden burgués. La autora también destaca cómo la prensa, la caricatura y los proyectos editoriales como Lima, de Manuel Atanasio Fuentes, trataron de contener el desbordamiento visual mediante narrativas controladas de la modernidad nacional. Al integrar la microhistoria con los estudios fotográficos globales, Majluf propone enfoques que cuestionan las narrativas eurocéntricas y destaca los intereses sociales de las tecnologías visuales. Su ensayo resuena fuertemente con el interés actual de la historia del arte contemporáneo por la circulación, la intermedialidad y las perspectivas descoloniales, y ofrece un modelo de cómo las historias fotográficas locales contribuyen a los marcos teóricos globales.
El siguiente artículo, de Gabriel Macías Osorno, “La música no viaja sola: improntas del flamenco y del exilio español republicano en la cinematografía mexicana de la Época de oro”, nos lleva de la fotografía al cine. El texto replantea la historia del exilio español en México al poner en primer plano a los artistas flamencos y analizar sus alcances en el cine de la década de los años cuarenta. El autor sostiene que más de veinte películas de esa década integraron el flamenco, no como un entretenimiento neutral, sino como una práctica de negociación -y perturbación- del proyecto nacionalista del cine mexicano. Aunque a menudo filtrado por códigos folclóricos o estereotipados, el flamenco incluía desplazamientos y gestos paródicos que revelaban las tensiones culturales del exilio. Al desafiar la visión canónica del exilio como una cuestión principalmente intelectual, el artículo sitúa la música como un agente central en la construcción de la identidad y la representación. Para la historia del arte y la teoría cultural, este estudio demuestra cómo las prácticas artísticas pueden remodelar las sociedades de acogida y enriquecer los debates sobre nacionalismo.
También sobre la representación, pero en su caso teatral, el artículo “Encuentros entre culturas: los yanomami, teatro, representación y cotidianidad en tres documentales de Manuel de Pedro”, de Ricardo Azuaga, plantea una crítica convincente del intercambio entre culturas. Por medio de un análisis detallado de tres filmes de Manuel de Pedro (Trampas, El extranjero que danza e Iniciación de un chamán. El camino de los espíritus), el artículo contrasta el teatro occidental, entendido como ficción y ruptura, y el teatro yanomami, vivido como continuidad y práctica cosmológica. Azuaga muestra cómo el ritual, la representación y la vida cotidiana se fusionan en la práctica indígena, desafiando la universalidad de la representación como duplicación o espectáculo. De igual importancia es su argumento de que el cine funciona como una “doble representación”: no sólo documenta, sino que también replantea los encuentros interculturales mediante el montaje, el collage y la yuxtaposición. Si bien el texto no se concentra en discutir las implicaciones políticas de la mediación etnográfica del cine, el estudio sí demuestra cómo éste puede actuar como un medio crítico y ampliar, al mismo tiempo, el alcance de la historia del arte hacia las prácticas interculturales y la teoría de los medios de comunicación.
De Ludmila Hlebovich, el artículo “Montar imágenes: un ejercicio del teatro-danza de Pina Bausch” examina el montaje y la fragmentación como estrategias centrales en el teatro-danza de la conocida bailarina y coreógrafa alemana, con especial atención a la obra 1980 - Ein Stück von Pina Bausch. El artículo sostiene que la yuxtaposición de imágenes simultáneas y desarticuladas que realiza Bausch en esa coreografía refleja la sobreestimulación de la vida moderna y altera la percepción convencional. Con base en la noción de imagen dialéctica de Walter Benjamin, Hlebovich muestra cómo estos fragmentos crean momentos de visibilidad crítica, resistiéndose al cierre narrativo y generando, en cambio, reflexión. Este enfoque sitúa la práctica de Bausch como un experimento estético y una postura política, en resonancia con las tradiciones gestuales brechtianas y las teorías de la interrupción. La contribución del texto radica en tender un puente intermedial entre la filosofía, los estudios de danza y la teoría del arte. “In memoriam Hansjörg Küster”, de Peter Krieger, retrata al geobotánico alemán como un intelectual excepcional que tendió puentes entre las ciencias y las humanidades. Los estudios de Küster sobre los paisajes de la Europa central -desde los Alpes y el Elba, hasta los parques de la Ilustración alemana- combinaban la precisión ecológica con la reflexión cultural y estética. En el centro de su pensamiento se encontraba la convicción de que los paisajes son sistemas dinámicos que se resisten a las clasificaciones fijas. Desmontó oposiciones como la naturaleza “auténtica” frente a la “alterada”, o las especies “carismáticas” frente a las “no carismáticas” (según la propuesta de George Monbiot), y las expuso como proyecciones culturales más que como verdades ecológicas. El obituario destaca el legado perdurable de Küster para la ecoestética y los estudios sobre el paisaje. Krieger subraya la crítica de Küster al uso ideológico de términos como sostenibilidad o restauración, lo que vuelve fundamental su trabajo para los debates contemporáneos sobre el Antropoceno. Como autoridad científica y pensador cultural, Küster sigue siendo un modelo para el diálogo interdisciplinario, cuyas ideas continúan inspirando la investigación ecológica y estética.
Culminan nuestro número 127 dos reseñas sobre los libros Caracoles, moscas, cabras y otras arquitecturas animales, de José Joaquín Parra Bañón, y Lujos de comodidad, de Carmen Abad Zardoya. Por la pluma de José Gabriel García Caballero, la primera reseña subraya la tesis central del libro analizado: que la arquitectura puede reimaginarse por medio de metáforas animales que cuestionan la materia, la forma y la percepción. Dividido en “caracoles”, “moscas” y “cabras”, el libro de Parra vincula espirales orgánicas, perturbaciones atmosféricas y formas saltarinas con un amplio atlas cultural que abarca grabados renacentistas, iglesias barrocas y arte moderno. García Caballero sitúa este imaginativo bestiario dentro de una línea teórica que va desde Warburg hasta Didi-Huberman, mostrando el análisis histórico como un campo dinámico que relaciona la materialidad, la encarnación y el poder simbólico de las imágenes. Por su parte, la segunda reseña, escrita por Sonia Irene Ocaña Ruiz, destaca la originalidad de Lujos de comodidad, de Carmen Abad Zardoya, un estudio que amplía la historiografía de la España del siglo xviii al centrarse en los interiores domésticos mediante fuentes notariales. Abad organiza su libro en torno a tres ejes temáticos -el lujo, la comodidad y la luz- y muestra cómo los cambios en las ideas sobre la cultura material transformaron la vida cotidiana. La reseña de Ocaña Ruiz subraya la importancia de la segunda parte del libro, un monumental glosario de 908 términos que documenta el lenguaje de los objetos. La reseñista señala su relevancia no sólo para la historia doméstica española, sino también para los estudiosos de la Nueva España, ya que los paralelismos y divergencias en el vocabulario enriquecen los estudios comparativos. Al vincular los hallazgos de Abad con el trabajo pionero de Gustavo Curiel, la reseña sitúa Lujos de comodidad como un punto de referencia para futuras investigaciones sobre la cultura material, el consumo y el espacio doméstico en todo el mundo hispánico.
En conjunto, los doce textos de Anales 127 confirman un giro metodológico que concibe la obra como un proceso de mediación entre la experiencia sensible, los regímenes de representación y las tramas de poder. De la arqueología y la técnica pictórica, pasando por la microhistoria fotográfica, el exilio sonoro y el montaje escénico, hasta la ecoestética, el volumen demuestra que ver implica siempre ser mirados por imágenes que interpelan, organizan y desorganizan la experiencia. Al articular estudios de caso situados con marcos críticos transnacionales -materialidad, circulación, intermedialidad y enfoques (pos) descoloniales-, este número propone un programa crítico abierto: entender las representaciones como agentes que producen un conocimiento histórico y social situado, conocimiento que -sobre todo- nos llega por la vía de la materia y la sensibilidad.










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