A la memoria de mi queridísimo amigo y maestro Don Carlos F. Duarte (1939-2024), el gran historiador del arte de Venezuela, quien ahora descansa en un cielo iluminado por esos dorados que tanto disfrutó en vida.
Hace algunos años salió a la luz una pieza inédita, propiedad de un coleccionista privado. Con el paso del tiempo, y dada su gran importancia, decidí documentarla debido a su inmenso valor tanto artístico como histórico. La obra en cuestión es un coco chocolatero, un objeto altamente apreciado en la sociedad aristocrática de las provincias hispanas en América desde el siglo XVI, y que encarnaba la fusión de las tradiciones locales aztecas e hispanas.1 El presente ejemplo es, como veremos, de origen novohispano, creado con una nuez de morro tallada y monturas en plata en su color.
Sin embargo, lo que la convierte en una pieza de gran valor para la historia de México, España y Gran Bretaña es su conexión con la Batalla de Vigo, también llamada Batalla de Rande. Esto puede verse en una inscripción conmemorativa cincelada en inglés sobre el aro de plata que rodea la nuez del coco, que sirve de boquilla, y que reza “From Vigo in Spain y y 12 Octo. er . 1702” (fig. 1) seguido por “Given by C.H. to W.H.H.” (lit. “De Vigo en España año 12 de octubre de 1702” y “Dada [regalada] por C.H. a W.H.H.” [fig. 2]). Este interesante texto la convierte en la copa con fecha más antigua de su tipo.2
Ambos datos de la inscripción, la fecha y el lugar, corresponden a las vísperas de la Batalla de Vigo, en la cual una flota angloneerlandesa interceptó lo que la Gaceta de Madrid llamó “la carga de plata más grande jamás registrada” procedente de las Indias Occidentales,3 y que había embarcado desde el puerto de Veracruz en el virreinato de la Nueva España.4 La riqueza de la carga fue tal, que incluso Julio Verne la mencionó en su libro en el que narraba cómo el Capitán Nemo financió su barco Nautilus con los tesoros recuperados de los barcos hundidos de tal escuadrón.5 Por tanto, la pieza es un ejemplar referencial para este tipo de cocos chocolateros y, en general, para la platería y artesanía que se hacía en la Nueva España en la época. Además, como exploraremos más adelante, el coco también es testimonio de los diversos regalos, transacciones y movimientos de bienes que tuvieron lugar tras el ataque a la flota española.

3 Parte inferior del pie polilobulado (6.5 cm ∅) del Coco de Vigo, ca. 1650-1700, con restos de dorado. Foto del autor.
El Coco de Vigo
El Coco de Vigo es una pieza notable, en parte debido a la abundante cantidad de plata de alta pureza empleada en su elaboración, lo cual es evidente en su deslumbrante brillo y fácil pulido. De hecho, bajo inspección en una cámara de luz, se descubrieron restos de dorado sobre partes de la superficie de la plata, lo que confirma que, en un principio, la plata estaba dorada (fig. 3). No cabe duda de que este dorado se ha perdido en su mayoría a lo largo de los siglos debido a su limpieza.
Otro detalle a destacar es el grueso de las piezas caladas, en particular las planchuelas (fig. 4), que sobrepasan 2.5 milímetros de grosor, y que son más gruesas que sus homólogos venezolanos.6 Estas asas y planchuelas son destacables, labradas en plata con la forma de dos águilas bicéfalas, símbolo de la familia real de los Habsburgo en España, aunque también se utilizaban en otros contextos, como en ámbitos eclesiásticos y locales.
La pieza entera mide 13.5 cm de alto, con tapa, y 10.7 cm, sin tapa. La nuez del coco es oscura, llamada “de morro” y está hábilmente labrada con motivos geométricos y pulimentada. Puesto que la pieza está datada a más tardar en 1702, y basándose en la pureza de la plata y su programa estilizado, es muy posible que el coco tenga una fecha entre 1650 y 1680, si no anterior. La pieza es un testimonio de la destreza artística que alcanzaron los plateros de los virreinatos.

4 Vista lateral del Coco de Vigo, ca. 1650-1700, con asa en forma de águila bicéfala. Foto del autor.
La producción de este coco chocolatero se puede atribuir con confianza a la actual zona de México y Guatemala, aunque presenta similitudes con los de Venezuela,7 como la ubicación del aro de plata que toca los labios, y la base polilobulada, que evidencian y sugieren un estrecho contacto comercial y artístico entre los virreinatos de la Nueva España y la Provincia de Venezuela en la época. Otra característica notable es la presencia de una tapa, que a menudo se encontraba en los cocos del virreinato de la Nueva España, como lo mencionan varias listas de mercancías (fig. 5).8 La tapa de forma cóncava está coronada por un ave, y, ligeramente repujada, formando motivos florales separados en cuatro compartimentos. Los motivos recuerdan a algunos ejemplos de platería mexicana del siglo XVIII, documentados por Anderson y Pérez Morera.9 La tapa está rodeada por 16 pétalos labrados de tamaños variables, aunque se observa la ausencia de un trozo en uno de ellos.
Aunque es una hipótesis, es plausible que esta pieza haya sido concebida con fines de exportación. La ausencia de marcas del platero, que suele ser común en este tipo de objetos (a comparar con otro coco chocolatero guatemalteco en la misma colección privada con corona de marca, fig. 6), y el hecho de que nunca haya pasado por la administración española, como se discutirá más adelante, explican la ausencia de las típicas marcas aduaneras. Estas características, junto con la fecha y la ubicación en Vigo, sugieren que es muy probable que esta taza estuviera destinada a ser exportada a España.

6 Coco chocolatero, nuez de coco montada en plata, Reino de Guatemala. ca. 1750. Colección privada. Foto del autor.
El cáliz del Coco de Vigo está sujeto a la nuez de coco por cuatro sépalos en forma de trébol trilobulados. El diseño recuerda a un coco pintado por Antonio Pérez de Aguilar a mediados del siglo XVIII, que contiene un coco de fisonomía similar (fig. 7). Las labores de platería están todas fijadas al cuerpo del recipiente mediante remaches de plata. Es notable el cuello que une el cáliz con el pie que contiene una moldura escalonada. En un principio, se podría pensar que tal pieza es el resultado de una reparación posterior. Sin embargo, otro coco chocolatero novohispano en la misma colección privada exhibe idéntica característica (fig. 8), lo cual revela que en principio una serie de talleres elaboró piezas que incluían tal detalle.
El coco y la Batalla de la Bahía de Vigo
Como evidencia la inscripción en el aro de plata, el Coco de Vigo es testigo de uno de los sucesos navales más significativos de la historia náutica (fig.9). Este hecho fue el resultado del enfrentamiento entre las dos facciones más poderosas de Europa en su época: una coalición angloneerlandesa y otra hispanofrancesa. Esta batalla se libró en los primeros años de la Guerra de Sucesión Española (1701-1715), cerca del puerto de Vigo. Tras el fallecimiento del rey Carlos II de España en 1700, varias potencias europeas lucharon por el control del vasto Imperio Español en 1701. Las tensiones y el malestar asociados a la guerra detuvieron el comercio de la Carrera de Indias, un riguroso sistema de convoyes comerciales reglamentado por la Corona española, y que transportaba entre América y España una serie de tesoros, en su mayoría plata, aunque también incluía productos de consumo como el cacao y el tabaco.10

7 Una alacena con un coco chocolatero, similar al Coco de Vigo. Antonio Pérez de Aguilar, Alacena (ca. 1769), detalle. Museo Nacional de Arte, México. Reproducción autorizada por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, 2024.

9 Anónimo, Episodio de la Guerra de Sucesión Española: Batalla naval de la Bahía de Vigo, octubre de 1702, ca. 1705, óleo sobre tela (sk-a-1947). Rijksmuseum. CO1.0.
Esta pausa causó la acumulación de plata y valiosas mercancías en el puerto de Veracruz por varios años, antes de ser enviados a España. Sin embargo, el esfuerzo bélico y las campañas militares requerían un largo financiamiento para los españoles que apoyaban al candidato francés, Felipe V, por lo que en 1702 se decidió enviar una gran flota desde Veracruz, que pasaba por La Habana, hacia Sevilla, donde estaba la administración de Indias, o como también se la conoce, la Casa de Contratación.
No obstante, la flota hispanofrancesa, compuesta de cincuenta y seis barcos, recibió noticias de una escudería angloneerlandesa que bloqueaba el acceso a Cádiz en el Cabo de San Vicente liderada por el almirante británico Sir George Rooke. Por este motivo, se tomó la decisión de desviar el tesoro a Vigo. Sin embargo, Rooke recibió de manera simultánea información de que la flota de la Carrera de Indias estaba en camino a Vigo, cargada con la mayor cantidad de plata jamás registrada. Rooke no dudó en ir tras su búsqueda.11 Así, en octubre de 1702, la flotilla hispanofrancesa fue interceptada y atacada a su llegada al puerto, lo que marcó la susodicha fecha del Coco de Vigo.
La inscripción en el aro de plata en inglés menciona dos nombres en iniciales, lo que revela que el coco chocolatero fue botín que cayó en manos británicas. Para entender cómo tal pieza terminó en posesión de ellos, es necesario ahondar en los sucesos y maniobras que tuvieron lugar el 12 de octubre de 1702. En esta fecha, la flota española ya llevaba un par de semanas anclada en el puerto de Vigo, pero hubo un retraso considerable en la descarga de todo el material, debido a que el aparato administrativo debía ser trasladado desde Sevilla. Aun así, Henry Kamen argumentó de forma convincente que antes de la llegada de los británicos, grandes cantidades de la plata de los barcos fueron descargadas adecuadamente por los españoles y llevadas a Lugo, pero nota que algunas quedaron en los barcos, y otras fueron almacenadas en las guarniciones costeras.12
Según las memorias del segundo duque de Ormonde, James Butler, que relata la secuencia de sucesos en Vigo con gran detalle, dos ataques se lanzaron el día 12 de octubre. El primero se llevó a cabo en el mar y resultó en la destrucción de la barrera defensiva en el puerto, y la captura de tres galeones españoles, que estaban parcialmente cargados con tesoros. El segundo ataque tuvo lugar en tierra, donde las fuerzas británicas tomaron una guarnición situada en el lado sur del río, el castillo-batería de Rande, y se apoderaron de todos los bienes que aún no habían sido despachados a aduanas. El duque de Ormonde agrega: “Los soldados y marineros se apoderaron de mucho botín de gran valor, pero los oficiales les quitaron el oro y plata que habían tomado”.13 Con claridad, la descripción de tal suceso encaja de manera adecuada con el origen de tal inscripción por parte de manos británicas. Además, las copas de plata formaban parte del botín, tal y como se menciona en la entrada 7025, artículos 3-6, en los folios 79 de los Manuscritos Harleianos en la British Library, que dicen haber sido recogidas por las tropas británicas. A pesar de muchos esfuerzos, no hemos podido, aun así, identificar las iniciales con el nombre de ningún oficial.

10 Moneda de seis peniques fechada en 1703 con el busto de la Reina Ana y la inscripción ‘vigo’ (Dav 1338). American Numismatic Society.
Cabe destacar que esta batalla no fue un fracaso financiero para Felipe V de España. La mayoría de la plata logró llegar a Lugo, y financió la guerra. Gran parte del proclamado éxito británico se debió a una campaña de promoción más que a una gran toma de botín, que fue relativamente pequeña para los estándares de la época.
Tras la batalla, y de regreso con una ínfima parte del botín de plata española, las tropas británicas se embarcaron en una campaña de prestigio a celebrar una victoria que no fue tan significativa como pretendieron. Se acuñaron nuevas monedas con la efigie de la reina Ana, a la que se le añadió la inscripción “vigo” (fig. 10), e incluso calles del West End de Londres se renombraron para celebrar el “triunfo”, como la famosa Vigo Street. Estas diversas conmemoraciones reflejan la importancia del suceso y su alcance en la historia británica y española, ahora enriquecida con la presencia del Coco de Vigo.
El presente coco chocolatero es una importante pieza histórica que sirve como testamento de la batalla en la Bahía de Vigo. No hay ninguna otra como ella, en cuanto a la calidad y al valor histórico. Aun así, se puede comparar con otro coco chocolatero inédito que se encuentra en el Museo Victoria y Alberto de Londres (M.1658-1944) que lleva también una inscripción incisa similar. El texto en este coco reza “The Louis Erasmus & Marquese D’Antin taken ye 10 July 1745. Lat. 43d. 50m. Charles Rogers Broker”. Como el Coco de Vigo, esta copa fue tomada como botín de los buques mercantes franceses que regresaban de Lima y que fueron capturados por el capitán británico John Talbot. Una carta publicada en 1745 de The Gentleman’s Magazine describe el cargamento “los barcos marcharon hace cuatro años desde Perú y Chile, y tenían a bordo un millón de libras en oro y plata, además 800 toneladas de cacao, y cada día descubrimos más tesoros ocultos”.14 Pero, aun así, cabe destacar que el cargamento de plata en estos barcos provenía de México, y que los barcos cruzaban el Atlántico cuando fueron interceptados por Talbot.15 Otras piezas de este mismo botín han sido documentadas y vendidas recientemente en el mercado del arte británico.16
La importancia del coco chocolatero
Los recipientes para tomar chocolate tienen una historia fascinante que se remonta a siglos atrás, hasta las antiguas civilizaciones mesoamericanas. La bebida de chocolate, o xocolatl, era una bebida ritual picante hecha mezclando cacao con agua condimentada e infusionada con varios ingredientes como semillas, raíces, flores, chile y vainilla, era muy apreciada por las élites mayas y aztecas, e incluso se convirtió en la favorita personal de Moctezuma II. Para su consumo, estas sociedades utilizaban nueces de frutos y calabazas como tazas para esta bebida tan especial (figs. 11a y b).17

11a y b) Dos ejemplos de cocos chocolateros, ilustrados en Philippe Sylvestre Dufour, Traités nouveaux & curieux du café, du thé et du chocolate, Lyon (Girin et Riviere) 1685. John Carter Brown Library. Nótese las similitudes con el Coco de Vigo, especialmente en el aro de plata.
La llegada de los españoles a América marcó un punto de inflexión en la historia de las tazas o las llamadas jícaras para tomar chocolate. Con la introducción de la azúcar, miel y canela, una práctica derivada de la España árabe, los criollos españoles adaptaron la receta tradicional del xocolatl a su gusto, sustituyendo también el agua por leche. El chocolate pronto se convirtió en una bebida popular en España y sus provincias americanas, sobre todo en las regiones que hoy en día forman Venezuela y México.
Beber chocolate no era sólo un pasatiempo, sino también un arte y un símbolo de estatus social, como lo evidenció la autoridad de Carlos Federico Duarte en su libro El arte de tomar chocolate.18 Es bien sabido que los invitados en los palacios de la Nueva España eran recibidos con chocolate, y se convirtió en una práctica común para las mujeres tomar chocolate durante las tardes en el jardín, o en una habitación especial llamada Salón de Estrado, que funcionaba con un protocolo muy específico.19
Beber chocolate fue una prestigiosa actividad en la alta sociedad novohispana, lo que llevó a la creación de una nueva parafernalia y piezas exquisitas diseñadas para su preparación, consumo y disfrute. A pesar de la llegada de los españoles y la sustitución de la administración azteca, el coco tradicional siguió siendo el recipiente principal para beber chocolate debido a sus dichos beneficios mágicos y para la salud.20
Con la llegada de nuevos artesanos a América, los plateros de Europa y Asia comenzaron a agregar mangos y bases de plata a la cáscara de coco, e incorporaron elementos barrocos como hojas de vid y acanto. Estas aplicaciones de plata añadieron elegancia y riqueza al coco, mientras que sus cáscaras se tallaron y esgrafiaron con diseños intrincados como surcos, patrones geométricos y motivos vegetales.21 El coco chocolatero, como se conoció a estas tazas, se convirtió en un símbolo de sofisticación en América, especialmente en las regiones que hoy son México, Guatemala y Venezuela, en donde se producía el cacao.22 Sin embargo, esta tradición no floreció en otros virreinatos como Perú o La Plata, en donde la bebida principal era el mate.
El coco chocolatero no sólo era un objeto de belleza, sino que también tenía gran importancia cultural. Estas piezas eran consideradas valiosas y apreciadas por la alta sociedad de la Nueva España y a menudo se incluían en la dote de mujeres nobles, como la marquesa de Melgar de Fernamental, María Luisa Álvarez de Toledo Carreto, como se descubrió recientemente en el Museo de América.23 También se encontraron en otras partes del mundo, como en las Islas Canarias, donde se mencionaron como objetos valiosos en las posesiones del capitán Pedro de Ponte y Vergara, quien en 1618 poseía un coco con plata valorado en 40 reales.24 A diferencia de otros cocos montados en plata, que eran populares en la Europa de la Edad Moderna y que se coleccionaban principalmente por su exotismo, el coco chocolatero representaba una mezcla única de coco y chocolate como sustancias compatibles que eran nativas de América. Esta importancia cultural del coco chocolatero lo convierte en un artefacto valioso para comprender la historia del consumo de chocolate y la -belleza de la interculturalidad en el desarrollo de la cultura material de América.
Hoy día, varios de estos cocos se pueden encontrar en museos distinguidos, como el Museo Franz Mayer (e.g. 055509 cac-0031), Museo de América (mam 2017/05/01), Museo de Arte de Denver (2019.553), Museo de Arte de Boston (41.393), Museo de Arte Colonial Quinta Anauco (varios) y -colecciones privadas, como la Colección Patricia Phelps de Cisneros (1990.138), Museo Amparo (vs.au.034) y Museo Soumaya-Fundación Carlos Slim (varios).
El Coco de Vigo constituye un hallazgo oportuno que se suma al conjunto de estas colecciones y, sin lugar a duda, contribuirá a establecer criterios de datación para numerosas piezas similares que carecen de fechas.
Conclusión
Este artículo ha presentado al público una nueva pieza novohispana que se suma al valioso patrimonio histórico compartido entre las Américas, España y Gran Bretaña. El Coco de Vigo es una obra de excepcional calidad y representa el primer ejemplo fechado de arte virreinal en la elaboración de recipientes de chocolate de este tipo. Su inscripción, que data del principio de la Batalla de Vigo en 1702, y el hecho de que haya sido entregado a manos inglesas, atestiguan que este coco es el más antiguo con una fecha específica. De -hecho, es la única pieza documentada que ha sobrevivido del cargamento de tesoros que la Carrera de Indias envió desde Veracruz a la Península Ibérica ese mismo año. Nos encontramos ante una verdadera reliquia de la historia náutica y artística de esta época. ¡Oh, cómo desearíamos que Don Carlos Federico Duarte hubiera tenido el privilegio de contemplar esta pieza en persona!










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