SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.45 número123  suppl.1Esbozo de las réplicas del Antinoo en la gipsoteca clásica de la Antigua Academia de San Carlos índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay artículos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas

versión impresa ISSN 0185-1276

An. Inst. Investig. Estét vol.45 no.123 supl.1 Ciudad de México sep. 2023  Epub 10-Feb-2025

https://doi.org/10.22201/iie.18703062e.2023.suplemento.2848 

Reseñas

Francisco de la Maza, Cartas barrocas desde Castilla y Andalucía, por Jaime Cuadriello

Francisco de la Maza, Cartas barrocas desde Castilla y Andalucía, by Jaime Cuadriello

* Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Estéticas. Ciudad de México, México. https://orcid.org/0000-0002-5152-2146.

Maza, Francisco de la. Cartas barrocas desde Castilla y Andalucía. Granada: Universidad de Granada, 2023. Introducción, López Guzmán, Rafael.


Las Cartas barrocas desde Castilla y Andalucía fueron publicadas por primera vez en 1963 con el sello editorial de la Universidad Nacional Autónoma de México y el Instituto de Investigaciones Estéticas; en el año 2013, la obra fue reimpresa también por la UNAM en conmemoración de los 50 de la primera publicación y en conjunción con la celebración del aniversario 75 de la fundación de la Biblioteca del Estudiante Universitario, en una edición masiva de bolsillo, formato que caracteriza a las publicaciones de esta serie. Finalmente, en 2023, la trascendencia de esta obra fue reconocida por la historiografía española y ahora la reseñamos en un ejemplar editado por la Universidad de Granada. Todo sucede a 60 años de su primera publicación y ahora con un atractivo formato similar al original, que destaca por la calidad de la impresión de las imágenes, la mayoría de ellas fotografías hechas por De la Maza y anejos los dibujos de su joven amigo sevillano el arquitecto Rafael Manzano durante su viaje de 1956; así pues, una edición enriquecida por otras tomas y gráficos que permanecían inéditas en el archivo fotográfico del Instituto.

Es una obra compuesta por 35 cartas escritas desde varias ciudades y pueblos de Castilla y Andalucía, comentando una selección de obras de arquitectura y discutiendo la figura de sus autores, pero sin perder la oportunidad de redactar las impresiones del historiador potosino y mexicano estudioso del “mexicanismo” sobre otras expresiones artísticas y la vida cotidiana de las ciudades peninsulares.

En suma: esta tercera edición ha sido un epílogo magnífico luego de la celebración del 50 aniversario luctuoso del doctor De la Maza, que conmemoramos en el Museo Nacional de San Carlos de la Ciudad de México, con una exposición y una jornada académica en junio de 2022, bajo los auspicios del Instituto Nacional de Bellas Artes y la Universidad Nacional Autónoma de México. Y su mayor atractivo es ahora el amplio, novedoso y revelador estudio introductorio firmado por el doctor Rafael López Guzmán, cuyas virtudes reseñamos aparte y abajo.

* * *

“Desde muy temprana hora, el alba sería, he andado callejeando por aquí por allá. La belleza de Granada no está precisamente, ni en sus calles ni en sus casas. Ni menos viniendo de Córdoba, y sus laberintos callejeros. He detenido a un señor en una esquina y le he preguntado dónde puedo comprar una guía o libros sobre Granada. Sin dudarlo, me ha dado una dirección y me ha encarecido un libro, el de Antonio Torrens”. Esto escribió o así lo vivió Francisco de la Maza durante la madrugada del 28 de junio de 1956, hace ya 66 años.

Paco, como le decían sus amigos, se refería a una suerte de baedeker o guide blue, selectiva y parcial, que conminaba al lector a concentrarse sólo en la visita a la Alhambra, los hitos de la ciudad árabe y mal aconsejaba al viajero para luego despedirse de allí, porque todo “lo demás huelga”. Se sintió defraudado por el libro de Torrens y al día siguiente regresó a la librería para adquirir más literatura especializada y sobre todo la guía y el libro de Gallego Burín sobre el barroco… y entonces volvió a caminar a sus anchas, más aún si tuvo la fortuna de toparse en el camino con el eminente profesor inglés René Taylor, quien andaba en las mismas pesquisas. Entonces, dice, “me sentí armado como Aquiles con la armadura de Hefestos”, volviendo a caminar con el mejor cicerone y desde luego con otros ojos: los de un atento precursor en Hispanoamérica de los estudios del barroco.

Eso de levantarse en la madrugada y empezar a recorrer una ciudad monumental del mundo hispánico y mediterráneo era un sabio consejo de su maestro Manuel Toussaint, quien aseguraba que, si se quería obtener la mejor percepción de una urbe del antiguo régimen, había que hacerlo a partir de las 5 de la mañana, sin ruidos, sin estorbo de tráfico, sin la publicidad engañosa y con aquellas voces y sonidos que le eran propios: las campanadas de las iglesias, los pregones del pan, el murmullo de los ríos o el arrullo de las aves. Entonces, como en una máquina del tiempo, los edificios antiguos se transformaban en los protagonistas mismos de la historia y no un simple escenario. El trazo urbano reticular siguiendo el camino del sol se hacía más que evidente. Hasta la fecha debo confesar yo sigo este mismo consejo, cada vez que salgo de un hotel…a esas horas de la mañana y se regresa al mismo a desayunar a las 10.

Por eso, para varios mexicanos que viajaban a España por primera vez o que estaban interesados en el arte barroco de la Nueva España y sus inevitables nexos con las ciudades de Andalucía y Castilla, un aliado indispensable era este libro inaugural para México y España de Francisco de la Maza. El tomo impreso en un cuarto de pliego y en pasta dura fue llevado en la valija de varios de mis colegas durante las décadas que van de 1960 a 1990 y no defraudaba como el mejor compañero y consejero para itinerar por los monumentos de Madrid, Alcalá, Toledo, Salamanca, Burgos, Sevilla, Cádiz o Granada. Más bien estimulaba a cada lector para proseguir en sus pesquisas o el simple disfrute estético, acorde con su mismo género epistolar y comparativo. En verdad es un libro intenso y muy personal que igualmente se escribió como bitácora de un viaje artístico e intelectual -con una mirada perspicaz, aguda e irónica-; sobre todo, que resultó revelador para roturar varios temas y problemas que permanecían entre sombras. No en vano devino como un referente precursor en la historiografía de ambos lados del Atlántico y se ganó el reconocimiento y los encomios de varios especialistas internacionales: René Taylor, Erwin Walter Palm, Mario Buschiazzo, Antonio Bonet Correa y Santiago Sebastián. Tanto así que este volumen se ha reeditado, pero ahora en la misma España, si bien se ve, esto es ya otro indicador de su valía como mirada y crítica de las formas y fuentes, y de sus correspondientes significados para entender una amplia cultura visual hispánica, compartida y concomitante. No hablemos por ahora de su prosa seductora y puntual, que atrapa desde sus primeras páginas.

El catedrático granadino Rafael López Guzmán, tan ligado a México y su arte, posee la mirada más calificada en la actualidad para regresar a los mismos monumentos castellanos y andaluces y dar seguimiento a las huellas del autor. Por añadidura, para esta reedición, nos provoca con un extenso estudio introductorio que ha sido el resultado de su ingente labor de detective y relator, para evocar y reconstruir aquellos meses de 1956 cuando el autor potosino hizo un recorrido castizo-andaluz, pleno de atisbos, intuiciones, inferencias, conexiones e interpretaciones por demás certeras y pertinentes.

Más aún, como dije, por su prosa ágil, fresca, aguda o en ocasiones desenfadada o en tono de denuncia. Como en toda correspondencia de viajes, aquí también se recogen las impresiones culturales y de vida cotidiana de quien es participante -y no sólo obser­vador-, de una cultura de ida y vuelta, tan compartida como fueron la hispánica y la hispanoamericana. Todo ello en contrapunto con su crítica desde la identidad mexicana y universitaria. Por eso, a cada paso, este libro está salpicado de citas literarias y poéticas, muchas de ellas que habían sido sus lecturas venidas desde la temprana juventud, sin duda el mejor recurso para acercarse no sólo a las obras de arte sino para empatar con el imaginario poético de una España profunda y entonces viva.

Quizás la mayor trascendencia para los historiógrafos del arte, es que en estas cartas aparecen personas clave para nuestra disciplina, algunas verdaderamente legendarias y un reportorio de títulos y autores que Rafael López Guzmán se ha encargado de detectar y sistematizar en la bibliografía anexa que ha dado por su cuenta; así, pues, este libro también debe leerse como una biografía colectiva y puede tenerse como un indicador de los debates entre americanistas e hispanistas, que entonces se establecían en ambos lados del océano y sus respectivas diferencias, vínculos humanos y afectivos. Es decir, es el retrato de una comunidad de colegas expandida e interconectada en sus agendas académicas e institucionales.

Esta iniciativa, pues, no está huérfana, como dije, ahora cuenta con un amplio y documentado estudio introductorio que no sólo la hace más atractiva y estimulante, sino que singulariza y destaca, en retrospectiva y prospectivas, todas su virtudes y valías en el oficio del aprecio artístico y estético. La estimulante contribución de Rafael López Guzmán ha hilado muy fino -basado en testimonios, entrevistas y archivos-, para entender los entresijos de este viaje de estudios en medio de la autarquía del franquismo, de un hispanismo canónico en crisis y un momento crucial en las percepciones de los especialistas: el establecimiento de categorías y criterios que resultaron funcionales para el estudio del barroco. Era una tarea que inquietaba en común a espa­ñoles y americanos, si bien merced al gran ­relato despertado por la publicación de la Historia del arte hispanoamericano entre 1945 y 1950, coordinado por don Diego Angulo, pontífice máximo en aquel momento. Nos dice López Guzmán que se trata de una mirada “cualificada y sumatoria” desde una relectura de autores, formas, teorías, técnicas y la morfología en el trazo de ciudades; en otras palabras, es el compendio de los asombros de un viajero en medio de un grand tour castizo y andaluz. En esos tomos, había participado un argentino (Buschiazzo), creo que Paco sentía que faltaba la participación de un mexicano.

Todo el tour castellano-andaluz revelado a los ojos de un erudito y curioso dandy que disfruta de todos los sentidos y toma distancia para exhibir a sus denostadores, inclusive. Un hombre de profunda sensibilidad que al cabo se rinde seducido por los efectos lumínicos y ópticos “envolventes y totalizadores” de algunos conjuntos que visita, describe, compara y comenta con entusiasmo y simpatía.

Toda la trayectoria vital de Francisco de la Maza y su riquísimo archivo ahora depositado en el Instituto de Investigaciones Estéticas está a la espera de que alguien emprenda una biografía intelectual y humana. Y así, esta primera entrega que hace López Guzmán es el mejor y más estimulante augurio y comienzo. Más que el capítulo cerrado de un libro imaginado, este estudio introductorio del prologuista es ya en sí una sustancial contribución historiográfica, que sitúa los alcances, tan tempranos en su tiempo, de una comunidad de colegas y pensadores que roturaron un camino por venir de restitución y reflexión. El cual, al paso de los años, ha dado tan ubérrimos frutos de este y del otro lado del Atlántico, gracias a la movilidad de la que disfrutamos ahora, pero que en 1956 era una verdadera peregrinación estética y visual sólo para los empeñosos y valientes.

Otro enorme atractivo es la pluma tan vibrante del doctor De la Maza: todo está dicho en primera persona y con la agudeza, frescura y novedad de un aventurero visual. El ­autor no sólo sabe que coloca las piedras clave de un edificio en construcción, haya o no un plan maestro en los terrenos de los dos continentes, sino que nos proyecta una personalidad por demás apasionada, humorística, erudita y crítica. La de un hombre de mundo que jamás pensó en “descolonizarse”, como se repite fatuamente en la academia de nuestros días, sino en todo lo contrario: en inculturarse según el “ojo de la época” y, como participante de la misma cultura u otredad, servirse del estudio de un lenguaje formal y estilístico para abrazarse y reencontrarse a sí mismo, en los múltiples territorios de la siempre inacabada alteridad cultural que existe entre España y la Nueva España.

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons