Cholula fue una importante ciudad sagrada, equiparable, nos dice Gabriel de Rojas en las Relaciones geográficas (1985, 132), a Roma o la Meca. Fue el lugar de culto a Quetzalcoatl más importante. Era un centro de comercio de gran relevancia y es la única ciudad de América, que se conozca, con tres milenios de historia continua y que sobrevive hasta nuestros días. Fue habitada por diferentes grupos; al principio quizá por uno de la familia otomangue, luego por grupos olmeca-xicalanca del área maya y nahuas toltecas que, aliados con los chichimecas, permanecieron ahí hasta la llegada de los españoles.
La tradición alfarera de Cholula se desarrolló, entre otras cosas, por estar localizada en un punto geológico propicio para obtener barro de excelente calidad para la alfarería. La laguna estacional que se formaba cerca de la ciudad recibía los escurrimientos de ceniza y otros minerales de los volcanes, que daban al barro la plasticidad adecuada para su modelación y cocción.
Esta vasija de uso suntuario es la síntesis y manifestación de los cambios históricos sucedidos en Cholula hacia finales del Epiclásico o inicios del Posclásico, alrededor de 900 d.n.e. Lo es también de una larga tradición alfarera, cuya antigüedad se remonta dos milenios antes de que este cajete se elaborara. Este tipo de vasijas se usaron para sellar alianzas matrimoniales entre los nahuas de Cholula y los mixtecos.
Su aparición marcó una nueva época, significó una innovación tecnológica respecto a la cerámica sin pintar de la etapa anterior, pues se aplicó un engobe de caolín y se pintó antes de la cocción. Según los estudios arqueológicos y de la historia del arte, al parecer esta tecnología de la cerámica polícroma precocción proviene del área maya, donde se produjo primero, y fue adoptada por los alfareros de Cholula. Esto pudo ocurrir por las redes de comercio, que también propiciaron intercambios de saberes y de ideas entre el área maya, en especial la costa de Campeche, y el valle de Puebla-Tlaxcala. Un ejemplo más ostensible de este fenómeno se ha podido constatar en la pintura mural de Cacaxtla, donde ocurrió antes; al menos desde 650 d.n.e.
Es muy posible que los portadores de estas ideas estéticas y la tecnología alfarera hayan sido los olmeca-xicalanca, quienes según las fuentes históricas llegaron a la ciudad de Cholula antes que los tolteca-chichimeca, lo que coindide con los datos arqueológicos. A la caída de Teotihuacan, el comercio del área maya con el centro de México se intensificó.
Como su nombre lo indica, esta vasija tiene una apariencia mate. Los motivos pintados son aves, posiblemente guajolotes, en una secuencia repetitiva. Su técnica, el uso de un engobe crema; la composición y las líneas paralelas que enmarcan la escena, los motivos, la orla roja del borde, son algunas de las fuertes similitudes con los vasos estilo “Códice” del área maya (p. 105 en este volumen). Este tipo de vasijas cholultecas fueron el antecedente de la cerámica Mixteca-Puebla que se produjo desde el Posclásico Medio y Tardío (1150-1521), e incluso de las tipo “Iglesia” del siglo XVI.










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