INTRODUCCIÓN1
Un hombre del siglo XVI, nacido en una familia de muy alta condición, cuya lengua materna era el náhuatl, llamado Hernando Alvarado Tezozómoc, escribió a propósito del toxiuhmolpilli, “ligadura de nuestros años”: “Los biexos mexicaños dixeron al rrey Monteçuma que, como biexos guardadores de los rreportorios y acabamiento de años, <que> llaman toxinmolpilli, <que> hes de a setenta y tres años” (Tezozómoc 2021, 561-562).2
Esa cita permite hacer tres observaciones:
RAZONES POR LAS QUE TEZOZÓMOC UTILIZA LA PALABRA AÑOS
Llamar año a un conjunto de 260 días es algo que puede resultar sorprendente para nosotros, ya que tenemos la convicción occidental, bien arraigada, de que un año tiene 365 días, sin plantearnos siquiera que existe otra posibilidad.
Surge entonces la pregunta ¿por qué Tezozómoc llama año a un ciclo de 260 días? Se cree que es por influencia de su lengua materna. En efecto, sus contemporáneos, quienes participaron en la realización del Códice florentino, así designaron también en varias ocasiones a este ciclo.
| Nican peoa in cecemjlhujtlapoalli in iuhquj cecentetl semana ic mopoaia, matlatlaqujlhujtl omeey motlalitiuh, injc otlatocatiuh ce xivitl: Oc ceppa itzintlan oalpeoa in cecemjlhujtl tlapoalli. | Aquj comjençan: los caracteres de cada dia, que contauan, por trezenas: eran treze días en cada semana y hazian vn circulo de dozientos y sesenta dias: y despues tornauan al principio. | Aquí comienza la cuenta de cada uno de los días, así como de las semanas de trece días que comprendía cada una de ellas, desde su inicio hasta completar un año. [Y] otra vez del final viene a comenzar la cuenta de cada día. |
| Achto tonalpoalli ytoca ce cipactli: vel ipeuhca, vel itzin in cemjlhujtlapoalli, ynic vmpeuhtiuh, ôtlatocatiuh: ioan injc ontlantiuh ce xivitl.3 | El primer caracter: se llama cipactli, que qujere dezir, vn espadarte: que es pez, que viue en la mar: y es principio, de todos los caracteres: que hazen, y cuentan cada dia: hasta que hazen vn circulo, de dozientos, y sesenta dias: y comjença la cuenta de los dias, dando a cada caracter, treze dias: que se llama año de los caracteres. | El primero en la cuenta se llama Uno Lagarto que es justamente el comienzo, el principio de la cuenta de los días; con esto va empezando, va siguiendo hasta que se completa un año. |
En otro pasaje de la Crónica mexicana, que observó el investigador Gabriel Kruell (2021b, párrafo 42), se confirma la utilización sistemática de la palabra años en relación con el ciclo de 260 días:4 “que fueron con esta bez tres bezes que esto susçedió, <que> vienen a ser dozientos y veinte años menos uno” (Tezozómoc 2021, 562-563). Kruell (2021b, párrafo 41) dice lo siguiente: “también el cálculo final de este autor, que relata que trascurrieron 219 años entre los tres Fuegos Nuevos de los mexicas, debe ser interpretado siempre teniendo presente que Tezozómoc pensó que entre tres ataduras de los años pasarían 3 × 73 ciclos del tonalpohualli, es decir, 219 ciclos de 260 días”.
Así, el problema se complica al reflexionar sobre el concepto aún más, si se recuerda que la palabra xihuitl, traducida como “año”, tiene múltiples sentidos, además de ése, como “turquesa” o “hierba”, y que con la primera i larga significa “cometa”. Por lo tanto, lo que nos enseña la cita de Tezozómoc que vimos al principio, y otras que veremos más adelante, es que tenemos que distinguir la acepción de la palabra xihuitl relacionada con el tiempo dentro del gran abanico de significaciones derivadas de su longitud o de su composición. De esta manera, se puede diferenciar entre el xihuitl-260, que es un ciclo del tonalpohualli, el xihuitl-365, que corresponde a un ciclo de 365 días y que son los años que se encuentran en los códices históricos o en los anales, y finalmente el xihuitl-18+5, que hace referencia a la composición de los años de la vida cotidiana. De aquí en adelante, llamaré año-tonalli tanto a los xihuitl-260 como a los xihuitl-365 (marcando la diferencia entre ellos cuando sea necesario) y año-ilhuitl a los que hacen referencia a su composición en veintenas.
En suma, por el momento, lo que debemos entender es que Tezozómoc concebía la palabra año5 como traducción de xihuitl, ya que para él y para los autores del Códice florentino significaba tanto ciclo de 260 como de 365 días. Entonces ¿por qué este autor nahua relaciona de manera preferencial su xiuhmolpilli con los ciclos de 260 días y no con los años de 365 días, como solemos hacerlo, desde hace cinco siglos?
Si Tezozómoc privilegia la cuenta de 260 días por 73 ciclos, y no la de 365 días por 52 ciclos que se encuentra en varias fuentes en náhuatl,6 es quizás porque redactaba su texto sin la presión de tener a algún franciscano haciéndole preguntas, de cuyas respuestas, si existían dos posibles, más le valía elegir la que los europeos podían entender con más facilidad y no correr el riesgo de desagradar a los frailes al mencionar el tonalpohualli, el cual, como lo dice Sahagún, era considerado por ellos un “arte de nigromántica o pacto y fabrica del Demonio, lo cual con toda diligencia se debe desarraigar” (Sahagún 1989, 1: 232).
Es posible decir que, al favorecer los ciclos de 365 días (más próximos al concepto occidental) sobre los de 260 de la mayoría de los autores del siglo XVI, se inició una tradición que perdura hasta la fecha. Es común que se hable de la ligadura de los años y sólo de manera secundaria y relativamente reciente se mencione la siguiente fórmula: 365 × 52 = 260 × 73.
DEL MAL USO DE LAS PALABRAS XIUHPOHUALLI O XIUHTLAPOHUALLI
¿Es realmente un problema pensar que 365 días por 52 ciclos es igual a 260 días por 73 ciclos en lugar de verlo como que 73 ciclos de 260 días son lo mismo que 52 ciclos de 365 días? Creo que el inconveniente proviene del hecho de que muy a menudo los años se conciben como una sucesión de 18 veintenas más cinco nemontemi y suelen considerarse las divisiones en meses o bien en veintenas cuando se trata de los años. En la mente de los comentadores se mezclan con mucha facilidad las nociones de año-tonalli y de año-ilhuitl.
Lo anterior claramente se observa en la obra de Toribio de Benavente, Motolinía, quien, hablando de los años y de sus divisiones, expone la situación entre los egipcios, los judíos, los romanos y los cristianos hasta llegar a “los indios de Anahuac”, sobre los cuales comenta que “tenían año de trescientos y sesenta y cinco días; tenían mes de a veinte días, e tenían diez y ocho meses y cinco días en un año” (Benavente 1971, 45).
Entre otros autores, Rafael Tena explica que “el calendario mesoamericano estaba estructurado con base en la combinación del xiuhpohualli con el tonalpohualli. El xiuhpohualli o calendario solar constaba normalmente de 18 “meses” o veintenas de días y de 5 días suplementarios llamados nemontemi, que dan un total de 365 días” (Tena 1992, 85).
Por su parte, Gabriel Kruell (2017, 145) mostró que la asociación de la palabra xiuhpohualli o xiuhtlapohualli7 con los años-ilhuitl deriva de una publicación de Antonio León y Gama. Esa palabra, con la concepción errónea que conlleva, sigue siendo utilizada en la actualidad por diversos investigadores.8 Así, como bien apunta Kruell (2017, 148), “podemos estar seguros que los nahuas nunca utilizaron las palabras xiuhtlapohualli o xiuhpohualli para referirse a las 18 veintenas que componen el año de 365 días”.
El náhuatl, con su distinción tajante entre lo animado y lo inanimado, lo confirma:
| Inin nauhteme xiuhtonaltin, xiuhtlapoaltin9 | Ansi que cada vna de las dichas quatro figuras | Estos cuatro signos de los años, cuentas de los años |
La pluralización de la palabra xiuhtlapohualli en xiuhtlapohualtin nos revela que las cuentas de los años, al igual que los tonaltin y los xiuhtonaltin, se consideraban animados. La lengua nos enseña que, desde los días hasta las cuentas de los años, pasando por los días epónimos, todos formaban un grupo de entes animados.
DE LA INUTILIDAD DE HACER INTERVENIR LOS NEMONTEMI PARA NOMBRAR LOS AÑOS
Muy a menudo se dice que los años se nombran con un numeral que se incrementa del 1 al 13 por razones matemáticas y cuatro signos que aumentan por la existencia de los cinco nemontemi.10 Sin embargo, considero que no existe ninguna necesidad de utilizar dos razonamientos de índole diferente: el primer caso matemático y el segundo que sólo toma en cuenta la composición de los años en 18 veintenas más cinco nemontemi.
Basta con una justificación matemática para entender lo que relaciona al tonalpohualli, “cuenta de los días”, con el xiuhtlapohualli, “cuenta de los años”:
365 días = 260 + 105 días.
105 días = 20 × 5 + 5 días. Implica una progresión de 5 en 5 en una serie de 20 días y ofrece 4 posibilidades.
105 días = 13 × 8 + 1 día. Implica una progresión de 1 en 1 en una serie de 13 números y ofrece 13 posibilidades.
4 × 13 = 52 nombres diferentes de años.
Estas cifras son suficientes para explicar cómo se nombraba cada uno de los 52 años y para mostrar que los años-ilhuitl no participan en este proceso. No importa cómo se divida un año, puede ser en 18 veintenas, en 12 meses o en 10 periodos de 36 días, ya que el tonalpohualli y el xiuhpohualli sólo intervienen en la existencia del ciclo de 52 años.
DE LAS DOS CARAS DE LOS DÍAS Y DE LAS OPOSICIONES QUE GENERAN
A continuación desarrollaré un razonamiento que comencé a exponer en otro artículo (Thouvenot 2019), donde mostré la división del tiempo en dos mundos, a los cuales llamé el mundo del tonalli y el mundo del ilhuitl.11 En esa publicación me enfoqué en el segundo, representado por el cempohuallapohualli, “cuenta de las veintenas”, mientras que aquí me referiré al tonalpohualli, “cuenta de los tonalli”, que es el fundamento del mundo del tonalli y al cual hace referencia Tezozómoc en la cita mostrada al inicio de este texto.
En los dos momentos (2019 y ahora) la idea es la misma: se trata de mostrar cómo el tonalpohualli y el cempohuallapohualli se diferencian tanto que incluso se puede hablar de una oposición, lo que permite entender todavía mejor la cita de Tezozómoc y su ubicación exclusiva en el mundo del tonalli, que se puede apreciar en la Piedra de la Coronación de Moctezuma II (figura 1).
En ella se encuentran los tres componentes -tonalli, “día”, xiuhtonalli, “año”, y tonatiuh, “era”- del mundo del tonalli. En la fecha 1-cipactli (arriba en medio), se puede observar un tonalli, “día”, el primero del tonalpohualli, “cuenta de los tonalli”; la fecha 11-acatl (abajo en medio) es ejemplo de un xihuitl, “año”, mientras que los glifos 4-ehecatl, 4-quiyahuitl, 4-atl y 4-ocelotl (en las esquinas), así como 4-olin (en el centro), son los nombres de las tonatiuh, “eras”. La expresión de los tonaltin, xiuhtonaltin y tonatiuh utiliza los mismos recursos: 13 números y 20 signos. A esos dos componentes principales les faltaría solamente añadir el cartucho de los xihuitl, “año”.
Así pues, éstos son los mismos elementos que se observan en la Piedra del Sol, con la diferencia de que no se encuentra la fecha 1-cipactli, sino los 20 signos y el cartucho de xihuitl, “año”, con la fecha 13-acatl (figura 2).
En estas dos esculturas, síntesis nahuas de la concepción del tiempo y de su manejo, no se encuentra nada que tenga que ver con el mundo del ilhuitl, es decir, los años con sus divisiones en veintenas, los años-ilhuitl. Y no es casualidad, ya que los glifos de las veintenas no se grababan en las esculturas.12 El hecho de no plasmar de esa manera el mundo del ilhuitl es sólo uno de los numerosos puntos de oposición que existen entre los dos mundos.
LAS DIFERENCIAS ENTRE LAS NOCIONES DE TONALLI Y DE ILHUITL
Para no repetir la lista de las oposiciones entre el tonalli y el ilhuitl que ya se han publicado en Trace (Thouvenot 2019), a continuación, se presenta un breve resumen de los aspectos ya desarrollados. Más adelante se expondrán otras oposiciones relacionadas con la cita de Tezozómoc.
Lo particular de las palabras tonalli, xiuhtonalli y xiuhtlapohualli es que se pluralizan en tonaltin,13 xiuhtonaltin y xiuhtlapohualtin.14 Eso significa que el día, como tonalli y todo lo que deriva de él, se concebía como un ente animado. La relación con el hombre es tan fuerte que en los diccionarios la palabra tonalli aparece como tetonal, que Molina (2005, 10 v., 110 r., 150 r.) traduce como “anima o alma”, o bien “ración de alguno, o cosa diputada para otro”, y en su forma posesiva asienta totonal como “el signo, en que alguno nasce, o el alma y espiritu”.
La palabra tonalli, compuesta sobre una raíz verbal, es muy productiva, lo que no es el caso de ilhuitl.
Tonalli no forma unidad con cen-, a diferencia de cemilhuitl, “toda la parte diurna”, y cenyohual(li), “toda la parte nocturna”. Tonalli es en sí mismo una unidad.
El mundo del tonalli conoce dos formas escritas, el tonalamatl y el xiuhamatl, donde se observan las ligaduras en los años 2-Acatl, mientras que el mundo del ilhuitl no tiene ninguna. Calendarios como el del Atlas de Diego Durán (figura 12) o el Kalendario mexicano, latino y castellano15 son, en palabras de Hans Prem (2008, 178, 198), “estereotipados” o “artificiales”.
Todos los días tienen su glifo, lo que no sucede con las veintenas.
El tonalli de un día es indivisible, mientras que el día como ilhuitl se puede dividir en múltiples partes (Thouvenot 2015).
El mundo del tonalli tiene una larga historia en la cual Oxomoco y Cipactonal tienen un papel fundamental.16 El mundo del ilhuitl no tiene historia.
Los tonalli se organizan sobre la base de sus cualidades, de manera que forman un tiempo discontinuo. En muchas ocasiones los días se agrupan, no por orden cronológico, sino más bien en relación con su valor. Son numerosos los ejemplos en los códices del Grupo Borgia. En cambio, los ilhuitl se suceden de manera cronológica, ya sean días, veintenas u otros periodos. Se trata de un tiempo continuo.
Se observa una gran homogeneidad para los nombres del tonalpohualli y una gran diversidad para las veintenas.
El tonalpohualli se utiliza para tratar de conocer la voluntad de los dioses, mientras que las fiestas de las veintenas se hacían para intentar obtener algo de ellos.
En el mundo del tonalli, los tonalamatl se orientan hacia el futuro, mientras que los xiuhamatl generan una visión hacia el pasado.El mundo del ilhuitl se relaciona con el presente o el futuro inmediato.
Quienes se encargaban del tiempo, en general, eran diferentes: por un lado, el tonalpouhqui era un especialista independiente y, por el otro, el epcohuacuacuiltzin se desempeñaba como uno de los “ministros, que serujan a los dioses”.17
Existe una cuenta exclusiva para el tonalpohualli e inclusiva para las veintenas (Dehouve 2010, 65-89). En el marco del tonalpohualli, cuando se dice que un evento tendrá lugar veinte días más tarde, significa que se cuentan veinte días y el acontecimiento sucederá el día 20+1, mientras que en el marco de las veintenas pasa lo contrario: el día del evento forma parte del conteo, es decir, ocurre el vigésimo día.
Un número solo es suficiente para expresar un ilhuitl. Así, cempohuallapohualli se traduce como “la cuenta de los veinte días”, aunque en ningún lugar aparece la palabra ilhuitl, “día”. En cambio, los números solos no expresan tonalli y muy a menudo están ausentes en los códices, por ser totalmente interiorizados.
Los tonalpohualli empiezan por un día bien definido, ce cipactli.18 Según las fuentes, la primera veintena va de Tititl hasta Tlacaxipehualiztli.
El tonalpohualli, el tonalamatl, el xiuhamatl, tal como la escritura, son la obra de dos personajes: Oxomoco y Cipactonal.
Los glifos del tonalli (figuras 3-5) y los del ilhuitl (figura 6) son muy diferentes.
Después de recordar estas oposiciones, vamos a exponer otras que refuerzan la diferencia entre los dos mundos: se trata de la importancia del número 13 en el mundo del tonalli, de su carácter cualitativo, de su relación con la escritura y la enseñanza, de su uso personal, de su localización en la obra sahagutina, de la oposición entre asir y atar años, de la relación con las Pléyades y de los apellidos de los nacidos al momento de grietas temporales, que son los nemontemi o la atadura de los años.

Tomada de TLACHIA, cen.sup-infor.com/tlachia/X.030.H.18/glifo/codigo
Figura 4 Glifo tonalli X.030.H.18.

Tomada de TLACHIA, cen.sup-infor.com/tlachia/RP_262v_03_09/glifo/codigo
Figura 5 Glifo tonalli RP_262v_03_09.

Tomada de TLACHIA, cen.sup-infor.com/tlachia/385_01v_01_12/glifo/codigo
Figura 6 Glifo ilhuitl 385_01v_01_12.
Mundo del 13 / mundo del 20
El mundo del tonalli se articula alrededor de la trecena, mientras que el mundo del ilhuitl se estructura tomando como duración esencial la veintena, unidad fundamental de la vida social. El mundo del ilhuitl tiene una fuerte relación con las extremidades del cuerpo humano, mientras que el tonalli se asocia con su interior (al momento de la concepción), la duración del embarazo, las matemáticas y probablemente los astros. El vínculo con el 13 se observa en los tres niveles del mundo del tonalli:
Los días
Los nombres de los 260 días que componen el tonalpohualli están constituidos por una parte numeral, que va del 1 al 13, y uno de los 20 signos que son: cipactli, “lagarto”; ehecatl, “viento”; calli, “casa”; cuetzpalin, “lagartija”; cohuatl, “serpiente”; miquiztli, “muerte”; mazatl, “tipo de venado”; tochtli, “conejo”; atl, “agua”; itzcuintli, “perro”; ozomatli, “mono”; malinalli, “hierba torcida”; acatl, “caña, carrizo”; ocelotl, “jaguar”; cuauhtli, “águila”; cozcacuauh tli, “zopilote”; olin, “movimiento”; tecpatl, “pedernal”; quiyahuitl, “lluvia”; xochitl, “flor”.
Así, la forma básica que se encuentra en algunos de los tonalamatl que llegaron hasta nosotros (como los códices Borgia, Vaticano b, Borbónico, Aubin, Telleriano-Remensis, Vaticano a) presenta el tonalpohualli en 20 trecenas que son 1-cipactli, 1-ocelotl, 1-mazatl, 1-xochitl, 1-acatl, 1-miquiztli, 1-quiyahuitl, 1-malinalli, 1-cohuatl, 1-tecpatl, 1-ozomatli, 1-cuetzpalin, 1-olin, 1-itzcuintli, 1-calli, 1-cozcacuauhtli, 1-atl, 1-ehecatl, 1-cuauhtli, 1-tochtli.
Los años
Los años pueden presentarse en grupos de 13 de dos formas. En la primera, que se encuentra en los documentos históricos, los años se suceden cronológicamente. En la segunda, los años se agrupan en torno a cada uno de los cuatro signos: calli, tochtli, acatl y tecpatl.
El Códice en cruz ofrece el ejemplo de la redacción de una historia que se extiende a lo largo de tres ciclos de 52 años. Cada ciclo está inscrito en una especie de cruz, donde cada rama corresponde a un conjunto de 13 años sucesivos (figura 7).
Por otra parte, la organización en cuatro conjuntos de 13 años es algo que puede observarse, en diversas formas, en el Códice borbónico, CódiceVeytia (Veytia 1994), en el Calendario tolteca de Boturini y también en el Códice Aubin 1576 (figura 8).
También encontramos otros documentos que muestran una división del tiempo en cuatro conjuntos de 13 años que tienen el mismo signo en común. Así, se agrupan todos los años acatl, seguidos de los tecpatl, calli y tochtli. Esta disposición permite asociar cada trece años con un color y una dirección, lo que puede observarse en el Códice Tovar, el Códice florentino y el Códice Durán (figuras 9 y 10).

Tomada de https://codexaubin.ace.fordham.edu/files/original/6ddda6ae3983e60285ae5e47b4055bcf.jpg
Figura 8 Códice Aubin 1576.

Tomada de Biblioteca digital hispánica, https://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000169486&page=324
Figura 9 Atlas de Durán.

Tomada de Biblioteca Medicea Laurenziana, https://www.loc.gov/resource/gdcwdl.wdl_10096_002/?sp=500
Figura 10 Códice florentino.
Los tonatiuh
En los siguientes cuadros (1-3) se mencionan los ciclos más grandes, llamados tonatiuh, que aparecen en tres documentos, a saber: la Historia de los mexicanos por sus pinturas, la Leyenda de los soles y el Códice vaticano a. En las dos primeras fuentes, se puede apreciar la importancia del número 13.
Cuadro 1 LOS CICLOS TONATIUH EN LA HISTORIA DE LOS MEXICANOS POR SUS PINTURAS
| Regente | Número de años | Número de días |
|---|---|---|
| Tezcatlipoca | 676 | 13×52×365 |
| Quetzalcohuatl | 676 | 13×52×365 |
| Tlalocatecuhtli | 312 | 13×24×365 |
| Chalchiuhtlicue | 312 | 13×24×365 |
| 38 ciclos × 52 años = 1 976 años | 1 976 años × 365 días = 721 240 días |
Fuente: elaboración propia con base en Tena (2002) .
Cuadro 2 LOS CICLOS TONATIUH EN LA LEYENDA DE LOS SOLES
| Regente | Número de años | Número de días |
|---|---|---|
| Nahui ocelotl (último día) | 676 | 13×52×365 |
| Nauhuehecatl | 364 | 13×28×365 |
| Nahui Quiyahuitl | 312 | 13×24×365 |
| Nahui Atl | 676 | 13 × 52 × 365 |
| 39 ciclos × 52 años = 2 028 años | 2 028 años × 365 días = 740 220 días |
Fuente: elaboración propia con base en Tena (2002) .
Cuadro 3 LOS CICLOS TONATIUH EN EL CÓDICE VATICANO A19
| Regente | Número de años | Número de días |
|---|---|---|
| Chalchiuhtlicue | 10 × 400 + 8 = 4 008 | 1 462 920 |
| Quetzalcohuatl | 10 × 400 + 10 = 4 010 | 1 463 650 |
| Tonatiuh/Xiuhtecuhtli | 12 × 400 + 4 = 4 804 | 1 752 365 |
| Xochiquetzal | 13 × 400 + 6 = 5 206 | 1 840 330 |
| 18 028 años | 6 580 220 días |
Fuente: elaboración propia con base en Anders y Jansen (1996) .
NOMBRES Y DURACIONES DE LAS ERAS O TONATIUH
Juegos con los números y cuerpos espaciales
Existen varias hipótesis para explicar la creación de este ciclo de 260 días, pero su existencia plantea interrogantes sobre la elección del número 13. El número 20, por su relación con el cuerpo humano, no plantea tantos problemas.
Aunque sólo un puñado de documentos pictográficos sobrevivió a la destrucción, entre ellos los mencionados códices Borgia, Fejérváry-Mayer, Laud y Vaticano B, son suficientes para mostrar que los tlacuiloque y los tonalpouhque eran expertos en el manejo de los números.
Todo ello nos lleva a pensar que las razones son más bien matemáticas y que se relacionan con toda una serie de ciclos de objetos celestes. Si se toma en cuenta que la observación del cielo era muy importante en esta sociedad y que la coincidencia de los distintos ciclos (73 tonalpohualli y 52 año-tonalli) se producía al final de un periodo de 52 años (cuando, a medianoche, las Pléyades estaban en el centro del cielo), se observará que una trecena es precisamente el espacio temporal que existe entre el fin de los 73 años de 260 días y la posición esperada de las Pléyades en el cielo al momento de la ligadura.
Desde el siglo XIX, varios investigadores (Paso y Troncoso 1882, 369-371; Noriega 1954-5, 274) han tenido la idea de vincular los periodos sinódicos de Venus, Marte, Saturno, Mercurio y los 260 días del tonalpohualli. Los números propuestos, que pueden asociarse directamente con el tonalpohualli y, por tanto, con el número 13, sugieren mucho más que una simple coincidencia. Así es como varios autores modernos apuntan relaciones entre la periodicidad de cuerpos astrales y el número 13 (cuadros 4-5).
Cuadro 4 LA IMPORTANCIA DEL NÚMERO 13 EN VARIOS CICLOS
| División general del número total de días | Otra división haciendo resaltar el numero 13 | Número total de días | Nombres de los ciclos |
|---|---|---|---|
| 52 × 365 | 73 × (13× 20) | 18 980 | 52 xihuitl = 73 tonalpohualli |
| 65 × 584 | 146 × (13× 20) | 37 960 | 65 periodos sinódicos de Venus (583.92021140) = huehuetiliztli = 146 tonalpohualli20 |
| 780 | 3 × (13× 20) | 780 | 1 periodo sinódico de Marte (779.964) = 3 tonalpohualli |
| 173 × 3 | 2 × (13× 20) | 520 | Intervalo entre 3 eclipses = 2 tonalpohualli |
| 377 | 29 ×13 | 377 | 1 periodo sinódico de Saturno (378.094) |
| 117 | 9 ×13 | 117 | 1 periodo sinódico de Mercurio (115.878) |
Fuente: elaboración propia con base en Paso y Troncoso (1882, 369-371) y Dehouve (2011, 3).
Cuadro 5 LA RELACIÓN ENTRE EL NÚMERO 13 Y LAS REVOLUCIONES DE VARIOS CUERPOS CELESTES
| Ciclos | Astros | Cómputo promedio | Diferencia |
|---|---|---|---|
| 13 × 28 = 364 | Tierra | 365.25 | - 1.25 |
| 13 × 28 = 364 | Tierra | 365 | - 1 |
| 13 × 2 = 26 | Luna | 29.53059 | - 3.55059 |
| 13 × 9 = 117 | Mercurio | 116 | + 1 |
| 13 × 45 = 585 | Venus | 584 | + 1 |
| 13 × 60 = 780 | Marte | 780 | 0 |
| 13 × 30 = 390 | Júpiter | 399 | - 9 |
| 13 × 29 = 377 | Saturno | 378 | - 1 |
Fuente: elaboración propia con base en Noriega (1954-5, 274).
Y bien se observa que, a diferencia de la veintena que a la que llamaban cempohualihuitl o, según el contexto, sólo cempohualli, y su cuenta cempohuallapohualli, la trecena no tiene una designación particular.21¡En medio de textos en náhuatl, como el de Cristóbal del Castillo o el Códice florentino, aparece la palabra semana! Es todavía más sorprendente que el libro iv del Códice florentino (Sahagún 2023) menciona en ocasiones el inicio de una trecena, tonalpehuallotl, y muy a menudo su final, tonaltzontli. Es como si la palabra tonalli, entrara en composición con otros elementos y con ello sería posible entenderla como trecena.22 Al igual que en el caso de la palabra ilhuitl, la cual tiene una extensión temporal que va del día a la veintena (Thouvenot 2015), y xihuitl, que hace referencia a ciclos de 260 o 365 días, la voz tonalli también podría tener una duración que va del día a la trecena.
CUALITATIVO / CUANTITATIVO
El tonalli se relaciona con la cualidad de los días, mientras que el ilhuitl con su aspecto cuantitativo.23 Las dos palabras hacen referencia a unidades de cuenta, pero solamente tonalli tiene un aspecto cualitativo. Todos los componentes del mundo del tonalli -tonalli, xiuhtonalli, tonatiuh- tienen una cualidad, mientras que ni a los días, como ilhuitl, ni a las veintenas se les asocia ninguna idea en relación con la suerte.
Lo fundamental de un tonalli es su cualidad, que, en náhuatl, se manifiesta, generalmente, a través de las tres expresiones siguientes: cualli,24amo cualli25 o cualli ihuan amo cualli,26 las cuales corresponden a lo que los españoles tradujeron como “bueno”, “malo” o “indiferente”. Cada día del tonalpohualli tiene una calidad diferente, dada por las numerosas fuerzas que intervienen: números, signos, dioses, animales, colores, orientación, etcétera.
Además del uso preferencial de cualli en su forma positiva y negativa, se utilizan dos palabras para expresar la idea de mal afortunado: tecuantonalli y tetolini. Por un lado, la primera, tecuantonalli (te-cua-n-tona-l-li), se refiere al día de los que comen hombres, las fieras.
| Injc ome moquetza tonalli: ytoca ce oçelutl. In jquac in moquetza, mjtoaia amo qualli tonalli, tequantonalli, qujcenvica, qujcentlaça, yn jtlavi lan matlactli vmei, in jtech povi.27 | El segundo carácter se llama océlutl, que quiere dezir “tigre”, el cual reinava por otros treze días. Dezían que era signo mal afortunado en todos los treze días que governava. | El segundo signo que rige se llama Uno Ocelote. Cuando éste rige, se decía que era un mal signo, de bestias feroces. Lo acompañan, lo rige, arrastra la serie de trece. Que pertenece a ésta. |
Y, por otro lado, la segunda, tetolini, que fray Alonso de Molina (2005, 110r.) traduce como “cosa penosa y aflictiva”, se utiliza para reforzar la expresión amo cualli o bien se emplea en su lugar.
| Injc matlactli capitulo, itechpa tlatoa, in oc cequj calli, in omoteneuh cequj qualli, cequj amo qualli tetolinj. 28 | Capítulo décimo De las demás casas de este signo, de las cuales algunas son mal afortunadas, otras bien | Capítulo diez en el que se habla de otras casas; se refirió a unas buenas, otras malas, desafortunadas. |
| Qujlmach çan tlanepantla ca injn machiotl, qujtoznequj achi tetolinj, ioan achi qualli .29 | Dezian: este signo ser indiferente a bien, y a mal. | Se decía que este signo era indiferente; quiere decir un poco malo y un poco bueno. |
Por último, la palabra30 que se usa para calificar los tonalli es tlanepantla, “en medio”, y se utiliza como sinónimo de la fórmula cualli ihuan amo cualli.
| Injc matlactlomome capitulo: itechpa tlatoa, in oc cequj calli, cequj çan tlanepantla ca, cequj vel njman amo qualli .31 | Capítulo doze De las demás casas de este signo, algunas de las cuales eran indiferentes, otras del todo malas [f. 14r] § Capitulo sexto, de las demas casas deste signo: vnas prosperas, otras aduersas, otras indiferentes.- | Décimo segundo capítulo. Habla acerca de otra casa. Unas eran indiferentes, otras pueden ser luego malas. |
| Injc chiquacen capitulo: itechpa tlatoa in oc ce calli; in jpan jn machiotl, in jtoca Ei atl, cequj qualli, cequi tetolinj, cequj çan tlanepantla ca.32 | Sexto capítulo en el que se habla de otra casa del signo, llamada Tres agua, que era en parte buena, en parte triste y en parte, las dos. |
Según la terminología náhuatl traducida por Bernardino de Sahagún, los tonalli pueden ser “bien afortunados”, “mal afortunados” o “bien y mal afortunados” al mismo tiempo, es decir, se encuentran en medio, lo que el fraile traduce como “indiferente”. Por lo tanto, es la misma categorización tripartita que se encuentra y es retomada entre los autores españoles que se refieren constantemente a este tema.
No existe un documento único que explique cómo todas esas divinidades o fuerzas intervienen para determinar que un tonalli, “día”, sea cualli, “bueno”, amo cualli, “malo”, o bien cualli ihuan amo cualli, “indiferente”. Sólo se dispone, desgraciadamente, de informaciones parciales ofrecidas por diversos autores, como fray Bernardino de Sahagún, fray Diego de Durán y Jacinto de la Serna, o anotaciones en los códices Telleriano-Remensis, Vaticano a o Tudela, a lo que se puede añadir la información gráfica ofrecida en ellos.
Fue hasta que vieron la luz los trabajos de Anton Nowotny (2005, 235-519) que se estableció una correspondencia entre determinadas imágenes -en particular las de los Nueve Señores- y su oficio mántico. A continuación, se resume la información recopilada tanto por Ulrich Köhler (2000, 519) como por Nowotny (cuadro 6).
Así es que, de manera general, los días ilhuitl no tienen cualidad; sin embargo, existe una excepción que son los nemontemi. Éstos tienen una carga negativa y el vocabulario utilizado se diferencia del que se maneja a propósito del tonalpohualli. Como anota Patrick Johansson (2005, 160): “El sentido de la expresión náhuatl que refiere los días aciagos: nemontemi, sugiere la idea de vacío. En efecto nen-on-temi significa literalmente “que se llena de (algo) vano” o aun cuando puede parecer paradójico y constituir un verdadero oxímoron: ‘que se llena de vacío’”.
Cuadro 6 LAS INFLUENCIAS DE CADA UNO DE LOS NUEVE SEÑORES SEGÚN DIVERSAS FUENTES Y EL ESTUDIO DE NOWOTNY
| Número | Divinidad | Serna | Vaticano A /Telleriano-Remensis | Borgia | Vaticano B | Fejérváry-Mayer | Según Nowotny |
|---|---|---|---|---|---|---|---|
| 1 | Xiuhtecuhtli | Malo | Bueno | Templo | Templo | Altar | Bueno |
| 2 | Itztli | Malo | Malo | Encrucijada | Encrucijada | Encrucijada | Malo |
| 3 | Piltzintecuhtli | Buenissimo | Bueno | Templo | Templo | Templo | Bueno |
| 4 | Cinteotl | Buenissimo | Indiferente | Planta | Milpa | Planta | Indiferente |
| 5 | Mictlantecuhtli | Bueno | Malo | Encrucijada | Encrucijada | Encrucijada | Malo |
| 6 | Chalchiuhtlicue | Buenissimo | Indiferente | Agua | Agua | Agua | indiferente |
| 7 | Tlazolteotl | Malo | Malo | Encrucijada | Encrucijada | Encrucijada | Malo |
| 8 | Tepeyollotl | Bueno | Bueno | Templo | Templo | Templo | Bueno |
| 9 | Tlaloc | Buenissimo | Indiferente | Agua | Agua | Agua | indiferente |
Fuente: elaboración propia con base en Serna (2000); Anders y Jansen (1996); Quiñones Keber (1995); Nowotny (1976; 2005); Oudjik (2020) ; Anders, Jansen y Pérez Jiménez (1994).
Los nemontemi son tan vacíos que tienen la capacidad de borrar la cualidad de los días a los cuales corresponden cíclicamente. Así se puede entender en la cita siguiente:
| ca temauhti in jpan opeuh ilhujtl Nemontemj; ca atle itvnal, ca atle itvca:33 | Era terrible cuando comenzaba nemontemi. No tenía signo, no tenía nombre. |
Se sabe que todos los días tenían su tonalli; entonces, eso significa que los nemontemi podían esconder, borrar, anihilar las cualidades de los días y reemplazarlas por el vacío.
ENSEÑANZA
Es así como el estudio de los calendarios, tonalamatl, formaba parte de la enseñanza en el marco del calmecac. No hay nada comparable en el mundo del ilhuitl.
| Injc .14. vel nemachtiloia in cujcatl in quilhuja teucuicatl, amoxxotoca. Yoan vel nemachtiloia in tonalpoalli in temjcamatl, yoan in xiuhamatl .34 | La. 14ª. era que les enseñauan todos los versos de canto, para cantar; que se llamauan por caratheres. Y mas les enseñauan, la astrologia yndiana, y las interpretaciones de los sueños, y la cuenta de los años. | Decimocuarto: se les enseñaba el canto que llamaban teocuicatl cuidadosamente las canciones que llamaban las diujnos cantos: los quales versos estauan escritos en sus libros canciones de los dioses. Estaban inscritas en los libros. Y bien se les enseñaba a todos la cuenta de los días, el libro de los sueños y el libro de los años. |
Como destacó López Austin, los que pasaban por el Calmecac adquirían un buen entendimiento de lo escrito y conocían en particular el manejo del tonalpohualli: “Y cuando ya tenía diez años, o quizá ya doce, o quizá ya trece, lo metían al calmecac. En manos de los tlenamacaque, de los tlamacazque lo dejaban porque allí fuese enseñado, fuese amonestado, fuese aconsejado” (López Austin 1994, 89). Así, continúa el autor, se decía: “toma cargo de la tinta negra, del color, de los libros, de las pinturas. Colócate en la cercanía, en la proximidad de los prudentes, del sabio” (López Austin 1994, 71). Asimismo, anota lo siguiente: “La decimocuarta, eran bien enseñados los cantos, lo que se dicen 'cantos divinos'. Leían los libros. Y era bien enseñada la cuenta de los destinos, el texto de los sueños y el texto de los años” (López Austin 1994, 53).
UTILIZACIÓN PERSONAL / UTILIZACIÓN COLECTIVA
El papel fundamental del tonalamatl es la predicción, la interpretación de los sueños o de los agüeros, funciones eminentemente personales. Los ritos o fiestas que se hacían en relación con los tonalli tenían una dimensión personal o bien limitada en términos de los participantes. Así, por ejemplo, sobre Tezcatlipoca, se dice que la gente lo honraba el día 1-miquiztli en el oratorio de su propia casa o en el templo del calpulli.35
De la misma manera, en las fiestas corporativas (de diversos artesanos o de comerciantes) los participantes aparecen en número limitado. La fiesta de Nahui-Olin, que tenía lugar cada 260 días, parece tener como únicos participantes a los encargados del templo.36 La cuenta de los días ilhuitl sirve para la organización de eventos que reúnen una muchedumbre o bien que se relacionan con la vida cotidiana de todos.
CÓDICE FLORENTINO LIBRO IV / LIBRO II
Es importante señalar que no se menciona ninguna veintena en el libro IV del Códice florentino, dedicado al tonalpohualli, ni se hace referencia al tonalli en el libro II, en el pasaje dedicado a las veintenas.37 Esa división tan fuerte se debe en parte a la construcción elaborada por Sahagún y a la concepción que adquirió a través de las informaciones proporcionadas por sus colaboradores. En el apéndice al cuarto libro dice:
Es la primera cuenta la división del año por sus meses. Es el caso que ellos repartían el año en deciocho partes, y a cada parte le daban veinte días. La segunda cuenta que estos naturales usaban se llama cuenta de los años, porque contaban cierto número de años por la forma que se sigue: tenían cuatro caracteres. La tercera cuenta que estos naturales usaban era el arte para adivinar la fortuna… (Sahagún 1989, 1: 275-276).
Así es como la primera cuenta se localiza en el libro II del Códice florentino, la segunda cuenta se menciona al final del libro IV, pero se desarrolla en el libro VII, y la tercera cuenta ocupa todo el libro IV. En el folio 71v. del libro IV, se encuentra una tabla en la cual se observa que quien la dibujó estaba consciente de que la segunda cuenta, que corresponde a un xiuhtlapohualli, y la tercera cuenta, que es el tonalpohualli, van juntas. En efecto, se hizo una tabla con los 20 signos del tonalpohualli con todos los números que pueden tomar en el ciclo de 260 días. Así, para cipactli son 1, 8, 2, 9, 3, 10, 4, 11, 5, 12, 6, 13, 7. Y en la columna de la derecha se añadieron los nombres de 52 años, empezando por 1-acatl y acabando con 13-tochtli, además de mostrar los cuatro grupos de 13 años o tlalpilli (figura 11).
Por lo tanto, el diseño implica, a pesar de lo que dice Sahagún, que existían sólo dos cuentas, las que derivan del tonalpohualli (días y años-tonalli) y los años-ilhuitl.
DE LA DIFERENCIA ENTRE XIUHTZITZIZQUILO Y XIUHMOLPILIA
En el libro VII del Códice florentino se dice a propósito de la ligadura de los años:

Tomada de Biblioteca Medicea Laurenziana, https://www.loc.gov/resource/gdcwdl.wdl_10096_001/?sp=664
Figura 11 Códice florentino.
| ic mitoa, vncan molpia, molpilia in toxiuh, oc ceppa iancuican vncan xiuhtzitzquilo:38 | vna fiesta, o cerimonja grande, que llamavan toxim molpilia, y esa casi atadura de los años. | Por eso dicen: “nuestros años se atan, se amarran ahí; son sujetados los años otra vez, nuevamente”. |
Con ello, se nota el uso de dos verbos para evocar esa ceremonia. El primero es ilpia, “atar”, mientras que el segundo es tziziquia, “asir con la mano”. Con respecto a la primera expresión, construida con el verbo ilpia, es la que se encuentra en todas las fuentes históricas, bajo una forma u otra (Thouvenot 2000, 153-182; 2004, 99-136). Sin embargo, la segunda es de un uso mucho más limitado, información importante y concordante propuesta por Sahagún y Durán, como se ve en los siguientes párrafos.
En el Códice florentino se lee:
| Ipampa yn in diablome, qujmilhuj qujstiliaia, yn ipan quavitleoa, anoço atlcaoalo in veuetque, in iquac xiuhtzitzqujloia: in ipam imilhujuh, tepeticpac.39 | A honrra deste diablo, y sus compañeros: hazian grâ fiesta, el primero dia del año: cada vn año, que era el segundo dia del hebrero: en el qual dia, matauan innumerables njños sobre todos los montes imjnêtes. | Por eso a estos diablos los antiguos los festejaban en [la veintena] Cuahuitlehua o Atlcahualo. Cuando era agarrada la hierba, en su fiesta, mataban muchos niñitos en las cimas de los cerros. |
Y sabemos que es el personaje llamado Epcohuacuacuiltzin quien tenía la responsabilidad de organizar, cada año, la fiesta de asir los años.
| In epcoaquacujltzin, izca yn jtequjuh catca: yn iquac ilhujtl qujçaia, yn aço xiuhtzitzqujlo: in ie muchi ilhujtl, muchi ipan tlatoaia, injc tletemaloz in ie muchi muchivaz muchi iehoatl ic tlanavatiaia, ipan tlatoaia.40 | [f. 129r] Este epcoaquacujltzin, tenja cargo de las fiestas, del calendario; y de todas las cerimonjas, que se aujâ de hazer en ellas: para que en nada vujesse falta: era como maestro de cerimonjas. | El Epcohuaquacuiltzin: esto era su cargo: cuando venían las fiestas o quizá el momento de asir el año: todas las fiestas, de todas tenía la carga, en cuanto al ofrecimiento de incienso, de todo lo que se tenía que hacer, él mandaba y supervisa todo. |
Por otra parte, fray Diego Durán ofrece un largo relato en relación con el inicio de los años:
Primero día del mes de marzo celebraban estas naciones antiguamente el año nuevo, como nosotros agora celebramos el primero de enero. Este día de año nuevo tenía cuatro nombres, por concurrir en él cuatro fiestas y solemnidades. La primera se llamaba Xiuhtzitquilo, que quiere decir “tomar el año en la mano”, y lo segundo, propiamente tomado en el rigor del vocablo quiere decir “tener un ramo en la mano”. Y porque lo entendamos, es de saber que xihuitl significa dos cosas: “año” y “ramo”. Tomándose por “año” quiere decir “tomar el año en la mano”, y, tomándose por ramo, dirá “tomar el ramo en la mano”.
Según la pintura, que es un indio con un ramo en la mano, parece que nos quiere significar la segunda declaración del vocablo, que es tener un ramo en la mano. Pero considerado, como ellos lo consideraban, que el año era de muchos meses y días, compuesto como el ramo de muchas ramas y hojas, propiamente, aunque por metáfora, quiere decir “tomar el año en la mano”, empezar el año, como acá decimos: “Tomé el camino en la mano”, para dar a entender que empezó el camino. Así estos, por metáfora, daban a entender ser el principio del año y tomar y empezar a correr su año. Y esto era el primer nombre que año nuevo tenía (Durán 1967, 1: 239-240).

Tomada de Biblioteca digital hispánica, https://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000169486&page=332 .41
Figura 12 Atlas de Durán.
Y, después, retoma su comentario sobre la ceremonia Xiuhtzitzquilo dando muchos detalles (Durán 1967, 1: 221). Por lo tanto, Durán confirma lo que observamos en el Códice florentino, es decir, demuestra que los años-ilhuitl se asen, se toman por la mano, cada año, mientras que los años-tonalli se atan al final de 73 ciclos del tonalpohualli, lo que equivale a 52 años-tonalli. 42
Así, los años-ilhuitl se juntan uno a uno formando una línea recta sin fin, mientras que los círculos de los tonalpohualli se atan dando lugar a una cadena interminable gracias a la sucesión de los ciclos.
Cabe preguntarse sobre la necesidad de atar los ciclos, ¿acaso no se seguían tal como lo hacen los años-ilhuitl?, ¿por qué se tenía que amarrar un ciclo de 18 980 días al siguiente?, ¿por qué las esculturas no presentan un atado de 52 o 73 ítems?
ACOPLAMIENTO CON LAS PLÉYADES / ACOPLAMIENTO CON EL SOL
Como se mencionó, hay un periodo intermedio de 13 días entre dos círculos de 73 tonalpohualli, lo que es posible deducir a partir de las fuentes sintetizadas por Sahagún (1993, f. 283r.-286r.) que se expresa de la manera siguiente, citado por López Austin (1979, 47):
Y tenían prenóstico o oráculo que entonce havía de cesar el movimiento de los cielos, y tomavan por señal al movimiento de las Cabrillas la noche de esta fiesta, que ellos llamavan toximmolpilía. De tal manera caía que las Cabrillas estavan en medio del cielo a la medianoche, en respecto de este horizonte mexicano (López Austin 1979, 47).
Si se toma en cuenta la información provista por los sabios de Tepepulco y los de Tlatelolco, la realidad matemática muchas veces afirmada por las fuentes sobre que la ligadura de los ciclos se hacía después de 73 × 260 días o bien 52 × 365, es decir, 18 980 días, tenemos un problema, debido al hecho de que las Pléyades no estarían en su lugar, en medio del cielo, a media noche.43 Para que este cálculo o alineación fuera posible, era necesaria una corrección, de lo contrario habría un desfase de 13 días, lo que sin duda hubiera generado mucho temor (Serna 2000, 163).
LOS APELLIDOS
Vimos antes que entre dos años-ilhuitl se lleva a cabo un asimiento, mientras que dos ciclos de 52 años-tonalli se tienen que atar. En los dos casos existe un espacio temporal. En el primero, se trata de los 5 días llamados nemontemi y, en el segundo, el caso de la ligadura, se trata de 13 días. Esos dos periodos son momentos tan particulares que tienen efectos diferenciados sobre la manera de nombrar a los que nacen en esos intercisos temporales.
En el caso de los nemontemi y del xiuhtzitzquilo, los que nacían durante los nemontemi veían su ser permeado por la vanidad de aquellos días. Los llamaban nemon “vano”, nentlacatl “persona vana”, nenquizqui “el que salió en vano” si era hombre, y nencihuatl “mujer vana” si era mujer (Johansson 2005, 159).
En cuanto al periodo correspondiente a la atadura, se dice que los hombres se iban a llamar Molpilli, Xiuhtlapil, Xiuhtzitzqui, Xihuitl, Texiuh, Xiuhtlatlac, Quetzalxiuh, Xiuhquen, y las mujeres Xiuhnenetl, Xiuhcue, Xiuhcoçol, etcétera.44
De esta manera, a los que nacían al final de un año-ilhuitl se les llamaba por un nombre formado sobre la raíz nen- “en vano, por demas, o sin prouecho. aduer. [67r]”, mientras que los que nacían al final de los ciclos de años-tonalli tenían un nombre que integra la raíz xiuh-, “año”, o la raíz verbal ilpi-, “atar”, o bien las dos. Los que se nombraban nen- nacían en el transcurso de los nemontemi. Entonces, ¿en qué espacio temporal nacían los que se llamaban xiuhtlalpil o algo similar? Propongo la hipótesis de que nacían en el intervalo de 13 días existentes entre dos ciclos de 18 980 días.
LA LIGADURA DE LOS CICLOS
La frase de Tezozómoc -“toxinmolpilli, [que] hes de a setenta y tres años”-, la ligadura con el tonalpohualli y las oposiciones nos invitan a dejar de hacer una mezcolanza que consiste en juntar el tonalpohualli con el cempohuallapohualli, los años-tonalli con los años-ilhuitl.
Cuando Tezozómoc menciona una fecha más precisa en relación con la ligadura, da la del tonalpohualli, un día 9-acatl.45 No menciona ninguna veintena. Lo mismo se observa en Chimalpain46 o en los Anales de Cuauhtitlan.47 En las esculturas de ligaduras de ciclos, del año 2-acatl, aparecen muy a menudo tres fechas y todas pertenecen al tonapohualli: el año 2-acatl y los días 1-tecpatl o 1-miquiztli. Todo apunta hacia el hecho de que la ligadura se inscribe totalmente en el marco del mundo del tonalli.
Se debe recordar que son únicamente los años-tonalli, creados por la superposición de los ciclos de 365 días sobre los del tonalpohualli de 260 días, los que crean los 52 xiuhtonaltin e imponen la necesidad de proceder a una atadura al momento de empezar un nuevo conjunto de 73 × 260, es decir, 52 años. Por su parte, los años-ilhuitl pueden multiplicarse sin límite.
Desacoplar los años-tonalli de los años-ilhuitl, tal como Tezozómoc nos invita a hacer, tiene una consecuencia: en el caso necesario de hacer una corrección se puede imaginar una enmienda diferente en los dos sistemas de xihuitl. Así, nada impide pensar que los años-ilhuitl hacían una corrección cada cuatro años, como lo mencionan varias fuentes, o de la cuarta parte del día cada año,48 o que no se hacía ninguna, como lo propuso Michel Graulich en varios de sus trabajos (1986, 1999), y que los años-tonalli hacían una corrección de 13 días, tal como lo indica Serna (2000, 163), sólo al final de un ciclo de 18 980 días o bien repartidos en el transcurso de los 52 años-tonalli.
Por lo tanto, la gran diferencia es que para conciliar los ciclos de los 73 tonalpohualli y los 52 años-tonalli con la información que se encuentra en el mismo lugar a propósito de las Pléyades, es decir, en el libro VII del Códice florentino, tenemos la obligación de tomar en cuenta una grieta temporal de 13 días, mientras que los años-ilhuitl son, teoréticamente, libres de correr sin ninguna obligación. La libertad es relativa porque al momento de la ligadura los años-tonalli y los años-ilhuitl tienen que encontrarse, que entrelazarse. Esto es lo que expresa, al momento de la ligadura, el encuentro en la misma frase de las dos expresiones xiuhilpia y xiuhtzitziqui. La primera que pertenece al mundo de los años-tonalli y la segunda a los años-ilhuitl.
No hay duda de que la ligadura tenía lugar mientras pasaba una veintena, pero no existe una relación estructural entre los dos fenómenos. Los años, en cuanto sucesión de veintenas, no intervienen en el proceso de la ligadura, sólo reciben el evento. Por diversas fuentes (el Códice borbónico, Motolinía, Códice en cruz, etcétera) sabemos que la última ceremonia del Fuego Nuevo tuvo lugar en la veintena de Panquetzalitztli.49
El momento de la ligadura, aunque haya pertenecido al mundo del tonalli, cambia de estatuto y deja de ser una fiesta particular para transformarse en una fiesta colectiva que involucraba a toda la sociedad. Y en esa ocasión los tonalpouhque pierden su poder, por lo que pasa entre las manos de los tlamacazque y tlenamaque, porque son ellos quienes deciden el momento de atar los ciclos. Es lo que sugiere el uso del verbo huetzi, “caer”, junto con la palabra xihuitl, “año”, en esta cita de los Coloquios y doctrina cristiana (Sahagún 1986, 138-140):
| In tlamacazque, in tlenamacaque ... Ca iehoantin techitqujticate, techiacana, techotlatoltia iehoantin qujtecpana in iuh vetzi ce xivitl, in iuh otlatoca in tonalpoallj, auh in cecempoallapoallj qujmocujtlauja, iehoantin yntenjz, incocol, y^ mamal in teutlatollj. | Ellos [los tlamacazque, tlenamacaque] nos llevan, nos guían, dicen el camino, los que ordenan como cae el año, como siguen su camino la cuenta de los destinos y los días y cada una de las veintenas. De esto se ocupan, de ellos es el encargo, la encomienda, su carga: la palabra divina. |
CONCLUSIÓN
El conjunto de diferencias entre el tonalli y el ilhuitl expuesto anteriormente, junto con la frase de Tezozómoc que relaciona directamente la ligadura de los años al tonalpohualli, muestra el aspecto primordial de la cuenta de los destinos. La cuenta de los 260 días con sus cualidades es el sustrato de las cuentas más grandes, los años-tonalli y los 73 tonalpohualli, el que, después de generar 52 nombres de años, resultaba imprescindible proceder a una ligadura. Todo ello se inscribe únicamente en el mundo del tonalli, tal como se ha podido observar en lo expresado en la Piedra de la Coronación de Moctezuma II (figura 1) o en la Piedra del Sol (figura 2). Los ilhuitl, “días”, “fiestas”, “veintenas”, o los años-ilhuitl no intervienen en este proceso.
Como se mencionó, la existencia de varios calendarios de carácter artificial y pedagógico, como el Atlas de Durán o el Kalendario mexicano, muestra que a veces cohabitaban los dos mundos, el del ilhuitl y el del tonalli. A pesar de su carácter artificial, lo anterior nos revela que quienes hicieron esos calendarios tenían la capacidad intelectual de juntarlos, aunque para la realidad de la mayoría de las personas esa cohabitación no existía. Esto nos lleva a preguntar ¿quién en la sociedad tenía una clara conciencia de los dos sistemas de cuenta -tonalpohualli y cempohuallapohualli- y cómo se podían unir imaginariamente?
Observada la importancia que tenían las cuentas del tiempo -tonalpohualli y cempohuallapohualli-, qué respuesta habría dado un nahua del siglo XVI a la pregunta: ¿qué día es hoy? ¿Quién hubiera podido contestarle a Cortés en el momento de su primera llegada a México: “hoy es el día 8-ehe-catl, 9o. día de la veintena Quecholli del año 1-acatl”?50 La respuesta habría dependido del estatus social de la persona que hubiera contestado.
Mi hipótesis es que todo el mundo habría podido responder: “hoy es el 9o. día de la veintena Quecholli” o por lo menos “hoy es en la primera mitad de Quecholli”. Eso es posible porque las veintenas se relacionan con las estaciones, los trabajos del campo y están conformadas de múltiples ritmos que las animan. Las diversas fiestas eran visibles, audibles y públicas y seguían una frecuencia en relación con el número 20 y sus divisiones. En particular, la regularidad de los mercados, cada cinco días, marcaba la marcha del tiempo. Por esas razones pienso que todos sabían cómo se llamaba la veintena en la cual se encontraban y debían tener una buena idea del número del día.
Por el contrario, conocer el tonalli del día 8-ehecatl sólo era posible para alguien que tuviera el conocimiento del flujo de la cuenta de los tonalli.51
Entre quienes tenían esa capacidad se encuentran los tonalpouhque, quienes sabían leer e interpretar los tonalamatl, pero no eran los únicos. Algunas corporaciones, por ejemplo, los pochteca, podían elegir en una lista. No se debe olvidar a los que habían acudido algún tiempo al calmecac y que sabían cómo nombrar los años y, finalmente, los altos religiosos -tlamacazque, tlenamacaque- que enseñaban en esta misma institución y conocían todos los aspectos de la computación temporal. Vamos a ver cada uno por separado.
En el día a día todas las personas debían vivir la realidad de los dos mundos, pero para ellas era evidente que el del tonalli tenía una naturaleza distinta, pues era la cara desconocida del día, es decir, tan ajena a la vida cotidiana que se necesitaba la intermediación de un especialista, un tonalpouhqui, para interpretarla. Los tonalpouhque son quienes sabían leer los tonalamatl y dar sentido a los datos proporcionados, conjugándolos con las preguntas y las informaciones ofrecidas por quienes los consultaban.
Algunos, como los lapidarios o los pochteca, debían conocer las fechas del tonalpohualli para hacer sus fiestas. ¿Lo sabían ellos mismos o recurrían con regularidad a los servicios de un tonalpouhqui? Los pochteca debían tener una fecha favorable en tres ocasiones. Al momento de iniciar su viaje, al momento de regresar y al momento de organizar la fiesta después de arribar. En esta última ocasión se dice de manera expresa que ellos se acercaban a un tonalpouhqui.52 Al despedirse53 y al regresar54, la expresión en náhuatl reflexiva motonalpouique o motonalpouiliaia sugiere que ellos conocían los días favorables sin tener que contar con la ayuda de un tonalpouhqui. Para las despedidas podían elegir entre cuatro días posibles: 1-cohuatl, 1-cipactli, 1-ozomatli o bien 7-cohuatl y para el regreso tenían que escoger un día 1-calli o 7-calli.
Esto implica que siempre sabían cómo se nombraban los días o bien que hacían una consulta rápida al tonalpouhqui más cercano para preguntarle algo como ¿cuántos días faltan para que sea un día determinado? Se hace relevante que, en esos dos casos, tanto en la despedida como en el regreso de los comerciantes, no había ninguna interpretación, los datos objetivos eran suficientes para conocer el carácter de esos días. La elección se hacía en una lista.
Por su parte, los pipiltin, hijos de principales, que acudían al calmecac, aprendían el funcionamiento del tonalpohualli, pero este conocimiento debió de impartirse de un modo tan general que se veían en la necesidad de consultar un especialista, un tonalpouhqui.55 En el calmecac los estudiantes también aprendían a leer los xiuhamatl, “libros de los años”, de modo que quienes no pasaban por esa institución probablemente no tenían idea del nombre del año en el que se encontraban. Por ello dudo que muchos hubieran podido contestarle a Cortés que llegó en un año 1-acatl.
Ese tipo de saberes correspondían a los conocimientos de los tlamatinime.56 Entre ellos, eran los tlamacazque, tlenamacaque los que enseñaban el funcionamiento del tonalpohualli a los jóvenes y quienes, cuando se cumplían los 73 tonalpohualli y los 52 años-tonalli, debían decidir el momento adecuado para las fiestas de la ligadura. Son, probablemente, los que Tezozómoc (2021, 561) llamaba “biexos guardadores de los rreportorios y acabamiento de años”.
La cita de los Coloquios y doctrina cristiana que menciona tanto el tonalpohualli como el cempohuallapohualli nos invita a creer que los tlamacazque, tlenamacaque hubieran podido contestar a la pregunta de Cortés sobre el día de su arribo diciendo “hoy es el día 8-ehecatl, 9o. día de la veintena Que cholli del año 1-acatl”. Ellos también sabían que la ceremonia de la ligadura, nacida del mundo del tonalli, marcaba la irrupción de la colectividad en este mundo esencialmente privado y que era el momento del encuentro de los dos mundos, del tonalli y del ilhuitl, que la lengua hace patente por la utilización de los dos verbos ilpia, “atar”, y tzitziquia, “asir”, en la misma frase.
Por último, Tezozómoc, al posicionarse totalmente del lado del atar del tonalpohualli y del mundo del tonalli,57 nos ofrece la concepción del tiempo de un hombre de su educación y de su condición social, visión muy diferente a la difundida durante cinco siglos al hablar siempre de la ligadura que se hacía cada 52 años y mencionando sólo de manera secundaria -cuando se hacía- los 73 tonalpohualli.










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