Las estrellas en el arte representan libertad, sueños y el anhelo de alcanzar lo inalcanzable. Simbolizan, en muchas culturas, la búsqueda de la luz en medio de la oscuridad, lo cual nos recuerda que más allá nos esperan infinitas posibilidades y proporcionan un sentido de aventura. Inspiran la imaginación, especialmente en entornos de aprendizaje o trabajo creativo.
Al recordar a las estrellas en el arte, un referente recurrente es la obra de Vincent van Gogh. La obra maestra La noche estrellada es una de las pinturas más reconocidas en la historia del arte. Desde su creación, ha sido objeto de análisis, admiración y diversas interpretaciones que van más allá de su apariencia visual. En ella, no solo se representa un paisaje nocturno lleno de color y movimiento, sino que también refleja la complejidad de la vida y las emociones durante un periodo tumultuoso en la vida de su autor. La obra se caracteriza por un estilo postimpresionista que explora las emociones a través de la realidad tangible y es considerada una representación de sus luchas internas. Sus colores vibrantes, con pinceladas en movimientos concéntricos y ese amarillo brillante, muy característico de la obra de este artista, llevan a rememorar una vida marcada por la dificultad y la lucha constante con su salud mental1.
Mientras se encontraba en el asilo, Van Gogh salió a pintar nocturnamente, una experiencia que se refleja en el uso del color y del movimiento en La noche estrellada. En su composición -un cielo estrellado con nubes en forma de remolinos y unos contrastantes cipreses- es posible percibir su vínculo con la naturaleza, con la que tuvo una relación íntima y casi espiritual. Obtuvo su inspiración de los paisajes rurales de su infancia y de sus migraciones por diferentes áreas de Europa, lo que lo llevó a observar y representar la naturaleza de manera única2.
A diferencia de sus otras dos hermanas, Ana y Elizabeth, su hermana Wilhelmina era cercana a Vincent y se escribían con frecuencia, sobre arte y literatura, pero también sobre sus propios problemas de salud mental. Redactó en algunas cartas, a lo largo de varios días, sobre su arte para que ella supiera de sus cuadros de girasoles de Arlés, del cartero y de la terraza, así como de la campiña alrededor de Arlés. Le habló de la claridad del aire y de los colores vivos y brillantes, especialmente el azul cobalto. Vincent también le regaló pinturas, algunas de las cuales creó especialmente para ella, en las que tomó en cuenta sus preferencias3. En una carta le escribe que la noche tiene más color que el día y que las estrellas son más que pequeños puntos que se presentaban con diferentes colores.
La técnica que utilizaba se conoce como impasto, que consiste en aplicar directamente la pintura desde el tubo que la contiene para que resalte del lienzo.Es triste saber que, por los componentes que utilizó para su pintura amarilla, ahora su brillo se está perdiendo y, al parecer, no hay forma de detener el proceso de degradación del color, ya que el amarillo de cromo y el de cadmio que usó para darle vida a sus pinceladas están siendo víctimas de su propia belleza4.
El mirar de frente La noche estrellada interna al espectador en el mundo imaginario de un artista que no fue reconocido en su época y del que aún ahora no se sabe qué enfermedad mental sufrió y la precariedad de su vida, que, gracias al soporte de su hermano Theo, pudo superar. Esta obra se puede apreciar en el Museo de Arte Moderno de Nueva York, EE. UU. Cuando el museo adquirió la obra en 1941, esta era poco conocida, pero rápidamente se tornó en un referente del arte moderno y del movimiento posmoderno5.
Unos meses después de la muerte de Vincent, muere Theo, quien le encarga a su esposa que difunda y trate de mantener la obra de Vincent; además, ella decide publicar la correspondencia que mantuvo con su hermano, lo que ayudó a conocer más sobre los sentimientos y problemas por los que él pasaba. Vincent realizó la obra en 1889, cuando estuvo internado en el asilo psiquiátrico de Saint-Paul-de-Mausole, Francia, y era el cielo que observaba por su ventana durante su estancia en ese lugar6.
Otra obra que precede a la anterior es La noche estrellada sobre el Rhône, que se encuentra en el Musée d’Orsay, París, y que pintó en 1888.
Este cuadro lo realizó meses después del incidente en el que “se corta la oreja” y, de alguna manera, en este periodo, en el que sufrió un enorme descontrol, es cuando ingresa al asilo7.
Sus otras obras representan diversas escenas de los lugares en los que vivió; en algunos, los motivos son los habitantes de esas zonas o las personas con las que convivía. En alguna época de su vida, después de un periodo de depresión, se aisló de su entorno. Su hermano intentó acercarlo a otros artistas, entre ellos Paul Gauguin y los que estaban en el movimiento impresionista. La historia de este artista nos abre a otra visión del cielo estrellado: algo para soñar.









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