El peregrinaje intelectual de Miguel Servet
Miguel Servet fue un médico y teólogo español nacido en Villanueva de Sigena, Aragón, el 29 de septiembre de 15111 (Fig. 1). Su padre, Antón Serveto, fue un distinguido notario del Monasterio de Sijena. Su madre, Catalina Conesa, provenía de una familia judía conversa de la rama de los Zaporta.2

Figura 1 Retrato de Miguel Servet. Autor: Christoffel van Sichem (1546-1624), entre 1570 y 1605 (la imagen es de uso gratuito, no requiere autorización previa y pertenece a los fondos de la Biblioteca Nacional de España: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000035661).
Miguel Servet, desde muy joven, se formó en el entorno religioso y cultural del Monasterio-Castillo de Montearagón, donde sirvió como ayudante del abad fray Juan de Quintana, futuro confesor de Carlos I de España y V de los reinos de Alemania. Ahí recibió una educación integral en las Siete Artes Liberales, que se dividían en el Trivium (gramática, dialéctica y retórica) y el Quadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía).3 Además, logró un gran dominio del hebreo, el griego y el latín. Esta experiencia temprana influyó en su futura formación profesional.
Posteriormente, Servet comenzó sus estudios en la Universidad de Zaragoza, donde se matriculó en la Facultad de Artes en 1520. Entre 1528 y 1529, se trasladó a la Universidad de Toulouse (Francia) para estudiar derecho romano y canónico.4
A mediados del siglo xvi, la Universidad de Toulouse era un centro de intenso debate intelectual, con alrededor de 10,000 estudiantes. Fue ahí donde Miguel Servet se cruzó por primera vez con el reformador protestante John Calvino. Un encuentro que parecía inocuo en ese momento sentó las semillas de una tragedia que alcanzaría su clímax 26 años después, llevándole a un final trágico y brutal que le costaría la vida.
En aquellos tiempos de oscurantismo, el Concilio de Toulouse había decretado que la lectura de textos bíblicos estaba prohibida para los legos.5 No obstante, ahí estudió Antiguo y Nuevo Testamento, a pesar de ser textos prohibidos. Pero Miguel Servet, incansable buscador de la verdad, se sumergió en la teología y la reforma religiosa, forjando sus propias ideas sobre la fe y la Iglesia. Sin embargo, la sombra de la Inquisición se cernió sobre él y en 1529 tuvo que huir precipitadamente de regreso a España, ya que la Inquisición de Toulouse había emitido un edicto de persecución contra una lista de 40 fugitivos, con Miguel Servet a la cabeza.6 De esta forma, Servet terminó regresando a España (Barcelona) en 1529 junto a su mentor Juan de Quintana, integrándose en el séquito del Emperador, que entonces emprendía un viaje naval hacia Italia (Roma), donde Carlos V fue ratificado a través de su segunda coronación por el papa Clemente VII como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, en San Petronio de Bolonia, el 24 de febrero de 1530.7 Como resultado de sus ideas contrarias a la doctrina escolástica teológica, Servet fue apartado de la corte imperial y de la compañía de fray Juan de Quintana. Para evitar la Inquisición, se trasladó a la pacífica y tolerante ciudad de Basilea (Suiza), donde un año y medio después entregó a la imprenta una obra por la que Servet apareció en la lista de los herejes más buscados por la Inquisición.8
En 1531, en Estrasburgo, Servet publicó su obra De Trinitatis Erroribus,9 y al año siguiente, en 1532, dio a conocer Dialogorum de Trinitate.10 Ambos tratados teológicos pusieron de manifiesto su profunda erudición y su capacidad para cuestionar las doctrinas teológicas dominantes de la época. La importancia de estas dos obras radica en que constituyen el núcleo embrionario de su obra maestra, Christianismi Restitutio. La publicación de De Trinitatis Erroribus provocó una reacción inquisitorial implacable, que llevó a la prohibición de la obra y a la citación de Servet ante la Inquisición española en 1532, marcando el inicio de una persecución que tendría graves consecuencias para el autor.
En 1533 terminó sus estudios del Trivium y Quadrivium en la Facultad de Artes de París.11
Formación en la Facultad de Medicina de Paris
En Lyon (Francia) publicó en 1535 La Geografía de Ptolomeo, ahora bajo el nombre de Miguel de Villanueva (Michael Villanovani), tras huir de la persecución por el Santo Oficio.12 Ahí tuvo la oportunidad de conocer al médico Symphorian Champier (1472-1535).
La relación con Champier, un destacado editor de textos griegos y poseedor de una gran biblioteca, permitió a Servet acceder a un mundo de ideas y conceptos que ampliaron su perspectiva filosófica y científica. En ese entorno de erudición, Servet se familiarizó con la literatura neoplatónica y hermética, que ejerció una profunda influencia en su pensamiento y obra. Se dedicó al estudio de las obras de Galeno, Hipócrates y Avicena.13 Este fue el principal impulso que orientó a Servet hacia la medicina. Su colaboración en la revisión de un tratado de botánica probablemente desempeñó un papel catalizador en su desarrollo como médico. De hecho, publicó De Syruporum universa ratio el 25 de marzo de 1537 en París, apenas un día después de haber ingresado a la Facultad de Medicina de París.14,15 Esta coincidencia cronológica sugiere que Servet había invertido un tiempo considerable en la preparación del manuscrito, lo que pone de manifiesto su interés por la medicina práctica y una notable precocidad en su carrera como médico, a pesar de no haber seguido una formación oficial en medicina hasta ese momento. La obra tuvo tanto éxito que ameritó nada menos que tres reediciones, en 1545 (Venecia), 1546 (Lyon) y 1548 (Venecia).
Su ingreso a la Facultad de Medicina de París aparece registrado el 24 de marzo de 1537 y su renovación el 22 de marzo de 1538.16 Tuvo como maestros ilustres personajes de la talla de Jacques Dubois (Silvio), Johan Gunther D’Andernach y Jean François Fernel.
Jean François Fernel (1497-1558), destacado médico francés, legó varias obras notables, entre las que sobresale Medicina (París, 1554), en la cual introdujo por primera vez el término «fisiología» para describir el estudio de las funciones corporales. Las observaciones anatómicas de Fernel se caracterizaron por su precisión y claridad expositiva, anticipándose o coincidiendo con la publicación de De humani corporis fabrica de Vesalio (1543). Fernel sostenía que era preferible la observación personal a la vox magistiri.17
Johann Winter von Andernach (1505-1574), también conocido como John Gunther D’Andernach, médico y traductor alemán, en 1536 publicó en París Institutiones Anatomicae, un tratado innovador sobre el cuerpo humano que se basaba en la obra de Galeno, como lo demuestra la traducción del frontispicio de dicha obra, del latín al español: Institutos Anatómicos según la opinión de Galeno para candidatos a medicina, primer libro, de John Guinter Andernach. Su obra, que tuvo gran influencia en la enseñanza de la medicina en Europa, se caracterizó por sus aportaciones originales en el campo de la anatomía, fruto de su experiencia en la disección de cadáveres humanos. Tuvo como discipulos a Vesalio y Servet, e inculcó a sus alumnos la afición por las disecciones humanas. Al parecer, fue Vesalio quien realizó las disecciones para enriquecer la edición de Winter. Winter mencionó en la tercera edición de Institutiones Anatomicae (Basilea, 1539): «Tuve como ayudantes a Vesalio, un joven muy diligente en Anatomía, y luego a Miguel Villanovanus, un hombre eminente en todas las letras y no inferior en la doctrina de Galeno».18
Jacques Dubois, también conocido como Silvio (1478-1555), fue probablemente el menos destacado de los tres. Sin embargo, poseía un método de enseñanza excepcional, que le permitió reunir hasta 400 alumnos en sus clases. Se vio envuelto en polémicas con Vesalio, quien, en un gesto revelador de su deteriorada relación, le omitió de la lista de colaboradores en la segunda edición de su obra magna De humani corporis fabrica.17
Bajo la égida de sus ilustres mentores, Servet se inició en el arte de la disección anatómica, lo que despertó en él una pasión inextinguible por el estudio de la estructura humana. Además, fue compañero de Andrés Vesalio de 1536 a 1538 en la Facultad de Medicina en París. Dicha convivencia en el mismo contexto histórico, y el gran conocimiento de Vesalio como anatomista y disector, pudieron haber sentado las bases para el ulterior descubrimiento de la circulación pulmonar por Miguel Servet.19
En la época de Miguel Servet, la astrología, disciplina integrada en el currículum educativo de la Edad Media y el Renacimiento, se enseñaba como herramienta para comprender los movimientos celestes y su influencia en la vida humana. Sin embargo, la astrología predictiva o ars divinatrix, que pretendía predecir eventos de índole social o política, estaba sujeta a una estricta prohibición por parte de la Inquisición.20
En este contexto, la conferencia de Miguel Servet sobre astrología en la Universidad de París, en la que predijo un eclipse de Marte por la Luna el 13 de febrero de 1538,20 al cual le agregó tintes predictivos, suscitó una controversia que desembocó en su denuncia, juicio y suspensión de la Facultad de Medicina. Los incidentes provocados por este curso de astrología le obligaron a abandonar París en 1538.16
Tras este incidente, en 1539, Servet decidió establecerse en Charlieu, Francia, y al año siguiente, en 1540, se matriculó y obtuvo el título de médico en la Escuela de Medicina de Montpellier.21 Posteriormente, en 1541, se trasladó a Vienne, en el Delfinado francés, donde fue nombrado médico personal del arzobispo Pierre Palmier, su amigo y antiguo alumno de su clase de astrología en París. En Vienne, Servet vivió, en sus propias palabras, los «doce mejores y más felices años de mi vida», dedicado a sus dos grandes pasiones: la medicina y la reflexión teológica.22
Fue allí donde se dedicó a preparar el manuscrito de su obra cumbre Christianismi Restitutio, cuya edición comenzó en diciembre de 1552 y terminó el 3 de enero de 1553. En ella, Servet expuso sus ideas teológicas contrarias a la doctrina escolástica convencional. La obra apareció sin editorial ni lugar de impresión, constando solamente las iniciales M.S.V. (presumiblemente, Miguel Servet Villanovanis).23
Christianismi Restitutio y la circulación pulmonar
Al abrir Christianismi Restitutio (Fig. 2), una obra teológica monumental compuesta por 5 libros y 734 páginas, se hace evidente que se trata de un tratado profundamente teológico. Sin embargo, en el Libro V, dedicado al Espíritu Santo (Fig. 3), específicamente en la página 170 (Fig. 4), se encuentra el hallazgo servetiano, que aparece como una simple alusión, un comentario que revela la visión innovadora de Servet. Refuta el concepto galénico del paso de la sangre a través de poros invisibles en el tabique interventricular, e introduce por primera vez el concepto del sistema circulatorio menor o circulación pulmonar.

Figura 2 Frontispicio de Christianismi Restitutio, 1553 (la imagen es de uso gratuito, no requiere autorización previa y pertenece a los fondos de la Biblioteca Nacional de España: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000041850).

Figura 3 Libro V, dedicado al Espíritu Santo, de Christianismi Restitutio (la imagen es de uso gratuito, no requiere autorización previa y pertenece a los fondos de la Biblioteca Nacional de España: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000041850).

Figura 4 Página 170 del Libro V de Christianismi Restitutio, donde aparece el famoso párrafo dedicado a la circulación pulmonar (la imagen es de uso gratuito, no requiere autorización previa y pertenece a los fondos de la Biblioteca Nacional de España: http://bdh-rd.bne.es/viewer.vm?id=0000041850).
Dada la trascendental relevancia de este tema, a continuación se presenta una selección de los puntos más destacados contenidos en las páginas 169 a 173 de Christianismi Restitutio. En particular, se destaca el párrafo fundamental, que se encuentra en la página 170, el cual se reproduce a continuación en su versión original en latín acompañada de su correspondiente traducción al español:
«In cor est prius, quem in hepar, a Deo inspirata Adae anima(soplo divino),…Per inspirationem in os et nares, est vere inducta anima… Hinc dicitur anima effe in sanguine, et anima ipfa effe sanguis siue sanguineus spiritus. Non dicitur anima principaliter effe in perietibus cordis, aut in corpore ipso cerebri, aut hepatis, sed in sanguine…. est prius intelligenda substantialis generatio ipsus vitalis spiritus. Generatur ex facta in pulmonibus mixtione inspirati aeris cum elaborato sibtili sanguine, quem dexter ventriculus cordis sinistro communicat. Fit autem communicatio haec non per parietem cordis medium, ut vulgo creditur, fed magno artificio a dextro cordis venticulo, longo per pulmones ductu, agitatur sanguis subtilis: a pulmonibus preparatur, flauus efficitur: et a vena arteriosa, in arteriam venosa transfunditur… At que ita tandem a sinistro cordis ventriculo totum mixtum per disstolem attrahitur, apta fupellex, ut siat spitirus vitalis. Quod ita per pulmones fiat communicatio, et praeparatio, docet coniunctio varia, et communication venae arteriosae cum arteria venosa in pulmonibus…. a pulmonibus ad cor non simplex aer, fed mixtus sanguine mittitur per arteria venosam: ergo in oulmonibus fit mixtio. Ille itaque spiritus vitalis, a sinistro cordis ventriculo, in arterias totius corporis deinde transfunditur…”
«El alma de Adán fue inspirada por Dios en el corazón antes de entrar en el hígado [soplo divino]… Por la inspiración a través de la boca y las fosas nasales se introduce verdaderamente el alma;… se dice que el alma está en la sangre, y el alma misma es la sangre. No se dice que el alma resida principalmente en los órganos del corazón, o en el cuerpo mismo, el cerebro o el hígado, sino en la sangre… debe entenderse primero la generación sustancial del espíritu vital mismo. Se genera a partir de la mezcla del aire inspirado en los pulmones con la sangre que se bombea hacia fuera, la cual el ventrículo derecho del corazón comunica con el izquierdo. Esta comunicación no se realiza por la pared media del corazón [tabique interventricular], como comúnmente se cree, sino por un gran artificio: desde el ventrículo derecho del corazón, después de un largo paso por los pulmones, se agita la sangre sutil: es preparada por los pulmones, hecha amarilla [toma un color rojo vivo]: y desde la vena arterial [arteria pulmonar], es transfundida a la arteria venosa [venas pulmonares]. Y así, finalmente toda la mezcla es extraída del ventrículo izquierdo del corazón a través de la diástole, de modo que se convierte en el espíritu vital. Que la comunicación y la preparación [de la sangre] tienen lugar a través de los pulmones lo enseñan las diversas conexiones y comunicaciones de la vena arterial [arteria pulmonar] con la arteria venosa [venas pulmonares] en los pulmones. De los pulmones al corazón, no se envía simplemente aire, sino mezclado con sangre, a través de la arteria venosa [venas pulmonares]: se produce, por tanto, una mezcla en los pulmones… Ese espíritu vital, pues, desde el ventrículo izquierdo del corazón, se transfunde luego a las arterias de todo el cuerpo…»23
Miguel Servet se convirtió en el primer europeo en introducir este concepto tan innovador. En su visión, en su búsqueda de la verdad, se conjugan fuertemente los conceptos teológicos del ser, así como también sus conocimientos anatómicos adquiridos a lo largo de años de experiencia. Resulta evidente que un aspecto particularmente relevante en la vida de Servet es que siempre abordó el estudio de la medicina sin desvincularla de la filosofía y la teología. Sus dos grandes pasiones fueron la medicina y la teología. De hecho, la circulación pulmonar fue un descubrimiento secundario para Servet, ya que su principal objetivo era demostrar la presencia del espíritu divino, o alma, en la sangre, tal como se describe en la Biblia, específicamente en los libros Deuteronomio, Génesis y Levítico. El buscaba el camino que recorre el alma dentro del cuerpo físico. Quienes intentan reducir a Servet a un simple médico descubridor de la circulación pulmonar no han entendido la esencia del pensamiento y la lógica servetianas.
El hallazgo de Miguel Servet sobre la circulación pulmonar permaneció prácticamente en el olvido durante más de un siglo después de su muerte, y existen varios hechos que pudieran explicar semejante situación.
Después de su ejecución, todas sus obras fueron incluidas en el índice de libros prohibidos por la Iglesia católica en 1559, asegurando que su nombre y sus ideas fueran borrados de la historia, al menos por un tiempo.
La mayoría de los ejemplares de Christianismi Restitutio fueron confiscados, destruidos y quemados por el Santo Oficio, sobreviviendo solo tres ejemplares originales: uno ubicado en la Biblioteca Nacional de Austria (Viena), otro en la Biblioteca Nacional de Francia (París) y el tercero, incompleto, en la Universidad de Edimburgo. En 1723, la obra se reimprimió en Londres, pero fue incautada, destruida y quemada casi de inmediato por orden del obispo de la ciudad. Luego, en 1790, se reimprimió en Núremberg y solo cuatro ejemplares de esta edición han sobrevivido, repartidos uno en París, uno en Ginebra y dos en Yale; un quinto ejemplar podría estar en la Biblioteca del Vaticano. Fue precisamente esta reimpresión, en edición facsímil, realizada por el Dr. Christoph Gottlieb von Murr en Núremberg, la que marca un punto de inflexión en la historia de la transmisión de Christianismi Restitutio. Al reproducir fielmente el original, se preservó la integridad de la obra y se la hizo accesible a un público más amplio, superando las limitaciones impuestas por la inaccesibilidad a los ejemplares originales.24
Christianismi Restitutio representa la primera descripción impresa de la circulación pulmonar o menor, y además contraria a la teoría de Galeno. Aparentemente, Ibn Al-Nafis, médico árabe, ya había descubierto la circulación menor en 1245, pero nunca se divulgó una edición impresa, sino simplemente a manera de manuscrito titulado Comentario de la Anatomía del Canon de Avicena. De la suerte que este manuscrito fue relegado al olvido hasta 1924, cuando fue encontrado casualmente por el médico egipcio Dr. Muhyo Al-Deen Altawi, en la Universidad Albert Ludwig, en Alemania. Desde esa fecha hasta 1553, no existe ningún documento escrito publicado acerca de la circulación pulmonar.25
Un dato interesante sugiere que Servet fue el primer europeo en descubrir la circulación pulmonar. Su contemporáneo, Andrés Vesalio, con quien compartió estudios en la Facultad de Medicina de París, publicó en 1543 su obra maestra De Humani Corporis Fabrica sin mencionar la circulación pulmonar. Sin embargo, en la reedición de 1555, dos años después de la publicación de Christianismi Restitutio de Servet, Vesalio incluyó algunas insinuaciones sobre la circulación menor, lo que plantea interrogantes sobre la posible influencia del descubrimiento de Servet en su trabajo.26
En el Libro IV de la Historia de la Anatomía (1556), capítulo I, primer párrafo, página 72, el médico español Juan Valverde describió la circulación pulmonar de manera muy similar a como lo había hecho Servet tres años antes. Sin embargo, Valverde no mencionó a Servet en su descripción.27
De manera similar, Mateo Realdo Colombo, mentor de Valverde, describió la circulación pulmonar en su obra De Re Anatomica Libri XV (1559), Libro VII, páginas 177-178, pero omitió cualquier referencia a la contribución de Servet.28 La falta de reconocimiento a Servet puede atribuirse a la escasez de ejemplares de su libro, confiscados por la Santa Inquisición, o a la prudencia de evitar citar a un autor considerado hereje en una época de intensa censura y persecución religiosa.
Andrea Cesalpino ya había descrito su idea acerca de la circulación sanguínea en Questiones Peripateticae (1571), previo al trabajo de Harvey. William Harvey jamás mencionó a Servet. De hecho, Harvey basó parte de sus descubriminetos en el estudio de anatomistas como Colombo y Cesalpino. Además, Harvey estudió con Girolamo Fabrizi d’Acquapendente, quien había sido discípulo de Gabriele Fallopio, y este a su vez había sido sucesor de Mateo Realdo Colombo. Esta línea de influencia sugiere que el concepto de la circulación pulmonar desarrollado por Servet podría haber estado presente, de manera directa o indirecta, en la mente de Harvey cuando escribió De Motu Cordis (1624),29 independientemente de si tuvo o no acceso a Christianismi Restitutio. El hecho es que Harvey nunca reconoció explícitamente la influencia de Servet.
Pero, sin duda, el redescubrimiento del hallazgo de Servet no tuvo lugar hasta finales del siglo xvii y principios del xviii, cuando William Wotton, teólogo, erudito y escritor inglés, en Reflections upon ancient and modern learning (1694), capítulo XVIII, páginas 211 y 212, señaló las referencias a la circulación pulmonar hechas por Miguel Servet en Christianismi Restitutio.30
Muerte de Servet
Es fundamental subrayar que la condena de Servet por parte del tribunal ginebrino bajo el mando de Calvino no estuvo motivada por su innovadora contribución a la comprensión de la circulación pulmonar. La sentencia que le condenó a ser quemado vivo en la hoguera se debió a su postura teológica no ortodoxa contraria al dogma de la Trinidad y a su firme compromiso con la libertad de conciencia, que nunca se doblegó ante las presiones de un juicio condenatorio.
Las teorías teológicas de Servet, que le valieron la condena de muerte, han sido superadas por el tiempo, pero su valiente defensa de la libertad intelectual y de expresión continúan inspirando nuestra admiración. Sin embargo, es su revolucionaria descripción de la circulación pulmonar en Christianismi Restitutio lo que le ha convertido en un pionero inmortal de la ciencia, asegurando su lugar en la historia de la medicina.
Dos procesos inquisitoriales, uno en Lyon (Francia) y otro en Medina del Campo (España), y un tercer proceso en Vienne, del que logró escapar, no fueron suficientes para silenciarle. Durante su refugio en Ginebra, Calvino le denunció y las autoridades ginebrinas, no el Santo Oficio, le sometieron a un nuevo juicio. El 27 de octubre de 1553, la sentencia fue inexorable: muerte en la hoguera por herejía.31 En Champel, cerca de Ginebra, se cumplió la condena de ser quemado vivo, en un acto de brutal represión religiosa.
Miguel Servet, un mártir de la verdad, que dio su vida por defender sus convicciones y la libertad de conciencia. ¡Nuestro corazón late con profunda gratitud y admiración!










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