Hemos leído con interés el artículo «¿Es la demencia una tragedia? Comentarios desde la filosofía de la ambigüedad»1 y entendemos que, para los autores, la representación de la demencia en los ámbitos médico, público y mediático se caracteriza con frecuencia por un tono trágico, lo que fomenta su estigmatización.2 También, sobre el uso de descripciones deshumanizadoras, como la analogía de «frutas en descomposición», o términos como «muerte en vida» o «tsunami para los sistemas de salud, induce emociones negativas como el miedo y la impotencia, lo que exacerba el sufrimiento de los pacientes y de sus cuidadores.3,4 Esta retórica negativa dificulta la comprensión de la enfermedad.
La perspectiva biomédica tradicional, centrada en la enfermedad y el tratamiento, resulta insuficiente para comprender la complejidad de la experiencia de vivir con demencia, sobre todo en países de Latinoamérica. El planteamiento de la «demencia como tragedia» ignora la riqueza y la ambigüedad inherentes a esta condición. Adoptar una «filosofía de la ambigüedad», como se propone,1 implica trascender el modelo reduccionista de la «bata blanca» y reconocer la demencia como una dimensión integral de la experiencia humana, que exige una respuesta basada en la compasión, el apoyo y la comprensión holística. Esta perspectiva se alinea con las críticas posestructuralistas a las narrativas dominantes, que a menudo invisibilizan las experiencias subjetivas de los pacientes en favor de modelos diagnósticos y terapéuticos universalizantes.5 Por todo ello, creemos en la reflexión positiva que nos produce esta investigación1 sobre un tema muy importante en nuestra sociedad.










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