Un infarto cerebral es una emergencia médica crítica y sensible que requiere atención e intervención inmediatas. El último informe de la Carga Global de Enfermedades indica que la enfermedad vascular cerebral (EVC) es la segunda causa principal de muerte y la tercera causa principal de discapacidad en todo el mundo. Dadas la alta prevalencia y la creciente incidencia de esta enfermedad, identificar los factores de riesgo asociados es crucial. Además del crecimiento poblacional y el envejecimiento, factores de riesgo tales como la hipertensión arterial sistólica, un índice de masa corporal alto, niveles elevados de glucosa plasmática en ayunas, la contaminación ambiental y el tabaquismo han contribuido de manera significativa a esta tendencia.1
En América Latina, el ACV es la segunda causa de muerte más frecuente y representa el 6.7% de todas las defunciones, con una tasa anual de 47.3 muertes por cada 100,000 habitantes.2 En México, las mejoras en la esperanza de vida, en gran parte debido a nuevas políticas de salud pública, han dado lugar a un aumento en la población de adultos muy mayores (> 80 años). Este cambio demográfico podría haber contribuido al incremento en la prevalencia de la EVC, ya que estudios han reportado que un tercio de los casos ocurren en este grupo etario.3,4
En este estudio, nuestro objetivo fue comparar los factores de riesgo y las tasas de mortalidad en pacientes geriátricos víctimas de ACV isquémicos en dos cohortes distintas del Hospital Civil de Guadalajara Fray Antonio Alcalde (HCFAA), separadas por un intervalo de 12 años.
Analizamos los datos de dos cohortes que abarcan diferentes períodos (2010 y 2022-2023) en el HCFAA, un hospital terciario de referencia en el oeste de México. Recopilamos datos de pacientes con diagnóstico confirmado de infarto cerebral agudo (ICA), hospitalizados en el servicio de geriatría, centrándonos en aquellos de ≥ 80 años (clasificados como muy mayores).4 Se registraron y analizaron diversos factores de riesgo, incluyendo hipertensión arterial, diabetes mellitus, fibrilación auricular, tabaquismo, dislipidemia, antecedente de infarto cerebral, antecedente de ataque isquémico transitorio (AIT) y mortalidad intrahospitalaria. El diagnóstico de ICA se estableció con base en las manifestaciones clínicas y hallazgos de neuroimagen indicativos de una lesión isquémica aguda o subaguda.4
Se compararon las características basales de dos cohortes de pacientes: la serie inicial, compuesta por pacientes tratados en 2010, y una serie más reciente de 2022-2023, ambas dentro de la misma institución. Una descripción detallada del conjunto de datos inicial ha sido previamente publicada5. Las características clínicas, radiológicas y demográficas basales se presentan como frecuencias y porcentajes para variables categóricas. Las variables continuas se resumen como ± desviación estándar (DE) para aquellas con distribución paramétrica. Las comparaciones estadísticas se realizaron utilizando la prueba t de Student o la prueba de suma de rangos de Wilcoxon para variables numéricas, y la prueba de Chi-cuadrado para variables categóricas. Se consideró estadísticamente significativo un valor de p < 0.05 recopilamos la mortalidad intrahospitalaria de ambas cohortes.
Ambas cohortes sobre infarto cerebral fueron aprobados por el Comité de Ética Institucional, cumpliendo con las regulaciones internacionales y locales en materia de investigación.6
Se incluyeron un total de 109 pacientes con ICA en ambos periodos de estudio, conformados por 56 pacientes de la serie inicial y 53 pacientes de la cohorte 2022-2023. No se observaron diferencias significativas en la edad, con una media de 86 ± 4.0 años en la serie inicial, comparada con 84.8 ± 7.3 años en la serie reciente (p = 0.150). El ICA fue más frecuente en mujeres en ambas series (62.5% y 56.6%, respectivamente). La hipertensión arterial fue el factor de riesgo más prevalente en ambos periodos; sin embargo, la cohorte 2022-2023 presentó una mayor incidencia de hipertensión (83% vs. 64.3%, p = 0.030). No se encontraron diferencias significativas en otros factores de riesgo entre la serie inicial y la reciente, con frecuencias similares de diabetes mellitus, fibrilación auricular, tabaquismo, dislipidemia, antecedente de infarto cerebral y antecedente de AIT (todos p > 0.050) (Tabla 1). A pesar de la carga de factores de riesgo similar, la tasa de mortalidad intrahospitalaria fue mayor en la serie inicial (35.7%) en comparación con la serie más reciente (24.5%), aunque la diferencia no fue estadísticamente significativa (p = 0.210), ACV isquémico previo y accidente isquémico transitorio previo, fueron más prevalentes en la cohorte más reciente (Tabla 1). A pesar de la menor prevalencia de factores de riesgo en la primera cohorte, la tasa de mortalidad intrahospitalaria fue mayor (35.7% frente a 24.5% en la segunda cohorte).
Tabla 1 Características basales, factores de riesgo y mortalidad intrahospitalaria de las cohortes de 2009 y 2022-2023 en el departamento de geriatría del Hospital Civil Fray Antonio Alcalde
| Cohorte 2010 (≥ 80 años) | Cohorte 2022-2023 (≥ 80 años) | p | |
|---|---|---|---|
| N.º de pacientes | 56 | 53 | - |
| Sexo | |||
| Masculino, n (%) | 21 (37.5) | 23 (43.3) | 0.56 |
| Femenino, n (%) | 35 (62.5) | 30 (56.6) | 0.56 |
| Edad en años, media (DE) | 86.0 (4.0) | 84.8 (7.3) | 0.15 |
| Factores de riesgo | |||
| Hipertensión, n (%) | 36 (64.3) | 44 (83.0) | 0.03 |
| Diabetes mellitus, n (%) | 18 (32.1) | 21 (39.6) | 0.43 |
| Fibrilación auricular, n (%) | 21 (37.5) | 20 (37.7) | 1 |
| Tabaquismo, n (%) | 19 (33.9) | 25 (47.1) | 0.17 |
| Dislipidemia, n (%) | 3 (5.4) | 6 (11.3) | 0.31 |
| ACV previo, n (%) | 7 (12.5) | 14 (26.4) | 0.08 |
| AIT previo, n (%) | 1 (1.8) | 0 (0.0) | 1 |
| Mortalidad intrahospitalaria, n (%) | 20 (35.7) | 13 (24.5) | 0.21 |
ACV: accidente cerebrovascular; AIT: accidente isquémico transitorio; DE: desviación estándar.
Realizamos un análisis comparativo de dos cohortes de pacientes mayores de ≥ 80 años con ICA, separadas por un intervalo de 12 años, con el objetivo de evaluar los cambios en la mortalidad intrahospitalaria y en el perfil de factores de riesgo. Nuestros hallazgos indicaron que la mortalidad intrahospitalaria fue mayor en la cohorte más antigua, lo que sugiere un mayor riesgo inmediato de muerte durante la hospitalización en ese momento. Hipotetizamos que esta mayor tasa de mortalidad podría reflejar prácticas de manejo del infarto cerebral y protocolos de tratamiento menos avanzados en comparación con el periodo más reciente. Sin embargo, diversos factores, como la presencia de comorbilidades concomitantes y los métodos de diagnóstico y tratamiento disponibles en cada época, podrían haber influido en los desenlaces clínicos de los pacientes.
En contraste, nuestra cohorte más reciente, que incluyó pacientes admitidos después del establecimiento de una unidad geriátrica mejorada (Unidad Geriátrica del Hospital Civil de Guadalajara, UNAGAE), mostró una mayor prevalencia de varios factores de riesgo críticos, incluyendo una presión arterial sistólica más elevada, mayor índice de masa corporal y niveles elevados de glucosa plasmática en ayuno. La mejora de la unidad geriátrica en 2017 pudo haber contribuido a optimizar la atención aguda y mejorar la supervivencia a corto plazo, ya que la atención especializada en pacientes mayores puede favorecer un mejor manejo y mejores resultados en el tratamiento.7 No obstante, la mayor prevalencia de factores de riesgo en la cohorte reciente sugiere que, a pesar de los avances en el manejo del infarto cerebral, los problemas de salud pública relacionados con la hipertensión, la obesidad y la diabetes continúan representando desafíos importantes.8
Nuestro estudio presenta ciertas limitaciones, especialmente la falta de información sobre la mortalidad por otras causas y el tamaño reducido de la muestra. La ausencia de datos sobre causas alternativas de muerte podría generar una comprensión incompleta del riesgo de mortalidad global. Asimismo, la pérdida de pacientes podría introducir sesgos, afectando los hallazgos y limitando la generalización de los resultados. Estas limitaciones subrayan la necesidad de interpretar los resultados con cautela y destacan la importancia de abordar estas deficiencias en futuras investigaciones. No obstante, consideramos que esta cohorte de pacientes es representativa avances en la atención del ACV, los problemas de salud pública más amplios asociados a la hipertensión, la obesidad y la diabetes siguen planteando desafíos notables.6
En conclusión, estos hallazgos resaltan la importancia de realizar un manejo integral de los factores de riesgo en la atención del infarto cerebral y subrayan la necesidad de esfuerzos continuos para abordar tanto los aspectos inmediatos como a largo plazo de la prevención y tratamiento de la EVC. El establecimiento de unidades geriátricas especializadas puede contribuir a mejoras en la atención aguda y en los desenlaces a corto plazo.










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