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Crítica (México, D.F.)

versión impresa ISSN 0011-1503

Crítica (Méx., D.F.) vol.57 no.170 Ciudad de México ago. 2025  Epub 29-Jun-2026

https://doi.org/10.22201/iifs.18704905e.2025.1691 

Artículos

Superafirmabilidad, justificación, y los retos de una verdad antirrealista

Superassertability, Justification, and the Challenges of an Anti-Realist Truth

Guillermo Torices Degollado1 
http://orcid.org/0009-0005-6825-3578

1Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de Investigaciones Filosóficas, México, gtoricesd@hotmail.com


Resumen:

La superafirmabilidad (SA) pretende ser una noción antirrealista de verdad en discursos como lo cómico, lo moral y lo social, donde la verdad depende de los juicios de los sujetos. Su éxito radica en que una justificación incrementada puede ser estable: una afirmación seguiría estando justificada pese a la aparición de nueva información. No obstante, SA enfrenta dificultades para alcanzar esa estabilidad debido a una concepción antirrealista restringida del acceso a la evidencia. Propongo reinterpretar la estabilidad mediante una confianza epistémica: un compromiso normativo y práctico que subyace a cualquier acto de afirmación. Cuando alguien afirma p, no solo reconoce la evidencia, sino que asume también racionalmente que la justificación perdurará salvo contraevidencia legítima.

Palabras Clave: antirrealismo; normatividad; verdad; confianza; evidencia

Summary:

Superassertibility (SA) aims to be an anti-realist notion of truth in discourses such as the comic, the moral, and the social, where truth depends on subjects’ judgments. Its success lies in that an increased justification can be stable: an assertion would remain justified despite the emergence of new information. Yet, SA faces difficulties in achieving such stability due to a restricted anti-realist conception of access to evidence. I propose to reinterpret stability through epistemic trust: a normative and practical commitment underlying any act of assertion. When someone asserts p, they not only recognize the evidence but also rationally assume that justification will persist unless legitimate counterevidence arises.

Keywords: anti-realism; normativity; truth; trust; evidence

1. Introducción

Crispin Wright (1992) ha argumentado que en discursos antirrealistas la verdad puede entenderse como un tipo de justificación no revocable que, al igual que la verdad, posee un carácter absoluto y estable.1 En este artículo argumento que la condición de estabilidad difícilmente puede satisfacerse en los términos en los que el antirrealista entiende la disponibilidad y el acceso a la evidencia. Sugiero que la estabilidad puede alcanzarse al reformular estas restricciones y notar que hacer una afirmación justificada implica una confianza epistémica, derivada de consideraciones normativas y prácticas, que hace racional asumir que la justificación será preservada, pese a la ausencia de evidencia que la corrobore y elimine la posibilidad de error.

La superafirmabilidad (SA) es una noción de verdad antirrealista propuesta por Wright, según la cual, una afirmación p es superafirmable si y solo si p está justificada, y dicha justificación no será revocada en el futuro por nueva evidencia o investigaciones ulteriores (1992, p. 48). El propósito de la superafirmabilidad es funcionar como un predicado de verdad en discursos epistémicamente restringidos-donde, en principio, una afirmación verdadera debe ser reconocible-, que sirva como criterio para diferenciar entre discursos realistas y antirrealistas. El eje de estos debates, popularizados por Dummett (1993), se centra en la naturaleza de la verdad y su relación con la realidad y el conocimiento. Los realistas sostienen que la verdad (en ciertos discursos) es objetiva, independiente de nuestras capacidades cognitivas, y que el mundo externo existe de manera autónoma. Por su parte, los antirrealistas argumentan que la verdad está vinculada a nuestras prácticas epistémicas y lingüísticas, y depende de lo que podemos justificar y reconocer como evidencia.

Si nos enfocamos en ámbitos como la moral, lo social, lo político, e incluso, lo estético y lo cómico, y asumimos que son susceptibles de verdad, una manera de explicarla es considerar que ésta depende de los juicios y opiniones de los hablantes, y no de estados de cosas independientes.2 Esta dependencia impide que haya verdades que no podamos reconocer y evidencia inaccesible cognitivamente. En estos discursos, la verdad es inseparable de reconocer la evidencia que la respalda. De otra forma, caeríamos en absurdos como sostener que algo es cómico sin que haga reír a nadie, o que existen preceptos morales verdaderos (por ejemplo, los Derechos Humanos) que nadie puede reconocer. Desde esta perspectiva, SA contribuye a la comprensión de la verdad en términos antirrealistas, al sugerir que los enunciados verdaderos dentro de ciertos discursos son cognoscibles, dado que la verdad está intrínsecamente ligada al reconocimiento de la evidencia que la respalda.

SA surge de una conexión intrínseca entre afirmación justificada y verdad. Según Wright, tener razones para considerar que una oración es afirmable de manera justificada es tener razones para considerarla verdadera, y viceversa. Sin embargo, la verdad no puede entenderse en términos de simple justificación. Una afirmación verdadera posee un carácter absoluto y estable, mientras que la justificación es gradual y puede ser revocada en un momento futuro. ¿Cómo una noción como SA puede funcionar como un predicado de verdad adecuado? Wright argumenta que SA es capaz de satisfacer las condiciones de un predicado de verdad, al motivar, centralmente, que es una noción estable. SA debe asegurar que una vez que una afirmación está justificada, esta justificación permanecerá en el futuro. Para ello es necesario: 1) Que SA sea un predicado de verdad genuino y satisfaga esquemas de equivalencia sintáctica y normativa. 2) Ofrecer una explicación sobre cómo la justificación actual persiste y permite esperar que una proposición p seguirá justificada en el futuro. 3) Y garantizar una accesibilidad epistémica, indispensable al antirrealismo, donde la evidencia que justifica p esté disponible en todo momento para cualquier sujeto racional.

Para Wright, estas serían condiciones individualmente necesarias y conjuntamente suficientes para mostrar que SA es una noción estable y, por consiguiente, un predicado de verdad plausible. Sin embargo, son múltiples las dificultades que enfrenta. Discuto algunas de ellas para dimensionar la complejidad de aspectos que entraña la estabilidad de SA, y sugiero algunas vías de solución. Sin embargo, propongo que 3) es incompatible con 2). Es decir, adoptar una visión antirrealista estricta sobre el acceso a la evidencia y su disponibilidad impide obtener una imagen adecuada sobre cómo la justificación puede persistir en el tiempo.

En su lugar, propongo una reformulación sobre cómo SA puede ser una noción epistémicamente estable y consistente con el antirrealismo. Si dicha reinterpretación de la estabilidad es adecuada, hará plausible SA como predicado de verdad, tal que la justificación actual de p sea razón suficiente para considerar que reconocer que la evidencia es fiable para justificar una afirmación sin necesidad de información adicional que elimine la posibilidad de error. Es racional asumir que la justificación se preservará en el futuro, porque no necesitamos un acceso permanente a la evidencia, ni que sea concluyente, para aceptar que una afirmación tiene las credenciales adecuadas para que se mantenga. Por supuesto, aunque podemos equivocarnos y encontrar evidencia negativa, reconocer nuestra falibilidad no obliga a desconfiar de la evidencia actual y su perdurabilidad.

En la siguiente sección, presento SA y las condiciones que debería cumplir para ser un predicado de verdad adecuado y estable. En la sección subsecuente, discuto algunos de los problemas que obstaculizan el logro de la pretendida estabilidad epistémica. Entre ellos se encuentran a) el falibilismo y el infalibilismo, b) la verificación débil, c) el holismo y la pérdida de evidencia, y d) el regreso al infinito que plantea una verificación exhaustiva. En la última sección, muestro cómo SA puede alcanzar una estabilidad epistémica. Esta propuesta parte de la premisa de que la racionalidad normativa -y sus efectos prácticos en las afirmaciones y en la comunicación en general- resulta ininteligible si no damos por supuesto que se conservan ciertas condiciones de justificación.

2. Presentación de SA

En esta sección presento y desarrollo la noción de superafirmabilidad, y explico las condiciones que debe cumplir para ser un predicado de verdad antirrealista en discursos epistémicamente restringidos.

La noción de superafirmabilidad está inspirada en un tipo de justificación incrementada. SA debe mostrar que, en ciertos discursos, una noción de justificación puede exhibir rasgos distintivos de la verdad. Esta tarea involucra dos condiciones básicas:

  • i) La primera es probar que SA constituye un auténtico predicadode verdad. Esto implica mostrar que SA satisface principios mínimos que todo predicado de verdad debe exhibir. En específico, es crucial el esquema de equivalencia:

(EC) Es verdad que p sii p.

  • ii)La segunda condición es que SA debe ser un predicado deverdad antirrealista que conecte las nociones de verdad y justificación, lo que involucra dos cosas: primero, para que SA funcione como predicado de verdad, el discurso en el que opere debe ser epistémicamente restringido. Esto implica que la verdad no puede exceder nuestra capacidad para reconocerla. Si puede sostenerse a priori que las verdades de un discurso son cognoscibles, entonces, ser verdadero equivale a ser SA, y ser SA implica que la proposición es cognoscible. Segundo, la evidencia que respalda cada afirmación debe ser accesible de manera permanente a través de diferentes estados de información, lo que impide la posibilidad de trascendencia, y asegura que una afirmación sea estable, cumpliendo con las exigencias de un predicado de verdad.3

2.1. Desarrollo de SA

Para que SA sea un predicado de verdad exitoso, la aparición de nueva evidencia no debe afectar su justificación.4 Es decir, SA debe ser una noción absoluta y estable. Una manera de caracterizar cómo la justificación persiste, es pensar que, en algún momento durante una investigación, obtenemos suficiente información para justificar una afirmación o su negación y, a partir de ese punto, será irrelevante la aparición de nueva información. Además, si no tenemos razones para dudar de una afirmación, debemos considerar que seguirá justificada en el futuro, lo que le confiere un carácter estable. Podemos identificar esto como una condición suficiente de SA: si tenemos justificación para pensar que cualquier aumento o mejora del estado de información actual seguirá justificando una proposición en un estado futuro, entonces esa proposición es SA (SAp). En la siguiente sección desarrollaré los argumentos que Wright ofrece a favor de esta idea.

2.2. Adecuación formal, justificación y estabilidad

SA debe mostrar que es un predicado de verdad al satisfacer el Esquema de Equivalencia (EC):

(EC) Es verdad que p sii p,

Para lograrlo, Wright ofrece una serie de intuiciones sobre qué debe ser una concepción ordinaria de la justificación que haga plausible lo siguiente:

  • (J) Tener justificación para afirmar que p es tener justificación para afirmar que p es SA.

En la medida en que esto sea defendible, entonces habrá motivos para pensar que SA es un predicado de verdad.

Como primer paso, según Wright, debe ser posible generar un esquema de equivalencia como el siguiente:

(ES) Es SA que p sii p.

El cual será satisfecho si es posible mostrar la validez a priori de:

(Gs) Es SA que es SA que p sii es SA que p.

El argumento de Wright a favor de Gs intenta demostrar (o al menos hacer plausibles) ambas direcciones del bicondicional. En primer lugar, sostiene que, si p es SA, entonces p se encuentra justificada. Esto implica que afirmar que una proposición es SA presupone la existencia de un estado de información que la justifique, lo cual resulta coherente con la definición de SA. Por ejemplo, mostrar que podemos encontrar la prueba de una proposición tiene la misma fuerza probatoria que disponer de la propia prueba.

La dirección inversa es controvertida, y en ella descansa la plausibilidad de SA: tener razones para creer que p es tener razones para creer que p es SA. En este caso, debe examinarse si la justificación para afirmar p es compatible con la carencia de justificación de que p es SA, “si uno puede combinar coherentemente el agnosticismo sobre la SA de p con respecto a un caso presente para afirmarla como suficiente” (Wright 1992, p. 55).

Wright acude a tres ideas sobre la justificación para defender esto:

  1. Mis creencias justificadas deben ser consideradas como elementos de conocimiento genuino.

  2. Al tener una creencia justificada de que p, un sujeto tiene justificación para creer que una investigación adecuada nos llevaría, hasta donde fuera posible dicha investigación, a confirmar que p.

  3. “La promesa firme de justificación de la que uno no tiene razónpara dudar es ya justificación” (Wright 1992, p. 56).5

Otro elemento central de la justificación es su carácter contextual; una proposición depende de un estado de información (i), que abarca un periodo de tiempo, evidencia acumulada, un lugar y un sistema de creencias compartido. Esto implica que la justificación puede variar con el tiempo y en diferentes contextos.

Esta concepción de la justificación debe ser coherente con a)-c), y sostener lo siguiente: si un sujeto tiene justificación para p (según a)), entonces, en cualquier momento futuro, p seguirá estando justificado, a menos que nueva información lo invalide. Además, S tendrá justificación para p en ese momento futuro, incluso si la investigación varía, pues (según b)) S tiene razones para creer que cualquier investigación coherente confirmará p. En otras palabras, S cuenta con una justificación actual que le permite pensar que cualquier investigación (esta es la promesa) confirmará p. Por otro lado, c) indica que esta promesa de justificación en un estado futuro constituye, en realidad, una justificación actual. Así, si S cree justificadamente en p en un estado de información i, tiene justificación para creer que cualquier adición de información seguirá justificando p en un estado i∗.

2.3. Antirrealismo y restricción epistémica

Ahora debemos explorar qué significa que SA sea un predicado de verdad antirrealista y se aplique a discursos epistémicamente restringidos.

Para iniciar, en tales discursos es válido que:

K) Es cognoscible que p → es verdad que p.

Wright recurre a supuestos epistémicos adicionales que apoyarían la noción de SA, si son válidos a priori para ciertos discursos. Estos buscan remarcar la conexión de SA con la noción de conocimiento, tal como expresa:

(K∗) Es cognoscible que p → es SA que p.

Si es posible saber que p, entonces p debe, por hipótesis, ser verdadero, y hay un estado de información i que brinda justificación para p. Ahora hay dos posibilidades: o bien, si la justificación para p sobrevive todos los incrementos de información del estado i, entonces diremos que p es SA. O bien, si la justificación para p no sobrevive el paso de un estado de información a otro, eso señala que hay un estado de información subsecuente i∗ que contiene información errónea sobre p. Pero, dado que p es, por hipótesis, verdadero, este error se explica prediciendo que habrá un estado de información i∗∗ subsecuente a i∗ que corrija el error y, nuevamente, justifique p. Esta nueva justificación en i∗∗ deberá conservarse en todas las ampliaciones y mejoras de información subsecuentes. Dado que p es verdadera, es posible saber que p, aun cuando hay evidencia negativa, ya que ésta será desestimada por la aparición de evidencia que reivindicará p. Por consiguiente, si p es cognoscible, entonces p es SA.

Lo siguiente es mostrar, con ayuda de (K∗), que en cualquier discurso que sea epistémicamente restringido, SA es un candidato a predicado de verdad. Es decir, en todo discurso que cumpla:

(L) p ↔ p es cognocible.

Discursos de este tipo pueden ser lo moral, lo social, o lo cómico. En ellos la intuición básica es que resulta poco concebible pensar en una situación que sea cómica y, no obstante, nadie sea capaz de reconocerla, o que haya preceptos morales que resulten inaccesibles para los seres humanos.6

2.4. Condiciones de estabilidad

A partir de esta reconstrucción de SA podemos especificar cuáles son las condiciones que la harían una noción estable, de acuerdo con Wright:

  1. Adecuación formal y normativa: SA debe cumplir esquemas deequivalencia como (EC) “Es verdad que p sii p”, y el correspondiente para SA, (ES) “Es SA que p sii p”. Pero, para satisfacer este esquema de equivalencia, es necesario que la justificación de una proposición permanezca en el futuro. Es decir, la adecuación formal depende de que la justificación se mantenga invariable.

  2. Persistencia: la persistencia7 indica que, una vez alcanzado un estado en el que la justificación es suficiente, cualquier incremento futuro de la información no la revocará. Por tanto, implica que tener razones para creer en p hoy conlleva esperar que, en el futuro, p siga estando justificada a menos que aparezca nueva evidencia que la invalide. (Si tenemos razones para pensar que p está justificada, entonces tenemos razones para pensar que p es SA.) Así, la plausibilidad de tales razones es la clave que permite pensar en la justificación actual, que es contextual y revocable, como un elemento de conocimiento estable.8

  3. Accesibilidad: es crucial para el antirrealismo que toda afirmación verdadera sea epistémicamente accesible. En discursos epistémicamente restringidos, donde todas las afirmaciones deben ser, en principio, cognoscibles, la evidencia que justifica p debe ser accesible de forma continua para cualquier sujeto racional. Esta accesibilidad debe garantizar que la justificación no se vea comprometida por la pérdida o incapacidad para reconocer la evidencia en un futuro.

3. Discusión

En esta sección expongo algunas dificultades que ponen en entredicho la estabilidad de SA, como la presentó Wright, y esbozo algunas ideas que pueden arrojar luz sobre aspectos de esta noción, y sobre lo intrincado que es encontrar una solución adecuada. En primer lugar, en la subsección 3.1 confronto la objeción infalibilista -la idea de que SA requeriría evidencia definitiva e irrevocable-. A continuación, en la sección 3.2, se introduce la “verificabilidad débil”, que hace notar que la evidencia en contextos contingentes nunca es concluyente. En la subsección 3.3, se analiza cómo la estabilidad depende de qué se entiende por estado de información y cómo la justificación se preserva a través de éstos, lo que da origen a dificultades que tienen que ver con el holismo y la pérdida de evidencia. Finalmente, en la subsección 3.4, presento dos argumentos que cuestionan la racionalidad de la condición 3 cuando hacen notar que es impracticable pedir una verificación constante de cada afirmación.

3.1. SA, falibilismo e infalibilismo

Uno puede preguntarse cómo una justificación ordinaria y revocable puede garantizar la estabilidad que SA requiere. Para sostener que una afirmación es SA, parece que se requeriría una justificación irrevocable o concluyente, fundada en evidencia definitiva que no pueda mejorarse ni refutarse, de modo que ninguna información adicional tuviera relevancia.

Una afirmación puede estar mejor o peor justificada; pero no puede ser más o menos verdadera. Esta diferencia entre la justificación y el carácter absoluto de la verdad sugiere que la verdad requiere una justificación concluyente. De forma similar, una afirmación solo parcialmente justificada no generará la certeza de una afirmación verdadera, y, si no podemos tener certeza en una afirmación, parece que tampoco podemos tener seguridad de que permanecerá justificada y estable.

Una perspectiva infalibilista como esta argumentaría que solo una justificación concluyente o irrevocable puede conferir estabilidad a SA,9 y que es incorrecto esperar una noción absoluta y estable basada en una justificación que puede mejorar o revocarse. Por ejemplo, la afirmación “La esclavitud es moralmente aceptable” estuvo justificada durante mucho tiempo gracias a prácticas aceptadas y al respaldo de la tradición, lo que la hacía parecer incuestionable. Sin embargo, la aparición de nueva evidencia debilitó y revocó por completo esa justificación. En cambio, una prueba matemática presenta evidencia concluyente y eso es justificación suficiente para considerarla verdadera.

Sin embargo, Wright señala que estos no son contraejemplos a SA, sino una confusión respecto a la sucesión de los estados de información y a cómo un estado de información puede verse temporalmente afectado por evidencia negativa. Según él, si, en efecto, p es SA, la aparición de evidencia negativa implica que debemos esperar que eventualmente surja nueva información que restaure su justificación.10

Wright (1992, p. 57) señala que los medios que empleamos para afirmar que p es SA son falibles, y que la evidencia involucrada no implica ningún grado de fuerza a la justificación. La estabilidad de SA debe ser compatible con una perspectiva falibilista. Es decir, es posible equivocarse al identificar correctamente qué proposiciones son SA y pasar por alto aquellas que lo son, dado que la verdad es una noción opaca y no es evidente, aun cuando en principio sea cognoscible.

Pensar que SA implica un infalibilismo equivale a confundir dos cuestiones distintas. La primera es sobre qué tipo de evidencia hace racional creer que p es SA: SA simplemente establece que, si un estado de información i permite creer en p, el sujeto debe creer que p es SA. Pero SA no determina qué tipo de evidencia es necesaria para justificar p, más allá de reconocer que, fuera de contextos matemáticos, la evidencia suele ser no concluyente y revocable. En esencia, SA no detalla las razones para creer en p; solo indica que, una vez que estas razones sean suficientes, el sujeto debe esperar que p continúe justificada, a menos que aparezcan razones para dudar de p.

3.2. Verificabilidad débil y el carácter normativo de SA

La segunda cuestión es sobre cómo una evidencia no concluyente logra satisfacer el requisito antirrealista de la verificabilidad en estados de información sucesivos. Recordemos que SA será un predicado de verdad estable solo si cuantifica sobre sucesivos estados de información y si la justificación se preserva en ellos.

Wright concibió SA como una generalización de la prueba en matemáticas, donde la verdad de un enunciado matemático descansa en la habilidad de producir una prueba concluyente. Pero, respecto a otros discursos, difícilmente un sujeto puede alcanzar un estado de información donde una afirmación sea decidible,11 porque lo que es verificable cambia de un estado a otro. Wright reconoce que SA no puede cumplir con un sentido fuerte de verificación, pero argumenta que, en discursos contingentes, la verificabilidad depende de la posibilidad de que alguien sea capaz de reconocer la evidencia relevante.

Wright ajusta su postura hacia una versión de decibilidad débil.12 Fundamentalmente, un predicado de verdad debe servir como un criterio normativo que oriente la conducta de los hablantes, permitiéndoles identificar qué cuenta como evidencia suficiente para determinar si un enunciado cumple, o no, con la norma en un caso particular.

Sin embargo, aun si asumimos que la verdad (SA) no es una propiedad decidible, Wright debe aclarar en qué condiciones un enunciado sería verificable de manera débil. Al respecto, propone una “doble idealización”: los enunciados débilmente decidibles son aquellos que, en principio, son verificables si su evidencia es o fue accesible a cualquier sujeto racional capaz de reconocerla en un estado de información particular, pasado o futuro. Esta evidencia debe ser adecuada y necesaria, aunque no concluyente, para afirmar o negar el enunciado. Basta con que algún sujeto haya cumplido estas condiciones en el pasado, o pueda hacerlo en el futuro, para que el enunciado esté justificado y sea considerado SA.

Esta perspectiva sostiene que un enunciado puede estar justificado (y ser SA) incluso si la evidencia no siempre es accesible o se pierde con el tiempo. Asimismo, reconoce que algunos aspectos del mundo están fuera de nuestro alcance cognitivo. La clave es que, aunque la evidencia pueda variar en diferentes estados de información, la posibilidad de que esa evidencia se reconozca no desaparece, lo cual permite que los enunciados tengan un valor de verdad desde un punto de vista antirrealista, independientemente de si ha surgido o se ha perdido la oportunidad de verificación.13

Esta versión débil plantea las siguientes posibilidades lógicas con respecto a SA. Dado un estado de información actual i0, puede ser el caso que:

  1. En un estado de información inicial (i0), p es verdadera porque existe evidencia suficiente que la justifica, y esta justificación perdura en todos los estados sucesivos. Por ejemplo, en matemáticas, cada fase (i1, i2, i3…) verifica p; si en i1 se pierde la prueba (p.ej., un incendio destruye manuscritos), puede reconstruirse en i2, restaurando la justificación y confirmando que p es SA.

  2. Aunque en i0 falte información para afirmar SAp, pudo existir o existirá algún estado en el que un sujeto racional reconoció o reconocerá la evidencia pertinente. Incluso si esa evidencia se revoca en i1 (por error, pérdida u olvido), un estado posterior i2 puede mejorar la información y restablecer la justificación, de modo que p pase a ser SA.

  3. i0 proporciona razones para creer en p, pero en un estado subsecuente i1 la justificación se pierde y no se puede restituir. Entonces, p no es SA. Aunque p esté justificada en i0, no se cumple que la justificación se mantenga en el tiempo (Jp y ¬SAp). La teoría no admite que una proposición esté justificada sin que sea posible afirmar que es SA (Jp y ¬J(SAp)).

3.3. Acceso, mejora y pérdida de evidencia

La estabilidad no solo tiene que ver con el carácter decidible o indecidible de la verificación. La estabilidad depende, además, de la manera en que interpretamos qué es un estado de cosas y cómo la justificación se preserva en la sucesión de dichos estados. Así, es importante ofrecer una aproximación más detallada sobre cómo se construye la estabilidad a partir de nociones como las de suma y mejora de la información. Esto permitirá comprender las dificultades que enfrenta la visión de Wright, las cuales tienen que ver con el holismo y la pérdida irrevocable de evidencia.

Es importante recordar que un estado de información involucra un conjunto de evidencia, un contexto (un tiempo, un lugar, y un marco compartido de creencias), e incluso, ciertos medios de verificación disponibles. Sin embargo, otro rasgo esencial es el carácter público que dichos estados deben exhibir para garantizar que cualquier individuo, en principio, tenga acceso a la información. La razón es que la justificación de una afirmación no puede depender de un punto de vista individual o subjetivo.

Pero esto no hace claro a qué debe tener acceso cualquier sujeto ni qué evidencia debe ser relevante en un momento dado. Una restricción sería limitar la evidencia al estado actual. Pero, eso no es un avance, porque si toda la información que conforma un estado es relevante, entonces parece que trasciende la capacidad de los sujetos para reconocerla. Y hacer esto va contra la restricción epistémica.14

Una propuesta más plausible, que Wright no evalúa, es concebir que los estados de información son accesibles, o se construyen, a través de la comunicación entre sujetos. Al intercambiar información, los estados individuales se enriquecen mutuamente, y dan lugar a un estado compartido que es públicamente accesible. Esto evita una perspectiva subjetiva, ya que la justificación no depende de la experiencia privada de un individuo, sino que se construye colectivamente. Además, no es necesario que un estado de información incluya la totalidad de los hechos en un momento, sino únicamente aquella información relevante que los miembros de una comunidad reconocen y comparten. De este modo, la evidencia es accesible para todos, y cada estado puede distinguirse de otro por las pruebas que una comunidad comparte en un momento determinado, sin necesidad de establecer otro tipo de límites rígidos.15

Tomando en cuenta lo discutido hasta aquí, una aproximación más detallada de la estabilidad y SA sería la siguiente: SAp se mantiene estable si, dados dos estados de información i e i, es posible generar un estado i** que siga justificando p. Este estado i** sería la suma y mejora de los anteriores. A medida que se añaden más datos, los nuevos estados alcanzan la estabilidad que requiere SA, independientemente de que la investigación continúe. Con base en esto, una definición de SA podría ser:

def SA: ∃i (iJp & ∀i(iM & iJp))16

Ahora, con respecto a la noción de mejora, Wright sostiene que ésta consiste en la suma de cada estado informativo previo, de modo que todas las piezas de evidencia se conservan y resultan accesibles en todo momento para los individuos. Según este enfoque, la combinación de dos estados de información siempre es posible, y el resultado se considera una mejora porque integra la totalidad de los datos de cada estado. Esta integración puede aumentar o disminuir la justificación de una proposición. No obstante, dado que los nuevos estados de información tienen la capacidad de rectificar los anteriores, si una proposición recupera su justificación o se descarta, el resultado final sigue considerándose una mejora, ya que incorpora tanto la evidencia válida como la incorrecta.

Esta noción de mejora implicaría lo siguiente:

P1: ∀i ∀i( i → i → ∃i∗∗(i∗∗hace SAp & i→ i→ i**))17,

donde “i” es un estado de información; (i, i∗∗,...i n ) sus mejoras; y “→ ” representa la ampliación de un estado de información respecto a otro. Esta propuesta resulta demasiado restrictiva para Wright, pues rechaza un estado final de información. Siempre permitiría nuevos estados, alargando la investigación indefinidamente, lo cual contradice tanto la postura de Wright como la visión opuesta, donde hay un fin definitivo y reconocible.18 Para conservar la esencia de la propuesta, podría adoptarse una versión menos estricta, como:

P2: ∀i∃i(i→ i & i hace SAp),19

que no dice nada acerca de si hay, o no, un límite de la investigación.

El problema con esta caracterización de SA y la estabilidad es que podríamos dudar de que siempre existirá una mejora M de un estado de información, que sea la suma de dos estados anteriores y continúe justificando p. Son dos las razones que sustentan esta duda. Una tiene que ver con el holismo, mientras que la otra con la pérdida irreparable de evidencia.

3.3.1. Holismo

El holismo20 es un peligro para la estabilidad de SA, ya que pone en duda la conservación y acumulación de evidencia a lo largo de estados de información sucesivos, como exige Wright. La idea de que cada estado de información sea accesible y preserve la evidencia se contrapone a una visión holista, que sostiene que la evidencia solo adquiere sentido dentro de un cuerpo completo de creencias. Esto implica lo siguiente:

  1. Una misma evidencia puede reinterpretarse según distintos sistemas de creencias, alterando la justificación y cambiando la validez de proposiciones que antes respaldaba.

  2. Aunque dos estados de información incluyan evidencia idéntica,cada uno puede legitimar afirmaciones diferentes: el significado de la evidencia depende de su integración en un conjunto de creencias, de modo que sujetos o comunidades que parten del mismo estado pueden llegar a conclusiones opuestas sin cometer error.

  3. La sucesión de estados de información no garantiza que la evidencia se conserve intacta. En cada estado siguiente la información puede reinterpretarse, desecharse o combinarse con nueva información, impidiendo que la justificación de una proposición permanezca inmutable a lo largo del tiempo.

3.3.2. Pérdida de evidencia

La estabilidad de SA, según Wright, depende de que la evidencia permanezca accesible a través de distintos estados de información. Y parecería que SA cumple esta condición en discursos donde la evidencia, en principio, es accesible para cualquiera. Sin embargo, esta restricción resulta insuficiente.

Incluso en discursos epistémicamente restringidos, la pérdida irrecuperable de evidencia representa una amenaza para la estabilidad. El problema no radica solo en la incapacidad de reconocer la evidencia, sino en el hecho de que esa evidencia puede desaparecer de forma permanente, lo que impediría que futuros estados recuperen su justificación.

Esto es especialmente evidente en afirmaciones sobre el pasado, donde la evidencia que las respaldaba puede haberse perdido. Pero, más importante, es notar que la mayoría de los discursos dependen, al menos en parte, de evidencia pasada. La mayoría de las afirmaciones se apoyan en una red de evidencia que incluye elementos del pasado, muchos de los cuales pueden no estar disponibles. Esta pérdida no solo afecta casos particulares, sino que representa un grave peligro para la condición de accesibilidad que SA exige.

En consecuencia, si no hay garantía de que la evidencia de un estado i perdure en un estado i, se incumple un requisito fundamental de SA: la posibilidad de reconocer qué justifica una afirmación. Esto pone en entredicho la viabilidad general de la propuesta y su capacidad para sostener una noción de justificación estable a través del tiempo.

3.4. Presuposición y regreso al infinito

Pero planteemos la situación opuesta, en la que la evidencia no se pierde. ¿Hay alguna posibilidad de que esta versión antirrealista pueda garantizar la estabilidad de SA aun cuando se garantice el acceso actual a la evidencia? Dos argumentos indican que no.

Williamson (2000) sostiene que las afirmaciones siguen la “norma del conocimiento”: un sujeto puede afirmar p solo si sabe que p, y puede creer p sólo si lo sabe. Si esta regla se aplicara sin excepción, cada vez que afirmamos algo estaríamos asumiendo haberla cumplido. Enunciar “sé que p” convierte la creencia en una nueva afirmación que exige, a su vez, saber que sabemos que p. Pero para justificar “sé que sé que p” haría falta nueva evidencia, y así ad infinitum. No basta aportar pruebas para p, pues sería preciso demostrar la evidencia de cada enunciado metalingüístico sucesivo. Esta regresión infinita hace impracticable una aplicación de la norma, pues nunca se podría dar por satisfecha la norma de conocimiento sin un proceso interminable de verificaciones. Para que la norma sea plausible, debe admitirse un punto en el que resulte racional dar por establecida una afirmación q sin exigir nueva evidencia de manera inmediata. En la práctica, los hablantes no exigen tal nivel de pruebas y confían implícitamente en un punto de partida en el que la norma se da por cumplida sin verificación adicional. Sólo así la regla mantiene su fuerza sin paralizar nuestras prácticas comunicativas.

Wright (2004) proporciona otro argumento paralelo que señala que toda afirmación o investigación presupone, necesariamente, condiciones que damos por sentadas, como una percepción fiable, memoria, o razonamiento correcto. Si intentáramos verificar que todas esas condiciones se cumplen, eso nos llevaría a un nuevo conjunto de presuposiciones, que también necesitarían verificación, y así sucesivamente hacia un regreso al infinito. La solución es reconocer que la justificación descansa en asunciones para las que no hay evidencia actual, sin que esto invalide la justificación de nuestras creencias. Un escrutinio riguroso es suficiente para dar por cumplidas esas condiciones subyacentes; de lo contrario, cualquier práctica epistemológica sería inviable al perseguir una certeza absoluta e inalcanzable.

4. Confianza, normatividad y falibilidad

Las dificultades que SA enfrenta con respecto a la estabilidad requieren una respuesta que no parece fácil de encontrar en los términos que Wright establece. En su lugar, sugiero una interpretación distinta de cómo SA logra ser una noción estable, que prescinde del requisito estricto de accesibilidad, pero que preserva el carácter esencial del antirrealismo. Mi postura se basa en la idea de que nuestras afirmaciones manifiestan una confianza epistémica que permite asumir, sin necesidad de evidencia adicional, que la justificación será preservada, a menos que surjan razones genuinas de duda. Esta confianza puede entenderse como un producto del rol normativo que la verdad impone sobre las afirmaciones; como también, de consecuencias y compromisos prácticos que conllevan las propias prácticas comunicativas entre individuos. Afirmo que la estabilidad, en última instancia, no es una cuestión de la evidencia y su acceso; es una cuestión de las asunciones irrenunciables en las que descansan nuestras afirmaciones.

Un punto de partida es retomar (J) junto con las intuiciones sobre justificación que lo respaldan (a)-c)). En especial, “La promesa firme de justificación de la que uno no tiene razón de dudar es ya justificación” es, precisamente, la apuesta de que una noción de justificación ordinaria puede persistir y alcanzar la estabilidad. Para formar la creencia justificada de que p, consideramos que dicha creencia es un conocimiento. Pero, en este punto, Wright es agnóstico sobre si p es SA, es decir, sostiene que es coherente admitir que hay una justificación para afirmar p, aunque no hay garantía de que la justificación sobrevivirá todo escrutinio futuro21 (Wright 1992, p. 55).

Una manera de evadir este agnosticismo y ofrecer razones persuasivas en favor de Jp → SAp es apelar a aspectos normativos de la afirmación y notar que resulta contradictorio sostener que se tiene justificación para afirmar p y, al mismo tiempo, dudar de que dicha justificación se preserve en el tiempo. La razón es que, al afirmar p no solo reconocemos la evidencia que la respalda, sino que implícitamente nos comprometemos a confiar en que esa evidencia seguirá justificando p en el futuro, salvo que aparezca contraevidencia. Esta confianza epistémica puede entenderse como un estado doxástico en el que, al igual que una creencia plena o una pieza de conocimiento, asumimos que p es verdadera. Pero en este caso, la racionalidad y la aceptación de p ya no depende de aportar nuevas evidencias que lo corroboren, sino de la simple ausencia de evidencia contraria. En este sentido, tener confianza en p significa asumir que la justificación actual es suficiente y duradera; y dudar arbitrariamente de su continuidad sin razón o evidencia, es contrario al propio acto de hacer una afirmación. Esto no significa que la evidencia relevante no exista, ni que no pueda ofrecerse una explicación que muestre qué justifica una afirmación; la idea es que la aceptación y persistencia de p dejan de depender de esa evidencia. Así, afirmar p implica reconocer la evidencia actual que la justifica, pero también implica la disposición a seguir manteniendo esa proposición en el futuro. Esto debe verse como una manifestación del carácter normativo de las afirmaciones, pues refleja un compromiso con la verdad, a partir de lo que está justificado ahora, y la convicción de que, como toda verdad, conservará ese estatus en el futuro, a menos que surjan razones legítimas para cambiar de opinión. En la siguiente sección describo el carácter normativo de la verdad y cómo éste permite dar cuenta de la confianza. En la sección subsecuente, hablaré sobre la importancia de esta norma en las prácticas y la comunicación, los compromisos que conlleva, y su consistencia con el antirrealismo.

4.1. Normatividad

Los conceptos normativos surgen de nuestra necesidad de cuestionar nuestras acciones, decisiones o creencias, de forma que son imprescindibles como guías de nuestras acciones. En este sentido, la verdad no funciona solamente como una representación pasiva de la realidad, es más bien una norma de corrección fundamental que, dadas nuestras limitaciones cognitivas y las aspiraciones que intentamos cumplir (epistémicas, morales, estéticas, etc.), orienta nuestras creencias y afirmaciones hacia el cumplimiento de esos objetivos. Sin embargo, afirmar que la verdad es una norma puede concebirse de distintas formas:

  • Horwich: “Debemos desear que nuestras creencias sean verdaderas (y, por tanto, no desear tener creencias falsas).”22

  • William James: “Lo verdadero es aquello que demuestra ser valioso en la práctica de la creencia.”23

  • Lynch:

    • Fin de la investigación: “Las proposiciones verdaderas son aquellas que debemos aspirar a creer cuando llevamos a cabo una investigación.”

    • Norma de la creencia: “Las proposiciones verdaderas son aquellas que es correcto creer.”24

  • Williams: “Las creencias tienen como meta la verdad.”25

Más allá de las diferencias que hacen énfasis en aspectos como lo teleológico, lo axiológico o lo deontológico,26 la verdad funciona como un imperativo que nos indica cuándo una afirmación o creencia está bien fundada.

Nuestra aspiración de conocimiento debe reconocer la complejidad del mundo, como también nuestras limitaciones cognitivas, las cuales nos obligan a establecer criterios de verdad que guíen y corrijan nuestras investigaciones. Este criterio de corrección no puede tener un sentido unívoco, sino que será diferente en función del aspecto de la realidad que nos interesa. Por ejemplo, en discursos en los que hablamos sobre objetos externos, aspiramos a obtener un conocimiento objetivo, el cual requiere la aplicación de una norma externa a nuestras afirmaciones, como la idea de una correspondencia con estados de cosas, o un comando cognitivo (cognitive command).27

Pero, en discursos como lo moral, lo social, o lo estético, no existe una coerción externa que pueda ser norma de nuestras afirmaciones. En este tipo de discursos, en los que no hay hechos independientes de nuestras prácticas, son los sujetos quienes establecen las condiciones bajo las cuales una afirmación se considera verdadera. En este sentido, la norma es una proyección de nuestros propios estándares internos. Esta autorregulación surge de la propia facultad racional de los sujetos de evaluar qué constituye, por ejemplo, un juicio moral adecuado. Por supuesto, esta no es una labor individual, sino que se construye de forma colaborativa entre los integrantes de una comunidad que comparten valores y metas y, que, a partir de ellas, participan en la formulación, mantenimiento, y revisión de esas normas que dictan qué afirmaciones son correctas. Como la noción de heautonomía28 kantiana sugiere, la normatividad es un principio interno cuyas condiciones subjetivas son universales, tal que permiten la comunicación e intersubjetividad para que cada individuo aporte, mediante sus afirmaciones, una perspectiva que contribuya al debate y la generación de acuerdos. Cada estado de información, en este caso, puede verse como un marco para ofrecer y evaluar opiniones propias y de otros, que lleven a una mejora de los criterios de corrección.

A partir de esta colaboración, es posible entender el compromiso que la norma exige, pues son los propios sujetos quienes establecen las condiciones de aceptación de conductas y afirmaciones, sin la intervención de una regla heterónoma ni la imposición de reglas preexistentes. Se trata del consenso implícito de seguir las normas que fueron conjuntamente formuladas. En este caso, afirmar que una proposición es verdadera, conlleva evaluar la evidencia presente, así como asumir que esa evaluación es correcta y seguirá siendo válida en el futuro.29

4.2. Pragmatismo, antirrealismo, falibilidad

Decir que “p es verdadera” y “Afirmar p” son expresiones intrínsecamente conectadas: no podemos comprender qué es hacer una afirmación sin entender qué haría p verdadera. Al mismo tiempo, este vínculo revela compromisos prácticos ligados a nuestras conductas y actos lingüísticos. Por ejemplo, expresiones como “Sospecho que p” o “Me parece que p” expresan que quien las usa no asume ninguna obligación de defender p ni de actuar según esa creencia. En cambio, al decir “Creo que p” o “Afirmo que p”, el hablante se compromete públicamente con la verdad de p. Estas expresiones generan la obligación del hablante de justificar p, pero también suponen otros compromisos. Afirmar nos compromete con lo que un pragmatista llamaría consecuencias o expectativas, que son tanto cognitivas como prácticas.

En lo cognitivo, una proposición afirmada llega a formar parte de nuestro sistema de creencias, ya que pasa de ser una mera hipótesis, a considerarse una pieza de conocimiento confiable. Aunque también implica compromiso con las consecuencias inferenciales de p. Cuando afirmamos que p es verdadero y entendemos que p implica q, entonces debemos también afirmar que q es verdadero. De lo contrario, creer en p sin creer en q sería aceptar que algo es el caso, pero rechazar las consecuencias lógicas que se derivan de él.

En el plano práctico, adoptamos una disposición a actuar de acuerdo con una creencia, de manera que nuestras decisiones, evaluaciones y respuestas deben ser coherentes con lo que hemos aceptado como verdadero. En este sentido, resulta fácil entender por qué resulta irracional hacer una afirmación, pero dudar que seguirá justificada. Dudar de que la justificación para p siga siendo válida equivale a negar que nuestras creencias sirven de guía para nuestras acciones. Si no podemos estar seguros de que lo que hoy está justificado mañana también lo estará, entonces no podríamos fundar ninguna decisión en dichas creencias.30

Por otra parte, afirmar p conlleva el compromiso de defender p con argumentos y evidencia. Hay un compromiso público para defender p y mostrar que cualquiera que la acepte tiene razones legítimas para hacerlo así. La defensa debe mostrar evidencia y argumentos que hablen a favor de p, en caso de que p pueda ser objeto de disputa. Es decir, notar que hay evidencia contraria a p no nos exime de nuestra obligación con p y, en primera instancia, tampoco debe ser razón para debilitar nuestra confianza en p.31 En sentido contrario, ignorar ese compromiso y abandonar la defensa racional de p hace de la afirmación la expresión de una mera opinión carente de fundamentos y de convicción.

Aquí, vale la pena notar el carácter antirrealista que poseen discursos como lo moral, lo político, o lo social, donde buena parte de la evidencia que hace correctas o incorrectas nuestras afirmaciones descansa en la comunicación: el intercambio de razones, el testimonio y los argumentos de otros, que usamos para defender nuestras propias afirmaciones, o discutir las opiniones de otros. Para hacer una afirmación sobre qué es, digamos, la justicia, apelamos a lo que otros han dicho, la tradición, o la opinión de los expertos. Y, es esa red de razones públicas lo que tomamos como evidencia de nuestra afirmación. Lo relevante es que el carácter intersubjetivo de esta evidencia resulta acorde con el antirrealismo, pues las razones y argumentos son evidencia públicamente accesible para cualquiera, porque son parte de una red de justificaciones que surgen del diálogo, la crítica y la revisión. La justificación de una creencia no reposa en un acceso privilegiado o en reconocer datos pasivos, sino en un proceso abierto de intercambio racional. De igual modo, no parecen correr el riesgo de perderse, porque las razones pueden recuperarse a partir de la memoria colectiva, y cualquiera puede reconstruir razonamientos y someterlos a examen. En última instancia, la evidencia en estos discursos no implica reconocer datos, es más bien producto de un intercambio de razones que construyen un sistema de creencias dinámico y compartido.

Es evidente, además, que la verdad está también intrínsecamente ligada a la investigación, pues constituye la finalidad misma de este proceso. De acuerdo con un pragmatismo, la verdad no es una noción abstracta, debe estar fundada en la evidencia y la experiencia; donde las creencias se someten a pruebas y criterios de corrección con el fin de mejorarlas. Y, como SA, solo serán consideradas verdaderas aquellas que no puedan ser mejoradas ni refutadas. Asimismo, esto implica que la verdad no es ajena a la práctica humana, se ajusta a nuestras capacidades, a los recursos disponibles y a los datos recabados durante la indagación. Ciertamente, no hay tal cosa como un estado final de la investigación, tampoco es posible estar seguro de haber alcanzado la verdad. Pero, la revisión y mejora de nuestro sistema de creencias manifiesta claramente el papel normativo que la verdad desempeña en la investigación.32

Por último, vincular una concepción de la verdad como SA a nuestras facultades cognitivas y a la investigación pone de relieve su carácter falible. Afirmar que p es SA implica confiar en que su justificación se conservará, pero no supone una fe ciega al margen de nueva evidencia. Del mismo modo, la mera posibilidad de error no constituye una duda genuina capaz de socavar esa confianza; la auténtica falibilidad reside en la apertura al escrutinio y a la revisión futura de nuestras creencias. La propia racionalidad normativa exige ajustarse a la evidencia actual y tener confianza en ella, incluso si esa evidencia nos engaña. En cuyo caso, debemos estar dispuestos a ajustar nuestras creencias en la medida en que la evidencia lo permita.33 No obstante, es parte inherente de apegarse a la norma estar conscientes de nuestra falibilidad, sin que ello suponga que la norma es deficiente. Como idea regulativa, la verdad, en este caso SA, sigue siendo la mejor apuesta para alcanzar un conocimiento falible.

La falibilidad resulta clave para entender que nuestras investigaciones son un proceso dinámico que constantemente progresa. Si bien los humanos somos falibles, y nuestros recursos son limitados en todo momento, también es el caso que hay un avance constante. A medida que se suceden estados de información, surge información nueva, se refinan argumentos y razones y, en general, se desarrollan mejores herramientas para revisar o reemplazar nuestras teorías. Se trata de un proceso dinámico en el que el conocimiento evoluciona, aunque nunca podamos reconocer si hemos alcanzado la verdad. La falibilidad, en este sentido, representa un motor del cambio epistémico, más que un obstáculo.

Una vez presentada en detalle esta propuesta sobre cómo la confianza permite considerar SA como una noción estable, es posible especificar las condiciones de esta reformulación:

  1. Adecuación formal y normativa: SA debe satisfacer (EC) “Esverdad que p sii p”, y el correspondiente para SA, (ES) “Es SA que p sii p”. SA, además, funcionará como una norma epistémica y práctica que oriente nuestras acciones, creencias y afirmaciones hacia lo correcto.

  2. Persistencia: mostrar que (J) Jp → SAp es plausible, requiere apelar a una confianza epistémica que reconoce que la evidencia actual es suficiente para justificar p, y seguirá así a menos que surjan dudas genuinas. Esta confianza se funda en criterios normativos que dictan que no es racional dudar arbitrariamente de una afirmación justificada. Y en consideraciones prácticas, donde asumir p conlleva expectativas inferenciales y disposiciones de acción, de modo que dudar de la justificación de p socavaría nuestro uso práctico de esa creencia.

  3. Accesibilidad y disponibilidad: la estabilidad no descansa en el acceso y disponibilidad de evidencia, sino en supuestos fundamentales sobre lo que es hacer afirmaciones. No obstante, SA sigue siendo un predicado compatible con un antirrealismo en discursos como lo moral, lo político o lo social, donde la evidencia consiste en una red de razones intersubjetivas, las cuales son accesibles a todos, recuperables y preservadas en el dominio público, de modo que la evidencia no desaparece.

Si estas condiciones resultan mutuamente consistentes, la propuesta ofrece una explicación más sólida de la estabilidad de SA. Además de ser consistente con un antirrealismo y evadir las dificultades asociadas con la accesibilidad y disponibilidad, la noción de confianza epistémica permite percibir que un análisis sobre la verdad y la afirmación justificada debe responder a la experiencia en un sentido amplio. Más que privilegiar un criterio de verificación estrecho, este enfoque permite considerar otros aspectos de la afirmación justificada como la normatividad, la comunicación, y las prácticas y las consecuencias implícitas que están asociadas a nuestras afirmaciones.

5. Conclusiones

En este artículo he examinado la noción de superafirmabilidad y las condiciones que debe satisfacer para funcionar como un predicado de verdad estable. Primero describí los rasgos centrales de SA, sus condiciones de adecuación, y qué la haría una noción estable. A continuación, analicé algunas dificultades asociadas con el carácter revocable de la evidencia, la verificabilidad débil, el holismo, la pérdida de evidencia, y el peligro de una regresión al infinito, las cuales, parecen socavar la viabilidad de SA, en los términos que Wright plantea. A causa de estos obstáculos, he propuesto una reinterpretación de la estabilidad, que no depende de la disponibilidad ni de un acceso constante a la evidencia. La estabilidad, si bien requiere que nuestras afirmaciones estén justificadas, se funda, más bien, en una confianza epistémica que puede ser entendida como un compromiso normativo y práctico que acompaña nuestras afirmaciones. Cuando un sujeto afirma p, no solo reconoce la evidencia disponible, también asume racionalmente que esa justificación perdurará en el futuro, salvo que aparezca evidencia contraria. Para esta confianza basta con que exista suficiente evidencia en un momento dado, y que la red de prácticas comunicativas compartidas asegure la conservación de esa justificación. Esta confianza cumple un papel normativo al actuar como una norma de corrección que guía nuestras afirmaciones, incluso donde no hay evidencia. Tiene un carácter pragmatista que se manifiesta en nuestras prácticas comunicativas y de investigación, así como en nuestra toma de decisiones y nuestros actos. Por último, la confianza epistémica permite mantener la estabilidad de SA sin renunciar al falibilismo: reconocemos que podemos equivocarnos, pero debemos mantener nuestras creencias mientras no aparezca evidencia contraria.34

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1 La verdad es pensada como absoluta y estable en el sentido de que la verdad de una afirmación no admite grados, y no es susceptible de revocarse en el futuro. Mientras que la justificación está sujeta a distintos grados de confianza y puede revocarse en un momento posterior.

2“La superafirmabilidad es […] una propiedad interna de las afirmaciones de un discurso —simplemente, una proyección de los estándares […] que conforman la afirmación dentro del discurso. No aporta ninguna norma externa— de la manera en que se supone clásicamente que lo hace la verdad —contra la cual los propios estándares internos pudieran medirse” (Wright 1992, p. 61). Las traducciones al español de obras en inglés incluidas en este trabajo son de mi autoría.

3Estas restricciones constituyen uno de los criterios que distingue una visión realista de una antirrealista. Sobre este tema, véase Shieh 2018.

4Esto es, una afirmación puede estar justificada en un estado de información i, pero tal justificación puede revocarse en un estado subsecuente i∗, al hallar nueva información relevante.

6La idea central en un discurso epistémicamente restringido es que la verdad de las afirmaciones sobre objetos de los que habla es dependiente de las creencias y los juicios de los sujetos, mientras que, en discursos realistas, la verdad depende de objetos que son independientes, y puede escapar a nuestro conocimiento.

7Es posible que la persistencia pueda ser confundida con la estabilidad. Sin embargo, la primera se refiere a que, una vez obtenida la justificación para una afirmación, se espera que se mantenga a lo largo del tiempo. En cambio, la estabilidad es un rasgo que SA exhibe, en el que la justificación adquiere características distintivas de la verdad.

8Debe notarse que las razones que Wright ofrece (a)-c)) solo hacen plausible la promesa de justificación futura, y no constituyen una prueba o argumento contundente. Su plausibilidad dependerá, como veremos, de la manera de entender el acceso epistémico a la evidencia.

9Esta caracterización de una perspectiva infalibilista está directamente asociada al carácter decidible o indecidible de los enunciados de ciertos discursos. “Una afirmación es decidible si sabemos que podemos reconocerla como verdadera o reconocerla como falsa. Claramente, estaríamos en esta posición si conociéramos un procedimiento de decisión para esa afirmación, que en principio nos garantice determinar si es verdadera o falsa. Una afirmación es indecidible si no es decidible” (Shieh 2018, p. 7).

10Una afirmación como “La diversidad sexual es moralmente aceptable” ilustra un ejemplo de cómo una proposición puede estar justificada en un momento (Grecia y Roma), posteriormente ser rechazada (s. I-XX), y luego volver a ser aceptada como verdadera a medida que se acumula evidencia nueva (s. XX-XXI).

11La noción de verificación de que un enunciado es verdadero sólo tiene un sentido claro en matemáticas, donde un enunciado E es decidible en un estado de información i si y solo si i verifica E∨¬E. Para enunciados contingentes, la verdad no es una propiedad decidible.

13Por supuesto, esto es cuestionable, porque hay una tensión entre la demanda antirrealista de que la justificación requiere acceso a la evidencia actual y cómo enfrentar el hecho de que la evidencia puede perderse de forma irrevocable.

14Si no es así, y sugerimos que el estado de información debe restringirse nuevamente para tomar solo en cuenta la evidencia relevante para justificar p, entonces es necesario explicar cuál sería el criterio para distinguir entre la evidencia relevante para una proposición y la que no lo es.

15La comunicación intersubjetiva cumple una función crucial: al compartir y debatir estados de información, los sujetos no aplican criterios externos de corrección, sino que participan en la construcción de un marco normativo común para sus afirmaciones. Este proceso es paralelo al que sugiere la noción kantiana de heautonomía, en el que la creación de normas y estándares parte del individuo hacia lo colectivo, y la auto-legislación de las afirmaciones se realiza a través del diálogo y una crítica racional conjunta. Acordar qué evidencia es relevante no es solo reportar información, sino que da forma, de manera colaborativa, a las normas de evaluación y, por ende, a la justificación de las creencias. Cfr. Floyd 2003. Agradezco a un evaluador anónimo que me haya hecho notar este paralelismo.

16Existe algún estado de información i, tal que, la proposición p está justificada en i y, para todo estado de información posterior i, i representa una mejora con respecto a i, y p sigue justificada en i*.

17Para todo estado de información i y para todo i, si i es una mejora de i, entonces existe algún estado i** que hace p superafirmable, y el estado i∗∗ representa una mejora respecto a i e i.

18Wright considera erróneo postular un límite de la investigación porque dicho límite ideal es un concepto “mítico” o “imposible de alcanzar”. Esta idea, que él atribuye a una visión pragmatista de la verdad puede ser sustituida simplemente diciendo que las afirmaciones verdaderas son aquellas que están justificadas y seguirán justificadas sin importar qué tanto se prologue una investigación.

19Para todo estado de información i existe algún estado posterior i, tal que i es una mejora de i, e i hace p superafirmable.

21Una manera de expresar esto es que afirmar “Tengo justificación para p” es compatible con “No sé si p seguirá justificada mañana”..

26Cfr. Ferrari 2018.

27Este último señala que, en discursos con pretensiones de objetividad, debe existir una convergencia de opinión entre los sujetos, de manera que la aparición de un desacuerdo indica, a priori, que alguna de las partes ha cometido un error al hacer su afirmación.

28Cfr. Kant 2000.

29Un aspecto adicional importante es que la verdad actúa como norma suprema frente a la justificación: ésta no consiste en acumular razones al azar, sino en darles un fin concreto. Por ejemplo, un vegetariano puede alegar razones de salud o conciencia sobre el maltrato animal, y una teoría científica sustentarse en motivos utilitaristas o realistas. Podemos perseguir varios objetivos a la vez, pero la justificación, por sí sola, no revela cuál es la meta última de nuestra práctica.

30Por ejemplo, imaginemos que hoy tenemos evidencia sólida de que “Este puente es seguro”, así que decidimos cruzarlo. Pero, si no confiamos en que el puente seguirá siendo seguro, no volveremos a cruzarlo. Tendríamos que verificar la seguridad del puente a cada momento, lo cual hace imposibles nuestras acciones en el sentido habitual.

31Hay quienes sugieren (Christensen 2007) que reconocer tan solo la posibilidad de error, debe ser motivo suficiente para degradar la confianza de nuestras creencias. La racionalidad epistemológica, argumentan, requiere que nuestras creencias reflejen nuestra conciencia de falibilidad. Tener confianza plena implicaría una confianza excesiva que no respeta esta exigencia.

32En el caso de lo moral o lo social, la idea de una convergencia de opinión serviría como un criterio que guía la investigación, aunque es evidente que no siempre es exitoso. La convergencia no puede considerarse un requisito estricto de verdad, pero sí una expectativa regulativa.

33Una cuestión que queda pendiente es la de qué tipo de contraevidencia bastaría para hacernos dudar de nuestra confianza en p. En algunos casos, la contraevidencia no bastaría para revocar nuestra confianza por carecer de la calidad o fuerza necesaria. Sin embargo, en otros casos, lo racional puede ser persistir en nuestras creencias.

34Quiero expresar mi sincero agradecimiento a Edgar González Varela y a Axel Barceló por el apoyo constante y los valiosos comentarios a versiones previas de este texto. A Sven Rosenkranz por las conversaciones que sostuve con él durante una estancia doctoral en LOGOS, Universidad de Barcelona, en 2018, y que dieron origen a buena parte de las ideas aquí presentadas. También estoy en deuda con dos revisores/as anónimos/as por sus observaciones, las cuales me han ayudado a dar mayor claridad a la versión final de este trabajo. Finalmente, agradezco la beca que obtuve para la elaboración de este artículo por parte del proyecto PAPIIT IN405323, dirigido por Edgar González Varela.

Recibido: 14 de Noviembre de 2024; Aprobado: 01 de Junio de 2025

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