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Crítica (México, D.F.)

versión impresa ISSN 0011-1503

Crítica (Méx., D.F.) vol.57 no.169 Ciudad de México abr. 2025  Epub 25-Ago-2025

https://doi.org/10.22201/iifs.18704905e.2025.1649 

Artículos

El problema de la fundamentalidad para el panpsiquismo

The Fundamentality Problem for Panpsychism

* Universidad de Buenos Aires. Argentina. edeoeme@gmail.com


Resumen

En esta investigación desarrollo en detalle el problema de la fundamentalidad para el panpsiquismo. Sostengo que, a la luz de tres problemas típicos y recurrentes atribuidos al panpsiquismo en la literatura, la noción de fundamentalidad, esencial para la definición de la teoría, resulta altamente problemática. Luego, examino dos problemas de indecidibilidad que se derivan de dicha noción: primero, la imposibilidad de diferenciar internamente entre distintas versiones del panpsiquismo, y segundo, la dificultad de distinguir externamente entre el panpsiquismo, el dualismo y el fisicalismo. Concluyo con un comentario sobre el estatus modal del panpsiquismo, planteando dudas sobre su viabilidad y coherencia.

Palabras clave: micropsiquismo; cosmopsiquismo; nivel fundamental; dualismo; fisicalismo

Summary

In this article I elaborate in detail the problem of fundamentality for panpsychism. I argue that, in light of three typical and recurring problems raised for panpsychism in the literature, the notion of fundamentality, essential to the formulation of the theory, becomes highly problematic. I then examine two problems of undecidability that derive from that notion: first, the inability to differentiate internally between different versions of panpsychism, and second, the difficulty to distinguish panpsychism externally from dualism and physicalism. I conclude with a comment on the modal status of panpsychism, raising questions about its viability and coherence.

Keywords: micropsychism; cosmopychism; fundamental level; dualism; physicalism

1. Palabras de apertura

El panpsiquismo, entendido en su forma literal, afirma que todo posee mente (o conciencia fenoménica, experiencia, o propiedades fenoménicas, términos equivalentes en este contexto) (Seager 2020). No obstante, no es necesario adoptar esta versión extrema; en cambio, podemos entender el panpsiquismo como la tesis de que todas o algunas entidades físicas fundamentales poseen estados mentales. Por ejemplo, si los quarks o los gluones tienen estados mentales, esto bastaría para validar el panpsiquismo, aun sin atribuirles mente a objetos como sillas o números.1

La experiencia es un rasgo fundamental de la realidad: esta es ontológicamente independiente y no depende de ninguna otra cosa para su existencia. Por lo tanto, la experiencia no puede reducirse ni explicarse en términos de constituyentes más fundamentales de la realidad que carezcan por completo de experiencia.

Importante: en esta investigación y a menos que especifique lo contrario, emplearé el término “fundamental” siguiendo su significado estándar en la metafísica analítica contemporánea. La idea es que x es fundamental si y solo si nada fundamenta a x. Fundamentalidad se considera como sinónimo de ontológicamente independiente (Tahko 2023). Además, x es fundamental si y solo si nada explica a x.

Una entidad es fenoménicamente consciente si hay algo que es cómo es ser esa entidad, es decir, posee una experiencia subjetiva o una vida mental interior. A esto se le llama: sujeto de experiencia. Desde la perspectiva del panpsiquismo, se atribuye subjetividad a lo fundamental, considerándolo un sujeto de experiencia fundamental. En otras palabras, el panpsiquismo sostiene que hay algo que es cómo es ser una entidad física fundamental que se agota enteramente en ser un sujeto de experiencia.

La relación entre mente y materia, y el lugar y estatus de la mente en la realidad son cuestiones difíciles de esclarecer. Las teorías predominantes, dualismo (Lowe 2006) y fisicalismo (Melnyk 2016), enfrentan problemas importantes sin resolver (que nombraré en el siguiente párrafo). En comparación, el panpsiquismo aparece como una teoría menos problemática y más plausible. Se trata de una tesis filosóficamente viable porque ofrece una síntesis entre los anteriores, diferenciándose de ambos y conservando sus beneficios sin los problemas inherentes a cada uno. Este enfoque es conocido como el argumento hegeliano (Chalmers 2015).

El panpsiquismo rescata del dualismo el reconocimiento de la experiencia como un aspecto fundamental de la realidad, no menos importante que las entidades físicas fundamentales. Al igual que el dualismo, sostiene que la experiencia no es reductible, permitiendo comprenderla plenamente sin entrar en conflicto con la visión naturalista de la realidad predominante. Del fisicalismo, toma la integración causal con el mundo físico, evitando las implicaciones reductivistas o eliminativistas. Así, el panpsiquismo es compatible con el cierre causal del mundo físico y con las leyes físicas, sin caer en las limitaciones de ambas teorías.

Este primer acercamiento al panpsiquismo destaca de inmediato la importancia de la fundamentalidad en esta teoría, algo que se aclarará aún más en la siguiente sección. Al considerar la experiencia como fundamental, el panpsiquismo se diferencia del fisicalismo, manteniendo algunos puntos en común y consolidándose como una teoría coherente en sí misma.2 Su distinción respecto del dualismo se comentará más adelante.

Considerando la importancia de la fundamentalidad, planteo la siguiente hipótesis: la noción de fundamentalidad en el panpsiquismo no resulta efectiva para enfrentar los problemas típicos que se relacionan precisamente con dicha fundamentalidad, como se señala en la literatura especializada. A esta hipótesis, la cual será una de mis contribuciones en esta investigación, la denomino el problema de la fundamentalidad para el panpsiquismo. Irónicamente, aunque la fundamentalidad es esencial en la definición de esta teoría, en lugar de fortalecerla, se convierte en un obstáculo que compromete su coherencia y desarrollo, constituye un problema en sí misma.

Dependiendo de cómo se caracterice el nivel fundamental y la prioridad ontológica asociada, se distinguen dos versiones de panpsiquismo: micropsiquismo y cosmopsiquismo. Cada una de estas versiones se examinará en detalle en la sección 3 de esta investigación. Esto plantea un dilema: ¿cuál versión elegir?

La hipótesis en cuestión me permitirá evaluar tres problemas que aquejan al panpsiquismo. En este sentido, dicha hipótesis servirá como una guía para analizar estos problemas desde la perspectiva de la fundamentalidad. Esto proporcionará una respuesta, que constituirá una de mis principales contribuciones en esta investigación, al dilema previamente planteado.

En conjunto, los problemas del panpsiquismo surgen de sus compromisos centrales y desafían tanto su veracidad como su coherencia. Primero, el problema de la combinación se centra en el papel explicativo que el panpsiquismo debería cumplir al ofrecer una explicación para los sujetos de experiencia dependientes. Segundo, el problema de la revelación cuestiona la supuesta esencia de estos sujetos: surge una discrepancia entre la esencia que el panpsiquismo pretende revelar y la esencia unificada que realmente se manifiesta en sus estados mentales, lo cual pone en riesgo la teoría. Finalmente, el problema del fundacionalismo metafísico cuestiona la afirmación de que la realidad es bien-fundada (well-founded), es decir, que tiene un nivel fundamental. La existencia de ciertos tipos de mundos posibles plantea un desafío significativo para esta afirmación. Este último problema, a diferencia de los anteriores, ha sido poco explorado, y desarrollarlo constituye otra de mis contribuciones a esta investigación.3 Cada uno de estos problemas se abordará en la sección 4.

El análisis de estos problemas revela que no existe una respuesta satisfactoria al dilema planteado. Esto sugiere que, independientemente de cómo se defina el nivel fundamental, los desafíos inherentes son sustancialmente los mismos. La noción de fundamentalidad, esencial en la definición del panpsiquismo, no proporciona una base para decidir entre las versiones. Ambas posiciones son criticables por las mismas razones, lo que concluye en una indecidibilidad entre cosmopsiquismo y micropsiquismo, restándole mérito al panpsiquismo. A esta indecidibilidad la denominaré indecidibilidad interna.

Postulo que, si queremos resolver el problema de la fundamentalidad, es prioritario abordar el problema del fundacionalismo metafísico, ya que es el problema que está más directamente vinculado con la hipótesis de lectura presentada en esta investigación. Esto abre la pregunta de si es posible conciliar cadenas de dependencia ontológica infinitamente descendentes o ascendentes con la explicación que el panpsiquismo exige.

En la sección 5, propondré que es posible responder afirmativamente a la pregunta anterior si reconsideramos la noción de fundamentalidad empleada en esta investigación. Al relajar dicha noción, aparece un escenario en el que las pretensiones explicativas del panpsiquismo y la intuición del infinitismo metafísico pueden compatibilizarse. Este enfoque representa un avance, ya que el panpsiquismo dejaría de estar totalmente condicionado por los problemas que usualmente se le atribuyen en la literatura. Este desarrollo abre la posibilidad de resolver el problema de la fundamentalidad.

A pesar de ello, las dificultades no tardan en surgir. El intento de respuesta culmina en una tensión interna de la teoría, basada en ciertas concesiones teóricas poco polémicas que serán aceptadas en esta investigación. En otras palabras, el avance que presumíamos no es tal, y el intento de resolución termina siendo incluso más problemático que el problema original. Tras aceptar tales concesiones, nos vemos forzados a concluir la contingencia de la conexión explicativa propuesta por el panpsiquismo (cfr. Bøhn 2009). Sin embargo, dicha conexión, según el panpsiquismo, debería ser de carácter metafísicamente necesario, lo cual genera una tensión. ¿Qué implicaciones tiene entonces esta tensión para la coherencia del panpsiquismo?

La indecidibilidad entre ambas versiones del panpsiquismo es solo la primera consecuencia del problema de la fundamentalidad. Al abordar el problema del fundacionalismo metafísico, la explicación, pensada inicialmente como necesaria, se vuelve contingente. Esto coloca al panpsiquismo en una posición similar al dualismo, haciendo que ambas teorías resulten casi indistinguibles. En este contexto, las razones para preferir el panpsiquismo sobre el dualismo se debilitan notablemente. Además, el panpsiquismo no parece ofrecer ventajas claras frente al fisicalismo. Como consecuencia de la investigación, se cuestiona la noción de fundamentalidad en el panpsiquismo, precisamente el aspecto que lo diferenciaba y le otorgaba ventaja frente al fisicalismo, lo cual dificulta defenderlo o preferirlo. Esto introduce una nueva forma de indecidibilidad, en la que el panpsiquismo no logra diferenciarse claramente ni del dualismo ni del fisicalismo, perdiendo así su supuesto valor como síntesis de ambas teorías. A esta indecidibilidad la denominaré indecidibilidad externa.

La tensión planteada suscita cuestiones interesantes, especialmente en lo que respecta al estatus modal del panpsiquismo como teoría, cuestiones que abordaré al final de la sección 5.

2. Panpsiquismo y fundamentalidad

En el debate actual sobre el panpsiquismo, el argumento de la naturaleza intrínseca (Seager 2006) ocupa un lugar destacado al subrayar la importancia de la fundamentalidad en su definición.4 Este argumento se basa en dos ideas. Primero, la ciencia física, al emplear un lenguaje puramente nómico-matemático, describe la realidad física fundamental únicamente en términos relacionales y estructurales. A pesar de su gran nivel de detalle, esta descripción resulta parcial en lo que respecta a la naturaleza de la realidad física fundamental. El argumento sugiere que debe haber una naturaleza adicional subyacente a las propiedades relacionales y estructurales de las entidades físicas fundamentales, una naturaleza intrínseca que queda fuera del alcance de la ciencia física. Así, se resalta la necesidad de propiedades intrínsecas, que van más allá del lenguaje puramente nomotético-matemático, para evitar ciertos problemas de regresión al infinito derivados de esta descripción.5 A fin de cuentas, la conclusión es que toda propiedad estructural de las entidades físicas fundamentales se funda en propiedades irreductiblemente intrínsecas. Segundo, el argumento sostiene que la conciencia fenoménica es la única propiedad irreductiblemente intrínseca cuya naturaleza conocemos con certeza. Por lo tanto, la naturaleza intrínseca de las entidades físicas fundamentales es la experiencia.

Si el panpsiquismo es correcto, no puede descartar la instanciación de propiedades fenoménicas en entidades físicas dependientes, a las que se les refiere como sujetos de experiencia dependientes. El panpsiquismo debería ser capaz de explicar esto, y lo hace postulando una conexión explicativa entre la naturaleza intrínseca de los sujetos de experiencia fundamentales y la experiencia de los sujetos dependientes. En otras palabras, el panpsiquismo establece una relación entre el nivel fundamental y el dependiente. Así, sigue la estructura común a todas las explicaciones: describe un fenómeno a explicar (el explanandum), los sujetos de experiencia dependientes, y propone algo como la explicación de dicho fenómeno (el explanans), los sujetos de experiencia fundamentales.

La formulación anterior establece que el panpsiquismo es una tesis explicativa, cuyas principales propiedades formales son las siguientes: la explicación es (1) irreflexiva, nada se explica a sí mismo, pues siempre introduce nueva información; (2) transitiva, puesto que la explicación de la explicación de un fenómeno es también una explicación de este; y es (3) asimétrica, las explicaciones circulares son excluidas, ya que serían vacuas (Raven 2015).

Una vez provista la explicación de los sujetos de experiencia dependientes en términos de los sujetos de experiencia fundamentales, se establece un patrón de covarianza modal entre estas entidades. Explanans y explanandum no son modalmente independientes entre sí. Esto significa que en cualquier mundo posible donde existan sujetos de experiencia fundamentales, deben existir también sujetos de experiencia dependientes y viceversa. Cuando se sostiene un patrón de covarianza modal, no se afirma simplemente que en cualquier mundo posible donde existe uno, exista también el otro, aunque la explicación implique tal covariación. Más bien, se sostiene que la conexión explicativa es sensible a la fuente de estas covariaciones, permitiendo discriminar el orden de prioridad ontológica entre sujetos de experiencia fundamentales y dependientes.

Los sujetos de experiencia dependientes están explicados en los sujetos de experiencia fundamentales, aunque es necesario que los sujetos de experiencia fundamentales existan si y solo si los sujetos de experiencia dependientes existen. Sin embargo, los sujetos de experiencia dependientes no podrían existir sino por la existencia de los sujetos de experiencia fundamentales. Estos últimos son, por tanto, necesarios para la existencia de los sujetos de experiencia dependientes. Así, una vez discriminado el orden de prioridad ontológica y provista la explicación, la existencia del explanans es metafísicamente suficiente para la existencia del explanandum.

Este punto es crucial porque es precisamente el importe modal lo que distingue al panpsiquismo del dualismo. En el dualismo, la conexión explicativa es nomológicamente contingente (Chalmers 1999), mientras que en el panpsiquismo se plantea como metafísicamente necesaria.

3. La cuestión de la fundamentalidad en el panpsiquismo

Tanto la definición como uno de sus argumentos a favor muestran claramente la estrecha relación entre el panpsiquismo y el concepto de fundamentalidad. Más allá de la estrecha relación recientemente comendada, el panpsiquismo no ofrece afirmaciones específicas sobre las cuestiones de fundamentalidad.

El panpsiquismo, como tesis explicativa, sostiene que la realidad no consiste en un ensamblaje de sujetos de experiencia independientes, sino en una estructura interconectada donde unos sujetos de experiencia determinan (explican) o dependen de otros (son explicados). Esto establece cadenas de dependencia ontológica y un orden de prioridad que organiza la realidad desde sujetos de experiencia más fundamentales hacia los menos fundamentales, culminando en un nivel basal considerado el más fundamental. Así, la realidad estaría bien-fundada (well-founded), en una estructura jerárquica vertical de niveles que dependen, en última instancia, de dicho nivel basal, lo que se conoce como fundacionalismo metafísico (Cameron 2008).

Según cómo se caracterice el nivel fundamental y la dirección de prioridad ontológica que se derive de dicha caracterización, el panpsiquismo se divide en dos versiones. Primero, si se considera que las entidades microfísicas postuladas por la física, como las partículas elementales, constituyen el nivel fundamental, obtenemos el micropsiquismo, que es la conjunción de panpsiquismo y atomismo (Lewtas 2013).6 Aquí, la prioridad ontológica va de abajo hacia arriba, de lo más fundamental a lo menos fundamental. En segundo lugar, si se toma al cosmos como el nivel fundamental, se da origen al cosmopsiquismo, una combinación de panpsiquismo y monismo (Shani 2015), donde la prioridad ontológica se invierte, yendo de arriba (cosmos) hacia abajo (entidades dependientes).7

El argumento de la naturaleza intrínseca es neutral respecto a cómo se caracteriza el nivel fundamental de la realidad y la prioridad ontológica derivada de esa caracterización. Recordemos que la ciencia física describe su objeto de estudio, ya sean partículas elementales o el cosmos, solo en términos de relaciones y estructura mediante un lenguaje nómico-matemático. Según este argumento, todas las propiedades estructurales se basan en propiedades intrínsecas e irreductibles, y la única de estas que conocemos con certeza es la experiencia. Esto permite dos conclusiones: o bien las partículas elementales tienen una naturaleza experiencial, o bien el cosmos la posee. Así, el argumento es compatible con el micropsiquismo y el cosmopsiquismo, subrayando que cualquier entidad fundamental debe tener la capacidad de instanciar propiedades fenoménicas.

A pesar de las diferencias entre estas dos versiones, es innegable que comparten compromisos generales. Por un lado, ambas versiones implican la existencia de un nivel fundamental que requiere una especificación particular, lo que refleja su adhesión a la tesis del fundacionalismo metafísico. Por el otro, más allá de las diferencias en dicha especificación, ambas son versiones de la tesis panpsiquista, es decir, ese nivel fundamental está caracterizado por la experiencia.

4. Indecidibilidad interna: o micropsiquismo o cosmopsiquismo

La situación plantea un dilema: ¿qué versión elegir? ¿Cuál es preferible y qué herramientas teóricas tenemos para abordar esta cuestión y seleccionar una versión sobre la otra? A continuación, demostraré que no es posible dar una respuesta adecuada a estas preguntas. Confirmando así la hipótesis de lectura expuesta al principio.

En este contexto, presentaré una serie de problemas basados en los compromisos generales que ambas versiones comparten. Aunque algunos problemas pueden parecer que favorecen una versión sobre la otra, un análisis detallado mostrará que ninguno de los escenarios abordados desde una de las versiones proporciona una solución definitiva a la cuestión planteada. De hecho, el mismo problema puede ser tratado desde la otra versión, obteniendo resultados similares. Esto ilustrará que, independientemente de la versión seleccionada, los desafíos inherentes al micropsiquismo y al cosmopsiquismo son esencialmente los mismos.

4.1 El problema de la combinación

Es importante destacar que el micropsiquismo es la perspectiva predominante en la literatura contemporánea sobre el panpsiquismo. Por ello, el problema de la combinación se plantea inicialmente como un desafío para esta posición, y según la argumentación que sigo, no afectaría al cosmopsiquismo (James 1989). A continuación, abordaré esta cuestión.

El micropsiquismo sostiene que la instanciación de propiedades fenoménicas en los sujetos de experiencia dependientes se explica a partir de las propiedades fenoménicas instanciadas por las partículas elementales. Sin embargo, enfrenta dificultades al intentar ofrecer esta explicación, ya que las micro-experiencias de las partículas se presuponen simples y granulares, mientras que las macro-experiencias, como las de los seres humanos, son mucho más complejas. El desafío es explicar cómo se da la transición de estas micro-experiencias a una experiencia macrofísica compleja. La pregunta clave es: ¿qué tipo de conexión explicativa permite que estas micro-experiencias se amalgamen en una macro-experiencia?8

Los partidarios del cosmopsiquismo suelen destacar una ventaja inicial sobre el micropsiquismo al abordar el problema de la combinación. Un argumento clave en la elección entre ambas versiones se basa en la intuición de que el cosmopsiquismo ofrece una solución más adecuada a este problema, ya que, de hecho, el problema de la combinación es un desafío exclusivo del micropsiquismo, al cual el cosmopsiquismo es inmune. Según este no hay sujetos que sumar. (Jaskolla y Buck 2012, pp. 196-197).

Desde esta perspectiva, el problema de la combinación surge exclusivamente de cómo el micropsiquismo caracteriza el nivel fundamental y la dirección de prioridad ontológica. El problema de la combinación se origina en la dirección de prioridad ontológica que va de abajo hacia arriba, junto con la explicación subsiguiente. En contraste, el cosmopsiquismo propone una dirección de prioridad ontológica opuesta: de arriba hacia abajo. Por lo tanto, los partidarios del cosmopsiquismo argumentan que el problema de la combinación no aparece, lo que coloca al cosmopsiquismo en una posición teóricamente más ventajosa frente al micropsiquismo.

Sin embargo, esta conclusión no es correcta. Preguntémonos lo siguiente, ¿cómo se derivan las experiencias de las entidades macrofísicas a partir de las propiedades fenoménicas del cosmos? ¿Cómo puede la experiencia del cosmos dar lugar a experiencias individuales, como las nuestras o las de otras entidades? Estas preguntas evidencian que el cosmopsiquismo se enfrenta al mismo problema que el micropsiquismo, pero en sentido inverso. Buscando una explicación, el cosmopsiquismo propone que las experiencias de los sujetos dependientes se derivan de las experiencias del cosmos, pero encuentra un problema al abordar la discrepancia entre experiencias. El desafío radica en cómo el cosmos, actuando como explanans, puede descomponerse en experiencias macrofísicas. La cuestión ya no es combinar, sino individuar. En consecuencia, el cosmopsiquismo no ofrece una ventaja clara sobre el micropsiquismo, y viceversa.

4.2 El problema de la revelación

El argumento de la naturaleza intrínseca sostiene que las únicas propiedades irreductiblemente intrínsecas cuya naturaleza conocemos son las propiedades fenoménicas. Esto implica que cualquier postura panpsiquista debe aceptar la tesis de la revelación sobre la experiencia (Liu 2017), la cual afirma que experimentar algo nos coloca en una posición epistémica privilegiada respecto a esa experiencia, dejando solo verdades no esenciales por aprender. En otras palabras, tener una experiencia es conocer su esencia. A partir de esta tesis surge el problema de la revelación (Roelofs 2020).

Dado que el micropsiquismo es la perspectiva predominante en la literatura especializada, el problema de la revelación aparece inicialmente como una dificultad inherente a esta postura. En ese contexto, presentaré y desarrollaré este problema.

El tipo de explicación propuesto implica que el dolor experimentado por un sujeto de experiencia dependiente, como nosotros, está completamente compuesto por los estados experienciales de un conjunto de partículas elementales o sujetos de experiencia fundamentales. Esto significa que la esencia del dolor experimentado por un sujeto de experiencia dependiente no es más que la forma en que esos sujetos de experiencia fundamentales sienten sus estados experienciales. Todo lo que compone a un sujeto de experiencia forma parte de su esencia. Lo anterior puede generalizarse y aplicarse a todos los estados mentales fenomenológicamente conscientes de los sujetos de experiencia dependientes. Es decir, dada la verdad del micropsiquismo, los sujetos de experiencia dependientes deberían poseer una esencia compuesta.

Según la tesis de la revelación, al tener una experiencia, uno adquiere conocimiento sobre la esencia de esa experiencia. Esto implica que uno debería ser capaz de penetrar en la esencia compuesta de la experiencia. Sin embargo, surge una discrepancia: nuestras experiencias no revelan ese compuesto propuesto por el micropsiquismo. Lo que realmente se revela es un estado mental unificado, asociado con un único punto de vista fenomenológico subjetivo. Su esencia es esta y no estar completamente compuesta por un conjunto de partículas elementales o sujetos de experiencia fundamentales. Si esos sujetos no forman parte de la esencia, entonces no componen dicha experiencia. En consecuencia, no hay esencias compuestas que deban ser reveladas, lo que sugiere que los sujetos de experiencia dependientes no poseen tales esencias. Desde la perspectiva de este, no hay nada en él que nos obligue a considerarlo como esencialmente compuesto por un conjunto de sujetos de experiencia fundamentales. Esto sugiere que el micropsiquismo es falso.

Es importante destacar que el argumento de la revelación busca establecer una contradicción al presuponer la verdad de una esencia compuesta de los sujetos de experiencia dependientes propuesta por el micropsiquismo. A partir de esta suposición, se plantea una discrepancia entre la supuesta esencia compuesta a revelar y la esencia unificada revelada en los estados mentales de dichos sujetos. Esto representa un problema para la versión de panpsiquismo en cuestión. ¿Ocurre lo mismo en el caso del cosmopsiquismo?

Inicialmente, uno podría sentirse inclinado a responder negativamente. Después de todo, el supuesto planteado no es propio del cosmopsiquismo. Este sostiene que el cosmos es el sujeto de experiencia fundamental y que los estados mentales conscientes de los sujetos dependientes son aspectos del cosmos consciente (Goff 2017, p. 234). Ahora bien, ¿qué es un aspecto? Pensemos en una entidad fundamental internamente estructurada; aunque sus componentes pueden analizarse por separado, su existencia depende (al menos contingentemente) de la existencia de la entidad fundamental de la que forman parte. En este sentido, se puede decir que los constituyentes son aspectos de dicha entidad fundamental (Goff 2017, p. 225).

Entonces, desde la perspectiva del cosmopsiquismo, la esencia de los sujetos de experiencia dependientes se caracteriza por ser aspectual en lugar de compuesta. Si la esencia de los sujetos de experiencia dependientes no es compuesta, no hay contradicción que establecer entre la supuesta esencia compuesta y la esencia que se revela en la experiencia. No obstante, es importante indagar más a fondo: ¿realmente la naturaleza aspectual de la esencia de los sujetos de experiencia dependientes elimina por completo el problema de la revelación? ¿Podrá establecerse, en el contexto específico del cosmopsiquismo, una contradicción entre una supuesta esencia y la esencia revelada?

Propongo que las preguntas previas requieren una respuesta afirmativa en cuanto a la fenomenología del cosmos. Mientras que el micropsiquismo considera las experiencias de las partículas elementales como simples y granulares, y las de entidades macrofísicas, como los humanos, muestran complejidad, en el cosmopsiquismo surge la cuestión de qué fenomenología corresponde al cosmos. Naturalmente, esta respuesta cae en el ámbito especulativo. Al abarcarlo todo, el cosmos, como sujeto de experiencia, contiene estados mentales intrínsecamente contradictorios, lo que plantea un problema. Una manera de entender la fenomenología contradictoria del cosmos es considerarla como un desorden (Goff 2017, p. 243). Entones, ¿al experimentar estamos en una destacada posición epistémica para conocer la complicada e intrincada historia sobre cómo el cosmos siente el desorden de sus respectivos estados experienciales, lo que determina la esencia aspectual de la experiencia de los sujetos de experiencia dependiente? Parece que no. Veámoslo con mayor detenimiento.

En primer lugar, permítaseme pensar el desorden fenoménico como la ausencia de estructura. En segundo lugar, examinemos nuestras experiencias. Estas poseen una estructura rica y específica: son unificadas, delimitadas y diferenciadas en muchos elementos diferentes, pero con una homogeneidad subyacente en muchos de estos elementos, y tienen un único sujeto de experiencia. Entonces, ¿si los estados fenoménicos del sujeto de experiencia fundamental son un desorden, por qué los estados fenoménicos de sus aspectos no lo serían? Estas dudas se pueden plantear en términos del problema de la revelación para el cosmopsiquismo.

Según la tesis de la revelación, al tener una experiencia, uno adquiere conocimiento sobre la esencia de esa experiencia. Esto implica que uno debería ser capaz de penetrar en la esencia aspectual de la experiencia. Sin embargo, surge una discrepancia: nuestras experiencias revelan una esencia que no coincide con lo que el cosmopsiquismo sugiere. Lo que realmente se revela es un estado mental unificado, asociado con un único punto de vista fenomenológico subjetivo. Su esencia es esta y no ser un aspecto determinado en su existencia por el cosmos. Si el desorden característico de la fenomenología del cosmos no forma parte de la esencia, entonces no determina dicha experiencia. En consecuencia, no existen esencias aspectuales que deban ser reveladas, lo que sugiere que los sujetos de experiencia dependientes no poseen tales esencias. Desde la perspectiva de este, no hay nada en él que nos obligue a pensar que es un aspecto del universo. Esto sugiere que el cosmopsiquismo es falso.

Al igual que en el caso anterior, el argumento de la revelación busca establecer una contradicción al presuponer la verdad de una esencia aspectual de los sujetos de experiencia dependientes propuesta por el cosmopsiquismo. A partir de esta suposición, se plantea una discrepancia entre la supuesta esencia aspectual a revelar y la esencia unificada revelada en los estados mentales de dichos sujetos. Aunque la esencia de los sujetos de experiencia dependientes no es compuesta, sí hay contradicción que establecer entre la supuesta esencia y la esencia que se revela en la experiencia.

Para cerrar, desde nuestro punto de vista, no hay nada que nos obligue a pensar que o somos un compuesto de un conjunto de partículas elementales o somos aspectos del cosmos; nuestra fenomenología es una sola. Y si la tesis de la revelación es verdadera, entonces tanto el micropsiquismo como el cosmopsiquismo son falsos.

4.3 El problema del fundacionalismo metafísico

En esta subsección, abordaré un problema estrechamente vinculado a la afirmación común a ambas versiones de que la realidad está bien-fundada (well-founded). Desde el momento en que se estableció el panpsiquismo como una tesis fundacionalista metafísica, la dirección de la prioridad ontológica no puede continuar infinitamente.

La tesis que sostiene la posibilidad de cadenas de dependencia ontológica infinitas, conocida como infinitismo metafisico (Morganti 2014), rechaza que la realidad está bien-fundada. Aunque reconoce una estructura jerárquica en niveles dispuestos verticalmente, cada nivel depende de uno más fundamental que lo precede, pero nunca se alcanza un nivel fundamental absoluto donde todos los demás se sustenten. Así, la realidad se mantiene indefinidamente abierta en cadenas de dependencia ontológica que pueden extenderse infinitamente, tanto de manera descendente como ascendente.

Es necesario preguntarse si el escenario planteado por el infinitismo metafísico es coherente con el panpsiquismo. Claramente, no lo es; la posibilidad de cadenas de dependencia ontológica infinitamente descendentes y/o ascendentes plantea un desafío significativo para la coherencia del panpsiquismo.

El problema del fundacionalismo metafísico puede expresarse de acuerdo con el siguiente argumento:

  • (1) Si el panpsiquismo es verdadero, entonces el fundacionalismo metafísico es verdadero.

  • (2) Si el fundacionalismo metafísico es verdadero, entonces hay un nivel fundamental de la realidad.

  • (3) No existe un nivel fundamental de la realidad.

Por lo tanto,

  • (4) El fundacionalismo metafísico es falso (a partir de (2) y (3)).

Por lo tanto,

La premisa (1) establece que el panpsiquismo, como ha sido formulado en esta investigación, es una versión del fundacionalismo metafísico. La premisa (2) enuncia la principal característica del fundacionalismo metafísico. Dado que el argumento es válido, la conclusión intermedia (4) se sigue lógicamente de las premisas (2) y (3), y la conclusión (5) se sigue lógicamente de (1) y (4). Esto significa que la solidez del argumento depende de la premisa (3). Una manera para demostrar la veracidad de (3) es argumentar que no hay razones a priori para rechazar su contenido como una posibilidad metafísica.

Dado que el micropsiquismo es una tesis metafísica fundacionalista atomista, se plantea un desafío relacionado con la posibilidad metafísica de un mundo gunky (gunky world) (Lewis 1991). En un mundo gunky, todo posee partes propias, lo que significa que cada parte propia a su vez posee partes propias. En este tipo de mundo, cada parte propia puede dividirse infinitamente en partes propias, lo que lo convierte en un mundo infinitamente divisible.

Mediante un razonamiento modal, se desafían las intuiciones sobre la estructura de la realidad, cuestionando por qué deberíamos creer que el mundo actual está bien-fundado. Un mundo -gunky infinitamente divisible- podría ser una opción metafísica legítimamente válida. Esto debilita la aparente obviedad del fundacionalismo metafísico, sugiriendo que una estructura bien-fundada no es la única estructura metafísicamente posible de la realidad. Si es concebible un mundo infinitamente divisible sin contradicciones, esto respalda la coherencia lógica y la posibilidad metafísica de tales mundos. Así, la existencia de un nivel basal fundamental no es una verdad necesaria sobre la estructura de la realidad, sino una característica contingente, una entre varias posibilidades.

En este contexto, donde la dirección de prioridad ontológica se establece desde abajo hacia arriba no existiría el nivel más fundamental del que dependen y se explican todos los niveles derivados. En un mundo gunky, la existencia del nivel fundamental caracterizado por la experiencia, necesario para la verdad del micropsiquismo, sería imposible. El micropsiquismo, por tanto, no podría proporcionar una explicación sobre cómo la conciencia de un sujeto de experiencia dependiente se basa en la experiencia de entidades microfísicas fundamentales, ya que estas no existirían en este escenario. Así, el micropsiquismo resulta falso.

Dado que el cosmopsiquismo es una tesis metafísica fundacionalista monista, se plantea un desafío relacionado con la posibilidad metafísica de un mundo junky (junky world) (Bøhn 2009). En un mundo junky, todo es una parte propia. Un “mundo junky no puede ser una fusión, porque si lo fuera, no habría nada para este mundo estar en la relación de parte propia. En consecuencia, un mundo junky debe ser una pluralidad infinita xx tal que cada uno de xx es una parte propia de otro xx” (p. 194; la traducción es mía). Lo que lo convierte en un mundo infinitamente componible.

Mediante un razonamiento modal se desafían las intuiciones sobre la estructura de la realidad, cuestionando por qué deberíamos creer que el mundo actual está bien-fundado. Un mundo junky -infinitamente componible- podría ser una opción metafísica legítimamente válida. Esto debilita la aparente obviedad del fundacionalismo metafísico, sugiriendo que una estructura bien-fundada no es la única estructura metafísicamente posible de la realidad. Si es concebible un mundo infinitamente componible sin contradicciones, esto respalda la coherencia lógica y la posibilidad metafísica de tales mundos. Así, la existencia de un nivel basal fundamental no es una verdad necesaria sobre la estructura de la realidad, sino una característica contingente, una entre varias posibilidades.

En este contexto, donde la dirección de prioridad ontológica se establece desde arriba hacia abajo no existiría el nivel más fundamental del que dependen y se explican todos los niveles derivados. En un mundo junky, la existencia del nivel fundamental caracterizado por la experiencia, necesario para la verdad del cosmopsiquismo, sería imposible. El cosmopsiquismo, por tanto, no podría proporcionar una explicación sobre cómo la conciencia de un sujeto de experiencia dependiente se basa en la experiencia del cosmos, ya que este no existiría en este escenario. Así, el cosmopsiquismo resulta falso.

En ambos casos se presentan ventajas y desventajas. Un mundo junky, desde el atomismo, es posible sin que el micropsiquismo pierda su verdad, ya que, al establecerse la prioridad ontológica de las partículas elementales, se asegura el nivel fundamental con experiencia. Los eslabones experienciales que le siguen, aunque infinitamente componibles, dependen ontológicamente de las propiedades fenoménicas de las partículas elementales. Por otro lado, un mundo gunky, desde el monismo, es posible sin que el cosmopsiquismo pierda su verdad, ya que, al establecerse la prioridad ontológica del cosmos, se asegura el nivel fundamental con experiencia. Los eslabones experienciales que le siguen, aunque infinitamente divisibles, dependen ontológicamente de las propiedades fenoménicas del cosmos.

Sin embargo, existe un escenario de mundo posible que amenaza tanto al cosmopsiquismo como al micropsiquismo y, por ende, a la tesis general del panpsiquismo, independientemente de cómo se defina el nivel fundamental. Este es el escenario de un mundo hunky (Bøhn 2018), que es la conjunción de los mundos gunky y junky: en él, todo posee partes propias y es, a su vez, una parte propia. Esto implica un mundo tanto infinitamente divisible como infinitamente componible.

Podría pensarse que este tipo de mundos es imposible debido a su aparente inconcebibilidad. No obstante, si así fuera, tanto los mundos gunky como los junky también deberían considerarse imposibles por las mismas razones. No parece haber una gran diferencia entre concebir un mundo junky y concebir un mundo gunky: si los mundos gunky son concebibles, entonces los mundos junky también deberían serlo, y viceversa. Dado que existen razones para concebir a los mundos gunky -y, por ende, son posibles-, resulta razonable asumir que los mundos junky también lo son. Así, si ambos tipos de mundos son concebibles, nada impide concebir también los mundos hunky.

En este contexto, la dirección de prioridad ontológica pierde relevancia, ya que no existiría el nivel más fundamental del que dependen y se explican todos los niveles derivados. En un mundo hunky, la existencia del nivel fundamental caracterizado por la experiencia, necesario para la verdad del panpsiquismo, sería imposible. El panpsiquismo, por tanto, no podría proporcionar una explicación sobre cómo la conciencia de un sujeto de experiencia dependiente se basa en la conciencia de un conjunto de sujetos de experiencia fundamentales, ya que estos no existirían en este escenario. Así, el panpsiquismo resulta falso.

Para cerrar con la sección completa, y tomando en cuenta los tres problemas recientemente expuestos, la hipótesis de lectura propuesta se confirma. El análisis de estos problemas muestra que no existe una respuesta adecuada para el dilema planteado. En el marco de la discusión, cada problema parecía favorecer una versión del panpsiquismo sobre la otra, pero ninguna de las respuestas ofrecidas desde una de las versiones soluciona el problema de manera definitiva. De hecho, los mismos problemas pueden abordarse desde la otra versión con resultados similares. Estos escenarios muestran que, independientemente de si los sujetos de experiencia fundamentales son partículas elementales o el cosmos, es decir, independientemente de cómo se defina el nivel fundamental, los desafíos inherentes al micropsiquismo y al cosmopsiquismo son esencialmente los mismos. La noción de fundamentalidad, que es una parte esencial de la definición de panpsiquismo, no logra marcar una diferencia al momento de optar por una versión sobre la otra; no ofrece ninguna solución a dichos problemas. Ambas posiciones enfrentan los mismos problemas sin resolver, lo que confirma la indecidibilidad entre cosmopsiquismo y micropsiquismo, debilitando así la credibilidad del panpsiquismo.

5. Morder la bala

Postulo que, si queremos resolver el problema de la fundamentalidad, es prioritario abordar el problema del fundacionalismo metafísico, ya que es el problema que está más directamente vinculado con la hipótesis de lectura presentada en esta investigación. Esto plantea la siguiente cuestión: ¿es posible conciliar la existencia de cadenas de dependencia ontológica infinitamente descendentes y/o ascendentes con la explicación panpsiquista y su pretendido importe modal? Al responder afirmativamente, se abre una serie de interrogantes que, por un lado, evidencian una nueva forma de indecidibilidad, a la que denominaré indecidibilidad externa, pues resulta extremadamente difícil distinguir entre panpsiquismo, dualismo y fisicalismo; y, por otro lado, problematizan las implicaciones que surgen respecto al estatus modal de la teoría panpsiquista.

5.1 Indecidibilidad externa: o panpsiquismo o dualismo o fisicalismo

Frente a la situación descrita anteriormente, una primera reacción sería resistirse a la jerga sobre concebibilidad y mundos posibles, desestimándola, argumentando que el panpsiquismo es una tesis que se refiere exclusivamente al mundo actual. Dado que el panpsiquismo trata sobre la naturaleza del mundo presente, ¿por qué deberíamos preocuparnos por cuestiones tan abstractas como los mundos posibles?

Sin embargo, existen interesantes razones empíricas que indican que el mundo actual es, de hecho, hunky. Con el progreso de la ciencia, repetidamente hemos descubierto que el universo es tanto más extenso (gracias al desarrollo de la cosmología relativista) como más diminuto (gracias al desarrollo de la física de partículas) de lo que previamente pensábamos. Al considerar este patrón cósmico general, nos enfrentamos a razones abductivas que sugieren que no hay un límite en ninguna dirección; rechazar de manera precipitada estas razones, especialmente basándose en argumentos a priori, parece ser tanto científica como teóricamente irresponsable (Bøhn 2018, pp. 176-177).

No queda más que aceptar la situación y explorar la posibilidad de compatibilizar las pretensiones explicativas del panpsiquismo con la intuición del infinitismo metafísico. Para ello, es crucial reconsiderar la noción de fundamentalidad utilizada hasta ahora. En este contexto, he afirmado que x es fundamental si y solo si nada fundamenta o explica a x, que es la definición de fundamentalidad absoluta. A lo largo de este trabajo, he emparejado esta noción de fundamentalidad con el panpsiquismo, lo que ha generado los problemas discutidos. No obstante, también existe otro tipo de fundamentalidad más relajada: la fundamentalidad relativa (Tahko 2023).

La manzana en mi refrigerador parece menos fundamental que las moléculas que la componen, y, a la inversa, las moléculas son más fundamentales que la manzana. Es razonable suponer que mi manzana no es ni más ni menos fundamental que la manzana de otra persona en su refrigerador. Estas relaciones -más fundamental que, menos fundamental que e igualmente fundamental que- son ejemplos de fundamentalidad relativa. Esta noción no requiere la existencia de un nivel absolutamente fundamental: la realidad puede formar una estructura jerárquica de niveles discretos dispuestos verticalmente sin que haya algo que sea fundamental en un sentido absoluto, siendo así compatible con el infinitismo metafísico.

¿Es compatible el panpsiquismo con dicha noción? Si el panpsiquismo logra ser compatible con la fundamentalidad relativa, también será compatible con el infinitismo metafísico. Postulo que una manera de establecer esta compatibilidad es reconsiderar el tipo de explicación que la teoría busca proporcionar, a la que podemos llamar explicación relativa. Ahora, cada sujeto de experiencia dependiente tiene una explicación que se basa en sujetos de experiencia más fundamentales que él, y así sucesivamente. Aunque no exista un nivel fundamental absoluto, no se pierde la referencia explicativa. Los sujetos de experiencia formarían una estructura jerárquica de niveles discretos dispuestos verticalmente, donde uno es explicado por otro más fundamental. Esto sugiere que el infinitismo metafísico no es incompatible con las pretensiones explicativas del panpsiquismo: mientras un sujeto de experiencia explique a otro sujeto de experiencia y, por lo tanto, uno sea más fundamental que el otro; no importa si el mundo de hecho es gunky, junky o hunky. El panpsiquismo, al ser compatible con estos tipos de mundos, puede ofrecer una explicación coherente sobre la dependencia de sujetos de experiencia y la estructura jerárquica de la realidad, acercándose así a la solución del problema de la fundamentalidad.

Al relajar la noción de fundamentalidad, se abre un escenario donde las pretensiones explicativas del panpsiquismo y la intuición del infinitismo metafísico, otrora incompatibles, pueden ser compatibles. Esto supone un progreso significativo, ya que el panpsiquismo no sería completamente afectado por los problemas que se le atribuyen en la literatura.

A pesar de ello, las dificultades no tardan en aparecer. A partir de la respuesta anterior, y teniendo en cuenta ciertas concesiones teóricas poco polémicas que han sido aceptadas a lo largo de esta investigación, surge una tensión en el panpsiquismo. En otras palabras, el avance que se presumía no resulta tal, y termina siendo aún más problemático que el propio problema que buscaba resolver.

La primera concesión teórica consiste en aceptar la posibilidad de mundos sin un nivel fundamental, un supuesto justificado previamente en el argumento. La segunda concesión es que la conexión explicativa propuesta por el panpsiquismo no se asemeja a la identidad, lo cual se justifica por las propiedades formales de dicha explicación que la excluyen de ser una relación de identidad.9 La tensión surge porque, por un lado, la conexión explicativa propuesta por el panpsiquismo se vuelve contingente. No obstante, por otro lado, el panpsiquismo pretende que el importe modal de dicha explicación sea necesario. Analicemos esto en detalle.

Bøhn (2009) plantea si dos sujetos de experiencia numéricamente distintos, x e y, pueden existir independiente uno del otro.10 Si la respuesta es negativa, surgen preguntas: ¿por qué, si x no es idéntico a lo que explica, debería componer algo? ¿Por qué x no podría simplemente existir sin componer nada? ¿Por qué dos sujetos de experiencia numéricamente distintos estarían necesariamente conectados? No parece haber “una explicación plausible de por qué uno no puede existir sin el otro. Esto deja una conexión necesaria muy misteriosa entre dos cosas distintas que no comparten ninguna parte en común” (p. 196; la traducción es mía), volviéndolo demasiado enigmático para aceptarlo.

Bøhn sostiene que esta conexión no es necesaria mediante el siguiente razonamiento: argumenta que la composición fenoménica irrestricta es incompatible con un mundo junky. Si dicha composición ocurriera, cualquier colección de sujetos de experiencia compone un sujeto de experiencia adicional, llegando hasta la colección de todos los sujetos de experiencia que componen al sujeto de experiencia universal. Sin embargo, un mundo junky, donde todo es una parte propia, no puede ser una fusión, lo cual hace incompatible la composición fenoménica irrestricta con un mundo junky. Así, si aceptamos la posibilidad metafísica de los mundos junky, la composición y su explicación debe ser, como máximo, contingente; en ciertos mundos posibles ocurre, mientras que en otros no.

Si la explicación propuesta por el panpsiquismo resulta ser contingente, surge una evidente tensión interna en la teoría. El panpsiquismo aspira a una conexión explicativa con un importe modal específico que lo distingue del dualismo, ya que mientras en el dualismo la conexión explicativa propuesta suele considerarse nomológicamente contingente, el panpsiquismo la plantea como metafísicamente necesaria.

Ya vimos que, dado el contexto argumentativo en el que nos encontramos, la necesidad pretendida resultaba misteriosa, carecía de un fundamento claro y, en el mejor de los casos, se volvía contingente. Esto hace que el panpsiquismo ofrezca un tipo de explicación muy similar a la del dualismo, volviéndose casi indistinguible de este último. Por lo tanto, tanto el panpsiquismo como el dualismo responden afirmativamente a la pregunta planteada por Bøhn: dos sujetos de experiencia numéricamente distintos podrían existir independientemente, ya que, al ser contingente la explicación, podrían existir mundos posibles donde el explanans, bajo ciertas condiciones, ofrezca una explicación coherente en un caso, mientras que en otro mundo posible, un explanans idéntico falle en esa explicación. En este contexto, no veo razones para preferir el panpsiquismo sobre el dualismo, o al menos las razones para preferir una teoría sobre la otra se debilitan considerablemente.11

Además, el panpsiquismo tampoco tiene razones claras para ser preferido sobre el fisicalismo. Debido a la hipótesis que planteo, el resultado de esta investigación nos lleva a cuestionar la noción de fundamentalidad en la definición del panpsiquismo, precisamente el aspecto que lo diferenciaba y que supuestamente lo hacía ventajoso frente al fisicalismo, lo que pone en duda la posibilidad de defenderlo o preferirlo frente a este último.

Al inicio de esta investigación mencioné que, según el argumento hegeliano, el panpsiquismo se presentaba como una síntesis entre dualismo y fisicalismo, aprovechando sus fortalezas sin sus problemas inherentes. Sin embargo, considerando lo anterior, el panpsiquismo no logra diferenciarse claramente de ninguna de las dos teorías, perdiendo así cualquier ventaja como síntesis. En otras palabras, nos enfrentamos a una nueva forma de indecidibilidad.

5.2 Estatus modal

La tensión reciente plantea preguntas interesantes sobre el estatus modal del panpsiquismo como teoría, particularmente si la conexión explicativa que postula es metafísicamente necesaria en el mundo actual. Esto lleva a un debate poco explorado en este contexto teórico: si el panpsiquismo fuese verdadero, ¿debería ser necesariamente verdadero en todos los mundos posibles? De ser así, la posibilidad de su falsedad en algún mundo posible implicaría su falsedad necesaria, lo que pone en cuestión si el panpsiquismo, al ser una tesis sobre la estructura fundamental de la realidad, puede ser coherente como teoría contingente.12

El panpsiquismo es una tesis con implicaciones modales, ya que formula afirmaciones sobre lo que es posible y lo que no lo es. Para aclarar este aspecto de la tesis, es razonable utilizar las mejores herramientas teóricas disponibles, siendo la semántica de mundos posibles la más adecuada para este fin. En este marco, la necesidad metafísica se define en términos de todos los mundos posibles: si algo es verdadero en cada mundo posible, es metafísicamente necesario. Entonces, cuando decimos que la existencia de los sujetos de experiencia fundamentales hace necesaria la ocurrencia de los sujetos de experiencia dependientes, estamos diciendo algo verdadero sobre todo mundo posible.

El panpsiquismo es una tesis modalmente fuerte, lo que significa que trata sobre la estructura necesaria de la realidad y, si es verdadera, debe ser necesariamente verdadera. Lo cual hace mucho más palpable la tensión interna antes presentada. La contingencia tratada anteriormente, que ya era problemática, se convierte en un defecto insalvable. El simple hecho de que surja la posibilidad de contingencia pone en duda la coherencia interna del panpsiquismo, hasta el punto de tornarlo contradictorio y, en última instancia, necesariamente falso.

Bajo ningún motivo se puede aceptar la contingencia del panpsiquismo, ya que, una vez admitida, las consecuencias para la teoría son devastadoras. Esto obliga a rechazar la solución al problema de la fundamentalidad que pasaba por darle respuesta al problema del fundacionalismo metafísico. Al rechazar esta vía, nos vemos forzados a retroceder a un punto en el cual no hay indicios claros que permitan resolver el problema de la fundamentalidad.

6. Palabras de cierre

Para concluir esta investigación, me gustaría hacer algunas reflexiones finales. En primer lugar, a la luz de todo lo desarrollado, es pertinente hacer un último comentario sobre el problema del fundacionalismo metafísico. A lo largo de la investigación, he argumentado que los mundos gunky, junky y hunky no son compatibles con el panpsiquismo. Sin embargo, podría plantearse que tal incompatibilidad no es tan apremiante como se ha sugerido, ya que, en caso de ser verdadero el panpsiquismo, solo mostraría que los mundos gunky, junky y hunky serían mundos sin experiencia, al no poseer un nivel fundamental, en lugar de mostrar la falsedad del panpsiquismo.13 Nada más equivocado.

Dado cómo he definido el panpsiquismo y comprendido su estatus modal a lo largo de esta investigación, la existencia de un mundo sin experiencia implicaría, precisamente, que el panpsiquismo es falso. Un mundo sin experiencia es suficiente para invalidarlo. Si el panpsiquismo es verdadero, debería serlo en todo mundo posible, es decir, necesariamente verdadero. Sin embargo, los mundos gunky, junky y hunky muestran la posibilidad de mundos sin experiencia, lo que convierte al panpsiquismo, en el mejor de los casos, en contingente. Lo cual realmente muestra su falsedad al no ser necesario. En este sentido, es evidente que esta incompatibilidad no debe minimizarse, ya que tiene profundas implicaciones para el valor de verdad de la teoría.

En segundo lugar, frente a los cuestionamientos sobre la relevancia y el impacto en la literatura especializada, quisiera resaltar algunos aspectos de las contribuciones realizadas en esta investigación. Podría objetarse que establecer la indecidibilidad entre el micropsiquismo y el cosmopsiquismo (una de mis contribuciones) resulta evidente incluso antes de emprender esta investigación, dado que esto se considera cierto para cualquier teoría sobre la metafísica de la conciencia, lo que aparentemente le resta valor añadido. No obstante, considero que este cuestionamiento es excesivo. Si, a la postre, todas las teorías sobre la conciencia son falsas, ¿por qué entonces teorizar sobre ellas? Un escepticismo de esta naturaleza limitaría significativamente las alternativas de reflexión y, en última instancia, convertiría en estéril cualquier actividad filosófica en torno a estos temas.

Relacionado, aunque en un plano distinto, es el cuestionamiento sobre la originalidad de esta investigación. Es cierto que establecer la falsedad del micropsiquismo y el cosmopsiquismo a través de problemas conocidos, como el de la combinación o el de la revelación, podría considerarse poco innovador. Pero, si en algo puedo reclamar originalidad en mis contribuciones, es en el tratamiento detallado del problema del fundacionalismo metafísico que rara vez se ha abordado en profundidad en la literatura especializada, así como en la reorganización de los alcances de otros problemas. Sabemos que el panpsiquismo presenta dificultades, pero ahora también sabemos que dichas dificultades lo son debido a su conexión profunda con la cuestión de la fundamentalidad. Mi contribución aporta una nueva lectura a problemas ya conocidos por medio de una hipótesis de lectura que ilumina los desafíos inherentes al panpsiquismo. Además, contribuyo con dos problemas de indecidibilidad: uno externo y otro interno.

Para finalizar, quisiera comentar que, aunque el enfoque general de este trabajo es principalmente crítico, al tratar de desenredar el nudo de problemas que es el problema de la fundamentalidad, intenté armonizar aspectos previamente considerados incompatibles, al introducir la cuestión del infinitismo metafísico. De este modo, algunas de mis contribuciones adquieren un tono propositivo. En el contexto teórico actual, aunque el infinitismo metafísico ha estado implícito en ciertos debates, no ha sido abordado de manera explícita como aquí se ha hecho. A pesar de que el análisis llevó a un impasse, retrocediendo a una posición sin indicios claros para resolver el problema de la fundamentalidad, destaco un elemento: al hacer visible esta cuestión, se abre una nueva área de análisis, ya que el tratamiento del problema permitió proponer una noción alternativa de fundamentalidad. Este hallazgo se convierte en un punto de partida para explorar posibles soluciones futuras y abordar la tarea propositiva que queda por delante.

Por mostrar un ejemplo, se puede intentar resolver el problema de la revelación adoptando otra noción de fundamentalidad, caracterizada por ofrecer una explicación parcial en lugar de una completa (Leuenberger 2020).14 Según se ha descrito, el problema presupone que la experiencia de los sujetos dependientes está completamente explicada en la experiencia del sujeto fundamental, lo que conlleva una demanda específica respecto a la revelación de la esencia de dicha experiencia. Sin embargo, no hay contradicción en sostener que el nivel fundamental solo explique parcialmente la experiencia, lo cual permitiría relajar la exigencia de revelación y, por ende, hacer que el problema no sea tan complejo para el panpsiquismo.15

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1 Dado que las entidades físicas fundamentales poseen propiedades mentales, tales propiedades se extienden ampliamente a muchas entidades físicas dependientes. Esto hace que la experiencia esté presente de manera ubicua en la realidad, sin implicar necesariamente que todas tengan conciencia fenoménica. En este sentido, la experiencia se asemeja a la carga eléctrica: “aunque los constituyentes básicos, como quarks y electrones, en su mayoría poseen carga eléctrica, no se deduce que todos los objetos físicos tengan carga eléctrica, simplemente porque la carga positiva y negativa pueden anularse mutuamente” (Seager 2010, p. 175; la traducción es mía). La similitud en el comportamiento de ambas propiedades fundamentales no debería sorprender.

2 Véase, por ejemplo, la Vía Negativa (Wilson 2006).

3 Me consta que existen los trabajos de Montero (2006) y Nagasawa (2012). Sin embargo, dichos trabajos abordan la posibilidad de cadenas de dependencia ontológica infinitamente descendentes y/o ascendentes en relación con otras teorías de la metafísica de la conciencia, pero no específicamente en el caso del panpsiquismo.

4 Sobre la distinción entre propiedades intrínsecas y extrínsecas, véase Marshall and Weatherson 2023.

5 Para un resumen de estos problemas, véase Alvarado 2020.

6 Por atomismo entenderé el modelo que representa el mundo en distintos niveles jerárquicos. En esta estructura, el nivel más bajo corresponde a partículas elementales, que constituyen los bloques básicos de la materia según la física actual. Al ascender en esta jerarquía, se encuentran átomos, moléculas, células y organismos complejos. Las relaciones mereológicas determinan esta organización: las entidades en cada nivel, salvo las más fundamentales, se descomponen exhaustivamente en elementos de niveles inferiores. Las entidades en el nivel fundamental carecen de partes físicamente significativas (Kim 2002, p. 53).

7 Por monismo entenderé la combinación de dos tesis: una numérica, que sostiene que existe exactamente un solo objeto concreto, actual y fundamental, y una holística, que afirma que este objeto es el cosmos en su totalidad. Ambas tesis se implican mutuamente: si hay un solo objeto concreto y fundamental, debe ser el cosmos, ya que nada más puede abarcar toda la realidad. A su vez, si el cosmos es el único objeto concreto y fundamental, no puede haber otro objeto con estas características, ya que cualquier otro sería simplemente una parte de él (Schaffer 2010, p. 42).

8 No parece controvertido sostener que la explicación que resuelva el problema de la combinación debe referirse a una relación mundana. Dado que el panpsiquismo es una teoría explicativa, puede vincularse al realismo explicativo (Roski 2021), donde una explicación es exitosa si proporciona información sobre ciertos tipos de relaciones mundanas (sean causales o no causales) de determinación. Este tipo de explicación sigue el rastro de dichas relaciones mundanas, que respaldan la explicación. Un candidato, poco polémico, para este contexto es la composición. Desde esta perspectiva, hay sin pretender ser exhaustivos— al menos dos respuestas: la composición fenoménica irrestricta y la composición fenoménica restringida. La primera sugiere que cualquier conjunto de sujetos de experiencia, como las partículas que forman la nariz de alguien, mis dientes y el planeta Venus, componen un sujeto de experiencia adicional. La segunda, en cambio, sostiene que solo algunos conjuntos de sujetos de experiencia se relacionan en términos de composición (Goff 2017, p. 296). En este contexto, cuando hable de explicación, asumiré que está respaldada por la relación mundana de composición.

9 Entre otras, las propiedades formales de la explicación son la irreflexividad y la asimetría. En contraste, la identidad es un claro ejemplo de una relación reflexiva y simétrica. Por lo tanto, la explicación no se asemeja a la identidad.

10 Recordemos que, cuando hablo de explicación, asumo que está respaldada por la relación mundana de composición.

11 Es posible observar que el problema planteado depende de asumir que la explicación está respaldada en la relación de composición. Esto podría sugerir que, si la explicación estuviera respaldada por otra relación, quizás no surgiría la contingencia en el panpsiquismo. Sin embargo, considero que esta alternativa no es adecuada. Aunque distintas entre sí, varias relaciones mundanas, como la constitución, la realización, la fundación y la causalidad, comparten características comunes (Bennett 2017). Así, aunque difieran en ciertos aspectos, es razonable suponer que se comporten de manera similar en el contexto explicativo, lo que indica que enfrentarían las mismas dificultades que la relación de composición.

12 Quisiera agradecer sinceramente al arbitraje anónimo de la revista por identificar estos nudos problemáticos, los cuales me han permitido revisar y mejorar la solidez de mis argumentos, contribuyendo significativamente a la calidad de esta investigación.

13 Quisiera agradecer sinceramente al arbitraje anónimo de la revista por plantear este problema, el cual me permitió revisar y mejorar la solidez de mis argumentos, contribuyendo significativamente a la calidad de esta investigación.

14 La distinción entre explicación completa y parcial resalta la contribución metafísica que el explanans hace al explanandum. Por ejemplo, cuando decimos que Δ, como conjunto de hechos, explica completamente [p], estamos afirmando que Δ explica [p] sin necesidad de elementos adicionales. En cambio, cualquier subconjunto de Δ que contribuya a explicar [p] es solo una explicación parcial, ya que le falta al menos un elemento para alcanzar la explicación completa. Así, cualquier subconjunto de Δ desempeña un rol parcial en la explicación de [p], pero no alcanzan a ser una explicación completa de [p] (Trodgon y Witmer 2021).

15 Quisiera agradecer sinceramente al arbitraje anónimo de la revista por identificar este nudo problemático, que me han permitido revisar y mejorar la solidez de mis argumentos, contribuyendo significativamente a la calidad de esta investigación.

Cómo citar. Ortiz Medina, E. (2025). El problema de la fundamentalidad para el panpsiquismo. Crítica. Revista Hispanoamericana De Filosofía, 57(169), 59-85. https://doi.org/10.22201/iifs.18704905e.2025.1649.

Recibido: 20 de Diciembre de 2023; Aprobado: 27 de Noviembre de 2024; Publicado: 01 de Abril de 2025

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