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Estudios sociológicos

versión On-line ISSN 2448-6442versión impresa ISSN 0185-4186

Estud. sociol vol.37 no.111 Ciudad de México sep./dic. 2019  Epub 20-Feb-2020

https://doi.org/10.24201/es.2019v37n111.1722 

Artículos

Las raíces del pensamiento sociológico de Florestan Fernandes

The Roots of Florestan Fernandes’ Sociological Thinking

Daniela Marta Rawicz Morales1 

1Universidad Autónoma de la Ciudad de México, México drawicz@hotmail.com


Resumen:

El artículo revisa los inicios de la formación intelectual del autor con el objeto de identificar las bases de su pensamiento y evidenciar la peculiar articulación de las dos facetas que caracterizaron la trayectoria de Fernandes: académica y militante. La exposición se organiza a partir de cuatro núcleos de experiencia vital desde donde se construyen, a nuestro juicio, sus posicionamientos más importantes: las marcas del origen social, la miltancia política en el Partido Socialista Revolucionario, el reformismo liberal y la educación como trinchera contra el autoritarismo, el ensayo de interpretación nacional y la recepción de la sociología mundial.

Palabras clave: Florestan Fernandes; sociología; academia; militancia política

Abstract:

This article reviews the intellectual beginnings of Florestan Fernandes, trying to identify the bases of his thinking and presenting evidence about the peculiar articulation of two facets that characterize his trajectory: academical and political. The article is organized around four key aspects of his vital experience, which dictate, in our point of view, his most important positions: the markers of his social origin; his political participation in the Partido Socialista Revolucionario; liberal reformism and education as a trench against authoritarianism; and the essay of national interpretation and the reception of worldwide sociology.

Keywords: Florestan Fernandes; sociology; academy; political participation

Florestan Fernandes es una de las figuras intelectuales más relevantes de Brasil en el siglo xx. Su nombre está estrechamente ligado a la institucionalización de la sociología como disciplina científica en ese país y específicamente a la tradición académica de la Universidad de São Paulo (USP), pero también al pensamiento marxista, la militancia de izquierda y el Partido de los Trabajadores (PT). Estas dos facetas de su trayectoria vital constituyen una fuente de tensiones medulares que van desde el tiempo dedicado a cada actividad, pasando por la convivencia de marcos interpretativos, hasta la coherencia entre teoría y práctica. ¿Mediación imposible? (Martínez Ríos, 1973), ¿eclecticismo “bien balanceado”? (Cohn, 1987),1 ¿conciliación entre ciencia y política? (Viotti da Costa, 1996). Tal como lo caracteriza Osvaldo Coggiola, “portador simultáneo […] de la ‘modernidad’ (burguesa) y de su negación socialista” (1995, p. 9), en esta tensión radica buena parte de la singularidad de su pensamiento y su legado que ilustra de forma ejemplar los dilemas del intelectual comprometido en las sociedades contemporáneas.

Algunos investigadores han planteado que estas dos facetas corresponden a dos periodos diferentes de su trayectoria marcados por la irrupción de la dictadura militar en 1964. Barbara Freitag (2005), por ejemplo, ha señalado dos grandes etapas de su biografía marcadas por una ruptura epistemológica: la fase “académico-reformista” (1945-1968, este último, año en que es expulsado de la Universidad de São Paulo) y la fase “político-revolucionaria” (1968-1986, año en que es elegido diputado federal por el Partido de los Trabajadores). Otros, en cambio (Limoeiro, 1996; Cândido, 1996), han planteado un sentido de continuidad y progresión en el que se van precisando los conceptos analíticos al tiempo que se articulan la faceta académico-universitaria y la político-militante. En una entrevista reciente a algunos de los estudiosos más importantes de Fernandes (Elide Rugai Bastos, Gabriel Cohn, Mariza Peirano) se propone la idea de un “hilo común con modulaciones” (Botelho et al., 2018). En la línea de estas formulaciones más matizadas planteamos que: a) ambas facetas se encuentran presentes desde el inicio de su trayectoria vital, aunque con pesos y sentidos diversos; b) convivirán en interacción permanente como fuente de tensiones tanto como de impulso creador, y c) están en estrecha relación con los dilemas políticos e ideológicos que le plantea la coyuntura histórica y personal.

En este trabajo nos proponemos revisar los inicios de su formación con el fin de identificar las bases de algunas de sus convicciones más duraderas y mostrar cómo se juegan las tres premisas señaladas durante este tramo fundante de su trayectoria. Hemos organizado la exposición a partir de cuatro núcleos de experiencia desde donde se construyen, a nuestro juicio, sus posicionamientos más importantes.

I. Las marcas del origen social

En varias entrevistas y escritos Florestan Fernandes dejó testimonio de su infancia y su formación inicial,2 transcurridas durante una época de grandes transformaciones para el país: la caída de la República vieja, la presión creciente de las masas populares urbanas en la vida social y la llegada de Getulio Vargas al poder. Tal como lo ha mostrado Sylvia García (2002) en un trabajo dedicado a la primera etapa de la “formación humana”3 de Fernandes, estos testimonios no sólo nos permiten conocer algunos datos de su trayectoria, sino observar la construcción de un relato autobiográfico en clave sociológica en el que constantemente se destacan los cruces entre la historia personal y los condicionamientos de la estructura social, núcleo central de su perspectiva.

Hijo de una inmigrante portuguesa -doña Maria Fernandes, trabajadora doméstica y lavandera-, pierde a su padre y a su hermana desde muy joven y deja la escuela en tercer año de primaria para ayudar a su madre. Se cría en los barrios populares de São Paulo (Bela Vista, Bosque da Saúde, Penha, Brás), y cambian de residencia constantemente. Trabaja de lustrabotas y mesero en diversos negocios: carnicería, panadería y sastrería, entre otros. Su último trabajo y el más constante, en el que duró incluso hasta los dos primeros años como profesor asistente y que le permitió casarse, fue como visitador médico. Para Fernandes esta situación de vida constituye una huella profunda en su trayectoria intelectual:

Yo nunca habría sido el sociólogo en que me convertí sin mi passado y sin la socialización pre y extra escolar que recibí, a través de las duras lecciones de la vida [...] Inicié mi aprendizaje “sociológico” a los seis años, cuando tuve que ganarme la vida como si fuese un adulto, y penetré, por las vías de la experiencia concreta, en el conocimiento de lo que es la convivencia humana y la sociedad [...] El niño estaba perdido en ese mundo hostil y tenía que volverse hacia dentro de sí mismo para procurar, en las “técnicas del cuerpo” y en los “engaños de los débiles”, los medios de autodefensa para la supervivencia. No estaba solo. Tenía a mi madre. Sin embargo, la suma de dos debilidades no componen una fuerza. Éramos barridos por la “tempestad de la vida” y lo que nos salvó fue nuestro orgullo salvaje (citado por Ianni, 2004, p. 17).4

De esta experiencia proviene también su primer contacto con la política. Hacia la década de 1930 participa en las manifestaciones en favor de Getulio Vargas: “En 1930, por ejemplo, corrí por las calles gritando ‘queremos a Getulio’. Porque el sentimiento de oposición era muy fuerte en las masas populares. Era un auténtico condenado de la tierra. Descalzo, corría por las calles con aquella multitud” (Venceslau, 1991).

Más tarde, en sus múltiples trabajos, entra en contacto con anarquistas, socialistas y comunistas de los que recibe alguna influencia. Pero la profundización de su conocimiento del movimiento socialista se produce gracias al contacto con la familia de un compañero de trabajo italiano, Scalla, vinculada al socialismo europeo.

A pesar de haber dejado la escuela desde muy pequeño, Florestan Fernandes continúa sus estudios de manera informal; primero con los libros de un amigo de su madre, después en la biblioteca de su madrina. Años más tarde logra finalizar el “curso de madureza”5 en el Ginásio Riachuelo (hace los siete años en tres) e ingresa a la Universidad de São Paulo, en 1941, a los 21 años, donde despega su brillante carrera.6 Para dar este paso importantísimo en su vida tiene que hacer el servicio militar, estudiar dactilografía y afrontar la dificultad de tomar clases en francés con los profesores europeos llegados en las misiones académicas.

Esta experiencia de vida se vincula al menos con dos aspectos centrales de su perspectiva sociológica: el cuestionamiento sobre las posibilidades de los sujetos sociales de ser constructores activos de la historia y el posicionamiento claro en favor de los sectores populares. Sobre el primer punto, José de Souza Martins (1998) sostiene que en la sociología de Florestan Fernandes el hombre no es un detalle o un mero instrumento de procesos objetivos; por el contrario,

es un agente de su propio destino y, al mismo tiempo, dotado de conciencia y de voluntad. Su sociología es, pues, una ciencia del desencuentro que puede haber entre el hombre concreto y las posibilidades históricas de la situación social en que vive su vida (p. 14s).

Florestan Fernandes describe su propia experiencia de movilidad social como un caso que ilustra el difícil y lento proceso de incorporación de las masas populares a la vida social en nuestros países. En este sentido, se presenta al mismo tiempo como testigo, sujeto y objeto de los procesos que investigará: “cuando estudié al negro, había mucho de mi propia experiencia. No era una experiencia contada” (citado por Heloisa Fernandes, 2015, p. 12).

A este énfasis por los hombres concretos y las maneras en que experimentan la historia, se suma un posicionamiento en favor de “los de abajo”, como solía decir. Sus investigaciones de las décadas de 1950 y 1960, centradas en indígenas, negros, inmigrantes, trabajadores, marginales, aun cuando las realiza desde una perspectiva interpretativa y metodológica que postula la objetividad científica, no esconden nunca su posicionamiento en favor de los oprimidos y atestiguan una preocupación constante, sostiene Souza Martins (1998, p. 27), por “entender el desarrollo del capitalismo a partir de la experiencia dramática de la víctima” o, como dirá Gabriel Cohn, desde una perspectiva “plebeya” (en Botelho et al., 2018, p. 28). Para Cohn (2015), lo dramático de esta experiencia es captado por Florestan Fernandes como una tensión constante entre margen y centro: “algo que es simultáneamente exigido y obstaculizado como requisito para la realización de cierto patrón de organización social” (p. 14), esto es, abandonar los papeles culturales heredados e incorporarse al orden social competitivo. De aquí la “vida entre dos mundos” o el “destino impar”, expresiones que intentan capturar al mismo tiempo su trayectoria vital y su perspectiva sociológica.

Estos dos aspectos aparecen de manera muy clara en el siguiente testimonio, en el que Florestan Fernandes, reelecto como diputado por el PT, responde a la pregunta de si haría todo de nuevo en su vida:

La capacidad de lograr ciertos fines, de realizar ciertas actividades, no depende sólo de uno, depende de ciertas condiciones. Tuve la gran suerte de haber tenido oportunidades y de haber sabido aprovecharlas. Cuando era chico, vi compañeros que no lograron desarrollar su potencial porque murieron o fueron encaminados a activades que aprisionan a las personas. De cualquier manera, creo que la cosa más difícil que hice fue permanecer fiel a mi clase de origen (Venceslau, 1991).

También aquí se revela un aspecto fundamental de su sociología, destacado por Gabriel Cohn: “En él, el pasado aparece como complejo de oportunidades (ganadas o perdidas), el presente se configura como campo de fuerzas y el futuro como conjunto de alternativas a ser (selectivamente) ‘dinamizadas’” (2015, p. 16).

II. La militancia política en el Partido Socialista Revolucionario

A lo largo de su formación universitaria, Florestan Fernandes dividirá su tiempo entre los estudios de carrera, el trabajo, el periodismo y la militancia política. Este periodo, que abarca sobre todo la década de 1940 e inicios de los años de 1950, ocurre durante dos transiciones fundamentales: en el ámbito internacional, la etapa que va desde mediados de la Segunda Guerra Mundial a la posguerra y el auge de la Guerra Fría; en lo nacional, desde la crisis del Estado Novo y la apertura y movilización político-ideológica que se da a partir de 1945, hasta el segundo ocaso de Vargas.

Esta época está marcada en Brasil por el enfrentamiento entre diversas fuerzas político-ideológicas que dejarán su huella en el mundo intelectual y a partir del cual se forma la perspectiva de Florestan Fernandes. Por una parte, está el conflicto entre federalistas y centralistas expresado ideológicamente como choque entre liberales y nacionalistas. Entre los primeros se encuentran las burguesías emergentes de los estados industriales, en especial de São Paulo, que buscan defender su posición hegemónica respecto del resto del país. Entre las fuerzas del nacionalismo encontramos a un sector importante del Ejército, de la Iglesia y a algunas organizaciones políticas de clase media de inspiración fascista.7 A la disputa entre liberales y nacionalistas se agrega también, desde la década de 1920, el comunismo, fuerza que tendrá un impacto importante en el imaginario nacional. El nacionalismo popular de corte autoritario que caracteriza al Estado Novo impuesto por Vargas en 1937 es, de alguna manera, resultado del juego y enfrentamiento entre estas fuerzas.

Hacia 1943, dos años después de su ingreso a la licenciatura, Fernandes empieza a publicar en el periódico liberal O Estado de S. Paulo. Por la misma época, a través de un amigo del curso de madureza, conoce a Hermínio Sacchetta, exsecretario del pcb en São Paulo convertido al trotskismo y director del periódico de izquierda Folha da Manhã. Entablan rápidamente una amistad duradera, y Sacchetta lo invita también a escribir en el periódico.8 En estos primeros años de la facultad, Fernandes frecuenta, además, las conferencias sobre Marx, Engels, Rosa Luxemburgo, organizadas por el pcb en la ilegalidad desde la represión de 1935.

A partir de la profundización del vínculo personal, Sacchetta convence a Florestan Fernandes de ingresar al Partido Socialista Revolucionario, sección brasileña de la IV Internacional, fundado junto con José Stacchini en 1938, también en la clandestinidad, y donde militan otros intelectuales como Vítor de Azevedo, Plínio Gomes de Mello y Alberto da Rocha Barros. Según relata Florestan Fernandes, se trata de una organización muy pequeña, con pocos trabajadores, pero constituye una “verdadera microuniversidad” que lo enfrenta a nuevas responsabilidades y horizontes:

Mi pensamiento, mis orientaciones políticas y mi personalidad sufrieron una mutación súbita. El socialismo vago, reformista y utópico, cedería lugar a una militancia política disciplinada, mezclada con el contacto con trabajadores e intelectuales trotskistas y con la agitación artesanal contra la dictadura (Venceslau, 1991).

La participación de Fernandes en la agrupación está principalmente ligada a actividades de tipo intelectual. En 1944, Sacchetta funda la editorial Flama y lanza una colección de estudios marxistas donde edita, entre otras, Miseria de la filosofía, de Marx; La cuestión agraria, de Kautsky, y Reforma o revolución, de Rosa Luxemburgo. Para esta colección, en 1946 Florestan Fernandes traduce y redacta una presentación a la Contribución a la crítica de la economía política. En el texto introductorio hace una interpretación sociológica de Marx, posteriormente juzgada por él como excesiva,9 en la que percibe anticipaciones de ideas de Weber. Se trata de una lectura muy diferente de la que comúnmente se hacía de Marx en la época, desde un enfoque más doctrinario y dogmático:

Puse un gran énfasis en el pensamiento de lo que más tarde se llamó en Europa “el joven Marx”. Me situaron como enfant terrible de la sociología brasileña por esto. Yo sentía una gran afinidad con ese joven Marx. En él, el hombre era visto como parte de la naturaleza, portador de cultura y creador de la historia (Venceslau, 1991).

En esta traducción, Fernandes coloca el marxismo no sólo como doctrina política, sino como forma de conocimiento de la realidad social. Y así como en estos comienzos realiza una lectura sociológica de Marx, luego incorporará una crecientemente marxista de la sociología. Por ejemplo, en 1948 aparece en la revista Sociologia su artículo “A análise sociológica das classes sociais”, con el que se enfrenta a las posiciones empiristas de Donald Pierson y Emilio Willems. Esta incorporación del marxismo, estimulada por los aprendizajes de la militancia política, resulta novedosa y llamativa en una época en la que Marx era todavía un autor relativamente ajeno a la tradición de la sociología académica mundial.

A finales de enero de 1945, Florestan Fernandes es enviado por el diario Folha da Manhá a hacer la cobertura del Primer Congreso Brasileño de Escritores, organizado por la Asociación Brasileña de Escritores (abde), uno de los eventos más importantes que pretende reunir a los intelectuales en la lucha contra el Estado Novo. En el editorial escrito para el periódico, “A mobilização da inteligencia” (enero de 1945), Fernandes alude al papel de los intelectuales en los términos de Karl Mannheim. Así, sostiene que en una conyuntura como la que se vive, el intelectual “dejando de discutir solamente sus limitados intereses se acaba identificando con los intereses de la nación” (citado por Montalvão, 2002 p. 116,).

Ese mismo año, 1945, con el fin de la Segunda Guerra y la victoria de los aliados, Getulio Vargas, acosado por las manifestaciones, es obligado a generar una reapertura democrática. Comienza entonces un periodo de intensa agitación política en todos los niveles. Se produce un vuelco hacia la izquierda de la clase media y se forman muchos movimientos. Según recuerda Antônio Cândido, colega y amigo cercano de Fernandes, es una época de grandes esperanzas, de creer que la Unión Soviética se iba a liberalizar, y Occidente, a socializar. Esto explica tantas tentativas de frentes amplios: liberales, demócratas, socialistas marxistas y no marxistas (Cândido, 2001). En estos momentos Florestan Fernandes se une al frente organizado por Sacchetta, la Coligação Democrática Radical, que incluye una gran variedad de tendencias de la izquierda. Su manifiesto es firmado por importantes académicos, periodistas e intelectuales. No obstante, a pesar del gran impulso inicial y las expectativas despertadas por la Coligação, en los años posteriores pierde fuerza, en paralelo con la frustración de las esperanzas de cambio provocada por el nuevo escenario de la Guerra Fría.

Florestan Fernandes continúa su participación en el Partido Socialista Revolucionario hasta principios de la década de 1950. A pesar de ser un militante comprometido, cada vez se ve más presionado por las obligaciones académicas. En estos momentos, es el propio Hermínio Sacchetta quien recomienda a Fernandes dedicarse por completo a las tareas de la universidad, desde donde sería más útil al movimiento (Sacchetta, 1996).

Aunque breve, esta etapa de militancia sin duda repercute en la configuración de su perspectiva sobre la sociología. Años más tarde, sobre este punto Fernandes sostiene:

Gracias al estudio del marxismo, en el cual podía aplicar las técnicas aprendidas en la universidad, pasé a plantearme el problema de lo que debería ser la Sociología, así como de su relación con otras ciencias, desde una perspectiva relativamente diferente de aquella que podría tener dentro de la enseñanza académica (Rugai Bastos, 2006, p. 17).

III. El reformismo liberal y la educación como trinchera contra el autoritarismo

Simultáneamente a la militancia política, Florestan Fernandes se incorporará al universo político y cultural paulista. En los años siguientes a la Revolución Constitucionalista de 1932, las burguesías liberales de los estados industriales de Brasil despliegan una estrategia cultural para hacer frente al avance del varguismo. En 1933 se crea, en São Paulo, la Escola Livre de Sociologia e Política (ELSP); en 1934, la Universidad de São Paulo (USP); en 1935, en Rio de Janeiro, la Univerisdad del Distrito Federal (UDF).10 Desde su creación, las tres instituciones contrataron profesores extranjeros (franceses, alemanes y norteamericanos) con el fin de fortalecer las propias orientaciones profesionales y dar prestigio académico a las nuevas casas de estudio. La ELSP, fundada por empresarios (Roberto Simonsen a la cabeza), tiene como objetivo formar cuadros técnicos, líderes políticos y administrativos a través de estudios de posgrado. La Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de la USP, en cambio, implementa un programa más académico, orientado a formar profesores e investigadores de alto nivel.11

Estos proyectos en realidad se vienen modelando desde la década de 1920, en el marco de un intenso debate en torno a la formación de la identidad y conciencia nacional brasileña, cuyo escenario privilegiado es el de la educación. En este debate, una parte de las élites intelectuales liberales, sobre todo del estado de São Paulo, se enfrenta a los intelectuales de la Iglesia católica que asumen posiciones políticas y sociales sólidas. El enfrentamiento de lemas expresa claramente esta disputa: “republicanizar la república” vs. “recristianizar la república”. Los liberales sostienen un proyecto de modernización cultural basado en ideales iluministas en contra de la mentalidad tradicional y arcaica de las antiguas oligarquías. Si por un lado se trata de un proyecto de la burguesía que coloca en las élites el papel central de la reforma de la sociedad, por otro sus alcances desbordan esta limitación ideológica en la medida en que se propone no sólo una educación cívica sino una educación para todos. Este proyecto se inspira básicamente en las concepciones de Durkheim sobre el papel de la educación en la formación de una conciencia nacional, y de Dewey sobre la escuela como espacio de construcción de la democracia.

Hacia mediados de la década de 1930, varios personajes de este movimiento pedagógico se convierten en los artífices de las nuevas instituciones de educación superior: Anísio Texeira y Lourenço Filho lideran en 1935 la fundación de la UDF en Rio de Janeiro; la USP es impulsada por Julio de Mésquita Filho y Fernando de Azevedo.12

En términos de educación universitaria, el programa de los liberales enfatiza la extensión del campo del saber científico y positivo -hasta ese momento restringido a los fenómenos físico-naturales- al estudio de la sociedad. En este sentido, no es casual que el eje central de las jóvenes universidades sea precisamente la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras. Complementariamente a la formación científica, el proyecto apuesta por la constitución de una nueva figura intelectual: el profesional de las ciencias sociales, habilitado para operar como asesor técnico en la implementación de reformas sociales.

Hacia 1943, Florestan Fernandes comienza a escribir en el periódico O Estado de S. Paulo, invitado por Sérgio Milliet, uno de los personajes centrales del ambiente intelectual paulista y del movimiento cultural de los años veinte. En 1944, concluida la licenciatura, Fernandes recibe varias ofertas para incorporarse como profesor asistente a la USP.13 Decide aceptar la cátedra de Sociología II, a cargo de Fernando de Azevedo, director de la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras entre 1941 y 1942 y, como señalamos, uno de los fundadores de la USP, junto con Julio de Mésquita Filho, dueño del periódico O Estado de S. Paulo. Azevedo es, además, uno de los promotores más importantes del desarrollo de la sociología en São Paulo y Brasil,14 y tiene un papel central en el establecimiento de las primeras cátedras de esta disciplina que, en el marco de este movimiento cultural y educativo, se conciben como auxiliares de la pedagogía y se expanden durante la década de 1930.15 De 1931 a 1946 Azevedo dirige también la Coleção Brasiliana de la Compañía Editora Nacional, en la que Florestan Fernandes y otros cientistas sociales publicarán numerosos textos.

Al mismo tiempo que ingresa como profesor asistente, en 1944 Fernandes realiza sus estudios de maestría en la ELSP, bajo la dirección del etnólogo alemán Herbert Baldus, y regresa a la USP para hacer el doctorado con la tutoría de Fernando de Azevedo. En 1951 Fernandes concluye la formación de posgrado, y ese mismo año se incorpora al Proyecto unesco dirigido (para São Paulo) por Roger Bastide. Finalmente, en 1953 Fernandes es designado por este último como su sucesor en la cátedra de Sociología I de esta universidad. Este vínculo con el movimiento reformista liberal y las élites paulistas es importante en la formación de la perspectiva de Fernandes al menos en dos aspectos. Por una parte, durante las décadas de 1930 y 1940 este movimiento se enfrenta al avance de las ideas autoritarias que tendrán su momento de esplendor durante el Estado Novo. Para la ideología del régimen, el liberalismo es, junto con el marxismo, un producto extraño, asociado al individualismo y al materialismo.16 Esto hace comprensible la participación simultánea de Fernandes en un periódico liberal y en uno marxista, así como la conciliación ideológica entre las tareas militantes en el psr y la formación académica en una institución impulsada por la burguesía local. Ambos eran percibidos como espacios de autonomía y resistencia a la dictadura y a las ideas conservadoras ligadas al “viejo orden”. Detrás de esta posición hay una defensa de la ciencia y la técnica como fundamentos del saber moderno, bases del progreso e instrumentos de la transformación social a la que Fernandes se adhirió por muchos años y que constituye una base clave de su perspectiva sociológica. Además, este vínculo con las élites le permite desarrollar su carrera profesional y ubicarse, gracias a su esfuerzo y talento, en una posición destacada dentro del mundo académico.

Pero estos nexos con el movimiento reformista pedagógico se prolongan también en otra faceta fundamental de la actividad militante de Florestan Fernandes: la defensa de la escuela pública. Hacia 1960, Fernandes se compromete a fondo en la lucha contra la Lei de Diretrizes e Bases da Educação no Brasil, impulsada por los conservadores, que busca restaurar la educación religiosa, así como el financiamiento privado de la educación. En oposición a esta iniciativa se organiza la Campaña en Defensa de la Escuela Pública, un gran movimiento social en favor de la democratización de la educación en el que Fernandes tiene un papel central a través de pronunciamientos publicados en numerosos periódicos nacionales.

Ahora bien, el vínculo con la élite constituye también un núcleo de tensiones y contradicciones que, aunque siempre presentes, se hacen más evidentes apenas comienzan a percibirse los reacomodos ideológicos de la segunda posguerra y el liberalismo se vuelca hacia posiciones claramente antimarxistas en el contexto de la Guerra Fría. Años más tarde, a mediados de la década de 1970, Florestan Fernandes justificará su posición de la siguiente forma:

Mi generación se rehusó a incorporarse a las élites culturales del país: optamos por un radicalismo científico como una forma de protección y un recurso de autoafirmación […] la USP y la ELSP son mecanismos de fracciones de las clases dirigentes para conservar la hegemonía de São Paulo. Nosotros intentamos legitimar un dominio propio de autonomía intelectual en nombre de la ciencia y de la solución racional de los problemas sociales (citado por Trindade, 2007, p. 115).

Esta convicción de la posibilidad de una autonomía de la esfera científica es quizás una de las fuentes más importantes de tensión en su pensamiento. A partir de mediados de los años de 1960, Fernandes manifiesta un creciente escepticismo frente un Estado burgués que defiende la educación pública como discurso ideológico, pero jamás como práctica política eficaz.

IV. Entre el ensayo de interpretación nacional y la recepción de la sociología mundial

Finalmente, para para comprender la perspectiva sociológica de Florestan Fernandes es necesario ubicarlo en el campo intelectual-académico del periodo considerado. Durante la década de 1930 tiene lugar un importante proceso de reformulación del pensamiento social brasileño que se articula con la naciente institucionalización de las ciencias sociales. En esta etapa se publican los grandes ensayos de interpretación nacional de Gilberto Freyre (1933), Sérgio Buarque de Holanda (1936) y Caio Prado Júnior (1942). Estas obras expresan una honda preocupación por la formación histórica de Brasil como fuente para explicar sus males contemporáneos y los obstáculos para el cambio social. Aunque la preocupación forma parte de la tradición del pensamiento brasileño desde el siglo xix, esta generación logra un impacto muy importante en la producción académica universitaria que se consolida en las siguientes décadas.

En 1933, Gilberto Freyre publica Casa grande e senzala. Influido por la antropología cultural norteamericana,17 en las décadas de 1930 y 1940, Freyre se dedica al análisis de la formación de la sociedad patriarcal, en el que destaca la colonización portuguesa y la presencia del negro en la formación del Brasil. Sus estudios dan continuidad a los análisis de Nina Rodríguez y Silvio Romero, considerados como antecedente inmediato de la antropología y la sociología. Frente a las posiciones racistas que planteaban la necesidad de un blanqueamiento de la sociedad, Freyre desarrolla la tesis de la “democracia racial” de Brasil. Si, por una parte, esta tesis colocó el mestizaje como un factor constructivo y positivo, por otro, abonó en cierta forma al mito de la inexistencia de prejuicios raciales en el país. Los trabajos de Florestan Fernandes sobre el negro retomarán la preocupación de Freyre, pero a partir de un fuerte cuestionamiento de este mito y su funcionamiento como uno de los elementos de persistencia de la sociedad patrimonialista (Rugai Bastos, 2013).18

Sérgio Buarque de Holanda publica en 1936 Raízes do Brasil, donde analiza el abismo entre el país ideal, liberal, moderno, europeizante, y el país real, sus necesidades y sus singularidades históricas. Formado en Alemania, Buarque de Holanda se identifica con el historicismo. En el libro manifiesta un interés por las tensiones entre permanencia y cambio social, así como por dar visibilidad a los personajes anónimos de la historia brasileña. Ambas tensiones -modelo-realidad histórica; permanencia-cambio- son clave en los análisis de Florestan Fernandes.

Caio Prado Júnior, por su parte, publica en 1942 su obra principal, Formação do Brasil contemporâneo, de corte marxista, donde aparecen por primera vez las clases sociales como categoría analítica central, pero en una perspectiva que, distanciándose de la tesis etapista del pcb, enfatiza las particularidades locales del desarrollo capitalista brasileño. Este texto inaugura una línea de estudio sobre el carácter de la economía colonial, seguida y enriquecida posteriormente por otros intelectuales, como Florestan Fernandes, Fernando Novais y Celso Furtado.

Esta generación representa una especie de bisagra entre la tradición ensayística de pensamiento social enraizada en el siglo XIX y el establecimiento de parámetros científicos y académicos de producción intelectual. Con ella, Florestan Fernandes establecerá una relación simultánea de continuidad y ruptura. Continuidad en cuanto a la búsqueda por caracterizar la formación histórico-social brasileña, y las investigaciones sobre los tupinambá, el folklore y las relaciones raciales en la sociedad de clases representan una clara persistencia de problemáticas; ruptura en cuanto a categorías y métodos analíticos. Fernandes reprocha a estos trabajos la propensión al intuicionismo y las generalizaciones sin sustento derivadas de la ausencia de procedimientos científicos que aporten validez a las interpretaciones. Décadas más adelante, sin embargo, en A revolução burguesa no Brasil (1975), Fernandes adoptará un estilo ensayístico sin perder la especificidad de su enfoque sociológico.19

Ahora bien, la introducción de estos parámetros científicos de producción intelectual está ligada en gran medida a la recepción de la sociología mundial que tiene lugar en las nuevas universidades a partir de la presencia de profesores extranjeros en Brasil. Estos profesores tendrán una influencia decisiva en el tipo de perspectiva que predomina en cada institución. La ELSP, por ejemplo, se inclina hacia la vertiente norteamericana, especialmente la Escuela de Chicago, de estudios ecológicos y urbanos, con una marcada tendencia a los métodos cuantitativos y un énfasis en la capacidad técnica y ejecutiva del profesional. Donald Pierson, discípulo de Robert Park, es una de las figuras destacadas que imprimen su sello a la institución a través de los estudios empíricos de comunidades.

En esta misma línea encontramos a los profesores Horace Davis y Samuel Lowrie. Otros dos personajes fundamentales de la ELSP son Emilio Willems y Herbert Baldus, ambos alemanes, ligados a la antropología social. Willems, formado en la tradición intelectual alemana, trabaja temas de aculturación. Baldus realiza numerosos estudios sobre sociedades indígenas en situación de contacto o cambio cultural. En cuanto a los brasileros, Oracy Nogueira, muy cercano a Pierson y a la escuela de Chicago, es tal vez el más representativo profesor de esta institución. Así, una tendencia fuertemente descriptiva y empirista prevalece en la ELSP. Es necesario señalar, no obstante, que la vinculación entre orientación teórica o sociológica y la ideología política es relativa. Oracy Nogueira, de filiación comunista, no podrá regresar a Estados Unidos en 1952 para defender su tesis de doctorado debido a que el macartismo le niega entrada al país.

En la USP la influencia más importante en términos de la concepción académica es sin duda la de los profesores franceses. Entre los más reconocidos intelectuales llegados en las misiones están Paul Arbousse-Bastide, Claude Lévi-Strauss, Fernand Braudel, Pierre Monbeig, Jean Maugüe, Roger Bastide, George Gurvitch y Charles Morazé. La elección de Francia no es casual. Desde los años veinte, el clima de la élite intelectual paulista está dominado por la tradición comteana-durkheimiana francesa. Aunque en la década de 1930 se produce en esta corriente un distanciamiento de las tendencias más filosóficas en favor de la investigación empírica y de campo, la USP tomará de esta escuela una línea de estudios estructurales macrosociológicos, confrontada en cierta forma con el empirismo y el culturalismo de la ELSP. Por esos años se da, además, un acercamiento entre una rama de durkheimianos, en particular Paul Rivet, y la izquierda francesa.20 Aunque ninguno de los extranjeros se vincula a la política en Brasil, son elementos que contribuyen al distanciamiento entre los objetivos políticos de la burguesía paulista y la defensa de un proyecto científico autónomo por parte de los profesores formados en la universidad paulista.

Las dos instituciones recibirán influencia de la sociología alemana en conexión, durante estos años, con la norteamericana. Aquí tiene un papel fundamental la revista Sociologia, primera y más importante publicación especializada de la disciplina, creada por Emilio Willems y Romano Barreto en 1939. En ella aparecen traducciones de los principales sociólogos y etnólogos alemanes del momento: Thurnwald, uno de los más importantes, pero también Weber, Sombart, Tönnies, Simmel y Von Wiese. Desde su creación hasta 1948, Willems incorpora en la revista a colaboradores tanto de la ELSP como de la USP.21

Otras de las fuentes importantes de difusión del pensamiento sociológico europeo son la colección del Fondo de Cultura Económica dirigida en México por Medina Echavarría y la colección de Losada dirigida en Argentina por Francisco Ayala. En un contexto en el que el mercado editorial de las ciencias sociales en Brasil es todavía muy reducido, la afluencia de obras en español resulta fundamental para el proceso de institucionalización de las ciencias sociales y para la difusión de autores de reciente auge, como Weber y Mannheim. En la bibliografía de la tesis de doctorado de Florestan Fernandes aparecen citadas numerosas obras de sociología de estas casas editoriales.22

Una característica importante de esta primera etapa de la constitución de la USP y la ELSP es la visión interdisciplinar o, más exactamente, no disciplinar sobre las ciencias sociales que marcó fuertemente la perspectiva de Florestan Fernandes. En toda una primera etapa no se diferencia claramente sociología y antropología, e incluso estas dos respecto de la psicología. Las cátedras de Sociología I y II constituyen un amplio paraguas para cobijar las distintas orientaciones disciplinares. Por ejemplo, Paul Arbousse-Bastide y Lévi-Strauss ocupan las cátedras de Sociología I y II, respectivamente. Mientras el primero le imprime una orientación vinculada a la sociología política, el segundo incluye temas vinculados a la etnología: mito, relaciones de parentesco, pueblos primitivos. Roger Bastide, por su parte, ingresa a la cátedra de Sociología I en 1938 y combina temas de etnología y psicología; asimismo introduce como exigencia fundamental la lectura de autores brasileros (ensayistas e historiadores), elemento que lo destaca de otros profesores extranjeros. Emilio Willems, primero profesor de Sociología en la ELSP, ingresa a la USP en 1941 como profesor de Antropología y se centra en estudios étnicos y rurales. Hacia finales de la década de 1940 se definen con más precisión los perfiles disciplinares y, por tanto, la contribución de cada profesor en áreas específicas.

Según el propio Florestan Fernandes (1958), la influencia de estos profesores extranjeros es menos importante por la transferencia de conocimientos propiamente etnológicos de Europa o Estados Unidos que por la comprensión de la naturaleza y los recursos de la etnología y la sociología como disciplinas científicas en sí mismas. En general, los profesores tienen una postura muy abierta respecto de las corrientes teóricas y metodológicas y enfatizan ventajas y límites de cada una, lo que propicia una disposición analítica y crítica muy enriquecedora para los jóvenes en formación. Así, las contribuciones de etnólogos extranjeros habrían encontrado un ambiente intelectual propicio para ser incorporadas de manera crítica desde los intereses de los intelectuales brasileros.

Ahora bien, desde su ingreso a la USP, en 1941, Florestan Fernandes se revela como un alumno brillante con gran capacidad de trabajo que lo coloca casi inmediatamente bajo la égida de los profesores que ejercen el liderazgo de las ciencias sociales paulistas. Como ya señalé, al concluir la licenciatura se incorpora como asistente en la cátedra de Sociología II con Fernando de Azevedo. Su tesis de maestría, presentada en 1947 en la ELSP, la dirige Herbert Baldus, profesor de Etnología brasilera en esta institución y responsable de la sección etnológica de la revista Sociologia, dirigida por Emilio Willems, de quien Fernandes también se vuelve asistente de investigación. En 1954, como señalamos, sucede a Roger Bastide en la cátedra de Sociología I.

Además de publicar en periódicos, en esta primera etapa Florestan Fernandes escribe numerosos artículos para las primeras publicaciones especializadas en ciencias sociales. Sin duda la más importante es Sociologia. Aunque una buena parte de la revista la ocupan los trabajos de los profesores destacados, también se incluyen ensayos de la primera generación de estudiantes, entre los que se encuentran numerosos artículos y reseñas de Florestan Fernandes. En estos trabajos expone sus primeras investigaciones sobre folklore brasileño, influido sin duda por los maestros etnólogos, pero también sus reflexiones sobre la investigación científica.23

Otra publicación en la que participa Fernandes y que se coloca desde el principio (1935) como revista especializada en ciencias sociales es la Revista do Arquivo Municipal, en la que tiene una presencia fundamental Herbert Baldus. Entre 1944 y 1950, Fernandes publica algunos de sus artículos más importantes de la época (la serie Os Tapirapé, Mário de Andrade e o folclore brasileiro, Tiago Marques Aipobureu: um bororo marginal), así como un gran número de reseñas en las que se comienza a perfilar su concepción de la sociología y su posición frente a otros practicantes de la disciplina.

A partir de 1947, Baldus edita también la Revista do Museu Paulista (nueva serie), que paulatinamente remplaza a la Revista do Arquivo Municipal. Con una publicación anual, la revista en realidad se convierte en un espacio de edición de obras íntegras, y suple así la carencia de un mercado editorial para las ciencias sociales. Aquí se publica en 1949 la tesis de maestría de Fernandes: A análise funcionalista da guerra: posibilidades de aplição à sociedade Tupinambá, y en 1952, la de doctorado: Função social da guerra na sociedade Tupinambá. De esta forma, a principios de los años de 1950, Fernandes ya tiene ganado un importante prestigio en el ámbito de las ciencias sociales paulistas y está en condiciones de asumir el relevo de la primera generación de profesores.

V. Balance y perspectiva sociológica

Las experiencias forjadas en estos cuatro ámbitos sientan las bases para el posterior desarrollo intelectual de Fernandes. En una mirada global a esta fase fundante, un primer aspecto destacable es la relevancia de ciertos personajes (su madrina), encuentros (Sachetta) y redes sociales (la intelectualidad liberal paulista), que permiten su integración, desde un lugar subalterno, al universo de las élites culturales del país. Sobre este punto, Sylvia García afirma: “Florestan establecerá relaciones en las cuales se combinan, de modos variados, el patrón tradicional de relación personal de protección entre desiguales y el patrón moderno de reconocimiento objetivo de competencias específicas, basado en la igualdad formal de los sujetos” (2002, p. 18).

Ahora bien, en relación con su perspectiva sociológica como herencia del movimiento reformista educativo, pero también de los profesores extranjeros llegados a la USP, se afirma fuertemente la posibilidad y necesidad de emprender un abordaje “científico” de los problemas sociales. Esta posición tiene dos vertientes. Por una parte, apuntala la reflexión en contraposición a la tradición de ensayo social. Desde las primeras y numerosas reseñas de Florestan Fernandes a las obras de sus maestros y colegas,24 es posible rastrear la exigencia de una reflexión fundada en datos empíricos a partir de instrumentos analíticos precisos, independientemente de la calidad de las interpretaciones generales. Pero también, y sobre todo, esta posición implica una definición política en contra del conservadurismo ideológico (católico y militar) que rechaza la ciencia por sus supuestos nexos con el comunismo. Frente a este último, la defensa de la “ciencia de lo social” implica la apuesta por “un pensamiento radical comprometido con la comprensión efectiva de la realidad brasilera y orientado por las posibilidades de su transformación” (Jackson, 2007). Si en el primer aspecto se evidencia una distancia de Fernandes respecto a autores como Buarque de Holanda o Caio Prado Jr., en el segundo aparece una evidente continuidad.

Asimismo, dentro de esta concepción científica del análisis social, Fernandes rechaza los estudios de tipo culturalista que enfatizan las particularidades culturales de Brasil como factor explicativo. Por el contrario, a partir de la influencia de los profesores franceses y, en parte, de la ideología tanto liberal como marxista, Fernandes se inclina por una perspectiva universalista y estructural de análisis de las relaciones sociales, pero sin abandonar nunca la consideración de la especificidad histórica. Esta perspectiva le permite, por ejemplo, develar los problemas de desigualdad social y atraso estructural encubiertos en la preocupación por supuestos rasgos originales. Desde este punto de vista, Fernandes se enfrenta tanto a los estudios de Freyre y Buarque de Holanda como a la línea de etnología representada por sus maestros Pierson y Willems. Asimismo, esta posición lo aleja de la sociología de corte nacionalista que se empieza a gestar por la época25 y que Fernandes asocia al autoritarismo político.

Complementariamente y a partir de la confluencia entre la teoría social europea y la norteamericana que tiene lugar en las nuevas instituciones superiores, se comienza a vislumbrar un patrón de trabajo científico específico, según el cual teoría e investigación empírica están indisolublemente ligadas. En este sentido, Fernandes buscará alejarse tanto de los estudios meramente especulativos en los que incluye tanto la tradición ensayística como el empirismo puramente descriptivo que promueve la ELSP en los estudios de comunidad.

La importancia que adquiere el funcionalismo en los primeros trabajos de Fernandes está en estrecha conexión con esta concepción. En esta primera etapa, Fernandes se dedica sobre todo al estudio del indio brasilero mediante la exploración del método funcionalista. Estos trabajos están marcados por una perspectiva que vincula estrechamente sociología y antropología en la tradición de Radcliffe Brown y la antropología/sociología inglesa y francesa. Para Florestan Fernandes, el funcionalismo puede ser utilizado como una herramienta eficaz para el estudio de determinados problemas sociológicos (los que se refieren al flujo actual de la vida social) en un plano empírico.26

Ahora bien, como se ha planteado en numerosas ocasiones, ¿cómo es posible conciliar la imagen del militante trotskista con la del investigador funcionalista? Se pueden adelantar dos elementos de respuesta con base en lo apuntado en esta primera etapa de su trayectoria intelectual. Por una parte, en una perspectiva amplia e integradora sobre los fenómenos sociales, el funcionalismo es considerado una, pero no la única, de las vías posibles de aproximación a la realidad social brasileña. Fernandes busca sopesar cuál es el aporte específico que este tipo de análisis puede realizar a la explicación sociológica, pero para acercarse a los problemas sociales no excluye de ninguna manera otras rutas a las que Fernandes concederá creciente atención: Marx y Weber.

Por otra parte, el funcionalismo es considerado por nuestro autor como una herramienta analítica, un instrumento técnico que, como tal, puede ser utilizado según diferentes concepciones ideológicas. Aquí se percibe la influencia de Mannheim. Aunque en el pasado o en el presente el funcionalismo haya estado o esté acompañado de posturas ideológicas conservadoras, esta conexión no constituye un producto inevitable del funcionalismo. Al respecto, el propio Florestan Fernandes señala:

no se debe perder de vista que algunos científicos sociales [funcionalistas] revelaron inclinación abierta por variantes radicales de la ideología liberal (como se podría ejemplificar con Thurnwald y, principalmente, Malinowski) y que una valoración constructiva del uso científico de ese método no impide la adhesión de los sociólogos ya sea de ideologías compuestas (como el tercer camino liberal-socialista de Mannheim), ya sea de ideología socialista (lo que ocurre con el autor de estas líneas) (citado por Solari, Franco y Jutkowitz, 1981, p. 199).

Finalmente, en esta etapa comienza a perfilarse, junto con la reflexión sobre la sociología como disciplina, la reflexión del sociólogo como figura intelectual. En 1944 Fernandes empieza a desempeñarse como profesor asistente e intenta darle un giro a la enseñanza de la teoría y a la manera de entender la teoría en sociología, no como una historia de las ideas y teorías sociales, sino como instrumento analítico de investigación empírica. En este giro está implicada una nueva imagen del intelectual como científico profesional. El contrapunto del tipo de sociología promovido por Fernandes son los intelectuales de tiempo parcial, vinculados a otras actividades, como la literatura o la abogacía.

Una de las figuras más importantes que impactan el pensamiento de Fernandes en esta época y que expresa mucho del perfil sociológico construido por nuestro autor es Karl Mannheim. En uno de sus primeros artículos, A crise da cultura e o liberalismo (16 de marzo de 1944), publicado en Folha da Manhã, encontramos una importante referencia a este autor. Podríamos decir que la influencia de Mannheim es representativa del tipo de vinculación que podía establecer Fernandes entre el marxismo militante y la sociología académica. Así lo reconoce el propio Florestan en una entrevista posterior:

Mannheim […] era considerado, en Alemania, como un socialista moderado. Su carrera intelectual en Inglaterra, en términos políticos, se impregna de un espiritualismo que lo lleva de la búsqueda de una conciliación entre socialismo y democracia a la procuración de una “tercera vía”, que implicaba un claro retroceso intelectual y político. De cualquier manera, sin embargo, a través de las pistas que abre en Ideología y utopía, Hombre y sociedad en una época de transición y en otros libros, yo podía conectar a los estudiantes con las grandes corrientes de la sociología clásica y a lo que se estaba haciendo gracias a la investigación empírica en psicología social y en la sociología moderna en Estados Unidos y en Europa.

Con todas las limitaciones que la crítica marxista puede apuntar, me permitía abrir el camino para la comprensión de los grandes temas sociológicos del presente, para la crítica del comportamiento conservador, para los problemas de la sociología del conocimiento y para la naturaleza o las consecuencias de la planeación democrática y experimental. En especial, Mannheim permitía tomar la contribución de Weber y de varios autores alemanes de una manera un poco más rigurosa e, incluso, proponía la contribución de Marx a la sociología dentro de una escala más imaginativa y creadora. No se trataba de ver a Marx en términos de los dogmatismos de una escuela política. Marx emergía directamente de sus textos y de su impacto teórico en la sociología. De modo que Mannheim tuvo una importancia muy grande para mí en ese periodo en que intentaba descubrir mi propio camino (Rugai Bastos, 2006, p. 19).

Finalmente, como se ha señalado en muchos estudios, esta etapa está marcada por un tono optimista respecto de la sociología científica y académica a la que considera posible de proteger de las intromisiones del poder. A mediados de la década de 1960, este optimismo se desvanece con la llegada de la dictadura y su expulsión de la universidad. En 1974, en una nueva introducción redactada para la segunda edición de Mudanças sociais no Brasil (1979), Florestan Fernandes describe este cambio de ánimo en los siguientes términos:

El mayor contraste entre la situación del sociólogo en nuestros días y en las décadas de 1940 o 1950 está a nivel de las expectativas. En aquel entonces, dos cosas parecían ciertas. Primero, que al sociólogo le cabía asumir responsabilidades intelectuales en un ámbito puramente profesional. Hecha una descripción o una interpretación, sus implicaciones o consecuencias relevantes acabarían siendo percibidas y se concretarían de una forma u otra. Segundo, que la sociedad brasileña estaba caminando en dirección de la revolución burguesa según el “modelo” francés, en la aceleración constante de la autonomía nacional y de la democratización de la renta, del prestigio social y del poder. Había, por tanto, la presunción de que la ampliación del horizonte intelectual medio se vería reflejada en el área de trabajo del sociólogo, creando para las investigaciones sociológicas de cuño crítico una amplia base de entendimiento, tolerancia e, incluso, de utilización práctica gradual. Se trataba de una “utopía” y, peor, de una utopía rotundamente errada. Tal utopía puede ser fácilmente comprendida si se toma en cuenta su origen académico (transferencia de ideales de trabajo por parte de profesores de origen europeo y entrenados para trabajar en las universidades europeas) y la falta de concomitancia entre papeles profesionales y oportunidades de participación de los sociólogos en el movimiento político-social (Fernandes, 1979, p. 21).

Sin abandonar las exigencias científicas de producción de conocimiento que caracterizaron sus posiciones en los años cincuenta, Fernandes dedicará el resto de su vida a reforzar la vinculación entre compromiso intelectual y participación en los movimientos sociales y políticos.

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1Gabriel Cohn retoma la expresión “bem temperado” del propio Florestan Fernandes en A sociologia no Brasil.

2Véase, de Fernandes, A sociologia no Brasil (1977), A condição de sociólogo (1978) y A contestação necessária (1995); de Cohn et al., Florestan Fernandes: história e histórias (1995), y de Freitag, Florestan Fernandes por ele mesmo (1996). Los datos biográficos generales que aquí presentamos han sido tomados de la entrevista a Florestan Fernandes realizada por Paulo de Tarso Venceslau para la revista Teoria & Debate (1991).

3Para Sylvia García, esta noción amplia es más adecuada que la más restrictiva de “formación académica”.

4He traducido las citas del portugués al español.

5Equivalente a la preparatoria.

6Obtuvo el quinto lugar en el examen de admisión. Florestan Fernandes relata que en principio él quería estudiar ingeniería química, pero, debido a la necesidad de trabajar, no podía dedicar tiempo completo a la universidad.

7Los católicos nacionalistas se agrupan desde 1922 en el Centro Don Vital, bajo el liderazgo de Jackson de Figueredo y, posteriormente, de Alceu Amoroso Lima, conocido también como Tristão de Ataíde. En 1932 se funda la Asociación Integralista de Brasil (AIB), liderada por Plínio Salgado, Miguel Reale y Gustavo Barroso. De un nacionalismo radical, se identifican en muchos aspectos con los ideólogos del Estado Novo. El periódico La Razón, fundado en 1931 por Plínio Salgado, difunde sus ideas.

8El primer artículo de Fernandes en O Estado de São Paulo es O negro na tradiçao oral (15 y 22 de julio de 1943). En Folha da Manhá encontramos: Mais America (19 de agosto de 1943), Nota sôbre Frederico Nietzsche (19 de octubre de 1944), A crise da cultura e o liberalismo (16 de marzo de 1944), O ‘romance social’ no Brasil (27 de abril de 1944), O romance político contemporâneo (27 de julio de 1944), Entre o romance e o folklore (12 de enero de 1945), As tarefas da inteligência (1 de marzo de 1945).

10Antes de la creación de la USP, había en Brasil tres universidades: la de Rio de Janeiro, creada en 1920; la de Minas Gerais, en 1927, y la de Rio Grande do Sul, en 1931.

11 Luíz Carlos Jackson (2007) señala que esta diferencia se vincula con los matices políticos que atraviesan ambas instituciones: mientras la ELSP, ligada a sectores pertenecientes al Partido Republicano Paulista, adquiere un matiz más conservador, la USP, asociada a grupos del Partido Democrático, representa una postura más liberal y moderna (2007).

12En la década de 1920, Fernando de Azevedo, Anísio Teixeira y Lourenço Filho forman parte del movimiento de la Escola Nova impulsado por la Asociación Brasileña de Educación, según el ideario de Dewey. Júlio de Mesquita Filho, por su parte, se encarga de promover el debate educativo a través de la Encuesta sobre la instrucción pública en São Paulo, cuyos resultados, publicados en el periódico, servirán de base para la formulación de un plan educacional con perspectiva científica. Tanto la encuesta como el plan están a cargo de Fernando de Azevedo. Cuando a principios de la década de 1930 el gobierno de Vargas autoriza la enseñanza religiosa en los establecimientos educativos públicos, los liberales reformistas redactan el “Manifiesto dos pioneiros”, firmado, entre otros, por Júlio de Mesquita Filho, Anísio Texeira, Fernando de Azevedo, Paschoal Leme, Cecília Meireles, C. Delgado de Carvalho. Finalmente, en 1934, bajo el gobierno local de Armando de Salles Oliveira, cuñado de Julio de Mésquita Filho, se crea en São Paulo el Departamento Municipal de Cultura (germen del Instituto Paulista de Cultura, a su vez germen del Instituto Brasilero de Cultura), que congrega a intelectuales modernistas como Mario de Andrade, Paulo Duarte, Sergio Milliet, Rubens Borba de Moraes, Fabio Prado.

13Le ofrecen ser asistente en tres cátedras Economía, Estadística y Sociología II. (Véase Rugai Bastos, 2006.)

14En 1935 Azevedo publica Principios de sociologia y en 1940 Sociologia educacional, traducida al español por el FCE en 1942. También en 1935 funda la Sociedad de Sociología de São Paulo, convertida en 1948 en Sociedad Brasileña de Sociología e integrada luego a la Asociación Internacional de Sociología (ISA) y a la Asociación Latinoamericana de Sociología (ALAS).

15En 1928 se crea una cátedra de sociología en la Escola Normal do Distrito Federal por iniciativa de Fernando de Azevedo y otra en la Escola Normal de Recife por inspiración de Gilberto Freyre. En 1933 se funda en São Paulo el Instituto de Educación y en él la cátedra de Sociología General y Educacional dirigida por Fernando de Azevedo. Gracias también a su iniciativa son creadas en el Código de Educación, cátedras de sociología de la educación en todas las escuelas normales del estado de São Paulo.

16Hay que señalar que en 1939 el Estado Novo cierra la Universidad del Distrito Federal (Rio de Janeiro). Su fundador, Anísio Texeira, es acusado de comunista junto con el prefecto de Rio, Pedro Ernesto.

17Freyre realizó estudios de maestría en Estados Unidos. A pesar de su orientación liberal y regionalista, se opone, en 1935, a la represión de comunistas.

18La tesis de Elide Rugai Bastos (2013) es que el contraste entre Freyre y Fernandes radica menos, o no sólo, en la diferencia de métodos o de estilo reflexivo -ensayo versus ciencia-, sino en las consecuencias políticas de ambas posiciones.

19 Bernardo Ricupero analiza en dos trabajos (2007 y 2011) la relación de esta obra central de Florestan Fernandes con la tradición ensayística brasileña a partir del contraste entre sus principales hipótesis. Maria Arminda Arruda (2018), por su parte, señala que paradójicamente en La revolución burguesa en Brasil, Florestan Fernandes expone su interpretación más completa y madura sobre la formación histórica brasileña, ya fuera de la universidad y en un estilo que permite filiarlo con aquella tradición ensayística. Alejandro Blanco y Luiz Carlos Jackson (2013) han estudiado también la relación entre ensayistas y sociólogos durante la institucionalización de las ciencias sociales en Argentina y Brasil.

20Al parecer, la cercanía de Lévi-Strauss a Rivet habría provocado la desconfianza de las élites paulistas. Con el pretexto de no ser suficientemente durkheimiano como éstas esperaban, no le renuevan el contrato, y en 1938 Lévi-Strauss regresa a Francia. Véase Peixoto (1998).

21Hacia 1949, cuando la revista queda en manos de Pierson y Nogueira, la presencia de sociólogos de la USP disminuye notablemente y la revista enfatiza la publicación de estudios de comunidades. Sin duda, esto refleja el distanciamiento paulatino entre las dos instituciones (Jackson, 2007).

22Del Fondo de Cultura Económica (FCE): Kaufmann, Jaeger, Mannheim, Tönnies, Weber, Echavarría; de Losada: Aron, Freyer, Gurvitch. También aparecen de Espasa-Calpe Argentina: Rickert y Simmel (Fernandes, 1958). En 1950, Willems traduce al portugués Ideología y utopía, de Mannheim, que hasta el momento es citada ampliamente en su versión del inglés al español realizada por Medina Echavarría para el FCE en 1941.

23Durante estos primeros años, Fernandes publica los siguientes artículos: Folclore e grupos infantis (4:(4), 1942), Educaçao e cultura infantil (5(2), 1943), Aspectos mágicos do folclore paulistano (6(2-3), 1944), O problema do método na investigaçao científica (9(2), 1947). Asimismo, entre 1944 y 1946, publica reseñas en casi todos los números.

24Entre las más importantes, encontramos: Arte e sociedade, de Roger Bastide; A aculturação dos alemaes no Brasil, de Emilio Willems; Estudos de ecologia humana, de Donald Pierson; A mitologia heróica de tribos indígenas do Brasil, de Egon Schaden; Raízes do Brasil, de Sérgio Buarque de Holanda.

25En este sentido será célebre su polémica con el sociólogo del Instituto Superior de Estudos Brasileiros (ISEB), Alberto Guerreiro Ramos. Véase Gomes Martins, 2008.

26En las décadas posteriores, Florestan Fernandes, al igual que Gino Germani, incorporará elementos de la sociología funcionalista de la modernización, pero también desde una perspectiva crítica. Antonio Brasil Jr. (2013) analiza en términos de “aclimatación creativa” esta recepción en ambos autores quienes, gracias a una profunda sensibilidad histórica, lograrán articular, a diferencia de Parsons, su preocupación por los modelos explicativos con la consideración de las particularidades históricas.

Recibido: 26 de Marzo de 2018; Aprobado: 31 de Agosto de 2018

Acerca de la autora

Daniela Marta Rawicz Morales es doctora en Estudios Latinoamericanos por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México. Es maestra en Ciencias Sociales por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, México. Actualmente se desempeña como profesora-investigadora de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

Entre sus publicaciones recientes se encuentra:

(2016). Ideología y utopía. Cambio social y proyecto moderno en Florestan Fernandes. Revista Utopía y Praxis Latinoamericana, 21(75), Universidad de Zulia, Maracaibo, Venezuela, 47-58.

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