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Revista de la educación superior

versión impresa ISSN 0185-2760

Rev. educ. sup vol.51 no.203 Ciudad de México jul./sep. 2022  Epub 29-Mayo-2023

https://doi.org/10.36857/resu.2022.203.2216 

Artículos

El humanismo a través de la transdisciplinariedad en el arte para la transformación social

Humanism through transdisciplinarity in art for social transformation

Jaime Torija Aguilar* 

* Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Correo electrónico: jaime.torija@correo.buap.mx


Resumen

En este trabajo se aborda el estudio de la transdisciplinariedad como una estrategia humanista que busca rescatar los valores éticos y morales que se han perdido a lo largo de la historia por el saqueo de riquezas y el exterminio de los pueblos originarios de parte de los países dominantes. Subrayamos que la instrumentación de las disciplinas y las hiperdisciplinas son recursos del conocimiento para mantener dicho dominio. En lo particular, las artes y las ciencias sociales encuentran un lugar para participar en los procesos sociales creando nuevas prácticas artísticas e influir en el bien común de los seres humanos.

Palabras clave: Transdisciplinariedad; Artes; Ciencias sociales; Disciplinas; Sujeto

Abstract

In this paper the study of transdisciplinarity is approached as a humanist strategy that seeks to rescue the ethical and moral values that have been lost throughout history due to the looting of wealth and the extermination of native peoples by the dominant countries. We emphasize that the instrumentation of disciplines and hyperdisciplines are knowledge resources to maintain this domain. In particular, the arts and social sciences find a place to participate in social processes by creating new artistic practices and influencing the common good of human beings.

Keywords: Transdisciplinarity; Arts; Social sciences; Disciplines; Subject

Introducción

En el segundo tercio del siglo XX se “instauró” la palabra transdisciplinariedad a través del epistemólogo y biólogo Jean Piaget para identificar fenómenos que no necesariamente tienen que estar circunscritos a las formaciones disciplinares tradicionales. Más adelante, se expandiría el concepto hacia otros campos del ámbito académico y así lograr encontrar nuevas respuestas a la complejidad del mundo actual. En este artículo trataremos la noción de transdisciplinariedad como el encuentro y disolución de diversas disciplinas, específicamente entre las ciencias sociales y el arte -en los últimos años las ciencias experimentales también encuentran una mutua relación- para lograr el equilibrio armónico entre el ser humano y la naturaleza. Asimismo, como una estrategia para rescatar los valores éticos y morales que se han perdido a lo largo de la historia por acumular riquezas a través del saqueo y la esclavitud del pasado y del presente, de parte de los países dominantes. Desde dicha perspectiva nos centraremos en abordar la transdisciplinariedad desde los estudios sociales y el arte porque, en primer lugar, en el presente la globalidad es una condición ineludible en el que todos estamos inmersos. En segundo lugar, en el arte se encuentra las expresiones más sensibles de los seres humanos lo que ha permitido hacer contrapeso a los impulsos destructivos que guardan los pueblos.

En la actualidad mucho se ha escrito acerca del desarrollo de la transdisciplinariedad. Entre las experiencias que habrá de mencionarse, por la evolución que se ha dado en su aplicación, se encuentran las nuevas reflexiones que nos dan las ciencias experimentales al reconocer que la regularidad y orden de las teorías no hallan respuestas certeras a mucho de los fenómenos a los que se enfrentan. Los científicos admiten que “la turbulencia, la irregularidad, y la imprevisibilidad” (Briggs y Peat, 1994, p. 14) son una constante en sus investigaciones aceptando que, dichos movimientos, pertenecen a leyes de la complejidad en el que se relacionan el orden y el caos. Científicos interesados en nuevos métodos de investigación, advirtieron que la visión reduccionista y lineal encontraba límites para dar respuesta a los fenómenos estudiados. Por lo tanto, fue necesario cruzar las fronteras de las disciplinas naturales y exactas como las matemáticas, fisiología, física, química, entre otras, para relacionarse desde una visión multidimensional y encontrar nuevas explicaciones de sucesos observados (Briggs y Peat, 1994). Pronto se adhiere e interaccionan a esta visión, casi simultáneamente, las ciencias sociales (Morin, 2001) y, posteriormente, los estudios del arte. En lo que se refiere a las expresiones artísticas, sea en el objeto de arte como en el artista, al no poder mantener su autonomía -debido a la intervención de factores como la industria, las finanzas, las prácticas en el internet, los medios del espectáculo, la intervención del Estado, los museos, los críticos, galerías, los coleccionistas, que en su conjunto construyen un discurso ideológico lo cual lo relaciona a su vez con la política- pierden el halo que durante muchos años la mantuvo separado de otras áreas para, finalmente, vincularse a las ciencias sociales como a otros campos académicos. Al hacerlo, indudablemente, encuentran continuidad en el quehacer artístico que las nuevas tendencias del arte producen.

La intención en este artículo, más allá de sumarse a los múltiples trabajos que tratan acerca de la comprensión y desarrollo de la transdisciplinariedad, es la de reconocer el lado humano, la de justificar su aparición como respuesta a las injusticias sociales. En este marco se incluye las delimitaciones de las disciplinas académicas que, en los siglos XIX y XX, fueron diseñados para apoyar la noción única de verdad -justificándose en la racionalidad y la lógica para dar hechos y conclusiones con base en reglas “objetivas”, en contraposición a la subjetividad que el sujeto alimenta a través de las intuiciones, imaginación, percepciones, etc.- y mantener, de esta forma, resguardados intereses hegemónicos de países dominantes. Por lo tanto, es en el arte, en donde nos detendremos, para subrayar que su inclusión con los procesos sociales es una respuesta a la necesidad imperiosa por influir en la transformación social.

El humanismo como punto de partida

Para resaltar el tema de la transdisciplinariedad en las artes es necesario contextualizar, de forma breve, la llegada de dichos estudios pues nos permitirá comprender la carga social y académica que merece; ya que entenderlo nos llevará a concebir la esencia del valor humano, su capacidad de reconciliarse consigo mismo y, por otro lado, exponer la cara de la perversidad -que destruye la conciencia ética y moral- que surge en los seres humanos para su enriquecimiento.

La historia de la humanidad ha expuesto, en múltiples momentos, civilizaciones que buscan el poder y la riqueza sin importar la destrucción de pueblos enteros. Es decir, nos ha mostrado como el sentido humano se extingue por los intereses materiales. No es nuestro propósito en este trabajo referir el sinnúmero de sucesos que marcaron la destrucción de grandes civilizaciones, sólo retomaremos uno de los episodios que dan cuenta de los inicios de la Modernidad como una etapa que provocó la opresión y dominación sobre otras culturas.

Específicamente, cuando la nueva forma de ver y pensar el mundo se centra en los humanos y ya no en Dios, lo que induce a modificar los valores, éticos y morales. Es, en este marco cuando se rompe paulatinamente con la Edad Media y aparece los primeros acercamientos a un nuevo modo de producción. España y Portugal dan los primeros pasos a través de las conquistas hacia otros continentes, para incrementar la esclavitud de los hombres, así como la extracción del oro y la plata; actos que se ejercían por el nuevo dios que imperaba en las sociedades dominantes, es decir, “el oro y la plata, el dinero, las libras esterlinas o el dólar”. Los sacrificios realizados por los conquistadores se ofrecieron “al dios del mercantilismo primero, al del primer imperialismo financiero, y al actual imperialismo de las multinacionales” (Dussel,1996: p. 21). Es un periodo en el que se muestra el deterioro de la “conciencia del mundo” que ya no puede impedir la devastación de los pueblos, sea de sus tierras y de sus valores culturales. Actividad que ejercen los países europeos para adquirir un mayor control en su ámbito de influencia.

Las tendencias globalizantes, en el plano económico, inducen a la expansión de la pobreza y, consecuentemente, a la concentración de la riqueza; a la extracción de los bienes materiales que guardan las economías más débiles, entre otras cosas. Es así como la transdisciplinariedad, como una respuesta humanista, surge en contraposición a los intereses expansivos e inhumanos de los países dominantes, buscando resolver los problemas más apremiantes de los individuos, como la sobreexplotación, la pulverización de sus costumbres y al desalojo. En palabras de Edward Said, citado por Oliver Koslarek (2010) apunta que el

Humanismo, así creo fuertemente, debe excavar los silencios, el mundo de la memoria de grupos itinerantes que apenas sobreviven, los lugares de la exclusión y de la invisibilidad, los tipos de testimonios que no han logrado reflejarse en los informes pero que tematizan cada vez más si un ambiente sobreexplotado, pequeñas economías y pequeñas naciones, así como pueblos marginalizados -tanto fuera como dentro de los centros metropolitanos- pueden sobrevivir al aplastamiento, al allanamiento y al desplazamiento que son rasgos muy prominentes de la globalización. (p. 96).

Este aire fresco que llega del humanismo -y que le dará impulso a la visión transdisciplinaria- que se expresó ante la extinción de los nuevos pueblos conquistados, en especial de Latinoamérica, es el que permite contemplar un “mundo complejo” lo cual nos lleva a pensar en una nueva forma de comunicación y así enriquecer con un conocimiento que rompa con las categorías absolutistas del pensamiento para “vincularse con el mundo ‘natural’ así como las relaciones interhumanas.” (Koslarek, 2010: p. 100). Es decir, proponer un equilibrio entre la naturaleza, la ciencia y la relación entre los individuos.

Aquí, lo que se pretende valorar es el papel que juega el humanismo como un instrumento que intenta restructurar el conocimiento que predominaba en el insipiente nacimiento de la modernidad como en su desarrollo posterior. El descubrimiento y la Conquista de los pueblos latinoamericanos solo fue un detonador que reflejó las vilezas de las culturas dominantes con base en las concepciones filosóficas (religiosas, éticas y morales) y que demuestra como el pensamiento eurocéntrico recae en una hegemonía ideológica del conocimiento lo que justifica sus acciones. De esta forma lo plantea Enrique Dussel (1996) cuando dichos países se respaldan en el ego cogito que Descartes le entrega al pensamiento europeo:

Ese ego será la única substancia, divina entonces en Espinoza. Con Hegel el ich denke de Kant cobrará igualmente divinidad acabada en el absolute Wissen. Saber absoluto es el acto mismo de la totalidad como tal: Dios en la tierra. Si la fe, el culto perfecto de la religión absoluta en la Filosofía de la religión, es la certeza de que la presentación del entendimiento es la Idea absoluta, dicha certeza es la que tienen los dominadores del mundo de ser la manifestación en la tierra de la misma divinidad. Los imperios del centro, Inglaterra y Francia como potencias coloniales, la Alemania nazi, y posteriormente Estados Unidos con su CIA, posee así una vez más una ontología que los justifica; una sutil ideología que les da buena conciencia. ¿Qué es Nietzsche sino una apología del hombre conquistador y guerrero? ¿Qué es la fenomenología y el pensamiento existencial sino la descripción de un yo o un Dasien desde el cual se abre un mundo, el propio siempre? ¿Qué son todas las escuelas críticas o aun las que se lanzan a la utopía, sino la afirmación del mismo centro como mera posibilidad futura de ‘lo mismo’? ¿Qué es el estructuralismo sino la afirmación de la totalidad, aunque se las respete en su coexistencia antropológica, sin solución política económica de real liberación? (p.20)

Ante esta Idea absoluta que predomina en la ontología de los imperios occidentales, autonombrada petulantemente como universal -sin reconocer el desarrollo cultural y económico de los pueblos del medio oriente como del oriente mismo-, el humanismo, como ya se mencionó, induce a alentar el pensamiento transdiciplinario ya que encuentra que la diversidad de conocimientos nos lleva a despertar la “conciencia del mundo” (Koslarek, 2010).

Descubrir otros mundos cuestiona el conocimiento establecido por las academias europeas: las concepciones filosóficas que, en su mayoría, enaltecen el ser, la supremacía del hombre, la razón y el progreso. Enfoques que remiten al predominio de culturas que no permiten la diversidad social, científica y cultural por su rigidez al darle al conocimiento la facultad racional y autocalificarse como universales en las ideas, en la conducción de la ciencia, entre otras cosas.

Las disciplinas y la hiper-especialización

En dicho marco, aparecen las disciplinas en el contexto del capitalismo europeo, como otra forma de sustentar la verdad, su verdad que, desde nuestra percepción, contrae las posibilidades de contribuir a ampliar el espectro de la realidad. Es una verdad propia porque son un conjunto de enunciados, determinados por las terminologías que se hacen por la sociedad que las construye. Si nos basamos en que la “verdad se hace y no se encuentra”, como dirían los románticos, entonces veremos que “Las disciplinas también norman la enunciación, en particular hacen posibles regímenes de verdad (en última instancia, de control) mediante reglas de policía discursiva que define el uso de los valores verdadero/ falso.” (Bolaños, 2010, p.17). Será una verdad que se inserta en las academias, en los centros de enseñanza como consecuencia de la economía y de la tecnología. Estas enunciaciones condicionan el razonamiento, limitados por las propias fronteras de las disciplinas, las únicas que pueden ser utilizadas para acercarse a la realidad: “estas fronteras inevitablemente han terminado por convertirse en condicionantes del propio razonamiento frente a la realidad social, de tal suerte que la realidad no puede observarse más que por medio de la maldición de estos compartimientos disciplinarios.” (Zemelman, 2003, p. 31).

Asimismo, en la conformación hegemónica del imperio estadounidense, después de la Segunda Guerra Mundial, las hiper-especialización será un instrumento del conocimiento que condicionará aún más el campo de posibilidades para expandirse en su totalidad a los problemas que orbitan la realidad. La fragmentación de los saberes crea vacíos o cortes en la comunicación con otras disciplinas, pero, para efectos de dominar y centrar el desarrollo tecnológico, será necesario segmentar la totalidad, tanto en el conocimiento obtenido de los individuos, como en el conocimiento general. Del mismo modo será la estrategia para apropiarse de las nuevas tecnologías y no darle oportunidad a otros países para que obtengan sus propias patentes y así lograr el desarrollo económico:

Entre las principales consecuencias destaca el desplazamiento de los conocimientos científico-tecnológicos hacia un lugar central como medios de producción, como insumos en los sistemas de innovación, cuyos resultados consisten en productos, procesos, formas de organización, sistemas o servicios, que son aplicados para resolver problemas y obtener beneficios para algún grupo humano. (Olivé, 2010, p. 115)

Los efectos inducidos que han ocasionado la fragmentación del conocimiento lo encontramos en las limitaciones de transferencia tecnológica de parte de los pueblos desarrollados a los de menos desarrollo puesto que, los primeros, utilizan dicha estrategia para mantener subyugados a los países dependientes. Las naciones que llegan alcanzar avances científico-tecnológicos logran desvincularse de las políticas de dominio que imponen los países desarrollados; un ejemplo claro se puede apreciar en las restricciones tecnológicas de parte de los Estados Unidos a los países latinoamericanos, en particular, a México a quien se le tiene limitado el potencial científico y tecnológico.

Además de utilizarse como instrumento de control, la hiper-especialización centraliza aún más el conocimiento para llevarlo a una mayor fragmentación provocando inevitablemente una reducción de la percepción de la realidad y de la objetividad. Esto no quiere decir que se esté a favor de la totalidad simplemente para ver en el conocimiento todos los hechos que se manifiesten en función del fenómeno que se analiza,

sino es una óptica epistemológica desde la que se delimitan campos de observación de la realidad, los cuales permiten reconocer la articulación en que los hechos asumen su significación especifica. En este sentido, se puede hablar de la totalidad como exigencia epistemológica del razonamiento analítico. (Zemelman, 2003, p. 50).

Es decir, la función de la totalidad busca vislumbrar los hechos que no están al alcance de la teoría y, al mismo tiempo busca “enriquecer la base para enriquecer posibles opciones de teorización”. (Zemelman, 2003, p. 51).

La exclusión del sujeto

Otro aspecto importante el cual es necesario resaltar son las trasformaciones que conciernen a la relación entre el objeto y el sujeto. En la medida en que la hiper-especialización se agudiza, proporcionalmente, se desvaloriza la participación del sujeto en el proceso del conocimiento. El efecto ha provocado un alejamiento, aún más agudo, de elementos que enriquecen la compleja realidad. Esto se explica porque la estructura en la que se basa la ciencia lineal, como la lógica y la racionalidad, está fuertemente arraigada al desarrollo tecnológico el cual, en la medida de las posibilidades metodológicas, excluye la intervención de los individuos. Es aquí, en donde la ciencia lineal busca prescindir del sujeto cuando se trata de entregar los resultados que el conocimiento científico supone como verdaderos. Para ésta las expresiones del sujeto como las creencias, rituales, intuiciones, revelaciones o pasiones están fuera de la circunferencia de la ciencia clásica; se ve al sujeto como un elemento inmaterial que paso de ser “ruido a ser silenciado” (Carrizo, 2004, p.49). Es decir, la presencia e intervención del sujeto trae consigo juicios abstractos que para la ciencia reduccionista no son válidos en los procesos científicos ya que únicamente se aprueba lo que se considere estrictamente racional. Al respecto describe Paul K. Feyerabend (1989) cómo es el proceso para excluir al sujeto:

Primeramente, se define un dominio de la investigación. A continuación, el dominio se separa del resto de la historia (la física, por ejemplo, se separa de la metafísica y de la teología) y recibe una “lógica” propia. Después, un entrenamiento completo en esa lógica condiciona a aquellos que trabajan en el dominio en cuestión para que no puedan enturbiar involuntariamente la pureza (léase la esterilidad) que se ha conseguido. En el entrenamiento, una parte esencial es la inhibición de las instituciones, que pudieran hacer borrosas las fronteras. (pp. 11-12).

Al considerar dicha depuración del sujeto, apoyados por los procesos científicos tradicionales, se produce, desde nuestra perspectiva, un alejamiento de las verdaderas necesidades de la sociedad que, al mismo tiempo, evidencia una ciencia deshumanizada, insensible entre los científicos ya que estos “se hicieron más y más distantes, ‘serios’, ansiosos de especial reconocimiento, e incapaces y carentes de la voluntad de expresarse de un modo que todos pudieran entender y del que todos pudieran gozar”. (Feyerabend, 1989, p. 185). Es importante aclarar que cuando estamos haciendo referencia a las “necesidades de la sociedad” se habla de una sociedad determinada, ya que cada sociedad tiene sus propias necesidades y que guardan historias y costumbres que las hacen únicas. Dichas particularidades, exigen un tratamiento y una visión diferente para abordar los fenómenos que tratan de investigarse y, al mismo tiempo, dar una respuesta científica acorde a las diversas condiciones que presentan dichas sociedades. La geografía, el clima, las costumbres religiosas, sociales, familiares, entre otros factores, son elementos que determinan una verdad que no necesariamente tiene que corresponder a las determinadas por las sociedades llamadas científicamente desarrolladas portadoras de una verdad única.

No obstante que la modernidad alienta el individualismo el cual le da al sujeto un componente propio que lo diferencia del otro y lo hace único, la ciencia moderna se encarga de nulificarlo ya que se considera una obstrucción cuando se trata de entregar los resultados de las investigaciones. La exclusión del sujeto se explica porque los datos se someten a “un proceso mecánico de causa y efecto, como una formula reduccionista, circunscribiéndose los datos exclusivamente a lo que se dice qué es, sin considerar las impresiones de quién conoce.” (Torija, 2018, p.94)

El trasfondo de exclusión del sujeto responde a una visión de verdad, de la cual ya hemos mencionado, y que está estrechamente ligado a la formación tanto de las disciplinas como de las hiper-especializaciones. Es la verdad que se instituye a partir de una realidad lineal y como tal se establece en una lógica inductiva que tiene sus propias leyes a partir del objeto el cual, desde nuestra perspectiva, carece de un fundamento sólido puesto que le es necesario los componentes de sujeto ya que su presencia le permite tener una dimensión equitativa e imparcial. Sin embargo, por las concepciones ortodoxas que se mantienen en la ciencia lineal la verdad es considerada como su patrimonio y para justificarse separa:

tajantemente la realidad objetiva (como dimensión externa) del sujeto que la conoce y esto es lo que sustenta la acción de conocer: la conciencia de esa separación, que permite observar, medir, clasificar, algo que esta fuera del sujeto y suficientemente alejado de él para evitar cualquier interferencia al ‘captar’, ‘descubrir’, las cualidades de la realidad objetiva, encontrar las leyes propias de la realidad estudiada. (Espina, 2004: 19)

En términos generales, se puede decir que la exclusión que actualmente se hace del sujeto en la ciencia es una limitación para conocer la magnitud de la verdad o de las verdades. Del mismo modo, se puede hablar de sociedades diferentes que muestran realidades que contrastan con los esquemas que imponen los grupos de poder quienes monopolizan la ciencia y la tecnología y no visualizan otras expresiones y necesidades. Son sociedades que tienen, como todas, una idiosincrasia, historia, costumbres, religión, mitos que les permite ver desde otro ángulo la realidad.

El avance de la transdisciplinariedad

Dijimos que el concepto de transdisciplinariedad se instauró en el segundo tercio del siglo XX, pero su concepción, como ya lo hemos sugerido, surge a partir de la sensibilidad de individuos humanistas que buscan frenar la devastación de la naturaleza y del hombre. Aunque esos hombres sensibles advirtieron, como es el caso de Alexander Von Humboldt, frenar la destrucción de las civilizaciones alentando una “conciencia del mundo”, es decir, “una conciencia de la intrínseca asociación del mundo natural y del mundo humano” (Kozlarek, 2010, p. 101), el cual sólo se podría lograr a través de la suma de todas las posibles disciplinas.

Si bien la concepción de la transdisciplinariedad se conformó muchos años antes de del siglo XX por la depredación hecha por los estados imperiales, dicha destrucción se agudiza, en la actualidad, con las estrategias ya mencionadas -las disciplinas, las hiper-especializaciones y la exclusión del sujeto en el proceso científico-, a través de la configuración de centros educativos, como organismos financieros que modelan sistemas económicos, políticos y culturales. Podríamos afirmar que aun cuando se busca, de parte de los docentes e investigadores, las expresiones autónomas, que revelen una supuesta libertad para encontrar el conocimiento, estas finalmente son definidas “por la empresa, la industria y las fuerzas del mercado que, a través de iniciativas gubernamentales , ponen énfasis en el conocimiento para el uso y las auditorias de la cultura en el ámbito de la enseñanza universitaria” (Di Napolini, 2010, p. 189) De este modo, el dominio de los Estados hegemónicos prevalece y se fortalecen las grandes transnacionales y los centros de inversión, por la necesidad de controlar a nivel geopolítico naciones poco desarrolladas. Es la forma de controlar el conocimiento y de imponer una verdad, de limitar cualquier intento de vislumbrar más allá de una realidad permitida. Ante tal situación las disciplinas son rebasadas por una realidad mucho más compleja que exige terminar con una verdad que se erige como absoluta.

De manera muy breve hemos sostenido que la transdisciplinariedad surge como una forma de resistencia y de disidencia ante el poder económico y político de países que han provocado un fuerte deterioro, en las esferas de la naturaleza y de la humanidad. De la primera, un ejemplo es acerca de los daños irreversibles en la atmosfera. El cambio climático, generado por incidir en el exceso de contaminantes en el ambiente, ha ocasionado el aumento de la temperatura atmosférica que derivan en fuertes incendios forestales, destrucción de la fauna, la flora y la biodiversidad. Asimismo, muchos de los países llamados en desarrollo han sido tradicionalmente saqueados de sus riquezas naturales y de los derechos humanos más elementales.

No obstante, en la lucha, por exigir el derecho por vivir en un ambiente acorde con el equilibrio natural, y por restructurar el tejido social a través de las luchas por los derechos más elementales de los individuos, como la educación, salud, vivienda, de sectores, llamados minoritarios, se han intensificado las transformaciones sociales. En esta lucha, como en otras muchas, por lograr las transformaciones ambientales como sociales, se requiere de la transdisciplinariedad como una forma plural de aproximarse a las soluciones de la humanidad. Es un modo de integrar diversas disciplinas cuyas raíces epistemológicas, por su diversidad, fortalecen las ideologías y enriquecen las perspectivas de solución, desde la integración del conocimiento.

La transdisciplinariedad surge como una nueva forma de razonar el conocimiento y nos propone una estructura diferente de pensamiento, lo que induce a la adquisición de una “capacidad crítica” más abierta, el cual rompe con un método específico para llevar a una distinta “forma de pensar la relación con la realidad” (Zemelman, 2003, p. 96). Los esquemas metodológicos y teóricos tradicionales generan resultados previsibles, entre otros aspectos por anteponer la teoría a la práctica sin permitirle a ésta tocar las diferentes expresiones de la realidad. Al pensar la realidad de una manera diferente la razón recobra el potencial crítico que se ha perdido. En la medida en que se rompe con los modelos que se proponen en la especialización el conocimiento deja de ser un recurso interpretativo para fortalecerse en su construcción.

Lo anterior significa que la relación con la realidad no sea definida solamente desde el corpus teórico, sino que esté mediada por la determinación del campo de problemas, de acuerdo con una visión integradora que contrarreste la tendencia a la fragmentación del conocimiento. La tarea que surge es la de armonizar la creciente especialización con la necesaria integración en perspectivas más globales, de manera que esta especialización pueda ser potenciada por la integración. (Zemelman, 2003, p. 100).

Asimismo, al adquirir esta forma de razonar se vulnera, como lo hemos dicho, los usuales modelos teóricos enfrascados en una metodología que utiliza estructuras que limitan la imaginación y la creatividad, elementos necesarios que rompen con la rigidez teórica. Desde luego esta forma de integrar el conocimiento choca con la inflexibilidad, atribuyéndose la llamada “pureza científica”, que se encubre con la idea de poseer la objetividad y, consecuentemente, la verdad. En este sentido, el concepto de verdad se universaliza, se encapsula con determinación absoluta, sin considerar que el contexto social y económico, así como la subjetividad del científico, relativizan dicha verdad:

En realidad, ‘lo objetivo’ ha sido siempre función de determinados parámetros, tales como ‘las intuiciones usuales, la experiencia común’ de los presupuestos ontológicos e ideológicos, de la idea misma de lo que se entiende por ciencia rigurosa y exacta, o, por último, del concepto de verdad que se tenga. (Zemelman, 2003, p. 97).

Esta forma de abordar el conocimiento rompe con las fronteras disciplinares y da paso a una nueva viabilidad para la adquisición de una conciencia más amplia lo que permite encontrar respuesta a muchos de los problemas que aquejan a la humanidad. Con la transdisciplinariedad se busca fracturar el anacronismo fronterizo entre las ciencias naturales con las humanas -impulsada en el siglo xviii y todavía alentadas en los últimos años-, sin embargo, a pesar de la enorme distancia que aún persiste entre una y otra, cada vez más se expresan las voces de los especialistas por encontrar respuestas a los diversos fenómenos que se generan en la compleja relación entre la humanidad con la naturaleza, a través de la transdisciplinariedad.

Las artes y los procesos sociales

Entre las disciplinas que han orientado el camino para instrumentar la interdisciplinariedad se encuentran las artes que, además de relacionarse con algunas expresiones de las ciencias naturales, se articulan con los procesos sociales ya que, por su naturaleza transgresiva, históricamente rompe con las fronteras disciplinarias. Este encuentro y acercamiento con las demás disciplinas no sólo se manifiesta por la insubordinación natural, tampoco es espontaneo ni fortuito: responde a la relevancia que día con día adquiere la cultura dentro de la estructura social, considerándose al mismo nivel que la ciencia, la economía y la política. Contrario a la idea de pensar a la cultura como un agregado o reflejo de las actividades significativas de la sociedad, esta ha tomado un papel primordial que influye directamente en “los comportamientos, las creencias y las instituciones de una sociedad” ((Shimer, 2004, p. 269), generando giros radicales en el desarrollo de la civilización. A diferencia del pasado, la cultura ha alcanzado mayor notabilidad para que se logre la transformación social y/o económica.

Lo anterior responde a una coyuntura histórica que se observa a través de los cambios que se generan entre la modernidad y la posmodernidad. Sólo para dar un ejemplo que pudiera ser representativo de la modernidad, podríamos mencionar la aparición de grandes narrativas que se desarrollaron como fórmulas enfocadas a iluminar el camino para el progreso de los seres humanos como son la “libertad, racionalidad, bienestar mediante la técnica, ilustración, derechos humanos, a los que tiende el progreso” (Liessmann, 2006, p. 200) y que, con el paso del tiempo, se les cuestionaría. En el posmodernismo se reconoce el rompimiento de la razón, la pérdida del saber objetivo, la crisis de los relatos, el predominio de la multiplicidad ante la hegemonía, en todas las áreas del conocimiento; asimismo, se busca la pluralidad en las “formas de saber, proyectos de vida y modelos de acción” (Liessmann, 2006). Es en dicho periodo en donde se dan, por la intervención de ciertos sectores de la sociedad, la indiferenciación de campos como la superposición de la economía con la cultura en el que, como lo indica Fredric Jameson (2002), “todo, incluidas la producción de mercancías y las altas finanzas especulativas, se ha vuelto cultural; y la cultura también pasó a ser profundamente económica u orientada hacia las mercancías.” (p. 105)

Uno de los ejemplos que podemos señalar en el que se manifiesta el desdibujamiento de las de fronteras disciplinares, para diagnosticar y predecir el rumbo de determinada sociedad, lo encontramos entre la música y la economía. En el arte se puede vislumbrar la ruta que le depara a la sociedad desde ángulos que nos parecerían, en la modernidad, inverosímiles desde la perspectiva académica tradicional. Se pude afirmar que la música es un reflejo de la realidad, ya que al escucharla podemos saber los caminos que tomará la sociedad, pero también a la que se enfrenta en el presente. Jacques Attali, (1977), dice en su análisis:

Sin embargo, la música es metáfora creíble de lo real. No es ni una actividad autónoma, ni una implicación automática de la infraestructura económica. Es anuncio, pues el cambio se inscribe en el ruido más rápidamente de lo que tarda en transformar la sociedad. En definitiva, la sociedad es un juego de espejos en donde todas las actividades se reflejan, se definen, se registran y se deforman. Mirando dentro de lo uno, no se obtiene jamás sino una imagen de lo otro. A veces, un juego complejo de espejos da una visión rica, por inesperada y profética. A veces no da otra cosa sino el vértigo de la nada. (p. 14).

Esta inclusión de la cultura en la sociedad afirma las dimensiones del arte en otras áreas del conocimiento, que le permite ser participativo y articulador en el espacio público. Asimismo, el arte logró encontrar el camino propio para su autonomía, dejando atrás vínculos como la magia y la religión; al mismo tiempo, marca un distanciamiento con la idea de que el arte solamente es una actividad que sirve para el entretenimiento. Ahora, más bien, el arte adquiere una lógica propia que le permite influir en el mundo desde la política, la historia, la economía. El arte, dice Nelly Richard (1994, p.69), “ha abandonado la idea de ser -pasivamente- recogimiento y contemplación para convertirse en una poética del desarreglo cuyas convulsiones de signo amenazan con trastornar la ordenanza de los saberes constituidos del pensamiento social.”

Contra los limites rígidos de las disciplinas, los estudios del arte, a través de la transdisciplinariedad, buscan encontrar respuestas desde diferentes enfoques al planteamiento de uno o varios conflictos “que permita a los nuevos artistas acceder a un repertorio de problemas, errores y soluciones, siempre contextualizados y, por lo tanto, inaplicables de la misma manera.” (Sánchez, 2010: p. 41).

Tradicionalmente, los estudios del arte se limitaban al paradigma que relacionaba al artista, la obra y el espectador con base en las referencias semióticas, los estilos, sus formas y estructuras. En la medida en que los cambios en el conocimiento debilitan las fronteras de las disciplinas las artes se fueron ajustando a los tiempos “para proponerse como sitio de exploración de las insuficiencias y potencialidades de la vida común en un mundo histórico determinado.” (Laddaga, 2006, p, 8). Dichas formas de abordar los estudios del arte se ajustaron cuando el mundo nuevamente se expone a la devastación material y espiritual, la riqueza se reduce a unas cuantas manos y la pobreza se extiende a gran parte de la población. A diferencia de la extracción de la riqueza de otros pueblos a través de las armas y la religión, en estos tiempos es por medio de un modelo económico neoliberal y globalizador el cual borra fronteras, potencializa las transnacionales, las sociedades financieras y monopoliza el control de las comunicaciones tecnologías.

El arte no podía quedarse al margen de una etapa en que las sociedades pierden sus valores propios (cultura, historia, identidad), su actividad fue más allá de una restructuración de imágenes o de conceptos, más bien se orienta al desarrollo de

nuevas lógicas organizativas, nuevas maneras de reunir a los individuos, las tecnologías, los recursos, los espacios para la producción de acciones y discursos. Esto es lo que los artistas, los escritores, los cineastas en los que me detengo, si no los entiendo mal, ensayan hacer. (Laddaga, 2007, p.1).

Los artistas no dudan en encontrar un lugar activo en la sociedad, sus propósitos se encaminan, no sólo a la búsqueda de nuevas expresiones artísticas, sino a fundir sus conocimientos para hacer análisis y política social; es decir, se produce un “entrelazamiento de lógicas heterogéneas” (Rancière, 2010) que busca nuevas maneras de concebir el arte. Su participación, desde nuestra perspectiva, modifica la concepción del arte que lo ubicaba fuera de la aportación de conocimiento. En los últimos tiempos vemos como la doxa, identificada en la opinión y apariencia, la cual puede decir verdad o falsedad, ya no se enfrenta a la episteme, la cual se reconoce como el único que proporciona la verdad y la razón. Dos posiciones aparentemente contrarias que surgen desde la Antigüedad (recordemos que Platón corrió a los artistas de la ciudad porque se alejaban de la realidad y vivían en las apariencias) ahora pueden expresarse de la misma forma y convivir mutuamente.

Estamos lejos del arte como camino del saber opuesto a la racionalidad científica o como ilustración de ideas políticas o filosóficas. Los artistas se presentan como investigadores y pensadores que desafían en sus trabajos los consensos antropológicos y filosóficos sobre los órdenes sociales sobre las redes de comunicación o los vínculos entre individuos y sus modos de agruparse. (García. 2011, p.47).

El artista encuentra nuevas formas de sensibilidad para hacer sociedad y para darle voz. La vinculación social obliga el rompimiento con un quehacer dirigido por paradigmas que establecen la fabricación de imágenes que respondan a los gustos y conductas de las clases dominantes. No obstante, la ola de movilizaciones políticas y sociales que se genera en muchos lugares del planeta, el cual cuestionan las estructuras imperantes del capitalismo, inciden en la participación de parte de los artistas. No se trata de coincidir ideológicamente sino de encontrar la coyuntura para reorientar las expresiones estéticas, modificar las instituciones culturales, transformar las jerarquías de los sujetos y de los espacios que se atribuyen, por antonomasia, el valor e importancia de la obra y del artista.

Podemos poner en consideración el caso específico de los museos. Vemos como el artista ha revolucionado el sentido de estos; por un lado, ya no busca existir por el beneplácito de los poderes que deciden su inclusión en dichos espacios:

salen de los museos para insertarse en redes sociales (arte sociológico, arte etnográfico, acciones pospolíticas), en tanto actores de otros campos mantienen la respiración del arte y se comprometen con sus aportes (filósofos, sociólogos y antropólogos piensan a partir de innovaciones artísticas y curando exposiciones; actores políticos y movimientos sociales usan performances en espacios públicos). (García, 2011).

Por otro, propone formas nuevas el cual consiste en superar “la antigua producción de objetos para ver. A partir de ahora produce directamente ‘relaciones con el mundo’ y, por lo tanto, formas activas de comunidad.” (Rancière, 2010, p.71). Es decir, actos propositivos en el espacio museístico en donde el visitante abandona la “conciencia espectadora” para encontrarse en relación directa con el objeto y participar en su trasformación. Es en este momento donde cabe insertar la definición que nos presenta Nelly Richard a través del trabajo de Ana Bugnone, Verónica Capasso y Clarisa Fernández (2020), que se adecua a la propuesta de este artículo:

Lo transdisciplinario es la zona fronteriza en la que la reflexión en torno al arte entra en un nuevo régimen flexible de proximidades y traspasos entre saberes mezclados (la antropología cultural, la sociología, la literatura, la semiótica, la filosofía, las teorías del discurso, etc.) que, desinhibidamente, se interrumpen unos a otros con preguntas y respuestas siempre parciales para evitar cualquier totalización del conocimiento: valoro los tránsitos, los “senderos que se bifurcan”, los márgenes, lo intersticial, lo que resiste al encerramiento de un área restringida del saber y por ende a la autoridad del dominio específico. (p. 16)

En síntesis, subrayamos que la transdisciplinariedad es una consecuencia del humanismo que se enlaza con las causas sociales para dar nuevas respuestas a la grave crisis política, económica y social que se ha venido generando en estos tiempos en el que prevalece el mundo globalizado y neoliberal. La devastación ambiental y las condiciones inhumanas que se agudizan en el presente han provocado una respuesta necesaria para rescatar de la debacle inminente a los seres humanos.

Entre los diferentes mecanismos que el humanismo propone para la restructuración social aparecen nuevas formas de concebir el conocimiento científico, como puede verse al relacionarse los sistemas físicos, biológicos, psicológicos y antropológicos. En el caso que nos ocupa, las artes fueron las primeros en reaccionar ante los problemas sociales, cuando las disciplinas especializadas en los estudios sociales se enfrascaron en el racionalismo científico y en una objetividad limitada que impedía mostrar una realidad más allá de lo que dictaban las convencionalidades teóricas. Las artes, entonces, intervienen -claramente en América Latina, específicamente en Chile en los años 70- como una forma de experimentación con el sentido (Richard, 1994, p.71), lo que provoca un choque con “el discurso de lo medible y de lo calculable…profesado por las ciencias sociales que buscaban mantener el control del sentido, apoyado en reglas de demostración objetiva y en el realismo técnico de un saber eficiente reorganizado en función del mercado científico-financiero que iba a decidir de su aceptación internacional.” (Richard, 1994, p.72).

El entrecruzamiento con las ciencias sociales ha llevado a las artes paralelamente a ampliar su esfera teórico-práctica para albergar un conocimiento que amplíe nuestra realidad. A saber, al mismo tiempo, que las artes al “salir de su propio dominio y a intercambiar sus lugares y sus poderes” (Rancière, 2010, p. 27) se abren al conocimiento nuevos patrones de análisis que permiten visualizar múltiples elementos que participan en la conformación de la obra de arte. Salir de las técnicas formales de las artes para responder a la urgente necesidad de encontrar una vida justa para los seres humanos es un acto de conciencia que revela la sensibilidad y la imaginación. Al mismo tiempo, marca la razón de ser del arte al expresarse ante las tendencias destructivas de los grupos de poder que se valen de la ciencia y de la tecnología para su beneficio político y económico. El arte responde a la complejidad de las sociedades y encuentra en las ciencias sociales nuevas respuestas para la preservación social.

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Recibido: 26 de Noviembre de 2021; Aprobado: 05 de Septiembre de 2022

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